domingo, 14 de junio de 2009

Elogio a la rosa de Berceo

Buenos Aires, 2002.
Ediciones del valle.
Ilustración de Máximo Paz.
Poesía.


¿Oyes estas voces?

¿Oyes estas voces cansadas de infinitud,
de materia, de condenas e injurias?
(¿Estas voces quiméricas de luz,
de asombro, de trasamor ingrávido?)
Ungida está la copa
en este mísero sueño de la noche;
lleva la caricia de la amante,
la sensualidad de los altares desvalidos
la nupcial fragilidad de la pasión.
Fluye la hembra como una sacerdotisa
en su sombra. Este es el lecho del llanto
y del placer, el de la rosa única
que profetiza el abandono.
La que invoca el salvaje alimento
para resucitar los rituales de este prisionero.

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Amo los viejos muebles

Amo los viejos muebles,
las manos antiguas que identifican
la intimidad del hogar.
Junto a la lámpara que descubre el poema
los dioses soplan y consuelan mi espíritu.
Una mujer me guía, me acompaña.
Los recupera del tiempo, los protege,
descubre el alma que habita la belleza.
Crea sitios mágicos en esta constelación
de libros, retratos y talismanes únicos.
Hay una liturgia, sutiles ritos.

Como una cripta en la iniciación
este sillón trasciende mi destino.


Para leer el texto pronunciado por el autor en la presentación haga click acá.

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