miércoles, 29 de julio de 2020

Presentación de "El jardín de Acracia"

Publicado por Editorial Reconstruir en 1990, El jardín de Acracia se presentó en la Federación Libertaria Argentina (FLA), el 6 de julio de 1991.


Presentó el libro el profesor Hugo Cowes, y leyó poemas Armando Equiza. Moderó Dardo Batuecas.

jueves, 23 de julio de 2020

domingo, 19 de julio de 2020

Transido de distancia


Amigos, observad estas palabras
que se alzan en la noche. Apenas rozan la luz
de un candil silencioso, desvelado.
Vienen de aquellos campesinos del exilio,
llegan de agonías, de mujeres humildes,
de caricias que sobreviven
en talismanes o miradas melancólicas.
Observad un momento cómo llaman,
cómo acarician frente y memoria,
de qué manera nombran la ternura.
Son palabras de un designio
que la amada no supo comprender,
palabras extraviadas en el aire, en el mar,
que están aquí, en este cuarto,
sobre esta mesa con papeles y libros.

Nos cuesta sentir tanta soledad y tanta urgencia.
¿E ti de quen vés sendo?

Carlos Penelas

Foto: Ruth Matilda Anderson

miércoles, 15 de julio de 2020

Nuevo apunte sobre lo poético

Ascensión furiosa es el poema; la poesía, juego de las orillas áridas
René Char

Foto: Annemarie Heinrich

En su ensayo Misticismo épico Vicente Fatone escribe: “El lenguaje es divino. Nosotros hemos desvirtuado su naturaleza, tornándolo pragmático y empobreciéndolo hasta convertirlo en un simple vehículo de las comunicaciones conceptuales. Hemos despojado a la palabra de su potencia mágica, restringiendo sus posibilidades en la adjetivación discursiva y renegando del verbo creador”.

A partir de las palabras de este hombre superior intentaremos dar una visión de lo poético. Lo hemos sugerido en varios artículos y en conferencias en torno a la creación. Por cierto, otros lo manifestaron con mayor belleza y claridad: el poema debe conmovernos, suscitar una lectura demorada e inteligente sobre los temas trascendentes: el amor, la muerte, la belleza, el destino. Es entonces cuando comenzamos a comprender, a percibir el lenguaje, la probidad, lo melancólico o lo sincero, la soledad. Descubrimos la eufonía de la creación, vale decir, lo agradable de la creación, la esencialidad de la palabra poética, su valor simbólico, su capacidad connotativa, que remiten a una consideración artística del hombre, del mundo, de las cosas. Hablamos de una particular visión del mundo que nos ofrece el poeta en su experiencia, en sus vivencias, en su creación; son los temas de una teoría del lenguaje poético, de lo lírico en particular. Hablamos siempre del lector digno, del poeta digno. Creo en la dignidad de la literatura, de la obra de arte. Algo que en nuestros días parece una insensatez.

Una anécdota que escribe George Steiner sobre Robert Schumann. Todos conocemos que en la historia de la música occidental es reconocido por su trayectoria, su genio. Se le preguntó al célebre compositor, pianista y crítico musical alemán – considerado uno de los importantes y representativos del Romanticismo musical – acerca del significado de una de sus composiciones después de haberla interpretado. En lugar de responder, el maestro se sentó de nuevo al piano y la interpretó por segunda vez. Las palabras no traducen lo semántico de una obra musical. El sonido es su respuesta. De igual forma sucede con la obra poética. La palabra poética reúne un amplio y heterogéneo campo simbólico, muchas son variadas imágenes que los seres humanos han construido de sí mismos.

Desde hace tiempo se especula con poses absurdas, con cierta petulancia, postulando un arte carente de valores, justificando lo injustificable. Se intenta definir o se intenta comprender el hecho poético desde la impostura. Seguimos escuchando a Pío Baroja: “La gente goza de tan poca fantasía que tiene que recoger con ansia unos de otros esos pequeños adornos de la conversación. Son como traperos o colilleros de frases hechas”. El arte contemporáneo, es como es, en parte por la industria cultural, en parte por el populismo, en parte por una ignorancia patológica. Por todo esto coincido con lo denunciado por Avelina Lésper cuando explica el “dogma de la transubstanciación”.

Uno de los mayores líricos románticos, Percy Shelley, escribió que la poesía es una profecía e intuición de la realidad última. Para Hölderlin - precursor del romanticismo alemán - la poesía fue el único designio de su vida. En él una alucinada búsqueda de lo divino y de la pureza en lo humano; el poema es una revelación, una propedéutica. En estos poetas, como en los grandes creadores, encontraremos los silencios rítmicos, la interioridad del tono, la calidad del sentido, la conciencia profunda de una poética.

Una vez más recurriremos a Johannes Pfeiffer: “Es verdad que tanto la poesía como la filosofía se contraponen a la conciencia idiomática de lo común y cotidiano, al no desentenderse como lo hace éste, de la oculta profundidad de la palabra". Más adelante: “En la poesía, por el contrario, lo esencial es vivir la palabras en toda su virginal plenitud de sentido y plasticidad: la intuición se eleva sobre la comprensión, la imagen sobre el concepto”.

El poema no argumenta, es la esencia de lo simbólico. Hay un tiempo interior y no todo lector está capacitado para vibrar en él. La experiencia poética es inefable. Heidegger nos aclaró hace tiempo: “El poeta, si es poeta, no describe el mero aparecer del cielo y de la tierra”. Y luego “…llama lo extraño como aquello a lo que se destina lo invisible para seguir siendo aquello que es: desconocido”. Y la voz de María Zambrano: “La poesía es la verdadera historia”.

Hay una artesanía de la palabra. En Introducción a la poética (Edición Domingo Tavarone, 2013) el profesor Julio Balderrama nos guía en un universo brindándonos ejemplos del misterio, del enigma, de lo inaccesible y lo simbólico. Ejemplifica su tesis a partir de Rainer María Rilke, Fray Luis de León, Giacomo Leopardi y Salvatore Quasimodo. También habla de lo poético como sentido filosófico, la poesía como una forma del conocimiento. La emoción recordada en el poema.

Al sentarnos en el sillón bajo la lámpara el poema nos dice que estamos una vez más ante el instante, ante lo fugitivo, aquello que es inaccesible. Perdura en una suerte de oquedad, de misterio, de inanidad: nacer y verlo todo. Plenitud. Recordemos – imprescindible - a Gastón Bachelard : “La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.” “…se diría que la imagen poética, en su novedad, abre un futuro del lenguaje...” Y una más “La imagen, en su simplicidad, no necesita un saber”.

El poema aspira a la condición de la música, forma y contenido son inseparables. La melodía es la estructura, a allí la emoción. Hay un carácter mimético en el lenguaje, una experiencia estética. En el poema el lector siente una visión del mundo pero al mismo tiempo una visión de sí mismo, una suerte de amor que inspira y envuelve. El poema es entonces un itinerario; conciencia e imagen. Asedia la trascendencia, la revelación, lo hondamente personal. Otra vez: plenitud.

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar
Gonzalo Rojas

Carlos Penelas
Buenos Aires, julio de 2020

jueves, 9 de julio de 2020

Cumpleaños



Aún no sé quién habita en mí.

Hay algo en el silencio, pero no sé.

Miradas, fotografías, relojes

amparando sombras o recuerdos.

También avatares, nombres

que están huecos, ausentes,

una cierta insumisión que me interpela.

Afronto el misterio, la voz de una mujer,

cierta melancolía en el cielo y en los pájaros,

el amor de los hijos en un parque.

Hay un lugar donde el padre sueña

una desazón, una alegría que roza

el mar, la libertad, el viento.

También algo insomne en esa plenitud

que teje alquimia, deseo, devaneo.



Carlos Penelas

Buenos Aires, 9 de julio de 2020

miércoles, 1 de julio de 2020

Presencia de Walt Whitman

“…Vago e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo 
sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío…” 
W. Whitman


Comencé a leer su poesía a los dieciséis años. Fue Canto a mí mismo en una edición de Losada. La traducción era de León Felipe, una traducción magistral. A lo largo de los años descubrí lo sagrado del cuerpo humano, el gozo de los cuerpos, la negación a los predicadores. Para León Felipe estos versos representan el momento más luminoso del poeta. En él están contenidos su doctrina y su mensaje y, de alguna manera, su autobiografía, aunque luego matiza afirmando que los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino.

A partir de ese momento continué leyendo y releyendo su obra. El deslumbramiento hizo en esos años que descreyera de cualquier otro autor. Leí biografías, críticas, diferentes traducciones. Ahora observo un libro que está apoyado sobre un atril al costado de la biblioteca. Es la versión de Hojas de Hierba con traducción de Jorge Luis Borges e ilustraciones de Antonio Berni. Una edición en rama; Juárez Editor, 1969. En el estudio crítico dice Borges: “Innumerables son los que han imitado, con éxito diverso, la entonación de Whitman: Sandbourg, Lee Masters, Maiakovski, Neruda…Nadie, salvo el autor del inextricable y ciertamente ilegible Finnegans Wake, ha vuelto a acometer la creación de un personaje múltiple. Whitman, insisto, es el modesto hombre que fue desde 1819 hasta 1892 y el que hubiera querido ser y no acabó de ser y también cada uno de nosotros y de quienes poblarán el planeta”.

Luis Franco fue quien me introdujo definitivamente en su obra. Comentándola, leyéndola, descubriendo su tejido, su vida, su respiración. Él me obsequió – retiró el ejemplar único de su biblioteca - la exquisita biografía de Henry Sidel Canby. Franco también me regaló Perspectivas democráticas, un ejemplar poco reconocido del poeta. Tal vez la obra en prosa más importante del autor, escrito en plena Guerra de Secesión, donde Whitman ejerció de voluntario y enfermero. No olvidemos que el célebre poeta catamarqueño escribió un libro inolvidable sobre la vida y la poética de Whitman. En El arco y la lira, Octavio Paz afirma que “la poesía de Walt Whitman es como la sístole y la diástole de un pecho poderoso”.

La visión de Whitman rompe los cánones de la forma poética y es generalmente cercano a la prosa. Utilizó imágenes y símbolos inusuales en poesía. También escribía abiertamente sobre la muerte y la sexualidad, incluyendo la prostitución. Whitman sentenció en el prefacio de 1855 de Hojas de hierba: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”.

La figura de este poeta inmenso va de la mano con hombres que fueron arquetipos de una nación, de una conducta, de una ética: Ralph Waldo Emerson, Abraham Lincoln, Henry David Thoreau y Herman Melville. Ellos representan un ideal, una fuerza cósmica, una mirada total del ser. Dijo Whitman: “Me he dado cuenta de que me basta estar con los que uno quiere, me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero, me basta sentir la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama”.

Tal vez unas líneas nos hacen comprender una época y un destino. En una carta de Henry David Thoreau a Ralph W. Emerson, otros dos trascendentalistas, leemos: “La muerte es hermosa cuando se la ve como una ley y no como un accidente”. Esa es la ley natural, que entre otras cosas, nos enseña Whitman. Su vida revive en su obra y nos hace sentir su universo al mismo tiempo que nos enseña ver, gozar, soñar junto a su vivencia. Su poética nos conmueve y transporta, es un autor clásico. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, aprendimos de Italo Calvino.

“Ese lenguaje ha parecido lascivo a los que son incapaces de entender su grandeza” (José Martí, 1887) “…cuya voz empieza a resonar por todas partes porque él es hoy el primer poeta del mundo, y ama a la humanidad con amor inmenso…” (Rubén Darío, 1888) “Sólo Nietzsche en algunas páginas alcanza su magnitud y vuelo lírico…” (Armando Vasseur, 1912) “Whitman, el único que abrió camino. Whitman, el único pionero. Y solamente Whitman. Ningún poeta inglés, ningún francés. Ningún europeo.” (D.H. Lawence, 1923) “…este poeta del amor, de la fe y de la rebeldía”. (León Felipe, 1941) “Son la inocencia y la magnificencia de un mundo nuevo donde las cosas aparecen en su rudeza o en su gracia inmaculada, maravilla de la humanidad…” (Luis Franco, 1945) “Los tres padres fundadores de la poesía moderna son Baudelaire, Gerard Manley Hopkins y Walt Whitman. El verdadero inaugurador fue Walt Whitman” (Erich Kahler, 1957)

Su poética es moderna, cree en lo fragmentario como en el todo, es cosmopolita, es ecologista y bucea en lo tecnológico. Nos habla “de los países contemporáneos”, del musgo y de los animales, de los barcos de vapor y las redes telegráficas. Atacó la esclavitud y defendió la igualdad. Su obra nos interroga permanentemente. Como manifiesta el poeta Eduardo Moga (1962) – traductor de Hojas de Hierba - “Whitman abre su léxico al lenguaje arcaico y al técnico, a los barbarismos y a lo coloquial, y también a las malas palabras, sin miedo al excremento ni al sexo ni a la basura ni al semen”.

No sería erróneo afirmar que es un poeta homérico, convoca al lector a ensalzar la conciencia del vivir. Es el primer poeta de la democracia norteamericana, sueña con una América que se hizo a sí misma con un espíritu torrencial, auténticamente emblemático y liberal. Su relectura nos lo muestra contemporáneo; el verso libre respira desde su yo trascendente.

La trayectoria de Whitman representa lo vital, la vida que se expande y nos expande, la libertad, la libertad interior; es un abismo pero también es la expresión del vivir, de la alegría. De la insubordinación, de la fraternidad. Su poesía, su voz, nos dice de la libertad política y del erotismo, de un erotismo universal que nos muestra el don del misterio y de la pasión. Es un hombre que habla de la felicidad, de la necesidad de ser felices. Su canto nos libera de la religión, de la política, de los dogmas y de la hipocresía de una sociedad. Whitman es un hombre libre y empuja a buscar en cada uno de nosotros esa libertad, ese principio que nos hace únicos en el universo. Señala la infinitud, el sentimiento; deja un legado inagotable a partir de su mito, de su utopía. Su voz provocadora es libertaria, como libertario es su tensión sexual.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de julio de 2020

Taller literario