miércoles, 24 de mayo de 2017

Revista CriticArte, dedicada a Carlos Penelas

El último número de la revista CriticArte está dedicado a la obra de Carlos Penelas.


Acceda a la revista a través de los siguientes enlaces: http://revistacriticarte. blogspot.com.es y Calaleo. 


La Revista CriticArte es un medio comunicación literario y artístico, cuyo objetivo es la divulgación de la Literatura y el Arte sin fines de lucro. La revista se edita por internet con el apoyo de un equipo de profesionales que, movidos por la pasión de las letras y el arte en general, hacen posible su aparición trimestralmente. 


Se trata de una de las revistas literarias más importantes de Hispanoamérica, dirigida por el reconocido poeta -creador del Interiorismo-  Fausto Leonardo Henríquez, nacido en la República Dominicana.

 

jueves, 18 de mayo de 2017

"Elegía a mi padre" y otros poemas

Este es un bello libro de poemas, Cánticos paternales (publicado por la Editorial Dunken en el año 2015), del reconocido escritor argentino Carlos Penelas. Está dedicado a su padre, y hoy Palabra Abierta tiene la satisfacción de publicar seis de estos bellos poemas, que pueden alimentar el alma de cualquier lector; un lector que sienta nostalgia por la siempre querida imagen de un padre que se ha ido.

Plañido al padre muerto
I
Has partido a la nada.
Sin cáliz ni ocio ni espejismos.
Después de verte abrir el horizonte,
de mostrarme la piedad y las estrellas
eres libre en el olvido y en la tempestad.
Ahora sé que celebras el infinito,
el hechizo del bosque, el nombre de la sombra.
Siento que tus ojos van en busca de hórreos,
del aire errante de una aldea imaginaria
entre el cielo y la tierra y la rosa.
Cumples el ritual de los campesinos,
otro exilio de la memoria y la evocación.
II
Vienes en nube, en sueño, en ánima.
Regresas para hablarme
—como si no estuviese—
de lo huero, de viejas lecturas,
de la cólera del mundo,
de lo insurrecto y lo sagrado.
Y de sombreros, de zarzuelas,
de bellas labradoras en la niebla.
Lo haces como un náufrago invisible,
desde lo milagroso,
sonámbulo de voces, amanecido.
Es numinoso el vuelo de tu ofrenda.
…con la inutilidad de un ciego miro y no comprendo nada más que al cielo…
Enrique Banchs
Elegía a mi padre
Él habitaba el patio en la lectura.
Exageraba el culto del amor y El Quijote.
Era su voz precisa, irrevocable.
En la mirada descifró
la eternidad del lenguaje y de las cosas.
Él me habló de Lepanto y de Numancia,
del hebreo y del árabe.
Me citaba a Galdós.
la latitud exacta de su pueblo.
Lo veo maldecir con amargura
la delación y el miedo.
Lo veo en la agonía
que el cielo o el infierno agobió para siempre.
Él me enseñó que el hombre
está hecho de tiempo y de trabajo.
Junto a él recorrí el destino de mi sangre,
el verso castellano de Quevedo.
Me señaló la castidad y el honor.
Me salvó con el asombro y la ternura.
Me otorgó como gracia la soledad.
Y el soñado silencio de los sueños.
Prolongué sus hábitos y sus errores.
Aprendí a odiar la demagogia.
Aprendí la ironía. Y el humor incesante
que justifica un símbolo.
Desconfié de la gloria, de la vanidad,
de los terribles bronces de las plazas.
Desconfié de los dioses y de las multitudes.
Es parte de mi mito y de mi orgullo.
Es la cotidiana historia de mi verso.
Una elegía más que arrebató el misterio.
Nada quiero negar aquí, tampoco implorar
Hölderlin
El banco

Miro el banco de la cocina. En este banco se sentaba
mi padre. Lo descubrí muchas veces por la mañana, en si-
lencio. Fumaba su cigarrillo negro y observaba los canarios.
Tomaba mate amargo; un hábito de El Bolsón y de la sole-
dad. Cuando me despertaba hacía tiempo que ya estaba allí.
En silencio, conversando, con sus fantasmas. Seguramente
tenía imágenes de la procesión das Xás, de los nuberos, de
los trasnos. Al verme se le iluminaban los ojos, dejaba la
presencia de dioses paganos, el olvido, el insondable mar,
la cordillera de los Andes. Ahora me doy cuenta de ello.
Recién ahora, cuando descubro el banco en el mismo lugar
donde él se sentaba. Pasaron más de treinta años. Más.
¿Por qué hoy?, me pregunto. ¿Por qué? Entonces me citaba
a Cervantes o a Shakespeare. A veces me preguntaba si
quería almorzar unas lentejas o si el domingo veíamos a
los diablos rojos, en la visera. El banco está allí. De pie lo
miro. Me parece escuchar una oración que no comprendo,
fascinado por la menguada copa del alba y de la noche. Un
apretado canto o himno surge de alguna parte. No sé si lo
que evoco es real, si todo es sólo un viaje onírico. Si este
hombre que está de pie, casado, con hijos, que regresó al
principado de Espenuca, que escribe poemas, no huye del
abismo, de la maledicencia y la congoja. A veces se queda
ensimismado, como aquella perra fiel que miraba sus ojos.
Esta desnuda playa, esta llanura
Fernando de Herrera
Responso
¡Padre! ¿Hasta cuándo los dioses ocultarán tu sombra?
Te busco por las noches en un letal insomnio
y viene la congoja,
la ira viene con ojos de terror e inconsciencia,
me arrastra a interpelarte.
¿Cómo resucitar tu perpetuo descanso?
Siempre vas con tu paso ligero, de prisa,
por las calles de esta ciudad degradada.
Padre, este pequeño hijo
teme perderte entre tanto desmayo.
Sé de tu aliento y tu destierro,
sé que aprisionas mi voz del otro lado del mar.
Ahora te ruego que me hables.
Necesito escuchar aquello que murmuras
por los cuartos de la casa, lo que sabes,
lo que cuentas del sur, de los tronos, del cielo.
Estoy solo y temo olvidarte en esta soledad,
en esta plaza sin niños ni rebeldes
donde miro, vacío,
el verdor de la hierba entre la bruma.
¿Qué ruido es ese ahora? ¿Qué hace el viento?
T. S. Eliot
La mirada de mi padre
Anoche mi padre me habló de Bartolomé Murillo. Dijo
palabras que recorren la luz, palabras vagas, seductoras.
Nombró a María Manuela, a sus hermanas, a sus hijos.
Luego calló. Por momentos parece haber transformado
las cosas de la vida. Recordó El joven gallero, recordó su
Autorretrato de 1670. Después se fue perdiendo en olvidos.
Susurró: tengo armas milagrosas para vencer la muerte.
Y otra vez un oscuro laberinto, una memoria antigua, un
solitario en los umbrales de puertas con encinas. Fue en-
tonces cuando le hablé de su aldea, de los hijos del cura,
sus sobrinos. Pero él ya no sabía qué voces eran esas, qué
oído o cielo cubrían su horizonte. Le hablé de sus nietos,
de Emiliano y de Lisandro, de la belleza del alma de estos
hijos, de las presencias íntimas del sueño. Me pareció que
se ocultaba en otra sombra. (Al escuchar su nombre sonríe
con ternura). Recordó, de pronto, Muchacha con su pandereta
de José de Ribera. Creí entonces descubrir ciertas nubes,
ciertas nieblas sobre un aire de plegarias. Y sentí lo efímero,
la inocencia adolescente, la mirada celeste de sus ojos sobre
la delicadeza de lo incomprensible.
Dejadme llorar,
orillas del mar…
Luis de Góngora y Argote
Regreso
Este hombre que nació entre meigas y lloviznas
regresa por las noches a recordar el canto de las aves.
Habla de la melancolía, del pasado.
De una casa muerta,
de la siesta preñada de caldenes.
Este hombre vuelve a mi memoria
reconoce la nieve, el mate, la epilepsia.
El tumulto agonizante de los indios,
el tropel, el polvo oscuro, la huelga,
la soledad del libro.
Me sigue con su voz desde la sombra.
Miro con los ojos de él, que ya no ve.
(Estoy en la orfandad, sin descanso,
rodeado de demencia e infortunio).
Dicen que está muerto,
que habita su infinito en el olvido.
Siento que resucita en un monte del sur.
Y este hijo que divaga en el suelo pampeano.
Es desolador el viento en un pueblo fantasma.
Non dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas
ni vaxillas.
Jorge Manrique


Publicado en Palabra Abierta, revista independiente de cultura hispanoamericana, dirigida por Manuel Gayol Mecías, y editada en Los Ángeles, Estados Unidos.

lunes, 15 de mayo de 2017

Periódico El Duende entrevista a Carlos Penelas

El lunes 10 de abril se presentó en el Salón de la Editorial Dunken El huésped y el olvido.

Estas fueron algunas de las palabras del poeta en la presentación del libro:

"En un ensayo que publiqué hace unos años, Fragilidad de lo visible, utilicé como acápite un verso de Horacio que pertenece a la Oda 7, del libro IV: Somos polvo y sombra. El título del libro que hoy presentamos tiene ese verso como referencia. Lo inmedible provoca pavor, se torna misterio y búsqueda. Lo cósmico es parte del cuerpo, forma un todo con el infinito al mismo tiempo que aflora, fluye el amor - recatado, sensual - de una visión que interroga el cosmos".

Tuvo también el colorido de la lectura de algunos de los poemas por parte de Rocío Danussi, entre los cuales estaba este.

NAVEGACIÓN DE LA ALDEA
Sobre el vacío, en la agonía del hambre,
perseguidos por el horror y el despojo,
en naves que buscaban otro universo,
dejando atrás liturgias, señoritos,
lo doliente que acuña la sombra y la tragedia.
Iban con el miedo, iban libres.
No tuvieron espejos ni calma ni balanzas.
Había palabras cálidas atravesando
la tristeza en los ojos perdidos de los hijos.
Volaba la ternura callada de las noches.
Era un viaje de herida y griterío.
Dejaron la aldea para buscar
el paraíso perdido de los mártires
la acumulada realidad del cansancio,
el viento en la alborada de la rosa.
Esta es la mitología de mi nombre,
la generosa herencia de mis padres.

- ¿Qué fue lo que te llevó a ser un estudioso del período medieval y dedicarte a escribir poesía como dice en el pórtico de El huésped y el olvido? - En realidad todo comenzó con mis padres. Mi padre, Manuel Penelas, trabajó desde los seis años cuidando cabras en Espenuca, La Coruña, Galicia. Mi madre, María Manuela, aprendió a leer y a escribir casi a los treinta y cinco años. A los trece años en Buenos Aires, mi padre comenzó a trabajar en una fábrica. Allí conoce compañeros anarquistas, socialistas -hombres mayores que él - los cuales le dan a leer textos del príncipe Kropotkin, diarios pero también libros de Zola, la novelística rusa del siglo XIX, textos de Galdós, Shopenhauer. Crecí - soy el menor de cinco hermanos - en un clima donde lo social y lo cultural iban de la mano. La libertad, la lucha contra la demagogia y los totalitarismos de la misma manera que el gusto estético por la música clásica, el teatro, el cine, las artes plásticas. Ese fue el comienzo. Luego, ya en el profesorado en Letras Mariano Acosta - donde pasaron Marechal, Cortázar y tantos otros - me introdujo en la literatura medieval española, italiana, inglesa y francesa. Los años hicieron el resto. Y mis hermanos mayores que me ayudaron a crecer intelectualmente. También me acompañó toda mi vida el amor a la natación, el deporte, el placer por la naturaleza.

- Hay un tema recurrente sobre la soledad a ¿qué se debe? Así lo vemos en el poema "Recogimiento en una plaza del sur", o también en "Vestigios del silencio" y se repite en "Desolación de lo invisible"?
- En realidad el creador es un solitario. Todo creador es un solitario, más allá de su actitud o el trabajo específico. Quiero decir: un director de cine o un actor tal vez no lo parezcan porque están más expuestos. Pero el poeta, el músico o el artista plástico es introvertido, busca su mundo interior, su forma de expresión. En mi caso doy conferencias, clases, viajo al interior del país o a Europa pero soy solitario, me gusta la naturaleza, la soledad, pensar y sentir en soledad. Eso no significa, insisto, que sea un anacoreta.

- Se puede observar un delicado tono seductor como en "Andante" o también en "Vigilia". ¿Cuál ¿Cuál sería tu musa?
- La musa son los sueños, los recuerdos, la evocación, "la realidad y el deseo" como muy bien señaló Cernuda. La seducción es parte de la sensualidad, del erotismo, de los afectos, de la ternura. La musa es una cadera, una mujer mirando el mar, una fotografía, la memoria de una fotografía, una conversación, el silencio de una pareja, la calidez de un beso, la piedad de la hembra, la belleza de una caricia. La musa es la vida si se sabe mirar y sentir.

- Se nota la repetición de la cita a tu historia personal como "En los muelles de la infancia" y "Liber Liberart", ¿cómo lo podrías explicar?
- Desde lo poético tengo, por suerte, varios tonos. Uno es lo personal, lo interior, lo referente a la infancia. La infancia es la patria del poeta, lo sagrado, lo vital. En esa línea también se encuentra una poética relacionada con mis raíces, mis ancestros. La pobreza, el dolor de mis mayores y el esfuerzo enorme para con una mirada ética, transparente, trabajadora, salir de ese mundo y poder apreciar lo noble, la fineza, lo bello del mundo.

- En "Somerset" te referís especialmente al olvido, cuando empieza diciendo "Hay una purificación y un olvido en estas calles que fueron de mi infancia", ¿por qué, lo podrías contar?
- En realidad es un juego que suelo hacer con ciertos mitos interiores. El olvido tiene relación con el paso del tiempo, con nuevas generaciones pero también con el desconocimiento, la ignorancia, la degradación de una época. Entonces el olvido es exterior, el olvido es del otro, no es mío, no es del poeta. Él lo reconoce, reconoce ese ayer y lo vuelca en emoción, en silencio, en palabra. El poema es también una fotografía como las de Vivian Maier, Robert Capa o Cartier-Bresson. Una escena del teatro de Shakespeare o un cuadro de Vermeer.

Bueno en parte lo fui respondiendo con las inteligentes búsquedas que me fuiste planteando. Los recuerdos son parte de la formación y la sensibilidad. Y de la intuición, otra forma de nuestra capacidad. Desde Virgilio, Ovidio, Horacio, la creación se nutre de los recuerdos, de esa suerte de palabras que provienen de otro lado del mundo, al decir de John Berger. En ese clima el poeta intenta ser simple - que no es lo mismo que simplificar - es decir, su voz se reduce a lo esencial.

María Riccheri
Periódico "El duende", Buenos Aires, 1 de mayo de 2017

sábado, 13 de mayo de 2017

Sandra Figueroa lee "El huésped y el olvido"

No se por qué elegí esta noche de viento y lluvia, o es que me eligieron a mi para leer El huésped y el olvido y embarcarse en el universo de Carlos: Poeta Carlos Penelas.

Es 26 de abril. Martes.

Y es un mundo este universo, un reintegrarse a lo universal (como él dice en un ensayo) desde la mirada que va tallando cuanto observa, cuanto vive.

Un mundo sensibilísimo, que sabe el entramado de las luces y sombras, de lo infimamente inadvertible al ojo humano, sino es desde los ojos embebidos previamente de poesía.
Como sino advertir la bruma, lo efímero, indeleble, que atraviesa toda su poesía: “Soplo la luz insomne en esta tarde de octubre..”, “Configuramos la simetría de lo incierto en el aires, en la somnolencia de la fábula. Días lejanos, levísimos, bajo estas ramas que desnudan estatuas.”, “Desde la lejanía siento el río y la quietud..”

Y hay algo de sagrado en lo que invoca, acaso todo sea una mitología del asombro, usando sus propias palabras.

Y así podría continuar de poema en poema, resaltando los espacios , será que ya el título nos anticipa embarcarnos en un viaje donde la fragilidad de lo tenue habita, la libertad, fugacidad de lo efímero que permanece como un soplo.

(Ahora el viento circula con mas fuerza entre las hojas y se dejan oír, como si fuera el tiempo el que transcurre navegando entre las calles.)

Indescifrablemente hay un poema en la frente de Amadeo.

Carlos no se olvida de nada, es un registrador de la vida, tal vez es que va pintando cuadros, pincelando con su mirada y debe ser por conocerlo que creería que algo de mar lleva en sus ojos, algo de infinito, océanos e inmigrantes, de Finisterre, que luego traslada a los poemas.

Abrazo

y buena vida para El huésped y el olvido.

Taller literario