viernes, 27 de enero de 2017

Comienzan los talleres literarios 2017

Carlos Penelas retomará sus talleres literarios individuales en febrero. Se dicta una vez por semana en horario a coordinar con el tallerista. Informes al 4371-6686 y penelascarlos@yahoo.com.ar 



Propósito
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.

El taller está pensado para que se obtenga una visión desde la breve historia de la Estética, el análisis de la lectura, el estudio de recursos expresivos, tanto en poesía como en narrativa e introducir al alumno en un ámbito de reflexión.

Objetivos
Conocer elementos prácticos en el análisis literario, claves en el hecho literario, el proceso de creación y de escritura. El participante podrá obtener una mayor formación en la redacción de textos poéticos, narrativos, etc.

El misterio de la creación -autor y lector- irá develando una forma de bucear el alma humana. El taller se enriquecerá a partir de propuestas y lecturas paralelas, no sólo en el campo literario, si no también en una visión social.

Se trata de indagar caminos hacia la convergencia de pensamiento y la literatura. Se recorrerán senderos con una idea de la crítica textual que comprenda una diversidad de actitudes dentro del corpus clásico y contemporáneo.

Ejes temáticos
La sensibilidad creadora - El acto literario, la educación de la sensibilidad - El poder de la escritura - Las raíces en la creación - El intelectual y su medio - La estética y la ética en el proceso creador. Ejemplos en cine, en música, en pintura.

Alumnos publicados
Muchas talleristas son convocados e incluidos por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres. Además, muchos de sus alumnos ya han editado trabajos en soledad.

Sobre Carlos Penelas
Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura. Como estudiante obtuvo en 1968 el Primer Premio de Poesía y Primer Premio de Ensayo en la Escuela Normal de Profesores.

En 1977 obtuvo el premio "Arturo Marasso" otorgado por el Mariano Acosta; en 1981 logra la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); en 1986 el premio "Accésit" otorgado por la XII Exposición Feria Internacional de Buenos Aires "El libro (del autor al lector)" por la mejor cobertura como cronista de Radio Nacional; en 1988 el premio a la Mejor Cobertura como cronista de Radio Nacional otorgado por la XIV Feria Internacional del Libro; en 1988 el Primer Premio de Poesía "Alfonsina Storni" otorgado por Gente de Letras; en 1992 la Mención Especial de Poesía en el Concurso Latinoamericano "Carlos Sábat Ercasty", Montevideo, Uruguay.

Coordina talleres literarios desde 1984, cuando fue Director de los dictados en la SADE. Actualmente mantiene un taller particular en su domicilio.

Fue crítico literario desde 1983 hasta 1989 de LS1 Radio Municipal y LRA Radio Nacional, donde condujo distintos programas culturales. Colaboró durante años con el suplemento literario del diario La Prensa, y fue columnista de medios gráficos del país y el exterior.

Dictó conferencias en la Universidad de La Coruña, Cátedra de Literatura Latinoamericana y la Universidad Autónoma de Madrid. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges lo hizo participar entre los diez poetas vivientes más importantes.

Consulte aquí la bibliografía completa de Penelas.

miércoles, 4 de enero de 2017

El ring, la Visera y los poetas clásicos

In memoriam, John Berger

Ahora, que todo es descortesía y confusión, donde el despotismo o la historia nos muestran héroes, monumentos, falsedades que para contrarrestar los propios defectos se alaban líderes, ambiciones o dudosas fraternidades, debemos más que nunca denunciar la videncia transitoria, las incantaciones demagógicas y volver a la sensibilidad de lo estético, a ese anhelo inicial que es presagio, evocación y lirismo.

A los seis años, Roberto – mi hermano mayor – me regaló unos guantes de box rojos y un puching ball. Para niños, claro. Eran los tiempos de una niñez festiva, las horas en las cuales Carloncho soñaba con los cowboys, la pelota de goma y la plazoleta de Suipacha y Viamonte.

Mi padre era amante del fútbol y del boxeo. Mi hermano mayor, del box y del automovilismo. La primera vez que pisé el Luna Park fue para ver a dos plumas de fama: el argentino Alfredo Bunetta contra el español Fred Galiana. Empate. Creo que corría el año 1956. Recuerdo un estadio colmado y miles de cigarrillos encendidos. Y las luces del ring. Y la campana.

Mi padre simpatizaba con Julio Mocoroa y con Alfredo Prada. En casa todos eran simpatizantes de Prada. Las razones eran varias. Con los años lo conocí, estuve a punto de hacer un libro sobre su vida y su época. Mi hermano era admirador de Eduardo Lausse. Lo conocí en 1989, en Suipacha y Lavalle, donde tenía un pequeño local de deportes. En mi casa me hablaban de Pedro Quartucci, medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de París, 1924.

A mí me tocó ver a un dios, a un boxeador único, un metafísico del cuadrilátero: Nicolino Locche. Para quien abomina de los idiotismos y las trivialidades, de la banalidad o lo artificioso, Locche es el ascetismo lírico, más que un boxeador es una dilatada forma de la metáfora, de la claridad, de la emoción.

Mis mayores me enseñaron a leer bien, a pensar bien, a percibir el decoro, el trabajo, la honestidad, a mirar y a ver box, a gozar con los estilistas. Recuerdo a Goyo Peralta, tal vez el mejor boxeador argentino en su categoría. Aprendí a sentir la escuela de los mejores. En literatura, en los maestros del Profesorado en Letras, en la pintura, la escultura o la amistad.

Vivía la Visera junto a mis padres, mis hermanos y mis primos. Allí la presencia de los semidioses, la bienaventuranza, el orbe diabólico en esferas angélicas: Varacka, Grillo, Maldonado, Pastoriza, Bernao. Allí los fantasmas que evocaba mi padre: Bello, Erico, Seoane, Sastre. Muchas veces cenaban en el bodegón de mi tío Pedro, el sábado por la noche. Luego llegó un solo nombre homenajeando lo mejor, el arte impar, los pases conmovedores como latidos, la limpia eficacia, lo imprevisto, la parvedad justa y esencial, la ruleta marsellesa, el dribling con rabona, una memoria humana que es leyenda: Ricardo Bochini. Un hombre modesto, inteligentemente creador. En mi escritorio tengo una fotografía suya, dedicada. Al lado un retrato de Wagner y otro de Borges.

Junto a mis hijos la felicidad al ver correr a Albeiro Usuriaga, la gambeta del Kun Agüero, el vuelo de Islas, la sobriedad en Gabriel Milito, la pegada de Perico Pérez, el regate de Federico Insúa…

El deporte me enseñó a desdeñar lo burdo y a mantener la mente sana. Hoy la industria cultural como la industria deportiva mancillaron todo. Los negociados, los contratos oscuros y millonarios, las mafias enquistadas, las corporaciones siniestras, los arreglos feroces, la corrupción en cada una de las organizaciones mundiales, las barras bravas, la utilización social y política, terminaron escandalosamente con los sueños. Hace poco, Luis Alberto Nicolao, me señaló en la pileta de Geba: “El deporte como nosotros lo vivimos no existe más. Nosotros éramos felices con la fotografía en la tapa de El Gráfico”.

Comprendí desde muy joven que la elegancia estaba por encima de todo; el estilo, la sobriedad, el talento. En un nadador, en un esgrimista, en el billar, en el ajedrez, en el básquet. Con los años fui descubriendo lo mismo en distintas actividades. Ejemplos pueden ser Gene Shacore o Cristóbal Balenciaga. Características identificables donde vemos la unidad de forma y contenido, de vitalidad y belleza. Lo observamos en David Niven, Gregory Peck, Jep Gambardella, Marcello Mastroiani. Analicemos un momento las fotografías de Grace Kelly, Audrey Hepburn, Catherine Deneuve o Charlotte Rampling. En todo hay una simbología, una interpretación o recepción de ese espejo universal que intentamos nombrar. Como escribe Mircea Eliade, “quien no tiene imaginación es como si hubiera sido expulsado de la realidad profunda de la vida y de su propia alma”.

El poeta va recorriendo su pasado intelectual y su pasado vital. Se deja guiar por un tiempo detenido, un esplendor mágico. Se transforma en viajero, en testigo. El poeta conjura su vida en la infancia, en la memoria, en el calor de la mirada. Atrás quedaron los textos griegos y latinos, los grandes poemas de la literatura universal, la pintura flamenca o italiana, las leyendas fantásticas de los celtas. A su alrededor la fatal estupidez, el conjuro del oro y del poder, ídolos del marketing y la desintegración de nuestra época. Otros tiempos.

La invisibilidad es de pronto transparente, es Belleza en cuanto rescata lo sublime. En una lectura, en un cuarteto de cuerdas, en La Inmortal, la mejor partida de ajedrez de todos los tiempos disputada por Adolf Anderssen (blancas) y Lionel Kieserritzky (negras). Londres, 21 de junio de 1851.

Aquellos guantes de box y aquella casaca de Independiente que mi cuñado Juan Antonio Oliva me regaló a los siete años me hicieron, como se dice vulgarmente, de paladar negro. Lo mágico, la calidad, necesita soledad y concentración; la imagen del mundo es el teatro: allí el tiempo se detiene. Hay un orden que brota de una respiración rítmica, una clarividencia. Renueva y nos renueva. Otra vez la imaginación. Para disfrutar de una escultura de Benvenuto Cellini o de Miguel Ángel, el cine de Buster Keaton o el de Visconti, para analizar una pelea de Mohamed Alí, la ciencia boxística defensiva de Mayweather o sorprendernos siempre ante el más grande: Sugar Ray Robinson. Por supuesto, son categorías diferentes, pero en cada una de ellas el anhelo inicial, la ejecución de una mitología que es estilo, armonía, elegancia.

Hacia ella vamos, dejando atrás fraudes, mercados artificiales, el chantaje del consumo y la especulación corporativa. Hacia allá vamos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2017

martes, 3 de enero de 2017

Almuerzo libertario

Gracias a la generosidad del amigo y artista plástico Alfredo Plank conocí a Carlos Scharf, más conocido como "Puchero", una leyenda anarquista de la F.O.R.A.


Almorzamos los tres en un bodegón del sur. Una pequeña isla donde pudimos hablar de sueños, de estrellas y de mares. La poesía y la pintura nos llevaban a la imaginación. Nos acompañaron, vinieron a nosotros Gorki, Panait Istrati, Maeterlinck, Lanza del Vasto, Krishnamurti, Camus, Orwell, Rolland, Kropotkin, Landauer, Rocker...y tantos compañeros de la Federación Libertaria y de la F.O.R.A.

Historias, anécdotas, huelgas, proclamas, insurrecciones, flotaban a nuestro alrededor, nos hicieron evocar y sostener el ideal moral, el ideal de belleza, el ideal de la humanidad.


Felizmente existen seres como Plank o como Scharf con especial sensibilidad y grandeza que convocan a la emoción y el estímulo. De allí esa capacidad de ver en lo múltiple, en lo bello y en lo desdeñable, en la ingenuidad creadora y en la fina ironía, en la sordera y la ignorancia que se adueñan del éxito y del encumbramiento de seres inferiores. Por eso nuestras blasfemias contra las doctrinas, las ideologías, el autoritarismo y la imbecilidad. Y hablamos también de la vulgaridad que se apodera de cargos y homenajes.

Un almuerzo que nos indicaba el camino, la realeza de espíritu. Un almuerzo que despertó - una vez más - el entusiasmo casi sagrado o dionisíaco hacia la Utopía.

Carlos Penelas

lunes, 2 de enero de 2017

Diccionario de seudónimos

Carlos Penelas figura en la Colección de seudónimos utilizados en Argentina por anarquistas, comunistas, izquierdistas, peronistas, socialistas y trotskistas, de Mario Tesler.


El libro fue publicado por Editorial Dunken.


Taller literario