martes, 31 de agosto de 2010

Carlos Penelas en Antofagasta, Chile

El escritor participará de las "24 horas de poesía" que se realizarán en dependencias del Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB), entre el 10 y 11 de septiembre.

Carlos Penelas participará, junto a una serie de reconocidos escritores, de las "24 horas de poesía" que se realizarán desde las 20 horas del viernes 10 de septiembre en la ciudad de Antofagasta, al norte de Chile.

En declaraciones al diario El Mercurio de Antofagasta Penelas afirmó que espera poder trasmitir una concepción amplia, humanista de la creación. "Que va más allá de mi poesía o mi visión de lo literario. Dejar un sentir en torno al acto literario, a la pasión por la literatura, por el hecho estético y ético".

La actividad, abierta a toda la comunidad, está organizada por la Asociación Gremial de Escritores del Norte, ASEN, y finalizará el sábado 11 de septiembre a las 21 horas, en dependencias del FCAB.

Junto a Penelas viajará el poeta, escritor y periodista argentino Rubén Derlis, a los que se sumarán poetas y escritores locales, críticos literarios y editores. Además, han confirmado su presencia destacados artistas, pintores, folcloristas e historiadores, según señaló el poeta Patricio Rojas, coordinador de "la actividad literaria más importante de los últimos años en la 'Perla del Norte'".

lunes, 23 de agosto de 2010

Los amantes


1.

He olvidado sus caderas, he olvidado su nombre.
Los celos, en esa mujer, ofrendaban imágenes.
¿Hasta dónde la voz insomne,
hasta dónde la cabellera suelta y voladora?
Ahora, advertimos que todo fue un error.
Sólo el recuerdo de un árbol, de una hoja,
de un pájaro nostálgico en el cielo.


2.

La pasión llamó desde la soledad.
Como sucede en La Pampa o en Edimburgo.
O cuando un caballo vaga su fresco hocico
en un jardín cautivo.
Alrededor de la estación, la mirada flotando.
Y una ventana abierta que descubre
mi chalina en su cuello indolente.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2010

jueves, 19 de agosto de 2010

Administraciones: burocracia y complicidad

Uno debe entender el fetichismo del poder. Si no comprende ese fetichismo no entiende lo cotidiano. La pequeña burguesía, con su mentalidad mezquina y egoísta, creó una suerte de líder, de operador político, de su temporalidad: el administrador de consorcio. Éste, como sucede siempre, en un principio fue un empleado más o menos útil, más o menos honesto. Aplicado, diríamos en términos pedagógicos. Como suele suceder –como sucede– se transformó en un director, en un mandante que ordenaba propietarios, disponía de sus fondos, programaba proyectos. Negaba o afirmaba, gestionaba asambleas o salía con normas y reglamentaciones mágicas, celestiales, jurídicas. Y los propietarios, gente mayor, jubilados, enfermos, señores maduros con sus amantes, señoras finas con sus compras… en fin una caterva de gente que supuestamente cree ser ciudadana, le dejó todo en sus manos. Y aquí estamos. Ante un poder no fácil de explicar. Generaron un monstruo y no saben cómo hacer, cómo vivir sin él. Lo mismo sucede con el Estado, las instituciones, las armas nucleares. Haremos una breve lectura de este contrato de servidumbre.

Nadie puede confiar –si es medianamente sensato en un señor que dice ser administrador de propiedades o contratista o agente inmobiliario– pues sabemos, aquí y en el mundo, qué características tienen. Hay excepciones, por supuesto. Esa suerte de trabajos genera optimismo (mistificador y mistificado) en el hombre de medio pelo. Pretendemos ignorar la eficacia de lo imaginario; eso significa, querido lector, mantener el juego de la repetición. Escribo para el que me entienda, el otro que pague las expensas en el horario que le indican y en el día preciso. Y que guarde silencio, obediencia y tolerancia. En otras palabras, que se deje tocar el trasero. La sociedad burguesa reproduce su propia organización. Y por lo tanto sufre la coacción que creó. Simple, llano, entendible. Aquí entramos a discutir el sexo de los ángeles, la difundida idea de que el mundo se encuentra dividido entre el bien y el mal. Y acabamos por aceptarla. Una verdad revelada que transforma con facilidad en poder la superioridad que le da el saber. Y eso, en alguna medida, se denomina burocracia. La burocracia forma parte del poder, es un elemento necesario, imprescindible para tener el control; es aquello que manifiesta el mecanismo que rige la repetición.

No vamos a fingir modestia; el fenómeno burocrático tiene relación directa con las fuerzas del poder. Desde las instituciones sacrosantas, desde el Estado, las elecciones, el parlamento, la justicia o un mediocre administrador de consorcio. Es parte del juego, de las fuerzas que pretenden actuar en representación del ser humano, de las reglas, las conductas, los imperativos económicos, del tejido social. El ciudadano se somete a los principios de la división de los dirigentes y de los ejecutantes, de la separación de la actividad y de la segregación de aquello que se informa. Nada escapa a lo burocrático, es un brazo del pulpo, de la corrupción, del robo, de la enajenación. Ayuda en todo esto cada estación de servicio, cada municipio, las damas de caridad, los orfelinatos, las financieras, los medios de comunicación. Se rechaza la reflexión. Créame, ingenuo lector, no es un tema menos importante esto de las administraciones, es fundamental en el imaginario de las distorsiones. Termina transformándose en una casta que se mantiene en el poder debido al aislamiento. No hay errores de método: es una deformación, una representación deformada de una serie de “accidentes” sociales, una perturbación enquistada en el desarrollo “normal” de la vida cotidiana. Mientras continuemos aceptando estas condiciones aparentemente desapercibidas, mientras continuemos aceptando ingenuamente las normas cotidianas en que vivimos la deformación y el aislamiento seguirá su curso. Es parte de cada elemento que una ideología pone en praxis. No hay reglas democráticas, no hay representación posible dentro de una estructura viciada.

Si no llegamos a distinguir lo que corresponde a una infra y a una superestructura, si no llegamos a entender los niveles confundimos la función de los símbolos. Mientras sigamos prisioneros de este esquema nos será imposible ver el otro, el de la corona, los signos de opresión y de violencia cotidiana. Reitero, hay mecanismos que rigen la repetición. Estas empresas se nutren de identificaciones que ocultan servidumbre, antagonismos. Se mantiene el juego de la repetición. Los parásitos engendrados tapan, ocultan y distorsionan las relaciones humanas. La burocracia es un tipo de organización. Otra vez: la burocracia es un tipo de organización. Y detrás siempre hay un botín. A pagar las expensas, caballeros. Religiosamente. Como diría Maquiavelo, “supieron ser más audaces que prudentes”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2010

domingo, 15 de agosto de 2010

Alcobas, tiempos y canciones

Debo confesar que la mujer amada desapareció de mi vida. Lo comprendo. En verdad terminamos hastiados. No puedo verla ni escuchar su voz. Fue bello mientras duró, inigualable; como siempre. Luego lo echamos a perder; como suele suceder. Ahora ella se aburre de manera fatal con su marido, sus compañeros de trabajo, sus horarios y sus amigas inestables. Pero está en paz con su conciencia, al menos durante el día. Eso, también es así. Sospecho que duerme mal, que mira aumentar su celulitis y siente –otra vez después de tanto tiempo– las interminables jaquecas. El analista deberá reconstruir lo que en parte colaboró en violentar. Pero ese es un claro tema de diván y de inconciencia. Quizá de honorarios. Tal vez de envidia y frustración, por qué no. Por mi parte sólo me resta contarles que estoy descubriendo una nueva dama. Así como no guardo rencor no regreso al pasado. Au revoir, c'est fini.

Esta mujer que miro en detalle es inteligente, atractiva. Su mirada trasmite por momentos desazón y ensueño. Es diferente, por cierto. Y en muchos sentidos con más sensibilidad, con mayor capacidad de creación. Siento cierto temor, cierta inseguridad. Espero que tenga mayor equilibrio emocional, lo cual dudo. En principio me trasmite serenidad y ceguera. Ama la poesía, la música y se muestra delicada. El nacimiento de sus senos es joven e inquietante.

Puedo contarles que mis padres, por empuje y decisión de mi hermana Raquel, me hicieron socio de Gimnasia Esgrima de Buenos Aires. (Un club de categoría, trayectoria, prestigio. Aún era venerada la figura de don Ricardo C. Aldao.) Mis hermanos mayores eran socios y sólo faltaba yo. Tenía por ese tiempo unos diez u once años. Gran parte de mi infancia, adolescencia y juventud fui feliz en sus canchas, en sus grandes espacios, en sus caballerizas. Natación, pelota a paleta, box y sobre todo fútbol, durante toda mi vida. Aún hoy continuo nadando dos veces por semana –por falta de tiempo no voy tres– disfrutando con plenitud. En aquellos años practicaba, además, gimnasia. Y era fácil anotarse en una clase. Había gimnasia sueca y gimnasia clásica. La clásica era elegante y venía de la época helénica. Las mujeres ejercitaban la rítmica o la artística. Mis padres me inscribieron en una variante; gimnasia greco-romana.

Días pasados estuve mirando una publicidad de actividades. Paso a resumir y luego cambiamos de tema. Variantes: fitness, wellness, electrodance, essentials dance, reggaeton dance, aeróbica, hip hop, esferokinesis, pilates, flow stretch, reeducación postural global…

Pierre Louys nació en Gante, Bélgica en 1870 y murió en París en 1925. Fue poeta y narrador, integrante del movimiento simbolista. De ascendencia aristocrática, cursó estudios de filosofía y trabó amistad con su condiscípulo André Gide y más tarde con Paul Valéry. En 1890 fue presentado a Stéphane Mallarmé, uno de los grandes poetas del siglo XIX. Poco después conoció a José María de Heredia. Se relacionó con el medio simbolista, tanto belga como francés, colaborando en publicaciones como La Revue Blanche, Mercure de France y Centaure. Esta última dio a conocer los sonetos de Hamadryades.

A partir de 1892 comenzó a escribir en prosa. Merecen destacarse los relatos líricos Leda, Ariadna y, sobre todo, las Canciones de Bilitis, reconstrucción minuciosa de la lírica lésbica, que fue presentada como una traducción del original; en realidad inexistente. Durante una estancia en Londres, en compañía de Oscar Wilde, bosquejó en verso Afrodita, la novela que lo consagraría y que describe los tormentos de una adolescente en busca del verdadero amor.

Influido por los parnasianos, que escribió varias obras de erotismo refinado. Se casó con una hija de José María de Heredia y fue amigo de Leconte de Lisle. Sus primeros versos, eróticos y preciosistas, tomaron la forma de los poemas líricos griegos, y aparecieron, en 1893, en el libro Astarté. Su segundo libro, Las canciones de Bilitis (1894), uno de sus más conocidos, se hizo famoso, en su tiempo, por la superchería o broma literaria de Louys, ya que lo presentó como la traducción de unos poemas griegos que atribuyó a una poetisa de la edad lírica. Pero nadie discutió su calidad y Claude Debussy compuso sobre estas canciones tres obras musicales.

Debemos hacer una lectura seria de Las canciones de Bilitis, pues nos presenta no sólo sensualidad y fuerza sino un claro sentir erótico e insurrecto, siempre dentro de un canon clásico. Un poeta no siempre recordado. Se ocuparon de este poemario hombres como Apollinaire, Anatole France, Rostand, Rafael Cansinos Assen, Pérez de Ayala, Manuel Altolaguirre, entre otros.

Caro lector, no se haga el distraído. Analice este artículo, no lea superficialmente como los adolescentes o sus padres, y sacará conclusiones. Espero que no sean disparatadas. Hay un hilo sutil que las une, sólo fui dando ciertas vueltas para informarlo de cosas que seguramente no conocía. Usted es mi amigo y mi enemigo, recuerde. Por favor intente ver, mirar, observar la fotografía de George Eastman House de 1918; parece un cuadro de Magritte. Si no la consigue lea Modos de ver de John Berger. Hasta pronto.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2010

jueves, 12 de agosto de 2010

"Voces" en Diario del Viajero

En la última edición de Diario del Viajero fue ha publicado Voces, plaqueta de Carlos Penelas que también forma parte de su último poemario, Antología personal.


Diario del Viajero, Buenos Aires, miércoles 11 de agosto de 2010, Nº 1215, Año XXV.

El periódico tiene una tirada semanal de 300.000 ejemplares y es de distribución gratuita. Puede leerse y descargarse, además, de http://www.diariodelviajero.com.ar/.

viernes, 6 de agosto de 2010

Una historia de amor

De verdad, querido lector, no sé por dónde empezar esta historia. Espero que sepa comprenderme. Creo que ella me ama y yo a ella. No, no conviene empezar así. Suena inseguro, banal, transitado. Tal vez debería decir que la conocí por azar en un viejo café de Buenos Aires y una obsesión me envolvió, me llevó a llamarla. Que fuimos amantes durante años, caminamos las calles porteñas, las plazas y parques de la ciudad. Déjeme pensar. Ella seguramente no querrá que lo cuente como lo viví. Empezaremos entonces de otra forma.

En el libro donde dialogan Umberto Eco y Jean-Calude Carrière podemos leer: Alejandro Magno está a punto de tomar, una vez más, una decisión cuyas consecuencias son incalculables. Le han contado que existe una mujer que predice el futuro con certidumbre. Entonces hace que se presente ante él para que le enseñe su arte. Ella le dice que hay que encender un gran fuego y podrá leer el futuro en el humo que provocará, como si leyera en un libro. Pero pone en guardia al conquistador: mientras mire el humo no tendrá, de ninguna manera, que pensar en el ojo izquierdo de un cocodrilo. Sí acaso en el derecho; pero ¡nunca! en el izquierdo. Entonces Alejandro renuncia a conocer el futuro. ¿Por qué? Pues porque una vez que alguien te ha metido en la cabeza que no tienes que pensar en algo, piensas sólo en eso. La prohibición crea una obligación. Imposible, pues, a esas alturas no pensar en el ojo izquierdo del cocodrilo. El ojo del animal se ha apoderado de tu memoria, de tu mente.

No creo que me entienda el significado de lo que digo. No es que la mujer que amo predice el futuro, no sería tan torpe, ni ella lo permitiría. Le pido que me ayude a comprender lo que deseo decirle. No me es fácil. A ella tampoco confesar lo que siente, gritarlo a los cuatro vientos. Tiene sus compromisos, sus dudas, sus miedos. La comprendo, de verdad que la comprendo.

Tal vez debería decir que fui a ver Las hierbas salvajes de Alain Resnais. Que es un film donde el ensueño, la pasión y el azar nos conmueven. Un realizador que con más de ochenta años nos muestra el amor con todas sus dudas, sus idas y vueltas, negaciones y frustraciones, desencuentros, actitudes irritantes. Pensé en ella, pero tampoco podrá entender lo que me sucede. Una aproximación, tal sólo eso.

Acabo de leer un informe sobre la intoxicación del hombre actual. De la intoxicación de datos, digo. Como acopiamos más información de la necesaria, que no sabemos cual nos resulta útil y cual no, que guardamos textos, fotos y archivos sin ningún sentido, que vivimos la era de las interrupciones. En el ámbito familiar, laboral o privado. Que hemos perdido privacidad y sobre todo lo espontáneo de nuestra sensibilidad; que escasea la atención, que hay un universo de bits y de bytes que enloquece a jóvenes y no tan jóvenes. ¿Pero tiene esto relación con lo que quise contarles? Me siento confundido.

Este fin de semana pude ver un documental de Michael Moore, el último de este excelente documentalista, una película que no fue estrenada comercialmente en Argentina. Me refiero a Capitalismo: una historia de amor. Pude disfrutar de ella en el Cineclub La Rosa, que conduce mi hijo Emiliano. En el programa pregunta mi hijo: “¿Cuál es el precio que Estados Unidos paga por mantener su amor con el sistema capitalista? Siempre polémico, la denuncia de Moore está llena de trucos, audaces movimientos, gestos y guiños al espectador que sabe de qué se trata cada vez que el gordito simpático enciende la cámara.” Nos muestra, ni más ni menos, el sistema capitalista: sus corporaciones, sus guerras, su mentalidad. Y lo hace señalando lo que implica eso en la vida cotidiana de cada norteamericano.

Creo que tampoco tiene relación con lo que les quise contar. Tal vez se siente alterado, sin capacidad de ver homologías. ¿Debo decir el nombre de la mujer amada? ¿Debo confesar su edad, su sonrisa, su cabello, su forma de andar, qué champagne le gusta? ¿O contar una anécdota íntima? En fin, terminé los espacios que completan la columna de opinión y dudo si en verdad le trasmití lo que deseaba. Sepa disculparme. No ocurrirá otra vez. Usted sabe, el amor es así.

Carlos Penelas
Agosto de 2010

miércoles, 4 de agosto de 2010

Carlos Penelas, poeta del BARRILETE

La Revista Cultural El Viento publicó una revisión de Integración, poemario en formato carpeta publicado por Carlos Penelas en 1975. Es un avance del libro Las hojas, que saldrá en octubre.

Editorial Papeles de Buenos Aires
Colección: La Pluma y la Palabra
Libro Número 35: Integración. Penelas, Carlos.

Declaración Jurada

En verdad desde el punto de vista poético, es difícil que se pueda agregar algo. Creo que un solo poema bastaría para justificar esencialmente una vida. El Ulises de Joyce es una reiteración del Prometeo de Esquilo.

El amor, la vida, la muerte, la libertad, son inherentes a cada hombre. Y creo firmemente en el hombre.

Por esa razón pienso que la revolución total y permanente, sin cristalizaciones, sin ídolos, sin teologías, es la síntesis del hombre nuevo. Lo contrario es burocratizar el pensamiento, el corazón, las manos.

Otro sí digo: La creación es una labor cotidiana e interior. Es decir, acumulación de trabajo. Concretamente el intelectual debe ganarse el pan.

Por último. El sueño y la vigilia son mi propia existencia. El poema, entonces, es una integración.De carne y hueso, cargado de infinito como el amor, la vida y la libertad.

Fuente: Libro Las hojas. Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y el poeta Luis Vilchez. Año 2010. Colección: Libros de la calle.

Enlace: Revista Cultural El Viento

Taller literario