sábado, 25 de febrero de 2012

El hechizo

Hoy, cuando fui a mi biblioteca, estaba María Manuela sentada en mi sillón. Observé su cutis hermoso, como siempre. Parecía de porcelana. Y sus bellos ojos, sus ojos castaños, miraban indagando la vida. ¿Has vuelto? pregunté. Desde la infancia que no he vuelto a saber de vos. Me dio un beso en la frente y se emocionó. Luego, habló de sus cosas. También evocó a los abuelos, a mi padre, a mis hermanos. Me preparó una copa de huevo con oporto. En la mesa de la cocina dejó un tazón de arroz con leche. Olía a canela y a cáscara de limón. Me habló en su idioma de lluvias, en el idioma suave y lúcido de la aldea.

Madre: todo se confunde, ahora no te veo y no sé dónde has ido. Quedé embelesado con la imagen de su vestido azul con lunares blancos. El viento movía las sábanas, el sol rozaba la ventana y los malvones. Y no supe más. Y la extraño.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2012

O feitizo
Hoxe, cando entréi na miña biblioteca, alí estaba María Manuela, sentada na miña cadeira. Observei o seu fermoso cutis. Semellaba de porcelana. E os seus belidos ollos, seus ollos castaños, enxergaban a vida. Voltaches? pregunteille. Dende a nenez que non teño sabido de ti. Deume un bico na fronte i emocionouse. Axiña, falou das súas cousas. Lembrou aos avós, ao meu pai, aos meus irmáns. Me arranxou unha copa de ovos con oporto. Na mesa da cociña deixou un pote de arroz con leite. Ulía a canela e a casca de limón. Faloume na súa lingua de chuvia, no falar mol e lúcido da aldea.

Nai: confúndeseme todo, agora non te vexo nin sei onde fuxes. Quedei engaiolado coa imaxe do seu vestido azul con brancos lunares. O vento movía as sabas. O sol rozaba a xanela e os xeranios. E non souben máis. E estráñoa.

Carlos Penelas
Traducción al gallego: Edmundo Moure

martes, 14 de febrero de 2012

Charly Menditeguy, un deportista único

En mi infancia se lo nombraba. Sobre todo mi hermano Roberto, el mayor. Con los años su figura fue creciendo. Anécdotas, fotografías en revistas y diarios, comentarios. La pregunta de Orestes Corbata en una entrevista en televisión, el mito de un dandy, la enfermedad, su muerte prematura. Todo hizo de él un hombre único. En estos tiempos donde ese glamour ya no existe, donde todo se olvida o se desconoce, donde la industria cultural como la industria del deporte lo ocupa todo, este hombre de apellido patricio y de costumbres victorianas, fue excepcional. Me formé con nombres gloriosos de nuestro deporte. De muchacho practiqué fútbol, natación, pelota a paleta, box. Su imagen siempre me subyugó. Por su carácter, porque no fue popular, porque desafiaba todo.

Piloto de carreras, tenista, futbolista, polista, golfista, nadador. Todo lo hizo bien. Temperamental, cosmopolita y preparado, supo correr en Fórmula 1 contra los mejores: José Froilán González y Juan Manuel Fangio.

Nació en el año 1914, hijo de una adinerada familia. Su largo trecho recorrido en el deporte comenzó en el fútbol cuando era niño, donde fue campeón intercolegial en 1932. Luego jugó al tenis donde se mantuvo mucho tiempo en el Nº 7 del ranking argentino.

No se detuvo, esta vez el polo, deporte de elite en nuestro país y que por estos tiempos tiene al jugador más valioso del mundo: Adolfo Cambiaso. Charly taqueó y goleó en el equipo El Trébol. Estamos hablando de 1943. Fue campeón y alcanzó un handicap de 10 goles, algo que no muchos obtienen, sobre todo en torneos de gran envergadura.

Y como si el taco y el backhander del polo fueran poco, Menditeguy probó suerte en el golf donde como aficionado llegó al pope de Scratch, donde se convirtió en un experto en el juego por golpes.

En fin, que comenzó a correr en autos y llegó al Turismo Carretera, donde ha protagonizado anécdotas que pilotos de renombre como Carlos Pairetti o, los fallecidos Marcos Ciani y Oscar Gálvez, rememoraran a diario.

Y luego llegó su premio máximo en el automovilismo, consiguió apoyo y fue a competir primero a Fórmulas Europeas y después arribó al gran circo de la F1. Con autos sport hizo binomio con Sir Stirling Moss.

Su personalidad fuerte y decidida era capaz que provocar un escándalo si fuese necesario. Y tanto éxito en el deporte tuvo, como asi también con las mujeres, ya que se dio el lujo de salir con Brigitte Bardot, una estrella sexy de los 60.
Como si esto fuera poco, también incursionó en la natación, con lo cual se convirtió en el "hombre multideporte de la Argentina".

Falleció en 1973, víctima de un paro cardíaco, tras padecer diabetes de adulto y mal de Parkinson. Fue un deportista nato. Heredó el Haras El Turf y con caballos como Indian Chief, Practicante y Uruguayo ganó dos premios Jockey Club, tres Nacional y dos Carlos Pellegrini. Se dio el lujo de correr en coches Sport con Stirling Moss y en Fórmula 1 contra Juan Manuel Fangio y Froilán González. También fue presidente de la Asociación Corredores Turismo Carretera.

Mi editor, Andrés Valle, que supo incursionar en el automovilismo y en el rugby me contó un hecho famoso. Clásica es la anécdota en la cual en el Gran Premio del ´63 que venía ganando, a 15 Km. de la llegada en Arrecifes, el motor de su Ford dijo basta. Con toda la decepción del mundo se bajó, se sacó los guantes y los apoyó en el capó del auto. Prendió luego parsimoniosamente un cigarrillo y dándole el encendedor a su acompañante, el celebre “Negro” Linares, le dijo. “saque un poco de nafta del tanque y tírela sobre esto. Quémelo Linares, quémelo”. La frase hizo historia.

Con el billar era capaz de hacer decenas de carambolas en forma interrumpidas. Pelota paleta, deporte que nunca jugó oficialmente, venció en partidos memorables a los mejores de la especialidad dando ventajas increíbles. En tiro – mi padre era amigo de Aroldo Pienovi - fue campeón argentino. El tenis, deporte en el que estando sexto en el ranking, dejó por el polo.

Se cuenta que en unas de las temporadas internacionales en Palermo, ante el paso acostumbradamente espectacular de Juan Manuel Fangio, alguien al lado suyo dijo: “pasará mucho tiempo antes de que aparezca otro Fangio”. A lo que Menditeguy simplemente replicó, “mucho no”. Pocos años después ya era una figura internacional. Así fue su vida, un permanente desafío. Nada que otro hiciera, era imposible para él.

Inteligente, dotado física y mentalmente para la práctica de las más variadas disciplinas,. De una personalidad conflictiva, no llegó a ídolo por su forma de ser. No se llevaba bien con el periodismo, pero los que lo conocían en la intimidad, no dejaron de reconocer siempre en él, a una gran persona.

Como automovilista fue siempre un hombre de ir a todo o nada. Temperamental, fondeador desde el principio al fin. Claro que los fierros no siempre acompañaban. Clásica es la anécdota en la cual en el Gran Premio del ´63 que venía ganando, a 15 Km. de la llegada en Arrecifes, el motor de su Ford dijo basta. Con toda la decepción del mundo se bajó, se sacó los guantes y los apoyo en el capó del auto. Prendió luego parsimoniosamente un cigarrillo y dándole el encendedor a su acompañante, el celebre “Negro” Linares, le dijo “saque un poco de nafta del tanque y tírela sobre esto. Quémelo Linares, quémelo”

Así fue “Charly” Menditeguy. Un deportista excepcional. Un hombre de alcurnia. Un play boy internacional. Un automovilista como pocos, que no llegó a ser campeón, simplemente porque nunca quiso ser profesional. Hacía lo que hacia simplemente por gusto, porque le divertía.

En revistas de la época podemos leer lo siguiente. Se estaba por disputar uno de los Grandes Premios de Fórmula 1 del año 1956. Carlos Menditeguy era uno de los pilotos oficiales de la casa Maserati. El argentino sin aviso previo, faltó a la cita en los entrenamientos y también para la carrera. Los directivos de la marca, atónitos y llenos de preocupación, no se explicaban lo ocurrido. Poco después la causa salió a la luz. “Charly” estaba en la Costa Azul en compañía de una ascendente actriz francesa Brigitte Bardot. Obviamente, eso causó la desafectación del equipo por indisciplina. Él con la mayor naturalidad contestó “no era una oportunidad para despreciar ¿no?” Maserati le había ofrecido una 250F oficial para F1. Dijo Juan Manuel Fangio sobre esto: “Menditeguy no fue campeón del mundo, posiblemente porque no quiso”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2012

sábado, 11 de febrero de 2012

La insurrección de la poesía

Nacido en Buenos Aires en 1946, Penelas es uno de los escritores representativos de la generación del 70. Publicó obras en poesía y prosa, entre ellas su libro Conversaciones con Luis Franco. El texto y los poemas a continuación pertenecen a su Antología personal (Dunken, 2010).

Una extensa obra poética -saludada por Luis Franco, Raúl González Tuñón, Ricardo Molinari, Juan L. Ortiz, Elvio Romero, Lily Litvak, Giuseppe Bellini, Juan José Ceselli, Eduardo Blanco Amor, Héctor Ciocchini, Xesús Alonso Montero, entre otros- revela el devenir creador de Carlos Penelas, una de las voces más serias de la generación del '70.

La crítica ha advertido una preocupación raigal por adentrarse en los símbolos expresivos y en las estructuras modernas, conciliando el peso y la medida de su lirismo.

En Antología personal compila intensidad y calidez, una creatividad que se advierte en el tiempo.

Hay un impulso cósmico que deja una temblorosa sensación de misterio en el espíritu de quien transita esta antología. Sutiles ceremonias, la respiración del silencio o los ritos del instinto, la ternura del hombre y la mujer, el exilio, las persecuciones, el compromiso social, vibran en sus imágenes y contagian el gozo y el pavor de la vida.

Fiel a los hechos de su tiempo, su poesía abarca una problemática que va desde las vicisitudes del ser contemporáneo hasta el intransferible lirismo. Pero hay, además, una estética de lo subyacente velado del predio nativo.

La obra de Carlos Penelas ha nacido de su propia experiencia, de una experiencia que desde su infancia fue descubriendo el mundo a partir de la mirada de una nostálgica memoria que necesita referencias éticas. Un poeta que se rebela contra el mundo empírico. El poeta encuentra y requiere silencio; poetizar, es decir crear en el sentido etimológico. Por eso su clasicismo desde sus primeros libros, el símbolo del mundo interior, la intuición y la conciencia, el lenguaje que descubre su lugar en el cosmos a partir de lo sensual y de lo contestatario.

La mirada de Penelas horada la realidad, la materia. Allí aparecen también los mitos celtas, el saber de la tierra, la intersección entre lo moral y lo humano, lo utópico como refugio de lo profano y lo miserable. Por esta razón son tantas las referencias de su mundo mágico en pasión libertaria; un orden brotado con la respiración de lo bello.

Su actitud melancólica expresa tradición, premonición por el sueño, un orden sutil de la armonía, la fatalidad y la lucha contra la deshumanización, la realidad mitológica de las fuentes artísticas, el lenguaje elaborado a partir de una cultura clásica de la poesía medieval española y la lírica de la poética argentina.

También advertimos en sus últimos años una mirada más compleja que establece lo ilusorio de aquello que llamamos realidad; la simultaneidad del tiempo, la propia percepción que crea realidad. La obra de Penelas celebra el júbilo de lo vital, de lo bello, de lo insurrecto. Penetra un mito significativo de la intimidad poética: la memoria olvidada de la infancia.

LA GAVIOTA BLINDADA
¿De dónde viene?
¿Del sur o de mi pecho?
¿Qué noches ha cruzado?
¿Y por qué es pensamiento
y canto y hombre?
¿Qué sangre o qué galaxias,
sobre sus alas,
no ha cubierto de sueño?
Alzada al infinito
con el llanto de agosto
para hallar otro edén
más misterioso y puro.
Su forma se renueva
inédita de tránsito
como un muelle plural
de ríos numerosos.
En pos de cada tarde
es resplandor que nutre.
Herida, clandestina,
regresa con su estrella.
Pálida, inagotable,
inmarcesible y trémula
atestigua la aurora.
¿De dónde viene?
¿Del sur o de mi pecho?

(La gaviota blindada y otros poemas, 1975)

LOS SUEÑOS DE ODISEO
Estas mujeres son parte de mi vida.
Vienen a mí
en la vigilia de la desventura.
En la mezquina gloria
que dioses y reyes impusieron
aspiro sus perfumes.
Miradas traspasadas de voces
proclaman la grandeza del amor.
Me ofrendan soledad y belleza.
Cabelleras desvalidas
sobre las túnicas que denotan los senos.
Nos ocultamos en la bruma dorada,
asombrados de los designios de la arena,
únicos ante el misterio.
Sólo la fugaz Nausícaa perdurará
entre tanto dolor y desprecio.
Como el soplo de la vida
en la mirada taciturna.

(El corazón del bosque, 1992)

TRASVEO EN TUS OJOS
Trasveo en tus ojos. Tu mirar
regresa recogiendo el estío.
Una melancolía celta
consumida en el alma.
Así te gozo. Sin que sepas
del mundo,
del tras amor vencido
por donde entremiro impávido.
Te descubro distante.
Imagino entre noches
el hechizo que aventa
los cabellos. Esencia errátil
tu mirar. Húmeda, oculta.
Te escapas de mis brazos.
Cedida.

(Guiomar / Cantiga, 1996)

Diario El Ancasti, Catamarca, 4 de diciembre de 2011

viernes, 3 de febrero de 2012

Poemas y dibujos de Carlos Penelas. Libro de artista / Ediciones de bibliófilo

Carlos Penelas finalizó Cuaderno de la tarde, poemas y dibujos inéditos. Tapa cartón forrado, vinilo negro, 80 pp., 16,5 x 20,5 cm. Papel de dibujo 120 gramos. Treinta y nueve dibujos en plumín tinta. Treinta y nueve poemas manuscritos. Última página con sello ex libris diseñado por el autor. Obra única. Buenos Aires, 1 de diciembre de 2011.

También ha terminado Libro de la alondra y el desvelo, poemas inéditos. Tapa cartón forrado, vinilo negro, 80 pp., 16,5 x 20,5 cm. Papel dibujo 120 gramos. Treinta y ocho dibujos en plumín tinta. Treinta y ocho poemas manuscritos. Última página con sello ex libris diseñado por el autor. Obra única. Buenos Aires, enero de 2012.

A estos dos ejemplares debemos agregar una caja de cartón forrada con papel afiche, 33 x 23,5 cm., alto 2,7 cm., con catorce poemas y catorce dibujos inéditos, en hojas de papel de algodón elaborado artesanalmente, realizados en tinta gel, firmados todos a la derecha. Dos hojas de 30,5 x 20, 5 y doce hojas de 31 x 21. Obra única. Buenos Aires, 2011.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Nuncios y borracheras

Humpty Dumpty -Cuando yo empleo la palabra, significa con exactitud lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos.
Alicia -La cuestión es si Usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.
Humpty Dumpty -La cuestión es quién manda, nada más…

Lewis Carrol en Alicia a través del espejo
Por las dudas, desconfiado leedor. La palabra nuncio proviene del latín: nuntios. Mensajero, el que anuncia. Existe un verbo, nunciar; hacer saber, anunciar, notificar. La voz entró con el italiano al castellano y al francés: nunzio. El de la Santa Sede es un delegado apostólico. Pero, en lo político, en lo terrenal tenemos nuncios por todas partes. Un poco desde la picaresca, desde el más acá. No sé si mejores o peores. Pero los tenemos en las bibliotecas, en los hospitales, en los palacios presidenciales, en los laboratorios, en los bancos, en los supuestos gobiernos revolucionarios, en las financieras, en las tabernas. Siga usted la lista, me cansé.

Vivimos una promiscuidad mental, una promiscuidad física. Vivimos el populismo como una religión, entre el Gauchito Gil y la Madre María, entre la Marcha de San Lorenzo y Los Muchachos Peronistas. Primera Comunión, Reyes Magos y Montoneros. Oprobio, villancicos y balas. Hablan de lo nacional y lo popular y llevan vidas suntuosas. Uno queda perplejo ante tanto discurso “revolucionario”. Tal vez desde siempre fue así. Desde que se debía escribir en la escuela primaria: “Mi mamá me ama. Evita me ama”. En fin, todo es una gran confusión: casamientos, revistas, fotografías en Hola, conmovedores discursos a favor de la igualdad, negocios privados, aviones particulares. Uno sospechó que en el siglo XXI ciertos temas no existirían. Todo se ha vuelto vulgar y obsceno, banalidad que invade de manera corriente cada gesto, cada nuevo hábito. El deseo no existe, existe el poder, el discurso político, la afectación, la fachada; simulacro, parodia. Sobre eso se montan mitos, leyendas, delirio, saturación, desvergüenza. Vivimos el espejismo de la pasión, de lo otro, charlatanerías prolijas y hasta correctas, pornografía en el arte, en la información, en las estadísticas, en referencias de la vacuidad. El salón embellecido por luces y adornos pueblerinos, acto escolar, todos puestos de pie para la entrada triunfal de la maestra. Aplausos, admiración y gratitud. Enternecedor y asfixiante. Aplausos, morir de pequeñez, apoteosis, tono subyugante, conmovedora la sonrisa. Teatralidad y simulación.

El fascismo de derecha sabemos qué es, qué representa. Lo que nos negamos a ver es el fascismo de izquierda con sus poetas, artistas, profesores, intelectuales, doblando la espina dorsal sin pudor, con anhelos apocalípticos o rituales multitudinarios. Calladitos, tapaditos, grises. Pero siempre con el culto a la personalidad, deformando lo real con políticas maquiavélicas, creyendo -con un infantilismo ideológico impensable es este siglo- que si se rebela la miseria, el despojo del hombre, se logra la revolución.

Apóstoles de iconografías y símbolos comparten la visión polarizada del Estado. Y escriben o vociferan pueblo en un proceso que pocas veces los tuvo en cuenta más que para hacer número. Además, desde un púlpito sacro, discuten la democracia, la burguesía, el liberalismo. Sin terminar de entender muy bien cada cosa. Confundiéndolo todo; a veces por ignorancia, otras por mala fe.

La historia, la sociedad, crece en términos de complejidad e incertidumbre. Baudelaire afirmaba que debíamos de ser sublimes sin interrupción. Pero los muchachos ven hasta el borde del campamento y siente hasta donde el bombo le da permiso. Por eso no se cansan de hablar de “la cultura del vasallaje” o de “los intereses apatridas y globalizados”. También suelen recordar la “contaminación” de la música extranjera. Y enfrentan al Teatro Colón con la cumbia, la ópera con la chacarera. En fin, hay más y en todo se imponen las purgas, lo extranjerizante de Virgilio o de Dante. Pero no la tradición judeo-cristiana o el Código Romano. Y allí están con banderas y asados, argentinos más que nunca, nacionalistas con fijador o botulinum tipo A los burócratas, los serviles, los obsecuentes. Uno se cansa, se agota.

Debemos recurrir a uno de los escritores suecos verdaderamente brillante. Me refiero a Stig Dagerman. Leamos: "Ni necesito ni deseo vuestra disciplina. En cuanto a mis experiencias, quiero hacerlas yo mismo. Es de ellas y no de vosotros de donde sacar mi regla de conducta. Quiero vivir mi vida. Me inspiran horror los esclavos y los lacayos. Detesto a quien domina y me repugna quien se deja dominar. El que consiente en inclinar la espalda bajo el látigo no vale más que el que lo azota. Amo el peligro y me seduce lo incierto, lo imprevisto. Deseo la aventura y me importa un cuerno el éxito. Odio vuestra sociedad de funcionarios y administrados, millonarios y mendigos. No quiero adaptarme a vuestras costumbres hipócritas ni a vuestras falsas cortesías. Quiero vivir mis entusiasmos en medio del aire puro de la libertad. Vuestras calles trazadas con regla me torturan la mirada, y vuestros edificios uniformes hacer hervir de impaciencia la sangre de mis venas. Ignoro a donde voy. Y esto me basta.”

Bueno, que uno se cansa, se harta, se siente agobiado. Mienten, difaman, roban. Podemos hablar de Lorenzo Miguel, de Saúl Querido, de Augusto Timoteo, de Moyano, de Cámpora, de la Revolución Libertadora, de López Rega, de los hermanos Cardozo, del General Osinde, de la P 2, de la gloriosa, de los goles de Angelillo, de Luis Elías. O de Giovanni Dupré y las esculturas del palacio Chigi Saracini de Siena. O de los diagnósticos médicos, de la salud pública y de la salud privada, del pánico quirúrgico en el cirujano, de los gastos, de la SIDE, de Rajoy, de Vutton, de Ahmadinejad, de el Mossad, … Pecata minuta. No doy más.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2012

Taller literario