viernes, 23 de agosto de 2013

Una sociedad sin Favaloro

René Favaloro admiraba a Luis Franco y a Ezequiel Martínez Estrada. Eso sólo debería darnos una síntesis de su sentir. De médico rural a candidato a Premio Nobel de Medicina. Después de diez años de su suicidio, es otro símbolo de un país en decadencia. No de un país en crisis. Tuve la fortuna de conocerlo en 1978, estar junto a él – desde la amistad y el trabajo cotidiano – hasta julio de 2000. Un mes después renuncié a mi cargo de la Fundación. Junto a él viví momentos de creatividad. También de desolación. Luchó por una sociedad más justa; más sana, en todo el amplio sentido de la palabra. Miembro de la Codanep renuncia pues deseaba la investigación a partir de 1974. Combatió contra la corrupción sistemática de la clase política y una estructura mezquina, contra obras sociales cómplices y corruptas; Pami, como emblema de una época, de un engranaje hipócrita. Dictaduras y populismos fueron minándolo. ¿Eso sólo motiva su suicidio? No. Cuestiones íntimas, envidias, recelos, hicieron el resto. ¿Tuvo contradicciones? Sin duda.


Favaloro representa un antes y un después en la cardiología mundial. Fue el creador, en 1967, del puente aortocoronario. A partir de ese día todo cambió. Regresó a su patria para incorporar conocimiento, ética, educación. Habló de justicia social y de solidaridad. Se hartó de señalar la dignidad del hombre, de buscar ejemplos. Habló de la ciencia como la expresión de una necesidad inherente al ser humano. Habló de San Martín y de Bolívar, de Sucre y de Artigas. Era un profundo admirador de Atahualpa Yupanqui; juntos escuchábamos a Zitarrosa.

Es difícil evocarlo sin dolor. Sin él nada es igual. ¿Logró cambiar algo del sistema? Nada. Cambió la medicina cardiovascular del país y del mundo. Y la posición económica de muchos de sus allegados. Deseó ser recordado como educador. En él la memoria de Bernando Houssay, de Luis Federico Leloir, de César Milstein. Quiso una medicina igualitaria, una educación igualitaria. Una sociedad sin hijos ni entenados.

Carlos Penelas
Poeta y ensayista. Fue Jefe de Relaciones Públicas, Sub Director del Centro Editor y Miembro del Comité de Ética de la Fundación Favaloro.

domingo, 18 de agosto de 2013

Un alto en la Calle de la flor alta

Como en pizarra blanca, trazos finos a mano alzada han bosquejado un busto femenino. Sobre los ojos fijos, parece ascender una sonrisa vaga. Cerca del escote, un prendedor de filigranada caligrafía. La firma del artista dice, Carlos Penelas.


A través de estas líneas femeninas, se entra a Calle de la flor alta. Los colores del silencio que mitigan los acentos, el personal ritmo de cada vocablo, esperan ser descubiertos, “Una marcha peregrina, transitoria y perenne, de la pasión.[…] Movimiento inconcluso del aire y de la rosa, unidad indestructible de la utopía”, hallazgos expresivos que desatan emociones, viajes, encuentros, rapsodias, flashes que regresan a horas jóvenes y frescas como fueron antes de apagarse para siempre o futuros a milímetros de distancia.

En este banco se sentaba mi madre.
...
Entre estos árboles un viven dioses y héroes.
El gozo y el amor descubrieron
los románticos ojos de una muchacha,
la rosa roja del poema, el otoño del padre.

Los fantasmas la habitan junto a los jacarandáes.
Su magnitud devora las islas del olvido.

Plaza Rodríguez Peña (Fragmento)

Acuña Huidobro, que es para llorar lágrimas primeras que el poeta busca palabras en el corazón; según mi idea debería entonces hacer un alto, 'acudir desandándose' tras brumoso cristal de pasos para llegar a lo insondable, a lo desconocido. “La poesía es en realidad todo lo que no conocemos”, dice Penelas y eso mismo habita en el magnífico poema “Las nubes, el aire” donde el acierto en los tropos desnuda una concéntrica filosofía de búsqueda.

Regresamos
a esa región intima
de pétalo y olvido.
Súbitamente la noche
toca el sillón,

Acechamos la bruma,
lo que llama
del cielo o del vacío.
Ahogados como pájaros,
detrás de las colinas,
desde el tedio y la sospecha.

Las Nubes, el aire (Fragmento)

De tal constante (la inquietante búsqueda) se nutre la altura poética de Penelas, quizá, por lo que él mismo confiesa en el prólogo,“Pienso que es tan absurdo poseer una estética como engendrar voluntades en torno a la flaqueza humana: necesidad de un paraíso, de un líder, de una patria. A veces el hombre es lo suficientemente vulnerable para atesorar sobre el amor o lo ideológico”;incitación a navegar en marejada la mar bravía donde gravita la tierra firme del imposible. No hay eufemismos que la sosieguen, no hay licencias oníricas ni perfiles utópicos. Por esta Calle de la flor alta, se camina la cornisa de la vida en continua contradicción, pensamiento en abanico, espejado en otros pensamientos.

No puedo recordarlo. Es parte del sueño,
de la memoria, de lo que borra el aire.

Sentí que venía volando como Erinia
con el rostro en tinieblas,
sentí que me envolvía en una nube
inquietante y ceñida. Un fuego
donde quemaba el límite sagrado
del ocio extremo o del vacío.


Un rostro (Fragmento)

Sin ellos el mundo está sin límite.
Desde cada lugar solitario, los miro.
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud.

Permanezco continuo
como una mano tangible.
Me descubro colmando la mar
Y la certeza del pecho.
Así son los dioses terrenales;
vuelan en entrenoches, sorpresivos.
En este sendero de ondas y alboradas
aprisionan luz, aire, talones.
Vitales renacemos en sus voces.
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

Elegía (Fragmento)

Ha de sumarse a su lumbre lírica, la maestría de comunicar (intención que creo firmemente no forma parte del desvelo del autor sino que nace por obra y gracia de dioses distantes), de expresar los sentidos, de plasmar la acción efímera, fotografía instantánea que, en su pluma, “pesca el clic” justo.
Responde esta interacción al innegable histrionismo de Penelas, a quien “se lo ve y se lo oye” siguiendo sus textos y sus paratextos, que bien desnudan en el papel sus entonaciones y sus pausas.

Hoy has venido a verme, madre.
Estaba leyendo cuando te sentaste
-decorosa, nobleza de desvelo-
en el antiguo sillón de roble.

Te dije, además, que a veces
durante la nostalgia de la tarde,
en el torrente de las sombras,
evocaba tu muerte como una lejanía.
Y también dije que lo peor
no era ese hilo sutil de la memoria

Lo peor, lo peor…madre,
(recuerdo que lo confesé balbuceando)
era que no podías pensar más en mí,
ahora era imposible tu vigilia.

y tus ojos se abismaron en los míos.

Encuentro (Fragmento)

“El poeta tiene la condición del artista plástico. Es alguien que mira y, al mirar, descubre materia, forma, visiones. En el poema hay imagen y conjuro; clima y aroma recorriendo deseo” dice Penelas, será entonces imprescindible el "desembarco", que es lo que tienta al iniciar el viaje de las miradas.
Desembarcar en las playas -porque el deseo no es estepa ni desierto- que pisa el poeta y darle la proporción que la palabra lleva.

Desembarcar en la sensualidad que trasciende en recursos literarios sutilísimos, para hallar de esta manera la pasión casi épica, dramática en su acepción real. El idilio hiperónimo, porque hay frases que engloban otras de significados menores como abrazándolas.

La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.

La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.

La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.

La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.

La insurrecta de plazas y guerrillas.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

Variaciones de una hembra (Fragmento)

Penelas va más allá de lo que poetiza. Hay un plus-ultra que atraviesa aldea, pueblo, barco, mar, plaza, cocina, pájaros, vacío, bruma, en la nación de su infancia. Calle, mujeres, lechos, espaldas, labios, muelles, patios, zaguanes, burdeles, “rostros, cartas, manuscritos, retratos, talismanes. / Una casa amparada por la imaginación. / Un hotel, una panadería, un ramo de jazmines” se escapan, se recrean, se irradian.

¡Ah, los ojos de la ausencia bajo el pubis!
Detrás del viento, distante como el sueño o la noche,
detrás del aire y del agua callada,
sin sombra,

Llega con cabellera suelta
y gira sin miedos en el lecho secreto.

He olvidado la oscura plegaria de su sexo,
los hombros, las rodillas, la lengua como ave.
Desde el silencio de la noche digo su nombre.
...
El instinto aún acaricia los muslos de esta mujer.
La mirada es entonces otra demencia del deseo.

El príncipe del olvido (Fragmento)

Emilio Ballagas aseguró que la poesía no debiera explicarse, tan limitado es el léxico humano, tan flaca la lengua para descifrar lo ignorado, lo descomunal de algunas obras. Otros menos piadosos que el cubano, devastan genuinos entusiasmos asegurando que la poética no puede aprenderse. Lo esencial -y aquí todos convenimos-, es que no se puede dejar de ser poeta. Según Darío, Pessoa, Vilariño, Benedetti. Según los misericordiosos y los más crueles críticos.

Es una fuerza que arrastra la finitud humana hacia interrogantes de vida eterna. Ése, es el perdurar del poeta; aniquilar el tiempo que transcurre, volver atemporal la historia, multiplicar el caos de la memoria. Sin otro paisaje que el que ven los ojos hacia adentro, ir tanteando las pulsaciones de lo que no puede expresarse en un idioma que no sea el secreto lenguaje que habita la inquietud.

Sin embargo, Carlos Penelas, propone otra inquietud, otro lenguaje secreto. Propone, como el viento negro de Huidobro, la palabra y el conjuro.

Amigos, observad estas palabras
que caen en la noche. Apenas rozan la luz
de una lámpara silenciosa y antigua.
Vienen de aquellos campesinos exiliados,
llenan de agonías, de mujeres bellísimas,
de caricias que sobreviven
en talismanes o miradas melancólicas

Son palabras de un poema
que la amada no supo comprender,
palabras extraviadas en el aire y en el mar
que están aquí, en este cuarto,
sobre esta mesa olvidada del cosmos,
en esta habitación de Casa Viamonte.
Nos cuesta sentir en nuestra piel
tanta soledad y tanta urgencia.

Palabras (Fragmento)

A veces uno se pregunta
cómo nace la palabra del silencio
y logra atravesar prostíbulos,
humillados cuartos por las huelgas,
palacios con copas y dagas,
templos poblados de relicarios.
Suelo permanecer mudo ante ciertas
sensaciones tejidas por el odio o la vanidad.
Es cuando el diálogo
toma la forma de brisa o de tibias riberas.
Entonces , puede decirlo todo
pues he renunciado a decir nada.

Una conciencia cósmica, lejana,
como el sueño de la infancia
oye el canto de esa oración desvalida.

Sólo queda el recordar la fábula de los hijos
que invoco dormido entre el fervor y la lágrima.

Conjuros (Fragmento)

No eliges. Cuando niño, entre sombras y dudas,
mis padres me decían que cada lágrima
era una estrella que buscaba candidez
en la orilla del mar.
Ellos cifraban simetría y ofrenda
entre libros e imágenes
(Espectros de bosques y helechos junto al río)
Me decían que la risa zubia desde el alba
para alimentar la ternura de los campesinos.
Como un adolescente estuve recorriendo aldeas,
puertos, hálitos dolidos de mujeres.
De poema en poema fue creciendo ensueño.
Pude ser mendigo y príncipe
desde el dolor y el gozo de aquellos dioses.
Luego, todo se hizo luz en el espejo
que llegó de los heraldos.
Y manantial y patria verdadera.
Ahora, escucho una gaita implorante de cielo.
Conmueve la bruma gris en mis cabellos.

Autobiografía (Fragmento)

I
Una sombra del amor existe
en lo más secreto de vos, deseada.
O en mi corazón, no lo sé.
Como una aldea luminosa
en el centro de una línea de agua.
II
Los principes solitarios
son estos niños que mueven
la delicadeza del aire y del cencerro.
Un sueño medieval,
una infancia que insinúa belleza.
III
La luz de esta catedral
roza la piedad derruida del campanario.
Las cigüeñas recogen las sombras
de la niebla. Del amor que en ti existe
siento un halo. Y el mar, el mar...

Calle de la flor alta (Fragmento)

Como cierre, el más abierto pórtico que regala la sensibilidad del poeta, en "Rapsodia del secreto".

...
Pero una flor en la alta calle,
que no concibe la maldad de los hombres,
vela el nombre del reino.

Un reino que es posible hallar en calle de policroísmo poético. Y cercana al mar, al mar de Penelas.

Marita Rodríguez-Cazaux
http://maritarodriguezcazaux.blogspot.com.ar/2013/08/un-alto-en-la-calle-de-la-flor-alta.html

Calle de la flor alta - Carlos Penelas
Tapa e interior: Ilustraciones originales de Carlos Penelas
Editorial Dunken - Ayacucho 357 - CABA

jueves, 15 de agosto de 2013

"Álbum familiar", en imprenta

El nuevo libro de Carlos Penelas, Álbum familiar, se encuentra en proceso de impresión. El poemario, con cuatro grabados originales del maestro Carlos Andrés Scannapieco, será publicado en breve por Editorial Dunken. Aquí, adelantamos un boceto de la tapa.

Recordamos que la edición de Álbum familiar será limitada y constará de veinte poemas breves. Los ejemplares, firmados por el autor, llevarán el sello ex libris diseñado por el poeta. 

sábado, 10 de agosto de 2013

Favaloro y La cabeza de Goliat

Buenos Aires, 2013.
Peña del Libro "Trenti Rocamora".
Plaqueta.
Prosa.


Fue publicada la conferencia que Carlos Penelas dictara en la Peña del Libro "Trenti Rocamora" el viernes 12 de julio, día del 90º aniversario del natalicio del Dr. René Favaloro, en el salón de Editorial Dunken.

Coordinan la Peña Stella Maris Fernández y María de los Ángeles Marechal.

martes, 6 de agosto de 2013

El juego de la demagogia y de la corrupción

Las libertades son concretas, existenciales. La libertad es abstracta, esencial. 
Herbert Read 


Hay otro mundo, complejo, contradictorio, lo hay. El mundo está enmovimiento, siempre, con sus juegos de fuerza, sus estructurasviciadas, sus sistemas huecos y guerras económicas, como siempre. Lo sabemos. Hay otras miradas: estéticas, simbólicas, históricas, ideológicas. Discusiones profundas y crisis estructural. Miseria,hambre, injusticia social, egoísmo, realidades de poder y de codicia.Banalidad y confusión y privilegios. Sin duda. Pero aquí la demencialo cubre todo.

En verdad ya no sé cómo llamarlos. Se les puede definir como sinvergüenzas, desvergonzados, descarados. Tenemos otros nombres:caraduras, canallas, ruines. Sucede que también son arribistas,aprovechados, oportunistas. O ladrones, saqueadores, timadores. Suelenser populacheros, populistas, demagogos. Y además tienen versiones.Son indecorosos, cínicos, ubicuos, lábiles. Suelen ser incondicionales hasta que dejan de serlo. Su buscan, se repelen, se abrazan y se insultan. Dicen cháchara, dicen cipayo, dicen mercado. Se idealizan a sí mismos, discuten la fatalidad, el psicoanálisis, la lealtad, las escaleras, los palcos y las intendencias. Dicen coima y bailan el malambo. Dicen pueblo y cantan una cumbia villera. Cuando son delicados acentúan las consonantes. Se disfrazan de cultos y plagian a Augusto; escriben acta est fabula. (Del otro lado el vacío, otrasuerte de imbecilidad, otra erosión más del delirio a duo). Según laocasión son opositores u oficialistas. Sin leerlo son parte de unaobra de Ionesco. Siempre volubles, siempre enfrentados, siempre en laotra vereda. O en la misma. Están aquí y están allá. Son fascistas de derecha, a veces. Son fascistas de izquierda, casi siempre. También son híbridos, provisionales, tumultuosos, de barrio, triunfadores. Huelen el poder, la comparsa, los bombos. A veces son light, otras intentan ser elegantes: se mudan de barrio. Defienden caudillos, lo programático, los pactos. Luego mienten y no cumplen con nada. Cantan marchas, levantan banderas, dicen birra, dicen general, dicen revolución, dicen tercera posición dicen merengue. Inexorablemente odian a los ingleses. Inexorablemente hablan de patria, de escudos, de mutaciones. Lumpenes y sin formación. Resentidos, huecos, groseros. Tienen un repertorio complejo, con voces aliadas y voces cómplices. Son belicosos, antiimperialistas, furibundos herederos de la barbarie. Y luego son todo lo contrario: precisan sobrevivir. Entonces el desguace de los bienes nacionales. Y otra vez el sistema, los sindicalistas conversos, los empresarios conversos, la legión de excluidos. Deformados y con caries. Anuncian planes quinquenales, planes por décadas, proyectos al infinito. Son aliados y enemigos demonólogos, de fachadas, de consignas. Oscilan entre la perplejidad y el desaliento, entre la corruptela y la frivolidad generalizada. Entre los negociados y la sonrisa visceral. Son espasmódicos, obsecuentes, mediocres, triunfalistas. Reniegan prolijamente de lo ético, de la historia, de la razón. Viven en una circularidad repetitiva. Abundanen coreografías, en figuras retóricas, en beneméritos compatriotas.Corroboran pactos zurcidos entre gallos y medianoche, alzan los hombros y miran de soslayo. Y mezclan todo, absolutamente todo. De allí el guiso criollo, la caldeirada de la cual hablaba mi madre. Se sostienen por emblemas y traiciones, por herencias, epitafios, falsificaciones, monaguillos y miserias. Tienen destrezas circenses, olvidos institucionales, carcajadas gastronómicas. Se van haciendo cada vez más ricos gracias a los pobres. Hacen pobres para detentar el poder y hacerse ricos. Mastican entre codazos cómplices, tienen el guiño del jugador de truco, el lenguaje profiláctico del parlamento, el fervor del barrabrava. Olímpicos ganan siete a cero, treinta acero. A veces son tribales, a veces quieren ser caballeros normandos. Ellas son rubias teñidas, coloreadas. Son del conurbano, miran todo desde un supermercado chino, desde un shopping. Aplauden, siempre aplauden. Siempre aplaudieron. Y se olvidan. Entonces vuelven a serobstinados. Y la gente se olvida, y siga siga siga el baile y dalé que te dalé y dalé que te dió. Y todo es senil. Y del otro lado no hay lado. El vacío de lo mitológico, desplazamiento que pierde credibilidad, folclore autóctono, chovinismo liberal. Son anacrónicos. En todo son anacrónicos. Variantes de escaramuzas, variantes de montoneras con levitas, variantes de estatuas y crucifijos. Ya no hay terciopelo y el pavo real se pasea con varas sin plumas. Y la escena esta cerca de los dioses. Francamente deleznable. ¿Ineludible?

O xogo da demagogia e da corrupción

As liberdades son concretas, existenciais. A liberdade é abstracta, esencial.
Herbert Read

Hai outro mundo, complexo, contraditorio, haino. O mundo está en movemento, sempre, cos seus xogos de forza, as súas estruturas viciadas, os seus sistemas ocos e guerras económicas, coma sempre. Sabémolo. Hai outras miradas: estéticas, simbólicas, históricas, ideolóxicas. Discusións profundas e crise estrutural. Miseria, fame, inxustiza social, egoísmo, realidades de poder e de cobiza. Banalidade e confusión e privilexios. Sen dúbida. Pero aquí a demencia cóbreo todo.

En verdade xa non sei como chamalos. Pódeselles definir como lerchos, desvergonzados, descarados. Temos outros nomes: caraduras, canallas, ruíns. Sucede que tamén son arribistas, aproveitados, oportunistas. Ou ladróns, saqueadores, estafadores. Adoitan ser populistas, demagogos. E ademais teñen versións. Son indecorosos, cínicos, ubicuos, lábiles. Adoitan ser incondicionais ata que deixan de selo. Búscanse, repélense, abrázanse e insúltanse. Din cháchara, din sipaio, din mercado. Idealízanse a si mesmos, discuten a fatalidade, a psicanálise, a lealdade, as escaleiras, os palcos e as intendencias. Din coima e bailan o malambo. Din pobo e cantan unha cumbia villera. Cando son delicados acentúan as consonantes. Disfrázanse de cultos e plaxian a Augusto; escriben acta est fabula. (Do outro lado o baleiro, outra sorte de imbecilidade, outra erosión máis do delirio a dúo). Segundo a ocasión son opositores ou oficialistas. Sen lelo son parte dunha obra de Ionesco. Sempre volubles, sempre enfrontados, sempre na outra verea. Ou na mesma. Están aquí e están alá. Son fascistas de dereita, ás veces. Son fascistas de esquerda, case sempre. Tamén son híbridos, provisionais, tumultuosos, de barrio, triunfadores. Cheiran o poder, a comparsa, os bombos. Ás veces son lixeiros, outras tentan ser elegantes: múdanse de barrio. Defenden caudillos, o programático, os pactos. Logo menten e non cumpren con nada. Cantan marchas, levantan bandeiras, din birra, din xeneral, din revolución, din terceira posición, din merengue. Inexorablemente odian aos ingleses. Inexorablemente falan de patria, de escudos, de mutacións. Lumpenes e sen formación. Resentidos, ocos, brutáns. Teñen un repertorio complexo, con voces aliadas e voces cómplices. Son belicosos, antiimperialistas, furibundos herdeiros da barbarie. E logo son todo o contrario: precisan sobrevivir. Entón o despezamento dos bens nacionais. E outra vez o sistema, os sindicalistas conversos, os empresarios conversos, a lexión de excluídos. Deformados e con carie. Anuncian plans quinquenais, plans por décadas, proxectos ao infinito. Son aliados e inimigos de monólogos, de fachadas, de consignas. Oscilan entre a perplexidade e o desalento, entre a corruptela e a frivolidade xeneralizada. Entre os negociados e o sorriso visceral. Son espasmódicos, obsecuentes, mediocres, triunfalistas. Renegan prolixamente do ético, da historia, da razón. Viven nunha circularidade repetitiva. Abundan en coreografías, en figuras retóricas, en beneméritos compatriotas. Corroboran pactos zurcidos entre galos e medianoite, alzan os ombreiros e miran de esguello. E mesturan todo, absolutamente todo. De alí o guiso crioulo, a caldeirada da cal falaba a miña nai. Sostéñense por emblemas e traizóns, por herdanzas, epitafios, falsificacións, monaguillos e miserias. Teñen destrezas circenses, esquecementos institucionais, gargalladas gastronómicas. Vanse facendo cada vez máis ricos grazas aos pobres. Fan pobres para detentar o poder e facerse ricos. Mastican entre cotenadas cómplices, teñen a chiscádela do xogador de truco, a linguaxe profiláctica do parlamento, o fervor do barrabrava. Olímpicos gañan sete a cero, trinta a cero. Ás veces son tribais, ás veces queren ser cabaleiros normandos. Elas son louras tinguidas, coloreadas. Son das aforas, miran todo desde un supermercado chinés, desde un shopping. Aplauden, sempre aplauden. Sempre aplaudiron. E esquécense. Entón volven ser obstinados. E a xente esquécese, e segue o baile e dálle que dálle e dálle que che deu. E todo é senil. E do outro lado non hai lado. O baleiro do mitolóxico, desprazamento que perde credibilidade, folclore autóctono, chauvinismo liberal. Son anacrónicos. En todo son anacrónicos. Variantes de escaramuzas, variantes de montoneras con levitas, variantes de estatuas e crucifixos. Xa non hai terciopelo e o pavo real paséase con varas sen plumas. E a escena esta preto dos deuses. Francamente deleznable. Ineludible?

Carlos Penelas
Publicado en Cadernos, agosto de 2013

lunes, 5 de agosto de 2013

Conferencia en Avellaneda

Con motivo de la inauguración en el Hospital Pte. Perón de la Biblioteca Pública «Dr. Raúl Oliveri» el escritor Carlos Penelas dictará una conferencia denominada «Piñeiro: football, poesía y gallegos».


El acto se realizará el miércoles 21 de agosto a las 10.30 horas en el Aula Magna de la Institución, Anatole France 773, Avellaneda.

Taller literario