jueves, 25 de febrero de 2010

El exiliado

En sueños viene esta bella abadía.
En verdad regresa del desorden,
de misterios que congregan espadas
y árboles y cabellos al viento.
Pero no vuela sola la noche.
A veces se transforma en una iglesita
que me conmovió en Purmamarca.
Entonces hay lanzas y susurros.
Y el sopor de estar vivo en el silencio.
Hay una mano ritual que toca
el cuerpo de la amada, sibilante y desnuda.
Sostengo mi mirada para velar
metales en los puertos o hierbas con alondras,
el resplandor de Mozart
o una pieza de jazz subiendo por un pianista negro.
Ante lo canallesco y miserable
acudo a estos talismanes secretos.
Veo la cárcel de un cubano rebelde,
pueblos fantasmales de la pampa,
el asombro de perros vagabundos,
el mar que inunda el pecho del poeta
cuando golpea los viejos malecones.
La penumbra de este cuarto me acompaña
por tanto parque que abrasa el verano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010

martes, 23 de febrero de 2010

Soliloquio del príncipe de Espenuca

En un artículo que publicó Jorge Luis Borges sobre los poetas de Buenos Aires (1966), señala que “así como otros países, Inglaterra por ejemplo, sueñan con el mar, asi nosotros tenemos como una nostalgia de un tipo de vida infame y cuchillera”. Sabemos que toda realidad es compleja y que tal vez el juicio de Borges no se ajustaba a la realidad, o mejor dicho, lo simbólico de nuestra identidad quizá no sea precisamente esa. Pero no está del todo equivocado, no estaba del todo equivocado. Desde la época de nuestras luchas intestinas hay algo de perversión, de sangre en cada movimiento, en cada acto. Nuestro primer cuento, El matadero de Esteban Echevrría, nos muestra violación, tortura e intolerancia. En nuestros días lo vemos en las barras bravas, en las escenas de la vida cotidiana, en el ocio represivo de las vacaciones, en ciertas mitologías que tienen relación con lo más bajo de nuestro ser nacional.

Los echaban. A los que no llevaban luto los echaban. Era obligatorio llevarlo. Mi padre no me lo puso. “Vas a ir a la escuela sin luto”. Yo tenía seis o siete años; sabía por las conversaciones en voz baja de mi familia, que algo no andaba bien, “que los pesquisas”, “que la demagogia”, “que la delación”, “que la cárcel”. Mi padre dijo: “No usé luto por mi madre ni por mi padre”. Don Manuel era ateo, contestario. Creo que la poesía viene de ese mundo. Mi madre configuró lo suyo con su ternura y su silencio, seguro. El resto vino con el aire y la nostalgia.

Años después comprendí mi infancia gracias a los autores italianos de postguerra. Moravia, Pratolini, Pasolini, Pavese, me llenaron los ojos de imágenes y de ideología. Luego vendría Visconti, De Sica, Rossellini… ellos me llenaron el corazón de pasión y de poesía. El cine y la literatura fueron conformando mi espíritu. Eran seres cercanos a mis sentimientos, a mi entorno. Hombres y mujeres que solía ver por las calles de mi ciudad, en los viejos mercados, en las plazas del barrio, en el café del tío Pedro. Por supuesto que ya sabía de Pérez Galdós y de Emilia Pardo Bazán.

Voces, hay voces que me llegan desde lo literario. Adulón es una de ellas. Otras. Comparsa, mascarada, petulante, ominoso, locuaz, lealtades inconfesables, obsecuente. Una más: carnestolenda. Son vocablos que no se relacionan con lo poético, que se vinculan con otros temas. Voces que me acompañan desde hace siglos, voces que escucho en sueños, en hospitales, en fábricas, en embajadas, en programas televisivos. Carl Jung escribió que “…la naturaleza aspira a expresarse, agotando sus posibilidades. El hombre, igual.”

(Hoy escuché por radio un reportaje a una profesora de literatura. Contaba que los alumnos no podían leer libros, que les era imposible en cuarto año leer una página de Don Quijote. Querían analizar textos de la cumbia villera. La profesora estaba desesperada. El periodista dijo con firmeza: “Bueno, bueno, ni una cosa ni la otra”.)

Cuando una estatua que personifica a un dios es tocada por la palabra cobra vida. Genera un mundo metafísico, una metamorfosis que opera sobre el tiempo cronológico. El individuo no es sólo el resultado de un proceso histórico. El individuo es un ser polifacético. (¿Qué miente la historia, el Poder, la familia? ¿Qué ocultan en cada acto mis palabras, mis sueños, mis miradas? ¿Qué oculta cada lector, cada uno de nosotros?) Lo romático contamina la crónica, la historia; distorsiona los hechos. Me sigue entusiasmando el vuelo del pájaro, las olas del mar, el silencio.

En todo soliloquio hay facetas múltiples, a veces contradictorias. Uno se muestra, mostrándose, compartiéndose. Eligiendo el riesgo permanente de buscarse a sí mismo, trascenderse sin diluirse en la abstracción. Hay un ámbito donde la inmediatez del hablar y la reflexión necesaria para hacer genuino ese hablar llegan a un acorde sostenido. “Escribo sobre el mar y el desierto”, señalo Albert Camus. Son varias las lecturas de ese testimonio. El resto son síntomas de infantilismo y soberbia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010

lunes, 22 de febrero de 2010

Anuario Brigantino 2009

Carlos Penelas formará parte de la edición 2009 del Anuario Brigantino, actualmente en prensa. Allí se publicarán doce poemas, incluyendo los hasta ahora inéditos "Encuentro" y "El banco".

El Anuario Brigantino es editado por el Concello de Betanzos, A Coruña, Galicia. Se trata de una revista de investigación histórica, artística, literaria y antropológica de ámbito gallego, en la que se incluye una sección con los acontecementos del año y las memorias de las entidades culturales de la ciudad. Su director es Alfredo Erias.

Pueden consultarse las ediciones anteriores en la página http://anuariobrigantino.betanzos.net

sábado, 20 de febrero de 2010

Carta a Página/12

Señor Director:

En la contratapa de mi libro Crónicas del desorden (2006), David Viñas escribe: "Las contradicciones - como suele decirse- brotan de cada catecismo o del canon que sea. Penelas lector a lo Barrett. Penelas heterodoxo..." Desde los veinte años que vengo escuchando hablar de Rafael Barret, que lo vengo leyendo. Viajé a Paraguay por los años 70, estuve en más de una oportunidad con viejos militantes anarquistas de Cataluña que hablaban de su literatura. En breve se editará una selección de sus artículos con un prólogo de mi cosecha. Escribí artículos y hable en diversos programas radiales sobre su obra. El miércoles 27 de enero sale una publicación en "Verano 12" con palabras de Guillermo Saccomano sobre Barrett. Es indignante su lenguaje, lo chabacano de su mentalidad, lo vulgar de su estilo, lo emblemático de su ideología. Un sólo ejemplo: "Amante serial, tirando a putañero". Esta bien, Saccomano es parte de nuestra literatura contemporánea, es parte del catecismo. Se articula con el resto.

Carlos Penelas

viernes, 19 de febrero de 2010

Un artículo de ocasión

La libertad ajena amplía mi libertad al infinito.
Mijail Bakunin


Todo se ha vulgarizado en tal magnitud que no dan ganas de escribir ni de mirar la realidad. Ni por la ventana del comedor. ¿Antes no fue igual, Penelas? ¿otra vez con lo mismo? ¿qué tiene? Sí, sin duda. Pero atravesamos un período espantoso, da asco. Antes, por ejemplo, este no era un pueblo peronista. O mejor dicho, había divisiones, ciertas diferencias. Matices, si lo desea. Ahora la gloria de aliados y enemigos: la oposición es peronista. ¿Se entiende lo que digo? El noventa por ciento de los argentinos (y de los que no lo son pero habitan suelo argentino) son peronistas. Usted, querido lector, debe entender que el peronismo no es una filosofía ni una ideología ni una religión. No es un partido político. Es un sentimiento, es algo genético. Ser o no ser, esa es la cuestión. Para algunos es una patología, un mal endémico. Nació contra el comunismo, contra la sinarquía internacional, contra el liberalismo. Habló de tercera posición, habló del 1 de Mayo y de la Fiesta del Trabajo. Se dijo: “no quedará un ladrillo que no sea peronista”. Y es verdad.

Había que afiliarse al Partido Justicialista para ser docente y más adelante sacar la “tarjeta rosa”. Siempre abarcó todo: al profesional de izquierda o de derecha, al villero borracho o testículo de Jehová, al hombre de confesión diaria o al barra brava de un equipo de tercera división. Al empleado de tienda, al obrero, a la maestra y al albañil de la vuelta de casa. La prostituta y el empresario, el banquero y el comisario, el punguista y el poeta. Todos son peronistas. Se pelean entre ellos, se definen, se autodefinen, se excluyen, se expulsan, se mienten, se traicionan, se escupen, se bendicen, se fusilan. Y siguen, no tienen fin. Cada uno manifiesta, afirma y sentencia ser peronista. Tal vez utilizan dobles, tal vez tenga relación con la cábala. Usted lector, que es uruguayo o filipino, no lo entiende. Usted está limitado por prejuicios, por falsos ídolos, por un pensamiento reaccionario que lo fosiliza. Pero nosotros, argentinos de alma, de corazón, argentinos hasta la muerte, somos peronistas. Somos los mejores en fútbol, en box y en automovilismo. Somos los mejores en basquet y en tenis. Y cuando no lo somos nos convertimos en campeones morales. Décadas escuchado esto, leyendo esto.

No existe el fascismo ni el falangismo ni el marximo. Tampoco existe el anarquismo. Respiramos hondo. La historia los descabezó. Sólo, de pie ante la eternidad, con bombos y flequillos: el peronismo. Déjeme explicarle. Es más complejo que explicar lo de la Santísima Trinidad. Todo es teatralidad, confusión, bordes equívocos. Espacios dramáticos, comunes denominadores, enclaves provinciales, municipales, barriales, sostenedores de estampitas, de rezos, de votos, de miseria. ¿Comienza a entender, a darse cuenta? Acá está la obediencia debida, el jefe, los chambelanes de turno, los furrieles, el agua bendita, la chapa para el techo, la renovación y la aventura, la corrupción y la solidaridad, lo hegemóncio contra lo bastardo. Escúcheme bien. Aquí, en ciertos pueblos del interior, cuando ven un billete de diez pesos -con la imagen de Manuel Belgrano- creen que es el General Perón. No le miento.

Ya sé, usted me dirá que hay otras cosas. Sin duda, sin duda. En la poesía esta el tema de la musicalidad, del sonido, del ser en la palabra. Si digo mariposa, quizá vuela mejor mainumbí, en guaraní, o volvoreta, en galego. Podemos hablar del cosmos, de temas ecológicos, del problema económico en los países europeos o del hambre en Américalatina. Del terremoto en Haití, de la ocupación, del racismo en Italia o en Francia, del triunfo de la derecha en Chile o de la nueva esperanza entre los orientales. Podemos decir mistral, abrupto, pupitre. O como decía el poeta: “qué sucios ibamos entonces, pero qué limpios éramos”. En un país donde los jóvenes de veinte años dominan unas quinientas palabras importa poco y nada. Si, ya sé, no me lo reitere; hay otros ejemplos, jóvenes talentosos e intelectuales sólidos.

Pero vivimos entre yuyales, potreros, matorrales, dormitorios emplazados en plazas, olores nauseabundos, escruchantes, bolsas de basura amontonadas, cartoneros, carrusel de niños famélicos, chicas embarazadas y descalzas, juicios vergonzosos, gobernantes inescrupulosos, colectivos destartalados, veredas destrozadas. Guetos por toda la ciudad. Un apartheid oficial que nadie quiere ver, que ven, que nadie responde, que se hacen los distraídos, que se va tomar el toro por las astas, que se limpian los monumentos, que se hacen más subterraneos… Sin hablar de los onas o de los ranqueles, de los cabecitas negras, del desamparo.

Alquien dirá: Penelas, qué me cuenta de la documentación del FBI y de la CIA donde se llegó a fotografiar a Kennedy y a Marilyn desnudos en una bañera. Y las tramas de la alta política que publicó el periodista francés Francois Forestier. Sí, podemos escribir sobre eso, sobre la guerra de Vietman, sobre la infamia de los marines en toda nuestra América, sobre los crímenes de Stalin o las invasiones yanquees a cada lugar donde supuestamente peligraba la paz y la libertad. Podemos hablar de la hipocresía en el mundo en cada gobierno, en cada municipio, en cada cárcel. Y del populismo, de la irracionalidad, de los entremeses. De la drogadicción, la homosexualidad o de la madre Teresa de Calcuta. Pero hoy sólo quise hacer un artículo de ocasión, ligero, sin trascendencia. Somos amigos, no puedo tratarlo mal, no deseo tener un tono autoritario o pedante.

Es alucinante vivir en este territorio. Hay una cultura de la fachada, hay diputados jacobinos y de los otros, hay rostros efímeros que saben de todo y nos hablan por televisón tres veces por día. Hay zócalos, mentiras, estertores y escenografías pobremente diseñadas. Mientras, el desguase de los bienes nacionales. Se necesitan de los excluídos para poder gobernar estos lupanares. Se necesita mutilar. Es imprescindible ser enfático, tener discursos sobreactuados, acudir a la gran revolución nacional, social y popular. No hay mutaciones, caro lector, es siempre lo mismo. Un proverbio no es una razón, escribió Voltaire.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010

martes, 9 de febrero de 2010

Talleres literarios 2010

Narrativa, poesía y crítica de libros.

Se dicta una vez por semana en clases individuales, horario a coordinar con el tallerista.

Informes penelascarlos@yahoo.com.ar y 4371-6686.

Agradecemos la difusión.

viernes, 5 de febrero de 2010

En galego

Publicamos las traducciones al gallego que generosamente hiciera Edmundo Moure de "El banco" y "Encuentro".

O tocón da cociña

Fito o tocón da cociña. Neste tocón sentaba o meu pai. O descubrín moitas veces pola mañanciña, silandeiro. Fumaba o seu charuto de tabaco bruno i ollaba para os canarios. Bebía un mate amargo; costume da comarca de El Bolsón e da soedade. Cando eu espertaba xa ía tempo que el ficaba alí. Silandeiro, latricando coas pantasmas. Seguro que tiña as imaxes da rúada das Xás, dos nubeiros, dos trasnos. Nada máis víame, alcendíanse os seus ollos, abandoaba os deuses penates, o esquecemento, a mar insondábel, a Cordilleira dos Andes. Agora decátome delo. Recén agora, cando descubro o tocón no mesmo curruncho onde el sentaba. -Pasaran máis de trinta anos- Máis. Por que hoxe?, pregúntome. Daquela citaba a Cervantes ou a Shakespeare. As veces preguntábame se eu gostaría xantar unhas lentellas ou se o domingo íamos ver aos Demos Vermellos [1], na Visera. O tocón está alí. De pe eu o enxergo. Paréceme escoitar un prego que non entendo non, engaiolado pola minguada cunca da ialba e da noite. Un canto afogado ou hino xorde nalgures. Non sei se o que evoco é real, se todo non é máis cunha viaxe ao país dos soños. Se iste home ergueito, casado e pai de fillos, que voltou ao Principado de Espenuca, que escribe cantigas, non foxe do abismo, da lingua velenosa e do desacougo. As veces fica ensimesmado, coma aquela cadela fidel que albiscaba os seus ollos.

Carlos Penelas
Bós Aires, decembro de 2009

[1] Diablos Rojos: Denominación popular de los jugadores de Independiente de Avellaneda, en Buenos Aires.

Encontro

Hoxe viñeches verme, Nai.
Eu lía cando sentaches
-chea de decoro, nobre no desvelo-
na antiga cadeira de carvallo.
Pedíchesme repetir aquel conto;
na miña nenez, as vegadas facíache sorrir.
Encardineino coma só pode facelo un home
que deixou de crer en certas profecías,
cando a piedade botou fóra as pantasmas do seu reino.
Díxenche, ademáis, que decote
nas azas da saudade do serán
na cachoeira das sombras,
lembraba o teu pasamento coma unha lonxanía.
E asemade dixen que o pior
non fora ise fío lene da lembranza
nin o desvelo do muro,
nin a eternidade nin o desacougo da ialma.
O pior, o pior… Nai,
(lembro que o confeséi marmurando)
fora que non pudeches máis matinar en min
agora facíase imposíbel a túa vixilia.
Logo, acomodaches a túa mantiña
e os teus ollos esvararon no abismo dos meus.

Carlos Penelas
Bós Aires, xaneiro de 2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

Encuentro

Hoy has venido a verme, madre.
Estaba leyendo cuando te sentaste
-decorosa, nobleza de desvelo-
en el antiguo sillón de roble.
Me pediste repetir aquella historia;
en mi niñez solía hacerte sonreír.
La urdí como sólo puede hacerlo un hombre
que ha dejado de creer en ciertas profecías,
cuando la piedad expulsó de fantasmas su reino.
Te dije, además, que a veces
durante la nostalgia de la tarde,
en el torrente de las sombras,
evocaba tu muerte como una lejanía.
Y también dije que lo peor
no era ese hilo sutil de la memoria
ni el desvelo del muro,
ni la eternidad o la debilidad del alma.
Lo peor, lo peor… madre,
(recuerdo que lo confesé balbuceando)
era que no podías pensar más en mi,
ahora era imposible tu vigilia.
Luego, acomodaste tu mantilla
y tus ojos se abismaron en los míos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes, 1 de febrero de 2010

El banco

Miro el banco de la cocina. En este banco se sentaba mi padre. Lo descubrí muchas veces por la mañana, en silencio. Fumaba su cigarrillo negro y observaba los canarios. Tomaba mate amargo; un hábito de El Bolsón y de la soledad. Cuando me despertaba hacía tiempo que ya estaba allí. En silencio, conversando, con sus fantasmas. Seguramente tenía imágenes de la procesión das Xás, de los nuberos, de los trasnos. Al verme se le iluminaban los ojos, dejaba la presencia de dioses paganos, el olvido, el insondable mar, la Cordillera de los Andes. Ahora me doy cuenta de ello. Recién ahora, cuando descubro el banco en el mismo lugar donde él se sentaba. Pasaron más de treinta años. Más. ¿Por qué hoy?, me pregunto. ¿Por qué? Entonces me citaba a Cervantes o a Shakespeare. A veces me preguntaba si quería almorzar unas lentejas o si el domingo veíamos a los Diablos Rojos, en la Visera. El banco está allí. De pie lo miro. Me parece escuchar una oración que no comprendo, fascinado por la menguada copa del alba y de la noche. Un apretado canto o himno surge de alguna parte. No sé si lo que evoco es real, si todo es sólo un viaje onírico. Si este hombre que está de pie, casado, con hijos, que regresó al principado de Espenuca, que escribe poemas, no huye del abismo, de la maledicencia y la congoja. A veces se queda ensimismado, como aquella perra fiel que miraba sus ojos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

Taller literario