martes, 23 de marzo de 2010

Sudestada, Radowitzky

La edición de abril de la revista Sudestada está dedicada a Simón Radowitzky, "un mito anarquista". Escribe Carlos Penelas.

La historia del vindicador libertario que atentó contra Ramón Falcón. Dos décadas preso en el infierno de Ushuaia y un invencible sueño de libertad. Opinan Alejandro Marti, Carlos Penelas y Roberto D. Fernández.

Además, dossier Uruguay: El Sabalero, Mauricio Rosencof y Felisberto Hernández. Revista Cultural Sudestada: www.revistasudestada.com.ar

jueves, 18 de marzo de 2010

Identidad y compromiso

¿Qué piensa de aquellos que fueron arrojados en una cuneta? ¿O de esos otros enterrados sin notificar ni a la familia ni a nadie? ¿Qué piensa de las fosas comunes, del ocultamiento, de los desaparecidos? Con la mano en el corazón, ¿De qué lado está? ¿Son progresistas ciertos caballeros o intelectuales que desean evitar asperezas? Días pasados lo conversé con mi querido amigo y cantautor Laureano López Lois. Hablamos del juez Garzón, de los medios, de posiciones deshonestas en muchos señoritos que la “van de progre”. Nosotros seguimos hablando de “terrorismo de Estado”. Ustedes, no sé. Aquí, más de una vez -hace de esto treinta años- he gritado en las manifestaciones: “Aparición con vida y castigo a los culpables.”

El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo, me confesó un mediodía Saint-Exupéry. Nadie elige a sus maestros ni a sus ancestros. Descubre que los tiene, una noche en el alba de su vida descubre que los tiene. Y que ejercen una fuerza indiscutible. Decisiva. Porque los ancestros no influyen en uno: nos constituyen. Como los maestros. Uno se da en el acto de amar, independientemente de la posteridad amorosa. De igual manera ocurre con el compromiso, con la honda creatividad en un poema, con la ofrenda de nuestras raíces. Al hombre que ignora quién es, sus semejantes pueden brindarle consuelo. Pero el que sabe quién es, se afirma y difunde su ser. A pesar de las vacilaciones y las incertidumbres.

Un poeta no adquiere su condición de tal sólo por un libro o por una línea. Su obra moviliza impresiones, nostalgias, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimos, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano.

Como siempre, han salido oportunistas a hablar de sus raíces. Y hasta del compromiso social. Han llegado a decir, y nadie respondió, recordando la Guerra Civil Española, que Madrid era “el campo de batalla perforado por los bombardeos, asediado por las razzias y las venganzas de uno y otro bando”. Discúlpenme, compañeros, hay cosas que indignan, que causan malestar. Me irritan. Mi irritan hasta golpear el puño contra la pared. Uno sigue siendo antifascista, antiautoritario. Sobre ciertas cosas no se discuten, sobre ciertos principios no se negocia. Uno tiene una identidad que incorpora a su conciencia. Si no se sabe, si no se conoce, si sólo se tratan los temas con superficialidad, si no se vivió de verdad el desarraigo, la persecución, los desaparecidos por el terror franquista (unido a las posiciones más retrógradas del clero y toda la derecha española) lo único que daremos es una visión edulcorada, una mirada supuestamente académica. Eso pasa en España o en cualquier lugar del mundo. En Argentina o en Chile, en China o en Irak.

Nuestra identidad se completa con Galicia. Y con España, naturalmente. Y luego con Italia, con Irlanda, con Escocia, con Uruguay… Uno es un ciudadano del mundo, aunque resulte antiguo y hasta infantil definirse de este modo. Pero es una realidad: soy la sombra de mi padre, la cara invisible de mis abuelos, aquello reprimido u olvidado por los que se quedaron, por los que quisieron olvidar o distorsionar las cosas. Por eso mi presencia molesta: soy lo reprimido que vuelve, soy el regreso de don Manuel, el regreso de María Manuela, el regreso de don Pedro, el regreso de don Tomás. Las voces del silencio, la mirada que cuestiona, el oído atento a las murmuraciones. En mi están ellos, y están para contar, para hablar de otras historias, de otros desaparecidos, de otros fusilados, de otros exilios. No los únicos, pero estos también recuerdan traumas y cicatrices. Alcanzan -querido lector- las comodidades del progreso, el consumo del presente. Lo siento. Soy el hijo externado, el hijo exterior. Deben mirarme, soy de la misma sangre pero nací en el exilio. No es una condición sencilla la mía. Porque ahora ustedes deben preguntarse: ¿Quiénes somos, realmente? Y éste, ¿quién es? Y una más ¿Ante quién y para qué soy? Y ustedes ¿Cómo viven sin mí?

No tengan miedo, quiero decirles que sólo soy un poeta, un hombre que divaga como un adolescente sin saber en realidad de aquello que hablan -con el ceño fruncido- los hombres importantes. Soy, si se quiere, un anarquista aristocrático. Tengo hábitos austeros, carezco de deudas, me arreglo con lo indispensable. No sé manejar, por lo tanto no tengo automóvil. No pido herencias, no reclamo nada. Afortunadamente soy casi un desconocido. Además, mis padres me enseñaron a ser tenaz, a ser solidario, a ejercer la libertad. Y que el dinero es secundario, sólo los afectos y la conducta importan. No me tengan en cuenta, mi palabra no vale. Para eso están los funcionarios, los embajadores, los obispos, los financistas, los generales. Y los moralistas.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010

jueves, 11 de marzo de 2010

El banquero anarquista o las preguntas de Carloncho

Antes no dejaban a nadie pensar con libertad.
Ahora está permitido, pero ya nadie es capaz de hacerlo.
Hoy la gente quiere pensar sólo lo que se supone
que debe pensar, y a eso lo considera libertad.
Oswald Spengler

No es fácil, lector, releer a Spengler. No es fácil en estos tiempos. Mi amigo Eduardo Pérsico, muy buen narrador, continúa leyéndolo. Seguramente usted tiene ciertos resquemores, ciertos prejuicios. (No de Eduardo, sino de Oswald.) Comprender algunos hechos sociales o políticos es dificultoso. Ni hablar de un acto estético; es más complejo, más profundo. En fin, que todo populismo termina siendo de derecha, termina siendo reaccionario. Hay bibliografía, bibliotecas enteras. Además, por si quiere seguir haciéndose el distraído, esa posición puede ser de derecha o de izquierda. Hubo campos de concentración en Alemania y hubo campos de concentración en la Unión Soviética. Otro amigo me reitera: “Tenés que ver que posición adopta el Partido Comunista, si te ponés en la otra vereda no te equivocás nunca. Ellos mearon siempre fuera del tarro.” Puede ser, puede ser. Sobre todo que ahora dirigen un banco propio. No se diferencian del Banco del Espíritu Santo. (Deberíamos releer El banquero anarquista, de Pessoa.) Deberíamos, de todas maneras, repasar la polémica de Rosa Luxemburgo con Lenin. Y las posiciones de la Primera Internacional. Textos póstumos, sin duda. Ese es un tema preocupante -no dudo- para ciertos intelectuales conversos.

Viejo dilema: civilización o barbarie. Desdichada memoria la nuestra. Caudillos con poncho y caudillos con levita. Una supuesta izquierda progresista, una izquierda cholula, un elitismo iluminado, una clase media acomodaticia y complaciente, un laicismo señorial, una crispación higienista. Y señores y señoras que opinan del universo y sus alrededores. Y un periodismo cada día más empobrecido, como el fútbol. (Que negocio, ¿no?) Detrás corrupción, mesas de dinero, chantaje, hoteles faraónicos, la revolución desde el caldo populista. (¿Está dentro de la ley? Sí, señor. No, señor. ¿Pues entonces quién le roba? ¿Usted votó? Si, señor, si señor. Pues entonces ¿por qué grita? ¿Yo, señor? Sí, señor…etc. etc.)

Presunto canibalismo, influencias borbónicas, iconografías despintadas. Crucifijos, embarazos, abortos, mutilaciones, engaños. Da asco, una y otra vez. De verdad lo digo. Al leer el diario, al escuchar la radio. ¿Es nuevo? No, viene de siglos. Caballeros, viene de siglos. Lean a Quevedo, lean a Calderón. Y la señora que se pinta y se pinta; y habla que te habla. Peor que Gila. Hay que tomar medidas moralizantes, dicen los caballeros de la mesa redonda del asado criollo. Mafias poderosas, proliferantes, comparsas folclorizados. Sin malicia, señores, sin malicia. ¿Ditirambos, flatulencias, intelectuales orgánicos al poder? Los monaguillos corren ante el altar. Benditos sean los poderes de la patria. Y bendito el nombre de los jefes espirituales. Y las villas miserias y el dengue y el hambre y la pobreza. Bendito sea todo en nombre del Señor, del Rey y de la Ley. Y de las divas que entienden de gramática, de filosofía, de geología, de cinematografía y de economía. Amén. Lentejuelas, proscenio y cunetas. Aplausos, epílogos. (Aflojale que colea.)

No hay discurso que alcance. No hay sinécdoque ni graffiti urbano que logre comprender lo incomprensible. Ellos mismos hablan de libretos, de “aparatos cuasimafiosos” y citan a Coppola o a Mario Puzo como si fueran parte del guión de El Padrino. (Y no están muy equivocados. Son iguales.)

Licio Gelli fue condecorado por nuestro líder eterno. Nada menos que un agente de la Italia fascista y de la CIA, vinculado a sectores del General Francisco Franco -por la Gracia de Dios- y amigo personal del propio general Juan Domingo Perón. Licio Gelli, entre otras cosas, miembro fundamental en la Operación Gladio. Y Calvi y la Logia P2. En fin, cosas sin mayor importancia ante sloganes como cipayos, masones, tercera posición. O aquellos angelicales: “patria si, colonia no”, “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. Y aquel enternecedor “mañana es San Perón”. Una fe, una procesión, un santuario. Historias lejanas, de medianos del siglo XX, leyendas patéticas, resúmenes escolares. Nadie las recuerda, nadie sabe quién fue Aloé o Lobel. Patón Basile es un niño de pecho.

El derrotero de cada peronista tiene signos importantes: son traidores, leales, catastróficos, feligreses, matones, héroes, barones del conurbano, patoteros sindicales, empresarios non sanctos. ¿Un grotesco criollo, Armando Discépolo? Podemos seguir: intensiones ocultas, negociados y trenzas, maquillajes públicos, discursos con champagne y milanesas. Aprietes y malversación.

A veces pienso que Almodóvar creó el sainete nacional. Además hay que sumarle nuevos protagonistas que bailan y se divierten entre travestis, magos, saltimbanquis, mayordomos y ventrílocuos. Ahí se nos vienen los arrinconamientos, las reticencias, los desdenes y las humillaciones. (Señores, damas y caballeros: se venden escarapelas a precio de liquidación. Tres al precio de una, cinco al precio de una. Diez y cerramos.)

Una historia folletinesca con diarios canónicos y barras populares, con rezos y braguetazos, con abstenciones revolucionarias y miserias de unidades básicas. Y comités que se hunden y reflotan. La Armada Brancaleone en pleno delirio. Viva el pueblo y la revolución, vivan las treinta y cuatro verdades de las cartas, que somos compañeros de ruta, que apoyamos críticamente. (Esto lo escuché de niño).

Nada por aquí, nada por allá. Y aparecen las chequeras, los departamentos en Puerto Madero, los nuevos ricos con los nuevos pobres. Vivan las intendencias, los chóferes y las botineras. Desde el Poder las chicas de Divito. Pobres, nada les queda bien (ni los corpiños ni el peinado ni el teñido ni el botox ni el cinturete ni los escotes ni las piernas fofas). Los muchachos legisladores con trajes italianos, de marca, y zapatos al tono no saben llevarlos (parecen de la hinchada de Boca o de la Guardia Imperial), tienen el aspecto de un luchador con un frac. Ahí viene Primo Carnera, ahí regresa El Hombre Montaña. Y El Caballero Rojo, ex diputado, ex preso, ex dirigente. Les falta estilo, se les descubre el flequillo del barrio, la cadenita con la virgencita y la uña larga del meñique. Todo en el caldo, revolviendo la olla con el cucharón. Revolviendo un poco de caracú, un poco de Fidel Pinto, un chori, una patente de corso, algo de La hora de los hornos con fritas y aceitunas, La razón de mi vida y un cuento de Cortázar, un tango fantasía y Carlitos vigilante, Camilo Cienfuegos con la Madre Teresa, el Pocho en la motoneta y la fotografía de Triaca, la cumbia villera, un vestido de Paco Jamandreu y las banderitas entre bombos, palcos y candidatos virtuales. Fachadas, desguaces, diálogos cómplices, susurros, sobres entre gallos y corderos patagónicos. Así se hace patria, qué joder. ¿Y las preguntas de Carloncho, Penelas? Perdón, me equivoqué de título. Además quise escribir sobre la vida de Curro Jiménez y me salió esto. No lo tome a mal. Uno, a veces, se equivoca.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010

miércoles, 3 de marzo de 2010

Variaciones de la hembra

La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.
(La abandonada que brinda el gozo y el aliento.)
Su cabellera mueve los velos de la noche.
La que musita cimbrante y desvaría.
El hada del follaje celeste.
La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La princesa, la dueña, la reina del hogar.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.
La amante vuela en mi, desatada y ansiosa.
La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.
La mujer suave y comprensiva como una hermana.
La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.
La adolescente salvaje que imagina a Piranesi.
La insurrecta de plazas y guerrillas.
La que beben mis ojos en los bares.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010
Ilustración: Juan Manuel Sánchez.

Taller literario