lunes, 20 de diciembre de 2010

Informe Wikileaks

- ¿Qué tal Penelas? Hace tiempo que no lo veíamos por aquí. ¿Por dónde anduvo?

- Bueno, estuve en Chile y luego viaje a España. Di varias conferencias, presenté mi antología poética, me entrevisté con gente, estuve con grandes amigos…un poco de todo. Pero es verdad, a este bar hace tiempo que no vengo.


- ¿Razones del café, aumento de precio, mala atención?

- Tal vez un poco de todo, pero no, no; quédese tranquilo. Hay tipos que vienen que ya no me gusta el boliche. Ese, fíjese, el de los anteojos negros, parece de la cana, un tira clavado, un tipo que se disfraza de abogado y es prestamista…no sé. Un mal bicho. Además cambiaron el local, lo modificaron, lo quisieron hacer más pituco y les salió una mersada. ¿No se dan cuenta? Miren como se sientan, mire lo que piden, miren como les sale el culo de las sillas.

- Penelas, no lo entiendo. Viene más gente…

- Más clientes, querrá decir.

- Bueno, como usted quiera. Déjeme que le explico algo. La vida se deja llevar por ilusiones, por esperanzas. ¿No se da cuenta? Los cumpleaños de quince, la fiesta de la abuela, las despedidas de fin de año, la vida después de la vida. Son ilusiones ópticas, ilusiones colectivas. Ganar un torneo de fútbol, ver que el colesterol baja después de tomarse la pastillita, hacerle una promesa a la Madre María… todo es venta, todo es un curro gigantesco. Fíjese en los consorcios, en los hoteles alojamientos, en las elecciones parlamentarias o presidenciales. Curro, profe, curro. Usted porque está dale que te dale con la poesía y esos autores que no conoce nadie. No salen por la tele ni se los ve en los diarios. Pero la verdad de la milanesa es otra. Lo importante es la técnica de venta…

- ¿Sabe que estuve revisando el trabajo de Neil Postman sobre Huxley y Orwell. Fundamental, fundamental. Esto lo va a entender. En un momento escribe: “…el problema no es que la gente se ría en lugar de pensar, sino que no sabe de qué se ríe ni por qué ha dejado de pensar”. ¿No se cansa de estar de pie? Siéntese, por favor.

- Usted es un caballero medieval, poeta. Laburo de mozo, no me puedo sentar ahora. Es bueno lo de ese sociólogo, ¿no? Bueno, le contaba. Lo importante es la venta, cómo hago para venderle a otro, por ejemplo, un cajón para cuando se muera. O venderle un nicho, entusiasmarlo, mostrarle fotos con árboles, pajaritos y entusiasmarlo. Lo importante son esos tipos que les venden condones a las monjas de clausura. ¿Entiende? Un tipo así es fenomenal, un tipo así merece ser diputado, jefe de bancada, ministro de salud o de educación. Jefe de gobierno, economista. Le mueve los sueños, las esperanzas. Lo engaña, pero lo engaña con cariño, lo emborracha de pasión, de idolatría. Le dice a usted que es pobre pero que eso lo hace bueno, lo convierte en santo o en revolucionario. Usted se lo cree y le levanta el ánimo. Hasta tiene ganas de voltearse a la vecina o a la hija del cerrajero. Son tipos que le pegan a la conciencia, al desencanto. Son como los pastores que pontifican en las plazas o en las esquinas de los barrios. Son como los muchachos de la patota, de otra manera, claro. Uno termina ovacionándolos. Y cuando sé da cuenta, si se llega a dar cuenta, ya es tarde. Como buen pelotudo – por favor, no se lo digo a usted, Penelas; me entiende, es una forma de decir, yo sólo tengo quinto grado – o se hace negativo o busca a otro líder, a otro tipo que le venda el espectáculo. Son como los políticos, como los periodistas, como los actores, como los empresarios, como los intelectuales, como los sindicalistas…como todo el mundo, mi querido amigo. Como todo el mundo.

- ¿Se da cuenta por qué hace tiempo que no piso el café? Usted me escuchó hablar, me leyó dos o tres artículos y ahora repite como un simio. Me preocupa el asesinato de Mariano Ferreyra, la complicidad de la burocracia sindical, la mirada mezquina o el silencio de ciertas organizaciones. Le doy datos concretos que no se dicen en todos lados: los contribuyentes norteamericanos ignoran que están financiando – fíjese el modus operandi - presiones al gobierno español para frenar las causas judiciales abiertas en España contra políticos y militares aparentemente involucrados como las torturas en Guantánamo…

- No, profe, no. Creáme. Escuchar lo escuché, pero me habla en difícil y me olvido de las cosas que dice. Leer, lo que se dice leer algo suyo, nunca. No lo tome a mal. Y lo de España ni lo sabía. Apenas me entero ahora del culebrón de Jaime, De Vido, Moyano, Macri, Fernández y toda la compañía. Sigo, sigo. La gente quiere un Mesías, un ser que le ordene la vida, que lo perdone, que le marque el camino, que lo bendiga, que lo guíe. No importa si es un psicoanalista, un cura, un tipo que le vende merca o el concejal del barrio. A veces es el flaco de la ferretería o el diariero. ¿No vio como se viste Morticia? A la gente le enseñaron a ser rebaño, a soñar con los ángeles terrenales y celestiales, a obedecer, a votar, a ser confidente del portero del edificio. Luego se le viene el carnaval encima. El matrimonio, los créditos, la otra familia, el laburo, el socio, los parientes de los parientes, los amigos de esos ñatos, usted sabe… Hay mujeres que le obligan a los hombres a mear sentados, como si estuviesen en la silla gestatoria (esa sí, esa me la enseñó usted), a confiar en las elecciones, en las dietas de la luna, en la existencia gris y penosa que…Penelas, me deja hablando solo. ¿Vuelve? ¿Y la propina, profe? Además, el café aumentó. Juro que no le hablo más, que lo dejo leer, que lo dejo escribir. Antes de fin de año dese una vueltita. Perdone, jefe, perdone. Qué sé yo que pasa. Ni le pregunté por la locura y el negociado de Soldati. No hablo con nadie y usted parece que escuchara. En fin... Puta madre, ya ni se lo ve. Me olvidé de felicitarlo por Independiente.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2010

martes, 14 de diciembre de 2010

Calle de la memoria alta

Buenos Aires, 2010.
Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.
Plaqueta.
Prosa. Poesía.

Un viaje a Coirós
Hay nombres que llegan de la infancia. Nombres cargados de afecto, de mitos. Palabras que navegan en esa niebla del ensueño, en la niebla de los hijos de la diáspora. Podemos levantar la cabeza y decir verraco vetton. Y es hermoso el término, bella la imaginación, utópico el pronunciar. Pero eso es parte de la inteligencia emocional. En cambio si decimos casi balbuceando, casi como un rezo pagano, si decimos digo, Betanzos, Espenuca o Coirós, hablamos de la infancia, de nuestros padres. Es así como vemos sus manos, sus caricias, sus miradas. Y escuchamos sus voces.

Uno evoca la Escuela de los Inmigrantes de Coirós, la Escuela de los Inmigrantes Fillos de Ois. Uno pronuncia en calma y viene Santa María de Oís. Y el mirador de Espenuca. Y el puente romano. Y un niño labriego con una honda de David buscando sus ovejas. “Manolito, Manolito…” Qué sencillez, uno piensa. Qué cosa simple esta de las palabras, de los sentimientos, de las escrituras mágicas. Regresa la casa, el hogar, el rostro de la abuela. Es entonces cuando recordamos lecturas y mencionamos a los griegos que no creían en el regreso. Ulises no regresaba para quedarse, regresa para volver a zarpar.

Estuve recorriendo Coirós. En silencio, con dos amigos: Manuel Fiaño y Miguel Gayoso. Los iba escuchando en el auto mientras evocaba la playa de Pedrido, el Pazo de Marinán, Fisterra, el faro de Touriñán, Muxía. Llevaba en mi memoria el nombre de “Foucellas”, las cálidas palabras, las inteligentes palabras de Alfredo Erias. Y la presencia de mi hermano menor: Manuel Suárez Suárez. También llevaba en mí la generosidad y el afecto de Alexandre Nerium junto al recuerdo de un cuento maravilloso de Manuel Rivas. Así iba internándome en los senderos de Coirós. Aun faltaba conocer Navalafuente, aun faltaba recorrer Patones. Y Gijón y Oviedo. La emoción poética, les dije a mis compañeros de ruta, genera otra realidad, otra opción. A veces es testimonio, entreteje lo íntimo del ser: su libertad. Los límites de mi lenguaje son los límites del mundo, agregué.

Desde la época de Mendiño, ese juglar renovado y misterioso, la poética gallega tiene el recuerdo del gozo, el deseo y la esperanza de volverlo a gozar. Es así, pensaba en silencio mientras Coirós confrontaba otra imagen, otra guía interior. En estos caminos suelen cristalizarse la melancolía o la saudade de la enamorada. Sentía (no se los confesé en esa oportunidad) una simbiosis del paisaje con el sentimiento. El paisaje no es decoración, es confrontación y compañía. Nos enfrenta y nos habla. El lirismo de ese paisaje gallego es difícilmente superable. Entonces vinieron a mis oídos – al cerrar brevemente los ojos – unos viejos amigos: Martín Codax, Xohan Zorro y el rey Don Denís. La poesía celta, para el poeta Matthew Arnold, pertenece a un mundo pagano y mitológico. Una vez más la magia se halla extendida y los dioses vuelven a mezclarse con los sucesos humanos.

Escucho un lenguaje que parece reinventar siglos, formas de máxima concentración, una conciencia clavada en el devenir del ser. Sé que el carácter mítico no es privativo de un sitio particular. Sé también de la mitología personal, de lo alegórico, de lo metafórico. Al bautizar las cosas nace la ingenuidad, la unicidad del hecho mítico. Vivimos un estado de gracia, de éxtasis; un sentido determinista del destino. Más claro: la visión mítica de la realidad.

Coirós, Espenuca, Betanzos, quieren decir no estar solos. Saber que en esa gente, en esos bosques, en esas piedras, hay algo tuyo. Que son cosas que te esperan. Muchos, la gran mayoría tal vez ni lo imaginen. Pero uno sabe que otra ciudad emerge, otros bosques, otros manantiales. Un tono intransferible que persiste. Tal vez tenga relación con la diáspora, con la pérdida, con el exilio, esa alianza entre el silencio y la palabra. Tal vez esa situación hipnótica que sentimos tiene relación con la búsqueda de nuestras raíces. Quizá de allí el desarraigo, la melancolía; un hijo perdido entre el despertar del tu y del yo.

Sé que ya nadie puede desoír lo que la experiencia onírica convoca: el poema se forja de adentro hacia fuera. Y para que el poema alcance condición de tal tuvo que haber dicho una verdad muy honda y personal. La palabra, a veces, es una mirada perdida, infinitamente cansada. Una mirada que siente la fugacidad pero al mismo tiempo la rebeldía. La decisión de poetizar es lejana e incomprensible. Visiones, atmósferas, imágenes, fragmentos.

¿Qué se le muestra de un lugar a un extranjero?, me pregunto. Ahora viajo Coirós desde el sillón de madera de mi escritorio. La voz recuerda no precisamente el olvido, sino lo que hemos elegido olvidar. Estos nombres los llevaré conmigo hasta el fin de mis días. Son los secretos de la infancia, los rostros de mis padres, de mis tíos, de mis hermanos. La fotografía del abuelo Pedro y la del abuelo Tomás. Y los barcos, las cartas, las cerillas. El poeta siente el peso de las almas, escribió Víctor Hugo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre 9 de 2010

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Calle de la flor alta

I

Una sombra del amor existe
en lo más secreto de vos, deseada.
O en mi corazón, no lo sé.
Como una aldea luminosa
en el centro de una línea de agua.

II

Los príncipes solitarios
son estos niños que mueven
la delicadeza del aire y del cencerro.
Un sueño medieval,
una infancia que insinúa belleza.

III

La luz de esta catedral
roza la piedad derruida del campanario.
Las cigüeñas recogen las sombras
de la niebla. Del amor que en ti existe
siento un halo. Y el mar, el mar…

Carlos Penelas

domingo, 12 de diciembre de 2010

Presentación de "El libro de los talleres XI"

La Editorial Dunken presentará el volumen XI de El libro de los talleres. Como en ediciones anteriores, contará con trabajos de los alumnos de Carlos Penelas tanto en sus talleres individuales como en los grupales en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

Otro año más en el que los talleres literarios de Carlos Penelas son incluidos en la nueva edición de El libro de los talleres, de Editorial Dunken. En esta ocasión, a los talleristas individuales se les agrega como novedad aquellos que han cursado en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte a lo largo de 2010.

La presentación del libro se llevará acabo el miércoles 15 de diciembre en la sede de la editorial, Ayacucho 357, ciudad de Buenos Aires, a las 19 hs.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Independiente campeón de la Copa Sudamericana 2010

El Rojo de Avellaneda obtuvo su 16º título internacional de su historia, el primero luego de quince años. El Rey de Copas venció al Goiás de Brasil 3-1,y forzó la serie de penales, donde se impuso por 5-3.

martes, 7 de diciembre de 2010

Nueva plaqueta de Carlos Penelas

El Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte publicará Calle de la memoria alta, plaqueta de Carlos Penelas.

Son cuatro artículos relacionados al último viaje del escritor por Galicia, Asturias y Madrid. Además, la obra cierra con el poema "Calle de la flor alta".

Se trata de una edición limitada fuera de circulación comercial.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El gran guiso criollo

Siempre hablo de lo mismo. Me cansa, me harto de hablar de lo mismo. Vemos restauraciones serviciales, diplomáticos afónicos, una suerte de borrachera sistemática mezclada con salsas, frijoles, garbanzos, tucos, trozos de mortadela y fideos codito. Camiseta y contubernio, mate y oratoria folklórica. Y a remover hasta el fin de los días. Y otra vez a empezar. Es triste, es lamentable, es desolador.

Recuerdo cuando los compañeros del PC decían que había que apoyar a la Unión Soviética, nuestra madrecita, en contra del imperialismo. No se hablaba del stalinismo, de los campos de concentración, de las invasiones sin piedad, de los cuerpos arrojados al Volga y a otros ríos. No se hablaba de las purgas, de las traiciones, desviaciones, asesinatos en masa, persecuciones. No, el problema estaba en el imperialismo, lo de la URSS eran temas coyunturales, luchas internas de un plan revolucionario, focos de los mencheviques, ciertas contradicciones de todo proceso histórico. Y de los agentes de la CIA con la contrarrevolución y pactos neocoloniales. Entre estos agentes estaban desde Trotsky hasta aquellos poetas, intelectuales, profesores, artistas, empleado o trabajador que cuestionaban al padrecito y los avances indiscutibles de los revolucionarios.

Recuerdo que en los años setenta se hablaba de apoyar a Perón (Teniente General de la Nación, no olvidemos) para que se “queme” definitivamente y entonces la “izquierda” y la clase obrera y el peronismo revolucionario (nunca logré entender cúal era uno y cúal el otro) y los sectores “progresistas de la burguesía nacional” tomarían la hoz y el martillo – y la bandera roja, claro– para comenzar la revolución que flameaba en Corea del Norte, en China (no, en China no), en Cuba y en tantos lugares de América Latina. Y era una confusión de nombres y tácticas y estrategias y bombos y aliados y enemigos que a uno, con una visión peligrosamente anarquista, peligrosamente troskista, le era muy dificil de comprender.

Todo se renueva y todo vuelve a lo mismo. Uno se santigua, mira nuevas escenografías, nuevos telones que causan vértigo. Distintos nombres, diferentes caudillos, otros ladrones, otros corruptos. Siempre suelo preguntarles algo a ciertos caballeros populistas. Supongamos que un torturador, un hombre -de la policía, ex boxeador o militante de esta antropología social– torturase a Licio Gelli, al Generalísmo Francisco Franco o al dictador (y compañero de otros abanderados) Alfredo Stroessner. Es evidente que el torturar es un actor canallesco, vil; nos produce naúseas. Pero también podríamos afirmar que los señores torturados -es una fantasía, por favor- no son representantes de lo mejor de nuestra humanidad. ¿Dónde nos ponemos? ¿Cúal es la víctima y cúal el victimario? ¿Hay una ética de izquierda y otra de derecha? ¿Hay cárceles nobles y otras vejatorias? ¿Y los templos qué representan?

La verdad es que da asco. Asco los mitos, las leyendas, las corporaciones, las banderas, las lecturas conventuales, los héroes y los canallas que en nombre de la libertad, el hambre o la injusticia, llevan adelante estos engendros. Como las nuevas generaciones saben poco y nada aplauden, generan trincheras, continuan con los monólogos de los hombres providenciales. No importa que éstos mientan de manera desenfadada, quintupliquen su patrimonio o representen la conjura de los predestinados. O hayan sido asesinados por militares o esbirros.

Sabemos de sobra qué es la derecha, qué son los marines o la CIA. De sobra que es el imperialismo o una ideología reaccionario. Pero estos señores no son precisamente libertarios, son liberticidas con banderas y pancartas que hablan de libertad, de igualdad social, de planificación. Sabemos con claridad el significado del fascismo o del nazismo. Desde el Poder aplastan, reprimen. Francamente deleznables, chovisnistas cuando no testaferros mediocres.

Hay alusiones plátonicas, una legión de especialistas en miserias, mensajes intimidatorios. Sin duda, hay casos aislados. Pero la gran mayoría articula humillaciones, pactos rituales. Perplejidad, podriamos escribir. Perplejidad y desencanto ante algo que vemos pudrirse, que da mal olor, que implica complicidades, distracciones. Somos sobrevivientes de lo retórico. En medio de basurales, de hambrunas, de engaños, de promesas, de marchas y contramarchas, de líderes y libros canónicos. Y de nostalgias baratas, mistificadas en contubernios. Una buena noticia, una muy buena noticia. Las prostitutas pueden usar condones. El Santo Padre lo aceptó. Un camino hacia la salvación y la fe. Ha tenerlo en cuenta, querido lector. No todo es Wikileaks ni Julian Assange ni Cryptome.

Carlos Penelas
Buenos Aires, dicembre de 2010

Taller literario