jueves, 28 de junio de 2018

Conferencia en el Centro Galicia

El viernes 6 de julio a las 19:30 horas Carlos Penelas brindará la conferencia “Presencia de Valle-Inclán” en la Biblioteca Rosalía de Castro del Centro Galicia de Buenos Aires, Bartolomé Mitre 2552, tercer piso.


La Comisión de Cultura del Centro Galicia de Buenos Aires invita a la conferencia sobre Ramón María del Valle-Inclán que ofrecerá Carlos Penelas el próximo viernes 6 de julio, a las 19.30 horas, en la Biblioteca Rosalía de Castro de la sede social.

Ramón María del Valle-Inclán fue uno de los escritores clave de la literatura española del siglo XX y uno de los autores más universales que ha dado la tierra gallega. Novelista, poeta y autor dramático, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó.

Su producción literaria es muy amplia y compleja, porque si bien tocó casi todos los géneros, nunca se ciñó a sus normas. Fue el creador del esperpento con una visión amarga y distorsionada de la realidad, satirizando amargamente la sociedad española de su época.

La obra dramática de Valle-Inclán es probablemente la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX; la tragedia clásica no podía reflejar la realidad española, porque ésta se había convertido en "una deformación grotesca de la civilización europea".

Viaja a México y Cuba y posteriormente realiza una gira teatral por Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay donde también realiza numerosas conferencias sobre literatura española.

Carlos Penelas, poeta, escritor y conferencista, nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia vinculada a la literatura, la plástica, el teatro y el cine. Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. Estudió Historia del Arte y Literatura en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Publicó más de veinte libros de poesía y prosa. Colaborador en múltiples publicaciones periódicas. Dictó conferencias en distintos centros culturales de la capital y del interior del país y ha participado en mesas redondas y conferencias en ateneos y centros culturales de Galicia y Madrid.

Realizó viajes culturales a Madrid, Barcelona, Londres, Edimburgo, París, Roma, Bruselas, Amsterdam, Viena, Frankfurt, Praga, Budapest, Lisboa, Florencia, Venecia, Sicilia, etc.

En su 50° aniversario, la Fundación Argentina para la Poesía lo incluyó en la antología Poesía argentina contemporánea (1965-2015). En la actualidad dicta talleres literarios.

Algunos de sus libros se pueden consultar la biblioteca “Rosalía de Castro”, a la cual generosamente ha donado recientemente ejemplares de sus últimas obras.

Más información en la web del Centro Galicia: http://centrogalicia-bsas.org/2018/06/28/presencia-de-valle-inclan-conferencia-a-cargo-de-carlos-penelas/

Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/885278871647291/?active_tab=about

Twitter: https://twitter.com/comcgba

domingo, 17 de junio de 2018

Del guiso de órdago a la ignoracia supina

Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.
Quintus Horatius Flaccus, poeta latino (65 a.C.- 8 a.C.)




No cualquiera puede ser argentino. Argentino se nace, se crece, se extravía. Hay estudios realizados en el Institut Fraunhofer-Gesellschaft en los cuales se advierte el ADN argentino. No existe en el mundo una genética de esta especie. Los que no tienen el polímero de nucleótidos, es decir, un polinucleótido nacional y popular nunca llegarán a ser argentinos, a sentir como argentino. Cada nucleótido, a su tiempo, está formado por un glúcido, una base con grupos de fosfatos, choripán, peróxido de hidrógeno y vincha. Lo que distingue a un polinucleótido de otro es, entonces, la base nitrogenada, y por ello la secuencia del ADN se especifica nombrando sólo la secuencia de sus bases. La disposición secuencial de estas bases (zambombas, estampitas, plano cartesiano afro- C2H60-latino y diagrama de Lewis) a lo largo de la cadena es la que codifica la información del verdadero y auténtico peronista, perdón, argentino.

No cualquiera hace lo que hacemos. En fútbol, en economía, en relaciones diplomáticas, en oficinas públicas, en calles, en escuelas, en teatros, en plazas. No cualquiera sube al poder sindical durante veinte, treinta o cuarenta años. No cualquiera es macho y homosexual al mismo tiempo. Y viceversa. O lleva la picaresca porteña a regiones inimaginables. Cábalas, improvisación, fetichismo, mitos, queja, certezas. Nadie que no sea argentino hasta la muerte puede decir: “Las amenazas que han ocurrido nos han llevado a tomar la decisión de no viajar. Me gustaría que todos tomen esta decisión como un aporte a la paz mundial".

Ser argentino es un sentimiento. Tiramos papelitos, lloramos en los cumpleaños de quince, amamos la incertidumbre, viajamos “de colados” en los trenes. Creemos en el dulce de leche, en el gauchito Gil, en los líderes con patillas, en los bizcos, en los sargentos. Jorge Luis Borges escribió en 1973, que "el argentino, a diferencia de los americanos del Norte y casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello se puede atribuir a la circunstancia de que en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano…."

Nosotros creemos al pie de la letra en la interpretación de los sueños, en el horóscopo chino, en las mesas familiares sabemos de todo. Somos el pueblo elegido. A París, Londres o Madrid los comparamos con Buenos Aires, con el barrio, con el obelisco, con el tango, con las minas. Tenemos metáforas para referirnos al tema que tratamos, a los impuestos, a la devaluación, al FMI, a la salud sexual, a la vida de los otros. Lo solucionamos en un santiamén. Vivimos entre la imagen y la realidad. Tenemos la avenida más larga del mundo, el río más ancho, la cantidad de psicólogos y psiquiatras mayor del globo. Somos españoles, italianos, mapuches, alemanes, tobas, gringos, judíos, guaraníes, franceses, ingleses, rusos y porteños. Todo junto. A veces enfrentados, siempre superiores. Campeones y hasta campeones morales. Esto es así porque el concepto de molécula populista fue introducido por el filósofo y científico francés Pierre Gassendi hacia 1650. Una molécula es la mínima unidad de una sustancia que conserva sus propiedades químicas, es eléctricamente neutra hasta que no la toque el chimichurri o la hormona lutropina llamada vulgarmente ameba insciens.

Casi sobre el final, amigo lector, casi sobre el final. Usted sabe mi admiración por Domingo Faustino Sarmiento y por Juan Bautista Alberdi. Éste último escribió: “…haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume…”

Algunos otros escritores dejaron su impronta. No se enoje, tengo pocos lectores. Jorge Luis Borges: "El argentino suele carecer de conducta moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla. Joaquín V. González: "Nuestro principal defecto consiste en la falta absoluta de autocrítica, mejor dicho: la creencia persistente de que somos los mejores seres del mundo. Llamamos patriotismo a esta ciega alabanza de nosotros mismos, y arrugamos el airado entrecejo contra el ciudadano que se aventura a enrostrarnos nuestros feos detalles”.

Una más, de nuestro recordado Marco Denevi: "El argentino tiene una mentalidad de huésped de hotel, el hotel es el país y el argentino es un pasajero que no se mete con los otros. Si los administradores administran mal, si roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros a quienes en otro sitio los espera su futura casa propia, ahora en construcción…”

(Algo que les interesa a muy pocos. Sabemos de la pobreza intelectual de periodistas, intelectuales, escritores del medio. Recordemos – nos viene bien en estos días – algo de Islandia. Niels Finsen Ryberg, premio Nobel de Medicina; Björk, una de las cantantes célebres de nuestros días; Leif Ericson, llega a América 500 años antes que Colón; Laxness, poeta, escritor, ensayista; Anita Briem, actriz; Eidur Gudjohnsen, deportista internacional; Bobby Fischer, nació en EEUU pero adoptó la nacionalidad islandesa y murió en Reikiavik. Islandia, apenas 300.000 habitantes. Rodeada de volcanes, campos de lava, glaciares y géiseres).

Somos capaces de afirmar: “La Argentina es un país condenado al éxito”. Y también: “El que depositó dólares recibirá dólares”. Me quedo, como siempre, con Tato Bores: “Vermouth con papas fritas y good show.”

Carlos Penelas
Buenos Aires, 17 de junio de 2018

martes, 12 de junio de 2018

Eduardo Blanco Amor sobre la poesía de Carlos Penelas

En la dedicatoria de su breve ensayo Castelao (Orense, 1970): "A Carlos Penelas, correspondiendo -malamente- a sus magníficos poemas, cuyo envío ha sido un regalo para mi inextinguible hambre de poesía. Con un abrazo, Eduardo Blanco Amor, Orense, Capitán Cortés 43, junio de 1971".


De su folleto Volviendo a Ortega y Gasset (Orense, 1970): "Felices vosotros que pueden atender a mi traicionada poesía, naufragada - ¿para siempre? - en la vulgaridad profesional de la prosa. Con la más cándida admiración al altísimo poeta Carlos Penelas. Eduardo Blanco Amor, Orense, junio de 1971"

lunes, 4 de junio de 2018

Esto que llegó, se queda

Desentendido lector. Mejor aún: desocupado lector. Con su licencia debo decirle que no vivimos una crisis. Vivimos un estado de decadencia que llegó desde la vulgaridad, se fue consolidando de a poco – entre ginebra, uniformes, perdularios, mediocridad, corrupción, politiquería, goles, bombos y choripán - y se va a quedar. Otra vez. Sí, que hay islas, lugares donde la ciencia, el arte o la creatividad continúan la excelencia, su visión humanista del cosmos y de la historia. No volvamos sobre la claridad. Quiero decirle que estamos en el siglo XXI y todo se dio vuelta. Los términos, la cultura, las ideologías, los hábitos. Lo que resulta anormal se lo presenta como natural. Todo se tergiversó. Las sociedades sufrieron engaños, mitos, creencias, relatos y supercherías. Desde lo religioso hasta lo laico. Otro día hablaremos de los mazorqueros, de la veneración de las reliquias y del Banco Ambrosiano. Sí, también de San Agustín y de San Juan de la Cruz. Pero reitero, estamos en el siglo XXI. Rodeados de fruslerías, trivialidades, nimiedades, ineptitud e incultura.


El fracaso de las revoluciones cesáreas, el fracaso de los populismos, la ignominia de las dictaduras, las guerras y los campos de concentración nos han llevado a esto que hoy vivimos. Los sistemas agobiantes, la explotación del hombre, la miseria espantosa, los grandes centros de poder se las ingeniaron para destruir lo sagrado, lo humano, lo sutil de la mirada interior. Eso también lo vemos. Pero resulta que la descomposición es sistemática. En lo cotidiano, en lo ético, en lo particular.

Esto es sólo un artículo, no se ponga mal. Vemos que el ocaso de la inteligencia ha sigo avasallado por la ignorancia, por la banalidad. Cada día somos un poco más brutos, más toscos, más ordinarios, más obtusos. Nos cuesta hablar, nos cuesta pensar, nos cuesta imaginar. Vemos adolescentes y no adolescentes con actitudes imbéciles, con desconocimientos básicos, con tural en todas las clases sociales. Algunas pueden estar justificadas o son comprensibles. Las otras son alarmantes. Profesionales, estudiantes, empleados, señores y señoras bien alimentados, bien vestidos, pitucos, con viajes al exterior son incultos, patanes. Curados de espanto, pamema Porota, curados de espanto. Escandaloso, Porota, escandaloso.

Ya no se trata de si leyeron a Homero o gustan de la música de Malher, si reconocen una obra de Velázquez o un film de Kurosawa. No estamos hablando de eso. No los conocen, no les importa conocerlos, no les interesa. Hablamos del universo digital, de la expansión tecnológica y la globalización. Debe tener presente, amigo leedor, que además en estas tierras habita el peronismo. El peronismo - por favor, no lo tome a mal - es una hidra. La hidra se alimenta de gusanillos, se reproduce por gemación – como le es propio a los animales inferiores – se desplaza arrastrándose sobre la base o bien dando saltos. El cuerpo de la hidra genera cabezas. Y en este caso, la cabeza que busca el poder varía según la época. (El número de cabezas de la Hidra de Lerna iba desde tres, cinco, nueve, cien y hasta diez mil). Desde la psicología social se ha estudiado el peronismo en estas implicaciones complejas pero no se conocen resultados. Desde lo científico es imposible, desde lo religioso no se quiso analizarlo. En la mitología griega la hidra era un despiadado monstruo acuático que guardaba la entrada al inframundo.

En Cultura y compromiso, 1970, la antropóloga Margaret Mead escribía que los jóvenes son el termómetro de los cambios sociales al empaparse de todo lo nuevo en cada etapa. Pero aquí hablamos de decadencia, de borrar la historia, los hechos sociales. De no saber quién fue Cristóbal Colón, Enrique Omar Sívori, Gene Kelly o desconocer la Revolución Francesa. No mezcle, por favor, no sea dogmático ni populista. Avanza la inmediatez, en ellos y en sus padres.

Pues bien, nombramos a los Millennials, la Generación X, los NiNis, los Geners, la Generación del yo, yo, yo. Entonces recordamos: dopamina, superestrella, fama, gloria, todo en veinte segundos, selfie, memes, gifs, gatos, el olvido del celular y la muerte inmediata, los mensajes. Falta de imaginación, de fantasía, de utopía. A esto le podemos agregar las patologías sexuales contemporáneas, las neurosis, el poliamor, las nuevas conformaciones familiares, la promiscuidad, los tatuajes, la gestación artificial, los prejuicios, la arbitrariedad, la ceguera, los argumentos delirantes, la destrucción de la enseñanza.

Un paso más: inteligencia artificial, inmortalidad digital, marcadores somáticos, emociones básicas y secundarias, segundo cerebro en el aparato digestivo, neurociencia cognitiva, genética conductual, lenguaje y memoria, afectos, la intuición, la creatividad, la robótica, big data o inteligencia de datos, el análisis molecular. Llegamos: el cerebro cambia muy lentamente, el cerebro tiene miles y miles y miles de años. Los primeros fósiles de un animal con cerebro son de hace unos quinientos millones de años.

Como decía el Minguito del barrio: estamo realizados, estamo. Por último: cerró Maison Lion D’or, la bombonería más elegante y tradicional de Buenos Aires. En su local se venderán zapatillas deportivas. No hablemos de España ni de Italia, al menos en estos días. Por fortuna en breve empieza otro mundial de fútbol. Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja.

P.D.: Me olvidada. No sea badulaque, tiene la obligación de leer La parranda (1959) de Eduardo Blanco-Amor, uno de los grandes de la literatura. Detrás de su obra Valle-Inclán y Eça de Queirós. Compárelo con la mayoría de los escritorzuelos contemporáneos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2018

Taller literario