domingo, 18 de agosto de 2013

Un alto en la Calle de la flor alta

Como en pizarra blanca, trazos finos a mano alzada han bosquejado un busto femenino. Sobre los ojos fijos, parece ascender una sonrisa vaga. Cerca del escote, un prendedor de filigranada caligrafía. La firma del artista dice, Carlos Penelas.


A través de estas líneas femeninas, se entra a Calle de la flor alta. Los colores del silencio que mitigan los acentos, el personal ritmo de cada vocablo, esperan ser descubiertos, “Una marcha peregrina, transitoria y perenne, de la pasión.[…] Movimiento inconcluso del aire y de la rosa, unidad indestructible de la utopía”, hallazgos expresivos que desatan emociones, viajes, encuentros, rapsodias, flashes que regresan a horas jóvenes y frescas como fueron antes de apagarse para siempre o futuros a milímetros de distancia.

En este banco se sentaba mi madre.
...
Entre estos árboles un viven dioses y héroes.
El gozo y el amor descubrieron
los románticos ojos de una muchacha,
la rosa roja del poema, el otoño del padre.

Los fantasmas la habitan junto a los jacarandáes.
Su magnitud devora las islas del olvido.

Plaza Rodríguez Peña (Fragmento)

Acuña Huidobro, que es para llorar lágrimas primeras que el poeta busca palabras en el corazón; según mi idea debería entonces hacer un alto, 'acudir desandándose' tras brumoso cristal de pasos para llegar a lo insondable, a lo desconocido. “La poesía es en realidad todo lo que no conocemos”, dice Penelas y eso mismo habita en el magnífico poema “Las nubes, el aire” donde el acierto en los tropos desnuda una concéntrica filosofía de búsqueda.

Regresamos
a esa región intima
de pétalo y olvido.
Súbitamente la noche
toca el sillón,

Acechamos la bruma,
lo que llama
del cielo o del vacío.
Ahogados como pájaros,
detrás de las colinas,
desde el tedio y la sospecha.

Las Nubes, el aire (Fragmento)

De tal constante (la inquietante búsqueda) se nutre la altura poética de Penelas, quizá, por lo que él mismo confiesa en el prólogo,“Pienso que es tan absurdo poseer una estética como engendrar voluntades en torno a la flaqueza humana: necesidad de un paraíso, de un líder, de una patria. A veces el hombre es lo suficientemente vulnerable para atesorar sobre el amor o lo ideológico”;incitación a navegar en marejada la mar bravía donde gravita la tierra firme del imposible. No hay eufemismos que la sosieguen, no hay licencias oníricas ni perfiles utópicos. Por esta Calle de la flor alta, se camina la cornisa de la vida en continua contradicción, pensamiento en abanico, espejado en otros pensamientos.

No puedo recordarlo. Es parte del sueño,
de la memoria, de lo que borra el aire.

Sentí que venía volando como Erinia
con el rostro en tinieblas,
sentí que me envolvía en una nube
inquietante y ceñida. Un fuego
donde quemaba el límite sagrado
del ocio extremo o del vacío.


Un rostro (Fragmento)

Sin ellos el mundo está sin límite.
Desde cada lugar solitario, los miro.
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud.

Permanezco continuo
como una mano tangible.
Me descubro colmando la mar
Y la certeza del pecho.
Así son los dioses terrenales;
vuelan en entrenoches, sorpresivos.
En este sendero de ondas y alboradas
aprisionan luz, aire, talones.
Vitales renacemos en sus voces.
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

Elegía (Fragmento)

Ha de sumarse a su lumbre lírica, la maestría de comunicar (intención que creo firmemente no forma parte del desvelo del autor sino que nace por obra y gracia de dioses distantes), de expresar los sentidos, de plasmar la acción efímera, fotografía instantánea que, en su pluma, “pesca el clic” justo.
Responde esta interacción al innegable histrionismo de Penelas, a quien “se lo ve y se lo oye” siguiendo sus textos y sus paratextos, que bien desnudan en el papel sus entonaciones y sus pausas.

Hoy has venido a verme, madre.
Estaba leyendo cuando te sentaste
-decorosa, nobleza de desvelo-
en el antiguo sillón de roble.

Te dije, además, que a veces
durante la nostalgia de la tarde,
en el torrente de las sombras,
evocaba tu muerte como una lejanía.
Y también dije que lo peor
no era ese hilo sutil de la memoria

Lo peor, lo peor…madre,
(recuerdo que lo confesé balbuceando)
era que no podías pensar más en mí,
ahora era imposible tu vigilia.

y tus ojos se abismaron en los míos.

Encuentro (Fragmento)

“El poeta tiene la condición del artista plástico. Es alguien que mira y, al mirar, descubre materia, forma, visiones. En el poema hay imagen y conjuro; clima y aroma recorriendo deseo” dice Penelas, será entonces imprescindible el "desembarco", que es lo que tienta al iniciar el viaje de las miradas.
Desembarcar en las playas -porque el deseo no es estepa ni desierto- que pisa el poeta y darle la proporción que la palabra lleva.

Desembarcar en la sensualidad que trasciende en recursos literarios sutilísimos, para hallar de esta manera la pasión casi épica, dramática en su acepción real. El idilio hiperónimo, porque hay frases que engloban otras de significados menores como abrazándolas.

La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.

La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.

La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.

La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.

La insurrecta de plazas y guerrillas.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

Variaciones de una hembra (Fragmento)

Penelas va más allá de lo que poetiza. Hay un plus-ultra que atraviesa aldea, pueblo, barco, mar, plaza, cocina, pájaros, vacío, bruma, en la nación de su infancia. Calle, mujeres, lechos, espaldas, labios, muelles, patios, zaguanes, burdeles, “rostros, cartas, manuscritos, retratos, talismanes. / Una casa amparada por la imaginación. / Un hotel, una panadería, un ramo de jazmines” se escapan, se recrean, se irradian.

¡Ah, los ojos de la ausencia bajo el pubis!
Detrás del viento, distante como el sueño o la noche,
detrás del aire y del agua callada,
sin sombra,

Llega con cabellera suelta
y gira sin miedos en el lecho secreto.

He olvidado la oscura plegaria de su sexo,
los hombros, las rodillas, la lengua como ave.
Desde el silencio de la noche digo su nombre.
...
El instinto aún acaricia los muslos de esta mujer.
La mirada es entonces otra demencia del deseo.

El príncipe del olvido (Fragmento)

Emilio Ballagas aseguró que la poesía no debiera explicarse, tan limitado es el léxico humano, tan flaca la lengua para descifrar lo ignorado, lo descomunal de algunas obras. Otros menos piadosos que el cubano, devastan genuinos entusiasmos asegurando que la poética no puede aprenderse. Lo esencial -y aquí todos convenimos-, es que no se puede dejar de ser poeta. Según Darío, Pessoa, Vilariño, Benedetti. Según los misericordiosos y los más crueles críticos.

Es una fuerza que arrastra la finitud humana hacia interrogantes de vida eterna. Ése, es el perdurar del poeta; aniquilar el tiempo que transcurre, volver atemporal la historia, multiplicar el caos de la memoria. Sin otro paisaje que el que ven los ojos hacia adentro, ir tanteando las pulsaciones de lo que no puede expresarse en un idioma que no sea el secreto lenguaje que habita la inquietud.

Sin embargo, Carlos Penelas, propone otra inquietud, otro lenguaje secreto. Propone, como el viento negro de Huidobro, la palabra y el conjuro.

Amigos, observad estas palabras
que caen en la noche. Apenas rozan la luz
de una lámpara silenciosa y antigua.
Vienen de aquellos campesinos exiliados,
llenan de agonías, de mujeres bellísimas,
de caricias que sobreviven
en talismanes o miradas melancólicas

Son palabras de un poema
que la amada no supo comprender,
palabras extraviadas en el aire y en el mar
que están aquí, en este cuarto,
sobre esta mesa olvidada del cosmos,
en esta habitación de Casa Viamonte.
Nos cuesta sentir en nuestra piel
tanta soledad y tanta urgencia.

Palabras (Fragmento)

A veces uno se pregunta
cómo nace la palabra del silencio
y logra atravesar prostíbulos,
humillados cuartos por las huelgas,
palacios con copas y dagas,
templos poblados de relicarios.
Suelo permanecer mudo ante ciertas
sensaciones tejidas por el odio o la vanidad.
Es cuando el diálogo
toma la forma de brisa o de tibias riberas.
Entonces , puede decirlo todo
pues he renunciado a decir nada.

Una conciencia cósmica, lejana,
como el sueño de la infancia
oye el canto de esa oración desvalida.

Sólo queda el recordar la fábula de los hijos
que invoco dormido entre el fervor y la lágrima.

Conjuros (Fragmento)

No eliges. Cuando niño, entre sombras y dudas,
mis padres me decían que cada lágrima
era una estrella que buscaba candidez
en la orilla del mar.
Ellos cifraban simetría y ofrenda
entre libros e imágenes
(Espectros de bosques y helechos junto al río)
Me decían que la risa zubia desde el alba
para alimentar la ternura de los campesinos.
Como un adolescente estuve recorriendo aldeas,
puertos, hálitos dolidos de mujeres.
De poema en poema fue creciendo ensueño.
Pude ser mendigo y príncipe
desde el dolor y el gozo de aquellos dioses.
Luego, todo se hizo luz en el espejo
que llegó de los heraldos.
Y manantial y patria verdadera.
Ahora, escucho una gaita implorante de cielo.
Conmueve la bruma gris en mis cabellos.

Autobiografía (Fragmento)

I
Una sombra del amor existe
en lo más secreto de vos, deseada.
O en mi corazón, no lo sé.
Como una aldea luminosa
en el centro de una línea de agua.
II
Los principes solitarios
son estos niños que mueven
la delicadeza del aire y del cencerro.
Un sueño medieval,
una infancia que insinúa belleza.
III
La luz de esta catedral
roza la piedad derruida del campanario.
Las cigüeñas recogen las sombras
de la niebla. Del amor que en ti existe
siento un halo. Y el mar, el mar...

Calle de la flor alta (Fragmento)

Como cierre, el más abierto pórtico que regala la sensibilidad del poeta, en "Rapsodia del secreto".

...
Pero una flor en la alta calle,
que no concibe la maldad de los hombres,
vela el nombre del reino.

Un reino que es posible hallar en calle de policroísmo poético. Y cercana al mar, al mar de Penelas.

Marita Rodríguez-Cazaux
http://maritarodriguezcazaux.blogspot.com.ar/2013/08/un-alto-en-la-calle-de-la-flor-alta.html

Calle de la flor alta - Carlos Penelas
Tapa e interior: Ilustraciones originales de Carlos Penelas
Editorial Dunken - Ayacucho 357 - CABA

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