lunes, 15 de abril de 2019

Tres cuentos breves de Carlos Penelas

Final
Es de noche, estoy en un avión regresando a mi hogar. Hasta hace unos minutos mi mente estaba concentrada en una conferencia que debía dictar. Algo introspectivo y simbólico en torno al neoclasicismo francés. Por la ventanilla miro la oscuridad. Me vienen imágenes de una burguesía acomodaticia, de políticos gregarios. Siempre los desprecié, desde adolescente. Siempre me resultaron anodinos, adocenados. Deseo que se caiga, que se estrelle o se precipite en el mar, es la única solución. Lo deseo con lágrimas en los ojos, lo deseo en silencio. En el silencio de la desesperación. Necesito morir, necesito suicidarme. Soy cobarde, no tengo valor de dispararme un tiro en la boca o arrojarme de un edificio. Pienso en los pasajeros que desean vivir, que son felices o creen serlo. Pienso en mi niñez, en mis hermanas, en una novela de Italo Calvino. Siento que mi deseo de muerte es egoísta, que junto a mi anhelo está la vida de estos viajeros. Escucho el llanto de una criatura, miro a la azafata que pasa sonriendo, a un hombre mayor sofocado. Pienso en mis hijos, en mis nietos. Siento un sudor frío en mi frente. No puedo más. Hay turbulencias, cierro los puños y los ojos.


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El tren
Advierte que está a punto de entrar en su sueño. Ella se encuentra en la estación, una estación suburbana. Es una joven con glamour, aparentemente desinhibida, conoce su cuerpo. Usted descubre que lleva un pañuelo en la cabeza anudado, sin lazada. Un pañuelo bordó. Luce colores neutros; la ve inquieta. Tiene sensualidad al caminar, con senos para ahuecar las manos. Pero su mirada es tímida; reprimida podríamos decir. Hay algo obsesivo en sus ojos, en la forma de mover sus dedos; le aceleró la respiración. Usted sospecha que espera a su amante, un hombre casado – mayor que ella - un hombre que es o había sido conocido de su padre. Visitaba su casa con la pequeña hija. Un hombre mediocre, alto, con incipiente calvicie, sin más aspiraciones que un oficinista. Ella le confesó, hace años, esta historia que ahora usted revive. Ella (no se lo dijo) necesitaba acostarse con alguien pues el primer hombre había partido al extranjero. Le juró regresar, pero nunca lo hizo. Ella soñaba son ese novio, así lo llamaba. El novio era conocido de su familia, mimado por sus padres. Lo recibían con felicidad, con sonrisas. Ella le habló llorando – lo recuerda perfectamente - de su error, de su falta de claridad, que ahora (así dijo entre lágrimas) lo amaba a usted, que le pedía perdón, que usted era un ser excepcional. Despierta, la ve a su lado, envejecida, abandonada en sus delirios, en el desánimo de la vida. Es entonces cuando usted advierte que está a punto de entrar es su sueño.

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Diario
No soy escritor pero debo redactar mi biografía, debo contar cosas fundamentales, acontecimientos significativos. Tal vez para el lector resulten palabras vacías, sin sentido, recuerdos absurdos. ¿Obstinación, estupidez? ¿Qué tipo de lector? ¿Emocional y ecléctico, vocacional, medio? Debo desnudar lo que se oculta, aquello que no se dice, esa suerte de hipocresía naturalizada en cada individuo, en cada familia, en cada sociedad. Hablar de cómo ahoga sus gritos, su histeria, la irracionalidad. Como se fue transformando en víctima, en una persona donde la fatalidad ocupó sillones, muebles, sábanas. Y también del desenlace trágico, de la muerte de mi padre, de la amada que volví a encontrar después de quince años en un café de Montevideo, del tedio que me invade. Del insomnio, del incidente infausto de mi tío -el incidente del cual discutí en terapia durante meses-, de mi época de estudiante, de la percepción fantasmagórica de una aldea. No quiero ser desmesurado ni trasmitir odio al hablar de las mujeres que conocí. Deduzco que debería escribir del exilio, de las paredes curvadas, de las plazas, de la imposibilidad de tener hijos, de una carta de mi madre, de aquella foto de la infancia, del olor a manzana en el ropero de una prostituta, de la mirada y sordidez de mendigos durmiendo en la calle, de la trivialidad de mi cuñado. No sé cómo empezar.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2019

lunes, 8 de abril de 2019

Presencia de la lengua castellana

En un reportaje a Wislawa Szymborska le preguntaron que poeta contemporáneo le recomendaría leer a un joven. La poeta polaca respondió: Ovidio. La gran literatura siempre adquiere una actualidad renovada a la luz de las nuevas generaciones. Si utilizamos - como nos enseñó el profesor Héctor Ciocchini - las temáticas y métodos propuestos por Aby Warburg, para desentrañar las raíces de nuestra herencia hispánica y sobre todo comprender la naturaleza del acto de creación, entendemos con claridad la respuesta de Szymborska.


Quiero rendir homenaje a dos espíritus supremos que tanto hicieron por la educación, enseñando el lenguaje en el lenguaje mismo así como Hegel afirmaba que se debe enseñar a nadar nadando. Me refiero a Pedro Henríquez Ureña, el humanista dominicano y a nuestro querido ensayista, crítico y poeta, don Arturo Marasso.

Leer y estudir el ámbito de ciertas lecturas hicieron de mi un lector atento y particularmente lírico. En mi poética hay dos vertientes. Me confieso nieto de Quevedo y de la lírica gallega.

En Poesía Española, ensayo de métodos y límites estilísticos dice Dámaso Alonso cuando habla del hipérbaton: “Hay que tener en cuenta la enorme polisemia de la posición ‘de’, y no escandalizarnos por asociar como ejemplos valores muy diferentes: ‘de los sos ojos... llorando’, ‘de largos reinos... señor’ (Poema del Cid). Y en el otro extremo: ‘de tu balcón sus nidos a colgar’ (Bécquer); ‘del limonero entre el follaje oscuro’ (A. Machado)”.

En este ejemplo Dámaso Alonso nos demuestra que la violencia del lenguaje usual no es esencialmente distinta de las más osadas de Góngora. Pero más allá del análisis crítico nos sirve para admitir la divinidad de un verso, la fina sensibilidad, la cultura auténtica expresada con delicada espiritualidad.

¿Qué queremos decir? Que la literatura española, y fundamentalmente su poesía, está dentro de la gran poesía de la humanidad. Su intensidad, sus altas metas, su variedad, prueban también el núcleo lírico popular en la tradición hispana, el inmenso tesoro de su poesía.

Debemos señalar para aquellos que supuestamente están en el camino del arte contemporáneo buscando originalidades, giros sorprendentes, estructuras distintas, analizando o partiendo de versos casi indescifrables, queremos decir, repito, que tanto Garcilaso como Quevedo son poetas modernos. Y que sus literaturas tienen una inalienable unicidad, alma de la obra y de lengua.

Las lecturas de juventud son por un lado poco provechosas pues hay impaciencia, distracción y falta de método. Por otro lado está la pasión, la propuesta de modelos. Cuando llegamos a la vida adulta nos damos cuenta de ello. Así como nosotros vamos cambiando, leemos por primera vez un libro releído, sucede con frecuencia, a los textos que nos aguardan les sucede lo mismo.

Partimos de una base. Se leen los clásicos por amor. No por obligación o por respeto. Y a los clásicos castellanos los leemos con amor, con devoción. Y además debemos saber desde donde leemos. Ni la obra ni nosotros somos intemporales.

Mi aproximación a la poesía castellana fue a través del Arcipreste, de Garcilaso, de Fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Góngora, de Lope, de Quevedo, pero me emocionó a partir de Jorge Manrique. Más acá comprendí y amé a los clásicos contemporáneos: Machado, Hernández, Lorca, León Felipe, Jorge Guillén, Cernuda y tantos otros. Pero también a nuestros clásicos: Neruda, Vallejo, Borges, Franco, Molinari, Darío, Lugones, Girondo. Y naturalmente a los narradores latinoamericanos que tanto aportaron a la evolución de la lengua.

Sostengo, como afirmó Borges, que “sólo la palabra escrita tiene plena realidad ontológica”. La literatura presupone entonces también un problema moral, en todas sus alternativas se presenta valor y vileza, corrupción y virtud, la violencia del poderoso y la sufrida. Hay búsqueda de la verdad a partir de una estética. El valor de la palabra escrita se vincula con lo vivido, es siempre emblemática o conceptual. No deja de ser paradójico lo que nos enseña el arte. Siglos y siglos de los primitivos textos y sólo el presente vale. Sólo hoy y aquí ocurren los hechos. Infinitos signos a través de la lectura son celebrados con emoción y afecto en el presente. Decía el maestro Pedro Henríquez Ureña: “Donde termina la gramática empieza el arte”.

Un espíritu universal debe detestar todo provincialismo. Pero tampoco vale hablar de un universalismo genérico ni de tonterías abstractas, sino del aliento poético que convierte al lector y a los hombres a partir de su condición humana, de su curruncho. Por eso nos molesta tanto ciertos intelectuales o políticos que proclaman una cultura popular. Aquí haremos una breve digresión. La creación artística de ningún modo es una ceremonia religiosa o mística. Tiene sus propias leyes, sus propias reglas y métodos. Pero sobre todo la creación artística -que utiliza un lenguaje- lleva implícita un fuerte proceso del subconsciente. Y el arte se crea sobre la base de una interacción permanente entre la clase y los artistas, tanto en la vida cotidiana como en la cultural y la ideológica.

El descubrimiento de Fray Luis nos remite a detenernos en cada matiz, en cada palabra, estudiar un campo semántico. La lírica universal de Garcilaso, que tal vez es la síntesis del Siglo de Oro si advertimos en su obra la ascención por la música, la palabra interior que busca el rimo permanente.

En su estudio sobre Boscán nos dice Arturo Marasso al que sitúa “entre la expresión todavía no lograda y la palabra interior que busca el ritmo permanente”.

En los textos de la poesía española del siglo XV vemos la espiritualidad latina, la aristocracia de cada palabra, los metros más adecuados. Iniciamos un itinerario donde depuramos la pasión, el movimiento del alma. De allí la necesidad de ciertos intérpretes para analizar y comprender la creación literaria en todo su misterio y complejidad.

España no sólo trajo libros o una cultura de letras. Trajo Romances, sanciones, juegos, bailes. Nos advierte Pedro Henríquez Ureña: “España es el primer pueblo conquistador que discute la conquista, como Grecia es el primer pueblo que discute la esclavitud.”

Encontramos en una visión panorámica varias lecturas de una lengua. En el lenguaje mismo, en la arquitectura, en la pintura. La arquitectura y la pintura se suman a la alta calidad de la escultura española, la de la piedra y la de la madera pintada. Un sólo nombre: Berruguete.

En un ensayo sobre crítica y estilo el profesor Ciocchini nos dice: "...el aspecto greco-morisco y judío, la España oriental, no ha sido aún suficientemente estudiada - y esta labor parte de una trabajo textual y estilístico que requeriría largos años. Un análisis crítico, una nueva mentalidad crítica, ediciones anotadas de autores como el Rabí Sem Tob, Don Enrique de Villena, Juan de Mal Lara, manifiestan un tesoro de aspectos nuevos e iluminan la lengua con facetas que escapan al retoricismo, a la apariencia de chatura y uniformidad que afecta a las letras españolas por falta de depuración en las concepciones críticas". El lenguaje va de lo coloquial a lo formal, de lo erudito a lo cotidiano.

A fines del siglo XVIII, don Vicente de los Ríos, emparejó a Cervantes en su Juicio crítico del Quijote, con los grandes épicos de la antigüedad clásica, fundamentalmente con Virgilio: “La morada de don Quijote en casa de los Duques corresponde perfectamente a la detención de Eneas en Cartago. El extraño suceso de la Trifaldi y su continuación son también un espectáculo tan divertido como la relación del saco de Troya; la aparición del Clavileño aligero no es menos oportuna ni agradable que la descripción del paladín troyano, y los amores de Altisidora son comparables en su línea con la pasión de Dido”. Esta obra cumbre de la literatura mundial es siempre una catarsis para nuestra alma. Como dijo Jorge Nicolai: “Cervantes como genuino precursor del nuevo tiempo, ha superado el pasado y se ríe del fetiche de ayer”. He aquí un ejemplo: “Ventuoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo”.

Para un poeta el problema de la poesía es el de la belleza. Este camino milagroso es la creación del hombre. El propósito de un poema es enfrentarse a los grandes temas. La poesía castellana lo cristalizó en uno de los poemas que más he admirado desde mi temprana juventud. Estoy haciendo referencia a Coplas a la muerte de un padre de Jorge Manrique. La lectura de los grandes escritores medievales españoles son herederos de la tradición que fue capaz de engendrar la poesía más hermosa de su tiempo, me refiero a los romances viejos.

Para finalizar vale recordar que a mitad del siglo XV un judío de Baena ofrece al rey Don Juan una compilación de “cantigas muy dulces e graciosamente sasonadas, de muchas e diversas artes”. El Cancionero de Juan Alfonso Baena –nos dice Pedro Salinas– “aunque contenga poesía de otra especie, significa en buena parte la castellanización de la lírica cortesana provenzal”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

domingo, 31 de marzo de 2019

Una historia sobre la epilepsia

Hoy deseo tener un tono coloquial, una serie de reflexiones y emociones que componen, tal vez, una contemplación subjetiva. "Echar unos párrafos" era lo que solía escuchar en mi infancia cuando mi hermano mayor se encontraba en un café con un amigo.


Mi padre fue epiléptico. Según sus recuerdos, y los míos, a los cinco o seis años sufrió su primer ataque, en la aldea de su pueblo, Espenuca. Fue a raíz de un susto. Un hombre, demente o borracho, amenazó con matarlo. Mi padre nació el 7 de mayo de 1898. Se llamaba Manuel. Se hizo solo, todo lo logró solo. Tenacidad de hierro, trabajo, lectura. Y una envidiable capacidad intelectual. Me llamo Carlos Tomás Penelas Abad. Nací en estas tierras el 5 de julio de 1946. Me anotó el 9 para no hacer el servicio militar. No se casó por iglesia. Mi madre, María Manuela Abad, nació en Orense, el 31 de julio de 1899. Mi abuela materna era Adelaida Perdiz y la paterna Manuela Pérez. Mi abuelo paterno se llamaba Pedro y el materno, Tomás. De allí mi segundo nombre. Escribo, una vez más, una pequeña historia que nos remite a la antigüedad, a Suetonio. Una forma literaria que nos permite deslizarnos en la minucia.

Morbus sacer, la enfermedad sagrada, el gran mal. El saber epiteptológico era menor en la Edad Media cristiana que en la época de Hipócrates. La enfermedad de los mil nombres: innombrable calamidad, enfermedad lunar, azote de Christo. Se los recluyó en cárceles, en manicomios, en leproserías. La enfermedad perseguida por la Biblia , por las religiones, por el poder de curanderos y médicos, por la ignorancia, por la sociología de la imbecilidad. En el medioevo se los solía quemar. Se sospechaba que Satanás se había introducido en el cuerpo. Una crisis de epilepsia era, para los ciudadanos de la antigua Roma, un mal augurio. La voz popular denominaba la enfermedad como mal comicial o comicialismo. Aun hoy la epilepsia está marcada por el estigma de la historia. Se la oculta, se la intenta definir con otros nombres, es una enfermedad vergonzante. Crisis espontáneas y reiteradas. Mi padre tenía crisis generalizada tónico-clónica. Se le priva de oxígeno al cerebro; la mente en blanco. Por esa razón me hablaba de Sócrates, Petrarca, Julio César, Fedor Dostoievski, William Shakespeare, Napoleón Bonaparte, entre otros.

A los catorce años conoció a hombres que lo salvaron de la iniquidad, de la humillación, de la pobreza espiritual. Socialistas y anarquistas le hicieron ver la vida en otra dimensión. Le hablaron de solidaridad, de injusticia social, de hipocresía. Comenzó a leer a Arthur Shopenahuer, al príncipe Pierre Kropotkine, a Friedrich Nietzsche, a Émile Zola. Descubrió a Cervantes y a Pérez Galdós. A Calderón, a Beethoven, a Goya. Y sobre todo, la verdadera historia de Galicia: Manuel Curros Enríquez, Manuel Murguía, Eduardo Pondal, Alfonso R. Castelao… La dignidad, la libertad individualista, el decoro, lo acompañaron toda su vida. Una conducta, una mirada, una utopía íntima.

Las autoridades prohíben casi todo; no tanto en nombre de la salud pública como de la moral social. Los actos de un hombre embriagado o de una prostituta y su cliente ponen en duda las reglas que quebrantan. Sus actos son un disturbio, no una crítica. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue herejías, no los crímenes del sistema. Se repite así actitudes de otros siglos: la lepra y la demencia también fueron vistas como encarnaciones del mal. No falta el temor supersticioso y ambivalente. Como el leproso de la Edad Media, el alucinado es víctima de un mal sagrado, sus palabras o gestos son revelaciones de otro mundo. Los persecutores de las enfermedades no son menos crédulos que los enfermos. Dickens nos ha dejado descripciones terribles de lo que fue la vida de la clase obrera en las grandes ciudades. Y cine del neorrealismo italiano o las novelas de Blasco Ibáñez. La sociedad de nuestros días ha terminado de vaciar de todo contenido los ritos tradicionales y no ha logrado crear otros. El mundo eleva como valor supremo la eficacia. Y la tecnología, no la ciencia. Por un lado vemos el cristianismo evangélico, por otro sus deformaciones eclesiásticas e históricas. Lo mismo sucede con las ideologías redentoras, con el pensamiento de los teóricos del siglo XIX. Hoy, el extravío desplegó sus alas.

Era un hombre ejemplar, en el buen sentido de la palabra. Mi madre lo acompañó siempre, lo protegió. De niño me hizo ver el desvanecimiento de la ilusión de la divinidad y el descubrimiento de la realidad del hombre. Me hizo desconfiar de las instituciones bancarias y de las otras. El hombre es sus instintos, nuestra moral una codificación de la agresión y de la humillación. Hay un vidrio deformante que no nos deja ver al hombre tal cual es. (De niño me leía a Ramón de Campoamor y a Emilio Salgari.) Se genera en todo momento la ilusión de la finalidad, lo revolucionario o el cambio en libertad. Como señaló Octavio Paz en un artículo publicado en la década del 60: “¿Quién juzga sobre la legitimidad del terror: las víctimas o los teólogos del poder?”

Desde siempre se niega a distinguir entre medios y fines; unos y otros corresponden a situaciones históricas determinadas. Los medios son fines y éstos aquellos. La solución siempre es dudosa cuando proviene del socialismo burocrático o estatal. De la economía mixta mejor no hablemos. Hay un diálogo de máscaras, un doble monólogo del ofensor y del ofendido.

Desde las lecturas de Pierre-Joseph Proudhon y los clásicos del Siglo de Oro Español formó una familia, nos ofrendó una biblioteca y una conducta. Nos hizo entender el profundo significado del estudio, de la ética, del compromiso. Una manera de contemplar, una coherencia interior, una conciencia de la soledad. No una negación de la vida sino una exaltación de sus virtudes. La pasión y la negación del mundo abyecto que nos rodea. Nos enseñó, además, que tradición no es continuidad sino ruptura. Espontaneidad y reflexión. Y algo más, lo que en español llamamos temple: arrojo, dureza, flexibilidad, ternura. Revelar lo que somos para el otro, por el otro. La moral de la responsabilidad personal en una sociedad corrupta.

Tal vez, caro lector, estas líneas no sean más que un aspecto fragmentario, una apariencia inconexa de lo fugitivo, de lo transitorio. Tómelo como una fragmentación romántica de un hijo que evoca a su padre al visitarlo en un sueño.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

sábado, 30 de marzo de 2019

Breves líneas a las acémilas y a los ignorantes

Venimos escribiendo desde hace mucho, mucho tiempo, que la imbecilidad no tiene límite. O como señalaba nuestro gran Domingo Faustino Sarmiento: “la ignorancia es atrevida”.


Harto de discursos, proclamas, bombos, santificaciones, inscripciones y declaraciones banales, aconsejo a aquellos que están discutiendo géneros, innovaciones absurdas, explicaciones extraviadas o teorías lamentables sobre la lengua castellana y todas las lenguas, las diversas conquistas, los personajes de novelas, los autores machistas y los otros, sobre la modificación del idioma o la historia de la humanidad, de las guerras mundiales – obra de nacionalismos, populismos y el capitalismo -, que vuelvan al taparrabos. Que regresen a la condición nómada, a las voces originarias, a sus tribus ancestrales. Que devuelvan el idioma, los apellidos, las creencias, las instituciones, las banderas, las pinturas. Que recuperen sus chozas, sus esquemas, sus instrumentos musicales, sus cubiertos, sus platos, sus comidas, incluyendo manteles y diccionarios. Que se queden con sus vacunas y sus medicamentos, con sus cirugías, sus modales, sus teatros, sus óperas, sus palacios, su cinematografía. Que desprecien la tecnología, que busquen su literatura, que mantengan sus ceremonias sociales, sus conductas, su sociología, su patriarcado. Que aborrezcan de Cervantes, de Dante, de Miguel Ángel, de Quevedo, de Galdós, de Bakunin, de Marx, de Trosky, de Goethe, de Shakespeare, de Homero, de Leonardo, de Montesquieu, de Galileo, de Darwin, de Copérnico, de Fleming, de Mendeléyev, de Loewi, de Fellini, de Chopin, de Buster Keaton, de Chaplin… Que sus dioses sean restaurados, que vuelvan a ser cazadores-recolectores, agricultores itinerantes, que tengan caciques y hechiceros, que regresen a los troncos ahuecados.

Mientras tanto yo le pediré perdón a los sumerios. En especial a Berosus Caldeus, que escribió en griego. No siéndolo. Ora pro nobis.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 30 de marzo de 2019

miércoles, 20 de marzo de 2019

Mito, poesía y realidad

El tiempo está fuera de quicio. 
¡Maldita suerte la mía, haber nacido para ponerlo en orden! 
Hamlet


Muchas veces afirmamos, y no sin razón, que el tiempo todo lo destruye, deslíe y mitiga. La lectura intensa de los autores clásicos otorga una mirada trascendente. Horacio, Cervantes, Shakespeare, los novelistas rusos del siglo XIX, Baudelaire o Giambatista Vico, Pavese o León Felipe, nos conducen al descubrimiento de la imagen poética: su principal recurso. En esos textos, como lo hace Vico, el valor ontológico en la mentalidad primitiva a partir de la imagen. Desde allí comprendemos los universales fantásticos: se da sentido a la realidad, nombrándola. La literatura adquiere una lectura simbólica y catártica. ¿Es la única lectura? No, por supuesto que no, pero es una de real importancia.

Ha partir de entonces podemos interpretar los mitos, el retorno a la esencia del creador, lo mágico, la soledad, el valor de la unicidad absoluta que lo eleva fuera del tiempo y lo consagra como verdadera revelación, que lo instaura como si cada vez que leemos un verso fuera la primera.

En toda obra sentimos la inmersión en el mundo de los orígenes, , el retorno a la tierra, las esencias del pasado y las experiencias infantiles, un nuevo modo de explorar la realidad, lo sensual y lo existencial.

Deberíamos comenzar recordando a Don Francisco de Quevedo y Villegas, a sus Sátiras Políticas, aquellos versos inmortales: “No he de callar, por mas que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo.” Y aquel célebre y conmovedor Memorial dedicado a S.M. El Rey Don Felipe IV, por el cual fue encarcelado en su vejez, en San Marcos de León, durante cinco años. El poema, según la leyenda, apareció debajo de la servilleta de Felipe IV los primeros días de diciembre de 1639.

Vivimos en una sociedad que se desintegra, con hipócritas e inescrupulosas vejaciones. Un desdichado territorio poblado de expedientes, de infamia, de desolación. Sospecho que en estos últimos tiempos algo comienza a fisurarse. La estructura social está llena de porosidades, de fachadas folclóricas, de próceres, de deslizamientos. La sociedad –quiero imaginar- se percata de humillaciones cotidianas, de jerarquías prostibularias. Ineficacias y miradas esconden la complicidad de un sistema ilegítimo.

Ya lo dijeron: la patria es la infancia. La infancia y la lengua materna nos sirven para la evocación, para descubrir el mundo a partir de la memoria que al vivir recobramos. Descubrí que el poeta tiene en su hogar la intensidad del mundo íntimo que lo une a lo universal. Por eso sólo puedo escribir a mano sobre una hoja blanca. Desde allí recreo el sentido profundo del idioma. Medito la palabra que se expande, intento realizar la proeza de plasmar –una artesanía depurada- la experiencia del ser. El destino del poeta es esa percepción inexpresable.

La poesía, el teatro, la escultura -el arte- atraviesan la crisis o la degradación que cotidianamente palpitamos en la sociedad. Algo que en mayor o menor medida irrumpe desde las grandes capitales del mundo, una confusión que ahoga, distrae, distorsiona. El mal gusto (alguien preguntará con sorna ¿lo suyo es emblema de buen gusto?) es todo un símbolo. Presenciamos atónitos discursos enfermos o dementes, patrioteros, planteos irresponsables sin que nadie se detenga a reflexionar sobre la permisividad de teorías que desconciertan o provocan. En el fondo es hojarasca. No es casual que todos los movimientos totalitarios, populistas o demagógicos insistieron siempre en el espíritu de sacrificio nacional, en mitologías ancestrales, en espectáculos con “características románticas”, realzando ceremonias en donde el simbolismo y la carga de espacio imaginario cobraban un papel protagónico. Provocaciones solapadas. Ya Georges Sorel afirmaba que la imagen antes que la palabra era el instrumento adecuado para movilizar a las masas. De ahí el delirio colectivo, la megalomanía, la técnica óptica, la arquitectura luminosa.Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible. Anhela la solidaridad entre forma y existencia, sufre la imperiosa necesidad del instante, esa fugacidad que emerge y se define por sí misma. Hay plenitud en lo dramático, éxtasis y continuidad que le dan fuerzas para enfrentar un mundo absurdo.

Umberto Eco define los procesos de mitificación como “productos de la simbolización inconsciente”. La mitificación de las imágenes, caracterizadas como sagradas no sólo fue un hecho inducido desde los cenáculos del poder religioso medieval. Freud ya había enseñado que es posible la existencia de una masa de dos: en el enamoramiento; un estado donde se mitifica la imagen del otro. La imagen idealizada fascina. Y toda idealización, afirma Freud, es un afán que falsea el juicio.

La sociedad del espectáculo es una sociedad sin política, en la que los individuos se han visto desposeídos brutalmente de sus posibilidades y de los riesgos de la acción. Sufren las fluctuaciones ingobernables de un sistema absurdo y criminal. Los espectadores viven en la seguridad de una existencia tranquila, pacífica y administrada, o bien víctimas de la exclusión y de la precariedad, viven en la monotonía, el aburrimiento. El espectáculo es el nuevo opio del pueblo, nos dice, nos induce a pensar. Es la despolitización de la vida.

El espectáculo crea un presente perpetuo apoyado en el espejismo de la tecnología, en el que es posible la ocultación, el simulacro y la mentira. La ficción y la apariencia pasan por delante de la realidad.

Nunca es la misma realidad sino la versión de la realidad… Éste es el verso inicial de un poema en el que Wallace Stevens desnombra cada vez más lo que llamamos “realidad”. Evidencia su construcción merced al lenguaje. “El cielo en palabras y las palabras en sonidos de sonidos”. Aristóteles había señalado: “Las palabras proferidas son símbolos o signos de las impresiones del alma, mientras que las palabras escritas son signos de las palabras proferidas”.

Según Alain Bosquet, el poema inventa al poema. Podemos suponer que el poema que inventa al poema es creado por la poesía, cuando se manifiesta de manera verbal, una de sus formas de manifestación. “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”, exhortó Vicente Huidobro. En ese sentido hacemos referencia a Raúl Gustavo Aguirre: “En cada poema hay una poética y en cada poética una concepción del mundo.”

En toda obra poética siempre hay desposesión, siempre existe la alusión. Borges señaló que “en el centro de toda obra artística nunca se encuentra lo que se imagina, ni siquiera los materiales que se supone evidente encontrar. En el núcleo del poema quizá no está la palabra, ni la nota en la melodía, ni el color en la pintura.”

Desde esta mirada en torno a la poesía es necesario citar a Albert Camus: “la libertad no está hecha de privilegios, sino que está hecha sobre todo de deberes.” En esta línea de pensamiento alguien muy querido por los libertarios, Gandhi. “La verdadera libertad no vendrá de la toma del poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegará inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad y hacerse respetar.” La poesía es reconocimiento de lo más íntimo de cada uno, pero también creación de realidad y límite, canto y espacio que genera el hombre, en unidad secreta, en presencia invisible del otro. “Cada uno de nosotros es culpable ante todos, por todos y por todo”, escribió para siempre Dostoievski.

El menosprecio de la sensibilidad es estigma de nuestra época, pero fundamentalmente del Poder. Desde el Estado se piensa en el hombre masa, en el menestral, en los delirios del cielo y del infierno, en los mercados. El menosprecio de la inteligencia también es otro de los estigmas. La grandeza de España, de Inglaterra o de Italia la hicieron a través de los siglos sus artistas, sus soñadores. No sus soldados, sus coronas o sus latrocinios. Tiene más hechizo Roma, Londres o Madrid que Nueva York.

Recoger aquello que está en el borde de la mirada, en el umbral de lo no visto. Descubrir la vena profética. Todo ha sido reemplazado por la servidumbre, por la vorágine del caos. Los poetas retroceden ante las multitudes, se embalsaman en un lenguaje críptico, cada vez más incomprensible. Vivimos nutridos de pensamientos muertos, de credos muertos. La mirada del sistema se vuelve corrosiva, el hombre va aprendiendo a someterse a las reglas del mundo. El poeta, paria por naturaleza, es también una anomalía. Aun no hemos arrojado el cadáver al mar.

Decía Alain Badiou: “…la verdad contra las opiniones, la intensidad de la vida contra la supervivencia, la rebelión contra la historia, la ciencia contra la técnica, el arte contra la cultura, la política contra la administración, el amor contra la familia.”

En la poesía hay exilio, persecución, violencia. En épocas de desafíos los poetas se volcaron a un compromiso con los más necesitados, con los desprotegidos, con los hambrientos. Algunos se convirtieron en hombres de acción. El poeta y el combatiente constituyen un todo vital y armónico. La poesía es siempre una acción libertaria.

A medida que la contradicción del sistema se agudiza nacen rasgos distintivos, subterráneos, en el campo de la cultura. La creación como reflejo de una sociedad (a veces o casi siempre) independiente de la cultura dominante. El poeta debe estar contra el poder, debe luchar contra lo burocrático, lo malsano, lo establecido.

Nos conmueve la poesía y el sueño de la libertad. Nos conmueve la dignidad, lo solidario, lo fraternal. La desnudez de la mujer, el mar, los bosques. La utopía de ser en otra sociedad, en otra relación humana. No renunciar al hedonismo, expandirse en la generosidad. Descreer de la infalibilidad del Papa y de la infalibilidad de la ciencia. Desde la voluntad del hombre libre contra la burocracia. Saber, por ejemplo, que un abeto de Noruega es el árbol más viejo de la Tierra; tiene 9950 años. Nos llena de esplendor, de felicidad, de milagro terrenal. Como los ojos de un niño o la evocación de una aldea. Crecemos desde la insurrección del poema hasta la pasión por el cosmos. Somos parte del universo, somos partículas libres, complejas. Rebeldes.

Hay una mirada social y una mirada estetizante. La poesía se integra al hombre. A veces el lenguaje es directo, transparente. Nace la búsqueda de otra identidad desde el lenguaje. “Ser radical, decía Martí, no es más que esto: ir a la raíz”. La poesía es humanista, solidaria. La emoción poética genera otra realidad, una utopía cierta. A veces es testimonio, entreteje lo íntimo del ser: su libertad. Al callar despierta el eco de la soledad dispersa, la cadencia del cuerpo en la palabra, la rosa azul de Novalis. Los límites de mi lenguaje son los límites del mundo. Y saber que la palabra es una mirada perdida en el infinito. Una mirada que siente lo fugaz y lo rebelde. Sin esperanza alguna; una utopía que recupera imágenes y visiones. Ya lo escribió nuestro admirado Herbert Read: “Nuestra civilización es un escándalo, y hasta tanto ella no sea reconstruida, todas nuestra actividades intelectuales serán vanas”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

lunes, 18 de marzo de 2019

Taller literario en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte

En abril Carlos Penelas retomará el Taller Literario en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con clases grupales los jueves a las 20 horas, en Austria 2154.


Les recordamos que además Penelas dicta Talleres Literarios individuales, con días y horarios a combinar con los asistentes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Autobiografía II


No es la distancia ni el vacío.
Estamos solos en la memoria del instante.
En este amar que llega,
en este cielo errante sobre el mar.
Sin embargo la ternura es continua.
Y el viento me despierta.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Comienzan los talleres literarios 2019

Carlos Penelas retomará sus talleres literarios individuales en marzo. Se dicta una vez por semana en horario a coordinar con el tallerista. Informes al 4371-6686 y penelascarlos@yahoo.com.ar


Propósito
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.

El taller está pensado para que se obtenga una visión desde la breve historia de la Estética, el análisis de la lectura, el estudio de recursos expresivos, tanto en poesía como en narrativa e introducir al alumno en un ámbito de reflexión.

Objetivos
Conocer elementos prácticos en el análisis literario, claves en el hecho literario, el proceso de creación y de escritura. El participante podrá obtener una mayor formación en la redacción de textos poéticos, narrativos, etc.

El misterio de la creación -autor y lector- irá develando una forma de bucear el alma humana. El taller se enriquecerá a partir de propuestas y lecturas paralelas, no sólo en el campo literario, si no también en una visión social.

Se trata de indagar caminos hacia la convergencia de pensamiento y la literatura. Se recorrerán senderos con una idea de la crítica textual que comprenda una diversidad de actitudes dentro del corpus clásico y contemporáneo.

Ejes temáticos
La sensibilidad creadora - El acto literario, la educación de la sensibilidad - El poder de la escritura - Las raíces en la creación - El intelectual y su medio - La estética y la ética en el proceso creador. Ejemplos en cine, en música, en pintura.

Alumnos publicados
Muchas talleristas son convocados e incluidos por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres. Además, muchos de sus alumnos ya han editado trabajos en soledad.

Sobre Carlos Penelas
Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura. Como estudiante obtuvo en 1968 el Primer Premio de Poesía y Primer Premio de Ensayo en la Escuela Normal de Profesores.

En 1977 obtuvo el premio "Arturo Marasso" otorgado por el Mariano Acosta; en 1981 logra la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); en 1986 el premio "Accésit" otorgado por la XII Exposición Feria Internacional de Buenos Aires "El libro (del autor al lector)" por la mejor cobertura como cronista de Radio Nacional; en 1988 el premio a la Mejor Cobertura como cronista de Radio Nacional otorgado por la XIV Feria Internacional del Libro; en 1988 el Primer Premio de Poesía "Alfonsina Storni" otorgado por Gente de Letras; en 1992 la Mención Especial de Poesía en el Concurso Latinoamericano "Carlos Sábat Ercasty", Montevideo, Uruguay.

Coordina talleres literarios desde 1984, cuando fue Director de los dictados en la SADE. Actualmente mantiene un taller particular en su domicilio.

Fue crítico literario desde 1983 hasta 1989 de LS1 Radio Municipal y LRA Radio Nacional, donde condujo distintos programas culturales. Colaboró durante años con el suplemento literario del diario La Prensa, y fue columnista de medios gráficos del país y el exterior.

Dictó conferencias en la Universidad de La Coruña, Cátedra de Literatura Latinoamericana y la Universidad Autónoma de Madrid. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges lo hizo participar entre los diez poetas vivientes más importantes.

Consulte aquí la bibliografía completa de Penelas.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Falleció Alfredo Plank

A los 81 años falleció Alfredo Plank, destacado miembro de la vanguardia de renovación figurativa en los años '60. En 2017 ilustró El huésped y el olvido, de Carlos Penelas, con quien mantenía una estrecha amistad.

Graduado en 1959 en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, Plank trabajó y residió en Munich, Alemania, desde 1971, obteniendo un posgrado en la Akademie der Bildenden Künste y la Beca Premio Alberto Durero (D.A.A.D). Fue Medalla de Plata en el XVI Salón Nacional del Grabado y Dibujo, Buenos aires. Expuso múltiples veces tanto individual y colectivamente, en Alemania, Suiza, y España, donde participó en el Premio Internacional Joan Miro, y es seleccionado para el premio de pintura Medalla Gimeno en 1982.

"Plank, ha sido clasificado por los historiadores argentinos como expresionista, quizás por su fuerte colorido y temperamento alemán. No obstante usa diferentes recursos de la Figuración Narrativa, tales como la yuxtaposición de registros, sistema de representación que explora y explota con gran habilidad e imaginación. Su sistema de empaste estarcido y plano, viene justificado por su concepto de la luz, niega cualquier relación con el Pop que detesta, sin embargo, Plank desde los inicios a demostrado una actualización temática y reflejo del mundo secular que lo rodea, su obra en los 60 presenta dos fases bien definidas, una primera que le valió la acuñación de expresionista y una segunda etapa en la que cambia el sistema de aplique del color, y comienza a innovar en los sistemas de representación", dijo Eduardo Sánchez de Hoyos.


"Alfredo Plank es el recuerdo, las anécdotas, el buen humor y la armonía que forman parte del afecto. Son veladas que dificilmente se repitan; quedarán en nuestra memoria, en la identificación donde abreva la belleza y la utopía. La literatura, la pintura, los viajes y los proyectos permitieron acceder a la intimidad. La vida permanece intacta", dijo Penelas tras una de las tantas reuniones compartidas con el artista.


Recordemos que el poemario El huésped y el olvido (Editorial Dunken, 2017) lleva en tapa la reproducción de la obra "El descanso del Amor", de Alfredo Plank.

jueves, 21 de febrero de 2019

Letra sobre letra

¿Por qué motivo tendría que ocuparme en buscar los secretos de las estrellas si tengo continuamente ante mis ojos a la muerte y a la esclavitud?
Pregunta planteada a Pitágoras por Anaxímenes (hacia 600 a. N.E.)


En unos meses se editará mi libro de poemas Ofrenda de la luz. Estará dedicado a quien fuera mi gran maestro y amigo, Héctor Ciocchini. Extraordinario humanista, refinado poeta, estudioso de los clásicos, docente de prestigio, profesor de Estilística, investigador del Renacimiento y la emblemática. En Buenos Aires quizá lo presente en dos lugares estimados. En Galicia seguramente en Betanzos de los Caballeros, Santiago de Compostela y allí donde los paisanos me llamen. Gijón puede llegar a ser otra escala.

Creo que en nuestros días debemos releer a Simone Weil. También a Albert Camus y a Émile Cioran. Su vida es un ejemplo de lucidez, ética, esfuerzo, compromiso, integridad. En su pensamiento hay reflexiones sobre filósofos clásicos, modernos, contemporáneos, comentarios de obras literarias, investigaciones sobre la ciencia griega, estudios orientales. Durante la Guerra Civil Española formó parte de la Columna Durruti. Camus, en 1951, dijo que Weil era “el único gran espíritu de nuestro tiempo”. Su nombre estará siempre vinculado al de María Zambrano y Hannah Arendt. Escribió: El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado.

Vivo en un país tóxico; enfermo de irracionalidad, clientelismo, miseria, agresividad, corrupción. Reitero, un país tóxico por los cuatros costados. Tiene todos los matices y de manera simultánea. Somos democráticos, autoritarios, sensibles, patoteros, generosos, brillantes, liberales, colonialistas, guevaristas, montoneros, utópicos, murgueros, campeones, barras bravas, místicos, drogadictos, pícaros, piqueteros. Insuperables. Todo junto, sin respirar. Se saquea al Estado, el Estado nos saquea. Empleados inútiles, falta de idoneidad en empresarios, políticos, jueces, curas, profesionales o sindicalistas, un déficit estructural inmanejable, una inflación que comenzó hace setenta años – setenta años, compañero – donde el Estado colonizado representa una combinación de corrupción y pobreza, pobreza estructural. Somos ciegos al futuro. Un ejemplo: una intelectualidad progresista ve en Venezuela una lucha por la liberación. Borracheras ideológicas, chatarra intelectual, falta de criterio, visiones religiosas, luces mágicas. De paso, es el momento de decirlo, no se entiende Venezuela sin Cuba. No se la entiende sin militares y paramilitares, no se entiende sin sátrapas y narcos, sin cárceles y muerte. La realidad es tóxica, amigo lector. Y es cotidiana.

La creencia es ciega, la fe niega lo evidente. Se lo explico fácil: se enmaraña la historia, se generan leyendas engañosas, mentiras sin pudor, creencias trasnochadas. Luego otros farsantes crean una murga mayor: homenajes, celebraciones, revisionismos, componendas. ¿Lo ve? La evidencia es absurda ante el dogma, la interpretación ideológica, la imbecilidad intelectual, la decadencia. (¿Qué sabe de Hadewijch de Amberes?) Por supuesto, siempre con represión, muerte, exilio. ¿Entiende por qué le digo que necesitamos releer a Simone Weil o a Hannah Arendt? ¿Entiende que la toxicidad es parte del soberano de la Ciudad del Vaticano. Estado, por otro lado, que representa una monarquía absoluta y electiva, más allá del dinero sacro, las hostias benditas y la comunión pedófila? (¿Recuerda a Pío XII, a Celestino II, a Félix V, a Benedicto XIV, a Clemente VII…?) Sí, ya sé, hay seres nobles. Por supuesto que los hay, usted entre ellos. El tercer mundo no es una realidad sino una ideología. Lo escribió Hannah Arendt.

No me venga con zonceras. Todo se lo digo en román paladino. Conocemos de sobra la Doctrina Monroe y el contexto histórico en la cual se formuló. Luego vinieron interpretaciones y lecturas tendenciosas. Conocemos de sobra la historia del Mar Caribe, del Atlántico, Samoa, Corea, el atolón Bikini, Panamá, Nueva Granada, Texas, Nevada, Vietnam, Irak… Pero ahora nos estamos preguntando otra cosa y alguno de ustedes se hace el distraído. ¿Por qué intelectuales y no intelectuales colaboraron en los gulag? ¿Por qué razón un individuo niega las atrocidades del comunismo en todo el mundo? ¿Por qué un hombre se enorgulleció de ser fascista, franquista, chavista o peronista? ¿Hasta dónde la propaganda del odio y el resentimiento agita banderas? ¿Qué me dice de Josef Mengele? Doctorado en Medicina y Antropología, amante de la ópera, de la música clásica, de la literatura, proveniente de una familia adinerada. En India, los nacionalistas hindúes han erigido estatuas de Nathuran Godse, el asesino de Gandhi. ¿Qué me cuenta? ¿Se enteró como China se convirtió en modelo de Gran Hermano con 180 millones de cámaras que vigilan a sus pobladores, que hay un carnet con puntos para el buen ciudadano? ¿Le produce escozor el Libro Rojo de Mao? Se sigue editando, iluso lector; los turistas son compradores sin escrúpulos. Otra vez lo burdo, el cerebro de un orangután: ¿Trump o Podemos? Dicho sea de paso ¿qué me cuenta de mi admirado Roger Waters? De no creer. Another brick in the wall.

Después de la industria armamentista viene la industria farmacéutica. Entre los argentinos debemos agregar las islas Turk and Caicos. ¿Toma nota? Tailandia es el primer país de turismo sexual. El segundo, Cuba. En la República Dominicana la prostitución es legal, hay entre sesenta mil y cien mil dominicanas que trabajan en el comercio sexual. En los últimos años se agrega la participación masculina. En Tailandia hay más de tres millones de sexoservidores. La mayoría menores de edad.

Entre 1932 y 1933 se calcula que murieron en la URSS unas cinco millones de personas. Por hambre. ¿Por qué razón, insisto, un 38% de la población sigue admirando a Stalin? ¿Cuál es el porcentaje de admiradores de Castro, de Kirchner, de Maduro, de Perón, de Pinochet, de Hitler o de Velasco Alvarado? Vivimos con un espejo retrovisor que nos atrapa. Vivimos una fiesta ansiosa de lo efímero. No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero. Lo escribió María Zambrano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2019

martes, 19 de febrero de 2019

Palabras de Lucrecia Romera sobre "Homenaje a Vermeer"

La poeta, doctorada en Letras en la Universidad Nacional de la Plata con una tesis sobre Vicente Aleixandre, opina sobre Homenaje a Vermeer, de Carlos Penelas. 


Querido Carlos:

Este homenaje poético me ha llevado a imaginar una vez más las telas de Vermeer: ese intimismo eterno, cuyas mujeres guardarán para siempre en los ojos de aquellos que las miren de verdad.

Y vos has mirado a Vermeer con la verdad de la poesía. Un diálogo entrelazado de amor y casi inexpresable lenguaje.

Lo que se dice: una experiencia mística con la belleza. Una unión amorosa llena de interrogantes y sugerencias.

Las del poeta que se pregunta y a veces se responde, no sin ensoñación.

Entre la veladura y la revelación.

He disfrutado de las meditaciones hechas poesía agradeciendo este homenaje que nos regalas en clave personal.

Un abrazo

Lucrecia Romera
Buenos Aires, febrero de 2019

Romera es becaria del Instituto de Cooperación Internacional Iberoamericano. Realizó en Madrid cursos de posgrado en Lingüistica y Literatura Hispánicas; docente universitaria.

jueves, 31 de enero de 2019

En la Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno posee en su catálogo gran parte de la bibliografía de Carlos Penelas. Puede consultar los títulos disponibles en este enlace.


miércoles, 23 de enero de 2019

Un poncho de Belén

He revelado, en diferentes oportunidades, que en 1978 - plena dictadura militar- logré editar Conversaciones con Luis Franco. En esa primera edición, casi clandestina, colaboraron algunos amigos de manera anónima. De modo especial el Dr. Alejandro Gómez – ex vicepresidente de la Nación, compañero de fórmula del Dr. Arturo Frondizi, quien discrepó con las políticas petroleras de su gobierno - admirador de la obra del poeta y ensayista catamarqueño. Vale recordar que otro presidente, el Dr. Arturo Umberto Illia, también fue amigo y admirador de Franco. Poco tiempo antes de asumir, lo visitó en su humilde casa de Ciudadela para ofrecerle el Ministerio de Cultura. Don Luis le respondió: “Le agradezco profundamente, pero no quiero perder un amigo”.


Volvamos a nuestra historia. A meses de la publicación del libro, me llama el Dr. René Favaloro, lector entusiasta de Ezequiel Martínez Estrada y de Luis Franco. Desea conocerme, conversar sobre el libro, hablar de Luis Franco. Ya en Estados Unidos le interesaba su estilo, su ética, su conducta, su forma de vida. Esa primera reunión duró casi dos horas. Más adelante, los tres almorzamos juntos. Al poco tiempo me integro activamente al proyecto único y trascendente del Dr. Favaloro.

Desde entonces estuvimos juntos durante veintidós años. Ocupé varios cargos al mismo tiempo: Jefe de Relaciones Públicas, Sub-Director de las Ediciones de la Fundación, Miembro del Comité de Ética y Jefe de Coordinación de Pacientes.

El Dr. René Favaloro, es necesario decirlo, ayudó a su familia de manera permanente. No puedo afirmar si todos los integrantes de ese grupo actuaron con reciprocidad. También colaboró notablemente de manera anónima con gente común. Asimismo con escritores y artistas, entre otros con Carlos Alberto Brocato y Luis Franco. No es impropio recordar – es de público conocimiento - que renuncié a la Fundación al mes de su suicidio.

Don Luis, el poeta, ahora descansa en su querida Catamarca. Acompañé sus restos desde Londres hasta Belén entre hombres a caballo, peones, músicos, maestras, niños y el resto del pueblo al costado del camino. En una sentida pancarta se leía: “Luis Franco es Belén”.

Por aquellos años, hablamos de la década de los ochenta, conocí y me hice amigo de algunos de los médicos de la institución. Entre ellos el querido Mario Racki, cardiólogo clínico y colaborador permanente de Favaloro.

Hace unos meses me llama y me comenta que una de sus pacientes, la señora Hilda Rosa Levin, hija de un reconocido librero, le lleva un presente significativo que pertenecía a su padre. José Levin era un experto librero de viejo que le conseguía al Dr. René Favaloro textos inhallables de Luis Franco, José Ingenieros, Alberto Palcos, Enrique de Gandía o Joaquín V. González. A la vez Levin era amigo de Luis Franco.

El obsequio pertenecía a don Luis quien, sobre el final de su vida, le ofreció a su padre. Mario, conmovido, piensa un destino. Y le dice: “No se haga problema, sé quién lo protegerá mejor que nadie”.

Hace unos días estuve en el consultorio del Dr. Racki. Me revisó con meticulosidad, anotó datos en la ficha, corroboró estudios. Luego hablamos del cosmos, de Betanzos de los Caballeros, de Varsovia, de nuestros hijos. En un momento me entrega un paquete; la emoción me embarga. Escucho la voz de Mario: “aquí te dejo el poncho de don Luis, está en buenas manos.”

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2019

miércoles, 16 de enero de 2019

Hablemos del presente

El hombre medio, el hombre de la calle, ve aquello que está delante de sus narices, aquello que le muestra la televisión, las revistas semanales, los diarios, el panadero. Y las redes, el mundo de las redes sociales. Podemos seguir sumando temas de Internet, discursos de presidentes o ministros, opiniones de deportistas, análisis psicoanalíticos, sociológicos, visiones de poetas alcoholizados, teóricos impresentables, disparates, periodistas amarillos, avances tecnológicos, alcahueterías cotidianas, separaciones o casamientos. El hombre común piensa en sus vacaciones, en su colesterol, en los jóvenes con el lenguaje inclusivo, el feminismo, la violencia cotidiana, en el restaurante que inauguraron en un barrio exclusivo de su ciudad, en el cumpleaños de quince de la hija de la vecina. No está mal, no está mal.


El intelectual -apegado a su mundillo de triunfos y notoriedades- con voz serena y profunda como si tratara un tema fundamental, afirma otros desvaríos semejantes a los de mi tía o su suegra. Pero con una supuesta autoridad moral, educativa e ideológica. Podemos seguir, pero prefiero que sea usted -caro lector- quien continúe agregando datos, estadísticas, ejemplos. Puede hablar de docentes, de sindicalistas, de empresarios, de celulares, de celulitis, de photoshop, de divas y de divos…

A veces creo que la humanidad desconoce a Aristarco o a Demócrito. La fe, los mitos, las leyendas construyeron su mundo. (Le recomiendo, de paso, que se informe sobre el dinero sagrado y sus vinculaciones con la mafia). Sin razonar miramos un universo desde la pasión, desde la estupidez. Hoy vamos a hojear algunos artículos que me parecen interesantes. Titulares, gestos, otras coordenadas. Y aquí estamos, hablando de inundaciones, de corrupción, de falta de ética. Algunos títulos, usted tiene la palabra.

“China llegó casi 40 años tarde a la carrera espacial, pero ha sido hábil desarrollando su programa de exploración y encontrando hitos que alcanzar primero. Hace unos días, la sonda Chang’e 4 se convirtió en la primera máquina humana en aterrizar sobre la cara oculta de la Luna. Allí, a bordo de un frasco de un palmo de ancho donde se recreaba una biósfera en miniatura, una semilla de algodón se ha convertido en el primer vegetal en crecer en la Luna. Una imagen enviada ayer por la agencia espacial china (CNSA) mostraba ese histórico primer brote”.

“A partir de ahora serán dos de las principales empresas aeronáuticas del país, Boeing y SpaceX, las que lideren desde el sector privado el reto de los viajes espaciales, después de que Washington decidiera ceder su protagonismo hace siete años, con el objetivo de reducir sus ingentes costes.

Desde entonces, han sido China y, sobre todo, Rusia los países que han estado desarrollando unas infraestructuras que les han permitido convertirse en los auténticos referentes de la carrera espacial.

Sin embargo, cierto es que en los últimos años, la estratosfera más que el escenario de una competición mundial, se había convertido en un punto de encuentro entre los distintos países, como pone de manifiesto el buen momento que atraviesa la Estación Espacial Internacional (EEI), donde investigadores de diversas naciones colaboran codo con codo.

Esta nave, con capacidad para hasta ocho personas y que puede ser reutilizada en hasta diez ocasiones, de acuerdo con la compañía, será la que traslade a la EEI a la veterana astronauta Suni Williams, quien a lo largo de su carrera ha pasado casi un año entero en el espacio, y al debutante Josh Cassada.

Antes de este viaje, la cápsula se habrá sometido a un primer vuelo de prueba, en el que tomarán parte tres cosmonautas: Eric Boe, que fue piloto del transbordador Endeavour, Chris Ferguson, que participó en el último lanzamiento de un transbordador desde suelo estadounidense, y la novata Nicole A. Mann”.

“Por su parte, la empresa SpaceX ha desarrollado la Crew Dragon, una cápsula "diseñada para trasladar a humanos a la EEI y a otros destinos", según la empresa, que hará sus primeros ensayos tripulados en la estratosfera en abril de 2019 y que será propulsada por un cohete Falcon lanzado desde el Centro Espacial Kennedy de Florida”.

“La NASA celebró el año nuevo con el sobrevuelo histórico por la sonda New Horizons del cuerpo celeste más distante jamás observado de cerca, Ultima Thule, a unos 6.400 millones de kilómetros de la Tierra.

La sonda envió unas señales muy esperadas que llegaron a la Tierra sobre las 3:30 pm, confirmando que había logrado su misión sin sufrir daños.

La noticia provocó gritos de júbilo en el laboratorio de física aplicada John Hopkins, en Maryland”.

Quería decirle algo más, amigo lector. Los países en desarrollo contaminan sin cesar el planeta, este planeta azul. Seguimos viendo la desigualdad, la pobreza, la humillación, los engaños de los gobiernos, las palabras huecas. Nos hemos globalizado, los migrantes son una carga para muchos países y las armas un gran negocio. Los derechos humanos un privilegio para unos pocos, todo se distorsiona. El caos se hace palpable. Pero bueno, no estoy aquí para aguarle la fiesta. En breve empieza un partido de fútbol, caballero. Y en las grandes tiendas esta semana hay liquidaciones, señora. A vivir sin culpa, por favor; no me tome en cuenta. Usted sabe, escribo poemas.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero 16 de 2019

domingo, 13 de enero de 2019

Carlos Penelas en el Museo Benito Quinquela Martín

Como es un hábito desde su adolescencia, Penelas recorre el Quinquela con emoción y nostalgia. En esta oportunidad fue especialmente por la muestra Las Partes del Todo, obras del Patrimonio del Museo, que se podrá visitar hasta el 8 de febrero.


Allí pudo apreciar dos piezas de la serie La cierva humana (1948) de la gran artista gallega Maruja Mallo. Las obras, que nunca fueron exhibidas, habían sido donadas al Museo por la familia Lecture.


Entre otras obras de importantes creadores argentinos se pueden admirar trabajos de Adolfo Ollaca, Guillermo Butler, Pedro de Simone o Antonio Alice.


En la Sala Américo Bonetti están los mascarones de proa. Penelas siempre se detiene en estos diseños pictóricos o escultóricos que se remontan a los inicios de la navegación. Seres mitológicos, figuras exóticas, escudos y emblemas nos transportan al mundo de lo poético.


Vale la pena recordar que con los años los mascarones - muchos de autores anónimos - se transformaron en obras de arte y que fueron coleccionados por Quinquela Martin.


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