jueves, 26 de octubre de 2017

Comentarios sobre la obra de Carlos Penelas


Nos encontramos ante un libro sorprendente, valioso, excepcional. El fondo y la forma armonizan para regalarnos profundidad y belleza, grito y caricia, protesta y ensueño. Lo sensual está al servicio de la vida que nos conduce a la lucha, a la victoria. Amar sin muros es vencer. Carlos Penelas como un milagro escribe un libro fundamental, necesario en la poesía contemporánea, es decir en la Poesía de todos los tiempos.
Arturo Cuadrado (Poemas del amor sin muros, 1970)

Asentarse en los dominios de su linaje, en la nebulosa trama que entretejen leyendas, resulta así un modo de descubrir la instancia definitoria de su equilibrio interior y, a la vez, los inconfundibles matices que marcan la elección de su personal lenguaje poético. En su inasible transparencia, todo ese trascurrir sin pausa sólo puede ser recobrado por la poesía. Ese irrenunciable designio promueve la actitud lírica de Carlos Penelas, que alcanza su más lograda expresividad en este nuevo libro.
Nélida Salvador (Queimada,1990)

En este libro de Penelas está siempre presente la suadade gallega entendiendo por esta, la soledad ontológica del ser, este ser que nace, sólo que circunstancialmente vive con otros en la sociedad, pero jamás pierde su individualidad que está íntimamente ligada a su libertad ontológica, este hombre que es por esencia ser solo y también ser libre. Un problema crucial para el mundo es el producido por las limitaciones a esa libertad, el querer amoldar las libertades individuales en determinada estructura social.
José Conde (Poesía y ser, 1981)

Por la mujer, el poeta se dispone hacia la cacería de la identidad y el valor. Propone la encarnadura femenina de un centro pródigo en frutos y hechicerías. Carlos Penelas es un explorador, desde los cuerpos astrales que memoria en el poema “Playa desnuda”, hasta las plasmaciones alegóricas, donde los pájaros son criaturas que se aproximan al lenguaje. Es un perseguidor de los encuentros; un coleccionista de vértices, que empujan sus fantasmas hasta poblarlos de creencia. A través de sus “Vestigios” Carlos Penelas nos entrega una eslabonada serie de secuencias en prosa poética, donde los objetos se metamorfosean en latidos: donde la noche reza con clamores que invitan hacia la intimidad.
Graciela Susana Puente (La piedra del Destino, 1983)

Carlos Penelas es un poeta trasnacido. Argentino, hijo de gallegos, vive en desasosiego telúrico. En éste libro los elementos ancestrales conforman una parte muy importante de su mundo poético. Nos interesa, sobre todo, esta dimensión lírica de su obra, que deja traslucir el estado afectivo del poeta: un fondo de amor a la Tierra de sus antepasados. Desde su vivencia dolorosa va construyendo su mundo poético con claves del misterio. Libro que nos hace despertar la emoción de la tierra con su ritmo, goza con el contacto del paisaje, para el poeta es la intimidad, el dolor de la lejanía. Él perdió su patria original. Galicia ganó un poeta en la distancia.
Víctor Campio Pereira (La piedra del Destino, 1983)

Carlos Penelas es un poeta enraizado en la realidad; pero, por cierto, en una realidad que él siente como modificable en la medida que se confíe en la fuerza purificadora del corazón humano. Y así, de esta manera, entramos en otra de las napas poéticas de un creador altamente testimonial. Y esa napa es la esperanza.
Alberto Claudio Blasetti (La piedra del Destino, 1983)

El nuevo título es una reunión de textos de prosa poética en las que Penelas expresa o sugiere su modo de sentir la poesía, la creación, el universo, el mundo de la palabra. Claridad y resonancia poética caracterizan este libro, que es una especie de diario íntimo de un poeta, reflexión sobre el largo proceso que comienza en el momento en que concibe un poema y termina con el verso elaborado, listo a emprender el vuelo. La dimensión del hombre, la llamada al infinito, la desesperación, el dolor, lo mismo que la alegría y el placer, constituyen los puntos de partida de estas meditaciones que captan la atención del lector por su clarividencia y musicalidad.
Andrés Balla (Intensidad de la palabra, 1977)

La poesía ha sido sorprendida con pocas palabras, alusivas y proyectivas, con lenguaje esencial, en ceñida síntesis. Más allá de esa síntesis, se abre un mundo poblado de imágenes, de recuerdos, de sentimientos y deseos: el mundo infinito del hombre. Hay muchas maneras de ser poeta o de expresar poesía. Carlos Penelas escoge en este brevísimo volumen un modo peculiar. Lo esencial, aquí, es la sustancia poética.
Luis Soler Cañas (El libro de las imágenes, 1976)

Penelas afirma rechazar lo dogmático. Proclama los valores de la intimidad y del asombro, riqueza que bien pueden llevar a la sabiduría. Por su actitud receptiva, respetuosa diríamos, ante el mito y el sueño, llega a lo poético. La fuerza de Penelas no deriva de un vocabulario especialmente suntuoso. Es más interior, se origina en entusiasmos, en adhesiones y rechazos vigorosos. Carlos Penelas no incurre en falsas elocuencias o sencillismos inexpresivos lo que nos permite desearle lectores atentos.
Guillermo Martínez Yantorno (La noche inconclusa, 1980)

Carlos Penelas, verbaliza con firmes estructuras de extracción lírica este original itinerario a través de un vasto espectro cultural, y le otorga al texto, en ráfagas brillantes, las características de un monólogo interior desarrollado en medio de tumultos de imágenes sabiamente concatenadas. Mito, invención y estilo se unen aquí, por lo tanto, en una dominante que, a veces, se canaliza hacia zonas abisales.
Irene Vilas (La noche inconclusa, 1980)

Hay un poeta digno de ese nombre, con su mundo, sus fantasías, sus amores y, también, su lenguaje y su estilo. Lo importante que en este libro hay mucha, buena y hermosa poesía. Y que en él se siente a la vez, sin fisuras, la presencia de un poeta y de un hombre.
Luis Soler Cañas (La piedra del destino, 1984)

Despojado y preciso, expectante en este caso, es el tono lírico de Carlos Penelas. Arraiga en las formas más puras de la lírica tradicional española. En su expresión estas formas se reivindican demostrando su ubicuidad en el tiempo y en el espacio y muestran la identificación del autor con sus esencias. Penelas crea un marco arcádico e, instalado en él, recupera el ser de la naturaleza en la sencillez y recogimiento de su ámbito. Todo fluye y pasa sujeto al ritmo cósmico que el poeta habita y sabe comunicar en el ajuste de su intemporalidad intrínseca.
María Adela Renard (El Jardín de Acracia, 1991)

Un bellísimo libro en contenido y continente del escritor argentino Carlos Penelas, un alto homenaje al músico renovador y subjetivo, espontáneo e inspirado, que es Enrique Granados. Flotan en esta obra poética, muchos y ricos temas que el verso conjuga con la música, enhebrando un lirismo capaz de transportarnos a los más excelsos niveles de la emoción. Sus versos, uno a uno inapelables, lo expresan en un fluir azul elevadísimo.
Miguel Ángel Migliarini (Valses poéticos, 1999)

Un poeta joven, de los nuestros, Carlos Penelas, da un breve libro con mucha substancia. Entre sus poemas se destacan los dedicados a Galicia, donde estuvieron y están sus antecesores. Sospecha – sabe – de sus vigilias en los surcos y en los muelles, reconstruyendo sus semblantes. Se ha memorado la tierra de los abuelos galaicos.
Bernando González Arrili (Los dones furtivos, 1981)

Goethe sostenía la necesidad de que toda poesía fuera “ocasionada”, es decir que detrás de cada poema hubiera una experiencia, una realidad vivida. En Carlos Penelas, esta exigencia del clásico parece cumplirse. Hay un dominio apreciable de la alusión, de la sugerencia, de la palabra que a la vez dice y no dice. Una historia latente que sólo se nos aparece transfigurada en un universo de símbolos.
Daniel Gayoso (Finisterre, 1985)

Un intimismo que se aferra al lector, por la fantasía que expone este poeta tiene a veces el candor de lo inocente y de lo sincero. Ama la belleza y la canta, cumple su destino sin temblar ante la verdad y sin sentirse cobarde ante la ruindad de muchos acaeceres. En su propia angustia reafirma el hondo pensar de su creencia.
José Rodríguez Tarditti (La piedra del destino, 1983)

Carlos Penelas sabe decir y hacer en el bello y exacto lenguaje. Y lo hace por medio de ese duende que sólo acostumbra a estar y jugar dentro del auténtico artista. Escribe y da la cara al viento. Asume la literatura y toma la vida en todo lo que esta lleva su gozo, de sufrimiento, de verdad, de esperanza. Carlos Penelas llama con su canato a la belleza, al buen decir, a la verdad. Pero sobre todo llama a las conciencias.
Luis Alberto Quesada (Finisterre, 1985)

Leí con placer su plaqueta, tan hermosamente editada por otra parte y más allá de su contenido. Tiene el sabor de la buena y añeja poesía castellana, con un enorme poder de síntesis. ¿Para qué más? Y esta imagen, que obliga a detenerse en el contraste: Vela la luz sobre su sombra.
Federico Peltzer (Cantiga, 1989)

Has publicado la obra que a mí me hubiera gustado publicar. Creo que algún día lo haré. Una especie de diario, íntimo y no tan íntimo; un cuaderno de bitácora (como titulás uno de tus capítulos). Un libro al margen de los otros libros donde junto a temas puntuales (como ahora se dice) cupieran reflexiones, sentimientos, creencias y dudas, experiencias y sueños. Un libro, en fin, bien humano, como este tuyo, donde en cada página se toca a un hombre, como quería aquel hermoso abuelo de todos los poetas que se llamó Walt Whitman. Es conmovedor el recuerdo de tu padre y de los amigos, el amor a los hijos, la devoción por ciertas ideas y ciertos escritores, la fidelidad de las raíces.
Antonio Requeni (De Espenuca a Barracas al Sur, 2000)

A la manera de Gonzalo de Berceo, cuya rosa arquetípica es invocada desde el título, el discurso lírico de Carlos Penelas lo constituye, parafraseando a Antonio Machado, en un verdadero “poeta y peregrino” de nuestros días. Penelas sutiliza su palabra, proyectando una suerte de heroica dignidad sobre la materia de su canto, su territorio poético, en el cual todo es ocupado y sometido por el tiempo. En el plano formal, se encarna en la excelencia de la modalidad clásica, aunque no clasicista.
Fernando Sánchez Zinny (Elogio a la rosa de Berceo, 2003)

Aquí aparece el gran tema de nuestra época, sobre todo a partir de los últimos descubrimientos de la física cuántica: lo ilusorio de lo que llamamos Realidad, la simultaneidad del tiempo, la propia percepción que crea realidad. Aunque parezca insólito, de algún modo queda planteada la teoría de la relatividad de Einstein con respecto al tiempo. No hay eternidades en los espejos. Nada a que aferrarse en ellos. Sólo son nuestras imágenes eternas. Imágenes de imágenes. Pero la eternidad se lleva adentro. El poema es siempre previo a la palabra y la palabra es un dicho. Tu nuevo libro abre esas puertas.
Lucila Févola (Posada del río, 2005)

Leer estos poemas escogidos de Carlos Penelas es compartir una aventura existencial y poética, descubrir un itinerario espiritual, y vivir el rito de la palabra en uno de los mejores poetas argentinos de la generación del 70, y de toda época. Su acordada sabiduría, su tensión hacia la totalidad, otorgan a la poesía de Penelas una cualidad metafísica que da sentido a la experiencia y la hace plena. Eso permite al lector, a nosotros, compartir una suerte de felicidad a la que llamamos belleza.
Graciela Maturo (Poesía reunida, 2012)

Carlos Penelas es poeta de una extensa obra mayor, amigo de sus amigos y refinado viajero. Hombre de íntimas soledades y hondas dudas existenciales, alma tensa entre dos mundos, entre la patria y el remoto origen de los ancestros, entre peregrinajes y regresos. Este nuevo poemario nos abre a una mirada privilegiada sobre el decurso del tiempo, los espejos de la muerte y la siempre inapresable belleza, rayando a una altura harto infrecuente de hallar en las empobrecidas poéticas del presente.
Alejandro Drewes (Poemas de Trieste, 2013)

Penelas, un lírico que se rebela contra el mundo empírico, premoniza la materia, elabora un lenguaje esmerado con fuentes artísticas, celebra lo bello y lo contestatario. Sus imágenes han de destacarse como zonas de apertura a lo insondable, a lo onírico abordando el intelecto. Arte asumido como signo de grandeza y liberación, identidad de belleza, recreación con finalidad humanística, atributos concurrentes en la consagrada obra de Carlos Penelas y que lo posicionan como poeta imprescindible en el panorama literario de habla castellana.
Marita Rodríguez-Cazaux (El huésped y el olvido, 2017)

Aquí, la bibliografía completa de Carlos Penelas.

Foto: Alfredo Erias.

sábado, 21 de octubre de 2017

Luis Franco anecdótico

Siempre aseveré que mi educación ética y cultural se hizo en el hogar. Mis padres y hermanos fueron primordiales. Se vivía lo político, lo literario con intensidad. Discutían vanguardias, avances científicos, el fascismo, el franquismo, el peronismo. Sobre religión o sobre deporte. Se irradiaba un concepto amplio en torno al teatro, la música, el cine. Todo junto, desde las raíces gallegas hasta los movimientos sociales del siglo XIX.


Luego vinieron los maestros de la escuela, los maestros del colegio secundario, los maestros del profesorado en Letras. Con los primeros poemas seres íntegros cuidarían mi espíritu y mi libertad: Hugo Cowes, José Conde, Luis Alberto Quesada, Alejandra Boero, Lucas Moreno, Juan Bautista Bioy. Entre otros, por supuesto, entre otros.

Ernesto Sábato me comentó en una oportunidad: “Luis Franco, uno de los mejores escritores argentinos. Una pena que no se lo recuerde”. Bernardo González Arrili, David Viñas, Osvaldo Bayer, Ricardo E. Molinari, Abelardo Castillo, Eduardo Falú opinaban lo mismo.

La admiración que Franco sentía por Molinari era relevante. Lo mismo la de don Ricardo hacia el poeta catamarqueño. Lo pude comprobar en diferentes oportunidades. Por esos años solía conversar, por separado, con ambos. Lo dejé escrito en un libro y en uno que otro artículo.

La figura, la dimensión de Luis Franco me conmocionó desde que lo conocí. Siempre afirmé que después de la presencia de mi padre estaba la suya. Otro de mis maestros – por su conducta, su saber, su poética, su fineza – fue Héctor Ciocchini. Imposible dejar de nombrarlo, trascendente en mi vida. Y, por supuesto, el Dr. René Favaloro.

Fue Rocío quien me presentó a Moreno. El poeta del vino y el buen comer vivía en Independencia 715 y trabajaba como corrector en La Prensa. En el profesorado Mariano Acosta, donde cursábamos, Rocío era amiga de Nuri Fernández Redón, sobrina de Lucas Fernández Moreno. Firmaba, por razones obvias, con el nombre de Lucas Moreno. En 1970 le había llevado mi primer libro de poemas. Con el tiempo comencé a mantener un acercamiento espiritual e ideológico con su persona. Me llevaba alrededor de diecisiete o dieciocho años. Lo escuchaba hablar sobre literatura argentina y universal, sobre música clásica o popular, sobre primeras ediciones. Si bien rechazaba toda política literaria – banal, mediocre, chapucera – me hizo conocer hombres de gran valor, lecturas fundacionales. Lucas Moreno fue quien me presentó una tarde, un sábado de julio de 1972, a Luis Franco.

La vida es sumamente curiosa. ¿Azar o predestinación? El padre de Rocío, Luis Danussi, fue un activista e intelectual representativo en el anarco-sindicalismo. Leía en francés e italiano. Gustaba del cine, de la poesía, de la libertad. Llegó a escribirse con Albert Camus, dirigió revistas, fue Secretario General de los gráficos, fue perseguido y encarcelado por el peronismo. Luis Danussi era muy amigo de Luis Franco. El prólogo de Antes y después de Caseros es de su autoría. Ambos se respetaban y compartían veladas. Recuerdo varios fines de año que pasábamos en la casa de Danussi, en Villa Domínico, con Franco. Allí nos quedábamos a cenar, dormir, desayunar, conversar de la naturaleza, de grandes autores, de los movimientos sociales, de anécdotas familiares. Franco conoció a Rocío cuando aún no sabía caminar. En el jardín de la casa don Luis se hallaba en plenitud. Lo recuerdo sentado en una silla de madera bajo un níspero. Fumaba en la tranquilidad del atardecer. En esas reuniones se agregaba Lucas Moreno e Hilda, su mujer. Nada era literatura. Había amistad entrañable, confidencia, idealismo.

En 1983 Franco viaja a México para difundir su obra y también con la intención de conocer la Casa Museo donde León Trotsky fue asesinado por Stalin. Allí vivió quince meses junto a Natalia Sedova. A su regreso le trajo a mi hijo Emiliano, un niño de apenas cinco años, un sombrerito mexicano.

Solía venir a casa, de sorpresa, cuando realizaba algún trámite en el centro. Dejaba como obsequio un pequeño paquete de frutas secas. Se sentía feliz y nos hacía dichosos con esas almendras o pasas de uva que ofrendaba.

Lucas Moreno concibió la antología poética de Luis Franco en Eudeba, con un estudio preliminar breve pero cardinal. A pedido de Luis Franco, se entiende. Ambos habían devorado las obras de Sarmiento – ambos me lo hicieron leer una y otra vez -, tenían una mirada parecida en torno a los hechos artísticos e ideológicos. Por supuesto, no siempre coincidían. Las discusiones, de las cuales participaba como oyente, eran tumultuosas.



Con Franco fui de vacaciones a su casita de Mar del Plata, en el barrio Alfar. Otros años, otros tiempos. El poeta belicho me despertaba a las siete de la mañana para que fuéramos a caminar por la orilla del mar. Por la tarde la cita era un paseo por el bosque de Peralta Ramos. Allí nos acompañaban los pájaros, el aire, Goethe, Thoreau, Emerson, Whitman, Shakespeare, Marx, Mareategui, Trotsky, Bakunin, Homero…. El silencio por la noche, el movimiento de la naturaleza, los grillos, el pequeño fogón. Los dos hablando o escuchando la mar. Y las estrellas.

Franco me presentó en una oportunidad a su amigo Pascual Vuotto. También al Dr Enrique Bronquen. En mi temprana juventud había conocido al mítico Mateo Fossa. Venían las voces de Horacio Quiroga, de Leopoldo Lugones, de Martínez Estrada, de Enrique Espinosa.

Era muy bello escucharlo hablar en el atardecer, después del almuerzo, de Arturo Marasso, Rubén Darío, Giordano Bruno, Federico Nietzche, Rafael Barrett o Luisa Michel. Y de Sarmiento, una y otra vez.

Rubén Rey - amigo inolvidable, hombre de formación humanista, docente y pintor – había leído a Franco desde su adolescencia. Se lo presenté alrededor de 1977. La primera edición de Conversaciones con Luis Franco lleva un dibujo de don Luis realizado por Rey; uno de los mejores retratos que he conocido. El original, en mi casa-museo.

Las lecturas se entretejían como los nombres. David Viñas, Rodolfo Mondolfo, Melcíades Peña. Recuerdo que le presenté a Juan José Sebreli, a don Ernesto Guevara Lynch, al Dr. René Favaloro, a Carlos Alberto Brocato, a Roberto Santoro, a Liber Forti, a Héctor Ciocchini. Cada tanto venía a cenar o almorzar a casa, al departamento de mi hermana Raquel, al hogar de Lucas Moreno. Los sábados por la mañana lo visitaba en Ciudadela. Nada era literatura.

Uno de los grandes hombres éticos de nuestro país, el Dr. Arturo Umberto Illia, fue lector y admirador de don Luis. Al ser electo presidente fue a visitarlo a su casita de Ciudadela. Le ofreció el cargo de Secretario de Cultura de la Nación. Don Luis le dijo que sentía orgullo por su amistad y una gran emoción por el ofrecimiento pero que no podía aceptar, que además no se imaginaba funcionario. Y que no quería perder a un amigo. Casi de la misma manera rechazó ser miembro de la Academia Argentina de Letras. “El día que me siento deprimido y me miro al espejo y me doy cuenta que no soy académico, me dan ganas de vivir”. Eso respondió por escrito.

Franco me presentó a Ricardo Carpani, a Demetrio Urruchúa, a Samuel Glusberg, una de las criaturas más sencillas, humildes y generosas que he tratado.

Recuerdo el acto realizado en plena dictadura militar. Sábado 26 de septiembre de 1981, en la Federación Libertaria Argentina. En primera fila Luis Franco y Diego Abad de Santillán. Un poco más atrás, de pie, José Martínez Suárez. Un homenaje a León Felipe, irrepetible. Más de doscientas personas; entrando de a dos, saliendo de a dos.

Conocí a los Viladrich gracias a Luis Alberto Quesada. Luego, por intermedio de los Viladrich a María Inés Cárdenas, “Pequeña Monner Sans”, la esposa del recordado José María Monner Sans. Más tarde a Ricardo Monner Sans, un profesional ejemplar, un hombre ético, un ser que admiro. Tuve trato fraternal con Wifredo Viladrich. Con su esposa, su hermano, sus hijos. Me regaló en 1970 una escultura muy bella que luce en la pared de mi casa-museo. Una copia de ella la descubrí en el departamento de Álvaro Yunque. Miguel Viladrich Vila, el gran pintor español, al finalizar la Guerra Civil se exilia a la Argentina. ¿Dónde? Catamarca. ¿En qué lugar de Catamarca? Belén. Allí traba amistad con Franco. En su casita de Ciudadela, sobre un aparador provenzal había un busto. El poeta reflejaba la energía y la fuerza de su temperamento. La escultura era de Wifredo Wiladrich. Una vez más: nada era literario.

Como Sarmiento jamás abdicó de la ironía. Era muy simpático escucharlo hablar -con mordacidad, con desmesura- de los obispos, de la historia del Papado, del esnobismo literario o metafísico, de las vanguardias creadoras, de personajes alcahuetes y obsecuentes del peronismo, de las noñerías de las beatas, de la complicidad estalinista. De los gendarmes de la pluma y de los escritores que huelen a cirio.

Desconfiaba de la diplomacia, esto es, del aburrimiento y la mascarada. Obstinado precursor, no sólo en lo poético o en su visión de la historia, sino también del pensamiento siempre resultaban interesantes sus discrepancias, sus apelaciones, sus exasperadas polémicas.

Le organicé varias conferencias. Habló sobre los griegos, sobre Rosas, sobre Catamarca, sobre el general Paz, sobre literatura y sociedad. Era un placer escucharlo, un disertante que conmovía, ilustraba, un maestro en el decir. Además su ironía era única. Pasaba de Virgilio a “los descamisados del Evangelio”, de una cita sobre Dante a una anécdota de su Belén natal. Pero Franco era querible en las sobremesas. Su forma de hablar, su tono, su memoria, nos dejaba siempre vitalidad y pertenencia. Con sencillez, con claridad, enfocaba cada tema, desde la naturaleza, la literatura nacional o las revoluciones. Siempre había un matiz, un pensamiento singular, una expresión risueña.

Se sigue diciendo que Luis Franco murió en un hospicio de Ciudadela. Esto no es así. Él vivía en Ciudadela. Había que bajarse en la Estación Liniers pues su casa quedaba más cerca desde allí. Un poco más adelante, bordear el cementerio israelita. Vale la pena mencionar que fue el primer cementerio judío Ashkenazi de Buenos Aires, 1910. Luego la calle Saavedra 3367.

Franco murió en Capital, en la calle Junín 755, piso 5. Frente a la Morgue Judicial. Junín entre Viamonte y Córdoba. Vivo, desde los diez años, en departamento que era de mis padres, en Viamonte entre Callao y Rodríguez Peña. Esa fue una de las razones de encontrarle vivienda, estar cercano. El departamento lo consiguió Lucas Moreno, propiedad del profesor en Letras Lucilo Oriz, gran admirador de Luis Franco y amigo de Lucas. Era el director del Instituto Oriz, donde mis hijos estudiaron para el ingreso al Colegio Nacional Buenos Aires. Historias que se superponen, intensas; afecto y compromiso. Con Lucilo Oriz hicimos una amistad que se prolongó. Franco unía o distanciaba.

Forita me habló la mañana del 1 de junio de 1988. Alterada, confundida, me anunció por teléfono que Franco se había descompuesto. Llegué de inmediato, fui yo quien lo cubrió con una manta en el lecho de su departamento. Ya estaba muerto. A partir de ese instante inicié los trámites para su velatorio. Me encargué de casi todo. Llamados a parientes, avisos a los medios, amigos, escritores, Casa de Catamarca... Hasta de comprarle la chapa de bronce en Chacarita, que decía Luis Franco (1898-1988) Poeta. Una semana después la llevé para que sea colocada en el nicho. Conservo su libreta de enrolamiento.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2017

sábado, 14 de octubre de 2017

Abel Albino: médico de niños

-Dr. Faraday, ¿para qué sirve la ciencia básica?
-¿Para qué sirve un chico recién nacido?
Dr. Miguel Faraday (1791-1867)


Conocí al doctor René Favaloro en 1978 cuando publiqué Conversaciones con Luis Franco. Él era un lector entusiasta de su obra y se lo alcancé. A partir de ahí estuve siempre a su lado. Al mes de su suicidio renuncié. Había sido Jefe de Relaciones Públicas, Sub-director de las publicaciones de la Fundación y miembro del Comité de Ética de la misma. Gracias a su humanismo médico, a su generosidad, a su hombría de bien, a su amistad, me fui introduciendo en el mundo de la medicina, en el mundo de la ciencia básica. Pude conocer y conversar con algunos de ellos. Recuerdo a César Milstein, Juan Carlos Chachques, Denton Cooley, Gregorio Klimovsky, Guillermo Jaim Etcheverry, entre tantos otros. Allí también los nombres de Abram Moszenberg, Juan Antonio Mazzei, Ricardo Pichel, Patricio J. Garrahan, Alberto C. Taquini (h). Y la memoria de Alexis Carrell, Luis Agote, Michael DeBakey, Donald Effler, Luis Leloir, Ramón Carrillo, Cosme Mariano Argerich, Ricardo Finochietto…

Hoy hay un médico, un médico de niños a quien admiro. Estamos hablando del Dr. Abel Pascual Albino. “Se puede medir la ilustración y la clarividencia de los gobernantes por la importancia que acuerdan a la investigación científica fundamental, por lo que realmente hacen para ayudarla, y por el apoyo y respeto que dispensan a los auténticos hombres de ciencia”. Esto dijo el Dr. Bernardo A. Houssay. Sin duda podemos aplicar el concepto al problema de la desnutrición infantil. ¿Qué hacen - de verdad - los gobiernos, por luchar contra la desnutrición infantil? Es aquí donde aparece el doctor Albino.

Recordemos. Abel Albino se recibe de médico en 1972, en la Universidad de Tucumán. Hace su especialización en pediatría en Chile, en 1973. En 1987 hace el doctorado en Medicina en la Universidad Nacional de Cuyo. Es en España donde se especializa en “biología molecular en gastroenterología”, en la Universidad de Navarra. El modelo chileno del prestigioso Dr. Fernando Monckeberg Barros lo lleva a ocuparse de la desnutrición en los niños. En mayo de 1992 escucha al Papa Juan Pablo II hacer una convocatoria a luchar por los más débiles. La Madre Teresa de Calcuta genera en este hombre el compromiso indeclinable para combatir el hambre, la pobreza y la inequidad social.

En 1993, en Algarrobal (Mendoza) se sube a una lata de veinte litros de pintura para alzar la voz. Necesita que lo escuchen. Crea CONIN (Corporación para la Nutrición Infantil). El sistema toma su ejemplo en Paraguay, Perú, Brasil, Bolivia, India entre otros países.

Dice: “La desnutrición es el resultado final del subdesarrollo”. Dice: “La única enfermedad generada por el hombre”. Dice: “La desnutrición es la única debilidad mental que se puede prevenir”. Dice: “La familia es la única escuela de humanidad que existe”. Y se afirma en don Gregorio Marañón: “Vivir no es sólo existir, sino existir y crear”.

Admirador de Sarmiento – imposible no serlo – con marcado espíritu misionero convoca conciencias. Su objetivo es que se llegue a implementar el sistema en toda la Argentina, luego en toda Latinoamérica. Sostiene hasta el cansancio que la falla es cultural. La pobreza, la miseria, la corrupción, la injusticia cercena la posibilidad de crecimiento. Insiste: “es el principal problema argentino”.

Su voz se expande cada día. Dicta conferencias por todo el país. Un solo título: “Desnutrición, el mal oculto”. Tomó un compromiso ineludible contra temores o intereses sectarios. Siente, desde hace décadas, que millones de argentinos viven en la miseria, sin agua potable, sin educación, sin viviendas dignas. Todo esto en un país aparentemente rico y solidario. No desea el desarrollo tóxico de una modernidad ni la industria publicitaria que lleva a la marginidad del pensamiento y del sentir. Entiende, además, que la humanidad ha sido drogada por el consumismo, que vive un estado de necesidad artificial. Continúa en la senda de aquellos grandes hombres: Braun Menéndez, Sadosky y tantos otros que sentaron las bases para una ética humana, profesional, digna.

El Dr. Abel Albino siente el deterioro de generaciones desvalidas, el caos ecológico ocasionado por el irracional consumo de las reservas naturales. Por eso su lucha contra la desnutrición infantil. Por eso nuestra admiración y agradecimiento. El país necesita arquetipos de su estatura.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2017

miércoles, 11 de octubre de 2017

Suma, nueva revista de poesía, arte y cultura

Recordemos que Luis Franco publica su primera antología poética (1927-1937) en  Editorial Perseo, Buenos Aires, 1938. La edición lleva ilustraciones de Demetrio Urruchúa. Su nombre: Suma.
 

Con ese título - emblema de la lírica y la trascendencia de este escritor notable - acaba de publicarse, septiembre 2017, en Catamarca, una revista dedicada a la poesía, el arte, la cultura, la música, el pensamiento y la hibridación de ideas. Una deliciosa edición, calidad y belleza, una fiesta visual. Suma es el equilibrio perfecto entre texto e imagen o fotografía. Una revista que se presenta como obra de arte. Una edición pocas veces vista en Argentina, una edición magnífica para la cultura argentina.

El director ejecutivo, factótum, es Hugo Diamante. Los co-editores Enrique Traverso y Arturo Herrera. El diseño editorial pertenece a Camila Evia. Un sello en  tapa nos orienta: Luis Franco  -  Académie, 1898. Desobediencia brillante. Pensamiento, poesía, arte. 

Una publicación de 386 páginas en donde encontramos artículos, poemas y ensayos de Jorge Luis Borges, Noam Chomsky, Marcel Duchamp, Umberto Eco, Luis Franco, Enrique Traverso, Enrique Vila-Matas, Jorge Paoloantonio, Leonardo Martínez, Carlos Penelas, Horacio Tarcus, Alejandro Rozitchner entre otros.

En la editorial Hugo Diamante nos dice: "Suma (homenaje a Luis Franco) comienza un viaje extraño, inseparable de la incertidumbre, el azar, la inestabilidad...hacia dónde vamos?...el proceso es lo importante, la meta sólo será una consecuencia del hacer para que la cultura poética y creativa este presente en días extraños y anómalos..."

En síntesis: una revista como un vector para la investigación, el análisis y la experimentación, para entrar de lleno sobre la materialización del lenguaje y el pensamiento. Un esfuerzo de Hugo Diamante y su colaboradores para todo el país. Un ejemplo de talento y esfuerzo de éste catamarqueño pródigo.

domingo, 8 de octubre de 2017

Luis Franco en imágenes

Documento inédito que muestra al escritor Luis Franco en diciembre de 1980 junto a su mujer Forita y al poeta Carlos Penelas, autor del libro Conversaciones con Luis Franco (1978). Fue filmado en Súper 8 por Mario Juárez en Parque Centenario.


Mario Juárez había comprado la cámara hacía tres meses, es su primera experiencia como camarógrafo. La encontré hace unos días en una de mis bibliotecas. Estaba en una pequeña caja de madera en donde guardaba correspondencia y algunos manuscritos de poetas mayores.


Las tomas se hicieron en Parque Centenario, un corto de 2 minutos realizado en diciembre de 1980. Aparece don Luis, Forita y en algún momento yo. La recuperación de la película la hizo mi hijo Emiliano la semana pasada. 


Un documento inédito. Único.

Carlos Penelas



martes, 3 de octubre de 2017

Ética y compromiso

De los resistentes es la última palabra 
Albert Camus


Me he formado en una familia digna. El trabajo, el esfuerzo, la cultura, la honestidad marcaron mis pasos. Mis padres y hermanos me guiaron. Luego los maestros, los hombres y mujeres que fueron moldeando mi mirada, mi pasión, el sentido de lo justo a través de los años. En ellos, en cada uno de ellos, fue donde descubrí que la ética es una forma de vida. Y que una cosmovisión humanista nos daba una categoría en nuestro interior. Los grandes modelos son los que nos alimentan. El ser humano necesita de esos modelos éticos para caminar con plenitud.

La vida y la educación me llevaron a una clara concepción de lo ético, de la libertad, del compromiso social. El deber, el imperativo categórico de elegir libremente como nos señaló Kant, la alta voluntad de buscar el bien. La ética parte de la educación, de una verdadera educación. Es el combate contra el embrutecimiento espiritual.

En las tragedias griegas tenemos ejemplos claros de moral. Sintetizando, un nombre: Sófocles, una obra: Antígona. La lucha entre Antígona y Creonte, entre el amor fraternal y el compromiso político. Estamos del lado de Antígona, por supuesto. Esa ley interior, esa postura ética entra en conflicto con el discurso político, con la demagogia, con el dogmatismo y las brutales ideologías. Señala lo subterráneo: la corrupción, la impunidad, el engaño.

Para verlo mejor, para verlo claro. La llamada “obediencia debida” representa en nuestros tiempos al gobierno de Tebas. La aceptación de “la obediencia debida” aplastó toda actitud ética posible. Y lo justificó todo. El ser humano debe hacer prevalecer su ley interior. No hay múltiples morales. Tampoco hay permisibilidad moral. La falta de ética es también una enfermedad de orden moral. En torno a la justicia, la dignidad, la belleza y la ética los griegos intentaron transformar el mundo.
Podemos evocar, más cercano a nosotros, los ejemplos maravillosos que unían ética, belleza y poesía en Simone Weil o en María Zambrano, dos mujeres preocupadas por la esencia del ser humano. Ellas, ahora, ya están en la memoria colectiva.

Carlos Penelas

Palabras pronunciadas en el acto de la Comisión de Desaparecidos Españoles en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, el sábado 30 de septiembre de 2017

Rocío Danussi lee

Fragmento de la lectura de poemas de Rocío Danussi en el acto en homenaje a los desaparecidos españoles en la Argentina, realizado en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

domingo, 1 de octubre de 2017

Se realizó el homenaje a los desaparecidos españoles

Con el título "Identidad y memoria" se llevó a cabo, a sala llena, el acto en homenaje a los desaparecidos españoles en la Argentina.


El acto se realizó en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte en el "Día del desaperecido español en la Argentina", recordando los 20 años de la inauguración del mural que los homenajea, inaugurado el 30 de septiembre de 1997.


El poeta Carlos Penelas una breve introducción, y lo siguieron María Consuelo Castaño Blanco y Rosa A. L. Puente, presidente y vice, respectivamente, de la Comisión de Desaparecidos Españoles en la Argentina.


El acto contó con la presencia de D. Javier Sandomingo Núñez, Embajador de España en la Argentina, quien también dijo unas palabras de apoyo y adhesión, ya que es la primera vez que se realiza un homenaje de estas características fuera de territorio español. Estuvo acompañado D. David Izquierdo Ortiz de Zárate, Consejero de la Embajada.


Previamente, saludó a los presentes el Presidente de la Biblioteca, Emiliano Penelas.


Rocío Danussi leyó poemas de Marcos Ana, Luis Alberto Quesada y otros; Laureano López Lois, un texto de su autoría.


En el cierre, la mezzosoprano Alejandra Riva, acompañada al piano por María Alejandra Varela, interpretaron un tango y una canción española.


Se recibió una adhesión del Dr. Ricardo Monner Sans, y contamos con la presencia del Prof. Esteban Lo Presti en representación de la CONABIP.


La locución y conducción del acto estuvo a cargo de Guillermo Fuentes Rey.


Se entregaron diplomas de reconocimiento a los invitados, y se realizó un brindis de honor.













Adhesión de Ricardo Monner Sans

A continuación, la nota de adhesión del Dr. Ricardo Monner Sans al acto de la Comisión de Desaparecidos Españoles que se realizó en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.


Cuando el insustituible Carlos Penelas me informó de la importante reunión de hoy, sentí fundada tristeza: un acontecimiento familiar insoslayable me iba a excluir de estar hoy presente. Lo lamenté por varias circunstancias: por la razón de esta convocatoria; porque siempre entendí que la lucha por los derechos humanos no podía esconder picardía política o económica alguna; por la importante presencia aquí del Sr. Consejero de la Embajada Española en nuestro país; porque éste es el primer acto que se hace fuera de España como recordatorio militante de los desaparecidos españoles en los tiempos del horror; porque aquí hice a los 18 años mis primeros escarceos políticos ya que esta casa era la seccional 19 del Partido Socialista; porque traté a Carlos Sánchez Viamonte y cuando en 1958 se postuló la fórmula presidencial PALACIOS – SÁNCHEZ VIAMONTE normalmente me tocaba –como representante juvenil- subir a peligrosos escenarios de madera y con micrófonos técnicamente opinables decir yo mis palabras en torno a la razón de por qué había que votar a aquel socialismo. En fin: porque mis ancestros fueron españoles.

El no estar hoy aquí, ustedes lo comprenden ahora, me lastima desde varios flancos.

En el tramo 1976/1983 –el más grande horror en la República Argentina- la dictadura me llevó a tratar a distintas personas que, sin haber nacido en nuestro país, entendían que había que arriesgar la tranquilidad personal para tratar de salvar lo salvable. No siempre reteníamos nombres ni siempre utilizábamos nuestros nombres. Ocurrió muchas veces que la persona –abogado o no- que se acercaba a los posibles lugares de detención, terminaba también privado de la libertad –secuestrado-, dándose la circunstancia de que alguien, que no militaba en organización alguna pero que quiso comprometerse en la lucha por la libertad de un detenido, quedó desaparecido o fue fusilado mientras que el detenido sobrevivió.


La lucha por la libertad no reconoce partidismos. O, en mejor decir, no debe reconocer partidismos. Por ello, no siendo yo peronista, ayudé desde muy temprano en la defensa de obreros y trabajadores peronistas militarizados bajo el Plan Conintes en 1961. De allí que homenajear a desaparecidos o secuestrados españoles en el tramo 1976/1983, no es un imperativo partidario: es –desde la polis griega- un compromiso político cuya raíz está en la conciencia.

Cuando uno ha ingresado en un tramo donde pudo hacer casi todo con respeto hacia las propias convicciones –siempre bajo riesgo, aunque por aquel entonces el nombre de mi padre creo que operó como protector por la trayectoria de él- tiene el derecho de repotenciar las preguntas que se hace un no creyente: ¿por qué vivimos? ¿para qué vivimos? No tengo respuestas comprobables, pero digo que, entretanto, suplo mi ignorancia con una apuesta grande: luchar por la libertad; luchar por la igualdad; luchar por un mundo mejor.

Los españoles hoy recordados tuvieron, seguramente, igual convicción. Aquí queda mi modo de presencia pidiendo se disimule mi ausencia.

RICARDO MONNER SANS
Abogado – Presidente de la Asociación Civil Anticorrupción

Taller literario