jueves, 13 de junio de 2019

Oración pagana


En esta soledad el sonido del mar,

palabras lejanas de mis padres.

En esas voces el sentido de la tierra.

A veces hay un silencio parecido a la quietud.

(¿Qué respiración intensa olvidamos?)

A veces ojos celestes miran el vacío

como si sus antepasados

lo hubieran mirado todo por ellos.

Uno siente pudor y culpa; fragilidad.

Es como si les estuviese prohibido hablar

de aquello que les dolía.

(¿Nos hemos olvidado de las lluvias,

de las casas de teito?)

Entonces, el hijo descubrió

que no podía vivir sin ser amado.

En esta soledad la luz huele a salitre,

a manzana, a cimborrio románico.

Huele, por las tardes de inmóviles veranos,

a almidón con agua dorada.

El tabaco del padre

anunciaba el secreto de la honradez.

Cuando el hijo cierra los ojos

aparece la madre llevando

una sombrilla blanca de encaje.

Y sus cabellos negros recogidos

en una trenza triple rodeándole la cabeza.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 2019

sábado, 1 de junio de 2019

De "La razón de mi vida" a "Sinceramente"

Sabemos, como suelen decir muchos personajes de la hueste, que “el peronismo no es una ideología, es un sentimiento”. Ningún movimiento, corriente ideológica o tendencia política tuvo en la historia zonas tan oscuras como la de sus personajes fundantes. Si bien Hitler recibió más cartas de admiradoras que Mick Jagger o Mussolini recibía cuarenta mil cartas de mujeres por día sus relaciones amorosas fueron de otra índole. Lo mismo pasó con Trujillo, Ceaucescu, Marcos, Castro o Fujimori. La admiración uniforme que todos ellos recibieron – igual que nuestros patriarcas –, brotaron del poder, la idolatría, el mito, el populismo, el temor y la irracionalidad. Pero las dictaduras nacionalistas populistas – léase Nasser, Paz Estensoro, Gadafi, Vargas – tuvieron otra historia de lechos.


Hay frases que se emplean para confirmar desgracias o extravíos del presente. Un ejemplo es “esta persona no es de fiar, ahora de aquellos polvos vienen estos lodos”. La metáfora de la expresión es que los lodos son consecuencia cuando inunda la tierra seca. La expresión aparece en 1611 – con el mismo significado actual – en el Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián Covarrubias. El desaguisado, la corrupción de nuestros días, la impunidad, las bandas de ladrones refugiados en la política tiene su antecedente en alcobas, en imaginerías prostibularias, en bares de alterne. De lecho en lecho, con historias sospechosas. De allí la necesidad de crear un relato, un mito, una leyenda. La realidad desaparece; viene la post-verdad, lo ilusorio, lo mágico.

Todo, absolutamente todo se convierte en algo fangoso. Principios éticos y humanistas fueron tergiversados, manchados, menospreciados. Los datos son falsos o inexactos, el pasado se construye sobre el engaño y deseos imaginarios, el folclore nace junto al choripán, la vincha, el bombo y la guasada. Los libros los escriben otros, se recibe a deportistas destacados y simultáneamente se desprecia al Premio Nobel de Medicina (1947) Dr. Bernardo Alberto Houssay o al Premio Nobel de Literatura (2010) Mario Vargas Llosa.

Las complicidades del movimiento peronista nacen de la mano, del vínculo sutil de la política y la religión. Luego -nuestros días son un claro ejemplo- la impunidad, piruetas mesiánicas, beatificaciones, idolatrías, catequismos, laberintos, herejías, sutilezas patoteras, lumpenajes, muertes misteriosas, hegemonías prosaicas. Eso, y más. Fachada, misticismo patológico, irracionalidad, plegaria. Vulgaridad e ignominia. Urbi et orbi.

De estos climas crece el mito, el relato, la leyenda que se transforma en realidad. La ficción se hace templo. La ramplonería, lo chabacano, la jerga – a veces académica y supuestamente intelectual – generan una demagogia particular, una suerte de estereotipo hueco. Más tarde estribillos, falsificaciones, sub-política, regresión utópica. A esto se suma el carisma que se fabrica de a poco, las adhesiones con diferentes motivos y móviles, la manipulación, borracheras ideológicas de izquierdas nacionales y populares – qué dirían Marx, Trosky o Bakunin de estos dislates - donde se suman fetichismos, folclores urbanos, perversiones, pactos mafiosos.

Intentaremos sintetizar lo que hay escrito en libros, documentos, diarios y reportajes. Y aquello que nos muestran las lecturas de viejas fotografías, lecturas indispensables para analizar miradas, vestimentas, gestos. Curiosamente este movimiento que para muchos pasa por progresista -indispensable para combatir la desigualdad, las injusticias del capitalismo, de la oligarquía, con canticos, bombos y vinchas- es todo lo contrario. Es un movimiento populista de derecha, autoritario y corrupto. De allí los acercamientos a Castro, Chavez, o Jomeini. La tercera posición y la patria grande los incluye en las sectas revolucionarias.

Los datos, amigo lector, están como señalé en libros y artículos. Todo rodeado de obsecuencias, traiciones, exilios y torturas. Eva Ibarguren, más tarde Eva Duarte nace del concubinato de Juana Ibarguren con Juan Duarte, estanciero e importante político de Chivilcoy. Con él tuvo cinco hijos. Eva necesitaba salir de ese mundo y su deseo, su ambición era transformarse en actriz. Al menos como deseo imaginario para buscar otra posición social. En 1935 conoce a un joven anarquista que le habla de Simón Radowitzky, América Scarfó, Eliseo Reclús entre otros. Su nombre Damián Gómez. Se siente atraída por este joven luchador (morirá torturado en Buenos Aires) y será su primer romance. Luego vendrán otros nombres: Pascual Pelliciota, Emilo Karstulovic, Domingo Mercante, Peter Krouder, Pedro Quartucci… Agustín Magaldi la traerá a Buenos Aires cuando ella tenía quince años. Por pedido de su madre, según algunas fuentes, pues tenía apenas catorce años. Recordemos la esquina de Solís y Moreno en Buenos Aires. En la esquina hay dos placas donde señalan que vivieron Eva y el célebre cantor de tangos. Lo de Pedro Quartucci tiene otra historia: Nilda Argentina Quartucci, hija supuestamente de Eva y de Pedro. En el ascenso social no podemos dejar de mencionar al empresario Olegario Ferrando. Y un nombre oscuro y siniestro: Otto Skorzeny.

Perón complementa: Aurelia Tizón (Potota), María Eva Duarte (Evita), María Estela Martínez (Isabelita). A Eva la conoce con motivo del acto por el terremoto de San Juan; a Isabelita en el Cabaret Paspega, Caracas. Se la presenta un animador: Roberto Galán. ¿Dónde está el piano del General? o ¿Quién le robó el piano al general en Caracas? solía reiterar Hugo Guerrero Marthineitz en las audiciones radiales de los 70.

Juan Domingo Perón nació en 1895 como hijo natural supuestamente en Lobos, provincia de Buenos Aires. Su madre y su padre no estaban casados en el momento de su nacimiento. Los antecedentes familiares así como la fecha y el lugar preciso de su nacimiento siguen sometidos a debate histórico. Lo ambiguo tiene su marca.

Si tomamos a Eva María Duarte vemos que nació en Los Toldos el 7 de mayo de 1922. Sin embargo todos los investigadores sostienen que esa acta es falsa, que fue realizada a instancias de la propia Eva Perón en 1945 cuando estuvo en Junín para contraer matrimonio con el entonces coronel Perón. Lo ambiguo tiene su marca.

Perón conoció al “macchietta” Benito Mussolini. (Perón con gomina a lo Gardel. Gardel a lo Bela Lugosi. Otro ícono, Carlos Arce, París 1925). Luego conocemos a Nelly Rivas, “Nenita” o “Nelita”. Ella tiene catorce añitos. Tiempo después llegará el brujo López Rega, su secretario personal, practicante de umbala y otras macias, organizador de las 3 A. Pero eso mucho después. Allí estará también la vinculación con el coronel Jorge Manuel Osinde. Pero esta es otra historia donde se une la tragedia y la irracionalidad del movimiento. No es casualidad: recordemos el 10 de abril de 1938 y el encuentro nazi en el Luna Park a fin de celebrar la anexión de Austria al Tercer Reich. El acto masivo más grande fuera de Alemania.

La madre de Perón es Juana Sosa Toledo. La mujer es madre soltera de Mario Perón. Se llamará primero Juan Domingo Sosa. Luego aparecerá, sin que nadie lo sepa, como Juan Domingo Perón.

En Italia conoce a Pío XII y a Mussolini. También algunos caballeros de pasado vidrioso. Allí tendrá un gran amor con una muchacha de 21 años, Giuliana dei Fiori. En los años setenta lo enviará a Jorge Antonio a buscarla a España. Más tarde, en Mendoza (1941) conoce a una María Cecilia Yurbal Peña, de veinte años. La suele presentar como su hija, su sobrina o su ahijada. La llama Piraña, una “pirujita” comentaba el General. Las versiones del sobrenombre son varias. Es la chica que Eva echa cuando conoce al coronel “Kolynos”.

Algunos nombres que valen la pena recordar – entre muchos otros – vinculados a nuestro lider: Stroessner, Somoza, Pérez Jiménez, Trujillo, Francisco Franco, Licio Gelli, la Propaganda Due… Vale evocar una frase de Eva en un país donde las persecuciones políticas eran moneda corriente. Repasemos en silencio: “Siento que Perón es incomparable. Que Perón es Dios para nosotros…y lo digo con toda la voz que tengo y con todas las palabras que sé. Y cuando se me acabe la voz y las palabras, lo digo de cualquier manera. Las mujeres somos pasionistas y fanáticas mi General. Y el partido peronista, lo digo honradamente es fanático”.

En 1940 Eva tiene como amante al dueño de la revista Mundo Argentino. Ella cuenta con veintiún años. En 1943 se produce el golpe militar nacionalista dado por el GOU (Grupo Oficiales Unidos) del cual forma parte el coronel viudo Juan Domingo Perón. Será Secretario de Trabajo. El Secretario de Comunicaciones, coronel Aníbal Francisco Imbert. El 22 de enero de 1944 Perón conocerá a Eva en el Luna Park. Tiempo después Eva tiñe su cabello de color rubio para complacer al coronel. Los funerales masivos vendrán luego. La peste emocional crece en aulas, en fábricas, en oficinas públicas, en las casas. “Mañana es San Perón, que trabaje el patrón” se cantaba en las calles.

El guardaespalda nazi contratado por Perón para custodiar a Eva será el célebre Otto Skorzeny. Un rumor de la época fue el embajador y playboy de la República Dominicana Porfirio Rubirosa. Reitero: leamos las fotografías, hagamos una lectura ética y política de las fotografías. De las de ayer y de las de hoy. Son fundamentales para comprender.

En los años recientes, se forma el esquema de corrupción, el círculo perverso. Se inventa un rentable pasado heroico, se exaltan emblemas, se genera una épica y un edificio piramidal. Ante la falta de formación de una ciudadanía, una ignorancia en aumento, una decadencia cultural, todo es válido en una suerte de borrachera ideológica, un extravío que incluye devoción, festejos y libaciones. Y hasta un oxímoron: un peronismo ético. Porque vale la pena subrayar que todo es peronismo, con matices, con vueltas, con ismos diversos. El santoral viene de aquellos lechos, de aquel pasado donde nació una cría del fascismo, del nacionalismo, del populismo y de la religión. Por supuesto la degradación llegó en nuestros días a lo impensado, robo sin escrúpulo, hipocresía sin límite, deformaciones constante, asociación ilícita desde el Estado, una cúpula de la planificación, bolsos en un convento… Sinceramente, lo digo.

Mientras esto sucedía poco a poco el rencor, el desprecio y la venganza se transforma en prohibiciones, exilios y persecuciones. Si Eva hubiera sido actriz y con talento nuestro destino tal vez también hubiera sido otro. El resentimiento, el odio, la frustración, crearon venganza y rencor. Algunos nombres: María Rosa Gallo, Orestes Caviglia, Camilo Da Passano, Alberto de Mendoza, Menchu Quesada, Hugo Fregonese, Libertad Lamarque, Nini Marshall, Arturo García Buhr, Augusto Bonardo, Ulises Petit de Murat, Delia Garcés, Osvaldo Pugliese, Luisa Vehil, Irma Córdoba, Amelia Bence, Astor Piazzolla…

Por supuesto que la decadencia Argentina no es sólo del peronismo. Pero este tiene un valimiento fundamental. No es casual que hasta un Papa sea peronista. Desde esas alcobas – donde sospecho sólo se tejía el poder y no la sexualidad – fueron naciendo mitos para sustituir el conocimiento histórico. Primaba el estatismo sobre la sociedad civil. Es cuando se habla de unidad nacional basado en la trivialidad del hombre común o del lumpen con el nombre de patriotismo. Ser patriota era ser peronismo. Lo contrario era la oligarquía, el “gorilismo” – que no es una categoría de pensamiento – los “contreras” o los antipatrióticos. Todo esto llevado por el carácter emocional que los líderes elaboran sin pudor. De allí las abstracciones, las amalgamas, los agregados efímeros de cada acto. Ante este panorama quedan los solitarios marginales.

Para finalizar nos apoyaremos en la literatura. Lewis Carroll nos presenta un personaje sumamente atractivo, Humpty Dumpty. Éste decía: “Cuando uso una palabra significa sólo lo que yo decido que signifique, ni más ni menos”. Alicia sospecha: “La cuestión es si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas”. Humpty Dumpty responde: “La cuestión es saber quién manda, eso es todo”.

No es casual que con El matadero de Esteban Echeverría se inaugure la narrativa argentina. Y tampoco es casual que el viejo Vizcacha siga presente en nuestro imaginario. El personaje es símbolo de la picaresca nacional; pregonaba la abolición de la lealtad, promovía la obsecuencia y exaltaba el oportunismo empleando la metáfora de la rata y su madriguera. Es el Martín Fierro de Hernández el que constituimos como ejemplo. Y olvidamos el Facundo de Sarmiento.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2019

viernes, 24 de mayo de 2019

"Ofrenda de la luz", de Carlos Penelas, se editará en agosto

Ofrenda de la luz será editado por Editorial Dunken en agosto del corriente año. El poeta agradece a la editorial -y muy especialmente a su gerente Guillermo de Urquiza- el denuedo, la confianza y el patrocinio que le viene otorgando.


El poemario llevará ilustraciones originales de la artista plástica Eugenia Limeses quien aportó su talento y sensibilidad a otras obras de Penelas.

Libros publicados del autor por Editorial Dunken:

Fotomontajes, 2009.
Antología personal, 2010.
Cánticos paternales, 2015 (plaquette).
Homenaje a Vermeer, 2015.
El huésped y el olvido, 2017.
El mar en un espejo de otoño, 2018.

Estos libros fueron ilustrados por Juan Manuel Sánchez, Alfredo Plank, Carlos Scannapieco y Eugenia Limeses. Calle de la flor alta lleva dibujos del poeta. Poesía reunida, en tapa, fotografía del autor de Emiliano Penelas.

jueves, 23 de mayo de 2019

A nova obra de Penelas verá a luz este agosto

Carlos Penelas
“Ofrenda de la luz”, o último poemario do colaborador de Xornal de Betanzos Carlos Penelas, será editado por Editorial Dunken en agosto deste ano. O poeta agradece á editorial -e moi especialmente ao seu xerente Guillermo de Urquiza- o denuedo, a confianza e o patrocinio que lle vén outorgando.

O poemario levará ilustracións orixinais da artista plástica Eugenia Limeses quen achegou o seu talento e sensibilidade a outras obras de Penelas.

Fuente: Xornal de Betanzos 

jueves, 9 de mayo de 2019

Ponciano Cárdenas, poesía y silencio

Ayer, 8 de mayo, falleció Ponciano Cárdenas Canedo a los 91 años. Fue uno de mis grandes amigos, compartimos años duros y muchas alegrías. Hombre vital, artista generoso, amigo sin dobleces. Me ilustró varios libros. Estará en mi recuerdo y en mi silencio. En noviembre de 2009 me pidió un prólogo para un libro que iba a editarse sobre su obra plástica y escultórica. El libro, por razones inescrutables, nunca se publicó. Aquí las palabras sobre su obra.


Prólogo
Ponciano Cárdenas, poesía y silencio

Conocí a Ponciano Cárdenas en 1970. Había publicado mi primer poemario. Concurría a Sala Taller donde estaban Rubén Rey y María Elena Lopardo. Ellos, y Oliva, me hablaron de Cárdenas. Lo vi por vez primera en esa galería y centro cultural. Lo acompañaba Mariana, su compañera de toda la vida; una pintora de territorios y lenguajes. Cárdenas llevaba un poncho de su tierra, la mirada soñadora y el destino dramático en la frente. Desde ese día compartimos momentos felices y momentos trágicos. Vimos crecer el horror de las dictaduras, vimos desaparecer amigos, vimos el exilio. Pero también la belleza, la insurrección, el amor de la mujer, la desnudez, el misterio. Una amistad fraternal, de percepción soterrada.

Ponciano Cárdenas ofrenda amistad. Ofrenda silencio. Es bondadoso, convoca lo entrañable del ser humano. Junto a él fui recorriendo voces, encuentros. Podría decir Antonio Pujía, podría evocar a Adolfo De Ferrari o a Héctor Cartier. Como símbolos, sólo como símbolos de muchos otros. Junto a Cárdenas fui descubriendo la textura de América. Junto a Luis Franco y junto a él. Ponciano me enseñó a ver. Me enseñó a ver lo mágico, lo dramático, lo sagrado. En cada obra suya (recuerdo aquellos años juveniles en su estudio de la calle Tucumán cuando le leía poemas y lo veía pintar, lo sentía crear) aparece lo milenario, el mundo ancestral, los orígenes.


Le hablaba de Galicia, de mis antepasados campesinos, de los sueños libertarios. Lo escuchaba hablar de su Bolivia, de doña Casta Canedo – su madre – de su lengua quechua, de su poder curativo con hierbas milagrosas. De la oca, de la papa, del durazno. De la arcilla. Eso, si sabemos ver, están en sus obras. En sus cuadros, en sus murales, es sus esculturas, en sus cerámicas. Su pintura lleva los genes de una raza. Se siente orgulloso, se siente libre, se siente rebelde. Todo esto me fue enseñando Ponciano Cárdenas desde que lo conocí, aquella tarde en la galería. Y más, mucho más.

Nos encontrábamos en casas de amigos, en exposiciones, en talleres. Juntos palpitábamos libros, poemas y figuras. Una sola mirada bastaba para comprendernos, para entender al otro. Fraternal, Ponciano. Fraternal y de talento. En su obra descubrimos toros, riñas de gallos, mulatas. En su obra la sensualidad, la metamorfósis, lo viril. Me gustan las tintas de Ponciano. Me gustan sus cerámicas. Sus hembras alzadas, rebeldes, seductoras. Me apasiona lo telúrico y lo fatal de su obra.

“Bolivia es un país bien favorecido por la naturaleza y nosotros podríamos ser un país muy rico en el mundo; sin embargo, a pesar de que somos tan poquitos habitantes, esta riqueza no nos pertenece”. Eso dice Domitila Barrios. Eso dice cuando habla de la mina, cuando habla de los campesinos. Ya no se trata de una realidad, ya no se trata de una construcción social olvidada. Ahora, ante un cuadro de Cárdenas descubrimos la verdad revelada, la intuición del creador. El racismo sutil o descarnado, la celebración de identidades, la salud y la vivienda. En cada escultura de Ponciano advertimos la geografía de un pueblo, la desazón, la angustia. Lucidez y resistencia, pues. La tristeza y la rabia de pie. Calladamente, contra viento y marea.

¿Qué más, vemos? Un día, Ponciano le pidió a su madre que le comprara arcilla para hacer modelados. (Me lo contó hace muchos años, se oculta en sus cuadros la anécdota, en sus tintas, en sus esculturas.) Era una arcilla especial, de la zona de San Pedro. Al día siguiente doña Casta hizo descargar en el patio de su casa una camionada. Ponciano necesitaba un cuenco. La simbología, la tradición ética, emociones profundas que nos hacen recordar a nuestro César Vallejo. “¡Hay golpes en la vida, tan fuertes…Yo no sé!”

Las imágenes de Ponciano parecen gravitar en una tarea de rescate de la condición humana. Ve y nos muestra lo que ve. La realidad que lo circunda la expone desde la emoción pero con la creatividad que sólo unos pocos pueden lograrlo. Devela misterio, color, paisaje. Atrapa la luz y la sombra. El dolor y el silencio; lo poético. Recordamos a Rilke cuando enaltece el verso: “Tú, tú tienes que cambiar la vida”. Cárdenas compone inmerso en un tiempo no medido por relojes ni calendarios. Refleja una experiencia latinoamericana única. Sin desbordes, sin demagogía, sin filiación política. Su obra es insurrecta siempre, desde la belleza, desde el combate interior, desde la realidad épica. Crea y recrea un lenguaje específico: la pintura. Pero, insistimos, también los murales, las esculturas, las cerámicas. Elude efectos y encantos superficiales. Genera una atmósfera propia, hace visible lo que no se quiere ver, genera un diálogo con lo visual. Pero también con el que observa. Su obra exhibe coherencia y personalidad. Nos propone siempre un múltiple itinerario, una diversidad de matices, de vuelos, de culturas.

Ponciano esta siempre afuera. Su paleta es exterior. Así como su carácter es íntimo y sereno, su obra subraya el paisaje, las mujeres, los hombres, los dioses, los soles azules o naranjas. La fuerza – de eso estamos hablando – de su color lleva la tradición clásica, el estudio analítico, la técnica del maestro. No hay improvisación; jamás. Lo austero de su conducta lo sentimos en esos territorios que nos muestra: el altiplano, la permanencia, los símbolos telúricos y populares, la ternura de los pueblos americanos. Es un creador existencial, un humanista que brinda una estética directa; en lo erótico o en lo social. Y confiesa algo fundamental: “Para el artista el tema es un pretexto, porque en definitiva lo que importa es el cuadro”.

Las obras de este artista nos ayudan a reencontrar el sendero hollado de la utopía posible. El centro de gravedad de la indagación plástica de Cárdenas es la representación de la figura, la figura en una densidad humana que le otorga el trabajo, el dolor, el contacto con la tierra. Estos seres se ven transportados a una dimensión arquetípica. Implica, además, un reencuentro con una humanidad sencilla, primordial. Por medio de los animales, Ponciano deriva hacia un descubrimiento de la naturaleza incontaminada, anterior y superior al hombre. Rebelde, arcaico, díscolo. Hay un planteo sólido, austero y, entiendo, sólidamente arquitectónico. Recupera la tradición clásica desde la mirada de América. Y algo no menor: la actividad docente es parte de su vida. Me fascina su taller de la calle Pringles, con sus plantas, sus rincones, sus techos. Me fascina cuando por las tardes lo habita la soledad. Y me fascina cuando se llena de voces, de alumnos incondicionales, de hijos, de nietos, de música, de vida. Y cuando baila la cueca con Mariana.


Está ajeno a toda tentación propuesta por los estrépitos de la moda. Su obra plástica se sostiene en el color. Su pintura se puede asociar con la literatura latinoamericana, pues vemos una suerte de realismo mágico. Todo lo que refiere a la construcción del espacio también hace referencia a la justeza del color. La figura humana – reiteramos – constituye un punto central en sus preocupaciones. Hay una estética fina y cálida; en sus óleos, en sus esculturas, en sus cerámicas, en sus tintas. La obra de Cárdenas lleva la pulsión del pasado, vive una atmósfera real e irreal, cotidiana y fantástica. Su obra lo representa y nos representa. Eso también fui aprendiendo de su amistad.

Junto a Ponciano Cárdenas comprendemos una mirada estética y ética. Nos permite asumir nuestra identidad, comprender que ser latinoamericano es sentirse hijo de esta tierra y también de la otra. Hay una convergencia que acontece en la interioridad de cada uno de nosotros, que expresa una condición única, que no se da en lo europeos ni en los otros continentes, como señaló con agudeza Octavio Paz. Por más raíces europeas que tengamos sería una insensatez sostener una visión eurocentrista. Dijimos que Cárdenas ofrenda amistad, que ofrenda generosidad. Creador nato, de poderosa imaginación, acentúa desde una paleta sobria y de extremada intensidad tonal o desde sus esculturas, un mundo personal e inconfundible. Cárdenas suscita reflexiones y sentimientos profundos. De allí la poética de su obra, de allí su callado oficio.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2009

martes, 7 de mayo de 2019

Presencia en la Feria del Libro

El mar en un espejo de otoño, último poemario de Carlos Penelas, y otros trabajos del autor, pueden conseguirse en la Feria del Libro. Eugenia Limeses, responsable de las ilustraciones, visitó el stand 1123 de Editorial Dunken, en el Pabellón Verde.

La 45° Feria Internacional de Libro de Buenos Aires puede visitarse hasta el 13 de mayo en el Predio Ferial La Rural, de lunes a viernes de 14 a 22 horas, sábados y domingos de 13 a 22 horas.



miércoles, 1 de mayo de 2019

Calas en una novela de Italo Calvino

No hay lenguaje sin engaño
(Las ciudades invisibles, 1972)


Todo libro de Italo Calvino se sostiene en la exquisitez formal. Calvino es uno de los mayores intelectuales, uno de los grandes escritores del siglo pasado. Ossola, renombrado especialista en su obra nos dice: “Calvino convierte en moral el acto de expresarse, que da fisicidad al sujeto desde la impersonalidad del lenguaje”.

En estas breves líneas intentaremos señalar algunos aspectos de su novela Si una noche de invierno un viajero (1979). Siguiendo ciertos rumbos marcados por Aby Warburg debemos mencionar a Richard Wagner, más precisamente Tristán e Isolda, en la cual el compositor – siguiendo algunas referencias ya realizadas en Chopin y en Beethoven – reitera melodías sin finalizar, una suerte de suspensión sucesiva. De igual manera podemos hacer una lectura en Mate en 11 del compositor y escritor de ajedrez alemán Herbert Grasemann. En este célebre problema de ajedrez la suspensión del final también es sucesiva.

La obra trascendente de Michel Butor, La modificación (1957), escritor que pertenece a la nouveau roman, escribe su novela en segunda persona. Son pequeñas claves o fuentes que nos ayudan a comprender esta relevante novela de Calvino. También encontramos la conciencia del lenguaje – no olvidemos que nuestro autor era admirador de Roland Barthes – las fuentes del significado, la pluralidad de significados. Hay pues en estas páginas una mirada simbólica e introspectiva.

En Si una noche de invierno un viajero descubriremos la ironía intertextual, la meta-narración, los cruzamientos de planos, Lector-Lectora, autor-obra. Y ciertos pactos de la ficción: autor-lector. Veremos también la fragmentación de la historia, la novela dentro de la novela, la sociedad dentro de la sociedad.

Calvino presenta una inédita concepción de la novela, metafóricamente un cambio en la concepción del mundo, una crítica de la historia, del sujeto. Pero sobre todo una supremacía de lo literario. El autor manifiesta: “es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar”.

También advierte que “…algún lector de paladar fino sostienen que no: opinan que son cuentos completos, que dicen todo lo que debían decir y a los que no cabe añadir nada”. Y algo fundamental: “Mejor decir que no se trata aquí de lo “no acabado” sino de lo “acabado interrumpido”, de lo que “acabado cuyo fin está oculto o es ilegible”, tanto en sentido literal como en sentido metafórico”. Y más: “Vivimos en un mundo de historias que empiezan y no acaban”.

Su obra tiene diferente fuentes, dos a la vista: Borges y Poe. Y una carga irónica, intelectual, burlona, ética, literaria, cuando nos presenta al profesor Uzai-Tuzii, a Tazio Bazakbal, al falso traductor Emer Marana, a la literatura cimeria, en donde hace un guiño y nos retrotrae – sin decirlo, claro - a Cymeria, a Homero, a Odiseo, a la antesala de Hades, el inframundo.

No podemos dejar de mencionar al grupo literario Oulipo, Ouvoir de Littétratue Potentielle o Taller de Literatura Potencial, fundado en 1960 en Francia por Raymond Queneau y Francois Le Lionnais. Este grupo – del cual nuestro autor forma parte - fijó como objetivo explorar lo que llamaron “literatura potencial”, es decir, producir formas y estructuras a partir de conceptos e ideas relacionadas con el lenguaje y sobre todo con la matemática. El principal hallazgo es su innegable contribución a la literatura, descubrir ese particular silencio del lenguaje que ocurre cuando la literatura está a punto de irrumpir.

Es importante recalcar que el Oulipo no establece una normativa, ofrece un procedimiento de creación. El ejemplo recordado es el de Queneu (Ejercicios de Estilo, 1947) en el cual se presentan noventa y nueve formas diferentes de contar un mismo y trivial episodio ocurrido en un autobús.

Calvino se pregunta, y nos pregunta, quién es el lector de hoy en día, cómo se lee, qué ocurre en la universidad, en los institutos, en las cátedras. Todo esto y mucho más encontramos en una novela irrepetible, impar. Advertimos senderos, laberintos, humor, sospechas, sensaciones, emblemas que nos hablan de estilo, de filosofía personal, intertextualidades, de formación cultural, de los trucos del oficio, del espíritu de los tiempos, del escritor artesano, del escritor productivo, del gusto del público, de la industria cultural, del ghost-writer, de los detalles íntimos, de lo telúrico y lo alegórico.

Calvino nos enseña a pensar y a sentir. Desnuda, en esta obra, los mecanismos de la narrativa, ejemplifica modelos y estilos (neo-vanguardia, neo-realista, existencial, fantástico, surrealismo), como dijo Georges Perec la literatura es un juego que se practica entre dos sujetos, el escritor y el lector. Otro dato primordial: el esquema de la obra es el mismo de Las mil y una noches. Calvino se interesa por la semiología, disciplina que, a través del estudio del signo, aborda la interpretación y producción de sentido. Se vuelve sumamente preciso. Carlos Gumpert, traductor de varios de sus libros, describe su meticulosidad estilística: “Con pocos escritores se tiene tanta conciencia de que cada palabra está colocada en su sitio por una razón específica, casi por necesidad”. La necesidad responde a un nuevo impulso creativo, más geométrico, simétrico, introspectivo.

Recordemos unas palabras de Calvino: “Sin la técnica del oficio no hay sabiduría artística posible". Leamos su comienzo memorable, icónico.

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!»

Para finalizar: el autor nos muestra la relación entre el yo y el universo. Pero también la imposibilidad de comprender la realidad.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2019

miércoles, 24 de abril de 2019

Carlos Penelas presentará a Ponciano Cárdenas en la Feria del Libro

El evento se desarrollará en el marco de la 45° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires el 7 de mayo de 2019 a las 14.30 hs. en la Sala Rodolfo Walsh del Pabellón Amarillo.


lunes, 15 de abril de 2019

Tres cuentos breves de Carlos Penelas

Final
Es de noche, estoy en un avión regresando a mi hogar. Hasta hace unos minutos mi mente estaba concentrada en una conferencia que debía dictar. Algo introspectivo y simbólico en torno al neoclasicismo francés. Por la ventanilla miro la oscuridad. Me vienen imágenes de una burguesía acomodaticia, de políticos gregarios. Siempre los desprecié, desde adolescente. Siempre me resultaron anodinos, adocenados. Deseo que se caiga, que se estrelle o se precipite en el mar, es la única solución. Lo deseo con lágrimas en los ojos, lo deseo en silencio. En el silencio de la desesperación. Necesito morir, necesito suicidarme. Soy cobarde, no tengo valor de dispararme un tiro en la boca o arrojarme de un edificio. Pienso en los pasajeros que desean vivir, que son felices o creen serlo. Pienso en mi niñez, en mis hermanas, en una novela de Italo Calvino. Siento que mi deseo de muerte es egoísta, que junto a mi anhelo está la vida de estos viajeros. Escucho el llanto de una criatura, miro a la azafata que pasa sonriendo, a un hombre mayor sofocado. Pienso en mis hijos, en mis nietos. Siento un sudor frío en mi frente. No puedo más. Hay turbulencias, cierro los puños y los ojos.


---------------------------------------------------------------------------------

El tren
Advierte que está a punto de entrar en su sueño. Ella se encuentra en la estación, una estación suburbana. Es una joven con glamour, aparentemente desinhibida, conoce su cuerpo. Usted descubre que lleva un pañuelo en la cabeza anudado, sin lazada. Un pañuelo bordó. Luce colores neutros; la ve inquieta. Tiene sensualidad al caminar, con senos para ahuecar las manos. Pero su mirada es tímida; reprimida podríamos decir. Hay algo obsesivo en sus ojos, en la forma de mover sus dedos; le aceleró la respiración. Usted sospecha que espera a su amante, un hombre casado – mayor que ella - un hombre que es o había sido conocido de su padre. Visitaba su casa con la pequeña hija. Un hombre mediocre, alto, con incipiente calvicie, sin más aspiraciones que un oficinista. Ella le confesó, hace años, esta historia que ahora usted revive. Ella (no se lo dijo) necesitaba acostarse con alguien pues el primer hombre había partido al extranjero. Le juró regresar, pero nunca lo hizo. Ella soñaba son ese novio, así lo llamaba. El novio era conocido de su familia, mimado por sus padres. Lo recibían con felicidad, con sonrisas. Ella le habló llorando – lo recuerda perfectamente - de su error, de su falta de claridad, que ahora (así dijo entre lágrimas) lo amaba a usted, que le pedía perdón, que usted era un ser excepcional. Despierta, la ve a su lado, envejecida, abandonada en sus delirios, en el desánimo de la vida. Es entonces cuando usted advierte que está a punto de entrar es su sueño.

---------------------------------------------------------------------------------

Diario
No soy escritor pero debo redactar mi biografía, debo contar cosas fundamentales, acontecimientos significativos. Tal vez para el lector resulten palabras vacías, sin sentido, recuerdos absurdos. ¿Obstinación, estupidez? ¿Qué tipo de lector? ¿Emocional y ecléctico, vocacional, medio? Debo desnudar lo que se oculta, aquello que no se dice, esa suerte de hipocresía naturalizada en cada individuo, en cada familia, en cada sociedad. Hablar de cómo ahoga sus gritos, su histeria, la irracionalidad. Como se fue transformando en víctima, en una persona donde la fatalidad ocupó sillones, muebles, sábanas. Y también del desenlace trágico, de la muerte de mi padre, de la amada que volví a encontrar después de quince años en un café de Montevideo, del tedio que me invade. Del insomnio, del incidente infausto de mi tío -el incidente del cual discutí en terapia durante meses-, de mi época de estudiante, de la percepción fantasmagórica de una aldea. No quiero ser desmesurado ni trasmitir odio al hablar de las mujeres que conocí. Deduzco que debería escribir del exilio, de las paredes curvadas, de las plazas, de la imposibilidad de tener hijos, de una carta de mi madre, de aquella foto de la infancia, del olor a manzana en el ropero de una prostituta, de la mirada y sordidez de mendigos durmiendo en la calle, de la trivialidad de mi cuñado. No sé cómo empezar.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2019

lunes, 8 de abril de 2019

Presencia de la lengua castellana

En un reportaje a Wislawa Szymborska le preguntaron que poeta contemporáneo le recomendaría leer a un joven. La poeta polaca respondió: Ovidio. La gran literatura siempre adquiere una actualidad renovada a la luz de las nuevas generaciones. Si utilizamos - como nos enseñó el profesor Héctor Ciocchini - las temáticas y métodos propuestos por Aby Warburg, para desentrañar las raíces de nuestra herencia hispánica y sobre todo comprender la naturaleza del acto de creación, entendemos con claridad la respuesta de Szymborska.


Quiero rendir homenaje a dos espíritus supremos que tanto hicieron por la educación, enseñando el lenguaje en el lenguaje mismo así como Hegel afirmaba que se debe enseñar a nadar nadando. Me refiero a Pedro Henríquez Ureña, el humanista dominicano y a nuestro querido ensayista, crítico y poeta, don Arturo Marasso.

Leer y estudir el ámbito de ciertas lecturas hicieron de mi un lector atento y particularmente lírico. En mi poética hay dos vertientes. Me confieso nieto de Quevedo y de la lírica gallega.

En Poesía Española, ensayo de métodos y límites estilísticos dice Dámaso Alonso cuando habla del hipérbaton: “Hay que tener en cuenta la enorme polisemia de la posición ‘de’, y no escandalizarnos por asociar como ejemplos valores muy diferentes: ‘de los sos ojos... llorando’, ‘de largos reinos... señor’ (Poema del Cid). Y en el otro extremo: ‘de tu balcón sus nidos a colgar’ (Bécquer); ‘del limonero entre el follaje oscuro’ (A. Machado)”.

En este ejemplo Dámaso Alonso nos demuestra que la violencia del lenguaje usual no es esencialmente distinta de las más osadas de Góngora. Pero más allá del análisis crítico nos sirve para admitir la divinidad de un verso, la fina sensibilidad, la cultura auténtica expresada con delicada espiritualidad.

¿Qué queremos decir? Que la literatura española, y fundamentalmente su poesía, está dentro de la gran poesía de la humanidad. Su intensidad, sus altas metas, su variedad, prueban también el núcleo lírico popular en la tradición hispana, el inmenso tesoro de su poesía.

Debemos señalar para aquellos que supuestamente están en el camino del arte contemporáneo buscando originalidades, giros sorprendentes, estructuras distintas, analizando o partiendo de versos casi indescifrables, queremos decir, repito, que tanto Garcilaso como Quevedo son poetas modernos. Y que sus literaturas tienen una inalienable unicidad, alma de la obra y de lengua.

Las lecturas de juventud son por un lado poco provechosas pues hay impaciencia, distracción y falta de método. Por otro lado está la pasión, la propuesta de modelos. Cuando llegamos a la vida adulta nos damos cuenta de ello. Así como nosotros vamos cambiando, leemos por primera vez un libro releído, sucede con frecuencia, a los textos que nos aguardan les sucede lo mismo.

Partimos de una base. Se leen los clásicos por amor. No por obligación o por respeto. Y a los clásicos castellanos los leemos con amor, con devoción. Y además debemos saber desde donde leemos. Ni la obra ni nosotros somos intemporales.

Mi aproximación a la poesía castellana fue a través del Arcipreste, de Garcilaso, de Fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Góngora, de Lope, de Quevedo, pero me emocionó a partir de Jorge Manrique. Más acá comprendí y amé a los clásicos contemporáneos: Machado, Hernández, Lorca, León Felipe, Jorge Guillén, Cernuda y tantos otros. Pero también a nuestros clásicos: Neruda, Vallejo, Borges, Franco, Molinari, Darío, Lugones, Girondo. Y naturalmente a los narradores latinoamericanos que tanto aportaron a la evolución de la lengua.

Sostengo, como afirmó Borges, que “sólo la palabra escrita tiene plena realidad ontológica”. La literatura presupone entonces también un problema moral, en todas sus alternativas se presenta valor y vileza, corrupción y virtud, la violencia del poderoso y la sufrida. Hay búsqueda de la verdad a partir de una estética. El valor de la palabra escrita se vincula con lo vivido, es siempre emblemática o conceptual. No deja de ser paradójico lo que nos enseña el arte. Siglos y siglos de los primitivos textos y sólo el presente vale. Sólo hoy y aquí ocurren los hechos. Infinitos signos a través de la lectura son celebrados con emoción y afecto en el presente. Decía el maestro Pedro Henríquez Ureña: “Donde termina la gramática empieza el arte”.

Un espíritu universal debe detestar todo provincialismo. Pero tampoco vale hablar de un universalismo genérico ni de tonterías abstractas, sino del aliento poético que convierte al lector y a los hombres a partir de su condición humana, de su curruncho. Por eso nos molesta tanto ciertos intelectuales o políticos que proclaman una cultura popular. Aquí haremos una breve digresión. La creación artística de ningún modo es una ceremonia religiosa o mística. Tiene sus propias leyes, sus propias reglas y métodos. Pero sobre todo la creación artística -que utiliza un lenguaje- lleva implícita un fuerte proceso del subconsciente. Y el arte se crea sobre la base de una interacción permanente entre la clase y los artistas, tanto en la vida cotidiana como en la cultural y la ideológica.

El descubrimiento de Fray Luis nos remite a detenernos en cada matiz, en cada palabra, estudiar un campo semántico. La lírica universal de Garcilaso, que tal vez es la síntesis del Siglo de Oro si advertimos en su obra la ascención por la música, la palabra interior que busca el rimo permanente.

En su estudio sobre Boscán nos dice Arturo Marasso al que sitúa “entre la expresión todavía no lograda y la palabra interior que busca el ritmo permanente”.

En los textos de la poesía española del siglo XV vemos la espiritualidad latina, la aristocracia de cada palabra, los metros más adecuados. Iniciamos un itinerario donde depuramos la pasión, el movimiento del alma. De allí la necesidad de ciertos intérpretes para analizar y comprender la creación literaria en todo su misterio y complejidad.

España no sólo trajo libros o una cultura de letras. Trajo Romances, sanciones, juegos, bailes. Nos advierte Pedro Henríquez Ureña: “España es el primer pueblo conquistador que discute la conquista, como Grecia es el primer pueblo que discute la esclavitud.”

Encontramos en una visión panorámica varias lecturas de una lengua. En el lenguaje mismo, en la arquitectura, en la pintura. La arquitectura y la pintura se suman a la alta calidad de la escultura española, la de la piedra y la de la madera pintada. Un sólo nombre: Berruguete.

En un ensayo sobre crítica y estilo el profesor Ciocchini nos dice: "...el aspecto greco-morisco y judío, la España oriental, no ha sido aún suficientemente estudiada - y esta labor parte de una trabajo textual y estilístico que requeriría largos años. Un análisis crítico, una nueva mentalidad crítica, ediciones anotadas de autores como el Rabí Sem Tob, Don Enrique de Villena, Juan de Mal Lara, manifiestan un tesoro de aspectos nuevos e iluminan la lengua con facetas que escapan al retoricismo, a la apariencia de chatura y uniformidad que afecta a las letras españolas por falta de depuración en las concepciones críticas". El lenguaje va de lo coloquial a lo formal, de lo erudito a lo cotidiano.

A fines del siglo XVIII, don Vicente de los Ríos, emparejó a Cervantes en su Juicio crítico del Quijote, con los grandes épicos de la antigüedad clásica, fundamentalmente con Virgilio: “La morada de don Quijote en casa de los Duques corresponde perfectamente a la detención de Eneas en Cartago. El extraño suceso de la Trifaldi y su continuación son también un espectáculo tan divertido como la relación del saco de Troya; la aparición del Clavileño aligero no es menos oportuna ni agradable que la descripción del paladín troyano, y los amores de Altisidora son comparables en su línea con la pasión de Dido”. Esta obra cumbre de la literatura mundial es siempre una catarsis para nuestra alma. Como dijo Jorge Nicolai: “Cervantes como genuino precursor del nuevo tiempo, ha superado el pasado y se ríe del fetiche de ayer”. He aquí un ejemplo: “Ventuoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo”.

Para un poeta el problema de la poesía es el de la belleza. Este camino milagroso es la creación del hombre. El propósito de un poema es enfrentarse a los grandes temas. La poesía castellana lo cristalizó en uno de los poemas que más he admirado desde mi temprana juventud. Estoy haciendo referencia a Coplas a la muerte de un padre de Jorge Manrique. La lectura de los grandes escritores medievales españoles son herederos de la tradición que fue capaz de engendrar la poesía más hermosa de su tiempo, me refiero a los romances viejos.

Para finalizar vale recordar que a mitad del siglo XV un judío de Baena ofrece al rey Don Juan una compilación de “cantigas muy dulces e graciosamente sasonadas, de muchas e diversas artes”. El Cancionero de Juan Alfonso Baena –nos dice Pedro Salinas– “aunque contenga poesía de otra especie, significa en buena parte la castellanización de la lírica cortesana provenzal”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

domingo, 31 de marzo de 2019

Una historia sobre la epilepsia

Hoy deseo tener un tono coloquial, una serie de reflexiones y emociones que componen, tal vez, una contemplación subjetiva. "Echar unos párrafos" era lo que solía escuchar en mi infancia cuando mi hermano mayor se encontraba en un café con un amigo.


Mi padre fue epiléptico. Según sus recuerdos, y los míos, a los cinco o seis años sufrió su primer ataque, en la aldea de su pueblo, Espenuca. Fue a raíz de un susto. Un hombre, demente o borracho, amenazó con matarlo. Mi padre nació el 7 de mayo de 1898. Se llamaba Manuel. Se hizo solo, todo lo logró solo. Tenacidad de hierro, trabajo, lectura. Y una envidiable capacidad intelectual. Me llamo Carlos Tomás Penelas Abad. Nací en estas tierras el 5 de julio de 1946. Me anotó el 9 para no hacer el servicio militar. No se casó por iglesia. Mi madre, María Manuela Abad, nació en Orense, el 31 de julio de 1899. Mi abuela materna era Adelaida Perdiz y la paterna Manuela Pérez. Mi abuelo paterno se llamaba Pedro y el materno, Tomás. De allí mi segundo nombre. Escribo, una vez más, una pequeña historia que nos remite a la antigüedad, a Suetonio. Una forma literaria que nos permite deslizarnos en la minucia.

Morbus sacer, la enfermedad sagrada, el gran mal. El saber epiteptológico era menor en la Edad Media cristiana que en la época de Hipócrates. La enfermedad de los mil nombres: innombrable calamidad, enfermedad lunar, azote de Christo. Se los recluyó en cárceles, en manicomios, en leproserías. La enfermedad perseguida por la Biblia , por las religiones, por el poder de curanderos y médicos, por la ignorancia, por la sociología de la imbecilidad. En el medioevo se los solía quemar. Se sospechaba que Satanás se había introducido en el cuerpo. Una crisis de epilepsia era, para los ciudadanos de la antigua Roma, un mal augurio. La voz popular denominaba la enfermedad como mal comicial o comicialismo. Aun hoy la epilepsia está marcada por el estigma de la historia. Se la oculta, se la intenta definir con otros nombres, es una enfermedad vergonzante. Crisis espontáneas y reiteradas. Mi padre tenía crisis generalizada tónico-clónica. Se le priva de oxígeno al cerebro; la mente en blanco. Por esa razón me hablaba de Sócrates, Petrarca, Julio César, Fedor Dostoievski, William Shakespeare, Napoleón Bonaparte, entre otros.

A los catorce años conoció a hombres que lo salvaron de la iniquidad, de la humillación, de la pobreza espiritual. Socialistas y anarquistas le hicieron ver la vida en otra dimensión. Le hablaron de solidaridad, de injusticia social, de hipocresía. Comenzó a leer a Arthur Shopenahuer, al príncipe Pierre Kropotkine, a Friedrich Nietzsche, a Émile Zola. Descubrió a Cervantes y a Pérez Galdós. A Calderón, a Beethoven, a Goya. Y sobre todo, la verdadera historia de Galicia: Manuel Curros Enríquez, Manuel Murguía, Eduardo Pondal, Alfonso R. Castelao… La dignidad, la libertad individualista, el decoro, lo acompañaron toda su vida. Una conducta, una mirada, una utopía íntima.

Las autoridades prohíben casi todo; no tanto en nombre de la salud pública como de la moral social. Los actos de un hombre embriagado o de una prostituta y su cliente ponen en duda las reglas que quebrantan. Sus actos son un disturbio, no una crítica. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue herejías, no los crímenes del sistema. Se repite así actitudes de otros siglos: la lepra y la demencia también fueron vistas como encarnaciones del mal. No falta el temor supersticioso y ambivalente. Como el leproso de la Edad Media, el alucinado es víctima de un mal sagrado, sus palabras o gestos son revelaciones de otro mundo. Los persecutores de las enfermedades no son menos crédulos que los enfermos. Dickens nos ha dejado descripciones terribles de lo que fue la vida de la clase obrera en las grandes ciudades. Y cine del neorrealismo italiano o las novelas de Blasco Ibáñez. La sociedad de nuestros días ha terminado de vaciar de todo contenido los ritos tradicionales y no ha logrado crear otros. El mundo eleva como valor supremo la eficacia. Y la tecnología, no la ciencia. Por un lado vemos el cristianismo evangélico, por otro sus deformaciones eclesiásticas e históricas. Lo mismo sucede con las ideologías redentoras, con el pensamiento de los teóricos del siglo XIX. Hoy, el extravío desplegó sus alas.

Era un hombre ejemplar, en el buen sentido de la palabra. Mi madre lo acompañó siempre, lo protegió. De niño me hizo ver el desvanecimiento de la ilusión de la divinidad y el descubrimiento de la realidad del hombre. Me hizo desconfiar de las instituciones bancarias y de las otras. El hombre es sus instintos, nuestra moral una codificación de la agresión y de la humillación. Hay un vidrio deformante que no nos deja ver al hombre tal cual es. (De niño me leía a Ramón de Campoamor y a Emilio Salgari.) Se genera en todo momento la ilusión de la finalidad, lo revolucionario o el cambio en libertad. Como señaló Octavio Paz en un artículo publicado en la década del 60: “¿Quién juzga sobre la legitimidad del terror: las víctimas o los teólogos del poder?”

Desde siempre se niega a distinguir entre medios y fines; unos y otros corresponden a situaciones históricas determinadas. Los medios son fines y éstos aquellos. La solución siempre es dudosa cuando proviene del socialismo burocrático o estatal. De la economía mixta mejor no hablemos. Hay un diálogo de máscaras, un doble monólogo del ofensor y del ofendido.

Desde las lecturas de Pierre-Joseph Proudhon y los clásicos del Siglo de Oro Español formó una familia, nos ofrendó una biblioteca y una conducta. Nos hizo entender el profundo significado del estudio, de la ética, del compromiso. Una manera de contemplar, una coherencia interior, una conciencia de la soledad. No una negación de la vida sino una exaltación de sus virtudes. La pasión y la negación del mundo abyecto que nos rodea. Nos enseñó, además, que tradición no es continuidad sino ruptura. Espontaneidad y reflexión. Y algo más, lo que en español llamamos temple: arrojo, dureza, flexibilidad, ternura. Revelar lo que somos para el otro, por el otro. La moral de la responsabilidad personal en una sociedad corrupta.

Tal vez, caro lector, estas líneas no sean más que un aspecto fragmentario, una apariencia inconexa de lo fugitivo, de lo transitorio. Tómelo como una fragmentación romántica de un hijo que evoca a su padre al visitarlo en un sueño.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

sábado, 30 de marzo de 2019

Breves líneas a las acémilas y a los ignorantes

Venimos escribiendo desde hace mucho, mucho tiempo, que la imbecilidad no tiene límite. O como señalaba nuestro gran Domingo Faustino Sarmiento: “la ignorancia es atrevida”.


Harto de discursos, proclamas, bombos, santificaciones, inscripciones y declaraciones banales, aconsejo a aquellos que están discutiendo géneros, innovaciones absurdas, explicaciones extraviadas o teorías lamentables sobre la lengua castellana y todas las lenguas, las diversas conquistas, los personajes de novelas, los autores machistas y los otros, sobre la modificación del idioma o la historia de la humanidad, de las guerras mundiales – obra de nacionalismos, populismos y el capitalismo -, que vuelvan al taparrabos. Que regresen a la condición nómada, a las voces originarias, a sus tribus ancestrales. Que devuelvan el idioma, los apellidos, las creencias, las instituciones, las banderas, las pinturas. Que recuperen sus chozas, sus esquemas, sus instrumentos musicales, sus cubiertos, sus platos, sus comidas, incluyendo manteles y diccionarios. Que se queden con sus vacunas y sus medicamentos, con sus cirugías, sus modales, sus teatros, sus óperas, sus palacios, su cinematografía. Que desprecien la tecnología, que busquen su literatura, que mantengan sus ceremonias sociales, sus conductas, su sociología, su patriarcado. Que aborrezcan de Cervantes, de Dante, de Miguel Ángel, de Quevedo, de Galdós, de Bakunin, de Marx, de Trosky, de Goethe, de Shakespeare, de Homero, de Leonardo, de Montesquieu, de Galileo, de Darwin, de Copérnico, de Fleming, de Mendeléyev, de Loewi, de Fellini, de Chopin, de Buster Keaton, de Chaplin… Que sus dioses sean restaurados, que vuelvan a ser cazadores-recolectores, agricultores itinerantes, que tengan caciques y hechiceros, que regresen a los troncos ahuecados.

Mientras tanto yo le pediré perdón a los sumerios. En especial a Berosus Caldeus, que escribió en griego. No siéndolo. Ora pro nobis.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 30 de marzo de 2019

miércoles, 20 de marzo de 2019

Mito, poesía y realidad

El tiempo está fuera de quicio. 
¡Maldita suerte la mía, haber nacido para ponerlo en orden! 
Hamlet


Muchas veces afirmamos, y no sin razón, que el tiempo todo lo destruye, deslíe y mitiga. La lectura intensa de los autores clásicos otorga una mirada trascendente. Horacio, Cervantes, Shakespeare, los novelistas rusos del siglo XIX, Baudelaire o Giambatista Vico, Pavese o León Felipe, nos conducen al descubrimiento de la imagen poética: su principal recurso. En esos textos, como lo hace Vico, el valor ontológico en la mentalidad primitiva a partir de la imagen. Desde allí comprendemos los universales fantásticos: se da sentido a la realidad, nombrándola. La literatura adquiere una lectura simbólica y catártica. ¿Es la única lectura? No, por supuesto que no, pero es una de real importancia.

Ha partir de entonces podemos interpretar los mitos, el retorno a la esencia del creador, lo mágico, la soledad, el valor de la unicidad absoluta que lo eleva fuera del tiempo y lo consagra como verdadera revelación, que lo instaura como si cada vez que leemos un verso fuera la primera.

En toda obra sentimos la inmersión en el mundo de los orígenes, , el retorno a la tierra, las esencias del pasado y las experiencias infantiles, un nuevo modo de explorar la realidad, lo sensual y lo existencial.

Deberíamos comenzar recordando a Don Francisco de Quevedo y Villegas, a sus Sátiras Políticas, aquellos versos inmortales: “No he de callar, por mas que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo.” Y aquel célebre y conmovedor Memorial dedicado a S.M. El Rey Don Felipe IV, por el cual fue encarcelado en su vejez, en San Marcos de León, durante cinco años. El poema, según la leyenda, apareció debajo de la servilleta de Felipe IV los primeros días de diciembre de 1639.

Vivimos en una sociedad que se desintegra, con hipócritas e inescrupulosas vejaciones. Un desdichado territorio poblado de expedientes, de infamia, de desolación. Sospecho que en estos últimos tiempos algo comienza a fisurarse. La estructura social está llena de porosidades, de fachadas folclóricas, de próceres, de deslizamientos. La sociedad –quiero imaginar- se percata de humillaciones cotidianas, de jerarquías prostibularias. Ineficacias y miradas esconden la complicidad de un sistema ilegítimo.

Ya lo dijeron: la patria es la infancia. La infancia y la lengua materna nos sirven para la evocación, para descubrir el mundo a partir de la memoria que al vivir recobramos. Descubrí que el poeta tiene en su hogar la intensidad del mundo íntimo que lo une a lo universal. Por eso sólo puedo escribir a mano sobre una hoja blanca. Desde allí recreo el sentido profundo del idioma. Medito la palabra que se expande, intento realizar la proeza de plasmar –una artesanía depurada- la experiencia del ser. El destino del poeta es esa percepción inexpresable.

La poesía, el teatro, la escultura -el arte- atraviesan la crisis o la degradación que cotidianamente palpitamos en la sociedad. Algo que en mayor o menor medida irrumpe desde las grandes capitales del mundo, una confusión que ahoga, distrae, distorsiona. El mal gusto (alguien preguntará con sorna ¿lo suyo es emblema de buen gusto?) es todo un símbolo. Presenciamos atónitos discursos enfermos o dementes, patrioteros, planteos irresponsables sin que nadie se detenga a reflexionar sobre la permisividad de teorías que desconciertan o provocan. En el fondo es hojarasca. No es casual que todos los movimientos totalitarios, populistas o demagógicos insistieron siempre en el espíritu de sacrificio nacional, en mitologías ancestrales, en espectáculos con “características románticas”, realzando ceremonias en donde el simbolismo y la carga de espacio imaginario cobraban un papel protagónico. Provocaciones solapadas. Ya Georges Sorel afirmaba que la imagen antes que la palabra era el instrumento adecuado para movilizar a las masas. De ahí el delirio colectivo, la megalomanía, la técnica óptica, la arquitectura luminosa.Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible. Anhela la solidaridad entre forma y existencia, sufre la imperiosa necesidad del instante, esa fugacidad que emerge y se define por sí misma. Hay plenitud en lo dramático, éxtasis y continuidad que le dan fuerzas para enfrentar un mundo absurdo.

Umberto Eco define los procesos de mitificación como “productos de la simbolización inconsciente”. La mitificación de las imágenes, caracterizadas como sagradas no sólo fue un hecho inducido desde los cenáculos del poder religioso medieval. Freud ya había enseñado que es posible la existencia de una masa de dos: en el enamoramiento; un estado donde se mitifica la imagen del otro. La imagen idealizada fascina. Y toda idealización, afirma Freud, es un afán que falsea el juicio.

La sociedad del espectáculo es una sociedad sin política, en la que los individuos se han visto desposeídos brutalmente de sus posibilidades y de los riesgos de la acción. Sufren las fluctuaciones ingobernables de un sistema absurdo y criminal. Los espectadores viven en la seguridad de una existencia tranquila, pacífica y administrada, o bien víctimas de la exclusión y de la precariedad, viven en la monotonía, el aburrimiento. El espectáculo es el nuevo opio del pueblo, nos dice, nos induce a pensar. Es la despolitización de la vida.

El espectáculo crea un presente perpetuo apoyado en el espejismo de la tecnología, en el que es posible la ocultación, el simulacro y la mentira. La ficción y la apariencia pasan por delante de la realidad.

Nunca es la misma realidad sino la versión de la realidad… Éste es el verso inicial de un poema en el que Wallace Stevens desnombra cada vez más lo que llamamos “realidad”. Evidencia su construcción merced al lenguaje. “El cielo en palabras y las palabras en sonidos de sonidos”. Aristóteles había señalado: “Las palabras proferidas son símbolos o signos de las impresiones del alma, mientras que las palabras escritas son signos de las palabras proferidas”.

Según Alain Bosquet, el poema inventa al poema. Podemos suponer que el poema que inventa al poema es creado por la poesía, cuando se manifiesta de manera verbal, una de sus formas de manifestación. “Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”, exhortó Vicente Huidobro. En ese sentido hacemos referencia a Raúl Gustavo Aguirre: “En cada poema hay una poética y en cada poética una concepción del mundo.”

En toda obra poética siempre hay desposesión, siempre existe la alusión. Borges señaló que “en el centro de toda obra artística nunca se encuentra lo que se imagina, ni siquiera los materiales que se supone evidente encontrar. En el núcleo del poema quizá no está la palabra, ni la nota en la melodía, ni el color en la pintura.”

Desde esta mirada en torno a la poesía es necesario citar a Albert Camus: “la libertad no está hecha de privilegios, sino que está hecha sobre todo de deberes.” En esta línea de pensamiento alguien muy querido por los libertarios, Gandhi. “La verdadera libertad no vendrá de la toma del poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad. La libertad personal llegará inculcando a las multitudes la convicción de que tienen la posibilidad de controlar el ejercicio de la autoridad y hacerse respetar.” La poesía es reconocimiento de lo más íntimo de cada uno, pero también creación de realidad y límite, canto y espacio que genera el hombre, en unidad secreta, en presencia invisible del otro. “Cada uno de nosotros es culpable ante todos, por todos y por todo”, escribió para siempre Dostoievski.

El menosprecio de la sensibilidad es estigma de nuestra época, pero fundamentalmente del Poder. Desde el Estado se piensa en el hombre masa, en el menestral, en los delirios del cielo y del infierno, en los mercados. El menosprecio de la inteligencia también es otro de los estigmas. La grandeza de España, de Inglaterra o de Italia la hicieron a través de los siglos sus artistas, sus soñadores. No sus soldados, sus coronas o sus latrocinios. Tiene más hechizo Roma, Londres o Madrid que Nueva York.

Recoger aquello que está en el borde de la mirada, en el umbral de lo no visto. Descubrir la vena profética. Todo ha sido reemplazado por la servidumbre, por la vorágine del caos. Los poetas retroceden ante las multitudes, se embalsaman en un lenguaje críptico, cada vez más incomprensible. Vivimos nutridos de pensamientos muertos, de credos muertos. La mirada del sistema se vuelve corrosiva, el hombre va aprendiendo a someterse a las reglas del mundo. El poeta, paria por naturaleza, es también una anomalía. Aun no hemos arrojado el cadáver al mar.

Decía Alain Badiou: “…la verdad contra las opiniones, la intensidad de la vida contra la supervivencia, la rebelión contra la historia, la ciencia contra la técnica, el arte contra la cultura, la política contra la administración, el amor contra la familia.”

En la poesía hay exilio, persecución, violencia. En épocas de desafíos los poetas se volcaron a un compromiso con los más necesitados, con los desprotegidos, con los hambrientos. Algunos se convirtieron en hombres de acción. El poeta y el combatiente constituyen un todo vital y armónico. La poesía es siempre una acción libertaria.

A medida que la contradicción del sistema se agudiza nacen rasgos distintivos, subterráneos, en el campo de la cultura. La creación como reflejo de una sociedad (a veces o casi siempre) independiente de la cultura dominante. El poeta debe estar contra el poder, debe luchar contra lo burocrático, lo malsano, lo establecido.

Nos conmueve la poesía y el sueño de la libertad. Nos conmueve la dignidad, lo solidario, lo fraternal. La desnudez de la mujer, el mar, los bosques. La utopía de ser en otra sociedad, en otra relación humana. No renunciar al hedonismo, expandirse en la generosidad. Descreer de la infalibilidad del Papa y de la infalibilidad de la ciencia. Desde la voluntad del hombre libre contra la burocracia. Saber, por ejemplo, que un abeto de Noruega es el árbol más viejo de la Tierra; tiene 9950 años. Nos llena de esplendor, de felicidad, de milagro terrenal. Como los ojos de un niño o la evocación de una aldea. Crecemos desde la insurrección del poema hasta la pasión por el cosmos. Somos parte del universo, somos partículas libres, complejas. Rebeldes.

Hay una mirada social y una mirada estetizante. La poesía se integra al hombre. A veces el lenguaje es directo, transparente. Nace la búsqueda de otra identidad desde el lenguaje. “Ser radical, decía Martí, no es más que esto: ir a la raíz”. La poesía es humanista, solidaria. La emoción poética genera otra realidad, una utopía cierta. A veces es testimonio, entreteje lo íntimo del ser: su libertad. Al callar despierta el eco de la soledad dispersa, la cadencia del cuerpo en la palabra, la rosa azul de Novalis. Los límites de mi lenguaje son los límites del mundo. Y saber que la palabra es una mirada perdida en el infinito. Una mirada que siente lo fugaz y lo rebelde. Sin esperanza alguna; una utopía que recupera imágenes y visiones. Ya lo escribió nuestro admirado Herbert Read: “Nuestra civilización es un escándalo, y hasta tanto ella no sea reconstruida, todas nuestra actividades intelectuales serán vanas”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

lunes, 18 de marzo de 2019

Taller literario en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte

En abril Carlos Penelas retomará el Taller Literario en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, con clases grupales los jueves a las 20 horas, en Austria 2154.


Les recordamos que además Penelas dicta Talleres Literarios individuales, con días y horarios a combinar con los asistentes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Autobiografía II


No es la distancia ni el vacío.
Estamos solos en la memoria del instante.
En este amar que llega,
en este cielo errante sobre el mar.
Sin embargo la ternura es continua.
Y el viento me despierta.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2019

jueves, 28 de febrero de 2019

Comienzan los talleres literarios 2019

Carlos Penelas retomará sus talleres literarios individuales en marzo. Se dicta una vez por semana en horario a coordinar con el tallerista. Informes al 4371-6686 y penelascarlos@yahoo.com.ar


Propósito
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.

El taller está pensado para que se obtenga una visión desde la breve historia de la Estética, el análisis de la lectura, el estudio de recursos expresivos, tanto en poesía como en narrativa e introducir al alumno en un ámbito de reflexión.

Objetivos
Conocer elementos prácticos en el análisis literario, claves en el hecho literario, el proceso de creación y de escritura. El participante podrá obtener una mayor formación en la redacción de textos poéticos, narrativos, etc.

El misterio de la creación -autor y lector- irá develando una forma de bucear el alma humana. El taller se enriquecerá a partir de propuestas y lecturas paralelas, no sólo en el campo literario, si no también en una visión social.

Se trata de indagar caminos hacia la convergencia de pensamiento y la literatura. Se recorrerán senderos con una idea de la crítica textual que comprenda una diversidad de actitudes dentro del corpus clásico y contemporáneo.

Ejes temáticos
La sensibilidad creadora - El acto literario, la educación de la sensibilidad - El poder de la escritura - Las raíces en la creación - El intelectual y su medio - La estética y la ética en el proceso creador. Ejemplos en cine, en música, en pintura.

Alumnos publicados
Muchas talleristas son convocados e incluidos por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres. Además, muchos de sus alumnos ya han editado trabajos en soledad.

Sobre Carlos Penelas
Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura. Como estudiante obtuvo en 1968 el Primer Premio de Poesía y Primer Premio de Ensayo en la Escuela Normal de Profesores.

En 1977 obtuvo el premio "Arturo Marasso" otorgado por el Mariano Acosta; en 1981 logra la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); en 1986 el premio "Accésit" otorgado por la XII Exposición Feria Internacional de Buenos Aires "El libro (del autor al lector)" por la mejor cobertura como cronista de Radio Nacional; en 1988 el premio a la Mejor Cobertura como cronista de Radio Nacional otorgado por la XIV Feria Internacional del Libro; en 1988 el Primer Premio de Poesía "Alfonsina Storni" otorgado por Gente de Letras; en 1992 la Mención Especial de Poesía en el Concurso Latinoamericano "Carlos Sábat Ercasty", Montevideo, Uruguay.

Coordina talleres literarios desde 1984, cuando fue Director de los dictados en la SADE. Actualmente mantiene un taller particular en su domicilio.

Fue crítico literario desde 1983 hasta 1989 de LS1 Radio Municipal y LRA Radio Nacional, donde condujo distintos programas culturales. Colaboró durante años con el suplemento literario del diario La Prensa, y fue columnista de medios gráficos del país y el exterior.

Dictó conferencias en la Universidad de La Coruña, Cátedra de Literatura Latinoamericana y la Universidad Autónoma de Madrid. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges lo hizo participar entre los diez poetas vivientes más importantes.

Consulte aquí la bibliografía completa de Penelas.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Falleció Alfredo Plank

A los 81 años falleció Alfredo Plank, destacado miembro de la vanguardia de renovación figurativa en los años '60. En 2017 ilustró El huésped y el olvido, de Carlos Penelas, con quien mantenía una estrecha amistad.

Graduado en 1959 en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, Plank trabajó y residió en Munich, Alemania, desde 1971, obteniendo un posgrado en la Akademie der Bildenden Künste y la Beca Premio Alberto Durero (D.A.A.D). Fue Medalla de Plata en el XVI Salón Nacional del Grabado y Dibujo, Buenos aires. Expuso múltiples veces tanto individual y colectivamente, en Alemania, Suiza, y España, donde participó en el Premio Internacional Joan Miro, y es seleccionado para el premio de pintura Medalla Gimeno en 1982.

"Plank, ha sido clasificado por los historiadores argentinos como expresionista, quizás por su fuerte colorido y temperamento alemán. No obstante usa diferentes recursos de la Figuración Narrativa, tales como la yuxtaposición de registros, sistema de representación que explora y explota con gran habilidad e imaginación. Su sistema de empaste estarcido y plano, viene justificado por su concepto de la luz, niega cualquier relación con el Pop que detesta, sin embargo, Plank desde los inicios a demostrado una actualización temática y reflejo del mundo secular que lo rodea, su obra en los 60 presenta dos fases bien definidas, una primera que le valió la acuñación de expresionista y una segunda etapa en la que cambia el sistema de aplique del color, y comienza a innovar en los sistemas de representación", dijo Eduardo Sánchez de Hoyos.


"Alfredo Plank es el recuerdo, las anécdotas, el buen humor y la armonía que forman parte del afecto. Son veladas que dificilmente se repitan; quedarán en nuestra memoria, en la identificación donde abreva la belleza y la utopía. La literatura, la pintura, los viajes y los proyectos permitieron acceder a la intimidad. La vida permanece intacta", dijo Penelas tras una de las tantas reuniones compartidas con el artista.


Recordemos que el poemario El huésped y el olvido (Editorial Dunken, 2017) lleva en tapa la reproducción de la obra "El descanso del Amor", de Alfredo Plank.

jueves, 21 de febrero de 2019

Letra sobre letra

¿Por qué motivo tendría que ocuparme en buscar los secretos de las estrellas si tengo continuamente ante mis ojos a la muerte y a la esclavitud?
Pregunta planteada a Pitágoras por Anaxímenes (hacia 600 a. N.E.)


En unos meses se editará mi libro de poemas Ofrenda de la luz. Estará dedicado a quien fuera mi gran maestro y amigo, Héctor Ciocchini. Extraordinario humanista, refinado poeta, estudioso de los clásicos, docente de prestigio, profesor de Estilística, investigador del Renacimiento y la emblemática. En Buenos Aires quizá lo presente en dos lugares estimados. En Galicia seguramente en Betanzos de los Caballeros, Santiago de Compostela y allí donde los paisanos me llamen. Gijón puede llegar a ser otra escala.

Creo que en nuestros días debemos releer a Simone Weil. También a Albert Camus y a Émile Cioran. Su vida es un ejemplo de lucidez, ética, esfuerzo, compromiso, integridad. En su pensamiento hay reflexiones sobre filósofos clásicos, modernos, contemporáneos, comentarios de obras literarias, investigaciones sobre la ciencia griega, estudios orientales. Durante la Guerra Civil Española formó parte de la Columna Durruti. Camus, en 1951, dijo que Weil era “el único gran espíritu de nuestro tiempo”. Su nombre estará siempre vinculado al de María Zambrano y Hannah Arendt. Escribió: El mal es ilimitado, pero no infinito. Sólo lo infinito limita lo ilimitado.

Vivo en un país tóxico; enfermo de irracionalidad, clientelismo, miseria, agresividad, corrupción. Reitero, un país tóxico por los cuatros costados. Tiene todos los matices y de manera simultánea. Somos democráticos, autoritarios, sensibles, patoteros, generosos, brillantes, liberales, colonialistas, guevaristas, montoneros, utópicos, murgueros, campeones, barras bravas, místicos, drogadictos, pícaros, piqueteros. Insuperables. Todo junto, sin respirar. Se saquea al Estado, el Estado nos saquea. Empleados inútiles, falta de idoneidad en empresarios, políticos, jueces, curas, profesionales o sindicalistas, un déficit estructural inmanejable, una inflación que comenzó hace setenta años – setenta años, compañero – donde el Estado colonizado representa una combinación de corrupción y pobreza, pobreza estructural. Somos ciegos al futuro. Un ejemplo: una intelectualidad progresista ve en Venezuela una lucha por la liberación. Borracheras ideológicas, chatarra intelectual, falta de criterio, visiones religiosas, luces mágicas. De paso, es el momento de decirlo, no se entiende Venezuela sin Cuba. No se la entiende sin militares y paramilitares, no se entiende sin sátrapas y narcos, sin cárceles y muerte. La realidad es tóxica, amigo lector. Y es cotidiana.

La creencia es ciega, la fe niega lo evidente. Se lo explico fácil: se enmaraña la historia, se generan leyendas engañosas, mentiras sin pudor, creencias trasnochadas. Luego otros farsantes crean una murga mayor: homenajes, celebraciones, revisionismos, componendas. ¿Lo ve? La evidencia es absurda ante el dogma, la interpretación ideológica, la imbecilidad intelectual, la decadencia. (¿Qué sabe de Hadewijch de Amberes?) Por supuesto, siempre con represión, muerte, exilio. ¿Entiende por qué le digo que necesitamos releer a Simone Weil o a Hannah Arendt? ¿Entiende que la toxicidad es parte del soberano de la Ciudad del Vaticano. Estado, por otro lado, que representa una monarquía absoluta y electiva, más allá del dinero sacro, las hostias benditas y la comunión pedófila? (¿Recuerda a Pío XII, a Celestino II, a Félix V, a Benedicto XIV, a Clemente VII…?) Sí, ya sé, hay seres nobles. Por supuesto que los hay, usted entre ellos. El tercer mundo no es una realidad sino una ideología. Lo escribió Hannah Arendt.

No me venga con zonceras. Todo se lo digo en román paladino. Conocemos de sobra la Doctrina Monroe y el contexto histórico en la cual se formuló. Luego vinieron interpretaciones y lecturas tendenciosas. Conocemos de sobra la historia del Mar Caribe, del Atlántico, Samoa, Corea, el atolón Bikini, Panamá, Nueva Granada, Texas, Nevada, Vietnam, Irak… Pero ahora nos estamos preguntando otra cosa y alguno de ustedes se hace el distraído. ¿Por qué intelectuales y no intelectuales colaboraron en los gulag? ¿Por qué razón un individuo niega las atrocidades del comunismo en todo el mundo? ¿Por qué un hombre se enorgulleció de ser fascista, franquista, chavista o peronista? ¿Hasta dónde la propaganda del odio y el resentimiento agita banderas? ¿Qué me dice de Josef Mengele? Doctorado en Medicina y Antropología, amante de la ópera, de la música clásica, de la literatura, proveniente de una familia adinerada. En India, los nacionalistas hindúes han erigido estatuas de Nathuran Godse, el asesino de Gandhi. ¿Qué me cuenta? ¿Se enteró como China se convirtió en modelo de Gran Hermano con 180 millones de cámaras que vigilan a sus pobladores, que hay un carnet con puntos para el buen ciudadano? ¿Le produce escozor el Libro Rojo de Mao? Se sigue editando, iluso lector; los turistas son compradores sin escrúpulos. Otra vez lo burdo, el cerebro de un orangután: ¿Trump o Podemos? Dicho sea de paso ¿qué me cuenta de mi admirado Roger Waters? De no creer. Another brick in the wall.

Después de la industria armamentista viene la industria farmacéutica. Entre los argentinos debemos agregar las islas Turk and Caicos. ¿Toma nota? Tailandia es el primer país de turismo sexual. El segundo, Cuba. En la República Dominicana la prostitución es legal, hay entre sesenta mil y cien mil dominicanas que trabajan en el comercio sexual. En los últimos años se agrega la participación masculina. En Tailandia hay más de tres millones de sexoservidores. La mayoría menores de edad.

Entre 1932 y 1933 se calcula que murieron en la URSS unas cinco millones de personas. Por hambre. ¿Por qué razón, insisto, un 38% de la población sigue admirando a Stalin? ¿Cuál es el porcentaje de admiradores de Castro, de Kirchner, de Maduro, de Perón, de Pinochet, de Hitler o de Velasco Alvarado? Vivimos con un espejo retrovisor que nos atrapa. Vivimos una fiesta ansiosa de lo efímero. No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero. Lo escribió María Zambrano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2019

martes, 19 de febrero de 2019

Palabras de Lucrecia Romera sobre "Homenaje a Vermeer"

La poeta, doctorada en Letras en la Universidad Nacional de la Plata con una tesis sobre Vicente Aleixandre, opina sobre Homenaje a Vermeer, de Carlos Penelas. 


Querido Carlos:

Este homenaje poético me ha llevado a imaginar una vez más las telas de Vermeer: ese intimismo eterno, cuyas mujeres guardarán para siempre en los ojos de aquellos que las miren de verdad.

Y vos has mirado a Vermeer con la verdad de la poesía. Un diálogo entrelazado de amor y casi inexpresable lenguaje.

Lo que se dice: una experiencia mística con la belleza. Una unión amorosa llena de interrogantes y sugerencias.

Las del poeta que se pregunta y a veces se responde, no sin ensoñación.

Entre la veladura y la revelación.

He disfrutado de las meditaciones hechas poesía agradeciendo este homenaje que nos regalas en clave personal.

Un abrazo

Lucrecia Romera
Buenos Aires, febrero de 2019

Romera es becaria del Instituto de Cooperación Internacional Iberoamericano. Realizó en Madrid cursos de posgrado en Lingüistica y Literatura Hispánicas; docente universitaria.

jueves, 31 de enero de 2019

En la Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno posee en su catálogo gran parte de la bibliografía de Carlos Penelas. Puede consultar los títulos disponibles en este enlace.


Taller literario