lunes, 14 de diciembre de 2015

Luis Alberto Quesada, poeta (1919-2015)


Luis Alberto Quesada fue un hombre de bien. Mi adolescencia y juventud lo tuvieron -lo tiene, lo tiene- como ejemplo de poeta, de conducta, de honestidad intelectual. Un ser amplio, generoso, sin dobleces. Un hombre con humor y con talento. Un hombre que amaba la vida, esto es, la poesía, la música, la pintura, la naturaleza, lo imposible. Toda una vida a su lado, toda una vida viendo su coherencia. Un ejemplo de trayectoria. El último maestro de vida partió Hacia el sol de la Utopía. Llevaba consigo Mineros, El Hombre colectivo. Y España a tres voces.


Nuestro profundo homenaje al poeta, a la República Española, al héroe de la Guerra Civil, a la resistencia antinazi y de las cárceles franquistas. Junto a él la belleza, el viento, la libertad. Junto a él la conciencia de otro universo, el poeta que conjura su vida, el destino que es huella y símbolo, la imaginación como una barca atravesando las aguas de la ignominia. Luis Alberto Quesada: la pasión insondable.



domingo, 6 de diciembre de 2015

Descubrimiento de la amada


Sólo quise escribir mi nombre en la indolencia.
Es por eso que miro las estrellas
junto al desvelo de una ternura melancólica.
Y recuerdo…
El amor venía con vestidos azules,
en ramilletes o en naranjales.
Descendíamos en una barca por el Mandeo.
Cubría su cabeza con un pañuelo rojo
y la mirada perdida entre las nubes y el deseo.
Habíamos dejado libros por el mayo francés,
por hoteles, por banderas rebeldes.
Ahora una fotografía.
Percibo el aire y el jazmín en la sombra.
(Todo es recuerdo, todo es recuerdo.)
Desde la lejanía siento el río.
Y no me fatigo de mirarlo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2015

viernes, 27 de noviembre de 2015

Un poema de Penelas en Centoparole, Trieste

Centroparole Magazine, de Trieste, publicó el poema "Elegía a la sombra del padre", de Carlos Penelas, "massimo esponente tra i poeti più rappresentativi d´Argentina", traducido por Francesca Schilacci.



ELEGIA AL PADRE

Egli abitava il cortile leggendo.

Esagerava il culto dell’amore e il Don Chisciotte.

La sua voce era precisa, irrevocabile.

Con lo sguardo decifrò l’eternità del linguaggio

e delle cose.

Egli mi parlò di Lepanto e di Numancia,

dell’ebreo e dell’arabo.

Mi dava appuntamento a Galdós,

la latitudine esatta del suo paese.

Lo vedo maledire con amarezza

la delazione e la paura.

Lo vedo nella sofferenza

che il cielo e l’inferno oppressero per sempre.

Egli mi insegnò che l’uomo

è fatto di tempo e di lavoro.

Insieme a lui ripercorsi il destino del mio sangue,

il verso castigliano di Quevedo.

Mi insegnò la castità e l’onore.

Mi salvò con lo stupore e la tenerezza.

Mi concesse come favore la solitudine.

E il silenzio sognato dei sogni.

Prolungò le sue abitudini e i suoi errori.

Imparai a odiare la demagogia.

Imparai l’ironia. E l’umorismo incessante

che giustifica un simbolo.

Diffidai della gloria, della vanità,

dei bronzi terribili delle piazze.

Diffidai degli dei e delle moltitudini.

È parte del mio mito e del mio orgoglio.

È la storia quotidiana dei miei versi.

Un’elegia in più che strappò il mistero.

Traduzione di Francesca Schillaci di Elegía al padre di Carlos Penelas, tratta da Cánticos Paternales


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ELEGÍA AL PADRE

Él habitaba el patio en la lectura.

Exageraba el culto del amor y El Quijote.

Era su voz precisa, irrevocable.

En la mirada descifró la eternidad del lenguaje

y de las cosas.

Él me habló de Lepanto y de Numancia,

del hebreo y del árabe.

Me citaba a Galdós.

la latitud exacta de su pueblo.

Lo veo maldecir con amargura

la delación y el miedo.

Lo veo en la agonía

que el cielo o el infierno agobió para siempre.

Él me enseñó que el hombre

está hecho de tiempo y de trabajo.

Junto a él recorrí el destino de mi sangre,

el verso castellano de Quevedo.

Me señaló la castidad y el honor.

Me salvó con el asombro y la ternura.

Me otorgó como gracia la soledad.

Y el soñado silencio de los sueños.

Prolongué sus hábitos y sus errores.

Aprendí a odiar la demagogia.

Aprendí la ironía. Y el humor incesante

que justifica un símbolo.

Desconfié de la gloria, de la vanidad,

de los terribles bronces de las plazas.

Desconfié de los dioses y de las multitudes.

Es parte de mi mito y de mi orgullo.

Es la cotidiana historia de mi verso.

Una elegía más que arrebató el misterio.

Carlos Penelas (Canticos Paternales)


Sul poeta:

Carlos Penelas nasce ad Avellaneda, in provincia di Buenos Aires (Argentina) nel 1946.

È poeta, scrittore e conferenziere. Ha pubblicato finora più di venti opere tra poesia e prosa, tra le quali si posso dividere Poemas del amor sin muros (1970), La gaviota blindada y otros poemas (1975), Conversaciones con Luis Franco (1978), Los dones furtivos (1980), Finisterre (1985), Queimada (1990), El corazón del bosque (1992), El mirador de Espenuca (1995), Guiomar / Cantiga (1996), Los gallegos anarquistas en la Argentina (1996),Valses poéticos (1999), Desobediencia de la aurora (2000), El regreso de Walter González Penelas (2001), Elogio a la rosa de Berceo (2002), Diario interior de René Favaloro (2003), El aire y la hierba (2004), Crónicas del desorden (2006), Romancero de la melancolía (2007), Fotomontajes (2009), Antología personal (2010, Calle de la flor alta (2011), Poesía reunida (2012).

Un’estesa opera poetica che vede coinvolti nella critica e nella lettura attenta scrittori come

Luis Franco, Raúl González Tuñón, Ricardo Molinari, Juan L. Ortiz, Elvio Romero, Osvaldo Bayer, David Viñas, Eduardo Blanco Amor, Héctor Ciocchini, Xesús Alonso Montero, Graciela Maturo e altri ancora, si rivela come un “divenire creatore” di Carlos Penelas, massimo esponente tra i poeti più rappresentativi d’Argentina.

La critica ha notato nella poetica di Penelas una preoccupazione radicale nell’addentrarsi dentro i simboli espressivi e nelle strutture moderne, conciliando in questo sia il peso che la misura del suo lirismo.

Francesca Schillaci © centoParole Magazine – riproduzione riservata

viernes, 20 de noviembre de 2015

Recogimiento en una plaza del sur


Nadie regresa a la soledad ni al vaho de los pájaros
en una tarde cifrada por las horas.
Configuramos la simetría de lo incierto en el aire,
en la somnolencia de la fábula.
Días lejanos, transparentes,
bajo estas ramas que desnudan estatuas,
como una aureola a un templo pagano.
Y tú allí, princesa,
en el vagar disperso de las nubes.
En una tarde de ascetismo
el ocio compartía los dones del ocaso
como el desgano acompaña el rumor de las hojas.
Ahora siento que los unicornios conmemoran
un sueño sostenido, gozoso.

Se mece la noche
en esta abierta y separada camelia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2015

sábado, 14 de noviembre de 2015

Repudio al atentado en París‏


Repudiamos enérgicamente el atentado criminal ocurrido en París de inocentes, en esa ciudad-símbolo de Europa.   Somos parte de esa  civilización que vemos atacada y  destruida ante nuestros ojos.  Estamos orgullosos de pertenecer a una cultura que representa la libertad y la fraternidad. El dolor nos embarga.  Siempre " París era una fiesta y un sol". Y debe volver a serlo.

Carlos Penelas
Rocío Danussi

lunes, 26 de octubre de 2015

Poema a la mujer de una buhardilla


Dijiste: “Soplo la luz insomne en esta tarde de octubre”.
Y yo: “Tómame en la mirada,
en la respiración de tu mirada
que despierta la memoria del cuerpo”.
(¿Qué harás de mí?
¿Qué tiempo crece, Señora,
en esta ociosidad, en esta tibieza,
recogida y anhelante?)
Junto al silencio que sopla en tu vestido negro
el color de una imagen suspendía tu mirar.
Había una sombra de Vermeer o Caravaggio.
Y una lámpara en ese sueño dudoso,
casi transparente.
Y un sillón blanco en el atardecer suspenso.
Y tu vestido negro, en tu vestido inquieto.
Tu mirada hacia las nubes bajas penetraba mi soledad
como ese mirar separado, callado
en una tarde de octubre en que tu mirada…

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2015

sábado, 17 de octubre de 2015

Carlos Penelas recibió el premio Luis Franco en Catamarca

Por su trayectoria como poeta y difusor de la obra del escritor catamarqueño.
Por segundo año consecutivo se entregaron las distinciones a personalidades del mundo de las letras y de las artes.


Se entregaron el pasado miércoles, en la vecina provincia de Catamarca, los premios Luis Franco 2015 a importantes figuras de la literatura y cultura general, en el marco de una celebración que se desarrolló en el edificio del Museo de la Ciudad Casa Caravati, por segundo año consecutivo. En una ceremonia de premiación amena, los presentes degustaron además de vinos y quesos gourmet. El evento contó con la presencia de importantes celebridades a nivel provincial, nacional e internacional, quienes recibieron una distinción especial por su aporte y labor en el campo de la literatura y las artes como María Kodama de Borges, Enrique Salvatierra, Manuela Rasjido y Carlos Penelas, como así también el autor catamarqueño Enrique Traverso. 

A igual que el año anterior, se entregó una distinción a todos aquellos artistas que difunden la obra del reconocido escritor catamarqueño, los premiados fueron Celina Galera, pintura; el gobierno provincial, por la obra El Shincal, recibió el galardón la secretaria de Cultura, Patricia Saseta, y la arqueóloga Paula Espósito; Ricardo Bujaldón, música; César Vera, literatura; Ariel Pacheco, fotografía, y la familia Pernasetti por impulsar que una calle y una escuela de la localidad de Belén lleven el nombre de Luis Franco. 

En un tono familiar, el autor Carlos Penelas, quien compartió su adolescencia con dos figuras célebres de la argentina como René Favaloro y el autor catamarqueño Luis Franco, manifestó que con este último mantuvo una relación muy cercana y familiar: “Para mí no fue sólo un maestro, pasábamos los fines de año, lo visitaba los fines de semana, él venía a mi casa, yo iba a la de él. Después de la figura de mi padre, mi figura importante y trascendente era la de Luis Franco”.

En cuanto al pensamiento de Luis Franco sobre la política social actual, sostuvo que sería muy negativa: “Yo creo que le causaría el mismo espanto que me causa a mí, estaría en contra de todo esto, él (por Franco) en primer lugar buscaba la libertad, era un hombre digno, honesto y luchaba permanentemente contra la corrupción, el dogmatismo, la estupidez, el populismo”. 

Para Penelas, tanto “René Favaloro como Luis Franco fueron hombres que sobrepasaron las dimensiones de este país”. “Es un país muy desdichado, mezquino, mediocre, lleno de políticos corruptos”, sentenció, a la vez que habló sobre su última obra, “Algo más sobre la estupidez”, donde hace referencia no sólo a la corrupción de políticos, empresarios y sindicalistas sino a un pueblo que acompaña este tipo de situaciones.
“No se trata solamente de los políticos y empresarios corruptos, es un pueblo que no quiere ver, es un pueblo que se siente cómodo en la corrupción, es un pueblo que sigue votando. No se puede explicar que con todo el grado de corrupción que hay aquí, todavía el poder ejecutivo tenga un 40 por ciento de apoyo”.

En la memoria por siempre
Penelas dijo, entre otras cosas, que “agradecía profundamente éste premio, que junto con el que había recibido en el Profesorado en Letras Mariano Acosta, el Premio Arturo Marasso que se entregó una sola vez y lo había compartido con Julio Cortázar, era el premio que quedará para siempre en mi memoria. Por el amor a la poesía, a la libertad, a la cultura. Y por lo que representó Luis Franco en mi formación ética e intelectual.” La entrevista concluyó recitando a Mark Twain: “Yo no puedo luchar para que se vea la verdad si hay todo un pueblo profesional que lucha para no verlo”.

Gratitud
En una entrevista con El Esquiú.com, María Kodama manifestó su gratitud a los organizadores por la distinción y alentó a las provincias que realizan este tipo de eventos para difundir la literatura, “habla bien de un grupo de gente que está interesada en que la cultura perdure”, sostuvo. A la vez, eludió hablar sobre la política actual al destacar que no lee literatura argentina contemporánea y que “dentro de sus preferencias, al estilo de Borges, están la literatura antigua japonesa y los trágicos griegos”.

En cuanto a su extinto marido Jorge Luis Borges, adelantó que para el próximo año está previsto un homenaje a nivel mundial: “Desde la fundación estamos organizando en todo el mundo los homenajes por los 30 años. Comenzará en Ginebra, Venecia, Argentina, Estados Unidos y Francia, entre otros países”.

Obras inéditas
El reconocido y destacado escritor Carlos Penelas entregó a la fundación Luis Franco dos ensayos inéditos, uno de apostillas y pensamientos y el otro sobre la influencia arábiga sobre la literatura española para su edición en formato libro, que serán entregados gratuitamente en todas las escuelas de la provincia, mientras que el resto de los interesados podrá acceder a ella y otras a través de la página www.luisleopoldofranco.com.

Diario Nueva Rioja
Sábado 17 de octubre de 2015

viernes, 16 de octubre de 2015

Premio Luis Franco para Carlos Penelas

Carlos Penelas recibió en Catamarca el Premio Luis Franco por su trayectoria como poeta y difusor de la obra de Luis Franco. 


Penelas dijo, entre otras cosas, que "agradecía profundamente éste premio, que junto con el que había recibido en el Profesorado en Letras Mariano Acosta, el Premio Arturo Marasso que se entregó una sola vez y lo había compartido con Julio Cortázar, era el premio que quedará para siempre en mi memoria. Por el amor a la poesía, a la libertad, a la cultura. Y por lo que representó Luis Franco en mi formación ética e intelectual."


El acto se realizó en la Casa Caravati, y recibieron premios personalidades de la cultura catamarqueña, el plástico tucumano Enrique Salvatierra, la diseñadora Manuela Rasjido y Maria Kodama, por su labor en difusora y protectora de la obra de Jorge Luis Borges.


Se pondero el trabajo de Hugo Diamante, presidente de la Fundación Luis Franco por su capacidad de trabajo, su amplitud de criterio y el esfuerzo permanente por difundir  lo mejor de la cultura de Catamarca y del país en Catamarca.


Luego, Penelas dio una clase abierta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca, en donde se refirió a su obra poética, y a la de Luis Franco.

jueves, 15 de octubre de 2015

Entregaron los premios Luis Franco en Casa Caravati

Premiaron a Ricardo Bujaldón, Paula Espósito, César Vera Ance y Celina Galera. Hubo también distinciones para Carlos Penelas y Enrique Traverso.


En la jornada de ayer, en el museo de la Ciudad "Casa Caravati", se llevó a cabo la segunda edición de los premios Luis Franco buscando homenajear a figuras locales que se hayan destacado durante 2015 en literatura, cultura y arte, entre otras disciplinas.

En diálogo con El Ancasti, Enrique Traverso, uno de los organizadores del evento, confirmó que los "premiados fueron Ricardo Bujaldón, profesor del ISAC, con una vasta trayectoria en música, el grupo que trabaja en el Shincal y que realiza las guías turísticas con Paula Espósito a la cabeza y que cotidianamente hace las guías, César Vera Ance, escritor y docente del interior provincial, y Celina Galera, pintora catamarqueña. También hubo distinciones para Carlos Penelas que escribió el libro Conversaciones con Luis Franco, el matrimonio Salvatierra-Manuela Rasjido por su trayectoria en las letras y diseño de moda artesanal respectivamente, la familia Pernasetti que estuvo al lado de Luis Franco durante muchos años, yo (Enrique Traverso), cosa que no estaba planificada, y el fotógrafo Ariel Pacheco ”. Traverso dijo que el evento estuvo organizado por la Cátedra Luis Franco, que busca difundir el pensamiento del escritor y con la participación de Hugo Diamante, Martín Borman y Arturo Herrera. Aseguró que "nuestro objetivo es armar el laboratorio Luis Franco, donde esté expuesta toda su obra, con un lugar de comidas regionales, donde se pueda tocar un poco de música y haya un lugar interactivo donde se puedan dar talleres de reciclado".

Agradeció finalmente la presencia de María Kodama de Borges, que junto a Carlos Penelas estuvieron acompañando el evento.

Diario El ancasti, Catamarca, jueves 15 de octubre de 2015

miércoles, 14 de octubre de 2015

Clase abierta de Carlos Penelas en Catamarca

Carlos Penelas, invitado para la entrega de los Premios Luis Franco, brindará una clase abierta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca este miércoles a las 18 horas. Allí se referirá a su obra poética, y a la de Luis Franco.


Se entregan los premios Luis Franco 2015 a figuras catamarqueñas

El evento se realiza hoy en la Casa Caravati, con la presencia de María Kodama, Carlos Penelas y otras figuras.


En el museo de la Ciudad "Casa Caravati" tendrá lugar hoy la entrega de premios Lvis Franco 2015, que pretende homenajear a figuras locales que se hayan destacado durante el año en la literatura, cultura, arte, entre otras disciplinas durante el presente año.

El evento se realizará a las 11 horas, en el espacio cultural ubicado en calle Rivadavia al 1050, con la destacada presencia María Kodama de Borges, Enrique Salvatierra y Carlos Penelas destacadas figuras de las letras y la diseñadora de moda artesanal oriunda de Santa María, Manuela Rasjido, quienes participarán como invitados especiales.

El jurado integrado por Martín Borman, Arturo Herrera y Enrique Traverso tendrán en sus manos dar a conocer los premiados con este destacado premio, en base a una intensa selección realizada luego de la totalidad de figuras propuestas para el mismo.

Se trata del segundo año consecutivo en que se realiza el evento, pero este año además sumará la entrega de Distinciones Especiales Lvis Franco.

Además, el evento contará con la cata de vinos y degustación de quesos gourmet, para agasajar a los invitados especiales y presentes, además de la música de Hiperboreos Quinteto.

Diario El Ancasti, miércoles 14 de octubre de 2015

martes, 13 de octubre de 2015

Carlos Penelas nuevamente en Catamarca

El poeta estará presente en la provincia de Catamarca para la entrega de la segunda edición de los premios Luis Franco.


Carlos Penelas se presentará este miércoles 14 de octubre en San Fernando del Valle de Catamarca para la entrega del Premio Luis Franco 2015, que se realizará a las 11 horas en el Museo de la Ciudad Casa Caravatti. Junto al poeta estarán presentes María Kodama de Borges; Enrique Salvatierra y Manuela Rasjido.

Recordemos que Penelas es autor de Conversaciones con Luis Franco que está en vías de ser publicado nuevamente por la Segunda Cátedra Abierta de la Fundación Luis Leopoldo Franco.

Entregan los premios Luis Franco

Este miércoles 14 de octubre, a partir de las 11 en el Museo de la Ciudad Casa Caravatti, y por segundo año consecutivo, se realizará la entrega de los premios Luis Franco 2015.


Según se informó desde la organización, estarán presentes María Kodama de Borges; Enrique Salvatierra; Manuela Rasjido y Carlos Penelas, como invitados especiales.

El Jurado está compuesto por Martín Borman, Arturo Herrera, y Enrique Traverso. En el mismo acto se informará quiénes son los premiados de acuerdo a los postulantes que han sido propuestos.
Asimismo, además del Premio Luis Franco 2015, se entregarán distinciones especiales.
Por último, se indicó que habrá cata de vinos y degustación de quesos gourmet, y música a cargo de Hiperboreos Quinteto.

Diario El Ancasti, Catamarca

martes, 6 de octubre de 2015

Nostalgia y utopía en la poesía de Carlos Penelas

por B. Herrera Jurado

Son pocos los temas de la literatura y aún menos son los temas que ocupan a cada escritor. En la obra de Carlos Penelas hallamos esencialmente cuatro: la sangre, la nostalgia, el amor y la utopía. Los dos últimos ocupan los escritos de juventud y van a ser nuestro punto de partida.

El amor del poeta es pleno y se consuma, no conoce distancias ni remordimiento. La decepción y la culpa parecen serle extrañas; una sensualidad muy fina ocupa su lugar:

Mi mano tocaba la ausencia de su cuerpo.
Y sus ojos, levísimos, insinuaban
la interminable tarde de los caballos blancos.
(…)
Así te amé. En la urgencia de tu nombre. [1]

Esta veta, poco desarrollada por los comentaristas, es una de las más reveladoras.

Por otro lado, nacido a mediados del siglo XX, Penelas formó parte de la última gran camada de escritores comprometidos. La utopía en sus palabras era conjuro insurrecto:

Resucitan banderas
en la canción violenta
de los hombres futuros. [2]
Donde quiera que esté
asomará revelando mi verso
el dolor, la pobreza.
No necesito más que la palabra. [3]

¡Qué lejanas nos parecen estás voces! Basta hojear sus últimos libros para advertir la promesa incumplida. Esta faceta es quizá la más desafortunada. Miembro tardío de una escuela de artistas que inicia en los años del grupo de Boedo y activista político en los 70’, nuestro autor presencia en su juventud una gran derrota, llegando a su madurez en una época adversa para su primer programa estético: 40 años más de dominación burguesa bajo distintas máscaras.

Durante la dictadura se opera un cambio en las expectativas históricas inmediatas de la izquierda pero también se opera otro a nivel personal. La revolución pierde centralidad en la vida de Penelas y por extensión también en su poesía. La utopía entonces deja de ser un sintagma poético que la refiere, para pasar a ser su definición cabal: οὐτόπος, un no lugar. La revolución pasa a ser sólo un símbolo, un sueño, que a pesar de todo nunca deja de ser evocado.

En 1979 canta: “En el principio fue el silencio. (…) Todo allí conspira para la rebelión final.” [4] Pero la rebelión en aquel poema es el gesto de la amada. Su búsqueda, nos muestra, sólo puede realizarla en la pasión, en la intimidad.

También sobrevive de algún modo la utopía en la contemplación de la descendencia y en la evocación de viejas luchas. El poeta escribe en Pequeña carta a Emiliano:
Todo es tuyo. El mar, el canto,
El misterioso verso de la vida.
Expropiarán los bosques tu mirada.
Abolirá el jornal con su proclama nueva. [5]

La revolución, al no buscar objetivarse, se diluye en la propia sangre: el poeta acude a la casa de la infancia, a la tierra de los padres y a la tradición. La búsqueda acorta miras pero gana en profundidad. Es más segura la historia del pasado que la del futuro. Galicia, la familia y viejas imágenes rurales-anarquistas, herencia de sus padres, aparecen frecuentemente:

ellos nombraron a Coirós.
Con mis ojos de niño supe de sus tierras.
Me abrazaron con el tacto de manos campesinas. [6]

Traían en sus ojos el pan de viriles tierras.
Regiones húmedas, tumbas de príncipes,
hornos, vinos, cucharas.
Y la costumbre de cantarle a sus hijos
en lenguas primitivas.
Todo crece en el recuerdo indolente
de tanto mar o tanta voz. [7]

Pero Penelas no se cierra completamente sobre sí. La vuelta al pasado en su caso es también un viaje a la cultura europea. Y no hay destino que valga para explicarla; todo proyecto es trabajo como todo trabajo es elección y nuestro autor es perfectamente consciente de la suya:

Aquí, en San Andrés de Rante
Nacieron los bisabuelos de mi madre.
En absoluta inocencia fue bautizada
En Santa Eufemia la Real del Norte.
He pisado esta igrexa del siglo XVI
He tocado su pila, sus muros, su silencio.
(…)
Como un símbolo
En la rua de Lepanto dio a luz.
Hija de jornaleros [8]

Va tomando forma una concepción distinta de lo poético. Basta leer Declaración jurada (1975), suerte de prólogo que pedía Roberto Santoro en sus ediciones, y Celebración del poema (2014) para advertir las diferencias [9]. El pasaje de un momento a otro no supone una obtención de madurez poética. Sería absurdo suponer que una orientación de temas e intereses es a priori mejor que otras. El cambio que tratamos es particular de Penelas y entre todos los que tuvo es uno de los más significativos para poder entender su obra. El mismo se puede observar en dos de sus principales influencias: Luis Franco y Jorge Luis Borges [10]. Franco es el punto culmine en Argentina del verbo insurrecto. En él hallamos loas al cuerpo y su labor, cantos por el descubrimiento de la tierra, o lo que es lo mismo, una cruzada contra el miedo y sus ídolos, una invitación a vivir enteramente. Siendo de gran influencia en los primeros escritos de Penelas, especialmente en lo que respecta a la sensualidad y la rebelión.

En cambio Borges, más cercano a Emerson que a Whitman, es el máximo exponente en lengua castellana de la poesía intelectual. En su obra hallamos múltiples referencias, imágenes que comprenden hechos históricos de distintos siglos, sin embargo, esos datos son como las aves y los dioses de Darío: finos ejercicios verbales que buscan dar eficacia al poema. Curiosamente, sólo el trato con la realidad le permite el lujo de lo irreal. La trabajosa selección de hechos, la omisión de otros, una cuidada enunciación, abren las puertas de lo poético, que es para Borges el juego, el enigma, la duda, lo fantástico, la fatalidad. Su mundo es mágico, literario, y sólo por ello le resulta aceptable.

Penelas encarna a su manera esta forma de trabajo. Su búsqueda, que ante todo es de belleza inmediata, lo abstrae del mundo. La revolución forma parte del pasado:

Y la quimera acrecentaba nuestra risa,
despertaba al viento en un domingo rojo.
El tiempo era inocente, distraído [11]

La realidad, cada vez más insoportable a Penelas, va desapareciendo de su obra. En estos últimos años, sus artículos y sus versos más desafortunados son los que tratan lo social. Algunos son meros catálogos de desperfectos (el catálogo no es mal género, fue practicado por Homero y Whitman; pero para estos fines es mejor la sátira o el silencio).

En cambio, los motivos de la sangre y la nostalgia dan grandes resultados.

Canta sobre su nieto recién nacido en Álbum familiar:

No soy capaz
de contemplar sus ojos.
Lautaro es más profundo que mi voz. [12]

Más lejos, ya en Europa, Penelas camina por la calle y algo ocurre; el movimiento de las olas, una estatua, el rostro de una muchacha, invocan el suceso. Lo poético como epifanía:

He descubierto, sin saberlo, una aguda y honda
pureza en estas estas columnas, en estas calles,
en estas terrazas de ociosos latidos.
Tal vez sea una ilusión, un deseo absurdo
como la mentira cotidiana que nos lleva
a imaginar el amor o la alegría.
Emblema de falsedad que brota en sueños,
Un consuelo inventado que sufrimos en silencio. [13]

Esta noche, en Siracusa; la he visto venir
acostumbrado a dar ese latido,
esa fragilidad que protege la palabra del hombre.
(Yo habitaba el amor y la alabanza)
Ahora, encuentro la claridad en el silencio,
en este mirar ausente, en una boina azul sobre la hierba.
Pero el viento prosigue, pero el viento prosigue… [14]

Hay un viaje a través de la historia. La imagen de Italia o de los países nórdicos que leemos forma parte del pasado, no es la de uno de sus habitantes. Por ejemplo: Poemas de Trieste nos invita a recorrer la ciudad de Joyce, de Umberto Saba y de Ítalo Svevo, pero también están los vestigios de la ciudad que Estrabón nombró en su Geografía. La crisis económica, el frente-populismo griego y español, el neofascismo, la guerra y los refugiados no están en ningún momento. Tampoco tienen porque estarlo, pero es preciso señalar la ausencia. Todo silencio en poesía es significativo.

El lugar del hombre de letras, creía Borges, es con sus pares (están ausentes el tiempo y el lugar); Penelas amplía esto al cine, a la música y a las artes plásticas: Tolstoi, Rilke, Angelus Silesius, Miles Davis, Georges Brassens, Sting, Martha Argerich, Paolo Sorrentino, Pasolini, los hermanos Taviani, Angelo Morbelli, Vermeer, Masaccio, Murillo, Goya, entre otros, aparecen en sus poemas. Pero no sólo se gana con esta ampliación. En literatura y pintura el autor no se puede equivocar, trata los clásicos, pero son más circunstanciales sus referencias a la música.

Otra presencia, no menos lejana, es la de Manuel Penelas. Cánticos paternales es una evocación pero también es el diálogo del hijo con su padre. [15]

La nostalgia del poeta es la rememoración de lo que fue íntegro alguna vez. Al vivir un tiempo desgarrado, cada objeto es un símbolo de múltiples probabilidades. Un café, el cuarto de un hotel, las columnas de una catedral, evocan amistades posibles, inventan amores que no fueron y arrebatan a la muerte imágenes perdidas.

Nuestro autor canta en su último libro con espléndida poesía:

La nostalgia quiso que evocara a Ovidio,
que la melancolía petrarquista no fuera ilusoria.
La melancolía como ejercicio de la retórica. [16]

La nostalgia y la utopía son entonces la búsqueda del arte; su obtención, la realización del poeta, un fin en sí mismo.

Antes mencionamos un proceso histórico para enmarcar los cambios en la obra de Penelas. Este proceso influyo en todo un grupo de escritores comprometidos. La desmitificación el llamado a la acción, su programa estético/político, trocó en muchos casos en un mito de izquierda, reificación del pasado, culto a la acción pretérita. Hubo voces aún jóvenes y prometedoras que fueron asesinadas. Otras, más vanguardistas, hicieron de la rebelión de la forma un fin en sí mismo, construyendo dispositivos efímeros y un lenguaje barroco. Luis Franco, ya grande a fines de los 80’, fue una de las montañas solitarias en una geografía destruida, condenado al silencio por no profesar fe a ningún partido. No es raro entonces el cambio en la obra de Penelas, que entra en mayor vinculación con otras figuras no menos solitarias ni menos importantes en nuestra poesía en el último cuarto del siglo XX: Borges, Ricardo Molinari, Enrique Molina, Héctor Ciocchini, Juan L. Ortiz. Este mismo proceso lo invitó a emprender un largo viaje por viejas tierras y parece depararle todavía numerosos destinos y algunos magníficos volúmenes.

Notas:
1: Mi mano tocaba la ausencia. Queimada, 1990.
2: Rojo y negro. La gaviota blindada y otros poemas, 1975.
3: No calará mi voz. Palabra en testimonio, 1973.
4: Destino del silencio. La noche inconclusa, 1979.
5: Los dones furtivos, 1980.
6: Crunia. Finisterre, 1985.
7: Traían en sus ojos. Queimada, 1990.
8: María Manuela. El mirador de Espenuca, 1995.
9: Declaración jurada. Integración, 1975. Celebración del poema, 2014
10: Muchas otras son sus influencias. Por ejemplo, Ricardo E. Molinari ha dicho: “Este poeta viene de Boscán.” Sin embargo, tomamos las figuras de Borges y Franco no sólo por su obra poética, sino por todo lo que representan. No queremos poner a nuestro autor bajo sus sombras –Penelas tiene lugar propio en la poesía contemporánea Argentina–, sino utilizarlos como lazos, posibles vínculos, con otras formas y expresiones de hacer/entender lo poético.
11: Mayo francés. El aire y la hierba, 2004.
12: 4. Álbum familiar, 2013.
13: Una ciudad lejana. Poemas de Trieste, 2013.
14: Cantar de la nostalgia. Poemas de Trieste, 2013.
15: Cánticos Paternales, 2015.
16: Una rosa roja para John Dowland. Homenaje a Vermeer, 2015.

domingo, 4 de octubre de 2015

Carlos Penelas en Trieste con Francesca Schillaci‏

En Trieste el poeta pudo recorrer calles y lugares históricos junto a Francesca Schillaci. Más allá de su simpatía, buen humor y fineza interior, conversaron intensamente durante cuatro días sobre autores argentinos y, naturalmente, acompañaron sus encuentros la memoria de James Joyce, Umberto Saba e Italo Svevo, entre otros intelectuales italianos. Concurrieron al Caffè Tommaseo, lugar que frecuenta el notable escritor y profesor de la Universidad de Trieste, Claudio Magris. Schillaci comenzará a trabajar de inmediato, así lo aseguró, para la publicación de su obra poética y no sólo Poemas de Trieste.


En la Libreria e Anticco Caffè San Marco conversó con Loriana Ursich, responsable de la librería y de los eventos culturales. Asimismo, en esta oportunidad Carlos Penelas conoció -en la Librería Antiquaria Umberto Saba de Mario Cerne- al escritor Stelio Vinci, autor entre otros trabajos, de la historia del Caffè San Marco. El poeta, junto a Rocío Danussi, visito el Museo Revoltella, Galleria DÁrte Moderna (Il pallazzo ottocentesco) y junto a ella recorrió, durante una mañana, Risiera di San Sabba, el único campo de concentración de Italia (1943-1945) durante la ocupación nazi. Fue declarado Monumento Nacional en 1965. Esta última una experiencia profundamente dolorosa y conmovedora de una ciudad única que parece haber tenido el paraíso y el infierno al mismo tiempo.

Regresan los talleres

Luego de su viaje a Croacia, Eslovenia, San Marino e Italia, donde presentó traducciones al italiano y al trisetino de su libro Poemas de Trieste, Carlos Penelas retoma el dictado de los talleres literarios particulares y en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.


Para consultas e inscripciones a los cursos particulares deberán escribir a penelascarlos@yahoo.com.ar. El taller en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154, se realiza con un grupo reducido, los jueves de 20 a 21:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 de lunes a viernes de 16 a 20 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Para más información, pulse este enlace.

viernes, 2 de octubre de 2015

Buscando a Rafael Alberti en Roma

Carlos Penelas visitó la casa en la que vivió Rafael Alberti en Roma, y el Café di Marzio, que frecuentaba y al que dedicó dos dibujos y poemas dedicados.




Fotos: Rocío Danussi.

jueves, 1 de octubre de 2015

En San Marino

Carlos Penelas pasó por la República de San Marino, enclave rodeado de territorio italiano, con el Monte Titano, de 739 metros, a solo 10 kilómetros del mar Adriático y la vecina Rímini.


San Marino, el quinto Estado más pequeño del mundo, también es la república más antigua, fundada en el 301 cuando un cantero cristiano llamado Marinus el Dálmata o San Marino dejó la isla de Arbe para escapar de la política anticristiana del emperador romano Diocleciano, escondiéndose en la cima del Monte Titanio.




Fotos: Rocío Danussi

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Encuentro con Fellini en Rímini

Carlos Penelas visitó la ciudad natal de Federico Fellini, cuyo recuerdo vive en cada esquina, y sobre todo en la famosa plaza que fue inmortalizada en su clásico Amarcord.


Fotos: Rocío Danussi

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Carlos Penelas en Bologna

El escritor estuvo hoy en la Biblioteca di Discipline Umanistiche, Alma Mater Studiorum de la Università di Bologna, donde entregó ejemplares de Poesia reunida, Poemas de Trieste y otros libros de su autoria. Fue recibido muy amablemente por la Dott.ssa Mirella Mazzucchi, Direttore. Luego visitó diversas dependencias de la Universidad mas antigua de Europa.


Luego visitó la tienda de géneros y telas F.G. Pasquini, di Marco Pasquini Bollini y C. Via IV Novembre, 12, citada por John Berger en su libro El toldo rojo de Bologna. El autor inglés no miente: todos los toldos son rojos, toda la ciudad es roja. Deslumbrante con las iglesias, los palacios, la juventud, los estudiantes. Todo en un caos que uno no termina de comprender.


Siempre acompañado por Rocío Danussi, por la tarde visitaron la Cinemateca di Bologna, una de las más importantes del mundo, rodeada de calles y plazas que llevan los nombres de Pier Paolo Pasolini, Marcello Mastroiani, Federico Fellini, Anna Magnani y otros.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Una visita a Dante en Pula

El poeta se encuentra en Pula, Croacia, donde visitó el Coliseo romano, el Mausoleo de Augusto y las casas donde vivieron en esa ciudad Julio Verne y Dante Alighieri (foto).

El poeta, en una nueva gira europea, viene de visitar las ciudades italianas de Bérgamo, Como y Trieste, la capital de Eslovenia, Liubliana, y Pula o Pola, la mayor ciudad de la península de Istria, al noroeste de Croacia.

Penelas regresará a la ciudad que inspiró su libro Poemas de Trieste, y desde allí continuará su viaje por Italia y la República de San Marino.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Carlos Penelas vuelve a Trieste

El poeta regresará a la ciudad que inspiró uno de sus últimos libros, Poemas de Trieste.


Sobre las costas del Adriatico, además de dialogar nuevamente con las calles transitadas por James Joyce, Italo Svevo y Umberto Saba, entre otros, se encontrará con Francesca Schillaci, traductora del poemario y de Cánticos paternales al italiano.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Talleres suspendidos

Con motivo de un viaje a Italia y el Adriático, donde presentará traducciones al italiano y al trisetino de su libro Poemas de Trieste, en septiembre Carlos Penelas no dictará los talleres literarios particulares ni en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.


El poeta retomará la actividad de los talleres en octubre. Por el momento, sólo hay vacantes para el que se dicta -con grupos reducidos- en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154, los jueves de 20 a 21:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 de lunes a viernes de 16 a 20 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Para más información, pulse este enlace.

Los talleristas que cursaron en 2010, 2011 y 2013 fueron convocados por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres, y muchos de quienes fueron alumnos individuales han publicado ya sus primeras obras.

lunes, 31 de agosto de 2015

Memorias galegas de Carlos Penelas

El poeta Edmundo Moure tradujo al gallego el artículo de Carlos Penelas "Casa Ducal, Camisería Penelas Hnos. y Radio Belgrano‏".

Dibujo de Eugenia Limeses

Teño escrito no meu libro Cuaderno del Príncipe de Espenuca (2004), que os meus pais galegos, formaron unha familia onde se manifestou o exemplo duhna inmigración senlleira: esforzo, cultura, traballo e unha loita permanente contra toda intransigencia,  contra todo populismo. Alí, entre otras cousas, digo que don Manoel Penelas, meu pai, polos anos corenta tivo cecáis a lencería porteña máis tradicional e de renome. Os curmáns de meu pai chamábanse Manoel, Ramón e Pastor. Mais iso ímolo ver máis adiante.

Aína lembro o cartafol da tenda en letra cursiva: Ducal. E debaixo, en letra máis pequena, lencería fina. Estaba en Suipacha 719, a unha cadra da moblería Maple, ós vinte metros da frolería A Orquídea, perto do belísimo moimento a Borrego, que levntou Rogelio Irurtia. Os enxovais tardaban dous meses en artellarse, con sucesivas probas. Todo a medida. A tenda tiña mobles de caoba, amplos espellos biselados, cadeiras mercadas en Quintín e Alfonsín. Unha vez ao mes concorría un vidrieirista e un contable. Bambase facía las vidrieiras de Harrod´s, Roberto Cosla era o contable que abría o despacho Boston do meu pai.

Meu pai tiña sido viaxante de comercio, de casas de comercio españolas que xeraban un crecimento importante en todo o país. Meu irmán maior, Roberto, herdou ise oficio. Polos anos cincuenta viaxaba nun Ford 36 a Córdoba, representaba empresas tradicionais de gobelinos franceses, casimires ingleses o os chapéus Lagomarsino.
Meu amigo Ángel Prignano, presidente da Xunta de Estudos Históricos de San José de Flores, publicou, en 2002 Buenos Aires: el barrio de Flores y sus hechos (Efemérides y cronología). Tivera a fineza de enviarme o seguinte texto, pertenecente ao libro.

6 de novembro de 1908 - Abre as súas portas a casa Penelas. Foi fundada por Manoel Penelas, nunha tenda de Rivadavia 7299 esquina Terrada. Logo trasladouse a Rivadavia 6720 i en 1923, ao 6819/23 da mesma avenida. Dedicouse á venda de artigos e sastrería fina para cabaleiros. Importantes reformas levadas ao cabo en 1943 modernizaron a tenda, que deica contou con folgados salóns de exposición e vendas cunha superficie de 500 metros cadrados e amplas vidrieiras cara a rúa. Con don Manoel colaboraban os seus irmáns Ramón e Pastor, actuando como xerentes os señores José Fedele y Eduardo Outeda. Esta lembrada casa comercial de Flores pechou en 1973.

9 de xullo de 1924 - Inicia as súas transmisións LR3 Radio Libertad. Comezou a emitir dende unha casa de Boyacá 472 como LOY Radio Nacional. Seus propietarios eran tres comerciantes de Flores: Raúl Barrando, Ernesto López Barros y Manoel Penelas. A sala de transmisións, o control i o auditório foran instalados con moitos atrancos, pois tratábase  dunha casa de familia sen os espazos axeitados para a actividade radiofónica. Barrando estaba ó cargo da dirección artística, mentres Barros e Penelas administraban a emisora e Pablo Osvaldo Valle tiña sido contratado como locutor. Artistas da calidade e prestixio de Charlo, Azucena Maizani, Mario Pardo, Agustín Magaldi, Jorge Bohr, Manoel Buzón e Rosita del Carril integraron os seus cadros. Ao cabo dun tempo e ao ficar coma único dono da radio, Penelas vendeusella a Jaime Yankelevich en 96.000 pesos. A transferencia foi protocolizada en febreiro de 1927. A finais do ano seguinte, don Jaime mudou a emisora a un edificio máis amplo situado en Estados Unidos 1816 e máis tarde a Belgrano 1841. En 1929 a radio trocou as suas siglas a LR3 e, logo dunha consulta aos seus oíntes, el 2 de setembro de 1933, tomou o nome de Radio Belgrano.

Carlos Penelas

Buenos Aires, agosto de 2015

domingo, 23 de agosto de 2015

Casa Ducal, Camisería Penelas Hnos. y Radio Belgrano‏

He escrito en mi libro Cuaderno del Príncipe de Espenuca (2004) que mis padres, gallegos, formaron una familia donde se manifestaba el ejemplo de una inmigración ejemplar: esfuerzo, cultura, trabajo y una lucha permanente contra todo dogmatismo, contra todo populismo. Allí, entre otras cosas digo que don Manuel Penelas, mi padre, por los años cuarenta tuvo tal vez la lencería porteña más tradicional y de renombre. Los primos hermanos de mi padre se llamaban Manuel, Ramón y Pastor. Pero eso lo veremos más adelante.


Aun recuerdo el cartel del local en letra cursiva: Ducal. Y debajo, en letra más pequeña, lencería fina. Estaba en Suipacha 719, a una cuadra de la mueblería Maple, a veinte metros de la florería La Orquídea, a la vuelta del bellísimo monumento a Dorrego que realizó Rogelio Irurtia. Los ajuares tardaban dos meses en entregarse, con sucesivas pruebas. Todo a medida. El local tenía muebles de caoba, amplios espejos biselados, sillas compradas en Quintín y Alfonsín. Una vez al mes concurría un vidrierista y un contador. Bambase hacía las vidrieras de Harrod´s, Roberto Cosla era el contador que abría el escritorio Boston de mi padre.

Mi padre había sido viajante de comercio, de firmas españolas que generaban un crecimiento importante en todo el país. Mi hermano mayor, Roberto, heredó la profesión. Por los años cincuenta viajaba en un Ford 36 a Córdoba, representaba firmas tradicionales de gobelinos franceses, casimires ingleses y los sombreros Lagomarsino.

Mi amigo Ángel Prignano, presidente de la Junta de Estudios Históricos de San José de Flores, publicó en 2002 Buenos Aires: el barrio de Flores y sus hechos (Efemérides y cronología). Tuvo la fineza de enviarme el siguiente texto perteneciente a ese libro.

6 de noviembre de 1908 - Abre sus puertas la casa Penelas. Fue fundada por Manuel Penelas en un local de Rivadavia 7299 esquina Terrada. Luego se trasladó a Rivadavia 6720 y en 1923 al 6819/23 de la misma avenida. Se dedicó a la venta de artículos y sastrería fina para caballeros. Importantes reformas realizadas en 1943 modernizaron el local, que a partir de entonces contó con espaciosos salones de exposición y ventas con una superficie de 500 metros cuadrados y amplias vidrieras a la calle. Con don Manuel colaboraban sus hermanos Ramón y Pastor, actuando como gerentes los señores José Fedele y Eduardo Outeda. Esta recordada casa comercial de Flores cerró en 1973.

9 de julio de 1924 - Inicia sus transmisiones LR3 Radio Libertad. Comenzó a emitir desde una casa de Boyacá 472 como LOY Radio Nacional. Sus propietarios eran tres comerciantes de Flores: Raúl Barrando, Ernesto López Barros y Manuel Penelas. La sala de transmisiones, el control y el auditorio fueron instalados con muchas dificultades, pues se trataba de una casa de familia sin los espacios adecuados para la actividad radiofónica. Barrando estaba a cargo de la dirección artística, mientras Barros y Penelas administraban la emisora y Pablo Osvaldo Valle había sido contratado como locutor. Artistas de la talla de Charlo, Azucena Maizani, Mario Pardo, Agustín Magaldi, Jorge Bohr, Manuel Buzón y Rosita del Carril integraron sus elencos. Pasado un tiempo y al quedar como único dueño de la radio, Penelas se la vendió a Jaime Yankelevich en 96.000 pesos. La transferencia fue protocolizada en febrero de 1927. A fines del año siguiente, don Jaime mudó la emisora a un edificio más amplio situado en Estados Unidos 1816 y más tarde a Belgrano 1841. En 1929 la radio cambio sus siglas a LR3 y, luego de una consulta a sus oyentes, el 2 de septiembre de 1933 tomó el nombre de Radio Belgrano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2015

viernes, 14 de agosto de 2015

Un poeta y un fotógrafo

Carlos Penelas por Emiliano Penelas


Los poetas y los fotógrafos han sido cómplices, uno de cada lado de la lente ,para lograr maravillosos retratos a lo largo de la historia, es necesaria una simbiosis, un silencio interior, un vínculo tácito entre uno y otro para que la magia de la imagen se devele.


En este caso son padre e hijo quienes se citan y entraman el lenguaje fotográfico, entregarse desde esa confianza que implica dejarse interpelar por el ojo del otro, es en este caso doblemente valioso.Un padre poeta, un hijo fotógrafo, dos miradas que son una sola, la visión de un mundo íntimo, familiar y que a la vez deja una huella para la eternidad.


Texto: Eugenia Limeses

lunes, 10 de agosto de 2015

¿Quién teme a Virginia Woolf?

Hay un error en este mundo
Roberto Juarroz


Esta obra, cuando se estrenó en España en 1966, se anunciaba como “únicamente apta para espectadores de sólida formación”. La obra de Edward Albee se estrenó en plena dictadura franquista. (En cine fue llevada en 1966 por Mike Nichols y protagonizada por Liz Taylor, Richard Burton, Sandy Dennos y George Segal. Inolvidable, desgarradora y trágica).

La creación, de corte naturalista, no pretende una enseñanza moral, trata el problema de la mentira, el derrumbe que se desencadena en un momento de una pareja – también de una sociedad – el significado de los sueños fallidos, el mundo de las derrotas y de la hipocresía. En síntesis: lo que cada uno de nosotros vivimos de manera cotidiana y muchos se engañan, desconocen o prefieren seguir ocultando. Lo importante es el poder, el cuello blanco, la máscara. Disfrazarse de progresista o de plumero. La ofensa, el sarcasmo, la humillación cotidiana.

Es evidente que a Satanás no le conviene que desaparezca Dios. Si la divinidad se esfuma él no tiene sentido, él también desaparece. El poeta ataca la tiranía, no al tirano. El rebelde se levanta contra los excesos del poder. De lo contrario la rebeldía sería, paradójicamente, un homenaje a ese orden injusto. La insumisión, en muchos casos, es una querella íntima de la burguesía. El anarquista reivindica la humanidad en cada uno de los seres, lucha porque se reconozca cada ser como parte constitutiva de la especie. De ahí que su rebelión es un proyecto universal. Muchos no quieren ni se atreven a ser libres, la gran mayoría. De ahí la farsa, la simulación. Un paraíso en el que no se cree, sea éste terrenal o celestial. Imposturas, teatralidad, escenografías frágiles. Pensar y escribir son actos, nunca forman parte de las ceremonias. Uno pone el cuerpo. Por eso miramos la historia como algo grotesco, entre la promiscuidad y la impotencia. Somos fragmentos errantes, desamparados en la sordera del mundo. Todo está ungido por la luz de la esperanza, por un pasatiempo anónimo, perverso.

Lo que es visible se lo ignora. O se lo modifica, no se lo interpreta. Por ignorancia, por imbecilidad, por mala fe. Intereses económicos, industrias.

Nuestros pueblos llevan un chovinismo que nos da escalofrío. Masas de seres ciegos, sordos, necios y patrioteros. Imaginan la bandera como símbolo de una patria o nación, un himno como algo que nos unifica y nos hace sensatos, justos, inmortales. Y un equipo de fútbol donde lo circular rompe categorías, clases sociales, injusticias. El mundo hipócrita continúa con sus bombos y platillos. Estimado lector, no soy un poeta de la devastación. En verdad, debo confesarlo, no sé quienes son mis lectores. Espero que tengan el espíritu abierto y puedan comprender.

Nuestro querido y admirado Sarkozy dijo hace unos años: “No soy un intelectual, soy alguien concreto”. Lo dice sin complejos, sin evocar a Descartes o a Sartre. Despreocupado, enamorado de Carla Bruni, lo veo en una fotografía junto a su amada en Egipto. Sobrevivimos en una sociedad donde se palpa la farandulización, la superficialidad. Todo se ha vuelto digesto, divertido, fugaz, sustituto. Las vacaciones, la telefonía celular, los empleos, la muerte. Todo es light, edulcorado, televisado. Nada es importante, nadie lee, nadie piensa. ¿Dios o Satán? Se degrada el lenguaje, el amor, la comunicación. Todo es telerealidad. Y el que no lo entienda así queda fosilizado. En nuestro país los ejemplos dan terror.

Aquí los políticos, intelectuales, empresarios, sindicalistas, lo hacen de modo exagerado, son obscenos. Nos terminan hastiando. A algunos…a todos no. Nuestra historia es un muestrario fascinante de delirios, marchas, imposturas, secuencias e incoherencias. Por eso me gusta tanto Indiana Jones o la pintura del Renacimiento.

Recuerdo un documental de hace años donde los investigadores de Johns Hopkins -gracias a la ingeniería genética- producen ratones esquizofrénicos. Se trata de ratones a los que se les ha inoculado el gen DISC1, el gen del sufrimiento humano. Por favor, relea el artículo. Comenzando por el final. Gracias. Y no se olvide de votar. Y de creer.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2015

martes, 4 de agosto de 2015

Ilustraron sus trabajos

Juan Carlos Benítez, Carlos Carmona, Ponciano Cárdenas, Ricardo Carpani, Domingo Gatto, Rafael Gil, María Gnecco, Eugenia Limeses, Elena Lopardo, José Luis Macchione, Antonio Juan Oliva, Pérez Célis, Alfredo Plank, Rubén A. Rey, Juan Manuel Sánchez, Carlos Scannapieco, Demetrio Urruchúa y Abel Bruno Versacci.

Entrevista a Carlos Penelas: “Favaloro pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo”

En una plomiza tarde invernal que parece sumarse a la evocación, la memoria repara en una de las fechas más tristes del calendario histórico reciente de los argentinos: miércoles 29 de julio, se cumplen 15 años del suicidio del emblemático René Favaloro. Carlos Penelas, poeta y escritor, fue amigo del recordado cardiocirujano, y jefe de prensa de su Fundación. Escribió Diario interior de René Favaloro, editado en 2003 por Sudamericana. Corría el año 1978 cuando publicó Conversaciones con Luis Franco, y semanas más tarde vio por televisión a alguien, aún desconocido, recomendar su lectura, en especial a los jóvenes. Era un cirujano, ‘un tal Favaloro’. Con la alegría de haber sido ponderado por su labor fue al ex Sanatorio Guemes, con la finalidad de hacerle llegar su libro -dedicatoria incluida- a quien lo elogiara. Fue recibido por una secretaria, quien meses después lo llamó para hacerle saber que era invitado por el médico a que tuvieran una charla. Concurrió con gusto. Fue la primea. Aún no sabía que sería su colaborador y que los uniría una relación personal de veintidós años. Cuatro años de sincera y profunda amistad e infinidad de horas compartidas, en las que descubrirían semejanzas de espíritu y común admiración por la letra y autores, decidieron que fuera convocado a sumarse al proyecto de la Fundación. “Creo que me semblanteaba, durante nuestras charlas” -admite-.


p: ¿Cómo fue ese primer encuentro? 
 CP: La primera entrevista fue amigable. Hablamos de cuestiones sociales, familiares, históricas, de literatura. Luego, siempre nos llamábamos para tener un encuentro y le proponía presentarlo a varios escritores, Luis Franco, Juan José Sebreli, Carlos Alberto Brocato, ente otros. Así fue conociendo a algunos de ellos.

p: ¿Por qué aceptó trabajar con él? ¿Qué lo decidió? 
 CP: Un día quiso saber mi opinión al respecto del proyecto, de su obra, que aún funcionaba dentro del ex Guemes, pero ya tenía el primer edificio de ‘Investigaciones básicas’ sobre la calle Solís. Me pidió que fuera a verlo. Era un lugar casi vacío. Allí había sólo algunos investigadores, y muy poco personal administrativo. Un médico atendía las ‘Relaciones Públicas’. Le hice ver que sería un área muy necesaria, y profesional. Yo ocupaba ese cargo en una empresa alemana, muy importante en Latinoamérica, con sede en Buenos Aires. Le ofrecí ayudarlo a conformar ese departamento, junto con el de ‘Prensa’. Tiempo después, fui llamado para empezar. Debí renunciar a mi ocupación. Como no había una oficina para que desarrollara mi tarea, Favaloro me dio la llave de su despacho y me dijo que lo utilizara.

p: En la antesala de la oficina del doctor Favaloro había una frase que decía: “He vivido siempre entre la agonía y el deber”. Ya en su despacho, una placa de bronce, en medio de otras tantas, firmada por el prestigioso doctor Dwight Harken, pionero en cirugía cardiovascular en la que se podía leer: “El amor y patriotismo a su tierra hizo que Norteamérica perdiera a uno de los mejores cirujanos del mundo”. ¿Quién era Favaloro? ¿Un idealista, un soñador, o un patriota sin límites que no fue entendido por su tiempo? 
CP: Creo que era todo eso junto. Recuerdo que cuando editamos una revista especial sobre el Instituto de Cardiología me dijo: “Deseo en la tapa, como ilustración, al Quijote”. La idea fue de él, mucha gente la creía mía. Tenía un perfil de soñador, de idealista, de hecho lo era. En algunos intercambios que teníamos yo le decía: “Doctor, usted parece el poeta y yo el médico”. Era más pragmático que él.

p: ¿Habrá sido usted su contrapunto dialéctico? 
CP: Yo sabía que lo conversado entre nosotros era único. No lo hablaba con nadie. Así, llegábamos también a las discusiones. Nos enojábamos los dos, y a veces nos duraba una semana. Una vez, pasado un mal momento me llamó y me dijo: “Carlos, basta, debemos trabajar” -sonríe, evoca- Tenía un fuerte sentido de Patria como yo no tengo, por provenir de una familia gallega, republicana. Un ejemplo: Cuando se inauguró el Instituto me pidió que reserváramos el espacio de una pared para que, como lo hacían en la Cleveland Clinic de EE.UU, las familias que hicieran donaciones colocaran una placa con su apellido. Jamás se hizo. Otra anécdota; Se hacían almuerzos en los que participábamos y yo le decía: “Doctor: de acá no va a salir un peso en donaciones. Vienen para conocerlo y decir que almorzaron con usted”. Se enojaba.

p: ¿Cuál era el objetivo final de Favaloro? ¿Proponer un programa sanitario, dar una lección moral, o ambos? 
CP: Siempre entendí que los proyectos de la Fundación eran dos. Crear el instituto más importante de Argentina y Latinoamérica, y que otras instituciones lo tomaran como modelo de ejemplo ético. Favaloro se había formado en La Plata con docentes que tenían una fuerte concepción de ‘República’, con sólido contenido social. Rendían culto a la ética. Siempre estuvimos muy de acuerdo en cuestiones éticas.

p: ¿Él valoraba en usted, su ética? 
CP: Sabía que yo venía del anarquismo. Mi padre nos dijo al morir: “Les dejo una biblioteca y una conducta”. Conservo ambas cosas. Tal vez valoraba el hecho de que nunca me interesó tener nada material. Nunca tuve auto. Si él me decía: “Tenés un buen cargo”, yo le respondía, “Sí, pero quizás mañana lave copas en el bar de la esquina”. Yo no me confundía con el cargo. Y eso que tenía el Legajo Nª 22, de la institución.

p: ¿Qué impidió continuar el proyecto? ¿Fue la lucha con el poder establecido? 
CP: Creo que fueron varias cosas. Un día le dije: “Se equivocó al volver, doctor”. Lo admitió al final, 20 días antes del desenlace. Se arrepentía de no haber reunido dinero y hacer algo privado, para no tener que depender. Una idea imposible, también. Creo que él quería formar una ‘Cleveland Clinic’ en Argentina, con la diferencia de que allá reciben U$ 100 millones por año, en subsidios. Acá era algo impensable. Además, le hacía ver que el personal de la institución tenía una idiosincrasia nuestra, argentina. Un ejemplo: Me indicó que hiciera leer a todos los aspirantes los diez principios que redactó. Sólo quienes firmaran su conformidad estarían en línea y podrían llenar la planilla. Y yo le respondía: “Doctor: no se olvide de la plusvalía”, con lo que le indicaba que la necesidad tiene cara de hereje.

p: ¿Cómo era considerado Favaloro en el murmullo social? 
CP: La gente del pueblo lo adoraba. Recuerdo varias anécdotas de cuando caminábamos juntos por la calle. Se percibía el fuerte fervor que despertaba. Pero en parte del ambiente médico era muy resistido. En ese ámbito en algunas oportunidades era aplaudido, pero se observaba más cortesía que compromiso y consentimiento.

p: El profesor Mainetti, formador de Favaloro, definió a su discípulo con una frase que aún hoy perdura: “Favaloro fue un hombre público envidiado por los poderosos, alabado por los humildes, que no pudo ser capitalizado por la política”. ¿Comparte usted esa definición? 
CP: A varios políticos, muchos empresarios, y algunos periodistas les costaba entender a Favaloro. La gran mayoría de ellos querían tener una foto con el doctor. Yo nunca tuve una de él en mi despacho.

p: ¿Cuál era la utopía más importante de Don René? 
CP: La docencia y el ejemplo, la educación. Lo preocupaba la estupidez cotidiana. Cuando se decidió a escribir ‘Don Pedro y la educación’, juntos cotejábamos libros y programas de estudio. Se alarmaba por la decadencia. Yo le decía: “Cambió el mundo. La mente del joven es otra”. En la Fundación sólo dos personas no tenían celular: él y yo. A pesar de eso, armé cuatro congresos internacionales. Otro dato: hicimos un programa con verdaderos referentes culturales. Pudimos editar dos o tres libros, nada más. Uno sobre el aspecto literario junto con la medicina. Cada uno de los convocados explicaba cómo veía el mundo actual a través de la literatura, el arte, la ciencia. No se vendían ejemplares. Había que aceptarlo, el sistema es así. Es obvio que debiera cambiar, pero no lo puede hacer sólo un hombre. Siempre dije que él “Pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo”. Es una crisis moral, en la que hay un mucho de hipocresía y corrupción.

p: Usted sostiene en Diario interior…, que ‘La vida del doctor Favaloro no es una vida, es más, un destino’. ¿Su vida con él, también lo fue? 
CP: Sin duda, ‘a mí me cambió la vida’. Veintidós años juntos no es poco.

p: Una frase de Goethe que usted citó: “Dos viajeros que parten de puntos alejados, se encaminan a igual destino y se encuentran a media jornada, suelen acompañarse mejor que si hubieran comenzado juntos el viaje”. ¿Favaloro era uno de ellos y usted el otro? 
CP: Lo interesante era ser complementarios. Teníamos en parte, mundos distintos. Yo viajaba en colectivo. Procedíamos de formaciones distintas, con otro estudio, otro tiempo, otra edad. Le trataba de transmitir lo que veía en mis hijos, como un fiel registro de las nuevas generaciones.

p: Usted sostuvo que Favaloro era un arquetipo difícil de reemplazar. ¿Qué piensa sobre el Dr. Albino? 
CP: Es uno de mis grandes referentes. Le cuento: hice todas las gestiones ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires para que se impusiera el nombre del doctor Esteban Laureano Maradona a una plaza que está sobre la avenida Córdoba al 5000. Se hizo, pero aún falta la placa, se olvidaron de ella. El país es así. Cuando dije que era un arquetipo difícil de reemplazar es porque ¿Cuántos años, décadas cuesta que aparezca un Borges, un Lugones, un Castagnino, un Fangio, un Favaloro? En relación al doctor Albino, es un hombre ejemplar. Mi señora suele decir: “Es otro Favaloro”. Es admirable. Creo que es un soñador con los pies más sobre la tierra, con más visión. Todo creador es un soñador, pero el más práctico cierra el ciclo.

p: Resulta fácil parangonar a Albino con Favaloro porque tienen un mismo enfoque: medicina social, cuidar la salud de las criaturas, y la mirada sobre Latinoamérica, ¿verdad?
CP: Ambos tienen mucho en común, como lo tenía también el doctor Maradona, en otros aspectos. Al escuchar a Albino se desprende su calidad humana.

p: Don René decía: “En el filo de la muerte no recordaremos nada material. Lo único que cuenta al final es la mujer amada, al amigo, la naturaleza…” ¿Usted era ese amigo? ¿Hablaba de usted? 
CP: No sé. No podría decirlo.

p: ¿Al citar esa misma frase, usted podría decir que ese amigo era él? 
CP: ‘Yo lo voy a recordar toda la vida’. Yo no tengo fechas, pero lo recuerdo indefectiblemente el 29. Será así porque estuve en su casa cuando me avisaron de su suicidio, y a las 20 horas tuve que dar una conferencia e informar a todos los medios del mundo. Es un día imborrable en mi vida. Me llamaban de varios países. Dos meses después hice pública la renuncia a mi cargo en la institución. Sin él no deseaba continuar.

p: ¿Cuál fue el mejor proyecto que logró armar desde su función? 
CP: Yo participé de todo el proyecto de la Fundación. Le voy a dar un ejemplo. En los países de Europa hay un Coordinador de trasplantes de pacientes. Acá éramos los únicos en la tarea. Fueron exitosos los resultados. Pero el mejor desarrollo fue una transmisión para la televisión alemana de cinco intervenciones en serie, realizadas por distintos cirujanos del Staff de la Fundación. Luego de terminada la primera, quince minutos después empezaba la siguiente y así sucesivamente. Arrojó un resultado de 3 millones de televisores encendidos en la madrugada europea. La repercusión fue increíble. Nunca hubo otra experiencia similar en todo el mundo.

p: Se percibe que René tenía al ‘deber y humanismo’, como rasgos salientes. ¿Usted también los tenía? 
CP: Favaloro tenía un proyecto de medicina para todo el país que a mí me enloquecía. Me parecía brillante, único. Ya los últimos años no se podía pensar en eso. Después del ’97 se pudieron hacer muy pocas cosas.

p: Favaloro, idealista o muy inteligente dejó una marca histórica, un mensaje, un legado, como los grandes revolucionarios de la historia. Su suicidio fue emblemático. Una denuncia. ¿Fue exitoso por lograr conformar su obra? ¿Fracasó por no poder continuar? ¿En el balance, qué parte pesa más? 
CP: Tuvo éxito en la cardiología mundial. Hubo un antes y un después de él. Si se contemplan los proyectos que quedaron en el camino, le faltaba concretar sus sueños. Un dato alcanza. Favaloro intentó volver tres veces al país y no tenía inserción. Era negado. Además creía que parte del pago de impuestos de las grandes empresas podía destinarse a la salud y a su obra, como era el régimen de EE.UU. Acá resultaba imposible. En nuestra cultura se puede financiar a un futbolista, no un proyecto de salud. Se equivocó. No reparó en la idiosincrasia.

p: En su libro hay una cita de Sigmund Freud: ‘La sociedad reposa sobre un crimen cometido en común’. ¿Qué o quién mató a Favaloro? ¿La envidia de parte del mundo médico? ¿La corrupción de un sector del sistema? ¿La indiferencia de un Estado ausente? ¿Un gobierno en crisis? ¿Sus detractores? ¿Todos juntos?
CP: Todo eso junto. Y tal vez, también, un proyecto desmedido de él. No entendió el país. Él llevaba programas sanitarios a varios presidentes y siempre quedaban archivados.

p: ¿Qué es lo que más extraña de él? 
CP: Me cambió la vida. Yo le llevaba los boletines de mis chicos. Tengo fotos con él y mis hijos. Libros regalados por él. Uno que retiró de su biblioteca y me dedicó. Es ‘La creación del mundo moral’, de Agustín García. Tanto en común. Luchábamos por las utopías.

p: Usted cuenta que Favaloro se refugiaba en la naturaleza. ¿Dónde lo hace usted, en la letra? 
CP: Si, claro. Él también lo hacía en las lecturas, en nuestras charlas.

p: Resulta fácil deducir que a través de vuestras charlas, él podía reconciliar el espíritu. ¿Era así? 
CP: Hablábamos de revolución, de socialismo, de lo social, de la dignidad del hombre, de la República, de nuestros mayores, de fútbol, de mujeres. Recordábamos a Carrillo, a Oñativia, a Maradona, a Mazza. Recorríamos las desventuras de varios de los vanguardistas. Sus utopías.

Ante sus respuestas, se puede inferir que esos diálogos los llevaban a intentar una existencia posible entre lo inalcanzable y lo mundano, lo sagrado de encomiable objetivos que convivían con realidades profanas, mezquinas. Capaz de una mirada profunda sobre lo incompleto de los ambientes prosaicos, Penelas observaba el mundo de intereses que se suele resistir a las grandes metas del espíritu. Era interlocutor del Quijote, su intérprete, su exégeta. Asistir a René a dializar las impurezas propias de un economicismo que se abre paso a codazos, con el que se topaba, era entender su meta: evangelizar en pos de una medicina social. Las catarsis, las charlas reconciliaban el espíritu y devolvían el sentido a luchar contra la adversidad. Su colaboración sólo se medía en compromiso, en fidelidad.

p: ¿Qué es lo más difícil de aceptar, su muerte o su paso a la inmortalidad? 
CP: Ambas van de la mano. Hay un proyecto de país que soñó que no existe. Dejó obras inconclusas. En el último tiempo le decía: “El proyecto se está terminando”. Prefería hablarle con crudeza y no engañarlo.

p: ¿No le resultaba difícil luchar con el Quijote
CP: Claro que era difícil. A veces golpeaba la mesa. Se enfurecía.

p: Favaloro cerró una conferencia sobre Artigas, en Uruguay, con una letra de Zitarrosa: ‘Quisiera decir que tengo alegría en lo que doy, pero con mi canto voy más triste de lo que vengo’. ¿Qué piensa de eso? 
CP: Escuchábamos juntos a Zitarrosa, nos gustaba a ambos. Lo admirábamos. Extraño nuestras charlas, como las que tuve con Borges, Sábato, Luis Franco, Ricardo Molinari. Cada vez converso con menos gente.

p: Usted fue muy valiente al admitir en su libro que soñaba frecuentemente con su padre y con Favaloro. ¿Lo sigue soñando? 
CP: Sí. Sobre todo, en estos días. Para estas fechas más aún.

Responde a la última pregunta lentamente, con contadas palabras y una mirada casi ausente. Quizás, atravesado por el recuerdo de una época maravillosa. El brillo de sus ojos lo revela. Llena la descripción de Machado en Cantares: ‘caminante no hay camino, se hace camino al andar… golpe a golpe, verso a verso’. Un conjuro mágico permitió escuchar las confesiones del hombre, del amigo. Aquel tiempo en que el escritor eximió a la pluma,… ‘el poeta era sólo un peregrino’. Recorre en silencio el laberinto de una intimidad que siempre conservará. La entrevista concede un clima de evocación que devuelve con un relato sensible, único. Refleja pasajes intimistas de un hombre de los más respetados y queridos de Argentina y del mundo, ‘emblema de humanismo y honestidad’. Acaso, el Quijote. Cae la tarde. En su transcurso, permitió contar una historia de amistad entre un médico rural y un escritor. Ya próximo al descanso, acostumbrado al ambiente de hadas y druidas, sabe que es probable que lo vuelva a soñar. Tal vez, luego de una charla sobre poesía y literatura, en la que también comulguen espíritu, ideales, luchas, utopías, y compartan alegrías y desahogos, René Favaloro le repita: “Carlos, vamos, tenemos que trabajar”, y Penelas no dude en aceptar. Al despertar, sonreirá por la ensoñación. Pluma en mano, volverá el poeta a sublimar, con ‘las mismas letras que un día dieron refugio al gigante y fuerzas para luchar’.–

Guillermo Daniel Balbi / Periodista
https://guillermobalbi.wordpress.com/2015/08/02/rene-favaloro-y-los-molinos-de-viento/ 

* Nota de autor: Agradezco al señor Carlos Penelas la gentileza de haber aceptado esta entrevista y la cordialidad y generosidad expuestas en la colaboración de su desarrollo. GDB-

lunes, 20 de julio de 2015

Familias de la infancia

Las fechas suelen traer connotaciones, esa es la razón por la cual en ésta oportunidad las evito. La observación y la memoria confirman cierta melancolía, cierto destino que nos une a verdades, a secretas formas de la afinidad. Invocación; imágenes incomunicables que perduran en mí para mejorarme, para ayudarme. Una gravitación personal que corrobora lo íntimo.


Siempre he afirmado que somos por el esfuerzo, la voluntad, el talento. Pero también por una familia, por nuestros mayores, por aquellos maestros que nos formaron en lo ético, en la belleza, en la búsqueda permanente de otros mundos. El destino me deparó que conociera hombres que hablaran de solidaridad, de compromiso, de indulgencia; que señalaran una lírica hospitalaria, una demagogia no deseable, una sociedad menos infame.

He adoptado con fervor otras familias protectoras que nos ofrendaron cariño, lucidez, felicidad. Las familias que fui conociendo en mi infancia – a través de mis hermanos mayores, a través de mis amigos – fueron extranjeras. Italianos, españoles (particularmente gallegos), franceses, polacos, ucranianos, belgas o judíos belgas. Todas ellas me hicieron palpitar el fervor de sus mundos, de sus hábitos, de sus comidas. Sus comidas fueron parte de mi cultura como sus retratos y sus historias. En todas descubrí países y la lucha por la libertad. Rozaban -a veces- la épica, la protesta social, el desengaño. En sus casas palpité idiomas, guerras, persecuciones, campos de concentración, números azules en antebrazos, la íntima y cálida memoria de sus miradas.

En cada casa, en cada hogar, se registraban nombres socialistas, libertarios, sabios judíos, pensadores o líderes europeos, mártires y proverbios, lecturas bíblicas, imágenes de santos. Así evoco, no sin emoción las familias Bernardini, Crespo, Fraga, González, Kurchan, Khon, Bonilla, Rubeaux, Fenara, Caporazzo, Sielski…


Y otras familias que ya no puedo recordar. De las familias que enriquecieron mi infancia quiero evocar a los Sielski cuya amistad fue larga en el tiempo. Tal vez porque hace muy poco falleció Coshu, tal vez porque al terminar mi niñez murió María Manuela y dormí tres noches en esa casa mientras velaban a mi madre en la mía. Esas tres noches mi padre me llevaba a cenar con ellos, entre la confusión y el dolor, desde la fatalidad y el desamparo. Este hecho produjo en mi una mitología privada, un símbolo que predicó lecturas interiores y permanece incólume.

La ternura, el afecto, las caricias y los besos de esos padres han quedado grabados en lo más profundo de mí. Una familia de origen polaco y ucraniano. Y dos hijos: el mayor, Coshu; el menor Ñuni. Profundamente católicos sin concurrir a la iglesia, con historias fabulosas o genuinas. Profundamente antiestalinistas, antifacistas. Tenían humor y anécdotas desopilantes, aún en momentos trágicos. Al entrar a ese departamento el afecto, la simpatía se hacía presente de inmediato.

Silvio, hijo de Coshu, está radicado en Nueva York desde hace años; casado, vive con su mujer y sus dos hijas. Me envía unas fotos y me escribe: “Mi abuelo era Nicolás Sielski, yo siempre lo llamé Lash, recuerdo que decía que era de Galitzia, Polonia. Mi abuela, Anastasia Senyk, a quien siempre llamé Ani, nació en Podhorce, Polonia. Aunque Podhorce era parte de Polonia cuando ella nació, anteriormente era Ucrania, ese era el origen de su familia. Mi papá nació en Buenos Aires, Nicolás Alberto Sielski, la familia siempre lo llamó Coshu, y su hermano Ñuñi, que nació también en Buenos Aires, se llamaba Julio Enrique Sielski”.


La cronología y la geografía ofrecieron a mi espíritu otra pluralidad de mundos. Recuerdo -en la lejanía- voces, latidos, una prodigalidad de vigilias y descubrimientos. Seres de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio. Seres nobles, de amplia sonrisa, rubios, frágiles por la bondad, de inteligencia emocional.

Los Sielski son parte de mi infancia, aquello que uno va identificando con los sueños, con la nostalgia, con el destino valeroso de los mayores. La fluidez y el encanto – de ese tibio ayer, inmóvil - surgen desde sus fotografías. Igual que la felicidad, que los sorprendentes jardines de una mitología invisible y poética. Las fechas suelen traer connotaciones, esa es la razón por la cual en esta oportunidad las evito.

Carlos Penelas
Buenos Aires, julio de 2015

Taller literario