miércoles, 30 de diciembre de 2009

Elegía

…en la oscura, desierta y dura tierra.
Garcilaso de la Vega

Sin ellos el mundo está sin límite.
Desde cada lugar solitario, los miro.
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud.
En ellos la sombra que protegió mi infancia,
la esplendente libertad y el fulgor.
Madre cruzando bandadas de pájaros,
volando junto a nubes, deslizante.
El hálito mágico del padre
repartiendo dones, regresando en partidas.
Permanezco continuo
como una mano tangible.
Me descubro colmando la mar
y la certeza del pecho.
Así son los dioses terrenales;
vuelan en las entrenoches, sorpresivos.
En este sendero de ondas y alboradas
aprisionan la luz, el aire, los talones.
Vitales renacemos en sus voces.
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 30 de diciembre de 2009

martes, 29 de diciembre de 2009

La botica del poeta

Piove, goberno ladro
(refrán italiano)


“Nunca llueve como truena” escribió Federico Schiller, junto con Goethe una de las figuras centrales de la cultura en Weimar. Naturalmente no por esta frase. Todo se vuelve extraño en el mundo del arte. La industria cultural penetra sin piedad; borra, olvida, encierra, genera marcas. Las citas, las instalaciones, los íconos. Pienso que es una burla donde entran a negociar los marchand, los señores catedrádicos con sus saltos oportunistas, los críticos engolosinados con lo snob y las cuentas bancarias. Y la estupidez del ser humano con su carga supuestamente intelectual. Tenemos cientos de ejemplos. Uno de ellos es la instalación en Venecia (2009) representando el suicidio de un coleccionista. Su autor: Mauricio Cattelar, olvidable sin duda. Olvidable el autor, el mensaje, y “la obra”. Surgen sonidos, canciones, videos, batidoras digitales, performances. Importa “el contagio”, la posibilidad de “contagiar” y ser “transformado”. Ahora cualquiera puede ser artista. Así de simple. Se juega al escándalo: un tiburón sumergido en formol dentro de una pecera es la obra más representativa de los últimos tiempos. (No hablemos de literatura, de los premios literarios, del lavado de dinero de las editoriales o incluso de las librerías enormes como supermercados). Es tan burdo, tan torpe, tan demencial que no podemos creerlo. Asi va todo, asi va todo. O casi todo. Por ejemplo; el artista italiano Gianni Motti se adjudicó la autoría de un terremoto en los Alpes en 1994. Santiago Sierra tiñó de rubio el cabello de doscientos vendedores ambulantes –inmigrantes- durante la 49 Bienal de Venecia. Orlan sometió su rostro a cirugías extremas; Eduardo Kac, el padre del arte transgénico, creó a Alba, una coneja fluorescente. Hay más ejemplos. Un accidente si es provocado es una obra de arte. Si no es planificado, es un accidente.

La obra de poetas, novelistas, dramaturgos de valor, de trascendencia, queda en el olvido, o en sectores minoritarios. ¿Cómo citar a Victor Hugo o a Camoens? ¿Cómo interesar a las nuevas generaciones en la literatura de Valle-Inclán, de Sarmiento, de Ciro Alegría? ¿Cómo hacer para que aprecien la dimensión de Menghi o el mundo secreto y ontológico de Porchia?

Italo Calvino y Césare Pavese – personalidades disímiles – eran fundamentalmente estudiosos, amantes de un silencio creador, hombres esquivos que evitan, que eluden. Hombres callados – que jamás callaban nada – que evitaban toda aglomeración de seres, de premios , de vernissages. Severos en todo: en el compromiso social y político, en el compromiso histórico, en la búsqueda de una estética y de un lenguaje. Pocos como ellos en la austeridad del silencio como forma de vida, como fruto de la soledad y del sentir. “Su espléndido amor por el mundo / fermentado y enrevesado de la fábula”, escribió Pier Paolo Pasolini de Calvino. De Pavese poco puedo decir: lo amé profundamente durante mi juventud: leí con pasión sus libros. Lo sigo releyendo junto a Vasco Pratolini.

En una conferencia pronunciada en La Plata, el 18 de mayo de 1884, Ameghino dice, entre otras cosas: “Con los canales de desagüe es posible que no se eviten por completo las inundaciones, como parece creerse. Las aguas excedentes de las planicies elevadas y terrenos de poco declive corren a los ríos con lentitud, pero es permitido suponer que por medio de los canales de desagüe se precipitarían con mayor fuerza y prontitud a los cauces de los ríos o a los puntos bajos hacia donde se les diera dirección. Si así sucediera, o habría que dar a los canales de desagüe una capacidad extraordinaria que exigiría un costo enorme, o las crecientes y desbordes se producirían con mayor rapidez que ahora y ocasionarían estragos aún más considerables”. La población de San Antonio de Areco ha sufrido en estos días los estragos de una dramática inundación. Este dato me lo hizo llegar el amigo Oscar Taffetani. Después de 125 años las cosas se complican.

Para finalizar, queridos amigos, les entrego un relato de nuestro tío Franz. Otra vez les haré leer un texto del generoso amigo José Conde, orensano el poeta, que llevaba la insurrección y la ternura en nuestra mirada.

La partida
Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: “¿A dónde va el patrón?” “No lo sé”, le dije, “simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta”. “¿Así que usted conoce su meta?”, preguntó. “Sí”, repliqué, “te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

jueves, 24 de diciembre de 2009

Fotos de Chile

En noviembre Carlos Penelas estuvo en Santiago de Chile presentando su último libro, Fotomontajes, que fue seleccionado para representar a la Argentina en la 29º Feria Internacional del Libro trasandina. Aquí, algunas fotografías.

martes, 22 de diciembre de 2009

Carta a Carlos Penelas, por Ricardo Oscar San Esteban

El poeta santafesino escribe sobre el último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes.

El príncipe Kropotkin

Carta a Carlos Penelas: estuve leyendo tu libro, que anteriormente había ojeado y hojeado. Cuando me di cuenta, los escasos pájaros que quedaron después el glifosato habían comenzado a cantar y amanecía. Mis recuerdos me llevaron a mi infancia, a un baúl que era propiedad de Pinillas, un amigo y paisano de mi padre, que era aragonés, de Zaragoza. Pinillas venía y se quedaba unos días en casa, comía caracoles y cangrejos que mi madre cocinaba como los dioses, bebían vino con mi padre hasta comenzar a hablar pavadas, luego partía hacia ignotos destinos y retornaba a los meses, recuerdo que dejó un libro: Historia universal del proletariado (ahí venía la historia de Espartaco, El Héroe Tracio) y su baúl de papeles. Nunca supimos que fue de su vida posterior. Mi padre era baturro y como tal, inmensamente noble pero terco, había aprendido a leer y a escribir en una panadería en Trancas, Tucumán, donde el maestro de pala era anarquista, había sido maestro de escuela en España y entre horneada y horneada le enseñó las primeras letras. Mi padre murió joven y yo tuve que hacerme cargo de mi familia, nunca supe que se hizo de aquel baúl de Pinillas que mi padre guardó hasta su muerte. Mi familia de España desapareció casi toda en la Guerra Civil. De joven comencé a militar en el gremio de Luz y Fuerza, a los dieciocho años ya era delegado y hasta hablé en un acto de la CGT, muchos de mis compañeros anarquistas se hicieron peronistas. Junto con Agustín Tosco participamos en comisiones, paritarias y huelgas. Yo me afilié al Partido Comunista, él no, aunque siempre se aconsejó de nosotros y cuando estaba muy enfermo lo internamos en el Sanatorio Británico de Rosario, donde falleció. Me echaron del trabajo, me becaron para estudiar en Moscú y conocí a Ho Chi Min, a Chou En Lai, al Che Guevara, a Luis Carlos Prestes, a Fidel Castro, a La Pasionaria (la voz de mujer más prodigiosa que he escuchado). Ahmed Ben Bella, Marulanda (Tiro Fijo) y tantos otros estudiaron conmigo, muchos murieron en combate, otros defeccionaron. No quiero extenderme. El pueblo ruso es un pueblo maravilloso, solidario. Una de las más bellas estaciones del Metro se llama Kropotkínskaia; Bakunin y aquellos anarquistas son muy respetados. Mucho después yo tuve encontronazos con el Partido Comunista de aquí (hasta llegaron a aflojarme la rótula de dirección de mi auto, casi me mato junto con mi madre y mi compañera de entonces). No sé si me fui o me fueron. Sin embargo, no todos han sido Stalin ni Codovilla, tengo amigos del alma desaparecidos, así como hubo cabronadas y crímenes también hubo mucho heroísmo, desde 1930 la represión estatal en nuestro país ha sido feroz. Creo que tanto anarquistas como comunistas, los de verdad, no de cartón, estamos en la misma trinchera y seguramente los que partieron no serán olvidados. Tu libro es muy bueno, tiene una prosa elevada y tu sapiencia es manejada con soltura. Sigamos en contacto.

Ricardo Oscar San Esteban

Introducción a la poesía amorosa, en la Biblioteca Sánchez Viamonte

Carlos Penelas realizó una "Introducción a la poesía amorosa" en el acto "El amor en la poesía", que se llevó a cabo el viernes 19 en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. Leyeron Rocío Danussi y Mario Keegan.

"El amor en la poesía" fue la última actividad cultural del año del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Rocío Danussi, encargada de la selección de textos y armado del acto, leyó poemas junto a Mario Keegan.

La apertura del acto estuvo a cargo de Carlos Penelas, quien realizó una "Introducción a la poesía amorosa".

Más información, fotos y videos en www.carlossviamonte.com.ar

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cuentos de Navidad

Gracias a Dios, querido lector, hay temas que nos unen. No dudamos, por ejemplo, de la seriedad y el sacrificio que realizan nuestros legisladores. No dudamos, gracias a Dios, de sus gestos patrióticos, sus esfuerzos, sus gustos por determinadas cenas y banquetes. A veces, es verdad, parecen pagados de sí mismos. Al votar nos da una cosa que parecería que no tuvieran escrúpulos ni vergüenza. Al verlos escurridizos en ciertos restaurantes reservados, encorbatados, con zapatos finos y miradas lúcidas llegamos a desconfiar. Pero son instantes, sólo instantes. Gracias a Dios están ellos y no los militares, los curas, los empresarios, los grandes trust internacionales, el lavado de dinero, el Pentágono o los sucesores del estalinismo. Ellos pueden controlar a la policía, el comercio en negro, el lavado de la droga y los negociados de los otros empresarios; los sindicalistas, digo. Gracias a Dios todo está en orden. Los populistas siguen siendo populistas, los profesores de historia desconocen Historia, nombramos la Carta del Lavoro y nadie sabe de qué estamos hablando. El salario de los jueces, el de los fiscales y el de los gobernadores. Las escuelas, las huelgas, los hospitales, el hambre, la desocupación, las mafias, los cuarteles, la publicidad, el paco, los ministerios, las señoras legisladoras peripuestas y pavoneándose como quinceañeras, los intelectuales de televisión, los periodistas de política internacional, los jugadores de fútbol y las botineras… en fin todo marcha como Dios manda.

Y hablando de Dios debo confesar una gran alegría. Deseo compartirla con usted, querido lector. (Permítame llamarlo, al menos una vez, amigo). Días pasados entré a una iglesia y luego de ver sus íconos, la simbología en retablos y paredes, advierto al retirame una columna de mármol, de un metro cincuenta aproximadamente. Y una inscripción: “Descansamos hasta el día de la Resurrección ”. Un jarrón con flores en su superficie y dos jarrones con otras flores al pie. Intenté buscar algún sacerdote o sacristán pero no los encontré. “Estarán haciendo la siesta o meditante”, pensé. “Tal vez estudiando sánscrito o alguna versión de Horacio en latín”. Al salir me dirijo a la secretaría y pregunto a un joven qué significaba esa columna. Muy amablemente me explica que es un ceniciario , que hace un año que está en algunas iglesias. “No en todas”. Que el sacerdote las tira o las deposita o las guarda -no recuerdo el término que empleó- y le dan un certificado. Es serio, que duda cabe. Un cementerio privado pero al cuidado directo, personalizado, explicaría una joven vendedora. Me comenta con suma cordialidad que rezan una vez al mes por aquellas almas o restos de huesos a la espera del día del Juicio Final. Le pregunto si puedo traer las cenizas de mi familia. (Pienso en mis padres y en mis abuelos, tal vez me hagan precio. También me pregunto dónde diablos estarán.) El joven me responde que sí, que puedo llevar a mis seres queridos. Respiro profundamente y estoy en paz. Me siento mejor, mas tranquilo. No se explicarlo pero usted casi seguro siente lo mismo. ¿O no?

Gracias a Dios la servidumbre involuntaria tiene sus consignas y sus estrategias. El pueblo no es idiota, los hombres no son idiotas, las mujeres tampoco. Quieren que se les engañen, necesitan que se les engañen. Vivir de otra manera sería espantoso. Pero ese líder o militar o profeta debe ser más inteligente que ellos, más malvado, más ruin. Así, groseramente. De lo contrario se descubre la mentira. Todo esta deformado: el saqueo, el paisaje urbano, el temor estigmatizado de ser tildado de reaccionario. El pueblo es incrédulo, es astuto, es indiferente. Y no lo digo por demagogia, que quede claro. Pregunténle a Ionesco o a Pirandello si lo que señalo le parece torpe.

El problema del burgués y el lumpen es que se conozca, que sepa de su estupidez, de su falta de valor, de su vitalidad corrupta y egoísta. Eso no lo debe saber nunca. El otro es el corrupto, el subversivo, el avaro o el cornudo. El otro, yo no. El individuo aspira a la moral y es básicamente inmoral. Por eso los políticos tienen aire de cinismo y de arbitrariedad. Como los profesionales, los comerciantes o los ladrones. O los directores de cementerios o de las academias de peluqueros. Se sienten felices cuando cocinan a fuego lento su felicidad, cuando le planifican vacaciones, jubilación, enfermedades, hoteles, cementerios: las normas a seguir en una sociedad pornográfica. (Todo no es así, Penelas, todo no es así. Parece que usted no quiere ver otras cosas.) Sí que veo seres que se sacrifican, que luchan por un mundo mejor, que dan todo para la humanidad y para el otro. No son tantos, no son tantos. Bueno, déjeme hablar desde lo emocional, como Danton. En el fondo creo que nadie en el mundo se hace muchas ilusiones respecto a la sustancia política de las elecciones ni a los Premios Nóbel de la Paz o de Literatura. La humillación simbólica tiene lo suyo. Las conquistas sociales parecen ser fases de una neutralización que no cesa. De ahí el delirio de muchas respuestas de izquierda y el acartonamiento de la socialdemocracia. El resto ya sabemos de qué se trata. ¿Vale la pena discutirlo?

Gracias a Dios he releído La presa de Kenzaburo Oé. A propósito ¿conoce el mundo deshumanizado y desprovisto de verdadero afecto que propuso el dramaturgo Joe Orton? Ávido lector, recuerdo siempre la cita de Dante: “todos los hombres por naturaleza, desean saber”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

El libro de los talleres

Editorial Dunken acaba de publicar El libro de los talleres VII, en donde nuevamente se encuentran trabajos de asistentes al taller de Carlos Penelas.

La serie El libro de los talleres, de la cual Editorial Dunken acaba de presentar su séptimo volumen, tiene como objetivo dar a conocer el trabajo de talleres literarios de todo el país e internacionales.

Para esta edición ha sido convocado nuevamente Carlos Penelas, quien propuso a diez alumnos para formar parte de la selección. El libro tiene un costo de $ 20 y puede adquirirse en el local de Dunken, Ayacucho 357, Buenos Aires, o a través de http://www.dunken.com.ar/

martes, 15 de diciembre de 2009

El amor en la poesía

El próximo sábado a las 19 horas Carlos Penelas tendrá a su cargo la "Introducción a la poesía amorosa" en el acto "El amor en la poesía", que se realizará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154. Leerán poemas Rocío Danussi y Mario Keegan.

"El amor en la poesía" se llevará a cabo el sábado 19 de diciembre a las 19 horas, cerrando las actividades de 2009 del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154. Lectura de poemas, Rocío Danussi y Mario Keegan. "Introducción a la poesía amorosa", por Carlos Penelas.

Se leerán poemas de Garacilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Rubén Darío, César Vallejo, Federico García Lorca, Alejandra Pizarnik, Leopoldo Lugones, Antonio Gamoneda, Rafael Alberti, Jaime Sabines, Oliverio Girondo, Vinicius de Moraes, Jacques Prevert, Luis Franco, Fernando Pessoa, Macedonio Fernández y Ricardo Güiraldes, entre otros. La investigación y selección de textos es de Rocío Danussi.

La entrada es libre y gratuita.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Dov´è la mia patria

a Edmundo Moure

¿Qué sería sin usted, lector? Sabe que no confio del todo en su forma de opinar ni de sentir. Sabe que, por lo general, le tengo desconfianza. Muchas razones me inducen a pensar así. Pero usted es el otro. Fundamental para un poeta o un escritor. No una masa de lectores. Eso no sirve. Dos o tres bastan. Pues bien, le pido por primera vez un favor. Lea esta crónica con serenidad. Pues no creo en nada. Ni en la patria ni en los líderes. Celestiales o terrenales. Me fascina por momentos ciertas cosas, ciertos lugares. Nada más. Sigo siendo solitario; un hombre que gusta de la belleza de la hembra, de su desnudez o su fineza, de la cordialidad de unos pocos amigos, de la buena lectura. Y fumar una pipa en la vereda de un café rodeado de árboles y plantas. Como advertirá, no pido demasiado.

El título de este artículo corresponde al libro de poemas de Pier Paolo Pasolini, publicado en 1942 en Bologna. Una pequeña editorial posibilitó que estos poemas escritos en friulano vieran la luz. Si usted está atento entenderá que significa: una Italia mussoliniana, los dialectos (en ese momento no era lengua) estaban censurados, hablar en dialecto era subversivo. Es un hito en la historia de la poética italiana por varios aspectos. La lengua, la desigualdad social, la diferencia entre ricos y pobres, la injusticia, la indiferencia, la construcción de una tradición cultural. Además, se pregunta dónde está su patria, cuál es su patria.

Me he enterado que ciertos académicos y no académicos (catedráticos de la burocracia mental) están buscando la flor como escudo heráldico en Santiago de Compostela. No esta mal, no esta mal. Con el tema de los crucifijos, los nigerianos, la crisis del petróleo, la guerra en Irán, las elecciones en Bolivia, la cumbre del clima en Copenhague y otras tantas mariconadas es serio buscar una flor que represente euros al turismo y pasión por Xacobo, el Matamoros. El tema es similar a aquellos concilios en donde se discutieron durante siglos el sexo de los ángeles. ¿De dónde viene esta flor? ¿Cómo se llama? Algunos dicen que es la narcissus indicus jacobeus. Otros se inclinan por amarilis fermosisima. Es la misma flor, botánico lector, pero con distinta ideología. Ambas – la misma Carloncho, la misma – viene de Nueva Galicia, es decir de México. No deja de llamar la atención: una flor que sea símbolo de Compostela proviene de la América mestiza. Podemos hablar del botánico flamenco Charles de la Cluse (1601) o de Nuño de Guzmán (1577). O de otros. O incluso del próximo Mundial de Fútbol con sus mafias, sus negociados, sus bochornos cotidianos y filantrópicos. El tedio, la marginalidad, lo político. O de la poeta Sylvia Plath y su relación con del poeta inglés Ted Hughes. Es para pensar; una cabos caro lector, una cabos.

Todo está falseado en la escena política. Hay simulacros de tensiones. Puestas en escena. Se debe preservar el edificio a toda costa. Rodeados de profesionales en la toma del poder gestionan el trucaje de la escena. En cada partida se reparten las mismas cartas. Y así vivimos el horizonte de las apariencias: representación, teatralidad, vodevil. A veces con torturas, con sangre, con muerte, con cárcel y exilio. Que duda cabe. Y eso se enmarca en la hipócrita tesis de la idealización: el militante contra el aparato. ¡Candor y estupidez incurable! ¡Patologías de resucitar lo imaginario!

Pienso, caro lector, que la fuerza está en el chantaje y en la nostalgia. En el discurso farsante, arrogante, patriotero. En una sociedad informatizada que va en búsqueda de datos y recursos cada vez más inútiles. En valores podridos, digamóslo sin eufemismos. Sobrevivimos en el horizonte de las apariencias atascados en una burocracia mental, en la alucinación de las masas, en la alucinación populista del lider, en una suerte de deyección creciente. Tampoco estoy con el pensamiento subyugado y atrapado por la nostalgia de ciertos libertarios; hay debilidad analítica.

Una familia desapareció en una ruta de la provincia de Buenos Aires. Durante tres semanas se hicieron rastrillajes, se montó un aparato construído entre la burocracia judicial y la burocracia policial. Se rastrillaron caminos, lagunas, ríos. A lo criollo; con el ceño fruncido y palabras enérgicas, convincentes. Peroratas, gestos y candombe. Los medios -no podía ser diferente- hicieron lo suyo: sensacionalismo, inimaginables versiones amarillas, vacuidad. Ayer, la familia Pomar fue encontrada muerta al costado de una ruta, el coche dado vuelta. Luis Fernando Pomar, su esposa Gabriela Viagrán y las dos criaturas, Pilar y Candelaria. Y el perrito. Ahora, se desconfía de todo. Vecinos, funcionarios, gente de a pie. Parece ser que fueron encontrados pues un automovilista sintió un olor nauseabundo, un olor podrido, al pasar. Un sistema social, político, cultural, buscando con radares, helicópteros y balsas durante tres semanas. Publicidad, fotografías de cumpleaños, historias privadas. En el trayecto de Carmen de Areco hacia Pergamino. Ahora en la calle se escucha hablar de las inundaciones, de las obras públicas, del dengue, de los hospitales, de las escuelas. De la desocupación, del hambre y de Nacha Guevara. De los precios para Navidad, de los índices de pobreza, del 82% para los jubilados y de la Copa Mundial. ¿Entiende, caro lector? Tal vez por esta razón Pasolini escribió en un poema: È pieno di vizi il mio cuore solo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 9 de diciembre de 2009

martes, 1 de diciembre de 2009

Comenzó la Feria del Libro de Guadalajara

Desde el 28 de noviembre al 6 de diciembre se lleva a cabo la 23º Feria Internacional del Libro Guadalajara 2009, la mayor feria comercial de libros de México. Fotomontajes, de Carlos Penelas, estará presente junto a Editorial Dunken.

© Cortesía FIL Guadalajara / Ana Karen Reyes

El último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes, participará de la Feria del Libro de Guadalajara, México, a través de la presencia de Editorial Dunken en el stand MM05, de la Argentina, en el Centro de Exposiciones Expo Guadalajara, Av. Mariano Otero, 1499 Col. Verde Valle, Guadalajara, Jalisco.

La exposición es la más importante del mundo literario y editorial que se realiza en el país azteca, visitada año tras año por autores, agentes literarios, bibliotecarios, libreros y más de 1600 casas editoriales de 40 países. Junto a ellos, se espera la presencia de más de medio millón de visitantes.

Este es el tercer evento de estas características del que participa Fotomontajes, que ya había sido seleccionado por Dunken para participar del stand argentino en la Feria Internacional de Frankfurt, Alemania, que se realizó a mediados de octubre; y de la 29º Feria del Libro de Chile, a principios de noviembre.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Mujeres

En verdad me decepciona, leedor. No es que haya pensado, en algún momento, mucho mejor de usted; pero que se acerque a esta columna para saber algo de las mujeres que he conocido o he amado, me parece de una indiscresión, de un huroneo lamentable. De esta manera advierto lo cursi; lo vulgar, lo ridículo. Hasta lo presumido, me atrevería a decir. Cómo escribir de aquella bella joven con quien descubrí los barrios míticos de La Boca o Barracas; qué mencionar de la pasión desatada por esa mujer de apellido itálico y perfil griego en el Jardín Botánico, mientras evocábamos lecturas y soñamos el mar desde el dolor y la desesperanza. O aquella otra, en el puerto de La Coruña, con la cual corrí, entre adoquines y grúas, una madrugada de verano antes de partir a Lisboa. No, rocambolesco lector, no hablaré jamás de esas mujeres. Le hablaré de otras. La insustancialidad, búsquela en otra parte. En los discursos de nuestros burócratas, en la televisión, en el mercado del arte, en la industria del fútbol, en las teorías de los intelectuales ortodoxos, por ejemplo.

Hablaré de las musas; de esas hembras eternas, complejas, reticentes. Y tal vez (es una vana esperanza) le sirva para descubrir el universo de Akutagawa o el de Kenzaburo Oé.

En esencia, el primer tratado de ciencia de la literatura o de preceptiva que jamás se haya escrito, es La Poética de Aristóteles (380-322 a. de n.e.). Sus reglas estuvieron en vigencia hasta el romanticismo. La importancia de la obra, su mayor mérito estriba en la capacidad que demuestra para la crítica literaria. Definió, por vez primera, los géneros literarios. Todo lo que es creación es poesía, para Aristóteles. Habla de la poesía homérica, la comedia antigua, la tragedia creada por Esquilo y por Sófocles. Hablará del lenguaje poético, apreciaciones sobre el vocabulario, la necesidad de unidad, entre otros temas.

Menos conocida es La Poética del crítico español Ignacio Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea (1702-1754). “El fin de la poesía es el mismo de la poesía moral”, se equivoca don Ignacio. Con esta sentencia niega el arte en sí.

El Ars Poetica de Horacio pertenece a la más larga de las Epístolas de Quinto Horatius Flaccus, compuesta alrededor del año 14 y dedicada a los Pisones. Afirma la regla absoluta de la unidad, sin la cual no existe obra de arte. La originalidad no consiste en la novedad del argumento sino en el proprie dicere. “Tu palabra se distinguirá de la de todos los otros si hace sentir como nuevo el vocablo conocido”. Influirá en el teatro francés a través de la traducción de Boileau. Fue traducida al inglés por Ben Jonson. Horacio perteneció al círculo de los poetas de Augusto, protegidos por el Mecenas. Es conciderado uno de los más grandes poetas romanos por la perfección de su forma.

Algo que deberíamos recordar. Nos dice monseñor Eugenio Guasta que “don Ramón Menéndez Pidal, cuando analiza el lenguaje de la santa Teresa de Ávila, señala que el habla de aquella, que escribió en el siglo XVI, es el castellano abulés de fines del XV, el idioma oído en su infancia y añade que la autora de Las moradas, si tenía que elegir entre una palabra culta poco usada y otra de raíz popular, elegía esta última, para quitar toda afectación a lo que escribía.

L'Art Poetique del escritor y poeta francés Nicolas Boileau-Despréaux (1636-1711) se publicó en 1674. Esta inspirada en la poética de Horacio. Trata el arte de la poesía como vocación y oficio individual. Le aconseja al poeta un saber gramatical estricto, una autocrítica ceñida y una decorosa sinceridad. Estudia el epigrama, la elegía, el soneto, el madrigal, etc. También la epopeya, la tragedia y la comedia. Hablaré también de cuales deben ser los hábitos y costumbres del escritor. Como normativa individual. Lleva una concepción estética sustentada en la razón, el buen uso y el sentido común. Boileau enseña que la belleza debe buscarse en la simple verdad de la naturaleza. Critica, además, la postura afectada o enfática. Para él son requisitos esenciales: una inspiración controlada por la razón, un estilo espontáneo reforzado por el oficio y la técnica a imitación de los antigüos. Pone, finalmente, el acento en el oficio literario y en la responsabilidad técnica y artesanal del escritor.

Aquí están las musas, ingenuo lector. Y en las páginas de Mariana Alcoforado o en los poemas de Louise Labé, “la bella cordelera”, poemas líricos sobre el amor insatisfecho. Y en una de las grandes poetas de la literatura universal, Gaspara Stampa (1523-1554), conmovedora. En sus Rimas veremos las desesperada pasión, la trágica y apasionada mirada de una mujer que nos recuerda a la pintora caravaggista Artemisa Gentileschi (marginada de los libros de historia del arte hasta hace dos décadas) o a la tormentosa y desenfrenada Camille Claudel, una mujer donde el genio iba de la mano con la belleza. Le recomiendo, por ahora, que descubra a Gaspara Stampa, la poeta del Cinquecento veneciano, que sostiene el código poético pretrarquista. Estas son parte de las mejores mujeres de la humanidad. Juntas a Hipatia, claro.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

Chile a la vista

No hay mejor despertar que el sueño
Jorge Tellier

No voy a hablar de Auria. Ni de don Eduardo de quien conservo libros dedicados y cartas hermosas sobre mis primeros libros. Hablaré de un sueño. De un viaje por la nostalgia, la amistad, el compromiso, lo estético, la hospitalidad. Hablaré de calles inolvidables: de Londres, de París. Allí estuve con Rocío en un residencial encantador: muebles antiguos, escaleras de mármol y de madera, sillones de época, un reloj de pared, ventanas por donde entraba el sol y las ramas de un ciruelo. Y unos gorriones temerarios, astutos, indóciles.

Viajé con motivo de la Feria Internacional del Libro de Santiago, dedicada este año a las letras argentinas. No lo hice de manera oficial, nunca voy de ese modo a ningún lado. Fui por invitación de los amigos, porque la editorial Dunken tuvo la amabilidad de seleccionar Fotomontajes a la Feria de Mapocho, porque hacía siete años que no cruzaba la cordillera.

Al llegar nos esperaban en el aeropuerto dos queridos amigos: la poeta chilena Patricia Pérez Madrid y su esposo Adolfo. Un momento muy bello el encuentro. Y nos llevaron al Residencial Londres. Nos dejaron allí, respetando tiempos y decisiones. Comenzamos a recorrer sus calles, las plazas, las iglesias. De regreso nos encontramos con un acto en la calle, en la Casa Londres 38. Lo organizaba el Colectivo Memoria 119. Allí, en esa antigua sede socialista, la dictadura torturó y asesino a muchos militantes del MIR, del Partido Comunista y del Socialista. La mayoría fueron del MIR. Me dijeron de recorrerla, de visitar sus habitaciones. Otra vez el horror, la pesadilla. Luego me invitaron a hablar en la calle. “Un poeta anarquista, argentino, les va a hablar”, dijo la compañera. Y allí dije unas pocas palabras.

Fueron días intensos. En Casa Moure presenté el libro en un diálogo con el generoso amigo, poeta y escritor, Edmundo Moure. Recorrimos la crónica como género literario. Surgieron los nombres de Capote, de Azorín, de Sarmiento, de Blanco-Amor, de Berger, de Bello, de Neruda, de Mistral, de Huidobro, de Borges…

Sentimos felicidad junto a gente inteligente y sensible. El talentoso hijo de Moure tocó la gaita en homenaje. Luego fuimos a la casa del poeta con su mujer, Marisol, y Sol – su dulce hija menor - a comer una muy buena paella y beber vino de la bodega familiar. Nos reunimos una vez más con Patricia y Adolfo. Compartimos el mundo, la poesía, las anécdotas.

Con el sol del sábado, nos esperaba un viaje maravilloso que nos obsequiaban, Patricia y Adolfo, a Isla Negra. Recorrimos, una vez más, la casa de Pablo. Almorzamos congrios y mariscos a orillas del mar. Visitamos playas y balnearios llenos de vitalidad y progreso. Días intensos donde descubríamos historias y leyendas. Nos acompañaron mascarones, principalmente La Guillermina.

La Feria del Libro, la Casa de la Moneda, la Plaza de Armas y la noche. Y la Catedral, la Iglesia de San Francisco, la Chascona, el barrio Brasil, Providencia, Vitacura…

Largas caminatas con Edmundo, hablando de revoluciones, de proclamas libertarias, de la poesía de Fray Luis, de Lorca, de Rosalía, de Esenin, de la Universidad de Chile, de la bellísima Biblioteca Nacional de Chile, de los museos, del Cerro Santa Lucía, del San Cristóbal. Seguimos caminando para recordar a Galicia, los ancestros, pueblos que convocábamos entre el viento y la vigilia. Y recitamos poemas. Llegó Violeta con su voz y sus tapices, llegó de Rokha, llegó Luis Franco. Carlos Fuentes, Gonzalo Rojas vinieron con sus mitos. Y otra vez Ascaso y Durruti, otra vez Barret, otra vez Huidobro.

La última noche, mirando la cordillera desde su espléndido departamento, fuimos homenajedos con las exquisiteces de Pérez Madrid y la fineza de Adolfo, junto a Carlos Calderón Ruiz de Gamboa, Victoria -secretaria de la SECH- Edmundo y Marisol Moure con los cuales nos fue uniendo nostalgia y fervor. Y mi querida y entrañable Luna.

Nos dejamos temas, nos dejamos temas. Moure me habló de William Goyen, de una novela que lo iluminó de ternura y poesía: La casa del aliento. Le comenté que hacía unos meses había leído un cuento conmovedor de este narrador estadounidense, un cuento donde la precariedad de la vida está a flor de piel: Memoria de mayo.

Moure me contó que un amigo, Roberto, había muerto esa tarde. Nos dejamos temas, sin duda. Hablamos de nuestro ateísmo, de nuestras vidas, de proyectos infantiles y utópicos. Del hambre, de la injusticia social. De huelgas y de voces; de muros que debíamos derribar. De nuestro próximo encuentro que imaginábamos se daría en horas. Supimos engañarnos fraternalmente.

Asi fuimos recordando un verso inmortal de Francisco de Rioja. Mirando las flores de los parques, la limpieza de las calles, la cordillera que señala el silencio y el misterio. Y el mar, sobre el azul intenso. El mar, que recomienza el verso y el fervor de la vida. La mar -como dice el bueno de Roberto Lamas- es decir la amada, el vuelo, el universo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2009.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Romancero libertario

Ya salió revista Sudestada N° 84, de noviembre 2009, celebrando ocho años en la calle. En portada, "Hemingway en Cuba", y una entrevista a Carlos Penelas, "Romancero libertario".

Entrevista con Carlos Penelas
Romancero libertario
Por: Marcelo Massarino

“La gente no se puede imaginar vivir sin Estado, sin policía, sin iglesia, sin ejército. Le cuesta mucho tener sentido de libertad”, apunta el poeta. Carlos Penelas propone, en diálogo con Sudestada, un viaje mítico por las aguas de la literatura, la anarquía y la memoria, y un combate perpetuo contra los burgueses y los amanuenses del poder; es decir: los enemigos de siempre para el poeta.

Carlos Penelas vive en su casa de casi toda la vida, a metros de la avenida Callao, en la ciudad de Buenos Aires. Sobre la calle Viamonte, hay un pasillo largo, “La calle de los suspiros” que nos acerca al mundo del poeta donde conviven la literatura, la plástica y la música. También el pasado que lo nutrió y formó como el autor de una obra que juzga el presente y guarda la esperanza de un futuro libertario. Las paredes están cubiertas de retratos, pinturas, poemas, recuerdos de viajes, fotografías y libros. Basta con detener la mirada en cualquier objeto para saber que la vida de Penelas es mucho más que la rutina de todos los días. El poema está en todos lados y siempre coincide con una pasión: el amor, la utopía, la estética. El optimismo en el hombre libre es el cántaro que va a la fuente de donde bebieron sus antepasados que llegaron desde Espenuca, Galicia, en un buque llamado Arcadia, el nombre de la tierra que imaginaron los poetas como un lugar de inocencia y felicidad. Carlos Penelas un día subió a ese barco que cruzó el Atlántico en 1908 y aún no bajó. Su último libro, Viajero con una soledad, lo tiene en medio del hechizo del mar y la insurrección de la palabra que se alza frente al hambre y la desesperanza.

Porteño, nació en 1946, es el menor de los cinco hijos de Manuel Penelas Pérez y María Manuela Abad Perdiz; jornaleros que dejaron España por un horizonte en este lugar de América. Su padre era un anarquista individualista de carácter fuerte, noble y con una pizca de ingenuidad. Así también eran sus tíos y abuelos. Penelas los recuerda como “seres angelicales” de una “generosidad infatigable”, con “razones para envejecer y morir en rebeldía” mientras compartían “el corazón con otros seres”. Todos tenían una candidez especial aunque eran capaces de dar la vida por una idea. Como su tío Pedro Fraga, quien creía que los alcohólicos dejarían el vicio después de leer El Quijote; los rescataba de la calle y les leía fragmentos del libro de Cervantes, mientras tomaban un plato de sopa en la cocina de su casa. Y les advertía: “si regresan borrachos, disparo”. Y era hombre de una sola palabra.

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 84 - Noviembre 2009
www.revistasudestada.com.ar

martes, 3 de noviembre de 2009

Carlos Penelas en Chile

Con motivo de su participación en la 29º Feria del Libro de Chile, Carlos Penelas estará presentando Fotomontajes en la capital trasandina el viernes 6 de noviembre.

Carlos Penelas viajará a Santiago de Chile para presentar su último libro de artículos y ensayos periodísticos, Fotomontajes, el viernes 6 de noviembre a las 19 horas en Casa Moure, Mar del Plata 2096, Providencia.

En el encuentro, acompañado por Mario y Edmundo Moure, anfitrión y moderador de la charla, Penelas se referirá a “La crónica como género literario”.

Recordemos que Fotomontajes ha sido seleccionado para participar de la 29º Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, que se realiza del 30 de octubre al 15 de noviembre de 2009 en el Centro Cultural Estación Mapocho.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Entrevista en Sudestada de noviembre

Carlos Penelas ha sido entrevistado por Marcelo Massarino para la edición de noviembre de la Revista Sudestada. Allí, además, pueden leerse algunos poemas compilados especialmente para la publicación, que ya se consigue en kioscos y librerías.

Más información: www.revistasudestada.com.ar

Encuentro sobre el poeta Luis Franco

Con una gran presencia de público se desarrolló en el Salón Editorial Voces una charla sobre la vida y obra del poeta Luis Franco. El encuentro correspondió al ciclo "De poetas y poesías 2009", y fue organizado por la Asociación Pampeana de Escritores y la Biblioteca Popular Edgar Morisoli. Los escritores Carlos Herrera (Neuquén), Carlos Penelas (Capital Federal), Edgar Morisoli y Alberto Acosta (ambos pampeanos) integraron el panel de disertantes.

A modo de introducción, Edgar Morisoli contó una anécdota referida a su primer acercamiento con el poeta. "En un viaje que realicé, junto a un compañero a un encuentro de poetas en Tucumán nos sucedió un hecho insólito. La estación donde arribamos, estaba empapelada de posters y murales del poema de Luis Franco "Estoy llorando aquí". Al salir de la estación, comprobamos que toda la ciudad de Tucumán estaba empapelada con este poema". La iniciativa, agregó el escritor, había sido promovida por la revista Signo, que con ayuda de distintos sectores de la comunidad pudo llevarla a cabo.

Morisoli se refirió luego a la persona del poeta. "Franco es un escritor que pertenece a las figuras nacidas a finales del siglo XIX, y atravesó el siglo XX casi entero, como Jorge Luis Borges". "La ciencia de la crítica sostiene que debe separarse la obra de la persona, pero qué placer y alegría se experimenta cuando se encuentra coherencia entre obra y conducta; cuando se corresponden y van unidas de la madurez, como en el caso de Franco", agregó. Morisoli sostuvo que toda lírica implica una poética tácita o implícita: "La poética de este escritor en particular supone una ética de la creación y de la estética", afirmó. Para Morisoli, la claridad de la postulación poética y ética de Franco sucede a la par de una obra lírica deslumbrante, sin perder de vista la identificación del poeta con la naturaleza, derivada de su condición de chacarero.

Continuó hablando, Carlos Penelas de Capital Federal autor del libro "Conversaciones con Luis Franco". Inició su análisis de la poesía del catamarqueño afirmando que este mundo se derrumba de a poco y crece la corrupción, y que la poesía de Franco es una respuesta a los males que aquejan a la humanidad. Penelas lo conoció cuando publicó su primer libro y tuvo un gran acercamiento: "después de la figura de mi padre, viene la de Franco" dijo. El poeta influyó en su literatura, ideología, estética, aunque ambos mantuvieron también grandes discusiones. Aseguró que Franco no fue un gran poeta catamarqueño sino uno de los más grandes que tuvo el país.

Al término de Carlos Penelas, habló Carlos Herrera quien realizó un exhaustivo análisis de la poética del escritor. Para lograr su cometido leyó varios textos. También hizo escuchar a los presentes canciones con letras de Franco interpretadas por diferentes músicos, como por ejemplo del "Cuchi" Leguizamón.

Como cierre de este encuentro Alberto Acosta, quien ha musicalizado varios poemas del escritor, brindó detalles de su acercamiento con Franco e interpretó dos temas con su guitarra: "El llorasangre" y "Canto a la alegría".

Diario La Arena, Santa Rosa, La Pampa, domingo 1 de noviembre de 2009.

sábado, 31 de octubre de 2009

En Córdoba y Callao

Estoy sentado a una mesa del bar de Córdoba y Callao. Hace un momento se acaba de retirar el Dr. Ricardo Monner Sans, tenía una audiencia. Quedé con dos amigos que usted ya conoce. Me refiero a Jorge Sethson y a Marcelo Massarino. Estamos esperando que llegue Horacio Tarcus; siempre se retrasa. Conversamos de temas intrascendentes: citamos a Italo Calvino y nos reímos reiteradas veces evocando su inolvidable novela El Vizconde Demediado. Alguien, no recuerdo bien quien, cita a Nelson Marra, el poeta, ensayista y narrador uruguayo. Su carga simbólica y esperpéntica es todo un hallazago. Estamos tomando un café; conversamos amigablemente señalando las últimas noticias de los diarios, los disparates sombríos de nuestros políticos, sindicalistas, gurúes y futbolistas. También recordamos la pobreza de la intelectualidad, la estupidez generalizada, el desempleo, el hambre, la desnutrición, la corrupción sin límite. Eso no implica que no admiremos unas bellas caderas de una mujer madura, sentada a metros de nuestra mesa, que convoca el ensueño. Usted sabe, lector, no se haga el moralista, el burgués apocado y asexuado.

Mientras el querido Horacio se retrasa, les hablo de Carlos Prebble, decendiente de escoceses y españoles que acaba de publicar un breve libro sumamente interesante, Música Celta Argentina, donde hallamos una recopilación sobre la música celta en nuestro país. Otro aporte de la inmigración, decimos. Decimos nosotros, no usted, leedor impávido.

Finalmente llega nuestro amigo. Nos pide disculpas y comenta algo del tránsito, algo de un texto que está finalizando, una traducción que lleva trabajo. La mesa está completa. Su cordialidad y lucidez comienzan a agregar datos absurdos a la conversación. Digo absurdos porque hablamos de la resistencia que ofrece la pluma y el papel, la actitud reflexiva que esto significa para el escritor, y sobre todo al poeta. Colegimos que la grafía es lenguaje del alma; la belleza y la artesanía que significa el texto sobre una página en blanco. Hablamos del tiempo de lectura y del tiempo de escritura, de Umberto Eco cuando afirmó que la escritura a mano exige componer la frase mentalmente antes de escribirla.

Caro lector, a usted le hablo. En voz baja, con los ojos pensativos y un ademán supremo de cansancio y de melancolía. Decía Federico Nietzsche que "hay que volver a la muchedumbre; la soledad ablanda, corrompe y pudre". Para algunos sociólogos el amor de pareja es el motor para poder modificar una sociedad. Sin duda existe el amor idealista, el amor pasional, el amor terrenal, el amor institucional. Mucho se discutió en la década del '70 -a la cual pertenezco- el amor burgués y el amor militante. Se construyeron utopías sociales, luego apareció el discurso escéptico e individualista en los años '80, hasta llegar a ese extremo que representa el individualismo salvaje, alejado de toda ética, de toda solidaridad, de toda responsabilidad. Creemos que el amor pasional dinamita a una sociedad. Provoca locura y ruptura a la vez. Se enfrenta al amor institucional, al amor autoritario y formal. El amor pasional es un amor combatiente, insurrecto, que finaliza por lo general en la disociación y el descuartizamiento. El amor institucional reúne, a los señores formales y a las señoras que usan modelitos comprados en los shopping, en un hotel alojamiento.

Hace unos años se publicó El sexo puesto de Daniel Samper, hermano del presidente de Colombia. Con ironía y mordacidad nos habla del proceso de conquista de la mujer, de lo aburrido que se pone la pareja luego del primer encuentro, de lo horrible que es que a uno lo llamen "papito" o "gordito", del lenguaje amoroso, de las cosas ridículas que se dicen. Según Samper todo está demasiado poetizado, y añade que no es verdad lo que pasa en el cine. No le gustan las mujeres que usan sostenes negros y medibachas. Para él el hombre que sobrevive a eso es un héroe. Con humor, dice que le encanta y le resulta fascinante la cicatriz en el apéndice de la mujer y las señoras maduras con celulitis. Obviamente critica los estereotipos ridículos de una sociedad. Le interesa hacer el amor y ver un partido de fútbol por televisión de inmediato. Le aburren los mimos de la esposa y las palabras científicas que giran en torno al sexo.

Sin lugar a dudas, estimado y persistente lector, vivimos una sociedad más pornográfica que sexual. Más hipócrita que erótica. Lo hablo a menudo con Juan Manuel Sánchez y con Ponciano Cárdenas, que algo de esto entienden. Además de ser pintores de talento y generosos amigos. Según un artículo de la revista Time, el arte de la escritura a mano es “un arte perdido. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo no la podremos leer.” Aquí viene a mi memoria mis queridas compañeras del Profesorado en Letras Mariano Acosta: Mónica Arance y Alicia Fernández Redón. Es siempre hermoso recordarlas, por la sensibilidad, la finiza y la cultura que nos ofrendan.

Se han mezclado los temas, como si fuera un fotomontaje mal realizado. Le pido discupas. Hasta nos dejamos a los amigos conversando solos, arreglando el mundo, palpitando ideas y utopías. Son un ejemplo, en eso. Dejémoslos discurrir, lo hacen admirablemente bien. Sobre todo en esta época de imbecilidad y torpeza. Recuerdo cuando le preguntaron a Azorín si le había costado mucho escribir. Contestó: “Escribir no, limar sí”.

Me gustaría que lea a dos escritores argentinos muy poco conocidos: Carlos Sforza, entrerriano, y Lubrano Zas, ya fallecido. Luego me cuenta. Creo que son mejores narradores que los laureados Claudia Piñeiro, Ari Paluch o Federico Andahazi. Déjele la respuesta al mozo del Astral, allí suelo ir a dibujar y a leer. Sin compromiso, usted sabe.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2009

viernes, 30 de octubre de 2009

Homenaje a Luis Franco en La Pampa

Carlos Penelas participará este fin de semana del homenaje que se le realizará a Luis Franco en Santa Rosa, La Pampa.

El acto está organizado por la Asopciación Pampeana de Escritores y la Biblioteca Popular Edgar Morisoli, Víctor Lordi 73.

martes, 27 de octubre de 2009

"Fotomontajes", por Jorge Sethson

Sigo, leo a Carlos desde que hacía plaquetas con sus poemas. Por ello, debo confesar que aún antes de tener el libro en mis manos sabía lo que iba a decir. Es decir, sabía parte de lo que iba a decir. Porque con Carlos nos conocemos desde los inicios de esta etapa felizmente consolidada de la democracia, cuando comenzó a hacer en radio Municipal una serie de programas que ya contenían ese estilo, esa manera de enfocar la vida que uno se encuentra viviendo, un estilo que fue elaborando para llegar, en su momento, a De Espenuca a Barracas al Sur y más tarde a Crónicas del desorden, un estilo ahora más elaborado aún, ahora, en Fotomontajes.

Digo que sabía parte porque si bien he ido leyendo sus trabajos en estos últimos años, a medida que iban apareciendo, una segunda lectura me permitió apreciar el conjunto, el significado de su tarea, la línea de preocupación de un poeta que vive aquí, ahora, y tiene conciencia de todo ello.

Como periodista, debo admitir en estas épocas la seriedad de esa boutade a que nos acostumbraba Borges cuando decía que no ocurrían todos los días cosas importantes como para que los diarios salieran todos los días. Es cierto. Cada mañana uno descubre su hartazgo ante las noticias que sólo son continuidad de las del día anterior, salvo algún que otro escándalo, ni siquiera una sorpresa. Por eso es bienvenido en un diario lo que nos habla de cosas más reflexivas, temas con otro enfoque, como lo hace Carlos. Ahora bien: escribe en diarios y trata sobre la actualidad, o la realidad, o las cosas que pasan o parece ser que pasan. ¿Son, entonces, crónicas? Creo que es difícil encasillarlo.

Quizás busqué definirlo porque en estos mismos días leía en el libro Ultimo Patio, de Abino Gómez, acerca de una definición de ensayo perteneciente a Liliana Weinberg, que dice que se trata de un género que une acontecimientos y sentido, espacio privado y espacio público, singularidad y universalidad, razonamiento y emoción, expresividad y conocimiento, desde un yo siempre puesto en juego que interpela constantemente al “nosotros”. Buena definición. Abarca mucho de lo que los textos de Fotomontajes exhiben. Pero me abstengo de aplicarla. Creo que estos textos son difíciles de encasillar, y más aún tengo la certeza de que todo encasillamiento provocará el rechazo del autor.

Ciertamente, Carlos navega por estos tiempos con absoluta libertad: puede iniciar un texto a partir de un momento de intimidad o de evocación; puede comenzar con una cita de uno o con el recuerdo de varios autores; puede plantarse frente a los edificios de Buenos Aires, puede acudir a Piolín de Macramé o a Frankestein, al fútbol o a la poesía, puede reconstruir un episodio de la vida cotidiana; recurrir a todo lo que nos rodea, en fin, para expresarnos y fundamentar su desacuerdo con lo que ve como una realidad a propósito fragmentada, su rechazo a una generalizada tendencia de vida que sucede sin necesidad de expectativas, sueños o proyectos: “Esa es nuestra vergüenza, dice, la realidad que vivimos por momentos parece grandiosa, inimaginable, pero la vida de nuestra imaginación es cruelmente mezquina”.

Fotomontajes, pese a la brevedad de cada texto, es un paseo intenso, comprometido, reflexivo, por las sensaciones y sentimientos con que se nos impone este presente, un paseo en el que vamos no sólo con Carlos sino también con sus lecturas –a las que nos induce a acompañarlo, generosamente, planteándonos que “la lectura puede ser un camino”-, y muchas veces con la presencia de sus maestros.

Carlos habla con su lector, a veces directamente, casi siempre por su tono, por una prosa que de tan cuidada es sencilla, con la que uno se siente incluido ni bien empieza a leerlo. “Nadie ignora, y usted menos que nadie (dice a su lector) que vivimos en una sociedad donde la banalidad y la superficialidad voluntaria da pánico”. Otras veces desconfía del lector, cuando se trata de un mero hojeador de páginas, sin sentido crítico, o se hermana con quien lee sus protestas: “créame, no nos es fácil, ni a usted ni a mí”. Poco después le advierte: “Caro amigo y crédulo lector: hay salida”, pero para ello lo exhorta a reconocer la realidad. Pero es en la estructura del artículo su estilo adquiere una relevancia peculiar, cuando tras tratar un tema y luego otro y otro, aparentemente sin vinculación, deja esa vinculación para su lector. A veces, con absoluta claridad, como en éste que termina diciendo “Penelas, ¿qué relación encuentra entre los crímenes del estalinismo, las invasiones de los marines o las lecturas de Fromm con lo que ocurre con la sexualidad en el mundo o en algún otro país? Ahora pregunto yo: Usted, ¿qué cree?

Tiene conciencia, por supuesto, de la incomodidad de sus insistencias. “Algunos me dicen que soy nihilista, poco esperanzado o muy duro con la realidad. Otros comentan que la realidad es peor, que suelo suavizarla con estilo e ironía”. Porque el tema de la banalidad y la superficialidad de estos tiempos es recurrente en este libro, y queda reflejado en un sinnúmero de manifestaciones, las más diversas. También, sin embargo, encontramos la constante referencia a la capacidad liberadora del pensamiento, de la lectura, de la poesía, del arte. “Intentamos, desde esta columna, dice, ejercer el pensamiento y una elocuencia para transmitirlo y encontrar el diálogo. Tender puentes entre campos culturales habitualmente disociados, que el lengaje se encuentre en el centro de las consideraciones. Y hacer lo imposible para que la palabra no se convierta en ceniza”.

Hay en Carlos mucha indignación, desagrado, frente a esto en que se transformó lo cotidiano (“nos convertimos en mediocres, pero también en cómplices”, dice); hay mucho respeto por la tarea creadora del hombre, mucho respeto y reconocimiento por quienes a través de su pensamiento han abierto horizontes, y es por ello que casi permanentemente está invitando a la lectura tanto de autores conocidos como de olvidados, cuya vigencia rescata. Y expresa así su convicción de que frente a lo que abunda hay también fuentes de dignidad y ejemplo.

Poeta al fin, en una de sus crónicas revela en pocas palabras lo que guía a esta, su escritura: “la desesperada y terca búsqueda de lo verdadero y de lo bello en una trama de mentiras”.

Jorge Sethson
Periodista y escritor, presentó Fotomontajes el jueves 22 de octubre, en Editorial Dunken.

sábado, 24 de octubre de 2009

Horacio Tarcus, desde París, opina sobre "Fotomontajes"

Investigador, periodista y escritor, el Director del CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina) opina sobre el último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes.

Si el autor de estas crónicas o su editor me hubiesen dado a leer este libro cuando aún no tenía nombre, hubiera propuesto bautizarlo con el nombre de uno de los textos que lo componen: Un poeta anarquista leyendo el diario. Porque Penelas lee atentamente el diario todas las mañanas, y como se indigna en su lectura, y se hace mala sangre con la marcha del mundo, necesita volver a contar, a contarnos, las noticias que acaba de leer. Pero para poder conjurar tantos sinsabores, lo que en el diario aparece como el horror naturalizado, en el relato de Penelas el horror vuelve a ser horror. Ahora bien, para lograr esa alquimia que le permite que volvamos a experimentar el horror de la realidad, Penelas tiene que trastocar el registro del periodista por el del moralista. Las crónicas de Penelas no son otra cosa que sus lecturas cotidianas presentadas desde su prisma moral.

Ese prisma moral hace que Penelas organice tantas informaciones sobre la realidad conforme a una suerte de visión decadentista de la historia. Al modo de los moralistas clásicos, la vara con la que mide las miserias del presente es la de las riquezas del pasado, o por lo menos sus promesas. Si es posible identificar las lacras del presente, es porque hubo virtudes clásicas. Y es así que Penelas contrasta la alegre ignorancia de las jóvenes generaciones con la férrea voluntad de saber de los inmigrantes autodidactas; el cybercafé con la biblioteca obrera; los individualismos y los narcisismos del presente con las solidaridades del pasado; las relaciones virtuales construidas desde las modernas tecnologías con el antiguo cultivo las relaciones interpersonales, las relaciones cara a cara, verso a verso y cuerpo a cuerpo; los amores líquidos con los amores sólidos, la era del vacío con la vida plena de sentidos, o en la que al menos se creía que se podía luchar para darle un sentido. Ciertamente, asoma por momentos y en algunos tramos de sus crónicas una luz de esperanza (sus propios hijos, por ejemplo, mostrarían -alla Sartre- que es posible hacer algo con lo que la necesidad hace con nosotros), pero Penelas tiende a pensar la realidad a partir de estos contrastes. Si no, no sería un moralista.

Penelas es un moralista angustiado pero indulgente. No condena, no pretende mostrar soluciones, se limita a mostrar. Lo que no es poco. Las crónicas de Penelas no son impersonales ni mucho menos: son crónicas en primera persona, donde el hilo conductor, incluso el único hilo conductor, es el yo hablante del narrador. Penelas recupera y cultiva con maestría la tradición del conversador. Por eso sus crónicas parecen instalarnos imaginariamente en su mesa de bar porteño, donde el autor tiene por delante el diario y a un costado, la pipa y la taza de café. Y desde allí nos habla desenfadadamente, nos lleva por aquí y por allá según lo lleva a él mismo el hilo de la conversación, o las páginas del diario. Y así como a ninguno de nosotros le interesa circunscribirse a un solo tema cuando mantenemos una conversación, a Penelas no le interesa en absoluto la unidad temática de cada una de sus crónicas.

Incluso discute con el lector imaginario que por momentos se pierde, porque todavía no descubrió que Penelas nos cambia abruptamente de tema, y sin embargo habla siempre de lo mismo. No es que se repita, es que Penelas cree, como Hegel, que todo tiene que ver con todo. Y es así que es capaz de conectar, apenas de un renglón a otro y sin previo aviso, una película de Resnais, un hecho de corrupción, un poema de Juan Ramón Jiménez, un partido de fútbol, el Satiricón de Petronio, un recuerdo de la infancia, la guerra de Irak y la obra de Rafael Barret.

Su relato se deja llevar por el vértigo de una conversación. Penelas se ha angustiado con la lectura del diario y nos quiere volver a contar las noticias de otro modo para conjurar la angustia. Y busca la complicidad de otros lectores angustiados con la realidad. Penelas se indigna, se enoja con la realidad, y quiere dialogar con otros indignados y enojados. Él tiene para ofrecernos, como contrapeso, ciertas perlas de la cultura que hace años, o desde siempre, se ha empeñado en pescar. Es así que va desgranando generosamente de su fichero las piezas del tesoro de su botín: frases de John Berger, de Benjamin Péret o de Paul Válery. Cuando la descripción del presente se torna demasiado apocalíptica, Penelas sabe equilibrarla apelando a una buena cita de Camus o de Cabrera Infante. Y cuando la realidad se vuelve demasiado prosaica, Penelas apela al registro poético.

Al lector que está afanoso de novedades, Penelas lo invita a leer a los autores que ya nadie lee, como Azorín, Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez, Ibsen, Luis Franco o Arturo Marasso. Y si el lector está deseoso de neologismos, Penelas acentúa chófer, cuenta que “Madre le leía” o exclama ¡pamplinas! Y cuando el realismo quiere justificar la realidad solamente por la prepotencia de lo que es, Penelas echa mano de las utopías. Por eso, cuando los medios levantan sus efímeros héroes de pacotilla, Penelas nos recuerda que también existieron Rafael Barret, o Buenaventura Durruti.

Termino de leer Fotomontajes y tengo la sensación de haber tomado unos 70 cafés con Penelas en el bar de Córdoba y Callao. Y que me vuelvo por Callao con la cabeza revuelta de tantas cosas que me disparó, a ver si consigo en una librería de Corrientes el poema “Espacio” de Juan Ramón Jiménez, o si en la Cinemateca de la Lugones reponen Hace un año en Marienbad. Entonces, ¿qué mayor elogio puede hacerse de un libro que sin evadirnos de la dura realidad del presente, nos invita a leer otros libros, nos incita a disfrutar de otras obras, nos recuerda que detrás de esa realidad deprimente laten utopías, que detrás o debajo de la ciudad visible, palpitan ciudades invisibles?

Horacio Tarcus

Rocío Danussi leyó este texto en la presentación de Fotomontajes realizada el jueves 22 de octubre, en Editorial Dunken.

viernes, 23 de octubre de 2009

Se presentó "Fotomontajes"

El último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes, fue presentado ayer en el salón de Editorial Dunken. Se refirieron al libro Marcelo Massarino y Jorge Sethson, mientras que Rocío Danussi leyó un comentario enviado especialmente por Horacio Tarcus, desde París.

jueves, 22 de octubre de 2009

"Viajero con una soledad" - Comentario de Germán Cáceres

Viajero con una soledad, de Carlos Penelas (Centro Betanzos Ediciones / Xunta de Galicia, Buenos Aires, 2009, 54 páginas)

El título, además de ser bello y sugerente, señala al lector que en el libro va a encontrar el canto a una soledad que se lleva a cuestas y amenaza con precipitarse en la desolación (“Entonces alcanzo a comprender que no nos salva el amor ni la esperanza”). No obstante, en ese triste desamparo en el que prima la melancolía, también está presente una sensualidad plena y exultante (“En la somnolencia del tacto arden tempestad y secreto”), que da paso a versos amorosos colmados de pasión, deseo y regocijo (“Bella desconocida, balanceas el cuerpo sonriente; húmeda de verano y muda ausencia”) (“Te incorporo desde el destierro y la embriaguez del lecho”).

Cierto hermetismo le permite a Carlos Penelas sumirse en imágenes tan elevadas como vigorosas (“Es así como el semen de oro resplandece en la aurora del poeta, el esplendor de una deidad insumisa: canto que hace girar el cosmos”), en las cuales la cadena de asociaciones conducen a la exaltación y el sueño febril y atormentado (“¡Qué penetrante, qué pureza feroz es esta fuga desmedida en la locura de mi alma!”).

Viajero con una soledad está escrito en su mayor parte en una prosa poética que traza un aluvión desbordante de epifanías. Y, como rindiendo un homenaje a la historia de la poesía, la obra se abre con un madrigal y se cierra con una casida.

El volumen —incluida la tapa— cuenta con dibujos del autor, cuya sutileza y síntesis extrema refuerzan la inspirada vena lírica de los poemas. En palabras del plástico Juan Manuel Sánchez: “Descubro en ellos el mismo sentido, la libertad que había visto en los dibujos de Lorca o de Alberti”. Viajero con una soledad es un texto indispensable para los que aman la poesía.

Germán Cáceres
Originalmente publicado en http://www.carlossviamonte.com.ar/

lunes, 12 de octubre de 2009

Presentación de "Fotomontajes"

Editorial Dunken tiene el agrado de invitarlo a la presentación del libro Fotomontajes, de Carlos Penelas, el jueves 22 de octubre a las 19 hs. en la sede de la editorial, Ayacucho 357 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La disertación estará a cargo de Marcelo Massarino y de Jorge Sethson.

Fotomontajes continúa la línea iniciada con De Espenuca a Barracas al Sur (2000) y Crónicas del desorden (2006), en donde se recopilaban otros trabajos periodísticos del poeta. En esta ocasión, los artículos fueron publicados originalmente en "Galicia en el Mundo", "Nueva Rioja" y "Diario Hispano Argentino". La contratapa lleva palabras de Ricardo Monner Sans.

Su estilo incluye ironía, mordacidad y, por momentos, nostalgia, utopía y solidaridad. Fue editado por Dunken, y puede comprarse on line siguiendo este enlace.

Fotomontajes ha sido seleccionado para participar en el stand de Argentina de la 61ª Feria Internacional del Libro de Frankfurt, Alemania, la mayor feria comercial de libros del mundo, que se realizará entre el 14 y el 18 de octubre de 2009.

Además, participará en la 23º Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se llevará a cabo en esa ciudad mexicana del 28 de noviembre al 6 de diciembre de 2009, y en la 29º Feria Internacional del Libro de Santiago, Chile, entre el 30 de octubre y el 15 de noviembre de 2009.

viernes, 9 de octubre de 2009

"Fotomontajes" en Chile

El último libro de Carlos Penelas participará en el stand de Argentina en la 29ª Feria Internacional del Libro de Santiago, Chile, que se realizará entre el 30 de octubre y el 15 de noviembre de 2009 en el Centro Cultural Estación Mapocho.

Fotomontajes ha sido seleccionado para participar en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, la mayor exposición librera que se realiza en el país trasandino, y que en esta 29º edición tendrá como país invitado a la Argentina.

Esta nueva participación se suma a las ferias del libro de Frankfurt, Alemania, desde mediados de octubre, y de Guadalajara, México, a principios de diciembre.

martes, 6 de octubre de 2009

Un tal Jacinto Penelas

Lector: perdóname; yo soy un pobre hombre que,
en los ratos de vanidad,
quiere aparentar que sabe algo,
pero que en realidad no sabe nada.
Azorín

Uno de los libros bellísimo que leí a los dieciocho años fue Cartas de mujeres. Había sido escrito en 1893. Poco tiempo después releo Los intereses creados, ya con otra mirada. Mi padre solía hablar de La malquerida. Con los años descubrí artículos periodísticos y numerosos pensamientos. Mi padre admiraba a don Jacinto Benavente, de él hablamos, caro lector. Le interesaba el conocimiento del idioma, las críticas hábiles y mordaces sobre el mal uso del idioma, la alteración de la sintaxis y lexicografía. En síntesis: su intelecto semántico. Veía en él al crítico implacable de una sociedad y al analista sutil de esa sociedad. Admiraba el oficio teatral aunque coincidía con Pérez Ayala al afirmar que su obra “se estancó en un canon naturalista cuando esa etapa ya estaba superada”. Eso mismo pude advertir en el Profesorado en Letras al descubrir la opinión de Torrente Ballester.

Su vida tuvo momentos interesantes dentro de una España clerical y reaccionaria. Homosexual no declarado, siempre ocultó esta situación. El Frente Popular lo homenajeó repetidas veces durante la Guerra Civil, tanto en Madrid como en Valencia. Una vez terminada la guerra se podían representar sus obras pero estaba prohibido el nombre del autor. Se decía por ejemplo: “el autor de La malquerida”. En la década del 40 fue censurado por la dictadura de Franco por su condición homosexual. En 1947 estuvo presente en una manifestación pro-franquista. El régimen le levantó la censura y se lo denominó “nuestro preclaro autor teatral”, “nuestro gran Premio Nobel”. Recordemos que lo obtuvo en 1922.

Fue conocedor de la obra de Ibsen y Shaw, de Oscar Wilde. Fue traductor de Shakespeare. Al principio golpeó sobre las clases aristocráticas y acomodadas, luego fue suavizando sus dardos hasta casi desvanecerse. En su teatro vemos una combinación de la commedia dell arte con otros que provienen del teatro clásico español. En su obra hay un escéptico que desconfía de la naturaleza humana y de la sociedad en su conjunto. En esta visualiza una hipocresía frívola que por momentos se transforma en cruel. Su teatro se burla de la clase adinerada y vacía, del aburrimiento y de la frivolidad de esos caballeros, pero en el fondo carece de grandes conflictos y termina siendo el autor preferido por la burguesía. “Yo quiero el arte libre de toda creencia sectaria”, dijo.

Unamuno, Antonio Machado, Valle-Inclán, Pío Baroja, Azorín, Juan Ramón Jiménez, Benavente, llevaron el lenguaje literario español a una dimensión enorme de la literatura universal. Es la generación del 98.

Si bien su teatro fue envejeciendo alarmantemente, nos quedan obras significativas, pensamientos, búsquedas estéticas de una época. En Argentina su teatro causó furor.

Mi padre me contaba una anécdota de cuando don Jacinto Benavente regresó a España. Antes de partir del puerto de Buenos Aires un periodista le preguntó sobre la idiosincrasia de los argentinos. A punto de zarpar respondió: “Armen la única palabra posible con las letras que componen la palabra argentinos”.

Si hubiera sido por don Manuel me hubiera llamado Jacinto, Jacinto Penelas. Por varias razones. (Ya la imaginación corre desvariada. La diversidad y la oposición del lenguaje, la noción del tiempo y la del espacio.) Los libertarios ponían nombres emblemáticos: Aurora, Libertad, Armonía, Ariel, Liber. O de la naturaleza: Floreal, Rocío, Pradeal… Y de ciertos autores que admiraban. Mi madre, según la leyenda familiar, se negó. Por eso Carlos Tomás. Carloncho, para los íntimos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2009

viernes, 2 de octubre de 2009

Crítica del gusto

Leer y estudiar el ámbito de ciertas lecturas hicieron de mi un lector atento y particularmente lírico. En mi poética hay dos vertientes; la literatura castellana y la lírica gallega.

Góngora

En Poesía Española, ensayo de métodos y límites estilísticos dice Dámaso Alonso cuando habla del hipérbaton: “Hay que tener en cuenta la enorme polisemia de la posición ‘de’, y no escandalizarnos por asociar como ejemplos valores muy diferentes: ‘de los sos ojos... llorando’, ‘de largos reinos... señor’ (Poema del Cid). Y en el otro extremo: ‘de tu balcón sus nidos a colgar’ (Bécquer); ‘del limonero entre el follaje oscuro’ (A. Machado)”.

En este ejemplo Dámaso Alonso nos demuestra que la violencia del lenguaje usual no es esencialmente distinta de las más osadas de Góngora. Pero más allá del análisis crítico nos sirve para admitir la divinidad de un verso, la fina sensibilidad, la cultura auténtica expresada con delicada espiritualidad.

¿Qué queremos decir? Que la literatura española, y fundamentalmente su poesía, está dentro de la gran poesía de la humanidad. Su intensidad, sus altas metas, su variedad, prueban también el núcleo lírico popular en la tradición hispana, el inmenso tesoro de su poesía.

Las lecturas de juventud son por un lado poco provechosas pues hay impaciencia, distracción y falta de método. Por otro lado está la pasión, la propuesta de modelos. Cuando llegamos a la vida adulta nos damos cuenta de ello. Así como nosotros vamos cambiando, leemos por primera vez un libro releído, sucede con frecuencia, a los textos que nos aguardan les sucede lo mismo.

Partimos de una base. Se leen los clásicos por amor. No por obligación o por respeto. Y a los clásicos castellanos los leemos con amor, con devoción. Y además debemos saber desde donde leemos. Ni la obra ni nosotros somos intemporales.

Mi aproximación a la poesía castellana fue a través del Arcipreste, de Garcilaso, de Fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Góngora, de Lope, de Quevedo, pero me emocionó a partir de Jorge Manrique. Más acá comprendí y amé a los clásicos contemporáneos: Machado, Hernández, Lorca, León Felipe, Jorge Guillén, Cernuda y tantos otros. Pero también a nuestros clásicos: Neruda, Vallejo, Borges, Franco, Molinari, Darío, Lugones, Girondo. Y naturalmente a los narradores latinoamericanos que tanto aportaron a la evolución de la lengua.

Sostengo, como afirmó Borges, que “sólo la palabra escrita tiene plena realidad ontológica”. La literatura presupone entonces también un problema moral, en todas sus alternativas se presenta valor y vileza, corrupción y virtud, la violencia del poderoso y la sufrida. Hay búsqueda de la verdad a partir de una estética.

El descubrimiento de Fray Luis nos remite a detenernos en cada matiz, en cada palabra, estudiar un campo semántico. La lírica universal de Garcilaso, que tal vez es la síntesis del Siglo de Oro si advertimos en su obra la ascención por la música, la palabra interior que busca el rimo permanente.

En su estudio sobre Boscán nos dice Arturo Marasso al que sitúa “entre la expresión todavía no lograda y la palabra interior que busca el ritmo permanente”.

En los textos de la poesía española del siglo XV vemos la espiritualidad latina, la aristocracia de cada palabra, los metros más adecuados. Iniciamos un itinerario donde depuramos la pasión, el movimiento del alma. De allí la necesidad de ciertos intérpretes para analizar y comprender la creación literaria en todo su misterio y complejidad.

España no sólo trajo libros o una cultura de letras. Trajo Romances, sanciones, juegos, bailes. Nos advierte Pedro Henríquez Ureña: “España es el primer pueblo conquistador que discute la conquista, como Grecia es el primer pueblo que discute la esclavitud.”

Encontramos en una visión panorámica varias lecturas de una lengua. En el lenguaje mismo, en la arquitectura, en la pintura. La arquitectura y la pintura se suman a la alta calidad de la escultura española, la de la piedra y la de la madera pintada. Un sólo nombre: Berruguete.

A fines del siglo XVIII, don Vicente de los Ríos, emparejó a Cervantes en su Juicio crítico del Quijote, con los grandes épicos de la antigüedad clásica, fundamentalmente con Virgilio: “La morada de don Quijote en casa de los Duques coresponde perfectamente a la detención de Eneas en Cartago. El extraño suceso de la Trifaldi y su continuación son también un espectáculo tan divertido como la relación del saco de Troya; la aparición del Clavileño aligero no es menos oportuna ni agradable que la descripción del paladín troyano, y los amores de Altisidora son comparables en su línea con la pasión de Dido”. Esta obra cumbre de la literatura mundial es siempre una catarsis para nuestra alma. Como dijo Jorge Nicolai: “Cervantes como genuino precursor del nuevo tiempo, ha superado el pasado y se ríe del fetiche de ayer”. He aquí un ejemplo: “Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo”.

Para un poeta el problema de la poesía es el de la belleza. Este camino milagroso es la creación del hombre. El propósito de un poema es enfrentarse a los grandes temas. La poesía castellana lo cristalizó en uno de los poemas que más he admirado desde mi temprana juventud. Estoy haciendo referencia a Coplas a la muerte de un padre de Jorge Manrique. La lectura de los grandes escritores medievales españoles son herederos de la tradición que fue capaz de engendrar la poesía más hermosa de su tiempo, me refiero a los romances viejos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

Se presentó "Viajero con una soledad"

El sábado 26 de septiembre se presentó en el Centro Betanzos de Buenos Aires el último libro de poesía de Carlos Penelas, Viajero con una soledad. Badi Lestani le realizó al autor un reportaje abierto.

Badi Lestani y Carlos Penelas

El acto se realizó en el Salón Geno Díaz del Centro Betanzos, y la presentación estuvo a cargo del escritor Alberto Portas.

Ya dentro del reportaje, Penelas describió el proceso creador de Viajero con una soledad a partir de sus tópicos: la inmigración, el amor, la saudade, el compromiso social, la ensoñación en torno a la libertad y la búsqueda interior, en un libro que se fue elaborando durante los últimos cinco años.

Penelas, además, remarcó su amor por la poesía y los autores clásicos, y su predilección por la obra de Cervantes y Shakespeare, El Quijote y Hamlet. Más abajo pueden verse fragmentos filmados de la presentación.

Alberto Portas

Penelas, Lestani y Marcelo Massarino, de Revista Sudestada

Mariana Martinelli, María Elena Lopardo, Penelas y Jorge Sethson

Juan Manuel Sánchez, Rocío Danussi, Lestani, Ponciano Cárdenas y Penelas

Sánchez, Lestani, Penelas y Cárdenas

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