jueves, 23 de junio de 2011

Marcelo Bucossi lee a Carlos Penelas

El actor leyó poemas en la presentación de Calle de la flor alta.







Puede ver a Marcelo Bucossi en Ofensa, de John Hopkins, dirigido por Marcelo Velázquez, los sábados a las 20.30 en Andamio 90, Paraná 660.

martes, 21 de junio de 2011

"Calle de la flor alta", por María Adela Renard

A continuación, el texto completo que María Adela Renard preparó para la presentación de Calle de la flor alta, de Carlos Penelas.

Ese sueño fugaz, engarzado en el misterio de la vida, el don de percibir residuos emblemáticos de instantes plenos, conforma este nuevo libro de Carlos Penelas, “Un sueño sin retorno y sin recuerdo” como era el deseo de León Felipe, citado en el umbral de la edición que presentamos.

Un tramo más de reconocimiento en la palabra, de compromiso raigal con sus orígenes -asumidos plenamente- con las familias de procedencia y pertenencia, mujer e hijos. Inmerso en el bagaje cultural heredado, tan propio como consciente en la necesidad puntual e imperiosa de participación, difusión y diálogo. Enriquecido, en efecto, con el aporte creador personal que lo sitúa como valor en el contexto actual de la poesía en nuestro medio, pasando por alto dictámenes y/o tendencias circunstanciales, grupos y cofradías.

“Acaso la memoria nos vuelva a la lucha continua”, tal conclusión sella el poema “Homenaje a Vasco Pratolini”, incluido en este nuevo libro sobre un recuerdo fiel e incesante, fecundo al prodigarse, que se constituye y continúa haciéndose en la poesía de Carlos Penelas desde los albores de su escritura. Tan personal y singular como valiente y directo en la confesión -límpida siempre- de su intimidad. Intimidad en equilibrio que encuentra el cauce lírico e intelectual exacto para expresar gozo y dolor con sobria estética. Intimidad de la propia historia en el contexto de todos los protagonistas que no sólo le dejaron huellas profundas sino que integran su persona constituyéndolo sobre su reconocimiento de valores perdurables. La responsabilidad asumida de mantenerlos vivos y vigentes fuera de la tentación del desaliento. En cambio, desde la convicción que impide la derrota de la esperanza.

Calle de la flor alta es, qué duda cabe, un libro de poesía.

No obstante, su género no impide que sea, además, un exponente narrativo de claridad meridiana por cuanto cada poema puede devenir en texto narrativo gracias a sus atributos como materia de experiencia, pensamiento, reflexión y expresión. Los contenidos fragmentarios de la discontinuidad (enumeraciones, nombres propios) invitan a generar vías asociativas que establecen vínculos con el nivel hipertextual y el fluir temporal de la conciencia expresado después como collage. Esta nueva disposición significante crea una estructura libre otra, de presupuestos sintagmáticos y lineales, provista, en cambio, de imágenes dialécticas. Interrumpe el tiempo convencional y remite a un tiempo discontinuo que, tanto el creador como el lector perciben cual tiempo-ahora, estático y extático, como espacio atópico y metatópico, En suma, adviene o bien acontece una realidad autónoma en la realidad misma. Buenos ejemplos de esta característica son los poemas “La biblioteca”, “Cielo de Betanzos”, “El banco”, “Plaza Rodríguez Peña”, entre otros.

La unidad que conforma esta obra posee varios centros temáticos o, si se prefiere, de interés. Destacan como asuntos en sí mismos y a la vez configuran su tramado cual totalidad indisoluble: el origen (celta, gallego); los padres y abuelos, hermanos; la mujer y los hijos; la biblioteca y lecturas; la cultura en general; Buenos Aires; España; la identificación autobiográfica y ácrata en la composición del sí mismo y del ser que escribe.

En efecto, Carlos Penelas, hijo de inmigrantes reconoce la gravitación de esta identidad en la herencia ancestral gallega en términos de conocimiento, respeto, admiración y búsqueda. Asimismo como recuerdo y devoción permanentes que resguardan y alientan frente a la sostenida intemperie de nuestro entorno. Cito: “Aquí en este territorio donde habito/ se mezclan odios y ebriedad constante./ Hay muerte cotidiana,/ una desatada locura que asfixia/ desde una red sombría de desvelos./ Así el color pálido de la intemperie,/ yuyales, estambres hundidos/ sobre mesadas o túneles ciegos,/ una doliente historia de alfombras, de líderes,/ de soberbia, de bombos miserables./ Y de muerte y de desaparecidos./ Nos rodea la injuria y el hambre,/ la desnutrición, los espejos, los burócratas,/ una encadenada costumbre que reitera/ el extravío y el laberinto de cúpulas y torres./ Es difícil el silencio, la soledad, el crepúsculo./ Difícil la transparencia del poema,/ el cristal invisible de la infancia/ entre tanto quebranto aciago y mentira.”

En “Responso a una Patria” -poema cuya cita antecede- Carlos Penelas reflexiona en términos concretos sobre la situación patológica y dramática que padecemos. Las metáforas “río que llega hasta el ocaso/ como agua sonámbula de musgos”, “red sombría de desvelos”, “una doliente historia de alfombras, de líderes/ de soberbia, de bombos miserables”, “el extravío y el laberinto de cúpulas y torres”, entre otras, confieren al asunto en cuestión una jerarquía semántica objetiva que pareciera desprenderse de quien escribe denunciando, de esta manera, su carácter de testimonio sufriente.

La contrapartida es el registro de la ilusión de algunos, la evocación del “cristal invisible de la infancia”, la amistad, el amor, “el idioma extranjero de mis padres,/ las voces de mis hijos,/ el idealismo necesario y rebelde de la amada.”

Según Roland Barthes, la palabra vive sólo en función de su contexto. Éste es ilimitado puesto que comprende todo el sistema temático e ideológico del escritor más nuestra propia situación de lectores en toda su extensión y vulnerabilidad. Las palabras son funciones, sufren avatares, reencarnan.

Cuando Carlos califica el idioma de sus padres como extranjero plantea el problema de la diferencia social en el uso de la lengua. Antes el Pueblo no carecía de lengua -lo cual sería inconcebible- sino que la lengua del Pueblo (Michelet lo destaca con mayúscula), no estaba bajo la influencia de los medios de comunicación de masas ni de escuelas. Estaba, en cambio, situada al margen de la presión de medios burgueses y pequeño burgueses.

El Pueblo alcanzaba cierta espontaneidad, un estado extra-ideológico, claramente perceptible en sus modismos, refranes y canciones populares. Hoy, la lengua popular no es más que un lenguaje burgués degenerado, devastado, generalizado y vulgarizado envuelto en una especie de sentido común sui generis, del cual la prensa, la televisión, la radio, los celulares, la informática y las redes sociales son focos de imposición y difusión, que además, aglutinan a las clases sociales.

Carlos Penelas sostiene junto con Michelet la convicción del lenguaje-Pueblo cual tierra prometida. Sin olvidar, claro está, que la mediación entre el poder y el lenguaje no es de orden político sino cultural, que el discurso acrático se enuncia siempre contra la doxa.

Volviendo al comienzo, los centros temáticos que estructuran esta obra, son a nuestro entender: fervor ancestral por el origen que incluye la devoción por padres y abuelos, por España y lugares emblemáticos correspondientes, la mujer puntualmente evocada de modo galante rozando a veces el realismo, y los hijos. Mujer e hijos, referentes de una fe alentada en deseo de esperanza, bagaje cultural heredado y descubierto por sí mismo; figuras y personalidades admiradas, Buenos Aires, testimonios generacionales, conciencia de aislamiento y resistencia, espacio autobiográfico.

Estos centros remiten, en efecto, a “Liminar”, texto teórico inicial, en cuanto establecidos por la intuición de lo más íntimo del ser mediante la creación. Creación, travesía personal que el poeta comparte e invita a recrear. A partir de concentración y silencio, su apuesta es el re-nacimiento que trasciende la melancolía y el exilio. No en vano afirma en “Sombra del paraíso”, primer poema incluido en El Mirador de Espenuca (1994): “Tal vez la vida/ sea hallar esa mueca/ desde el fondo mismo de la desolación.” Mueca, contorsión o cambio en la dirección de la fuerza, hecha con la energía perdurable que describe en “Palabras” (pág.59) para atravesar y religar valores intergeneracionales, a pesar de todo inextinguibles:

“Amigos, observad estas palabras/ que caen en la noche. Apenas rozan la luz/ de una lámpara silenciosa y antigua./ Vienen de aquellos campesinos exiliados,/ llegan de agonías, de mujeres bellísimas,/ de caricias que sobreviven/ en talismanes o miradas melancólicas./ Observad un momento cómo llaman,/ cómo acarician frente y ternura,/ de qué manera nombran la insurrección.”

Sin embargo, el poeta afirma al final: “Nos cuesta sentir en nuestra piel/ tanta soledad y tanta urgencia.”

Dentro del sistema de imágenes dialécticas que ofrece esta obra, son constantes las atinentes a la evocación de los padres -particularmente al padre- apelativas por lo general, como refugio, pedido de amparo y sostén frente a la orfandad que el poeta sufre. En modo alguno podría interpretarse como duelo sin asumir. Por lo contrario, por tratarse de la pérdida irremediable de una instancia genuina en la cual imperaban valores éticos, interpersonales, culturales y estéticos heredados cuya vigencia fue desapareciendo durante el transcurso de varias décadas para sumirnos en un caos regido por códigos ajenos a su identidad, formación y convicciones. Y en este sentido, hasta los objetos son portadores emblemáticos que concentran luz.

En “La biblioteca”, por ejemplo, un candil inicial y final vela, enmarca recuerdos tangibles e intangibles diversos. “Hay fotografías, amuletos, leves recuerdos de la infancia recuperando claridad”, que Carlos ubica en un presente vivo. En “Canon”, otro ejemplo, “El cigarro del padre/ anunciaba el secreto de la honradez”, y cuando el poeta cierra los ojos “aparece la madre llevando/ una sombrilla blanca de encaje”, alusión junto con el peinado descripto, a la femineidad y delicadeza. En ambos casos, los objetos connotan cualidades, valores intangibles.

Por otra parte, “el banco de la cocina” es objeto -la redundancia vale- de ensimismamiento y extraña unión de dos tiempos. Síntesis de vida familiar en la misma casa y lugar, testigos silentes. En apretada y mínima síntesis final, la vivencia real está expresada como “abismo”, “maledicencia” y “congoja”, de los que huye.

Obligada, creemos, la referencia al poema “Evocaciones”, uno de los más extensos. Seres presentes y ausentes comparten, desde otra puesta un presente eterno, que lo vincula con el sentido expresado en “El banco”. En este caso, las enumeraciones, sin duda causales, van sucediéndose precedidas por un acápite que firma Arseni Tarkovski, y dice “Existe solamente la realidad y la luz”. La afirmación final del poeta, colocada en bastardilla es una declaración rigurosamente inapelable: “La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales.”

Habría, por cierto, otros asuntos en los cuales detenerse y advertir sus enlaces con otros, como el diálogo intertextual de sus constantes. Las lecturas que depara este libro llevan además, puntualmente, hacia una instancia reiterada en toda la obra: el asombro o la perplejidad.
Actitud marcada a menudo e inspirada por la experiencia de vivir cuando prima la evocación en primer plano: “Sin ellos el mundo está sin límite/ Desde cada lugar solitario, los miro./ Los evoco sin fatiga, en terca plenitud./ En ellos la sombra que protegió mi infancia,/ esplendente libertad y fulgor. […] Permanezco continuo/ como una mano tangible. […] Así son los dioses terrenales;/ vuelan en entrenoches, sorpresivos. […] Vitales renacemos en sus voces./ Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.” (“Elegía”, pág.14)

Este asombro o perplejidad, es una constante que genera una suerte de presente advertido desde el “cristal de la palabra” en el silencio que establece orden al pensamiento del poeta cuando dirige su mirada interior hacia el cielo de Betanzos, ápice del sentido -creemos- desplegado en todos y cada uno de los momentos o poemas que constituyen su obra. Imperioso en “Los altos cielos” (pág.39), atento a lo que pasa y lo que permanece en “la luz sucesiva de la ausencia”, consciente de “visiones y emblemas de una casa”. Aún en pasajes diluidos, como es el caso del poema “Tonos” (pág.42), donde “Oscila el pensamiento […] Asoma y desaparece la ausencia/ sin perfume ni voz/ entre las piedras pulidas de los cuartos.” hasta consolidarse cual presencia en una imagen ritual “La frutera es un altar en la mesa de la sala.”

Por último, la flor presente en el título de este libro, tomado del poema homónimo (pág.67), la flor alta es misterio que se eleva en la luz, el aire, el sueño,el amor y la piedad unidos en su trasfondo. Comparte también la soledad en “Una rosa ácrata para Anselme Bellagarrige” (pág.21) : “Aquí estoy, solo en la calle/ con una flor mirando en la noche las estrellas homéricas,/ avergonzado de tanta oscuridad y tanto gesto inútil.” Un tercer poema, “Rapsodia del secreto” (pág.40), en su parte II contiene a la flor bloqueando un espacio reservado a los hombres de bien, a la paz. Leemos: “Desde el aire/ un país de niebla y expedientes, de bombos, demagogia y murga,/ revuela la memoria./ Ya no quedan imágenes/ para odios y niños secuestrados./ […] Pero una flor en la alta calle,/ que no concibe la maldad de los hombres,/ vela el nombre del reino.”

María Adela Renard
Buenos Aires, 17 de junio de 2011



lunes, 20 de junio de 2011

Se presentó "Calle de la flor alta"

Con palabras de María Adela Renard y lectura de Marcelo Bucossi, se presentó el último poemario de Carlos Penelas, Calle de la flor alta. Próximamente, videos y el texto íntegro de Renard.




viernes, 17 de junio de 2011

Anuario Brigantino 2010

Carlos Penelas será distinguido por segundo año consecutivo con una publicación en el Anuario Brigantino. La separata lleva por título Aldeas de la memoria, y cuenta con fotografías de Alfredo Erias.


El Anuario Brigantino es editado por el Concello de Betanzos, A Coruña, Galicia. Se trata de una revista de investigación histórica, artística, literaria y antropológica de ámbito gallego, en la que se incluye una sección con los acontecementos del año y las memorias de las entidades culturales de la ciudad. Su director es Alfredo Erias.

En 2009 se publicó, de Carlos Penelas, Poemas de un poeta hijo de gallegos. Pueden consultarse las ediciones anteriores en la página http://anuariobrigantino.betanzos.net

miércoles, 8 de junio de 2011

Presentación de "Calle de la flor alta"

Dunken invita a la presentación de Calle de la flor alta, de Carlos Penelas. El acto se realizará en el salón de la Editoria, Ayacucho 357, el viernes 17 de junio a las 19 horas.

Presentará la investigadora y profesora en Letras María Adela Renard. Leerá poemas Marcelo Bucossi.

Agradecemos la difusión de esta gacetilla.

domingo, 5 de junio de 2011

Homosexualidad, derechos humanos, revolución

Las únicas cosas que no tengo derecho de hacer
son aquellas que no hago con un espíritu libre
.

Max Stirner

Definitivamente estoy asqueado. Harto de engaños, distorsiones y proclamas. Vamos a ser breves, y, en lo posible, claros. Sabemos, de sobra lo sabemos, qué son las derechas. En qué consiste el pensamiento de derechas, diferente –por supuesto– al pensamiento liberal. Conocemos el fascismo, el nazismo, el nacionalismo y todos los ismos totalitarios de derechas. Conocemos el imperialismo yanqui, los bombardeos, la idea de libertad que suelen proclamar. Y las distorsiones permanentes. Vamos a ver, una vez más, las ideologías supuestamente de izquierdas. Que muchas veces se diferencian, poco y nada, de la derecha. Y que, además, nos quieren convencer que son progresistas, revolucionarias y hasta utópicas. Como si un campo de concentración estalinista fuera mejor que uno hitlerista. O si no hubieran perseguido judíos (olvidándose de Marx, de Engels o de Trosky) como los de raza aria.

Bien. Hay una posición que parece ser blindada. Hombres o mujeres que en algún momento de la historia tuvieron posiciones valientes, arrojadas y por supuesto libertadoras, por siempre – hagan lo que hagan – serán considerados héroes, patriotas o líderes para la eternidad. No importa las atrocidades que luego manifiesten, no importa los horrores que cometan, no importa si matan, roben, estafen o utilizan en nombre de los derechos humanos los más bajos negociados o traicione. No importa lo que digan o cómo se definan, tienen impunidad para amordazar, injuriar o distorsionar. Y todo surge, en gran medida, por poseer en el fondo de su conciencia, agazapado, el concepto de héroe, de patria, de líder. Son demagogos, populistas o seres de mala fe, de conciencia turbia con una encendida búsqueda de poder. No les interesa el modo, la forma ni las mutilaciones.

Se vive entre la ficción y la realidad. La Revolución Cubana, que derrota a Fulgencio Batista – seria largo enumerar circunstancias, historias, confabulaciones, complicidades – es recibida con fervor pues derrota a un tirano. Sí, desde luego, sostenido como tantos otros por los yanquis. Y amigo de líderes latinoamericanos que después no quisieron acordarse. Esa revolución, decimos, meterá en campos de concentración a homosexuales y drogadictos como una peste que asoma y no coincide con el cambio social y político. Treinta años después, cuando ya no pueden seguir sosteniendo ese absurdo, esa distorsión homofóbica y tan poco progresista, hablan de libertad sexual. Igual que cuando el jefe dejó el habano o cuando se lo juzgó a Heberto Padilla. O se lo acusó a Guillermo Cabrera Infante de agente de la CIA. Junto a ellos un coro de intelectuales, hombres de la cultura, pensadores del todo el mundo con una retórica lamentable llamaban a la unidad contra el imperialismo y la oligarquía en defensa de los avances revolucionarios, en contra de los agentes del imperialismo. En fin, otra vez más, patria o muerte. El pensamiento único llevaba a una formidable exclusión simbólica y política, una construcción imaginaria con premisas donde los “compañeros” tienen en sus manos la voluntad del pueblo y del Comité Central. El resultado de los sacrificios es para la eternidad, las modulaciones mesiánicas señala el avasallamiento. El tono épico y trágico continuará hasta que caiga el último burócrata. Y así, de señuelo en señuelo, engaño tras engaño, mistificación y aplausos. Soberbia e insaciable sed de poder. Acto de Ofrecimiento. Jacularorias. Trisagio Breve.

La izquierda clásica tiene como objetivo central el poder. De allí la diferencia con movimientos contra culturales o libertarios: éstas intentan formar un modo diferente de espiritualidad, de ética, de individuos. Con solidaridad, con búsquedas sin dogmas, sin ortodoxias partidarias. No son muchas las cosas que debemos saber para tener una posición contra el sistema. Basta estar contra el autoritarismo, las formas jerárquicas, vincularse en relaciones afines. De allí se parte. Ver luego la alienación existencial, todo un mundo – en algunos aspectos fundamentales no hay variantes entre finales del siglo XIX y comienzos del XXI - que son las faltas de libertades para realizarse desde un punto de vista antropológico. La hipocresía de la burguesía o la mediocridad continúan vigentes y solapadas. Aunque por momentos estén disfrazadas de progreso o envueltas en actitudes aparentemente libertarias. En el fondo de trata de un enfrentamiento cultural. Una cultura, la que propone el socialismo libertario, donde se intenta llevar a cabo un ideal de lucha por la bondad humana, un ideal de igualdad, una libertad personal en contra de leyes, cárceles ( de las del pueblo y de las otras) Estados y gobiernos que avanzan sin piedad. No es muy complejo entender esto.

Los gobiernos y los políticos tienen solución para todo. Por eso mienten. Discursos armados y montajes maliciosos, siempre. Usan al pueblo como propiedad privada, como parte de un partido, de un movimiento. Información fragmentada, mistificaciones continuadas. La gente debe reunirse y resolver qué desea, qué necesita, qué piensa. Por supuesto, antes debe aprender a desear, a pensar y a tener la necesidad de creación. Y a no temer estar solo. Por eso las revoluciones, tal como están planteadas, van al fracaso desde el inicio. No se quiere entender que los dinosaurios un día desaparecieron, como desapareció el Imperio Romano, la Inquisición o el franquismo. O como cayó el Muro de Berlín. Son distintas secuencias de una misma mirada. Ahí esta la clave: aprender a mirar, a ver, a distinguir. Aprender a aprender. Otra vez hablamos de jerarquías, de castas, de clases, de imposiciones, de ortodoxias. Debemos esperar, siempre debemos esperar. No importa las victorias, las proclamas ni los rituales. Hemos tenido, a lo largo de la historia, miles y miles de derrotas. Hablamos de moral, intentamos vivir con una ética en un mundo que la desconoce o la oculta. De crear una cultura desde otro lado. Sin autoritarismo, sin liderazgos, sin recursos escatológicos. Como escribió George Orwell: “Si la libertad significa algo, será sobre todo, el derecho de decirle a la gente aquello que no quiere oír.”

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2011

viernes, 3 de junio de 2011

Calle de la flor alta

Buenos Aires, 2011.
Editorial Dunken.
Con dibujos del autor.
Poesía.


Elegía

Sin ellos el mundo está sin límite.
Desde cada lugar solitario, los miro.
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud.
En ellos la sombra que protegió mi infancia,
esplendente libertad y fulgor.
Madre cruzando bandadas de pájaros,
volando junto a nubes, deslizante.
El hálito mágico del padre
repartiendo dones, regresando en partidas.
Permanezco continuo
como una mano tangible.
Me descubro colmando la mar
y la certeza del pecho.
Así son los dioses terrenales;
vuelan en entrenoches, sorpresivos.
En este sendero de ondas y alboradas
aprisionan luz, aire, talones.
Vitales renacemos en sus voces.
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

-----------------------------------------------------------------

La biblioteca

Sobre el escritorio vela un candil.
A mi espalda voces de héroes,
dioses paganos, palabras proletarias,
antiguos mármoles, música secreta.
Hay también anfiteatros, muros, catedrales.
Y museos, orillas sagradas con campesinos,
proclamas insurrectas,
la soledad del poema en las estrellas,
una delicada imagen de un film.
La plenitud de una escena,
heridas de la locura o del hambre,
una flauta implorante de bosques,
aquella galería de estatuas derribadas en el tiempo.
Hay fotografías, amuletos, leves recuerdos
de la infancia recuperando claridad.
Lenguas celtas, latinas, lagos interiores
soñando por las noches lo errático
del amor o la muerte. En cada página
la belleza del cuerpo, el abismo del mar,
el milagro del número, un misterio
de ritos impasibles y espejos solitarios.
En cada anaquel el fervor de los años,
el insomnio, un destino con umbrales y puertas
que ilumina lo invisible en caballeros medievales.
Oigo la lluvia, suspiros de amantes,
una transparencia de bestias fabulosas,
la calidez de dioses vivientes.
Sobre el escritorio vela un candil.

-----------------------------------------------------------------

Responso a una patria

Aún hay hombres que forjan ilusiones
en este río que llega hasta el ocaso
como agua sonámbula de musgos.
Aquí, en este territorio donde habito
se mezclan odios y ebriedad constante.
Hay muerte cotidiana,
una desatada locura que asfixia
desde una red sombría de desvelos.
Así, el color pálido de la intemperie,
yuyales, estambres hundidos
sobre mesadas o túneles ciegos,
una doliente historia de alfombras, de líderes,
de soberbia, de bombos miserables.
Y de muerte y de desaparecidos.
Nos rodea la injuria y el hambre,
la desnutrición, los espejos, los burócratas,
una encadenada costumbre que reitera
el extravío y el laberinto de cúpulas y torres.
Es difícil el silencio, la soledad, el crepúsculo.
Difícil la transparencia del poema,
el cristal invisible de la infancia
entre tanto quebranto aciago y mentira.
Entonces, los sueños llaman candelabros,
otoños, risas libertarias, el desorden de las aves.
Llegan en la soledad restituida
a horcaduras de la lluvia,
en ceremonias íntimas, amigos,
en ceremonias íntimas con la certeza del amor.
Tal vez el corazón
sea una súbita mirada de arboledas y brumas,
tal vez la verdad arrasada, el rencor sacrílego,
la piedad del humilde
sean la noche clara del indefenso.
No lo sé, de verdad, no lo sé.
Pero aquí estoy, perdido entre hombres heridos,
entre ciegos y deformes
que perecen en la calle y no lo saben.
Estoy entre miles de ojos indecisos
para evocar el idioma extranjero de mis padres,
las voces de mis hijos,
el idealismo necesario y rebelde de la amada.

Quizá todo sea una equivocada pasión de mi esperanza.

-----------------------------------------------------------------

Cartas

I
Llevo la fidelidad de aquellas almas
ilusorias, sensibles,
sueños prodigiosos, palabras recónditas.
Sin amparo, el hastío invade
con humillación y maldad.
Asciende a celebrar la muerte y la victoria.
Lleva el poder de lo inhumano.
Nos transformamos en estos seres ausentes,
solitarios, sin caridad ni perdón
perdidos en un amargo combate
de azar y redes prefijadas.

Una deidad extraña ama y destruye.

II
La vida es este sueño, anubado,
que fatiga los ojos de los muertos.
Una vivencia oculta de la infancia
sobre la profecía de los padres.

El eco de la piedra y de la sombra
ciega la brevedad del día.

III
Recién ahora son visibles los relojes,
las flores azures de la fatalidad,
el claro cristal que atesora penumbra,
la ficción que acuña tu destino.
Pero también la ferocidad del odio,
el abismo. Tarde descubrimos
lo absurdo del ensueño,
los hexámetros de amor, el abandono
de una alcoba alucinada.
Siento ahora el alivio que precede
la lluvia en el verano.
Y la furtiva presencia del mar
en las estrellas.

Taller literario