viernes, 21 de septiembre de 2018

Cartas


En breve espero recibir una postal de Atenas.

La habré enviado mirando el Egeo.

Hace años que no recibo cartas,

años que nadie escribe cartas.

Nadie habla del alma, del dolor, de la noche.

La soledad o el fuego son cosas del pasado.

La barbarie, entiendo, cumple su lento cometido.

Llevo la nostalgia de Fabriano, de Zenón,

de Claudio Terenciano, la letra de albalaes.

Miro un álbum familiar, daguerrotipos silenciosos.

Me confiesan deseos, leyendas,

bellas caligrafías, bellas miradas que esperan.

Leo una biografía de San Isidoro de Sevilla,

recuerdo etimologías, un dibujo del cálamo egipcio,

las cartas de Abelardo y Eloísa, una cita de Juan de Valdés.

Sobre mi escritorio la vieja Lettera 44.

Hemos dejado de pensar con la mano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 21 de septiembre de 2018

martes, 18 de septiembre de 2018

Alumno publicado

Julio Mario Scarinci, alumno del Taller Literario que dicta Carlos Penelas, fue publicado en el último número de "Todo es cuento".


La colección "Todo es cuento", que en agosto llegó a las 61 ediciones, se publica mensualmente bajo la coordinación de Carlos Pensa. En esta ocasión, publicó los relatos "La playa y el mar" y "Claroscuro", del tallerista Julio Mario Scarinci.


Hay ejemplares disponibles en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Austria 2154, donde Penelas dicta el Taller Literario grupal que se dicta los jueves de 20 a 21:30 horas. 

Más información sobre los talleres literarios de Carlos Penelas aquí.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Luis Franco en Tres de Febrero

Carlos Penelas brindó una conferencia sobre Luis Franco en la última jornada de la tercera Feria del Libro de Tres de Febrero. 


En el cierre de la Feria se presentó el libro que resultara ganador del Premio Nacional de novela “Marco Denevi”, del cual Carlos Penelas fue jurado junto a Kelly Gavinoser y Luciano Olivera.

La Feria, organizada por la Municipalidad de Tres de Febrero, se desarrolló del 10 al 15 de septiembre en el Centro Cultural Olmedo de Ciudadela.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Un cuentista notable

El hábito de la desesperanza es más terrible que la propia desesperanza.
Camus


El desconocimiento, lo chabacano, la ignorancia, la fatuidad vienen exterminando sin piedad; de generación en generación. En todo. No menos de setenta años a esta parte, diría mi padre, rebuzna la brutalidad reinante. Y no sólo en jóvenes. En personas de cincuenta, sesenta o más. Profesionales y no profesionales se unen en esta suerte de ignominia, idiotez, necedad, cretinismo y disparate. Convivimos en una sociedad donde lo cultural, lo estético o la cortesía han caído en lo más abyecto, en un mercantilismo espurio, falaz. Quedan islas, islas donde el refugio es indispensable para respirar.

En la década de los 80 un entrañable y admirado amigo, José Martínez Suárez, me cuenta que le llegó a sus manos un libro, Todo es Dios, de un autor llamado Mundin Schaffter. Tiene el sello de Editorial Lumen, primera edición 1953, ejemplar 3677. En la primera hoja figura, manuscrita, la siguiente inscripción: “Librería Soler 3701. Acta 309.140. – 22/11/54”. Éste volumen le fue cedido al amigo de José por una persona que trabajaba en la Procuración de la Ciudad de Buenos Aires. Dicha inscripción manuscrita evidencia que se cumplió con un decreto del Intendente de la ciudad que ordenaba el secuestro del libro, acción que se cumplió en la librería citada. La razón por la que se ordenó el secuestro de la edición es porque uno de los quince cuentos, titulado “La pequeña carne blanca”, trata sobre la antropofagia. Y a continuación me entrega el cuento.

Durante años intenté conseguir ese libro sin posibilidad. Busqué en viejas librerías, consulté con amigos, pregunté a escritores, a intelectuales, en bibliotecas. Nadie sabía nada del autor ni del libro. Un cuento notable, de una intensidad pocas veces lograda en nuestro medio. Ya volveremos sobre su literatura.

La investigación me llevó a descubrir que en 1958 se realizó el Concurso Internacional de novelas Editorial Losada. El ganador fue el escritor español Manuel Mejía Vallejo con su obra Al pie de la ciudad. La Editorial recomendó, además de publicarlas, ocho novelas. Entre ellas las de dos escritores argentinos: Los dueños de la tierra de David Viñas y La otra mejilla de Mundin Schaffter.


Después de mucho tiempo pude conseguir el libro de cuentos gracias a mi hijo Emiliano. Primera edición, Editorial Lumen, Tucumán 2926, T.E. 62-6646, Buenos Aires. Ejemplar 0830. Precio m$n. 20.- La obra está dedicada: “A mis padres. Y a aquellos cuyo amor me ha educado. Mi gratitud”.

Su lenguaje, su clima, su ritmo inquietante, nos llama la atención. El dramatismo lleva a niveles en el cual la intensidad y la acción van de la mano. Observamos el conocimiento de la técnica narrativa en textos estremecedores como en otros plenos de ternura y simple belleza. A veces se desliza hacia lo patético y, en el caso de “La pequeña carne blanca”, hacia lo terrorífico. Este cuento justifica una vida literaria.

Por momentos sospechamos que cierto nihilismo y amargura lo conducen a una tesis onírica, una suerte de sueño y realidad que se manifiesta en sus páginas. Por momentos, observamos que el autor sentía lo vano de las cosas. Ese sentimiento creemos descubrirlo en Reuben Wiborg, Querido mío o incluso en Nalib Matrajt. El destino es uno: a veces, encubierto; otra, sorpresivo. Hay en sus cuentos una candorosa mirada, cierta presencia sobrenatural y una mágica fatalidad. Sabe fotografiar escenas; su escritura, a veces, nos deja una imagen pictórica. Palpitamos la presencia de la muerte, la fantasía femenina, una mezcla de lo ilusorio con lo real, lo fantástico es sutil, dulcemente ambiguo. La crudeza, pero sobre ella el ensueño. En un cuento breve, Hasta más ver, analizamos una conciencia literaria exigente y un equilibrio inmediato que roza el melodrama en una suerte de aventura metafísica. En cada página las categorías de la emoción: iluminadas, fuertes.

También observamos que la banalidad linda con la tontería humana que ilumina la multitud de artimañas con las que esquivamos la verdad. No hay en sus cuentos un lugar o una fecha que identifique. Sólo por ciertos objetos o palabras podemos imaginar, a veces, un pueblo o una ciudad. Pero algo más. En las historias de Mundin Schaffter todo lo que aparece está puesto por algo, todos los elementos interactúan entre sí. Sus personajes son seres abrumados por la desesperanza, por ciertos secretos; son antihéroes dolientes. Sometidos a un destino adverso nos dejan ver sus debilidades en las que el lector agudo se reconoce.

El cuento "Todo es Dios" transitan las zonas más profundas del ser. El miedo, el amor maternal, la búsqueda de uno y la del otro, la confusión, el presagio, la enfermedad mental, los recuerdos de la infancia, el dolor del padre, la necesidad del hijo, la poesía de Rilke desde lo simbólico espiritual.

En "Sol en la arena" una familia acomodada, de la alta burguesía vive el verano y la angustia de un hijo que piensa suicidarse, irse definitivamente por tedio, por cansancio. Está la presencia de Dios pero también la desesperanza, el afecto, el amor mezclado con la angustia existencial. Lo febril de cada diálogo es ejemplo narrativo. Detrás, otra vez, el abandono paterno. Un relato estremecedor. Un análisis aparte merece el paisaje, el entorno de cada cuento, la naturaleza, el hábitat. Creo que es suficiente, amigo leedor, creo que es suficiente. El resto de los cuentos poseen el mismo nivel de celsitud. Veamos el comienzo de "Romance de tierras bravas": “Ocurrió hace mucho tiempo, cuando las caras de mis abuelos blanquearon su ansiedad entre aquellas tierras. Llegaron en carreta, él y ella, los primeros en cruzar la inmensa soledad hasta el borde virgen de los grandes lagos…”

¿Por qué - uno se cuestiona - el desconocimiento, la ingratitud, el olvido, el desinterés de ciertos autores, de ciertos libros? Cabe preguntarnos adónde va la literatura. ¿Hay una pérdida de sustancia, una falta de contenido? ¿Hay una desnaturalización estética? En las últimas tres décadas palpitamos una descarga de irracionalidad, de desfiguraciones sectarias y otros excesos que tienen relación con la sociedad líquida, la crisis del lenguaje, la industria cultural, la atomización espiritual, el reino de la cibernética, las desfiguraciones de una intelectualidad empobrecida. El extravío y la amenaza de servidumbre asedian en medios, en universidades, en ideologías. Un lenguaje lastimoso, empobrecido, cuando no ineducado o vulgar.


Juan Carlos Eduardo Mundin Schaffter, conocido como Carlos Thompson (7 de junio de 1923 – 10 de octubre de 1990). Sus padres eran de origen alemán y suizo. De él hablamos. Un actor que triunfa en Hollywood (como su contemporáneo Fernando Lamas), en los años 50. Trabajó junto a Robert Taylor, Eleanora Parker, Yvonne De Carlo, Pier Angeli. Entre nosotros, Laura Hidalgo, el radioteatro, el cine nacional. Vivió también en Europa, casado con Lilli Palmer, antes tuvo relaciones con María Félix y Lola Flores. Su verdadera vocación fue siempre la literatura. En su casa de Suiza escribe, en alemán, sus investigaciones sobre el supuesto asesinato del general Wladyslaw Sikorski, una acusación burda contra Churchill. Un verdadero suceso que le da prestigio y notoriedad: The Assasintion of Winston Chuchill (1969). Trabajó en el cine alemán y en la televisión británica.

El gran escritor siciliano, Leonardo Sciascia escribió: “El hombre puede cometer dos errores. Uno es irse de su patria. El otro es volver”. Desde mi óptica diría que el hombre sólo comete un error: volver. Regresa a Buenos Aires en 1990. Al poco tiempo se suicida de un tiro en la sien derecha; el 10 de octubre. Lo encuentra su chofer quien debía llevarlo al Teatro Regina para protagonizar Cartas de amor de A.R. Gurney, junto a Chunchuna Villafañe. Regresa al país abatido por la soledad, por la muerte de Lilli Palmer -cuatro años antes- a causa de un cáncer. Fue un abierto crítico de los roles de Hollywood y de la calidad de sus películas. Sus cuentos merecen ser reeditados. Resumiendo: una tensión lúcida para el lector que busca la excelencia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, septiembre de 2018

sábado, 25 de agosto de 2018

Aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges

Como todos los 24 de agosto la Fundación Internacional Jorge Luis Borges celebró el nacimiento del escritor.


María Kodama organizó la reunión donde se encontraron escritores, artistas plásticos, músicos y hombres de la cultura.


Penelas pudo conversar en la oportunidad, entre otros admiradores de la obra del poeta, con Josefina Delgado y María Adela Renard. Además de su amigo, el artista plástico, Alfredo Plank.

viernes, 17 de agosto de 2018

De lo visible y lo invisible

En nuestro país, la mentira se ha convertido no sólo en categoría moral, 
sino en un pilar del Estado.
Alexander Solzhentsyn



Desde antes de nuestro nacimiento estamos rodeados de mitos, leyendas, falsedades, crímenes, guerras y demás yerbas. Al crecer nos inundan con creencias, relatos, instituciones, banderas, líderes, patrias y voces laberínticas. Caro lector: no se entiende la política sin la religión.

Podemos tomar diversos caminos. El más sencillo es el asesinato. Desde un púlpito – laico o religioso – nos suelen hablar de moral, de ética, de humanismo. Y proponen la justicia, la igualdad, el esfuerzo, la solidaridad, el comportamiento cotidiano en base a la paz, la nobleza, la lucha contra el hambre, contra la pobreza. A veces hasta nos hablan de educación, de cultura, de ciencia. Lo cierto es que vivimos rodeados de ignorancia.

Hubo un caballero cuyo nombre cayó en el olvido. El hidalgo se llamó Mastro Titta. Con su mujer pintaba sombrillas que vendía a los turistas que recorrían Roma. Tenía, por supuesto, otro trabajo, era funcionario del Vaticano. Trabajó bajo las órdenes del Papa Pío VI desde los diecisiete años. Pudo jubilarse a los ochenta y cinco bajo el Papado Pío IX. Una pensión considerable de treinta escudos anuales. No era poco en 1865.

Giovanni Battista Bugatti es el verdadero nombre de Mastro Titta. Desde 1796 hasta 1865 fue el verdugo del Vaticano. O si usted quiere, el verdugo del Papa. O el verdugo de los Estados Pontificios. Dejó, para algunos, cerca de ochocientos decapitados; para otros, quinientos dieciséis. Lo hizo de a uno y a la vista de la buena gente. Leamos un fragmento de Javier Sanz.

“Era un hombre corriente, tranquilo. El día que tocaba muerte se levantaba con la fresca, se ponía su capa roja y cruzaba el puente de Sant’Angelo, sobre el Tíber, para ir al trabajo. El cadalso estaba situado habitualmente en la Piazza del Popolo o el Campo dei Fiori. No, nunca hay nombre apropiado para el lugar de una ejecución. Tras finalizar, se volvía a su barrio, del que no salía nunca porque lo tenía prohibido. En parte por su propia seguridad. La frase “Mastro Titta passa ponte”, quedó en Roma para referirse a una ejecución anunciada.

Era un tipo versátil. Durante su carrera profesional utilizó varios métodos: la maza, con la que aplastaba la cabeza del reo, el hacha o la horca. Cuando las tropas napoleónicas entraron en Roma, en 1798, trajeron con ellas la última tecnología en ejecuciones, La Guillotina, a la que Bugatti, como buen profesional, no se pudo resistir. De hecho, fue durante el periodo de dominación francés del Vaticano cuando el trabajo del Mastro Titta se multiplicó. A los delincuentes comunes se añadieron los políticos. Y bien es sabido que cuando empiezan a brotar, los presos políticos se multiplican por algún motivo que no logro entender.

A pesar de todo lo anterior, la mayoría de los testimonios nos dicen que el Mastro Titta no era un psicópata, no disfrutaba matando, sino todo lo contrario. Procuraba ser lo más profesional posible, ejecutar rápido y evitar el sufrimiento del condenado. Les trataba de forma amable (no sé qué da más miedo) y era delicado con ellos en tan difíciles momentos. Varios grabados nos lo muestran ofreciendo tabaco al reo o unas palabras de aliento. De hecho, a él le gustaba usar la palabra pacientes para hablar de los ajusticiados y tratamiento para referirse a las ejecuciones.

La masa aplacaba sus peores instintos a la vez que el príncipe exhibía su poder. En este caso el poder, temporal, del Papa. Había cosas para las que la excomunión y la condena a los infiernos eternos parece que no era suficiente.

Cuatro años después de su jubilación, en noviembre de 1868, se produjo la última ejecución en Roma, a manos de Antonio Balducci, que fue aprendiz del Mastro Titta durante años. Ignoro si don Giovanni acudió y pudo sentirse orgulloso del trabajo de su pupilo”.

Sabemos, estimado amigo, que la pena de muerte fue mantenida por los Estados Pontificios hasta 1969. La última ejecución data de 1870. Ahora, el Santo Padre, la acaba de derogar. Estamos en 2018. Un avance progresista, que tiene su trasfondo. Averígüelo usted, no tengo por qué decir todo.

No recordaremos al Santo Padre que tenía un elefante como mascota ni a Juan VIII ni a Juan XII o la silla gestatoria. Tampoco los Evangelios apócrifos o las indulgencias. No hablaremos de la Inquisición en América, ni de los Antipapas. Otro tema que no trataremos es el de la pedofilia en Irlanda, Estados Unidos, Alemania y Chile, de La legión de Cristo, de la responsabilidad de Juan Pablo II y de Benedicto XVI al haber encubierto el abuso sexual infantil. Hablamos de sexo anal y penetración oral a niños de tres a doce años. Seminarios y orfanatos, caballeros. Entre nosotros el famoso padre Grassi y su Fundación Felices los Niños. No está preso hasta la fecha. Y mucho menos recordaremos lo que ocurre con las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África violadas con total impunidad por sacerdotes y misioneros. Desde los años noventa hasta hoy se viene denunciando ante la Santa Sede. (Se acusaron, en estos días, a trescientos sacerdotes por pedofilia en Estados Unidos). Hay bibliotecas enteras, documentación en todo el universo. Y más allá.

Pero vamos a los asesinatos concretos y acreditados. Con guadaña, hacha y cuchillo. Los prelados se solazaban en el lodo, en lo más abyecto. He aquí una verdad irrefutable. Los primeros aparecieron con Agustín de Tagarte (345-430). Seguimos, respire hondo. Teodosio (382), Cirilo I, verdugo de Hipatia (415), Concilio de Clermont (1095), Papa Urbano II con su frase enigmática: “Dios lo quiere”. En 1184 - lo anterior fue el preámbulo- se crea la Inquisitio Haeretiace Pravitatis Sanctum Officium. Vulgarmente conocida como Inquisición. En 1542 el Papa Paulo III da a conocer el célebre Licet ab initio. Hay más. Llegamos al Banco Ambrosiano, al Banco del Espiritu Santo, a la Banca Cattolica del Veneto, a Michele Sindona o al cardenal Paul Marcinkus. Sin mencionar la muerte de Albino Luciani -Juan Pablo I- el 4 de octubre de 1978. La Santa Sede todavía no ha investigado su defunción.

El estalinismo, el franquismo, el fascismo, el castrismo, el chavismo, el nazismo, dictaduras nacionalistas, populismos, frentes de liberación, tercermundistas y de las otras, nacen de este mundo maravilloso. En cada religión encontrará estas semillas. Inmaculado todo: el fin justifica los medios. Campos de concentración, cámaras de gas, torturas, secuestros, profanaciones, impunidad. Siempre en nombre de la revolución, siempre en nombre de la libertad. Luego se mezclan, se oponen, se olvidan, se elevan, se bendicen, se maldicen, se transmutan, se recrean, se frivoliza. Pero ya no tengo ganas de seguir escribiendo. Usted comprenderá, usted comprenderá. Déjeme paso.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2018

lunes, 13 de agosto de 2018

Donación de Carlos Penelas a la Biblioteca Nacional

Carlos Penelas donó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno un cuaderno manuscrito del poeta y escritor Luis Franco. Un documento cuyo título es "El misterio de la sierpe".


El material será incorporado a la colección del Departamento de Archivos de la Biblioteca y dispuesto a la brevedad a la consulta pública. El manuscrito será considerado por su valor histórico e interés cultural de libre acceso, reproducción y difusión.


Como se recordará, Penelas donó hace unos años manuscritos de Franco al Colegio Nacional de Catamarca y a la Fundación Luis Franco. En aquella oportunidad también hizo entrega de primeras ediciones del célebre escritor.


miércoles, 1 de agosto de 2018

Gardel no quiso esperar

La gente decía que Dios era peronista. Qué gusto el de Dios; no me extraña.
Jorge Luis Borges


Estimado amigo, disculpe mi exceso de franqueza: antes de leer estas líneas le recomiendo escuchar Estudio Op. 8 No. 12 de Alexander Scribin por Vladimir Horowitz.

En diversas oportunidades - leedores españoles, cubanos, italianos, uruguayos, chilenos y de otras tierras- me consolaban cuando les intentaba explicar cómo es el argentino. Que en sus países la gente era muy parecida, que hay de todo como en botica, que nosotros somos parecidos y otras indulgencias. Son amables. Desean verme bien, compartir ciertas visiones sobre el matrimonio (de esto hablaremos otro día, el infierno lo merece), dejarse llevar por el afecto y la cordialidad. Pero créame, lector – si es que tengo lector – las cosas son como voy escribiendo desde hace décadas.

No me venga con los mitos, por favor. Lo estimo, pero no me venga con fábulas, no me tome para el churrete. Me hace mal esta suerte de volteretas históricas, carnavalescas, chauvinistas. (Espere, espere un momento. Hay bombos en la calle, hay choripán, hay birra. Se escuchan sones de bailantas, de murgas, de candombe). Volvemos otra vez: hay islas, gente trabajadora, humilde, sacrificada. Hay jóvenes brillantes, con sensibilidad, con mirada lúcida. Profesionales talentosos, artistas de vuelo. Y personalidades de la cultura – Daniel Barenboim es un claro ejemplo en nuestros tiempos – que nos prestigia, nos enorgullece. Pero venimos arrastrando una decadencia temeraria desde hace setenta años.

Todo está mal y cada tema que tocamos salta nuestro delirio, el extravío generalizado. No hay límite, no hay razón, no hay cordura. Lo pasado ya fue. No repitamos dichos ni frases ni fachadas. No tenemos buenos modales, no somos honestos ni decentes, se asimila autoridad con autoritarismo, las frases contundentes están a la hora del día, el sentimentalismo vence a la racionalidad, el robo, el maltrato, el asesinato es casi cotidiano. Los niños y los adolescentes van aprendiendo los valores que predominan: la corrupción, el fraude, el mal gusto, la falta de imaginación, la grosería, la ignorancia, el relato, lo rústico, lo alocado, el desenfado, el disparate, la picardía criolla. El populismo tiene matices dramáticos, demagogos, facciosos y conversos. “No critiques a los enemigos que a lo mejor aprenden”, dijo El General. Y la frase quedó grabada en la conciencia colectiva. También dijo: “Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos”. Brillante El General, brillante: “Al enemigo ni justicia”. “El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor”.

Estimado lector - por favor, faltan sólo unas líneas – casi todo lo que venimos haciendo es trucho. El lodo fue cubriendo historias, manuscritos, barrios y museos. Y nos acostumbramos, lo hacemos natural. La guaranguería se suma a la imbecilidad. La imbecilidad a la desmedida. La desmedida es otra forma del fanatismo, de la masificación. Menos mal que el Papa es argentino y peronista. Ante el fracaso somos inocentes. Orbi et urbi.

El fútbol es trucho, la medicina es trucha, la educación es trucha, las finanzas son truchas, la justicia. Son truchas las proclamas, las palabras, las promesas, las cárceles, los políticos. Truchas son las prédicas, las exageraciones, el desparpajo. Los poemas son truchos, los escritores, la intelectualidad. Creo que hasta la sexualidad es trucha. Nos vamos intoxicando de datos, de información, de juicios, de alcantarillas. Los últimos años, sin piedad. (Todo esto sin entrar en detalles: las redes sociales, las cortesanas del show business, el escándalo sin paz, la hipercomunicación virtual, la exhibición desenfrenada, los glúteos quirúrgicos, la frivolidad de los medios…)

El populismo va mutando, gira, retrocede, discurre, se desliza, palmea, grita, llora, se victimiza, se hace viril, se enaltece, se hace piquetero, sindicalista, militante. Se crea una historia, una bandera, una épica, una prédica. Todo junto y permanente. La torpeza mental nos avasalla. "El afán de mucha gente, dice Bioy Casares, por expresarse con mayor finura y corrección que los demás usando palabras solemnes, más que ridículo o pedante, resulta nefasto. Atribuimos los infortunios de este mundo a los grandes malvados porque subestimamos la estupidez”.

No lo supimos ver, no lo quisimos ver, no pudimos verlo. Hoy ya es tarde. Nos llevará décadas cambiar tonos, emociones, aulas, gestos, afectos. Mi padre me dijo a los seis o siete años: “No verás un país, esto fue un proyecto de país. Tal vez tus hijos”. Borges realizó hace mucho una descripción del peronismo “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina?”

La fe es un mito y las creencias cambian como nieblas en la orilla
Joseph Conrad

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2018

domingo, 29 de julio de 2018

Miembro Honorífico de ASOLAPO

El poeta Carlos Penelas ha sido nombrado Miembro Honorífico de la Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores y Artistas de la Argentina, ASOLAPO.


La Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores y Artistas -ASOLAPO- busca integrar a todos los poetas, escritores y artistas de todo el continente, buscando su desarrollo organizativo y propiciando el acercamiento y la fraternidad con los poetas de América y el mundo, con los escritores y artistas en general, a fin de difundir sus creaciones buscando la difusión de sus trabajos.

Además, organiza encuentros, congresos, festivales literarios, en cada uno de los países miembros, con el objeto de difundir la poesía, la narrativa y los valores que la representan y encarnan, y establece premios internacionales, nacionales y regionales, que distingan a intelectuales y artistas de brillante trayectoria.

Además, propone candidatos a los premios internacionales: "Nobel", "Príncipe de Asturias", "Miguel Cervantes", "Rómulo Gallegos", etc.

ASOLAPO tiene presencia en Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia, El Salvador, Colombia, México, República Dominicana, Perú, Guatemala, Cuba, Italia, España, Francia, Rumania y Estados Unidos.

El Presidente actual de la filial argentina y Director de Organización Internacional de ASOLAPO es el Lic. Escritor Norberto Ismael Pannone. En nuestro país posee representantes en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, Mendoza, San Luis, Jujuy, Salta, Entre Ríos, Córdoba, Chubut, La Pampa y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

viernes, 20 de julio de 2018

La madre



Fue en julio cuando mi madre susurró:

ha nacido de nalgas. También tuvo un presagio:

será poeta, irritable, nostálgico.

Besó mis pies y los astros la vieron.

Recuerdo esa madrugada; celeste, vegetal.

Era frágil la aurora en su mirada.

Ah, hijos, cómo decir la irradiación del cielo,

cómo explicar la lluvia, el fluido, la paz

de ese mediodía, de ese momento

que unía mi corazón al suyo, de ese eco yéndose

en un latido delicado, flotante, ineludible.

Habitaban dioses celtas en las tímidas almas,

subían letanías que escucho en estas horas

como una invocación en un cielo amatista.

Ah, los sagrados dones del agua y de la luna.


Carlos Penelas

Buenos Aires, 5 de julio de 2018

domingo, 15 de julio de 2018

Carlos Penelas: “El idioma representa a veces, y a veces no representa, la identidad de alguien”

El escritor y periodista dio una conferencia sobre Valle Inclán, en el Centro Galicia de Buenos Aires.


“Para algunos críticos Ramón Valle Inclán es el segundo escritor de España, después de Cervantes”, aseguró Carlos Penelas, durante la conferencia que ofreció sobre el creador del Esperpento, en la biblioteca del Centro Galicia de Buenos Aires, el viernes por la noche.

“Para mí –prosiguió– en teatro (Valle Inclán) no es menos que (Luigi) Pirandello, uno de los monstruos de la literatura del siglo XX”. “Uno podría dar una conferencia sobre la novela de Valle Inclán, sobre el teatro de Valle Inclán o sobre su dramaturgia. En todo fue genial”, valoró el reconocido escritor y periodista argentino-gallego, estudioso y confeso admirador de la obra de Valle Inclán.

Para Penelas, en toda la obra de Valle “hay una galleguidad muy grande” pero hay, avanzó, “ciertos sectores, que a veces creo que no terminan de ver bien, que lo ha criticado por no haber escrito en gallego. Curioso es que (James) Joyce y (Oscar) Wilde, siendo irlandeses, escribieron en inglés o que la música, la letra y el libro de la ópera Carmen fuera realizada por franceses”. “El idioma representa a veces, y a veces no representa, la identidad de alguien”, dijo.

El reconocimiento a Valle Inclán, explicó el escritor, le llegó muy tarde, probablemente por la complejidad y la profundidad de su obra. “Además, porque fue un autor que en su momento dolió porque desenmascaró a una sociedad hipócrita”, dijo.

“Lo hizo con tal agudeza que hoy también se podría aplicar. No es Galicia, no es España, no es Europa, es el hombre lo que él retrata y eso la da un sentido universal, brillante, a su creación”, reflexionó.

Sobre la personalidad de Valle Inclán destacó que “fue un hombre noble, un hombre que ayudó y que murió casi en la pobreza”, casi sin detenerse en la vida del escritor universal, porque “sería –dijo– como fijarse en el color de tintura del pelo y distraerse de la genialidad de su obra”.

Antes de la conferencia, que tuvo lugar el viernes pasado, en una noche gélida y lluviosa, el presidente del Centro Galicia de Buenos Aires, José Vila Alén, conversó con el escritor y un puñado de personas que respondieron a la convocatoria del Centro Galicia de Buenos Aires.

Sobre Ramón María del Valle Inclán
Ramón María del Valle Inclán fue uno de los escritores clave de la literatura española del siglo XX y uno de los autores más universales que ha dado la tierra gallega. Novelista, poeta y autor dramático, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó.

Su producción literaria es muy amplia y compleja, porque, si bien tocó casi todos los géneros, nunca se ciñó a sus normas. Fue el creador del esperpento con una visión amarga y distorsionada de la realidad, satirizando amargamente la sociedad española de su época.

La obra dramática de Valle Inclán es probablemente la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX; la tragedia clásica no podía reflejar la realidad española, porque ésta se había convertido en “una deformación grotesca de la civilización europea”.

Viaja a México y Cuba y posteriormente realiza una gira teatral por Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay donde también realiza numerosas conferencias sobre literatura española.


Sobre Carlos Penelas
Carlos Penelas, poeta, escritor y conferencista, nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia vinculada a la literatura, la plástica, el teatro y el cine. Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. Estudió Historia del Arte y Literatura en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Publicó más de veinte libros de poesía y prosa. Colaborador en múltiples publicaciones periódicas, entre ellas ‘Galicia en el Mundo’. Dictó conferencias en distintos centros culturales de la capital y del interior del país y ha participado en mesas redondas y conferencias en ateneos y centros culturales de Galicia y Madrid.

Realizó viajes culturales a Madrid, Barcelona, Londres, Edimburgo, París, Roma, Bruselas, Amsterdam, Viena, Frankfurt, Praga, Budapest, Lisboa, Florencia, Venecia, Sicilia, etc.

En su 50° aniversario, la Fundación Argentina para la Poesía lo incluyó en la antología ‘Poesía argentina contemporánea (1965-2015)’. En la actualidad dicta talleres literarios.

Algunos de sus libros se pueden consultar en la biblioteca ‘Rosalía de Castro’, a la cual generosamente ha donado recientemente ejemplares de sus últimas obras.

Más información del escritor en su página web: http://www.carlospenelas.com/

Mariana Ruiz
Galicia en el Mundo, 10 de julio de 2018

lunes, 9 de julio de 2018

Presencia de Valle-Inclán

(Epítome de la conferencia preparada para el Centro Galicia de Buenos Aires, 6 de julio de 2018)


En mi infancia escuchaba a mi padre hablar de Valle-Inclán. Junto con anécdotas y referencias biográficas mi padre me mostraba una Galicia ruda, atrasada, plena de superstición, de santos, dolor, castigos y plegarias, de vírgenes, de sobrinos de curas, de caciquismo. De Manuel Azaña, de convenciones sociales, de la hipocresía, la abulia y la hambruna de sus tierras. El oprobio y la desesperanza por encima de la libertad, de la racionalidad, del humanismo.

Con los años fui un buceador de su obra, de sus anécdotas, de su universo. Para ver hay que saber, dijo Ingres. El ojo ha de ser bello para percibir Belleza, aclaró Plotino. Para ser hay que mirar y hay que saber, escribió Luis Rosales. La obra de este hombre genial no se la puede comprender sino partimos de estos conceptos. Por eso la limitación de muchos de sus contemporáneos. Envidia, estupidez, limitaciones cerebrales, falta de cultura, hicieron el resto.

Carmen, ópera dramática de Georges Bizet lleva libreto en francés de Ludovic Havély y Henry Meihac. Está basada en la novela homónima de Prosper Mérimée. A su vez esta novela tiene como fuente Los Gitanos, de Pushkin. ¿Qué ópera española es más representativa que ésta? A usted le pregunto, lector ausente. Kundera escribió en checo y en francés; Yeats, Shaw, Joyce, Kavanahg y Wilde, irlandeses, escribieron en inglés. Kafka en alemán, Becket en inglés y luego él mismo traduce su obra al francés. Hay más ejemplos. Estos bastan para que supuestos intelectuales no escriban extravíos o elaboren teorías delirantes.

Es un gran honor para mí participar de un homenaje a Valle-Inclán, uno de los creadores trascendentes de la generación del 98, un homenaje del pensamiento y la cultura, respaldado por el consenso de la comunidad literaria y teatral, que venera al poeta como a uno de sus grandes maestros. Estamos ante un homenaje significativo. Don Ramón alcanza la categoría de poeta universal desde su galleguismo y no a pesar de éste.

Su obra es total, deslumbrante en su forma siempre cuidada sin haber sido reducida al mero artificio, intensa en su mensaje humanista y revelador. Su idioma, aquel caudal propio que algunos críticos llaman idiolecto, es de una riqueza y austeridad que se balancean, en su equilibrio de afectividad, penetración intelectual y sabiduría poética. Magistral en sus modulaciones y mensaje.


La obra dramática de Valle-Inclán es tal vez la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX. Rompe convenciones con el género. En palabras de su autor: “Yo escribo en forma escénica, dialogada, casi siempre. Pero no me preocupa que las obras puedan ser o no representadas más adelante. Escribo de esta manera porque me gusta mucho, porque me parece que es la forma literaria mejor, más serena y más impasible para conducir la acción”.

Hay un lenguaje renovador en su poesía. Aromas de leyendas (1907), El pasajero (1920), La pipa de Kif (1919). Este último poemario es para mí estupendo, donde habita el surrealismo, la demencia social, el bestiario zoológico. El lenguaje es clave para admirar la violencia, la forma, la musicalidad y el universo del autor.

Con las Sonatas Valle-Inclán marca el triunfo del modernismo literario en la prosa. Recordemos el Arte poético de Verlaine, la Sinfonía gris mayor de Rubén Darío, la Sinfonía en blanco mayor de Gautier.

La generación del 98 se considera como excelentes observadores y catadores del paisaje. Los hombre del 98 son eminentes paisajistas: Azorín, Machado, Ortega, Unamuno… Todos llevan en sí una cultura artística. Amado Alonso observa el valor plástico y evocador de los gestos, de las actitudes en el arte modernista. Considera a Valle-Inclán “como un precursor de artistas cinematográficos”.

Dice Alonso Zamora Vicente que “…aparece una tónica cultural, ternura íntima en Garcilaso. Luego veremos en Gabriel Miró o en Antonio Machado los elementos del paisaje literario, los árboles, los ríos, los pájaros, la quietud. La tradición eglógica viene de Virgilio y en la traducción de éste por Juan de la Encina”. Si no somos capaces de ver, si no conocemos estas fuentes no podemos entender ni profundizar la obra de Valle-Inclán.


Su universo está profundamente relacionado con una vida rodeada de anécdotas, de fantasía, de realidad. Extraños trajes y capas, altanero, soberbio. Un estrafalario talante, romántico y fabulador. Muy gallego, de espíritu misterioso y pleno de supersticiones son sus cuentos o sus notas: sortilegios, cruces, curas y sacristanes. Leamos los Cuentos amorosos, las Sonatas, Tirano Banderas. En ellas la musicalidad de la literatura. Javier Serrano Alonso nos dice: “Valle fue un icono de su tiempo, el favorito de retratistas. Valle-Inclán inventó su propia imagen”. No olvidemos que fue Director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma; que tuvo la Cátedra de Estética en la Escuela de Bellas Artes de Madrid.

Escribe: La belleza sólo está en la forma. Escribe: El que no cincela y pula su estilo no pasará de ser un mal escribiente. Sus personajes reflejan lo peor y lo mejor del ser humano. Personajes ambiguos, caricaturescos, falsamente heroicos, fantasmales, grotescos, folclóricos, sombríos, únicos, patéticos. Se burla de la religión, de los curas, del matrimonio, de la burguesía. Tiene un sentido brutal del realismo. Por estas razones también amo y admiro a este gallego universal.

El director cinematográfico José Luis García Sánchez, un rendido admirador de Valle-Inclán, nos dice: “De la literatura española, Valle-Inclán es el más importante. El Quijote es el mejor relato pero Valle-Inclán ha renovado el teatro universal, con la deformación grotesca, con una modernidad desde el punto de vista plástico incomparable. Es el primer literato que escribió cine.” También señala: “Escribe planos de cine. Decían que sus obras eran irrepresentables. Eso porque escribía para nosotros, no para la gente de su tiempo”. Y algo que nos toca a todos: “Para disfrutar del cine hace falta inquietud cultural o virginidad”.

Flor de santidad (1904) es una joya de la lengua hispánica. Campesinos míseros, milagrerías, supersticiones, hambre, avaricia, ternura, crueldad, candidez, bellaquería. Detrás el fondo de la naturaleza pastoril que hablamos hace un momento. Allí está Galicia: su lirismo, su intensidad, su asombro. En sus poemas inventa voces, exhuma locuciones, anuda asombros, arcaísmos con modernismos, amalgama voces brutales del argot y frases refinadas de un salón cortesano. No se lo entiende a Valle-Inclán porque falta cultura y sobra imbecilidad.

Paz Andrade en su libro La anunciación de Valle-Inclán (Buenos Aires, 1967) realiza una descripción de una infancia en el paisaje, en lo humano, en lo natural. En Sonata de estío había escrito: “En una Historia de España, donde leía siendo niño, aprendí que lo mismo da triunfar que hacer gloriosa una derrota”. Miren que observación brillante, nos toda a todos. Sobre todo a los argentinos que nos sentimos siempre vencedores y campeones morales.

Valle-Inclán es también las tertulias de café, la amistad con jóvenes escritores como Azorín, Pío Baroja o Jacinto Benavente. No podemos dejar pasar por alto su observación, su análisis social. Su ironía, el lenguaje proveniente del mundo de los toros, el teatro con diversos registros idiomáticos que van desde lo refinado hasta lo chabacano. Valle acentúa lo grotesco de la realidad que vive. De ese mundo, reiteramos, nace la moderna concepción de la tragedia: el esperpento. Allí ve la civilización europea, no sólo la gallega o española.


En 1959 se llevó al cine Sonatas. Director: Juan Antonio Bardem. Actores: Francisco Rabal, Fernando Rey, Aurora Bautista, María Félix. En 1976 Beatriz, de Gonzalo Suárez, con Carmen Sevilla, José Sacristán. Es una adaptación de sus cuentos. En 1987 José Luis García Sánchez filma Divinas Palabras con Imanol Arias, Ana Belén, Francisco Rabal y Aurora Bautista. Por Miguel Ángel Diez es llevada a la pantalla, 1985, Luces de Bohemia. Francisco Rabal, Agustín González, Fernando Fernán Gómez, Imanol Arias. Divinas Palabras, con Víctor García y la maravillosa Nuria Espert. En 1967 Luces de Bohemia con la dirección de Osvaldo Bonet. Estas dos últimas obras representadas en Buenos Aires. Tuve la fortuna de aplaudirlas de pie. Para hacer una puesta teatral o cinematográfica de los clásicos se necesitan grandes directores y grandes actores.

Caricaturas de Valle-Inclán: Castelao, Leal da Cámara, Ramón Cila, Moya del Pino, Álvaro Cebreiro, Massager, Vivancos, Cao, Toño Salazar, Carlos Maside Siro López. Hay más, hay más. Dos retratos que ahora me vienen a la memoria: el de Juan de Echevarría y el de Ignacio Zuloaga.

Nos informa Robert Lima -El teatro de su vida (1995)- que Valle-Inclán brinda una conferencia en Buenos Aires el 25 de junio de 1910, titulada “El arte de escribir”. Entre otras cosas nos enseña el genial gallego: “En la obra de arte no debe advertirse nunca el esfuerzo, porque no olvidéis que ocultar la fuerza es doblarla…Jamás el artista debe proponerse la imitación de un modelo, por levantado que éste se halle. Es preciso cavar en el huerto propio para obtener nuestras flores y nunca imitar la manera que decimos “clásica” porque es casi siempre una mala comprensión de la literatura latina”. Y más adelante: “…el artista debe mirar el paisaje con ojos de altura para poder abarcar todo el conjunto y no los detalles mudables”.

Sus páginas son corteza del lenguaje, páginas vivientes. Descubre mitos y leyendas desde otra mirada; entiende que uno de los problemas de Galicia – y la del ser humano – es vivir en una cultura cerrada a los cambios mundiales. Fue un intérprete audaz de su entorno, ve al otro a través de la niebla, busca estar libre de prejuicio, de combatirlo sin piedad. Y el contenido de su teatro o su prosa en una estructura literaria, en un lenguaje, en una técnica deslumbrante.

Ramón José Simón del Valle Peña más conocido por Ramón María del Valle-Inclán, nació en Vilanova de Arousa el 28 de octubre de 1866. Falleció el 5 de enero de 1936 en Santiago de Compostela. En 1907 se casó en Madrid con la actriz Josefina Blanco y Tegerina. Tuvo seis hijos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 9 de julio de 2018

jueves, 28 de junio de 2018

Conferencia en el Centro Galicia

El viernes 6 de julio a las 19:30 horas Carlos Penelas brindará la conferencia “Presencia de Valle-Inclán” en la Biblioteca Rosalía de Castro del Centro Galicia de Buenos Aires, Bartolomé Mitre 2552, tercer piso.


La Comisión de Cultura del Centro Galicia de Buenos Aires invita a la conferencia sobre Ramón María del Valle-Inclán que ofrecerá Carlos Penelas el próximo viernes 6 de julio, a las 19.30 horas, en la Biblioteca Rosalía de Castro de la sede social.

Ramón María del Valle-Inclán fue uno de los escritores clave de la literatura española del siglo XX y uno de los autores más universales que ha dado la tierra gallega. Novelista, poeta y autor dramático, además de cuentista, ensayista y periodista. Destacó en todos los géneros que cultivó.

Su producción literaria es muy amplia y compleja, porque si bien tocó casi todos los géneros, nunca se ciñó a sus normas. Fue el creador del esperpento con una visión amarga y distorsionada de la realidad, satirizando amargamente la sociedad española de su época.

La obra dramática de Valle-Inclán es probablemente la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX; la tragedia clásica no podía reflejar la realidad española, porque ésta se había convertido en "una deformación grotesca de la civilización europea".

Viaja a México y Cuba y posteriormente realiza una gira teatral por Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Uruguay donde también realiza numerosas conferencias sobre literatura española.

Carlos Penelas, poeta, escritor y conferencista, nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia vinculada a la literatura, la plástica, el teatro y el cine. Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. Estudió Historia del Arte y Literatura en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Publicó más de veinte libros de poesía y prosa. Colaborador en múltiples publicaciones periódicas. Dictó conferencias en distintos centros culturales de la capital y del interior del país y ha participado en mesas redondas y conferencias en ateneos y centros culturales de Galicia y Madrid.

Realizó viajes culturales a Madrid, Barcelona, Londres, Edimburgo, París, Roma, Bruselas, Amsterdam, Viena, Frankfurt, Praga, Budapest, Lisboa, Florencia, Venecia, Sicilia, etc.

En su 50° aniversario, la Fundación Argentina para la Poesía lo incluyó en la antología Poesía argentina contemporánea (1965-2015). En la actualidad dicta talleres literarios.

Algunos de sus libros se pueden consultar la biblioteca “Rosalía de Castro”, a la cual generosamente ha donado recientemente ejemplares de sus últimas obras.

Más información en la web del Centro Galicia: http://centrogalicia-bsas.org/2018/06/28/presencia-de-valle-inclan-conferencia-a-cargo-de-carlos-penelas/

Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/885278871647291/?active_tab=about

Twitter: https://twitter.com/comcgba

domingo, 17 de junio de 2018

Del guiso de órdago a la ignoracia supina

Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.
Quintus Horatius Flaccus, poeta latino (65 a.C.- 8 a.C.)




No cualquiera puede ser argentino. Argentino se nace, se crece, se extravía. Hay estudios realizados en el Institut Fraunhofer-Gesellschaft en los cuales se advierte el ADN argentino. No existe en el mundo una genética de esta especie. Los que no tienen el polímero de nucleótidos, es decir, un polinucleótido nacional y popular nunca llegarán a ser argentinos, a sentir como argentino. Cada nucleótido, a su tiempo, está formado por un glúcido, una base con grupos de fosfatos, choripán, peróxido de hidrógeno y vincha. Lo que distingue a un polinucleótido de otro es, entonces, la base nitrogenada, y por ello la secuencia del ADN se especifica nombrando sólo la secuencia de sus bases. La disposición secuencial de estas bases (zambombas, estampitas, plano cartesiano afro- C2H60-latino y diagrama de Lewis) a lo largo de la cadena es la que codifica la información del verdadero y auténtico peronista, perdón, argentino.

No cualquiera hace lo que hacemos. En fútbol, en economía, en relaciones diplomáticas, en oficinas públicas, en calles, en escuelas, en teatros, en plazas. No cualquiera sube al poder sindical durante veinte, treinta o cuarenta años. No cualquiera es macho y homosexual al mismo tiempo. Y viceversa. O lleva la picaresca porteña a regiones inimaginables. Cábalas, improvisación, fetichismo, mitos, queja, certezas. Nadie que no sea argentino hasta la muerte puede decir: “Las amenazas que han ocurrido nos han llevado a tomar la decisión de no viajar. Me gustaría que todos tomen esta decisión como un aporte a la paz mundial".

Ser argentino es un sentimiento. Tiramos papelitos, lloramos en los cumpleaños de quince, amamos la incertidumbre, viajamos “de colados” en los trenes. Creemos en el dulce de leche, en el gauchito Gil, en los líderes con patillas, en los bizcos, en los sargentos. Jorge Luis Borges escribió en 1973, que "el argentino, a diferencia de los americanos del Norte y casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello se puede atribuir a la circunstancia de que en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano…."

Nosotros creemos al pie de la letra en la interpretación de los sueños, en el horóscopo chino, en las mesas familiares sabemos de todo. Somos el pueblo elegido. A París, Londres o Madrid los comparamos con Buenos Aires, con el barrio, con el obelisco, con el tango, con las minas. Tenemos metáforas para referirnos al tema que tratamos, a los impuestos, a la devaluación, al FMI, a la salud sexual, a la vida de los otros. Lo solucionamos en un santiamén. Vivimos entre la imagen y la realidad. Tenemos la avenida más larga del mundo, el río más ancho, la cantidad de psicólogos y psiquiatras mayor del globo. Somos españoles, italianos, mapuches, alemanes, tobas, gringos, judíos, guaraníes, franceses, ingleses, rusos y porteños. Todo junto. A veces enfrentados, siempre superiores. Campeones y hasta campeones morales. Esto es así porque el concepto de molécula populista fue introducido por el filósofo y científico francés Pierre Gassendi hacia 1650. Una molécula es la mínima unidad de una sustancia que conserva sus propiedades químicas, es eléctricamente neutra hasta que no la toque el chimichurri o la hormona lutropina llamada vulgarmente ameba insciens.

Casi sobre el final, amigo lector, casi sobre el final. Usted sabe mi admiración por Domingo Faustino Sarmiento y por Juan Bautista Alberdi. Éste último escribió: “…haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume…”

Algunos otros escritores dejaron su impronta. No se enoje, tengo pocos lectores. Jorge Luis Borges: "El argentino suele carecer de conducta moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla. Joaquín V. González: "Nuestro principal defecto consiste en la falta absoluta de autocrítica, mejor dicho: la creencia persistente de que somos los mejores seres del mundo. Llamamos patriotismo a esta ciega alabanza de nosotros mismos, y arrugamos el airado entrecejo contra el ciudadano que se aventura a enrostrarnos nuestros feos detalles”.

Una más, de nuestro recordado Marco Denevi: "El argentino tiene una mentalidad de huésped de hotel, el hotel es el país y el argentino es un pasajero que no se mete con los otros. Si los administradores administran mal, si roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros a quienes en otro sitio los espera su futura casa propia, ahora en construcción…”

(Algo que les interesa a muy pocos. Sabemos de la pobreza intelectual de periodistas, intelectuales, escritores del medio. Recordemos – nos viene bien en estos días – algo de Islandia. Niels Finsen Ryberg, premio Nobel de Medicina; Björk, una de las cantantes célebres de nuestros días; Leif Ericson, llega a América 500 años antes que Colón; Laxness, poeta, escritor, ensayista; Anita Briem, actriz; Eidur Gudjohnsen, deportista internacional; Bobby Fischer, nació en EEUU pero adoptó la nacionalidad islandesa y murió en Reikiavik. Islandia, apenas 300.000 habitantes. Rodeada de volcanes, campos de lava, glaciares y géiseres).

Somos capaces de afirmar: “La Argentina es un país condenado al éxito”. Y también: “El que depositó dólares recibirá dólares”. Me quedo, como siempre, con Tato Bores: “Vermouth con papas fritas y good show.”

Carlos Penelas
Buenos Aires, 17 de junio de 2018

martes, 12 de junio de 2018

Eduardo Blanco Amor sobre la poesía de Carlos Penelas

En la dedicatoria de su breve ensayo Castelao (Orense, 1970): "A Carlos Penelas, correspondiendo -malamente- a sus magníficos poemas, cuyo envío ha sido un regalo para mi inextinguible hambre de poesía. Con un abrazo, Eduardo Blanco Amor, Orense, Capitán Cortés 43, junio de 1971".


De su folleto Volviendo a Ortega y Gasset (Orense, 1970): "Felices vosotros que pueden atender a mi traicionada poesía, naufragada - ¿para siempre? - en la vulgaridad profesional de la prosa. Con la más cándida admiración al altísimo poeta Carlos Penelas. Eduardo Blanco Amor, Orense, junio de 1971"

lunes, 4 de junio de 2018

Esto que llegó, se queda

Desentendido lector. Mejor aún: desocupado lector. Con su licencia debo decirle que no vivimos una crisis. Vivimos un estado de decadencia que llegó desde la vulgaridad, se fue consolidando de a poco – entre ginebra, uniformes, perdularios, mediocridad, corrupción, politiquería, goles, bombos y choripán - y se va a quedar. Otra vez. Sí, que hay islas, lugares donde la ciencia, el arte o la creatividad continúan la excelencia, su visión humanista del cosmos y de la historia. No volvamos sobre la claridad. Quiero decirle que estamos en el siglo XXI y todo se dio vuelta. Los términos, la cultura, las ideologías, los hábitos. Lo que resulta anormal se lo presenta como natural. Todo se tergiversó. Las sociedades sufrieron engaños, mitos, creencias, relatos y supercherías. Desde lo religioso hasta lo laico. Otro día hablaremos de los mazorqueros, de la veneración de las reliquias y del Banco Ambrosiano. Sí, también de San Agustín y de San Juan de la Cruz. Pero reitero, estamos en el siglo XXI. Rodeados de fruslerías, trivialidades, nimiedades, ineptitud e incultura.


El fracaso de las revoluciones cesáreas, el fracaso de los populismos, la ignominia de las dictaduras, las guerras y los campos de concentración nos han llevado a esto que hoy vivimos. Los sistemas agobiantes, la explotación del hombre, la miseria espantosa, los grandes centros de poder se las ingeniaron para destruir lo sagrado, lo humano, lo sutil de la mirada interior. Eso también lo vemos. Pero resulta que la descomposición es sistemática. En lo cotidiano, en lo ético, en lo particular.

Esto es sólo un artículo, no se ponga mal. Vemos que el ocaso de la inteligencia ha sigo avasallado por la ignorancia, por la banalidad. Cada día somos un poco más brutos, más toscos, más ordinarios, más obtusos. Nos cuesta hablar, nos cuesta pensar, nos cuesta imaginar. Vemos adolescentes y no adolescentes con actitudes imbéciles, con desconocimientos básicos, con tural en todas las clases sociales. Algunas pueden estar justificadas o son comprensibles. Las otras son alarmantes. Profesionales, estudiantes, empleados, señores y señoras bien alimentados, bien vestidos, pitucos, con viajes al exterior son incultos, patanes. Curados de espanto, pamema Porota, curados de espanto. Escandaloso, Porota, escandaloso.

Ya no se trata de si leyeron a Homero o gustan de la música de Malher, si reconocen una obra de Velázquez o un film de Kurosawa. No estamos hablando de eso. No los conocen, no les importa conocerlos, no les interesa. Hablamos del universo digital, de la expansión tecnológica y la globalización. Debe tener presente, amigo leedor, que además en estas tierras habita el peronismo. El peronismo - por favor, no lo tome a mal - es una hidra. La hidra se alimenta de gusanillos, se reproduce por gemación – como le es propio a los animales inferiores – se desplaza arrastrándose sobre la base o bien dando saltos. El cuerpo de la hidra genera cabezas. Y en este caso, la cabeza que busca el poder varía según la época. (El número de cabezas de la Hidra de Lerna iba desde tres, cinco, nueve, cien y hasta diez mil). Desde la psicología social se ha estudiado el peronismo en estas implicaciones complejas pero no se conocen resultados. Desde lo científico es imposible, desde lo religioso no se quiso analizarlo. En la mitología griega la hidra era un despiadado monstruo acuático que guardaba la entrada al inframundo.

En Cultura y compromiso, 1970, la antropóloga Margaret Mead escribía que los jóvenes son el termómetro de los cambios sociales al empaparse de todo lo nuevo en cada etapa. Pero aquí hablamos de decadencia, de borrar la historia, los hechos sociales. De no saber quién fue Cristóbal Colón, Enrique Omar Sívori, Gene Kelly o desconocer la Revolución Francesa. No mezcle, por favor, no sea dogmático ni populista. Avanza la inmediatez, en ellos y en sus padres.

Pues bien, nombramos a los Millennials, la Generación X, los NiNis, los Geners, la Generación del yo, yo, yo. Entonces recordamos: dopamina, superestrella, fama, gloria, todo en veinte segundos, selfie, memes, gifs, gatos, el olvido del celular y la muerte inmediata, los mensajes. Falta de imaginación, de fantasía, de utopía. A esto le podemos agregar las patologías sexuales contemporáneas, las neurosis, el poliamor, las nuevas conformaciones familiares, la promiscuidad, los tatuajes, la gestación artificial, los prejuicios, la arbitrariedad, la ceguera, los argumentos delirantes, la destrucción de la enseñanza.

Un paso más: inteligencia artificial, inmortalidad digital, marcadores somáticos, emociones básicas y secundarias, segundo cerebro en el aparato digestivo, neurociencia cognitiva, genética conductual, lenguaje y memoria, afectos, la intuición, la creatividad, la robótica, big data o inteligencia de datos, el análisis molecular. Llegamos: el cerebro cambia muy lentamente, el cerebro tiene miles y miles y miles de años. Los primeros fósiles de un animal con cerebro son de hace unos quinientos millones de años.

Como decía el Minguito del barrio: estamo realizados, estamo. Por último: cerró Maison Lion D’or, la bombonería más elegante y tradicional de Buenos Aires. En su local se venderán zapatillas deportivas. No hablemos de España ni de Italia, al menos en estos días. Por fortuna en breve empieza otro mundial de fútbol. Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja.

P.D.: Me olvidada. No sea badulaque, tiene la obligación de leer La parranda (1959) de Eduardo Blanco-Amor, uno de los grandes de la literatura. Detrás de su obra Valle-Inclán y Eça de Queirós. Compárelo con la mayoría de los escritorzuelos contemporáneos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2018

lunes, 28 de mayo de 2018

La pregunta


¿Tú sabes de qué va la vida? me preguntó mi padre

cuando aún soñaba en el jardín de la infancia.

Ya no recuerdo su voz ni su mirada.

No recuerdo mi aliento, mi mano tomada de la suya.

Sé que más tarde me habló de su aldea,

del sur, de una beatitud atea, de mi madre.

(Un día me reveló las nubes y un reloj de sol.

Lo recuerdo, por lo visto todavía es posible).

También en mi juventud me supo hablar

de abominaciones, de campanas, de codicias.

Luego descubrí vestigios, arenas, el fulgor

en la confusa pena del mar y de la muerte.

Y el silencio, el amor, el aire libre.

¿Cómo contestar esa pregunta ahora

que tengo casi su edad y su sonrisa

cuando partió en ese batir de alas, en sombras?

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo 27 de 2018

lunes, 21 de mayo de 2018

El poeta se ha quedado solo

No nos es fácil. No es fácil vivir en un mundo donde todo se desconoce, donde todo se derrumba, donde la ignorancia y la pobreza espiritual crece sin límites. Uno vive un universo en el cual el asombro llega a límites insospechados. La imbecilidad, la grosería nos convierten en una herramienta de la sobreconsumición. Han invadido los rincones del exilio y de los sueños. La abyección parece condenarnos. La abyección, la estupidez, la intolerancia, la victimización individual y colectiva. Y la demencia cotidiana, la demencia familiar, la tecnología electrónica en mentes superficiales y frívolas. Quedan islas, pequeños islotes. Nos volvemos insensiblemente idiotas alentados por una industria cultural sin escrúpulos. Para simplificar: la tontería fue ungida para tolerar guerras, violencias, crímenes, injusticias y enajenación.


He vuelto a releer cuentos del creador del realismo mágico. Me refiero, amigo lector, a Arturo Uslar Pietri. Y también releí Godos, insurgentes y visionarios. Difiero de su posición en torno a Sarmiento y a su mirada sobre ciertos caudillos. Pero eso no interesa, en el fondo su pensamiento es siempre lúcido, inteligente, de una fineza intelectual impecable. “Mueran los blancos, los ricos y los que saben leer” enarbolaba José Tomás Boves, conocido como El León de los Llanos y también como La Bestia a Caballo. Nada es novedoso en estas tierras cargadas de brutalidad, resentimiento, masas amorfas y populismo sin fin. Nada es novedoso en la demencia o el extravío.

Un poeta, es archisabido, no adquiere su condición de tal sólo por un libro o por una línea. Su obra moviliza impresiones, nostalgias, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimos, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano.

Los pocos amigos conocen algunos aspectos de mi vida. Los contados lectores, que con valor y voluntad recrean mis palabras, ignoran aspectos cotidianos. Tal vez sea saludable. De todas formas quiero decirles que soy un hombre que divaga como un adolescente sin saber en realidad de aquello que hablan, con el ceño fruncido, los hombres importantes. Soy, si se quiere, un libertario aristocrático. Tengo hábitos austeros, carezco de deudas, me arreglo con lo indispensable. No sé manejar, por lo tanto no tengo automóvil. Tampoco tengo celular ni Facebook. Y me defino agnóstico. Afortunadamente soy un desconocido para los señores de la cultura. (Mis padres me enseñaron a ser tenaz, a ser solidario, a ejercer la moral cotidiana. Y que el dinero es secundario. Sólo los afectos y la conducta importan).

Siempre que puedo digo no. Al poder, a la confabulación, a los casamientos, a los cumpleaños, a la necedad. El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo, me confesó un mediodía Saint-Exupéry. Por eso releo desde mi adolescencia a Pirandello, Thoreau, Ionesco, Montale, Quevedo, Twain, por citar unos pocos. De ellos hablé en los programas que tuve en Radio Nacional, por la década del ’80. Y de uno de los novelistas que me maravillaron a los veinte años: Giuseppe Tomasi de Lampedusa.

El Antichton o la antitierra es un lugar místico de cuya existencia Pitágoras nos dejó un testimonio. Antichton es un país al revés, definitivamente negado e imposible para los seres humanos. Allí, como en las canciones de María Elena Walsh, existe el mundo del revés. La nieve cae hacia arriba, los árboles crecen hacia abajo, el sol luce negro, los habitantes son gente de dieciséis dedos que entran en trance bailando... Se decía que ellos no podían venir hacia nosotros ni nosotros hacia ellos. Era lógico, desde el absurdo. Más tarde, todo el medioevo habló de “el otro lado del globo”. Para los griegos -recordemos- el hemisferio sur estaba deshabitado y era inhabitable.

Ulises, en busca de la montaña del Purgatorio sabía que se encontraba en el corazón, en el centro de Antichton. De donde nadie regresaba. Dante y Virgilio, en la Divina comedia encuentran a Ulises ardiendo en el octavo círculo del Infierno por haber intentado llegar a la montaña prohibida. ¿Fue como un alma muerta? No. Era un ser viviente sediento de conocimientos. Pero Ulises -hay que saberlo- fue afortunado, pues arrancó la Rama de Oro -que es el pasaporte para regresar al país de los vivientes- y rompe con la profecía de Tiresias, el profeta ciego, que señaló que el héroe no hallará la dicha en su palacio de Ítaca y que la Muerte le llegará del mar.

Le dije a mis hijos en reiteradas oportunidades que fecharé un poema como un forastero en la tierra natal, en Espenuca. Minucioso y adusto recorreré acantilados. Y el mar, los senderos secretos de la luna. Sé que sentiré el tiempo con una alegría enorme, una conmoción exagerada, que abre el alma y el silencio. Sacralizando la poesía, abandonando la pompa verbal de los cenáculos literarios, las poses afectadas de los señoritos atildados. Iré, como una inesperada iluminación, articulando sueños y diálogos interiores.

Tramas íntimas, una lectura crédula de la imaginación. La lectura es reunir secretas afinidades, voces circunstanciales que no se resignan al olvido. Una forma de intentar plasmar fábula y belleza.

Otro día seguramente escribiré sobre Maruja Mallo, sobre su mundo, sobre los dos murales que en esta tierra destruyeron con la brutalidad de la ignorancia y del supuesto progreso. Mientras tanto pensemos en Calímaco, en Hipatia, en Jonathan Swift. Y en los estereotipos y prejuicios de cada época.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2018

sábado, 19 de mayo de 2018

Comentario de "El mar en un espejo de otoño"

Publicamos el comentario de Germán Cáceres del último libro de Carlos Penelas.


Desde el título este poemario propone disfrutar la belleza y enaltecer la sensibilidad artística. A ello contribuyen la tapa y las ilustraciones de Eugenia Limeses, que refulgen en oníricos trazos de exquisito refinamiento.

En el lúcido y emotivo prólogo, Penelas afirma: “Me es difícil afirmar una estética, un firmamento único. El poeta escribe en sus ratos de soledad, en ciertos espacios de ensimismamiento. El poema es algo espiritual, algo mágico que nos ayuda a seguir viviendo”.

En el libro abundan imágenes bellas y sugerentes (“Como un cabalista busco el silencio/ de la sombra. Imperceptible.”) Además, las palabras poseen un aura misteriosa y se emplea un rico vocabulario; también se cita a números artistas y escritores de todas las épocas.

El autor confiesa su amargura por la sordidez que prevalece enquistada en el mundo actual: “Sostengo mi dolor en la zozobra/ de este cielo ubicuo, disperso.”

Sorprende la cantidad de imágenes creativas: “Extrañamente cruza un caballo/ sobre la imagen de la luna/ trascielo en el espejo, alada./ En mi pecho he sentido otro latido.”

Preside las poesías una melancolía que expresa lo difícil que es transitar la existencia.

Entre los cuarenta y un poemas que componen el texto hay varios escritos a la mujer amada (“Llevaba una tibieza rumorosa en los labios./ En su sombrero azul la mirada del mar/ como una melodía ineludible, sensitiva.”– “Pero sé que me ama junto al río, / en la luz de aquel reflejo/ junto al agua acariciadora del deseo.”–“Pero sé que eres mía, dulcísima, / en el desvelo del aire y del destierro.”

No falta tampoco en esta visión totalizadora del hombre y de su entorno el canto a la naturaleza: “El mar, embarcado en el bosque,/ atesora fábula de intimidad y de luz.”

Carlos Penelas (provincia de Buenos Aires, 1946) publicó más de treinta libros de poesía y prosa. Estos fueron ilustrados por consagrados artistas plásticos. Su vasta obra recibió elogios de prestigiosos escritores y de numerosas personalidades de la cultura (afirmó Syria Poletti: “Pintura, música y palabras se integran en imágenes que nacieron de una visión interior sostenida por una clara percepción del mundo y del arte.”) Colaboró en revistas literarias y condujo programas de radio. Actualmente escribe para varios sitios de internet.

Germán Cáceres

lunes, 7 de mayo de 2018

Presentación de Jorge da Fonseca

Carlos Penelas habló en la presentación del libro El tejido de la noche, de Jorge da Fonseca, que se realizó en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte el sábado 5 de mayo.


A sala llena, Penelas se refirió a la obra del poeta, narrador, crítico literario y periodista Jorge da Fonseca. Rocío Danussi leyó algunos relatos del libro, publicado por por Ediciones En Danza.





domingo, 6 de mayo de 2018

miércoles, 2 de mayo de 2018

Razón, dialéctica y memoria en Borges

Nuestra imaginación, nuestro sentir provienen del pensamiento y de la sensibilidad helénica. Homero, Heráclito, Aristóteles, Sócrates, Parménides, Esquilo... forman parte de nuestra visión, de nuestra búsqueda ética y estética. La mirada de estos dioses terrenales llevaron el fuego de la humanidad. Los poetas, el mundo mágico, la representación y lo utópico, la palabra refinada son ejemplos de ese universo único que nos llega y nos ayuda a la formación moral e intelectual.


La experiencia de la vida siempre condiciona al poeta. Hay un mundo que se crea ante la decadencia de todo lo que existe. Y debemos observar que la dualidad de la poesía frente al existir es sólo aparente.

Como toda obra de trascendencia la de Borges actúa en un ámbito literario universal. Sin duda hay otras convergencias, la hispanoamericana, la europea. En Argentina, durante décadas se la ha tildado de extranjerizante. Sin duda es argentina por la avidez cultural cosmopolita, ente otras cosas. En primer lugar – son varios los enfoques que intentaremos señalar de forma sintética – la insularidad de su prosa, la novedad de la prosa borgeana es una realización privilegiada de la tradición hispanoamericana. Pero en toda su obra admiramos la mirada de un escritor dotado para la especulación intelectual. Y hay, además, una reelaboración de nuestra realidad cultural. Recuperamos en sus páginas la complejidad de su mundo pero también nuestra propia invención del hecho creador.

Creemos oportuno recordar que muchos de sus detractores no vieron, o no quisieron ver, sus textos y sólo glosaron sus opiniones periodísticas. Allí está, como ejemplo, el poema Cristo en la cruz, perteneciente al libro Los conjurados. Este poema no puede ajustarse a un régimen fascista, se llame Pinochet o Videla. Ni al populismo que amenaza la soledad y la étcia. Escribió además: “…desconfiaríamos de la inteligencia de un Dios que mantuviera cielos e infiernos”.

La teología era para Borges lo más fascinante de la literatura fantástica. La particularidad de su poética está en haber interpretado el arte como continuidad y superación, más que como ruptura con la tradición. El poeta aspira a un arte intemporal desde una visión metafórica de su existencia. Su lírica significa un renovado lenguaje de condensación. Sus raíces son parte de la tradición de la poesía metafísica. Y fundamenta, a su vez, una ética no dogmática. En su temática encontramos los antepasados, la patria, la memoria y el olvido, el ejercicio de la literatura. La soledad y la muerte.

Es importante recordar ciertos hitos, ciertos contextos. Al leer Las ruinas circulares, tal vez uno de los mejores cuentos del autor, deberíamos releer La última visita del caballero enfermo de Giovanni Pappini. Obras que nos remiten a la creación más profunda, más íntima. También la lectura - son viajes, laberintos, espejos - de La fiesta del monstruo de H.Bustos Domecq (Borges-Bioy Casares), relato de 1947, que se inicia con unos versos de La Refalosa de Hilario Ascasubi y que tiene como fuente El Matadero de Esteban Echeverría, nos indica el pathos de lo oculto, una suerte de comprensión de nuestra naturaleza, de nuestro enigma. Luego El simulacro, publicado en El Hacedor (1960) con las representaciones y el luto universalmente impuesto en el país. Allí hablará Borges de "la fúnebre farsa" y de "la crasa mitología, temas que conviven en la decadencia de nuestro país.

La literatura argentina cuenta, después de Sarmiento, con escritores que tuvieron fama internacional: Lugones. Sábato, Cortázar y Borges. Y otros que formaron la frondosidad de la literatura nacional como Molinari, Franco, Mujica Láinez, Marechal, Martínez Estrada o Quiroga. Divergencias y convergencias, sin duda, pero estamos intentando hacer una lectura estilística. La estética de Borges es la de un creador de metáforas. Enfatiza la metáfora como núcleo del lenguaje literario.
Entre los símbolos más conocidos en su obra se encuentran el laberinto y el espejo. Símbolo de la prisión (real o imaginaria) el primero; revelación del propio ser, el segundo. Desde luego, hay otras interpretaciones. Estas son las más afines a nuestro sentir.

Para finalizar recordemos un juicio de Julio Ortega. “Como ocurre con Mallarmé y con Joyce, y también con Vallejo y Neruda, la crítica sobre Borges forma parte ya de la misma obra de Borges: no porque sea su paciente tributo, sino porque desarrolla su existencia intelectual, diseña el ámbito de su aventura creadora y, en fin, da cuenta de su radical renovación del acto literario”.

La excepcionalidad, no es un dato menor, se licua entre la multitud. La omnipotencia se transforma – de más está decir en estos tiempos – en carencia. La literatura un resquicio, en algunos casos una obstinada ostentación. La literatura edificante no se ha detenido, como sostiene David Viñas, en las sacristías ni en las congregaciones beatas.

La literatura -en una época de globalización, banalidad y decadencia generalizada - tiende a polarizarse, a esfumarse. Se hipertrofia la espiritualidad, se crea una escenografía en torno a lo inmediato. La creación necesita silencio, tiempo, maduración. Y advertimos que las contraposiciones resultan cada día más homogéneas. Sin pedestales, entonces. Sin apelaciones a lo sentimental.

Quien lea sus páginas encontrará a uno de los creadores más lúcidos y de inevitable pluralidad, una voz propia que pertenece al tiempo. Conforma una emoción intelectual, una pasión por el idioma, una búsqueda emotiva del símbolo, la integración equilibrada de lo nacional con lo universal. Eso es lo que hay, eso es lo que leemos. Su vigencia continuará dentro de un mundo cultural cada vez más asediado. Pero también necesitamos preguntarnos – sin ingenuidad, sin idealizaciones – quién lee en estos tiempos a Victor Hugo, a Pérez Galdós, a Rubén Darío. Si jóvenes universitarios desconocen la Guerra Civil Española o La Comuna de París, estudiantes de teatro ignoran a Meyerhold, jóvenes escritores no leyeron a Molinari o Góngora me es muy difícil hablar de su vigencia. El legado existe, está en su poesía y en su prosa. El resto forma parte de una sociedad hipócrita, rodeada de astucia y grosería. Quedan islas, sin duda. Lugares donde se crea, se trabaja y se siente lo utópico del hombre.

Entre las amenazadas virtudes nacionales la lectura de Sarmiento, Lugones, Franco o Borges comparten el cielo traslúcido de lo intemporal. Allí la poesía, el tiempo de la utopía. Volver a ellos -como a otros poetas de infinitud- nos da aliento en un territorio de ríos oscuros y soledad durísima. El lenguaje dialéctico entra en la mitología pública. De allí la lectura necesaria de los clásicos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2018

viernes, 20 de abril de 2018

Poetas sobre Poetas: Carlos Penelas

El viernes 13 de abril se presentó en el salón de actos de Espacio Cultural de la Organización de Estados Americanos, Paraguay 1514, Buenos Aires, el libro Poetas sobre Poetas, editado por Castalia / Poesía, Enigma Editores.


La compilación pertenece a Susana Cattáneo, María Amelia Díaz y David Sorbille. La obra tiene por objeto que poetas escriban sobre poetas destacados de nuestra literatura. Marita Rodríguez-Cazaux, es ésta oportunidad, escribe sobre el ensayo Celebración del poema de Carlos Penelas. El texto a continuación.


CARLOS PENELAS
Celebrar la fecundidad del pensamiento lírico
Por Marita Rodríguez-Cazaux

CELEBRACIÓN DEL POEMA, notable ensayo del literato argentino-gallego, CARLOS PENELAS (1946), uno de los poetas contemporáneos de mayor altura, enfatiza los recursos líricos, despliega reflexión y pensamiento filosófico y predispone para acercarnos a un Poeta de esmerada visión, lenguaje impecable y certero flash sobre la imagen.

Penelas entiende la lírica como aguda percepción de historia, tiempo y sociedad y tiene dispuesto un sentimiento alerta para manifestar su pulso (“Quien no sea capaz de tomarse el pulso a sí mismo no pasará de borrajear prosas de pamplina”, asegura Ramón López Velarde en Dificultades de la Poesía). Significancia doble que logra el Poeta, carnosa sustancia más allá de la alegoría, de la metáfora; “Ir al sujeto y al objeto”, hallar el YO lírico y el YO literal, acudir a la abstracción, avanzar y retroceder por las estrofas preguntándose cómo sostiene su propia voz cuando escribe y cómo crece el eco de las voces a su alrededor.

Penelas propone dinamismo, palpitación, vorágine, tocar la poesía que se mueve, iluminación y revolución interior y exterior, liberación desde la entraña.

“La poesía predice. Celebra constelación en el lenguaje, libertad que habla en sí, que es signo de sí. Inaugura lo humano y su elevación”, asevera. Quizá sea esta iluminación para elegir antagonismos, los opuestos, el abordaje tras compleja vacilación, para indagar el sentido de la vida y su levitar, y con tan fenomenales imágenes que deben ser comparadas a la poética magistral de Cesare Pavese, Pedro Salinas, Salvatore Quasimodo. Es evidente que, como ellos, Penelas no confunde “el reflejo de la luz con la luz misma”, su propia obra emparenta el arte.

Transformación, transfiguración que todo arte que se precie finalmente ha de trasvasar, estado al que invita cuando acuña “poetizar el movilizador universo de nostalgias”, destacando idea, verbo y sustantivo, porque los vocablos bien valen su peso en cada verso de Penelas.

Lúcido pensador, conferencista y ensayista, el Poeta se aplica a sí mismo la remembranza y afirma que “desde el poema no hay olvido”, para sostener luego que “la expresión estética es la que configura las raíces, la casa, las voces de los padres, el mundo agrario, la lírica del amor y del dolor, el desasosiego, el contexto emigrante, la injusticia social, la transición, el desengaño”.

“El poema es la atmósfera, el clima”, realidad sin refute para los que gozamos -o penamos- la poesía en los ecos de otra lengua que nos habita, para los hijos del exiliado, para los descendientes de ese descendido en “la lenta erosión de la vida”, aquellos a los que el Poeta destina cuadro entrañable y vivo.

Tendrá significancia entonces ese “abrumador sentimiento de empatía en el instante de la creación” que sostiene Penelas: “Fugacidad y transformación en contra de la mediocridad ambiental, fijación obsesiva de lo Bello ante la vulgaridad, […] visión del sentir y del pensar…”.

Ahora bien, ¿cuál es el punto del don, del hallazgo que por gracia recibe el Poeta y dónde el vértice en que deja de serlo mientras reflexiona sobre los universos humanos? ¿En qué instante “la gracia petrificada” se moviliza hacia la inquietud por alcanzar respuesta cabal? Parece responderlo él mismo cuando asegura que “el poema lleva en sí un poder mágico” y agrega quizá desde su propia inquietud “¿ha sido, en verdad, conjurado el hechizo?”, y podríamos agregar, ¿o el Poeta se ha apoderado de la verdad más verdadera?

Otro enunciado de sustancia filosófica se establece cuando Penelas muestra la condición y el oficio de ser poeta: “Un poeta no adquiere su condición de tal sólo por un libro, por una línea. Su obra moviliza impresiones, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimo, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores, su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano. Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible”. Y luego, “El poema se enfrenta a los dogmas, a la vulgaridad, a los populismos…”. Valga esta aseveración para instar a “abrir los verdaderos ojos” sobre un mundo que clama por ser mirado. “A veces, sentimos el ahogo de la voz”, acredita frente a su propio espejo.
“[…] una aventura instauradora del misterio que baña el alma humana” […] Si la poesía tiene una finalidad no es satisfacer la vanidad de quienes la crean sino espiritualizar al hombre. Todo lo que se escribe debe ser con pasión”.

Respecto a la soledad de quien escribe, Penelas afirma que “el hombre que lee está siempre solo. El hombre que lee no es fácil de manipular. La lectura lo hace diferente, lo hace fantasioso” y lleva este pensamiento más allá de “la conciencia colectiva”, a la necesidad de explorar “la naturaleza y el corazón del hombre”.

El Poeta logra en ese estado de contemplación, aunar placer, emoción y arrebato: “La belleza poética debe hacernos vibrar como el goce de la mujer amada, pues lleva la mitología de las cosas, a los símbolos del destino. Todo poema es una profecía”. He aquí la verdadera celebración.

*MARITA RODRÍGUEZ-CAZAUX, nació en Buenos Aires. Formada en Letras y Psicopedagogía, ensayista, jurado, conferencista, poeta y escritora premiada. Autora de poemarios y libros de cuentos, su obra ocupa destacado lugar en antologías nacionales e internaciones. Coordina el café literario Umbral San Telmo en el Bar Notable La Poesía y desde su inicio las clínicas literarias de Editorial Dunken.

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