lunes, 19 de noviembre de 2018

Carlos Penelas presentará "Réquiem", de María Dolores Seijas Soto

El martes 27 de noviembre a las 18:30 horas, en el Club Español, Bernardo de Irigoyen 172, se presentará el libro Réquiem, de María Dolores Seijas Soto, con la participación de Carlos Penelas y la lectura de Rocío Danussi. El acto cuenta con la colaboración de la Xunta de Galicia.


 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Del cielo, la tierra y las profundidades

Estuve viajando. Nunca fui turista, siempre me consideré un viajero. Me maravilló el Egeo, el azul, el cielo, su sol. Los griegos situaban el centro en Delfos. El centro del mundo siempre coincide con el omphalos, que significa ombligo. Para el hombre primitivo era el pozo que comunica cielo, tierra y profundidades. Como manantial de vida pero también como inicio de los cuatro ríos del Paraíso. Me emocionó el Jónico, el Adriático. Vi ciudades hermosas, historias, leyendas. Hablé con hombres y mujeres del lugar, comí en sus restaurantes, reí con muchos de ellos. Recordé páginas, lecturas, obras. Evoqué mis días de estudiante en Letras, a mis mayores. Creta, Mikonos o Santorini se sumaban a los sueños de Nauplión y de Corfú. Evoco el Caffé Specchi de 1839, en Trieste; el Caffé Greco de 1760, en Roma. Por las noches las imágenes del Palazzo Doria Pamphily, Ovidio, el Musei Capitolini, la Iglesia San Donatus de Zadar. Volví sobre los textos de Cavafis, de Seferis. Ví a Jasón, estuve en el origen de la Atlántida. Cuando uno lee a los clásicos, cuando busca en las escenas del cine o del teatro las visiones del cosmos, cuando un cuadro o una escultura nos hacen elevarnos, uno debería abrir los ojos. O cuando Homero, según nuestro genial Kenneth Rexroth, nos enseña el presente. Pero no sucede, no sucede. Parece que el ser humano no termina de sentir, de comprender. No señalamos al pobre muchacho analfabeto- ignorante hasta la ferocidad- o al pobre diablo que vive del Estado, de los favores del intendente o del comisario. Hablamos de académicos, de profesionales, de supuestos intelectuales, de aquellos que viajan sin saber si el Teatro Mariinsky queda cerca de Marruecos o en Finlandia. ¿Entiende lo que digo, desentendido lector?


La sumisión del espíritu, el cinismo, la corrupción, las contradicciones ideológicas, los relatos permanentes - historias, héroes, banderas – alocados e infames, hacen que todo suceda de manera frenética, demencial. Y a esto le agregamos la ornamentación, la voz única, un mundo enfermo de jerarquías, de clasificaciones. Las hogueras, los herejes. La oscuridad, la burocracia, el gusto empalagado.

Siempre me resultó fascinante saber en qué mundo vivo. Resulta que la memoria en el poeta va de un lado a otro, camina al azar, regresa sin saber, vuela distraído. Y entonces es árbol, pájaro, mar o caballero. Un homeless que duerme bajo de un puente en París o en Los Ángeles, un hombre soñador que camina por un muelle escuchando el bullicio de las gaviotas o el calor del desierto de una tierra casi desconocida. Practica la felicidad que no excluye lo ameno ni lo inteligente. Es un viajero sin posada, un viajero de un conglomerado de vidas y de ideologías que lo incitan a indagar en la barbarie y en la amistad.

Decía el gran escritor uruguayo, Juan Carlos Onetti, que “si alcanzamos el éxito, nunca seremos plenamente artistas” No está mal. Miguel Delibes señaló en una oportunidad “de lo que más hablan los españoles es de dinero”. Una mirada, ¿verdad?

Mariano de Montero, que fue director de la Escuela Diplomática de Madrid, manifestó su horror porque el Rey toleró que el próximo presidente de Bolivia, Evo Morales, se presentase con un “jersey”. Lo consideró “carente de cultura vestimentaria”. Interesante la meditación del caballero. ¿Qué opinión tendrá de la gente que usa turbantes y túnicas de seda o birretes de piel? ¿O de un vestuario étnico tribal? El Rey, sin duda, tiene más conciencia que el señor de los buenos modales y de los desfiles con trajes londinenses o parisinos. “Toda cultura se funda más sobre prejuicios que sobre verdades”, escribió nuestro querido primo Friedrich Dürrenmalt.

En estas tierras ninguno de nuestros dirigentes sabe de literatura. Tampoco de otras cosas. Bueno, de ciertas cosas saben más que los otros, que no saben. No es casual que en estos territorios se suele hablar de “hacer el verso” cuando alguien engaña a otro, le miente, lo embauca. Las estrategias son feroces, usted lo sabe, querido lector. “Uno no puede enfadarse con su tiempo sin salir mal parado” dijo Robert Musil. Al poeta le interesa el mensaje simbólico, la desmesura de la metáfora culta, la ingeniosa confrontación política. Altri tempi.

Uno no quiere ser injusto, pero nos hipnotizan de la mañana a la noche. Instalan en cada lugar algo que nos hace imbéciles, que nos alquila el cerebro, que nos consume energía. Sobrevivimos en la estupidez, en la ansiedad, en la demencia colectiva, en el populismo. Nos encadenan a comprar, a casarnos, a visitar cementerios. Todo se minimaliza, rigen las leyes mercantilistas del mercado global. Mi tío abuelo, Giacomo Leopardi, subrayó que “el hombre no vive de otra cosa que de religión o de ilusiones”.

Eso es lo que le pasa al bardo, sale a caminar o se pone a escribir y se le llena la cabeza de imágenes, de citas, de hadas, de ensoñación, de mujeres hermosas que deambulan con velas por corredores de palacios abandonados. Llevan bucles dorados, senos blanquísimos y murmuran el asombro en la mirada... y los poetas se enamoran de esas cosas. Martín Heidegger tradujo “...no hay nada más inquietante que el hombre”. No es fácil la ambivalencia afectiva, lo maravilloso, el sentimiento de lo extraordinario o de lo esotérico. Ángeles y demonios cohabitan en nosotros. La realidad deja en evidencia, siempre, las contradicciones de un escenario donde coexisten el altruismo y una compleja trama de intereses. La bondad y el fraude, lo poético y lo político. Sin entrar en las tensiones de la clonación.

Seguimos de cerca palabras y gestos del papa Francisco. Usted sabe que pienso, usted sabe como yo - no se haga el tonto o el distraído - qué significa el populismo, la demagogia y los símbolos. En el lenguaje diario a menudo se confunde la alegoría, el emblema y el arquetipo. No me haga hablar. Prefiero sentir como Schpenhauer "la metafísica de la música". Me enseñó a descubrir la insinuación de la tragedia. Hasta la próxima, caro amico.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 12 de noviembre de 2018

lunes, 5 de noviembre de 2018

Roma


Roma

a Raffaele Romano



Camino sobre los sueños y los mitos.

Veo la presencia de Adriano,

la voz de Caravaggio,

el latido de Fellini.

Camino desde el ensueño,

desde el otoño que murmura

las palabras de Ovidio,

el nombre de los dioses paganos.

La soledad es inmensa.

Infinita la sombra que protege

la dicha de una princesa oculta.


Carlos Penelas

Roma, 28 de octubre de 2018



Foto: Rocío Danussi

sábado, 3 de noviembre de 2018

Vuelven los talleres

Dejando atrás el Egeo, el Jónico y el Adriático, la semana entrante Carlos Penelas retoma las clases en los Talleres Literarios individuales y en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

Foto: Rocío Danussi

viernes, 2 de noviembre de 2018

Carlos Penelas en Volos, Grecia

Al fondo se ve la réplica de la nave Argo. Con ella Jasón, según la mitología helénica, partió en busca del vellocino de oro con sus compañeros argonautas. Fueron protegidos por la diosa Hera.


En 2008, las autoridades de Volos construyeron y botaron la replica que observamos en la foto, replica de una pentecóntera de la época micénica griega.

Una pentecóntera o pentecóntero  era un barco de guerra griego impulsado por 50 remeros (de ahí su nombre), además de un timonel y quizás otros marinos. También podía navegar a vela.


Tenía una eslora de 35 metros de largo, y una manga de 5 metros de ancho.

Es el tipo de barco usado, según el relato de Homero, en la Guerra de Troya (siglo XII a. C.)

La foto la sacó el amigo brasileño Aristóteles Silva.

Taller literario