martes, 28 de junio de 2016

España: elecciones, corrupción y populismo

Hay lectores abombados, profesionales, distraídos, estudiantes universitarios de una pobreza mental que es provocadora. Que quede escrito. No estoy afiliado al PSOE pero siempre lo voté. ¿Claro? Y en esta oportunidad volví a votarlo con más convicción. Una más. Para aquellos que corporizan el submundo del disparate o lo extravagante. La corrupción en Argentina es estructural, vivimos un submundo donde el robo, los crímenes, la corrupción es parte del poder, es parte del sistema, forma la organización delictiva de un gobierno, de un Estado. Cualquier catarsis en torno a esto es absurda. En España hay ministros, jueces, funcionarios, empresarios o sacerdotes que son corruptos, pero no es una estructura social, política y económica.


El triunfo claro del PP no es explica si no tenemos en cuenta el hartazgo, la parálisis política, las turbulencias, el desempleo, barrios señoriales, la injustica social, Trump, el Brexit, ciertas corrientes marcadamente de derecha, la xenofobia y sobre todo el populismo. Los buenos modales van por un lado y la corrupción se les pega. Lecturas posibles, entonces, lo mimético o la ironía. ¿Fueron votantes o ciudadanos, por qué tan pocos? Tal vez leamos a través de cábalas, ilusiones y conjuros. Pero veamos más de cerca la parodia y la caricatura de la izquierda de Podemos.

Podemos tiene como objetivo destrozar al PSOE pues ellos son los auténticos revolucionarios. Universitarios, inteligentes, cultos y progresistas. Critican –por supuesto con muchas asignaturas sensatas y razonables– la trayectoria y la actitud del PP. Por supuesto que en los últimos tiempos el PSOE se equivocó, y más de una vez fui crítico de ello. Pero hay diferencias, empezando con los objetivos y la soberbia de estos guerrilleros del primer mundo. Tienen como modelo el chavismo, el peronismo y la otra variante del peronismo que en los últimos años se llamó kirchnerismo. Les interesa ese estilo de vida. Escuchan a Forster pensando que es un filósofo y a Kicillof creyendo que es un economista. Ambos de formación universitaria, nac and pop. También chavistas, marxistas, maoístas y tercermundistas. La ensalada completa, falta el botín de guerra. Como ideólogo tienen a un filósofo de envergadura: Ernesto Laclau. Un pensador a la altura de Kant, San Agustín o Proudhon. León Trotsky y Rosa Luxemburgo deberían haber abrevado en sus páginas, una lástima.

La secuencia es previsible. Hay que esperar los mercados, las elecciones en EE.UU., la lentitud de los ingleses en definir centros imperiales. El PP está agotado pero supo ver a la Unión Europea, el sistema da para poco más. Leamos desde otro ángulo: lecturas de fachadas, ideologías de souvenirs, blanquitos y no mestizos. Luego podemos analizar otras perversiones: un Papa peronista, vericuetos y mala leche política, caballeros dispépticos y confundidos. Luego vienen los énfasis, los silenciados, los confusos, los afónicos y los gangosos. Desde el poder se sigue vendiendo esperanza.

Un ejemplo para otra lectura. Argentina perdió ayer la final contra Chile. El primer partido ganamos sin que jugara Messi. Messi en el banco y ganamos. Ahora con Messi en la cancha perdimos. Y se jugó pésimo, sin estructura de fútbol. Los mitos son siempre de derecha: Stalin, Mussolini, Fidel, Mao, Somoza, Perón, Porfidio Díaz, Kirchner, Chaves, Franco, Evita, Vargas… son siempre fascistas, de izquierda o de derecha. Por último el penal que Messi elevó a las estrellas hay que comprenderlo desde lo psicoanalítico. Juega en otra selección: el Barcelona. El arquero chileno es el arquero del Barcelona. ¿Lo ve? Este penal Bertoni no lo hubiera errado.

¿Entiende cómo van siendo las cosas? A tragarse el sapo en la teatralidad de los monólogos y los susurros. Los intelectuales conversos de esto saben un rato largo. Fútbol y política, no se olvide. Miremos a Bruselas, cuestión de táctica.

Carlos Penelas
Buenos Aires, lunes 27 de junio de 2016

jueves, 23 de junio de 2016

El extraño caso del tío envenenado

El exceso es un veneno de la razón.
Quevedo

Hace dos meses, aproximadamente, un amigo (que no es un sicofante) me comentó en El gato negro -el único café que sobrevive con estilo en esta ciudad maltratada por vendedores ambulantes, desocupados, lúmpenes, borrachos, piquetes, prostitutas, rufianes y manifestaciones surrealistas- que el tío había sido envenenado. “Lo quiso matar la mujer, me dice sonriendo. Imagínate que clase de tipo es.” La historia es conocida entre los conocidos que la conocen. No tiene sentido dar más datos, por supuesto los tengo. Y prolijamente anotados; no como las facturas de teléfono, de luz o de gas. No, no lo quiso matar con gas.

El tío desconoce al inspector Maigret y en su puñetera vida escuchó mencionar a D.J. Marlowe, el autor de El nombre del juego es muerte. Creo que la ignorancia del tío – como la de doña Pata – no tiene límite. Sus sobrinos (epígonos defectuosos) son parte del reflujo y de la sacristía. Ignora quién fue Alejandro VI (Papa Borgia), Claudio, Sócrates o Séneca. Ignora las propiedades alucinógenas, la ponzoña, la cicuta, la amanitas phalloides, el arséncio, el cloruro de potasio o las setas. La fineza, la delicadeza lejos de su ex mujer, la Vaca o la Potranca Estreñida según Daisy... Tal para cual, según el comentario de mi amigo que lo conoció en la intimidad. Bueno, es una forma de decir. No pasaba del veneno para ratas. Y barato. “Son brutos, Carloncho, gente con peculio pero brutos. Además son resentidos, egoístas, celosos, desconfiados. Y rápidos para la estafa, para los negociados. Viven tramando inquinas.”

Usted recordará, caro lector, que me pidió conocer ésta historia. Fue a partir del artículo que escribí sobre el tío y sus sobrinos. En verdad el tío (cara de pato, voz de pato, camina como pato) es un hombre que le fascina contar sus dramas. A él como a la pata les encantan victimizarse. Son felices hablando de la infelicidad, del dolor, del drama, de operaciones, de hospitales. Y del dinero, de cómo sufrió ganando dinero. Tiene fortuna mal habida -ya lo dijimos- es avaro, feo, ruin, calculador, impiadoso, oportunista, eficaz en el comercio. Pero le gusta hablar de sus desgracias. Y al poco tiempo de conocer a alguien le cuenta la historia de su envenenamiento, de los abogados, de las traiciones, de la soledad, de su fortuna, de sus departamentos, de sus garajes, de sus salchichas con puré, de su bondad, de sus placas de bronce. Con orgullo, sin sonrojarse, nombra banqueros amigos, dictadores amigos, bellacos amigos, intendentes amigos, curas amigos. Y aparece Daisy, la pata. Y habla y habla y habla, hasta el cansancio. La pata sabe todo de todo. Y ella cuenta palabra por palabra como son los hechos. Disfrutan, nombran gente que no conoce nadie y disfrutan. A veces se ponen serios y sonríen y se tocan las manitos con ternura. Y se roban el edulcorante de la mesa.

Para el tío su ex mujer fue una especie de Irma Grese, Katherine Knight, Elizabeth Bathory y Mary Ann Cotten. Todas juntas. Según un amigo de mi amigo – lo encontramos una mañana mientras caminábamos fumando una pipa por Puente Alsina – la mujer estaba harta de su mezquindad, del monedero que le dejaba en la cocina para las compras de la semana, su patológica sed por los morlacos, por el pan recalentado y la pizza que comía con gaseosas abiertas y vueltas a cargar con soda. Las rapaces hijas también. Entonces decidieron envenenarlo. Compraron en la ferretería de la vuelta de la casa un paquete de un kilo de Bromadiolone. Y otro de dos kilos de Rodilón. Mezcla que te mezcla, hicieron hervir la olla con detergente y un poco de chorizo colorado, dos cucharones de harina, cebollitas de verdeo, un morrón rojo, queso fresco, dulce de leche, le agregaron lavandina y cebollas, una pizca de sal gruesa, un poco de vino blanco, un vaso de agua oxigenada, tres hojas de castaño enano, una rama de sasafrás, cinco cabezas de ajo y dos limones sin pelar. Pusieron una banana y exclamaron: “A tomar por culo”. Hicieron hervir el potaje durante una noche de luna llena. Se cortaron las uñas de la mano izquierda, se pintaron el pezón derecho de rojo, dejaron las bombachas colgadas de las canillas del baño. Las tres hijas (dos fueron de otro hombre, un tabernero ebrio y marginal) y la madre cocinaron con imaginación. Con el resto – se consumió mucho – hicieron café, cuatro empanadas, una masa para faina, cinco galletitas y una tarta de membrillo.

A los dos días – un sábado de lluvias- sirvieron la mesa, pusieron un mantel de hule con florcitas, una fotografía de un negocio de rulemanes, se peinaron como para ir a un cumpleaños de quince, cantaron una vieja canción cordobesa que escucharon por la televisión, se levantaron las faldas y se miraron al espejo. Sonriendo, le sirvieron el manjar al tío en fuentes de plástico y cubiertos que roba en los aviones. El tío, irritado, preguntó: “¿Cuánto costó esta cena, son locas o qué? Me lo voy a comer todo”. La familia aprobó. La esposa -amante y fiel compañera- se quedó mirando como comía el tío, con qué apetito, con qué ganas, con qué felicidad. La voracidad y la gula le ganaban. Luego eructó bajito, se puso el pijama de casamiento y se acostó en su cama de pato. Durmió como un lirón. Las hijas y la madre fueron a la caja fuerte para sacar papeles, comprobantes, dólares, euros, monedas de oro, tarjetas de crédito, facturas, recibos desde 1932 hasta la fecha... Pero el viejo Patilludo lo había escondido en el fondo de un terrenito que compró clandestinamente en Dock Sud, al lado de un gallinero, frente a un terraplén donde duermen cirujas. En bolsas de residuos y papeles de diarios guardaba todo. Hacía pozos y guardaba las bolsas del consorcio con rupias, fotos y comprobantes. El ingeniero y el hombre de camisa blanca lo habían ayudado.

Luego vinieron los juicios, los abogados, la pata Daisy, los sobrinos, la venta de departamentos. Lavó todo dentro de la ley. El tío es inmortal, como Uncle Sam. El tío - me acaba de decir por teléfono mi amigo - es un ser despreciable. Me hablaba desde La Coruña, a punto de viajar a Londres. Mi amigo nunca lo quiso.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2016

domingo, 19 de junio de 2016

Homenaje a Favaloro

El martes 21 de junio, de 13 a 14 horas, habrá un programa especial en Radio Zónica, dedicado al Dr. René Favaloro, conducido por Guillermo Daniel Balbi. 


Estarán presentes como invitados especiales los doctores Mariano Favaloro, Mario Racki, Fernando Boullon, y el escritor Carlos Penelas. 


La radio puede escucharse on line aquí: http://www.radiozonica.com.ar/

viernes, 17 de junio de 2016

Presencia de Leopoldo Lugones

En mi juventud conocí a Luis Franco. Junto a él crecí, me formé intelectualmente, participé de una ética, de su generosidad sin límite. Franco me hizo amar y admirar con tenacidad la obra y la trayectoria de Domingo Faustino Sarmiento y la de Leopoldo Lugones.


En Argentina la barbarie, el populismo, la pereza mental, la imbecilidad y el dogmatismo hicieron que su decadencia llegara a límites inimaginables. Nos resulta sencillo advertir en lo cotidiano la impunidad, la insolencia, la corrupción, la incultura o el pensamiento extravagante. Y las poses banales de muchos artistas e intelectuales.

Hablar de Sarmiento y de Lugones es mencionar a los dos escritores mayores de nuestra historia literaria. Si pensamos en Lugones decimos Rubén Darío. Entonces, inevitablemente, llegan las voces de Luis Franco, Ezequiel Martínez Estrada, Horacio Quiroga, Samuel Glusberg. Decimos estética, sensibilidad modernista. Y decimos Víctor Hugo. Su obra – es válido recordarlo – excedió los límites del movimiento modernista. Es la figura central de nuestra literatura con proyección continental.
Lugones, como poeta trasciende “inagotables recursos verbales y pictóricos” afirma Rodolfo Walsh. Introduce el cuento fantástico en nuestro país. Junto a su nombre José Martí, José Hernández, Guillermo E. Hudson. Para ser claro: Lugones es más que un escritor, es un arquetipo y una compleja literatura.

Los crepúsculos del Jardín (1905) y Lunario sentimental (1909) alcanzan para señalar la atmósfera refinada, la elegancia y la originalidad creadora. Precisión y belleza. Recoge el simbolismo, experimenta el misterio en Las fuerzas extrañas (1906) y es además precursor de la literatura breve en nuestro país.

El profundo estudio que hace de Sarmiento y de Hernández pone sobre el tapete la eficacia, el rigor, el emblema de nuestra identidad cultural. Lugones, debemos recordar, se opuso al antisemitismo que muchos intelectuales y escritores de su época profesaron. Una cita de Leonardo Castellani: “Lugones fue condenado por el país a ser autodidacto”.

Una genialidad – admirable, único – Yzur (1924) enlaza mitos clásicos con la pseudociencia. Un relato equiparable a un cuento de Edgar A. Poe, H.G.Wells o Villiers L´Isle Adam. Lugones personifica la imagen del intelectual-escritor. Sin él no se concibe la literatura argentina. Su dimensión abarca una memoria. Paradójicamente se lo critica sin leerlo, sin comprender un sentimiento que rebasa la veneración. Sus cambios ideológicos y temperamentales – del anarquismo al socialismo, del socialismo al golpismo – son ajenos a su talento creador. ¿Qué hacemos, entonces, con Richard Wagner, Ezra Pound, Céline o Leni Riefenstahl?

Leopoldo Lugones fue un gran conocedor del mundo griego, de la Grecia clásica, de su mitología, de su poética. Ejemplo de ello son sus ensayos Estudios helénicos (1923), Nuevos estudios helénicos (1928). Tampoco fue ajeno al horizonte científico, a la epistemología de la ciencia. “La escuela democrática debe estar dominada por el método científico”, recordó en más de una oportunidad.
“Decir que ha muerto el primer escritor de nuestra república, decir que ha muerto el primer escritor de nuestro idioma, es decir la verdad y es decir poco”. Eso escribió Jorge Luis Borges en la revista Nosotros por la muerte de Lugones.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 16 de junio de 2016

lunes, 13 de junio de 2016

El tío y sus sobrinos

El Paular tiene un poeta;
Rascafría, un boticario;
El autobús, avería;
En todas partes hay algo.
Francisco Vighi (1890-1962)


El tío es un pato. Camina como pato, come como pato, habla con voz de pato. Con sus sobrinos caminando en la ciudad parecen la Armada Brancaleone. El tío come pizza y tira los carozos de las aceitunas en el platito del pocillo del café. Come pizza con los cubiertos aferrados y los codos abiertos. El tío es un ser primitivo; tosco y primitivo. Pero astuto, calculador, tortuoso. Mi padre diría que es un perillán. No se le puede hablar de Kurosawa o de Satie. El tío entiende de negocios, de inversiones, de intereses, de pérdidas o ganancias. (Ahora parece que tiene algo flojo en el marulo, por la forma de mirar, por la forma de tomar los cubiertos). El tío sabe que gastaría tiempo en sus ocupaciones si algún día entrara o entrase a la National Gallery o le hablasen de Bronzino o de Lely. A él le brillan los ojos cuando le hablan de inversiones, de bares, de taxis. Y de pizzas. El tío usa una corbata de los años 40. Perdón, una corbata de hace cuarenta años. Y una chaqueta de lana comprada en Emaus o en una tienda suburbana. El tío es avaro, avarísimo, mezquino. Lo imagino como al tío Patilludo (llamado años después Rico McPato) pero sin galera. Es especulador, ambicioso y reaccionario. Camina como pato, come como pato, habla con voz de pato. Mi padre -si lo hubiese conocido- diría que es un orate, un patán.

Como es mezquino se victimiza. Entonces es patético. Es patético porque, además, no se parece a Gerard Philippe o a Clark Gable. Triste, pero cierto. Me olvidaba. Al cortar la pizza se le escapa la mozzarella del platito, la levanta con el dedo o con un mondadiente y la engulle. El tío es elemental, con mucho dinero en monedas, en billetes, en bonos, pero elemental. No le hablen de Mozart ni mucho menos de Salieri. No olvidemos nunca que el tío es reaccionario. Cree en todo lo que un reaccionario debe creer: en el Ejército, en la Iglesia, en el Rey, en los Ministros, en la Cámara de Empresarios, en los Bancos, en las Financieras, en los palos de la Policía. En la patria y en la sagrada familia, claro.

El tío patoso tiene una pata. A la pata la llama Daisy. La pata está un poco pirucha, parece haber salido de un concurso o fiesta de un neuropsiquiátrico. Según un amigo es un bagarto. No sabe de ridículos ni de rebecas. También tiene sobrinos. Los sobrinos son obedientes, sumisos, apocados. Él les paga, con comida o con dinero de otros, pero les paga. Y los sobrinos obedecen, bajan la cabeza, dicen sí, tío o dicen no, tío. De acuerdo a lo que el tío les ordene. Los sobrinos son propiedad del tío.

(Tengo un cuaderno de apuntes que no se me ocurre, ni caú, mostrarle al menda. Allí anoto palabras que se pierden, anécdotas, frases. Leo: “ratambufa, retambufa, manfloro, mariconzón”. Leo: “marinero que embarca carne por popa”. Últimas: “abatatado, adelaidas, soundtrack, Laudato si, bolainas, “tolongo”, “caté”).

La pata del tío – Daisy – quiere ser vedette, artista, famosa. Y el tío paga todo con los intereses de sus rentas. La pata es vulgar, frívola y parlotea a diestra y siniestra, sin ton ni son, abruma con su voz gangosa. No sabe arreglarse, no sabe caminar, no sabe vestirse. (A veces parece que se dejó el chaleco de fuerza en la cocina). Sin buscarlo, es parte de la estrategia del mal gusto pero se cree Madame de Pompadour. A veces quiere ser artista plástica. El tío le paga a alguno de sus sobrinos para que pinte cuadros al gusto de su pata. Ella los firma y hace una exposición. El tío la abraza, los sobrinos aplauden y los socios sonríen. La pata quiere ser fotógrafa, descubrió a Cameron y, de una noche para otra, quiere hacer una exposición de perros chihuahuas. Otro sobrino saca fotos de un Golden retriever o de un Husky siberiano y se monta la exposición. La pata, feliz, en la noche de la presentación explica la historia de la fotografía. El tío y la pata forman una pareja desopilante. Son astutos, no inteligentes. Viven el extravío y la picaresca, no la duda. Pero no desespere, caro lector. En breve llega Patomas, también llamado Super Pato. Y colorín colorado este cuento se ha terminado.

Para ser hay que mirar y hay que saber.
Luis Rosales

Carlos Penelas
Junio de 2016

domingo, 5 de junio de 2016

Delfos

En mi infancia venían familias y amigos a cenar. La vida estaba en el latir del corazón. No existía el tedio; el reloj de pared una cadencia de la memoria. Ahora llegan mis preguntas, las respuestas tardías. Es cuando debo comprender mi oficio, la piedad de los días. Es cuando sabemos que la inocencia crece en espacios sin puertas, en la gravedad del sueño, en el alba que lanza su sombra entre los pájaros.

Foto: Edward Steichen

(En mi infancia venían familias y amigos a cenar. Amigos de mis padres o de mis hermanos. Llegaban los Thibault, la familia de Pascual Duarte, Victoria de los Ángeles, el príncipe Kropotkin, Axel Munthe, los hermanos Karamazov, Beniamino Gigli, Pettoruti…

Llegaban en las noches abiertas, en la luna nocturna del invierno. A veces hablaban de los partisanos o de Auschwitz, de ciudades lejanas, de Breogán.

También hablaron de Boneco, del Ferrocarril del Sud, de Crucecita. Eran voces que unían al mundo y más allá de este mundo; había proletarios y malvados. Alegraban la soledad, la cosmogonía del alfil, el temor y el encanto en círculos de luz).

Ahora enciendo aquellas plenitudes, la arrebatada música, el sosiego profundo, la ira, la mansedumbre incierta de las velas. La barca, los faroles, la espuma en la voz órfica del viento.

Es inescrutable el alba en ese antiguo olor de la cocina; un universo profético que roza la eternidad. Como al acróbata en el trapecio un peligro invisible nos convoca.

Carlos Penelas
Junio de 2016

Taller literario