lunes, 28 de diciembre de 2020

De Gatica a Maradona

Son historias del suburbio, susurros cómplices, desguace de una genealogía de aliados y enemigos, de mitos y glorias. Dos nombres que simbolizan el peronismo, los matices del peronismo, fachada y contra frente del peronismo, los gestos de la cultura nacional y popular. Dos ídolos indiscutibles en el deporte, pero aquí hablamos de otro aspecto. En ellos verificamos liderazgo, paladar, diálogos. José María Gatica y Diego Armando Maradona, secuencia previsible, muertes obscenas, lamentables. Uno alcoholizado vendiendo muñequitos de colores del “mono Gatica”, arrollado por las ruedas de un colectivo en Avellaneda; vivía en una villa y a veces dormía en la estación Domínico. Tenía treinta y ocho años. Otro, multimillonario, abandonado en una especie de depósito, sin ventana, sin controles médicos, sin asistencia, agonizando durante horas. Acababa de cumplir sesenta años. El proyecto, parece, no da para más.


“General, dos potencias se saludan”. Luego Ike Williams y el Madison Square Garden. Tres caídas en un round y otra vez Buenos Aires, en el Luna Park, y la lona ante Alfredo Prada. “Si Menem me lleva como vicepresidente, yo voy. Eso es verdad, si me dice que lo acompañe, lo acompaño”. “Ha llegado un momento emocionante de mi vida al poder firmar este contrato que me guía a Telesur, a mis amigos venezolanos, al presidente Maduro y que por sobre todas las cosas me siento muy amigo del comandante Chávez". Esto, entre otras cosas, decía Maradona. “Para hablar con Gatica se solicita audiencia”. Eso decía José María Gatica. Cuando murió Gatica la gente lo acompañó hasta el cementerio entonando la marcha peronista. Cuando muere Maradona el caos, la violencia y las barras invaden Casa de Gobierno. Dos épocas, dos estilos, un mismo universo.

Propongo una serie de planteos para no caer en el discurso canónico, inmovilizador. Palabras o frases que son recogidas y corroboran el discurso del poder, de la demagogia, de la beatificación. Nombres que representan una parábola donde se repite una misma proyección, un territorio ilusorio. Eso se da en una sociedad degradada, en un país pauperizado. Una mediocridad deprimente ordena sus banderas, sus proclamas, sus bombos.


Para ser breve y no abundar en detalles: sumisión y esquema. Lo efímero de la alegría, la borrachera o la droga ideológica, la sordidez cotidiana. Estas palabras – un borrador de un análisis más explícito – me sugieren coyunturas, significantes, sobornos, la hilacha de un traje gastado por palafreneros y patota. Apelo, caro lector, a su razonable sentido ante lo alucinado, ante los matorrales del conurbano o el puntero barrial. Y la propuesta meliflua de los monaguillos. Inquietante, sin duda, chambelanes entre laberintos y antesalas.

Entonces finalizando: dos nombres que simbolizan gestas, filisteos, almas bellas, chapuceros, tránsfugas y trepadores. Efluvios, desmemoria, barrabravas. Luego vienen posters, vinchas, relatos. Detrás, a pesar de ellos el corpus y las manipulaciones del pobrerío, desmesura, zurcidos del exitismo. Para no abundar: estuve a punto de escribir un libro de conversaciones con Alfredo Prada. En mi biblioteca, sobre el escritorio, una fotografía firmada por Ricardo Enrique Bochini.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 28 de diciembre de 2020

miércoles, 16 de diciembre de 2020

De lo profano a lo sacro

El corporativismo fascista es la comunidad organizada peronista.
La división de poderes para ellos no es aceptable,
porque divide lo que para ellos debería estar naturalmente unido.
Loris Zanatta


Mi intención fue escribir un villancico y me salió este texto. Le pido disculpas, estimado lector. Tal vez porque sobrevivo en un país donde para el populismo la historia nació con él. Quizás pueda ser una patología política, la psicopatología de sus cabecillas, la demencia cotidiana, la nosología psiquiátrica. Y también el fanatismo como virtud me confunde. Es la antinomia entre moral y política.

Después de la caída de Hitler la mayoría de los alemanes desconocía la existencia de los campos de concentración, el exterminio de judíos, la persecución y el horror de un sistema. Después de la muerte del Caudillo de España, por la gracia de Dios, casi nadie sabía qué había sido la falange e ignoraba a presos políticos, fusilamientos y hasta había que explicar qué fue «el garrote vil». Lo mismo ocurrió con nuestro padrecito Stalin, Mussolini, Mao y cada uno de los dictadores de Latinoamérica, incluidos nuestro Juan Domingo Perón y el camarada Fidel Castro. Cada uno a su tiempo, a su modo; banderas, mártires, líderes, épicas, relatos, muerte.

Creo, querido lector, en la filosofía de la sospecha, la idea «que no siempre somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor», como señala François Dosse. Hay lógicas inconscientes que explican con claridad la acción de las masas pero también la de los individuos. Volvamos a leer a Castoriadis y su análisis sobre el totalitarismo; veamos cómo plantea el tema de las jerarquías, el horror y la imbecilidad. Y la institución imaginaria de la sociedad.

Dispuestos a justificar empecemos a teorizar sobre las bondades del camarada Kim Jogn-un, la ternura de su padre y el misticismo de su abuelito. ¿Alguien puede, en su sano juicio, defender o tomar de modelo a la revolución cubana – segundo país en el mundo de turismo sexual – en pleno siglo XXI? ¿Alguien puede, con una mano en el corazón, creer en la revolución chavista o en la nacional y popular de nuestras tierras? Quien haya leído un poco, un poco nada más, de los pensadores clásicos del siglo XIX, le es impensable. Estamos rodeados de cholulismo, de dictaduras democráticas, de revisionismo medieval, de pantomima. Les recomiendo que lean alguna biografía de Calígula, amado por su pueblo, y verán que su época era él. También que analicen sin prejuicios La grande bellezza de Paolo Sorrentino.

Siempre es previsible la secuencia. Previsible y dolorosa. (Pensemos en nuestros intelectuales o universitarios que vieron en Chávez, ahora en Maduro, el futuro de la libertad). Es desolador cómo se mezcla y se confunde todo. Desolador y patético. Parecería que el hombre no comprende o está imposibilitado de hacerlo. Intelectuales, hombres de ciencia o de formación artística, seres con vocación humanista, las más de las veces no ven lo grotesco. Eso que está allí a la vista, eso que un niño lo señalaría con facilidad. Bueno, es verdad, no cualquier niño.

La atmósfera plúmbea que se cierne sobre el horizonte asfixia. No se quiere ver. No se trata de desesperanza ni de escepticismo. La hija del astrónomo Teón, Hipatia, es un eslabón de aquello que intentamos resumir. Lo dramático es qué se entiende por progresismo, por libertad. El Poder fomenta embrutecimiento y alienación. En el suburbio, digo. Hamsters reciclables los bautizó Esteban Peicovich.

Usted sabe, fariseo lector, que durante décadas el Partido Comunista señaló en una suerte de Inquisición del Hombre Nuevo, que todo aquello que no pasase por su concepción era reaccionario, agente del imperialismo o secuaz de la CIA. Y quedó la marca. Diluida, sin criterio, pero el halo sigue dando vueltas. Nacieron mitos, leyendas. (¿Quién recuerda La revolución desconocida, de Volin?) Hicieron listas negras donde estaban Camus y Ionesco, Pirandello y Orwell. Se ocultaron datos de manera desenfadada, siniestra. Desde los campos de concentración o Gulag (qué no dijeron “los camaradas del mundo” de Solhzenitsyn) hasta los crímenes más horrendos en la Guerra Civil Española. Pero los camaradas leían Novedades de la Unión Soviética y todo estaba en orden. El mal estaba en la Alemania nazi, en la España franquista, en la Italia de Mussolini o en el liberalismo inglés. Y naturalmente lo falso, lo espurio, lo irracional, lo corporativo, provenía del Pentágono. Hasta embalsamaron a Lenin para cumplir con la tradición del culto a la muerte. Montañas de documentos, contradicciones, engaños. Y paralelamente mártires, persecuciones, exilios. Una cosa va con la otra. Así se hace el juego. Destacados intelectuales que leyeron a Hegel o a Spinoza, a Svevo o a Joyce analizan la realidad desde lo dogmático. Lo dogmático es patológico. Sugiero, caro leedor, que vuelva a leer Guerra y Paz, un milagro en el universo literario y ético.

Entre nosotros, lo que no es peronista es fascista. Es otro tópico eclesiástico-dogmático. Está la Historia de los Papas y la Historia de los Anti-Papas. ¿Le queda claro? Napoleón lo tenía ordenadito en su biblioteca, no dudaba del poder, no dudaba del engaño o la farsa, no dudaba de la complicidad. Luego las hordas harán su trabajo.

La razón de mi vida, escrito por el valenciano y falangista, Manuel Penella, fue un texto obligatorio. Un texto mediocre, banal, grotesco. Para los devotos era el pensamiento de una santa. La confusión general, ubuesca, se genera a través de engaños, claroscuros, conversos y leales, patriotas y traidores. Luego se acompaña con liturgia, bombo, sinarquía, maniqueo, silencio cómplice. Y picaresca criolla a baldazos. Se formó un gran caldo donde se mezclaron deseos y creencias, sectas y castigos. Una enorme capacidad de olvido de nuestra sociedad y la falta de autocrítica hacen el resto.

El avión negro que trajo al General – Madrid-Buenos Aires – el 20 de junio de 1973 estaba acondicionado según órdenes de su secretario privado, José López Rega. En el sector A viajaban Licio Gelli, López Rega, Luchino Revelli, Giancarlo Valori, miembros de la Logia Propaganda Due (P2). En el sector B Juan Perón, Isabelita, Cámpora, su esposa Georgina, el coronel croata Milo de Bogetich, la esposa del embajador en España, José Campano.

En marzo de 1974 el General sentía que su organismo iba decayendo. No obstante se sintió con fuerzas para recibir al presidente de Rumania, Nicolás Ceausescu junto con su esposa, Elena. Ceausescu, joven lector, uno de los dictadores más brutales de la Europa del Este. A Ceausescu y a su esposa se les entregó el Collar de la Orden del Libertador San Martín y la Universidad de Buenos Aires lo nombró Doctor Honoris Causa. Vale la pena recordar que durante su primer gobierno no recibió al Premio Nobel de Medicina, 1947, Dr. Bernardo Alberto Houssay por ser antiperonista o “contrera” como solían decir despectivamente.

Más tarde las nefastas consecuencias: el horror del Terrorismo de Estado (el PC Argentino sostenía que Videla era progresista, no así Pinochet), la demencia de una sociedad cada vez más enferma. Y una y otra vez sobre hechos revolucionarios, míticos, populistas; algo que forma parte del delirio de nuestro ser nacional.

No desespere, hay nuevas estratagemas, ornamentos, cánones y pecheras. Aggiornamento y apelaciones desde un populismo zurcido. Ahora otra vez el peronismo, el peronismo K. Todo se mezcla, se sacraliza lo peor, lo más bajo, lo rufianesco. Velatorios, emblemas, droga, mafias, ilícitos, sindicalistas, burdeles, barras bravas, impunidad, timbas, corrupción, birra y vincha, vacuna rusa, vacuna china, cuarentena sin piedad, disparates cotidianos, alienación, delirios, exaltación, demagogia, violencia, contradicciones, insensatez, tribus urbanas, obsecuencia, irracionalidad. El ejemplo lo tenemos en un acto emblemático: el velatorio de Maradona. El caos de su vida representado en el caos del mito de la identidad nacional. El mito del rebelde social es parte de los nacionalismos populistas.

No me diga que es inocente, por una vez no sea hipócrita. Allí tiene al castrismo, al chavismo, a Putin, a mercenarios; socios silenciosos, marginales, racistas. Mientras tanto en este territorio sobreviviendo junto a marginales, ignorantes, vándalos, cumbia villera y banderas por la liberación. Además, por si algo faltaba, tenemos a un Papa bendiciendo la pobreza: la visión heroica de la pobreza, la virtud de ser pobre.

Esto fue un proyecto de país, como decía mi padre hace sesenta años. Ahora todo se pobló de ignorancia, incompetencia estructural, planeros, seres sin destino, sin educación, sin moral. Al mismo tiempo gobernadores, senadores, diputados, intendentes, secretarios, amantes, hijos y entenados se fotografían, dicen y desdicen, aplauden, lloran, dan discursos, prometen, se abrazan, llenan plazas con vítores y proclamas. Mienten, no se inmutan. Poseen hoteles, aviones privados, quintas, yates, automóviles, empresas, departamentos, garitos. En la foto miran perdidos al infinito luchando por la soberanía de la plebe.

Se lo ruego, no sea un negador serial. No se mire el ombligo: hay otros países, otros hombres, otras culturas; lugares donde vivir es saludable. Si no me cree cruce el charco. Se lo pido una vez más, no mienta. No diga que no sabía, que no es cómplice.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 16 de diciembre de 2020

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Pequeño programa de lectura

“El grueso de la opinión no tiene opinión. Nadie sabe nada. 
Gusta o no gusta de las cosas, y nada más”.
Dante Panzeri


Hace unos años en Betanzos de los Caballeros, en la casa de un querido amigo, cenábamos un grupo de gente de teatro, pintores, escritores. La esposa de uno de ellos me preguntó: “Carlos, ¿por qué no nos hablas de tu país, de cómo están las cosas?” Esperé unos segundos en responder y dije: “¿Soportan que les hable diez minutos de fútbol?” Y comencé a relatar hechos, anécdotas, historias. No había llegado a los diez minutos cuando la señora que me había realizado la pregunta dice: “¡Pero así es imposible vivir!” La mire a los ojos y pregunto “¿Querés que te hable de política?”.

Nuestra sociedad es decadente sin pudor. El mundo tiene mil problemas, pero nosotros vamos varios pasos adelante. Un ejemplo fácil de comprender fue el velatorio de Maradona. Barras bravas, una masa emocionada y entristecida, alcohol, drogas, se entra al patio principal de la Casa de Gobierno, se retira el cajón por temor a que se lo lleven, el presidente sale con megáfono a hablar a los hinchas... Un gobierno que no puede organizar un velatorio y una sociedad que cada día es más violenta, brutal, irracional. Sin límites. El único país del mundo que en los últimos veinticinco años aumentó la pobreza, el país con la cuarentena más larga del mundo, sin clases, con miles de muertos por el covid-19, con fantasías hegemónicas, una recesión brutal, inseguridad jurídica, un abuso medieval, drogas, asesinatos, imposibilidad de vivir en el conurbano o en las calles del centro, una vieja complicidad del populismo con el fascismo, la magia, el líder, leyendas y relatos. La memoria de este territorio se mide en semanas, en meses a lo sumo.

Seré breve. No hay que compararnos con nuestros vecinos o con algún país de Europa. Tenemos que comparar esta realidad con la realidad de hace cuarenta o cincuenta años. El mismo país pero con una anomalía institucional sin límite. Nos falta el coro de las tragedias griegas. Por supuesto, esto es más degradado. Debemos recordar que son formas, matices del peronismo, con otros nombres u otros ismos. Pero la raíz es una. La unidad nacional bajo su mando. De lo contrario surge la “antipatria”, lo “cipayo”, lo “neoliberal”. Enfrente, poco y nada. Todo es estructural: diputados, senadores, gobernadores, empleados, policías, docentes, farmacéuticos, panaderos…

La corrupción, el lumpenaje, lo apócrifo, los acólitos, la religión política que profesan, el fanatismo, señales erróneas y confusas, el vaho permanente del triunfo empapelan cerebros. Hay más, pero como decía mi madre, como muestra vale un botón. Manipulación de masas, ritos culturales, alienación, superstición, formas ilusorias, “peste emocional”. El delirio y la desintegración son mayores, es cotidiana, pero no quiero amargarle el café con leche.

Me olvidaba. Hoy vi escrito a brocha sobre la fachada de uno de las escuelas que fundó Sarmiento la siguiente leyenda: “Tumba del saber, cuna del poder”. Entiende por qué hablé de fútbol, de barras bravas, de drogas, de punteros políticos, de dirigentes, de intendentes y de estadios, de goles, de árbitros, de negociados con choripaneros, planes sociales, camisetas, sindicalistas, fuerzas de choque? El gol con la mano no se cobra.

No se olvide de pedir tostadas con mermelada. El café con leche lo merece. Y cuando grite gol, piense. Lo emotivo es saludable, pero no siempre. Lo dice alguien que le gusta ir a la cancha a ver a Independiente, que jugó al fútbol en torneos intercolegiales y hasta los cincuenta y cinco años pisó el césped. Y siento que es un deporte hermoso, lleno de emoción, de placer, de compañerismo. Sí, es verdad: “la pelota no se mancha”. Hasta pronto.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 9 de diciembre de 2020

jueves, 3 de diciembre de 2020

Se editará plaquette de Carlos Penelas

La Fundación Industrias Culturales Argentinas editará en diciembre una plaquette - primera edición - de Seis poemas errantes, de Carlos Penelas. La edición constará de veinte ejemplares, firmados y numerados a mano por el autor. Para su composición se usarán tipos de la familia Futura. Estará impresa en papel Conqueror de 90 g., tapa en cartulina Strathmore natural de 250 g. Lleva cinta de raso color oro.


En la corrección de pruebas colaboró Emiliano Penelas.

La dirección gráfica estuvo a cargo de D. Walter Santoro a quien el autor agradece su especial cuidado.

La plaquette lleva una viñeta original del poeta.



Taller literario