miércoles, 27 de febrero de 2013

Evocación de García Lorca

Ante un mundo complejo, una sociedad enferma, un deterioro permanente – si ya sé querido lector, mi padre me lo decía cuando yo era un niño de seis años – una dosis cada día mayor de hipocresía, fraude y vulgaridad, recomiendo siempre lecturas. Lecturas literarias, lecturas estéticas, lecturas plásticas. Lecturas de mujeres bellas, de cielos abiertos, de olores frescos, de vientos sobre el mar o los montes. Y recordar. Esto no significa que no concurra a marchas, que no escriba contra la barbaria y la malicia, que no analice los diarios o que no luche permanentemente contra la imbecilidad, el populismo o la demagogia. Significa, es sencillo, que uno toma fuerzas con otras cosas. 
 

En mayo de 1987 tuve un encuentro en la recepción del hotel Salles con Ian Gibson, el hispanista irlandés. Visitó Argentina para entrevistarse con aquellos que habían conocido a Federico. Entre ellos, don Ricardo Molinari, uno de los líricos más importantes de las letras hispanoamericanas. Fue él, que con suma generosidad, le habló de mí. El 13 de mayo conversamos por la tarde, a solas, durante más de una hora de poesía, del fascismo, de la Guerra Civil, de nuestras familias. Y naturalmente de su libro fundamental, riguroso e indispensable: El asesinato de Federico García Lorca. Un diálogo profundo urgido por el tiempo, por entrevistas, por compromisos. Intercambiamos libros, direcciones y proyectos. Y promesas de encontrarnos en algún lugar del universo.
 
En 1986 fui uno de los fundadores de la Comisión Popular de Homenaje a Federico García Lorca en el cincuenta aniversario de su asesinato. Algo que recordaré toda mi vida. Poetas, músicos, actores repartíamos flores por las calles, recitábamos poemas, dictábamos conferencias. Durante un mes realizamos más de treinta y cinco actos. Allí estaban, entre otros, Luis Alberto Quesada, presidente de la Comisión, María Rosa Gallo, Onofre Lovero, Dora Prince, Alicia Berdaxagar, Alejandra Boero, Ricardo Carpani – hizo un afiche memorable – el maestro Rolando Mañanes, los escritores José Gulías, Alberto Pellegrino, el poeta Rubén Derlis. El apoyo incondicional de Alberto Portas, Elena Márquez, Marcelino Fernández Villanueva, Emilio Madariaga y José Luis Blanco de Andrés. Y la adhesión de hombres de ciencia, investigadores entre los que recuerdo a Luis Quesada Alué, Gregorio Klimovsky, Manuel Sadosky. Y amigos que colaboraron en la difusión, en recaudar fondos, en organizar cenas, en enviar correspondencia, comunicarse con la prensa. Hicimos actos en teatros, universidades, colegios secundarios, en plazas. Una tarea infatigable, cotidiana. Sin ningún apoyo oficial, sin ningún patrocinante. Todo con entrada libre y gratuita. Me animaría a afirmar que fue el homenaje que se le rindió más trascendente en el mundo. Nos faltó la presencia de Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, León Felipe…
 
Federico enfocado desde distintos ángulos, de diversas formas y matices. Luego vinieron bailarinas, titiriteros y se agregaron al fervor, a la alegría de recordarlo, de evocarlo. Nos reuníamos en la Federación Libertaria, nos prestaban una sala de la biblioteca. Cada uno aportaba lo suyo sin ambiciones ni celos ni figuración. Había una sola condición que imponíamos: decir que fue asesinado por el franquismo. No admitíamos eufemismos. Allí todos, con distintas posiciones estéticas o ideológicas mostrando a las nuevas generaciones el brillo, el talento, la belleza creadora de uno de los poetas decisivos en la configuración de la poesía española del siglo XX. Y demostrar, además, que su pretendido “apoliticismo” no era verdad. Los apologistas de Franco insistieron que era apolítico. Y hasta personalidades como Guillermo de Torre, Rafael Martínez Nadal o Dámaso Alonso cayeron en ese equívoco. Para algunos biógrafos ni siquiera había sido republicano.

Lorca une su capacidad prodigiosa para acercarse y mirar la realidad como una incesante metafora. Y realiza el prodigio de transformar el lenguaje en metáfora de sí mismo. La poesía de Lorca gira sobre su propio tono, es una voz poética. No es casual que en su conferencia La imagen poética de don Luis de Góngora (1925), escribió sobre el poeta cordobés: “Inventa por primera vez en el castellano un nuevo método para cazar y plasmar las metáforas y piensa sin decirlo que la eternidad de un poema depende de la realidad y trabazón de sus imágenes”. Y cita a Proust: “Sólo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo”. Los poemas de Lorca se imponen como un sonido, relacionados más con la sensorialidad que con lo racional. Sus poemas están hechos con la poesía misma, esa secreta evidencia que transmite en la metáfora y nos ayuda a revelar de manera estética esa nebulosa que solemos llamar realidad. Concibió la poesía y la vida como una gran metáfora, como limones, como puñales, como lunas de blancuras enigmáticas. El amor, el dolor, el tiempo, la nada. De ahí el valor intemporal de su obra poética, más allá de su deformante popularización, la disección académica o los actos oficiales.
 
En su lectura de Poeta en Nueva York señaló: “…antes de leer en voz alta y delante de muchas criaturas unos poemas, lo primero que hay que hacer es pedir ayuda al duende, que es la única manera de que todos se enteren sin ayuda de inteligencia ni de aparato crítico, salvando de modo instantáneo la difícil comprensión de la metáfora y cazando, con la misma velocidad que la voz, el diseño rítmico del poema”.

Quien conoce mi casa sabe de mis afectos, de cuadros, de manuscritos, de una biblioteca ya inmanejable. Y de pequeños objetos, de bellos recuerdos, de platos y cerámicas, de máscaras, de colecciones. Una casa-museo, como dice un amigo. Tengo ante mí una estampilla con su imagen. Arriba leemos, Congreso Nacional de Solidaridad. Al costado, 25 pts. Abajo, F.García Lorca, 1938.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2013

viernes, 22 de febrero de 2013

Carlos Penelas e Italia

Poemas de Trieste, libro que Penelas escribió luego de su viaje por Italia, está en proceso de edición. El lector encontrará en esta obra una estética vinculada a la formación del poeta, una cultura centroeuropea y una idiosincrasia propia e intransferible. Desarraigo, plenitud, abandono.


Lleva una introducción de Alejandro Drewes. Algunos de los poemas han sido traducidos al italiano y al triestino. En Buenos Aires, Jorge Sanguinetti; en Trieste, Francesca Schillaci y Roberto Srelz. Publicará Editorial Dunken.

martes, 19 de febrero de 2013

Dios hablaba en sueco, Adán en danés

Llegando a ser anarquistas, le declaramos la guerra al amontonamiento de mentiras, astucia, explotación, depravación, vicio.
Piotr Kropotkin


En verdad, querido lector, la historia demencial generó el título de este artículo. Tratados en latín, libracos de más de quinientas páginas, reuniones y concilios, discusiones y gestos adustos, discutiendo en qué idioma hablaba el Creador con el casto Adán. O Adán con Eva. Y así con todo. No deja de tener gracia, una gracia trágica, pero gracia al fin. Como aquellos grandes intelectuales o poetas laureados cuando afirmaron que "el universo de Stalin no deja de renacer..." El libro sobre el elogio a la estupidez aun debe escribirse. Me he preguntado estos últimos años si un niño que no cree más en los Reyes Magos es un escéptico. También pongo en el tapete si un científico que analiza ciertos elementos del espacio o de la botánica ha dejado el mundo de la magia. Vivimos una sociedad en la cual la ilusión de la mentira es convertida en verdad. En todos sus aspectos. ¿Cuál era el representante de Dios en la Tierra cuando convivieron tres Papas al mismo tiempo? Y cada uno de ellos afirmaba ser el Pedro terrenal. Estamos hablando de 1378-1429. Hablamos de Alejandro V, Clemente VII y Urbano VI. Recordemos, de paso, que el sucesor de Alejandro V fue Juan XXIII.

Así son las cosas. Lo mismo ocurrió con la Revolución Rusa. Un hecho fenomenal en la historia de la humanidad en la que una régimen zarista fue depuesto por una causa noble la que en muy pocos años se convirtió en un dictadura sangrienta, sin escrúpulos. En nombre, naturalmente, del proletariado, de la libertad, de la esperanza.

Debemos hablar, entonces, de frivolidad, banalización, impostura. Y de complacencia y autojustificación. Todo junto y todo mezclado entre la culpabilidad y la fe, entre el pasado explotador y sin luces en nombre de un futuro pleno. Podemos seguir con las nuevas revoluciones en las cuales intelectuales, artistas, filósofos y pensadores hicieron los suyo. Vivimos un período histórico en nuestro territorio de teorías delirantes, de enajenación social, de fetichismo sin límites. Rodeados de brutos, de incultura, de barbarie. La "futilización" en estos suburbios hace de las suyas. Se mezcla todo y se mezcla mal. El esnobismo, el facilismo, la superficialidad, la sinrazón, la masificación de lo más burdo, la torpeza mental, el engaño sistemático, el relato desenfrenado en forma de catarsis. Y más, y más.

Una gran parte de nuestros intelectuales forman parte de esos sujetos a los cuales Luis Franco denominaba "los gendarmes de la pluma". En su libro Biografía patria (1958) hace referencia a la carencia de columna vertebral en la gran mayoría de ellos durante todas las épocas, y en particular durante el peronismo. Lo que vivimos en estos días no es muy diferente. El sainete criollo tiene picardía, descaro, infamia. El amor en estas circunstancias no dura mucho pero deja dinamitado un territorio, deja escombros, residuos, fracciones. ¿Qué pasó con los comunistas? nos preguntamos. Recordemos: manifestaciones de trabajadores alemanes en Postdam en 1953, la revuelta húngara en 1956, la invasión rusa en 1968 contra los checos. Los intelectuales que quedaron presos de ese proceso infame justificaron todo. Negaron cárceles, campos de concentración, purgas, asesinatos en masa, tortura, enriquecimiento, corrupción, delación. No saben el significado de la dignidad ni del recato. Nos preguntamos otra vez qué dirán estos caballeros - los actuales, digo - en unos meses o en unos años. La experiencia nos confirma que mentirán. Ya lo hicieron. Una y mil veces. Máscaras, bombos, himnos, líderes, secuaces, discursos, barras bravas. Y otra vez la ronda, otra vez el calor oficial, otra vez el populismo, la demagogia, la lucha por el poder, el engaño, las falsificaciones. Los argumentos sobran. Se cae, señores, el sistema hace agua.

Michel Onfray escribió: "Al tomarse por lo que no son, al imaginarse en una configuración diferente de la real, los hombres evitan lo trágico, es cierto, pero pasan inadvertidos ante sí mismos. No desprecio a los creyentes, no me parecen ni ridículos ni dignos de lástima, pero me parece desolador que prefieran las ficciones tranquilizadoras de los niños a las crueles certidumbres de los adultos. Prefieren la fe que calma a la razón que intranquiliza, aún al precio de un perpetuo infantilismo mental. Son malabares metafísicos a un costo monstruoso" Y también: "El poder produce la división salomónica de la sociedad y del género humano entre aquellos que lo detentan y aquellos que lo sufren".

Debemos sumarle a lo sugerido los gobiernos populistas, nacionalistas, demagógicos y una cultura de ceremonias colectivas proclives a la imbecilidad y lo irracional. Ya estamos próximos a descubrir lo superlativo del ser humano. Sin olvidarnos, desde luego, de los procesos del franquismo, del nazismo o del fascismo. Y los subordinados a ellos que reemplazaron gestos, formas y culturas. La masificación parece definitivamente instalada en una sociedad plena de alienación.

Sobre esta maravilla debemos evocar a nuestros patronos: el Santo FMI, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro. La sociedad queda armada, el Estado responde, los gobiernos pueden robar sin pudor, las guerras continuar, la pobreza y el hambre serán motivos de discursos emocionantes. Las banderas se agitaran en contra de los demonios y en defensa de los lemmings. Y todo se vuelve absurdamente irrisorio. Insisto, desanimado lector, la demolición de una cultura es palpable: se consolida la ignorancia con encarnizamiento en cada objeto, en cada gesto, en cada palabra. Hecha raíces. Recuerdo a Baudrillard cuando afirmó: "El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad".

Eligio in summum ponteficen. Habrá dos Papas, uno emérito y otro en ejercicio del cargo. Ha renunciado el Papa Benedicto XVI. Mater Ecclesiac. "La renuncia del Papa pone de relieve la profunda espiritualidad del Santo Padre y su gran lucidez", ha dicho el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach. El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, ha asegurado "que ha recibido con "plena comprensión" pero con "dolor en el corazón" la noticia de la dimisión". Hay cientos de citas y de artículos. Gregorio XII, papa legítimo, en la línea sucesoria de la obediencia romana, había renunciado el 4 de julio de 1415. La cristiandad contaba con tres papas. Evoco, entre otros, a San Hipólito de Roma y a Félix V. También, naturalmente, a Novaciano.

Poco más es lo que puedo ofrecerle, amable y desdichado lector. Tal vez debamos releer Aventuras del Barón de Münchausen de Gottfried August Bürger (1786). Este bellísimo libro - que leí por primera vez a los diez u once años - es de una admirable imaginación al mismo tiempo que satiriza un mundo. Más sano, mucho más sano, que nuestra realidad. O lo que se supone que es la realidad en la República de Trapalanda. Y recuerde, lúcido leedor: Peor que robar un banco es fundarlo. Y ahora a caminar y admirar las muchachas soñadas de la ciudad.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2013

Taller literario