domingo, 29 de diciembre de 2019

Zanfoña



Silencio de bosque, luna elevada.

Agua, manantial, paz en el viento,

mástil y voz sobre el teclado,

modulación perdida de la lluvia.

Roza árboles, templos,

las callejuelas ciegas medievales

desvelando el ocaso.

A veces Martín Códax crea alas

en la noche, aureola mística.

Dolor cedido, mudo. Desdichada

nube interminable, solitaria.

En la mesa de una taberna

copa sonora, espuma pastoril

que arrastra el mar, voz áspera

de campanario, aire perecible.

Sueña la noche en robles,

sobre el aliento perezoso de la tarde.

Templo sereno, niebla azotada

en el destello inmóvil,

alborada temblando en el recuerdo.

Resonancia, puro don de altura,

lumbre saliendo en destino.

Conmueve su belleza ondulante, crecida.


Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2019


viernes, 20 de diciembre de 2019

Proyecto Filón, Uruguay

Texto perteneciente al proyecto Filón, de la Asociación Filosófica de la República Oriental del Uruguay.


COMENTARIOS A PARTIR DE LA LECTURA DEL TEXTO PROPUESTO POR CARLOS PENELAS

 En primer término quiero agradecer la oportunidad de leer el trabajo escrito por Carlos Penelas titulado "Lenguaje y silencio" y poder compartir comentarios-opiniones acerca de lo que esta lectura me ha provocado.

El artículo leído me resultó un ensayo poético sobre la poesía, una reflexión que intenta acercarse al corazón de la creación poética, al enigma del acto creativo, y lo hace desde la sensibilidad expresiva y no desde la disección analítica.

El vínculo entre poesía y filosofía se abre en espacios de diálogo con distintos autores planteados; esto anima a ampliar la lista a otras lecturas posibles. A partir de ello se habilitan también  problematizaciones. Por ejemplo, la afirmación de Adorno respecto a la poesía después de Auschwitz puede ser contrastada con los aportes de Jean Luc Nancy en “La Shoa, un soplo” (en La representación prohibida, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2006), donde lo innombrable busca ser expresado creando un término que lo refiera sin contenerlo en su densidad. ¿Quizás sólo la poesía pueda expresar lo que no puede ser traducido en conceptos que repugnan a la razón? ¿Quizás la poesía es reflexión desde el corazón y desborda la razón?  El artículo de Carlos Penelas establece su mirada pero sin clausuras, motiva y abre puertas a diálogos filosóficos que se pueden prolongar.

Prof. Anay Acosta

miércoles, 18 de diciembre de 2019

"El poeta a los dieciocho años"

Estudio Photomaton, Callao 147, Buenos Aires. 1964.
Mi hermana Raquel me llevó al Estudio.


Anteriormente, mis padres, me hicieron fotos, a los diez años, en Casa Bixio. Recordemos que Florencio Bixio, fotógrafo italiano, llegó a Buenos Aires hacia 1896. Se dedicó a los retratos de estudio. Esta famosa casa se hallaba en Bernardo de Irigoyen 185, Buenos Aires.


Datos sobre la historia de esta máquina de retratar

El fotomatón fue inventado como tal en 1925 en Estados Unidos por el siberiano Anatol Josepho, aunque contaba con una larga lista de precedentes. El aparato de Josepho llegó a España en 1929, pese a que, una vez más, pueden encontrarse en nuestro país máquinas de fotografía automática en funcionamiento ya en el año 1888.

En la Exposición Universal de Barcelona de 1888, Juan Cantó presentó en España por primera vez una máquina de fotografía automática precedente del fotomatón. Desde entonces hasta 1929, fecha en la que se abre el primer estudio Photomaton y se instalan los primeros aparatos Fotodin, se patentaron en España diferentes modelos de máquinas automáticas de retratar.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Añoranza de un pasado pletórico de belleza

Ofrenda de la luz
Por Carlos Penelas
Dunken. 56 páginas


Las primorosas ilustraciones de Eugenia Limeses que exhiben la tapa y la contratapa de este libro pueden entenderse como introducción y epílogo líricos. Entre los temas que están presentes en el brillante poemario (dedicado a Héctor Ciocchini, in memoriam) figuran la nostalgia y la melancolía ("¿Cómo contestar esa pregunta ahora/ que tengo casi su edad y su sonrisa/cuando partió en ese batir de alas, en sombras?")

Ofrenda de la luz ofrece numerosas y hermosas imágenes, como "Y la mar embellecía arenas. /Infinita, silenciosa", y "¿De qué sirve esta imagen, esta muestra/ de un pasado que es olvido o melancolía?"

"La fotografía" puede considerarse como uno de los poemas más logrados de la colección por su profundidad y hermosura. Otro hallazgo dados su originalidad y su tácito humorismo es su homenaje al Club Independiente, que hubiera podido denominarse, por ejemplo, Club Victorioso o algo similar, pero Penelas prefirió titularlo "Epinicio a los diablos rojos", que incluye también una emotiva evocación de la infancia.

El poeta tiene una visión escéptica sobre los valores de nuestro mundo actual, como si añorara un pasado que fue pletórico en belleza: "Nadie habla del alma, del dolor, de la noche. / La soledad o el fuego son cosas del pasado. /La barbarie, entiendo, cumple su lento cometido."

Los cantos al amor no podían estar ausentes y así el lector puede disfrutar la emotiva sensibilidad de versos como: "En mi lengua el jubiloso olor de tus cabellos, / la entrecortada espuma desvelando los labios", o "Es por eso que oculto/ mi silencio en tus senos, mi vientre en tu vientre, /mi pasión desprendida en la lluvia."

Un poema en prosa, "Pesadilla" -cuyo contenido refleja perfectamente su título-, por su estructura podría considerarse una refinada microficción.

Dubrovnik, Roma, las Islas griegas y Fabriano son algunos de los lugares que menciona el poeta rememorando sus viajes. Además, cita a poetas, intelectuales y artistas, demostrando una amplia cultura derivada de su profunda pasión por los libros. La obra evidencia que entre sus poetas preferidos figuran -por citar algunos- Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, René Char, Ricardo Molinari, Luis Franco y la poesía clásica española del Siglo de Oro.

Germán Cáceres
Diario La Prensa, domingo 15 de diciembre de 2019

martes, 3 de diciembre de 2019

Adefesios intelectuales

“Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, 
del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar 
a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”.
Thomas de Quincey (1785-1859)


Cuando tenía cinco años mi hermano Fernando me enseñó a jugar al ajedrez. Más adelante estudié tratados, analicé partidas e intenté mejorar la calidad de juego. Fueron tiempos de lectura, de fijar la mente en los escaques, en memorizar la Apertura española, la Defensa siciliana, el Gambito de Dama. Cada gran maestro me producía fascinación. Recuerdo a Wilhelm Steinitz (1836-1900) y una frase que leí en mi adolescencia: la mente humana es limitada, pero la estupidez humana es ilimitada.

No lo tome a mal, es fin de año y estoy sintiendo hartazgo, hartura, saturación. Siento que es prácticamente imposible clarificar ideas, sentimientos, estéticas, formas de pensar o de imaginar. Hace añares que vengo escribiendo crónicas, notas, columnas de opinión. Además, lo digo con pesadumbre, cuando escribo un artículo imagino un mínimo de nivel intelectual del lector. Y me equivoco. Una y otra vez. Y cada vez requiero menos. No pretendo que el otro sepa de Cid-Hamete Benengeli, de Arnold Hauser, de James George Frazer o de Gustav Landauer. Pido lo elemental, menos que lo elemental. En plena era tecnológica, robótica, pido el ábaco.

Sucede, además, que como sentenció Sarmiento, “los títulos no acortan las orejas”. Y advertimos la ignorancia, la vulgaridad. O como decía mi padre “seres zopencos”. Pues bien estoy harto de los estalinistas, de los burócratas nacionalistas, de los populistas, del personalismo, de la imbecilidad de una izquierda anquilosada, autoritaria, estólida. De los suplementos de vanguardia, de los cafés literarios, de los curadores, de los museos modernos y de los otros. Aquí, en nuestro territorio, cada sindicalista, cada populista, cada legislador o gobernador se sienta en la poltrona y no hay quien lo saque. Y las sandeces crean con su ficción, su relato, su montaje. De eso ya hablé de sobra. Lo hipnótico nos supera.

Dos ejemplos interesantes que planteó hace poco tiempo el profesor universitario Rolando Astarita a propósito de Bolivia, Venezuela y demás revoluciones a la violeta – sin doble sentido - puede ser motivo de reflexión.

Entre los organismos de las grandes potencias capitalistas, que decían que bajo el régimen soviético en los 1930 o 1940 se ahogaban brutalmente las libertades democráticas; y Stalin y los stalinistas, que decían que existía la más amplias libertades para las masas trabajadores, ¿a quién creerle? ¿A los imperialistas que querían derribar a la URSS, o a la dirección stalinista que, si bien burocrática, estaba a la cabeza de un “Estado obrero”?

También en los 1930, entre el burgués proimperialista John Dewey (integrante de la “Comisión americana para la defensa de León Trotsky”) y un representante de la URSS (o de los sindicatos soviéticos), ¿a quién había que creerle? ¿A Dewey, que denunciaba la existencia de campos de concentración y juicios fraudulentos? ¿O al soviético que, aunque burócrata, pertenecía al Estado obrero, y negaba que existiera tal represión?

Estos ejemplos que hoy supongo son claros para todos se pueden analizar, comparar, con lo que ocurre en nuestros días. Vemos el mundo con sujetos vandálicos y primitivos, con miradas estrafalarias, con pensamientos grotescos. Lo que ocurre en lo social, en lo político, en lo económico o en el mundo de la creación, en las artes. Hay un tejido de símbolos, de tópicos cristalizados, de anacronismos perturbadores que no se detectan porque la irracionalidad y una suerte de enseñanza hegemónica aturde, desconcierta, emborracha. Todo resulta binario en cerebros lavados, en sugestiones y autosugestiones. Y así vamos por la vida, con un criollismo atávico lleno de trampas. Como el aparato discursivo rudimentario. Predican nuevas cruzadas, exaltan al odio, se fanatizan. La embriaguez colectiva los hace sublimes, heroicos. Este provincialismo ha llegado a países adelantados o a países esclavizados. De diversas formas, con distintos nombres. En las calles y en los hogares, en las universidades y en las academias, en las oficinas y en los sindicatos. En los servicios de inteligencia y en los carteles de la droga. Hasta ha llegado al Vaticano, cuna de Torquemada entre otras delicias. Y si me permite, no se ofenda, a las cuentas bancarias del Vaticano. Al menos eso están diciendo las malas lenguas. Olor a cocaína y doblones de los bucaneros.

Por último. Muchos de ellos no son esperpentos; es gente común, trivial, convencional. Hasta hay buenos padres de familia, deportistas o investigadores. Es la categoría llamada por Hannah Arendt “banalidad del mal”. No nos alarmemos con lo que se nos viene. Ahora, “los nuevos” ya tendrán otro mito entre manos, otras leyendas, otros delirios. Como escribió Loris Zanatta: “el peronismo instaló que el pobre es el verdadero argentino”. Vienen como siempre, con los mismos síndromes, con la misma hojarasca, con la misma intolerancia. Además, ya se les ocurrirá algo. Y otra vez las internas, la entronización, las traiciones, la charada, los mártires. Son incorregibles, como decía Jorge Luis.

Nunca discutas con un estúpido, 
te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia.
Mark Twain

Carlos Penelas
Buenos Aires, 6 de diciembre de 2019

Taller literario