miércoles, 28 de septiembre de 2016

Carlos Penelas en el acto de las Bibliotecas Populares

La Conabip presentó el 23 de septiembre - Día de las Bibliotecas Populares - su campaña "Socio de la lectura" en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. La campaña convoca a autores, actores, divulgadores científicos y artistas de distintas disciplinas brindando su testimonio como socio de la lectura.


Penelas practicó deporte desde su infancia (fútbol, natación, pelota a paleta, box) y lo continúa con su rutina, semana a semana, en la pileta de la sede Dr. Ricardo C. Aldao del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, conocido también por su acrónimo GEBA.

Desde su niñez incorporó los versos del poeta latino Juvenal: Mens sana in corpore sano, lema que representa a la entidad.

martes, 20 de septiembre de 2016

Carlos Penelas en Radio Cultura

El poeta fue invitado al programa “Entrevistas & reflexiones”, de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), conducido por el Dr. Antonio Las Heras, que se emite todos los martes a las 23 horas por Radio Cultura - FM 97.9.




En cada emisión son invitadas personalidades destacadas de las artes, las letras y las ciencias para referirse a la actualidad de sus diferentes campos de trabajo. Carlos Penelas participó de la emisión del martes 13 de septiembre, en la segunda media hora del programa.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Homenaje a Sarmiento en la Recoleta


Reproducimos el discurso de Pablo Palemo, vicepresidente del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, en el homenaje a Domingo F. Sarmiento en el cementerio de la Recoleta, el domingo 11 de septiembre.


Sr. Presidente del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, Dr. Rafael Sarmiento.
Sras. y Sres.

El Instituto Sarmiento de Sociología e Historia honra hoy, domingo 11 de septiembre de 2016, la figura de Domingo Faustino Sarmiento, al cumplirse 128 años de su muerte. Y lo hace aquí, en el Cementerio de la Recoleta, junto al magnífico sepulcro que encierra sus restos, sepulcro cubierto de bronces, símbolo de la gratitud nacional hacia quien también es conocido como el Maestro de América.

¿Qué puede decir el orador sobre Sarmiento en esta mañana? ¿Con qué palabras homenajear al gran político y literato argentino? El respetuoso silencio de este lugar conviene. Conviene la presencia de todos ustedes, los minutos en que fluyen las palabras.

La amistosa sombra de Sarmiento, creo yo, nos acecha. La Argentina guarda sus lugares, sus cosas, sus objetos.

La Casa Natal de San Juan, obra de Doña Paula Albarracín, la abnegada madre inmortalizada en Recuerdos de provincia.

La humilde escuelita de San Francisco del Monte de Oro, provincia de San Luis, donde el niño Domingo enseñara a adultos las primeras letras.

Su casa de la calle Cuyo, actual Casa de la Provincia de San Juan y sede de la Asociación Sarmientina.

Pero Sarmiento también se yergue en el Parque Tres de Febrero, modelo en su momento de espacio público, antigua sede del caserón de Rosas y del primitivo Colegio Militar de la Nación. Allí, la colosal estatua de Rodin ha inmortalizado al genio en su gesto y en su andar impetuoso, como si la vida siguiese en aquel que, según palabras de Martín García Merou, jamás conoció el cansancio ni la pereza intelectual.

El Museo Histórico Sarmiento, del barrio de Belgrano, atesora sus objetos personales, libros, archivo y escritos. Allí el estudioso se dirige a la fuente básica de todo historiador: los documentos, la vida de puño y letra. La Historia, todos lo saben, se escribe con documentos y yo creo que, no obstante la gigantesca compilación de las Obras Completas de Sarmiento, debida a su nieto Augusto, queda mucho por investigar del Gran Sanjuanino.

Sarmiento y sus lugares. Sarmiento y sus obras.

Hoy, 11 de septiembre, Día del Maestro, el patio escolar se engalanará con la Bandera Patria, las formaciones de alumnos y docentes, los discursos. Allí también está Sarmiento, porque junto a sus amados niños debe buscárselo. El severo retrato, el busto tutelar, los aplausos.

Creo oportuno enumerar sus clásicos, infaltables en toda biblioteca. Facundo, Recuerdos de Provincia, Vida de Dominguito, Viajes por Europa, África y América, De la Educación Popular, Campaña en el Ejército Grande, Argirópolis, De la Educación Común, etc. Sarmiento fue el primer comentarista de la Constitución sancionada en Santa Fe en 1853. Sus Comentarios son bien documentados con la doctrina constitucional estadounidense. Gustaba mucho del Derecho; su íntima frustración fue no haber obtenido el título de abogado, a diferencia de su rival Juan Bautista Alberdi y de su admirado Abraham Lincoln, humilde como él, leñador y barquero, y convencido antiesclavista.

Precisamente de la obra titulada De la Educación Popular, editada en 1849, y que recoge sus experiencias educativas en el extranjero, es el siguiente pensamiento, clarísimo y que vale la pena recordar en este homenaje: “Es la historia la parte de la vida de las sociedades que ha precedido al momento de nuestra existencia; y forma, por tanto, un complemento necesario de la vida intelectual, de la vida de un hombre civilizado”.

Sarmiento es parte importante de la historia argentina. Su figura, una de las más destacadas del siglo XIX, lo ha abarcado casi todo. Alguien le dijo una vez: “A Ud. sólo le falta ser porteño y ser cardenal”. Soldado en Caseros, concejal por la parroquia de San Nicolás, jefe del Departamento de Escuelas, ministro del gobernador Mitre, gobernador de San Juan, diplomático en los Estados Unidos, presidente de la Nación. Confiada la más alta magistratura, declaró que, por la memoria de su madre y de Dominguito, alzaría la piedra y la llevaría a la montaña. Con ello decía: escuelas, caminos, ferrocarriles, telégrafos, lucha contra el desierto.

Pero por sobre este extraordinario dedicarse a la política de su patria, sobresale en Sarmiento su condición esencial: maestro de grado, maestro de escuela. Luchó siempre nuestro hombre para que la educación contase con una partida específica en el presupuesto provincial o nacional. No debía educarse por caridad, sino para que los educandos fueran educadores el día de mañana. “Por cada escuela que se abre, se cierra una cárcel”, fue su sentencia.

En esta mañana de homenajes ha querido el Instituto Sarmiento de Sociología e Historia evocar al Gran Sarmiento junto a su tumba. Deseo concluir estas palabras con una expresión de Carlos Pellegrini, y que corresponde a un discurso político pronunciado en 1897: “Cuando la ingratitud pide el silencio y el olvido, la justicia reclama la palabra y el recuerdo”.

Brille para Domingo Faustino Sarmiento la Luz Perpetua, la Luz que no tiene fin.

Muchas gracias.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Carlos Penelas en Benito Juárez

El viernes 16 de septiembre poeta brindará una conferencia sobre René Favaloro, mientras que el sábado 17 un encuentro literario, en la Asociación Popular de Cultura y Biblioteca Popular “Juan José Bernal Torres”, Av. Libertad 101, Benito Juárez.


Carlos Penelas brindará la conferencia “Presencia de René Favoloro” el viernes 16 de septiembre a las 19:00 hs. en Sala de Lectura de la Asociación Popular de Cultura y Biblioteca Popular “Juan José Bernal Torres” de Benito Juárez, que está celebrando su 70º Aniversario.

El sábado 17 de 10:30 hs a 12:00 hs., la invitación en la misma Biblioteca es para el “Encuentro Literario con Carlos Penelas”.

Carlos Penelas nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, Argentina, el 9 de julio de 1946. Sus padres fueron Manuel Penelas Pérez y María Manuela Abad Perdiz, siendo el hijo menor de cinco hermanos de una familia vinculada a la literatura, la plástica, el teatro y el cine. Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras.

Publicó más de veinte libros de poesía y prosa, entre los cuales se pueden destacar Poemas del amor sin muros (1970), La gaviota blindada y otros poemas (1975), Conversaciones con Luis Franco (1978), Los dones furtivos (1980), Finisterre (1985), Queimada (1990), El corazón del bosque (1992), El mirador de Espenuca (1995), Guiomar / Cantiga (1996), Los gallegos anarquistas en la Argentina (1996), Anarquía y creación (1997), Valses poéticos (1999), Desobediencia de la aurora (2000), De Espenuca a Barracas al Sur (2000), El regreso de Walter González Penelas (2001), Elogio a la rosa de Berceo (2002), Diario interior de René Favaloro (2003), Cuaderno del Príncipe de Espenuca (2004), El aire y la hierba (2004), Crónicas del desorden (2006), Romancero de la melancolía (2007), Retratos (2008), Antología personal (2009), Calle de la flor alta (2011), Poesía reunida (2012), Poemas de Trieste (2013), Homenaje a Vermeer (2014), Cánticos paternales (2015) y La luna en el candil de la memoria (2016).

Su extensa obra poética –saludada por Luis Franco, Raúl González Tuñón, Ernesto Sábato, Juan L. Ortiz, Diego Abad de Santillán, David Viñas, María Elena Walsh, Giuseppe Bellini, Thorpe Running, José Filgueira Valverde, Eduardo Blanco Amor, Lily Litvak, Frank Dauster, Ricardo E. Molinari, Xesús Alonso Montero, Graciela Maturo, Alejandro Drewes, entre otros- revela el devenir creador de Carlos Penelas.

Realizó viajes culturales a Santiago de Compostela, Madrid, Barcelona, Londres, Edimburgo, París, Roma, Bruselas, Amsterdam, Viena, Frankfurt, Praga, Budapest, Lisboa, Florencia, Venecia, Sicilia, Marruecos, Trieste, La Habana , Montevideo, Santiago de Chile, Antofagasta, San Petersburgo, Helsinki, Oslo, Copenhague, etc.

En Google Books

Los últimos libros de Carlos Penelas, y algunos anteriores, se encuentran disponibles en Google Books en este enlace.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Sándor Márai explica el peronismo

La literatura, la pintura, el cine, el teatro, el arte nos ayuda a comprender la vida. Buscamos lo bello, lo ético, lo solidario. Y los afectos, nuestro mundo interior, nuestros sueños, lo existencial, lo utópico, lo sagrado del ser. Quienes hemos leído a los clásicos, la visión humanista nos ilumina. Nos hace crecer en la solidaridad, en el compromiso, en valores libertarios y estéticos.


Doy clases de literatura desde hace más de quince años, en 1983 fui Director de los Talleres Literarios y Seminarios de la Sociedad Argentina de Escritores. Escribo y dibujo desde los dieciséis. Dicto clases individuales, salvo un taller literario -con cuatro o cinco alumnos- que disfruto en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte desde hace seis años.

Hace tiempo que concurre al taller una persona con inquietudes sociales, literarias, culturales. Amante del jazz, del cine, de la narrativa y de la historia es un apasionado de la obra de Sándor Márai. Su nombre: Gustavo Merino. Me une, junto a otros, una amistad que madura a partir de obras compartidas. Hace unas semanas que dijo que quería leerme – el alumno educa al maestro – un texto de Márai que estaba analizando. El libro es Tierra, Tierra, se publicó en España en 1972. Selecciono un párrafo para que lo compartamos. El gran escritor húngaro, un clásico de las letras, describe el comunismo. Nosotros podemos, sobre esa lectura, hacer otra.

Desconfiado lector, deje a un lado sus tabúes, eslóganes populistas y conjuros. Sé que el estalinismo no es el peronismo. También sé que en la práctica el nazismo se parece mucho al comunismo. Y que el peronismo tiene vínculos con el fascismo. Y que el dictador Franco -asesino sin duda- estuvo cincuenta años en el poder. Y que el revolucionario Castro – líder de masas, generador del bienestar del pueblo - hace cincuenta y siete años que gobierna con beatitud, como un gentilhombre del Vaticano. En suma, ya quedó establecido los vínculos entre tiranía, populismo, imbecilidad, dogmatismo, secta, burocracia, credulidad, injusticia, venalidad, fanatismo, ceguera, fascismo de izquierda y de derecha. No se haga el distraído, lea lo que sigue. Y mire, una vez más, Doce hombres en pugna de Sidney Lumet.

Siempre —incluso en sociedades con mayor número de habitantes— ronda los cien mil el número de personas que no son en absoluto comunistas, pero se alían con ellos por dinero, privilegios, ganas de protagonismo, vanidad, codicia o afán de venganza. Siempre y en todas partes delatan y traicionan a todo y a todos en los que alguna vez creyeron, si a cambio se les permite servirse su ración de pastel. ¿Quiénes eran esos proselitistas? Se podían distinguir tres tipos característicos. En primer lugar, el Progresista Creyente que tenía fe en la Idea. Ni siquiera el ejemplo de las décadas de Historia soviética transcurridas podían convencerlo de que la Idea estaba obsoleta, que era inhumana y que en el mundo se habían puesto en práctica unos sistemas de producción, distribución y propiedad completamente nuevos que podían ayudar a las masas trabajadoras con más rapidez, eficacia y justicia que la centenaria Idea. Ellos tenían fe en la Idea con la testarudez y la obstinación miope de quienes sólo han leído un libro; no les valían discusiones ni argumentos, se daban la vuelta cuando alguien les mostraba la realidad: la prueba de que la ideología comunista —que respondía al fenómeno del capitalismo monopolista del siglo anterior— era algo completamente desfasado, superado y carente de sentido en ese momento de masificación y revolución tecnológica. No querían saber nada de lo que se había realizado con una velocidad vertiginosa durante el siglo XX, porque necesitaban seguir creyendo en el Texto Sagrado de los envejecidos pergaminos venerados desde el siglo XIX, en la Idea Única. Esos pobres de espíritu que creían firmemente que el Reino de los Cielos les pertenecía no eran muchos, pero siempre habrá idiotas en todas partes, y si se alían con el poder pueden resultar incluso peligrosos. 

En segundo lugar estaban los compañeros de viaje cínicos y agresivos, que no eran en absoluto idiotas cuando confesaban: «Ya sé yo en qué consiste esta bellaquería, ya sé que arrebatarle a la gente el derecho a la propiedad privada y a la libre empresa, además de las libertades políticas y espirituales, no redunda en beneficio de la masa trabajadora, sino que se trata simplemente de un pretexto para llevar a cabo sus diabólicas empresas y permitir que una minoría cínica y violenta viva bien sin tener ni la condición ni el talento para merecerlo. Quizá todo acabe mal porque la empresa es inhumana, pero a mí me va a venir bien. Así que… venga, adelante, yo me voy con ellos.» Éstos eran más numerosos que los idiotas, aunque tampoco constituían la mayoría. La mayoría de los cien mil aliados de los comunistas estaba constituida —no solamente en los países que los comunistas habían conquistado con las armas o mediante prácticas violentas, sino también en otros lugares, por todo el Occidente llamado libre— por ese tipo de intelectual neurótico que teme más que nada el peligro de quedarse a solas con su neurosis en medio de la tormenta de un gran cambio. Se trata del neurótico que se refugia en el Partido porque no puede, no sabe o no se atreve a quedarse solo, ya que tiene que pertenecer a algún lugar, y sólo se tranquiliza cuando puede protegerse con el trozo de una capa mágica o ponerse el uniforme de la ideología social del momento. Se parece al psicópata que se calma de inmediato al vestir la bata blanca de enfermero, el uniforme de soldado o el hábito de monje, al psicópata que se tranquiliza desde el mismo instante en que le protege un atuendo civil, militar o clerical, ya que así no tiene que enfrentarse solo a la aterradora responsabilidad de su individualidad. Así era el intelectual neurótico que gimiendo se apresuraba a unirse a los demás, porque pertenecer a algo suponía para él la única posibilidad de tranquilidad…


Poco y nada podemos agregar: clarividencia, profundidad, sentimiento, lucidez. He visto, por tercera vez, El sabor de la cereza de Abbas Kiarostami. Y siempre encuentro algo nuevo, algo diferente. Lo filosófico, lo político, la metáfora de la palabra y del silencio nos llama en una suerte de alegoría mística.

Ha muerto Michel Butor, uno de los autores que devoraba de manera alucinada en los 60, cuando aún no tenía veinte años. Es lamentable que haya gente que siga escribiendo – algunos con premios, otros con fama – como si Butor no hubiera existido, como si no hubiera escrito y pensado el arte. Les recomiendo una novela: Stoner, de John Williams. Sí, se llama como el célebre guitarrista clásico australiano pero no lo confunda. Por último. El 23 de noviembre estaré en el Luna Park con mis hijos. Kraftwerk, por supuesto. Únicos. Nos estamos viendo, querido lector, nos estamos viendo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, septiembre de 2016

Taller literario