jueves, 9 de julio de 2020

Cumpleaños



Aún no sé quién habita en mí.

Hay algo en el silencio, pero no sé.

Miradas, fotografías, relojes

amparando sombras o recuerdos.

También avatares, nombres

que están huecos, ausentes,

una cierta insumisión que me interpela.

Afronto el misterio, la voz de una mujer,

cierta melancolía en el cielo y en los pájaros,

el amor de los hijos en un parque.

Hay un lugar donde el padre sueña

una desazón, una alegría que roza

el mar, la libertad, el viento.

También algo insomne en esa plenitud

que teje alquimia, deseo, devaneo.



Carlos Penelas

Buenos Aires, 9 de julio de 2020

miércoles, 1 de julio de 2020

Presencia de Walt Whitman

“…Vago e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo 
sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío…” 
W. Whitman


Comencé a leer su poesía a los dieciséis años. Fue Canto a mí mismo en una edición de Losada. La traducción era de León Felipe, una traducción magistral. A lo largo de los años descubrí lo sagrado del cuerpo humano, el gozo de los cuerpos, la negación a los predicadores. Para León Felipe estos versos representan el momento más luminoso del poeta. En él están contenidos su doctrina y su mensaje y, de alguna manera, su autobiografía, aunque luego matiza afirmando que los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino.

A partir de ese momento continué leyendo y releyendo su obra. El deslumbramiento hizo en esos años que descreyera de cualquier otro autor. Leí biografías, críticas, diferentes traducciones. Ahora observo un libro que está apoyado sobre un atril al costado de la biblioteca. Es la versión de Hojas de Hierba con traducción de Jorge Luis Borges e ilustraciones de Antonio Berni. Una edición en rama; Juárez Editor, 1969. En el estudio crítico dice Borges: “Innumerables son los que han imitado, con éxito diverso, la entonación de Whitman: Sandbourg, Lee Masters, Maiakovski, Neruda…Nadie, salvo el autor del inextricable y ciertamente ilegible Finnegans Wake, ha vuelto a acometer la creación de un personaje múltiple. Whitman, insisto, es el modesto hombre que fue desde 1819 hasta 1892 y el que hubiera querido ser y no acabó de ser y también cada uno de nosotros y de quienes poblarán el planeta”.

Luis Franco fue quien me introdujo definitivamente en su obra. Comentándola, leyéndola, descubriendo su tejido, su vida, su respiración. Él me obsequió – retiró el ejemplar único de su biblioteca - la exquisita biografía de Henry Sidel Canby. Franco también me regaló Perspectivas democráticas, un ejemplar poco reconocido del poeta. Tal vez la obra en prosa más importante del autor, escrito en plena Guerra de Secesión, donde Whitman ejerció de voluntario y enfermero. No olvidemos que el célebre poeta catamarqueño escribió un libro inolvidable sobre la vida y la poética de Whitman. En El arco y la lira, Octavio Paz afirma que “la poesía de Walt Whitman es como la sístole y la diástole de un pecho poderoso”.

La visión de Whitman rompe los cánones de la forma poética y es generalmente cercano a la prosa. Utilizó imágenes y símbolos inusuales en poesía. También escribía abiertamente sobre la muerte y la sexualidad, incluyendo la prostitución. Whitman sentenció en el prefacio de 1855 de Hojas de hierba: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”.

La figura de este poeta inmenso va de la mano con hombres que fueron arquetipos de una nación, de una conducta, de una ética: Ralph Waldo Emerson, Abraham Lincoln, Henry David Thoreau y Herman Melville. Ellos representan un ideal, una fuerza cósmica, una mirada total del ser. Dijo Whitman: “Me he dado cuenta de que me basta estar con los que uno quiere, me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero, me basta sentir la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama”.

Tal vez unas líneas nos hacen comprender una época y un destino. En una carta de Henry David Thoreau a Ralph W. Emerson, otros dos trascendentalistas, leemos: “La muerte es hermosa cuando se la ve como una ley y no como un accidente”. Esa es la ley natural, que entre otras cosas, nos enseña Whitman. Su vida revive en su obra y nos hace sentir su universo al mismo tiempo que nos enseña ver, gozar, soñar junto a su vivencia. Su poética nos conmueve y transporta, es un autor clásico. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, aprendimos de Italo Calvino.

“Ese lenguaje ha parecido lascivo a los que son incapaces de entender su grandeza” (José Martí, 1887) “…cuya voz empieza a resonar por todas partes porque él es hoy el primer poeta del mundo, y ama a la humanidad con amor inmenso…” (Rubén Darío, 1888) “Sólo Nietzsche en algunas páginas alcanza su magnitud y vuelo lírico…” (Armando Vasseur, 1912) “Whitman, el único que abrió camino. Whitman, el único pionero. Y solamente Whitman. Ningún poeta inglés, ningún francés. Ningún europeo.” (D.H. Lawence, 1923) “…este poeta del amor, de la fe y de la rebeldía”. (León Felipe, 1941) “Son la inocencia y la magnificencia de un mundo nuevo donde las cosas aparecen en su rudeza o en su gracia inmaculada, maravilla de la humanidad…” (Luis Franco, 1945) “Los tres padres fundadores de la poesía moderna son Baudelaire, Gerard Manley Hopkins y Walt Whitman. El verdadero inaugurador fue Walt Whitman” (Erich Kahler, 1957)

Su poética es moderna, cree en lo fragmentario como en el todo, es cosmopolita, es ecologista y bucea en lo tecnológico. Nos habla “de los países contemporáneos”, del musgo y de los animales, de los barcos de vapor y las redes telegráficas. Atacó la esclavitud y defendió la igualdad. Su obra nos interroga permanentemente. Como manifiesta el poeta Eduardo Moga (1962) – traductor de Hojas de Hierba - “Whitman abre su léxico al lenguaje arcaico y al técnico, a los barbarismos y a lo coloquial, y también a las malas palabras, sin miedo al excremento ni al sexo ni a la basura ni al semen”.

No sería erróneo afirmar que es un poeta homérico, convoca al lector a ensalzar la conciencia del vivir. Es el primer poeta de la democracia norteamericana, sueña con una América que se hizo a sí misma con un espíritu torrencial, auténticamente emblemático y liberal. Su relectura nos lo muestra contemporáneo; el verso libre respira desde su yo trascendente.

La trayectoria de Whitman representa lo vital, la vida que se expande y nos expande, la libertad, la libertad interior; es un abismo pero también es la expresión del vivir, de la alegría. De la insubordinación, de la fraternidad. Su poesía, su voz, nos dice de la libertad política y del erotismo, de un erotismo universal que nos muestra el don del misterio y de la pasión. Es un hombre que habla de la felicidad, de la necesidad de ser felices. Su canto nos libera de la religión, de la política, de los dogmas y de la hipocresía de una sociedad. Whitman es un hombre libre y empuja a buscar en cada uno de nosotros esa libertad, ese principio que nos hace únicos en el universo. Señala la infinitud, el sentimiento; deja un legado inagotable a partir de su mito, de su utopía. Su voz provocadora es libertaria, como libertario es su tensión sexual.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de julio de 2020

domingo, 28 de junio de 2020

Fílida

No, no soy como esos ñatos que hoy dicen una cosa y mañana otra. No soy un farabute, esos tipos que con la misma cara, el mismo bigote y la misma energía afirman o niegan a la vez. No, ya se lo dije antes: no soy hipócrita ni peronista. Tengo defectos, pero no soy mala persona. Por favor, respéteme.

Horacio Coppola: Avenida de Santa Fe. Plaza San Martín, 1936

Lo cierto es -como le iba contando- la miraba con pasión, una locura de hembra. Se desnudaba a eso de las ocho de la noche, dos o tres veces por semana. La veía de espaldas, frente al espejo de su habitación. Se iba desnudando de una manera particular, me fascinaba. Al despertarme cerraba los ojos y la volvía a ver. Luego me di cuenta de su sensualidad; no, de entrada no. ¿Me sigue, entiende? Recuerdo el corpiño verde, lo arrojaba por el aire y caía sobre la cómoda. Descubrí que la cuarentena me había cambiado la vida, lo descubrí con ella; observándola, encontrando sus hombros, su cuello, su cabellera moviéndose al compás de su cabeza. Sus nalgas, sus caderas. ¿Me sigue? Seguro que escuchaba música. Quiero imaginarme que escuchaba a Ray Charles, un soul tocado en piano. O a Nat King Cole. Por cómo se movía no era Andrea Boccelli, qué joder. Lo cierto es que la había observado mucho tiempo antes de llegar a la cuarentena, una cuarentena interminable por otra parte. La primera vez la descubrí de casualidad. En el cuarto había un hombre grandote, desprolijo, de bigotes finitos y pelada incipiente. De unos cincuenta años. Lo pude ver bien, era una tarde húmeda, de sol. Desde la ventana observé los toldos bajos de ventanas vecinas. No le di mucha importancia, no soy un voyeur. Miré la escena dos o tres veces en un mes, al regresar de la oficina. Luego la olvidé. Sí, a ella y al fulano.

Hasta la cuarentena, allí cambió mi vida. Mi familia ni se enteró, hablaban de contagios, de hospitales, de barrios carenciados. Bueno, sigo con la historia. Estaba en ropa interior - la sorprendí una noche de mayo -, la iluminaba un velador de la mesa de luz. No dudé, fui a buscar al ropero el binocular que mi padre solía llevar a San Isidro o a Palermo. Por suerte los pude encontrar. Mi mujer - parece que lo hace ex profeso sabiendo mi problema -cambia a cada rato las cosas de lugar. Lo cierto es que desde esa noche la miro. ¿Qué por qué le puse ese nombre? Bueno, estudié clásicas, son taras que uno tiene. No, nunca le saqué fotos. Me enloquece cuando se pone un vestido negro, se viste para salir, como para ir a cenar o a un encuentro importante. Luego comienza a desvestirse, a quitarse una pulsera, una media, un zapato, un collar, una calza bordó. Es allí donde enfoco el prismático con respiración entrecortada. Me tiemblan las manos al ver sus ojos blancos, cuando parece desplomarse sobre la colcha azul. Créame, es algo inimaginable el silencio de la calle, el silencio de los departamentos… Le dije, vive en el edificio de enfrente, un tercer piso. La miro desde el cuarto piso, en diagonal. ¿No me cree? ¿Y qué piensa si le digo que soy ciego? Eh, ¿qué me dice, ahora? ¿Me cree o no me cree?

Carlos Penelas
Buenos Aires, 23 de junio de 2020

miércoles, 17 de junio de 2020

"Diario de un poeta" en la Biblioteca Virtual de Galicia

La Biblioteca Virtual de Galicia ha publicado Diario de un poeta, de Carlos Penelas. Lleva prólogo de Manuel Gayol Mecías y fotografías de Emiliano Penelas. 


Recordemos que la Biblioteca editó anteriormente Ofrenda de la luz (2019) y El mar en un espejo de otoño (2018). El poemario está catalogado por obra, autor, categoría y año.

Se encuentran en la Biblioteca obras de Ricardo Carballo Calero, María Francisca Rodríguez Cabanas, Rosa Cal, Xulio Xiz, Xosé Lois Carballo Ferreiro, Manuel Regueiro Tenreiro , Xavier Alcalá, entre otros autores.

Puede accederse a Diario de un poeta a través de este enlace: http://bibliotecavirtual.galiciadigital.com/content/diario-de-un-poeta-carlos-penelas

martes, 9 de junio de 2020

Carlos Penelas nuevamente en Anuario Brigantino

Anuario Brigantino -revista de investigación histórica, antropológica y cultural - es una de las publicaciones municipales más importantes de Europa. Fue creada en 1948 y su actual maestre es el Director del Museo das Mariñas, Prof. Dr. Alfredo Erias Martínez. En esta oportunidad Anuario contará con poemas de Carlos Penelas. Es importante destacar que Betanzos de los Caballeros celebra sus ochochientos años de vida por lo cual se trata de una edición única en su historia.


Hace 800 años, los habitantes de Betanzos O Vello, situado en la actual parroquia de Tiobre, trasladaban sus enseres para instalarse en el Castro de Untía. En 1212 los propios vecinos le habían escrito al rey Alfonso IX pidiendo que les concediese fuero y el traslado de la población. El 13 de febrero de 1219, el monarca atendía su petición y expedía un privilegio rodado que se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Nacía así el actual Betanzos de los Caballeros, que llegó a ser capital de una de las siete provincias del Antiguo Reino de Galicia, entre los siglos XVI a XVIII.

viernes, 5 de junio de 2020

De cómo nació la palabra cronopio

He mencionado en más de una oportunidad mi paso por el Profesorado en Letras, uno de los mejores institutos pedagógicos que tuvo el país, que tuvo Hispanoamérica. Hombres de prestigio pasaron por sus aulas. Intelectuales, escritores, científicos, pedagogos, políticos fueron educados en ese claustro. Recordemos que la Escuela Normal Superior de Profesores Mariano Acosta fue fundado el 16 de junio de 1874. De sus cátedras egresaron Marcelo T. de Alvear, Julio A. Roca, Américo Ghioldi, José Luis Romero, Manuel Sadosky, Pablo Pizzurno, Alfrerdo Van Gelderen, Luis Zanotti, Julio Cortázar, Leopoldo Marechal, Fermín Estrella Gutiérrez, Arturo Marasso, Enrique Santos Discepolo, Felipe Boero, Pio Collivadino…


El profesorado era una elite cultural, humanista. Allí veíamos las disciplinas lingüísticas, las sustancias y las formas, los morfos y los morfemas. Un discurrir asombroso, un itinerario afectivo, una traducción permanente del amor hacia las artes. Tuve la fortuna de asistir a clases, entre otros, con profesores de nivel internacional, seres irrepetibles. Algunos de ellos fueron Germán Orduna, Lorenzo Mascialino, Julio Balderrama, Rodolfo Modern, Lidia Siffredi, Juan Sibermahart, Ángel Mazzei, Ricardo Ayabar, Reynaldo Carlos Ocerín… La personalidad de Julio Balderrama descollaba. Como afirma el profesor Domingo Tavarone era de “una generosidad intelectual ilimitada”. Todos honraron la educación argentina pero Balderrama fue un ser de una erudición inimaginable. El rigor y la sabiduría de su palabra ofrecían un cosmos, nos alejaba de la niebla de un mundo que se volvía dogmático, autoritario.

Fueron estos docentes quienes - desde la pasión, la ética, la generosidad - ocasionaron en mí la búsqueda del estudio en cada acto, el placer y la admiración del hecho estético. En ellos no sólo habitaba el conocimiento, también el humor y la modestia eran condiciones indispensables de la coherencia. Nos concentrábamos en la literatura comparada, en el análisis, en las obras de teatro clásico y en los grandes hombres de las artes plásticas o la filosofía. Todo se unía con una suerte de facilidad. También el juicio crítico era implacable. Jóvenes estudiantes comenzábamos a descubrir la aureola sagrada de cada época, de cada autor, de cada historia. Nos sumergíamos en un universo de interminables lecturas, de viajes, de imágenes, de silencios, de evocaciones, de disquisiciones etimológicas. Fue entonces cuando la sensibilidad fue parte del significado: la leyenda y el mito de la creación se fusionaban en lo mágico.

Días pasados tuve la oportunidad de descubrir un artículo de Marcelo Zapata publicado en un diario. Nos trae el recuerdo de otro de los profesores que tuvimos en Latín y Griego. Lorenzo Mascialino nos hablaba permanentemente en latín, nos hablaba de Cicerón como si viviera en la casa de al lado, nos recitaba Dante o Virgilio antes de entrar al aula, desde la puerta. Ovidio o Píndaro eran nuestros vecinos. Nos relata Marcelo Zapata.

…en uno de esos encuentros, contó años después Mascialino a algunos de sus discípulos, se habían puesto a imaginar, junto con Cortázar, un mundo fantástico en el que existieran criaturas que pudieran ver, físicamente, las dos dimensiones: no sólo el espacio, sino también el tiempo.

--¿Y cómo llamaríamos, para usar una palabra griega, a ese ser capaz de percibir el tiempo con sus propios ojos? –desafió Cortázar a Mascialino.

Éste lo pensó un momento, y respondió sin titubear:

--Cronopio. Se llamaría cronopio, por supuesto.

La síntesis era perfecta. Como explica otro testigo del relato de Mascialino, Luis Ángel Castello, titular de la cátedra de griego en la UBA: "'Cronos', como es bien sabido, es 'tiempo', y la desinencia '-opios' viene del verbo 'horao' (que significa 'ver', 'mirar con atención', de cuyo futuro 'hopsomai' (sale 'opsis' (de la que nacen tantas palabras como 'óptica', 'autopsia', etcétera. Cronopio, entonces, es el que ve el tiempo".

No hay testimonios de que Cortázar después de su festejada
Historias de cronopios y de famas, le haya reconocido a Mascialino la creación de la que en el futuro de la literatura argentina sería palabra tan célebre.

Pero a él tampoco le preocupaba. “Seguramente le gustó y se acordó de ella cuando escribió el libro”, lo disculpaba Mascialino, quien nunca demostró otra preocupación que la de incorporar, a lo largo de su vida, el conocimiento de la mayor cantidad posible de las lenguas llamadas "falsamente" muertas. “La gente sigue hablando latín, y no se da cuenta”, como decía en tantas de sus clases.


Ahora, mi confesión. Nuestro profesor de Latín solía compartir cada tanto con algunos de sus alumnos – entre los que me encontraba – una suerte de velada en una pizzería próxima. Unas porciones acompañadas con un vaso de vino tinto. “Vamos a hablar de la vida, de la vida. Dejemos la literatura, lo importante es la vida”. En una de esas noches nos contó este hecho que hoy recordamos gracias a Marcelo Zapata. Obnubilados por la literatura y el hechizo de Cortázar, no le creímos. Mis disculpas caro profesor. Mis disculpas. In vino veritas.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2020

viernes, 29 de mayo de 2020

Diario de un poeta

Eastvale, California, Estados Unidos, 2020.
Palabra abierta, Revista y Casa Editora de Cultura Universal.
Antología. Poesía.
Estudio preliminar de Manuel Gayol Mecías.
Fotografía de Emiliano Penelas.


Puede leer la edición digital del libro en este enlace

domingo, 24 de mayo de 2020

Prólogo de "Diario de un poeta", de Carlos Penelas

Palabra abierta, Revista y Casa Editora de Cultura Universal, ha publicado recientemente Diario de un poeta, de Carlos Penelas. El poemario lleva un estudio previo de Manuel Gayol Mecías, escritor, director y editor de Palabra abierta.


Recordamos que Gayol Mecías posee una importante trayectoria como narrador y ensayista en Cuba primero y luego en EEUU. En la actualidad es, además de Director de la publicación mencionada, Miembro del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio y Presidente de la Academía de la Historia de Cuba en el Exilio (California).

Preludio 


Del Poeta, de la belleza y de profundis


Hace ya tiempo manifesté que en los poemas homéricos o en 
Hesíodo – gracias a Mondolfo – pude advertir el tránsito 
del juico moral desde la exterioridad divina hasta la 
interioridad humana que determina conciencia 
moral. La responsabilidad y la conciencia 
ética encontraron en el pensamiento 
antiguo el universalismo de la 
norma ética. La individualidad 
es auténtica por su apertura 
al ser de los otros y a la 
realidad de lo social. 
El poeta perdura 
en el fervor de 
la belleza y 
la utopía. 

Carlos Penelas 


Carlos Penelas está vivo, bulle, y no obstante es Historia del presente. Con él revivimos la pasión del mundo, y también la inteligencia del corazón, como Pascal. Encontramos el camino así de la rebeldía contra viento y marea, contra este mundo desquiciado por la entropía de las almas torcidas. Penelas es, además, el reservorio activo de grandes pensadores anteriores, y aun de nuestro inconsciente presente. Quizás Platón con su idealismo y su alma de corte parmenidiana, y asimismo con la materia y la forma (anímica) de Aristóteles el Estagirita, con Pitágoras y su diapason matemático, su música y las esferas sonoras; con Heráclito de Efeso y su interés obsesivo por el cambio. Todo cambia, decía, nada es igual que la primera vez ni tampoco su anterior. Y todo esto es mi amigo Penelas.

En este sentido, y hasta este momento de ahora, Penelas ha sido un reservorio de conocimientos que se proyecta constantemente. Con acierto podemos decir que su taller literario cuenta con el espírtitu de la Academia pitagórica, con la platónica y la aristotélica. Es una dialéctica de amor y de belleza. Es su ensoñación por hacer pensar a los demás. Es su arte de voz y palabra, de pensamientos y letras transfiriéndose a otros como gran Maestro. Es quizás uno de los últimos humanistas de este milenio, y creador esmerado, donde la literatura no es nada más, para él, un manantial de creación humana, sino que también es la vida misma desde una perspectiva ética y en la que la libertad es la lux que el hombre logra en su interior a modo de cosmovisión cuando la entrega a otros.

Este Poeta nunca se cansa de observar nuestro mundo, porque sabe que —a pesar de los seres y las cosas superfluas— en el orbe se acumula —como descubriera Teilhard de Chardin— la energía espiritual del universo. Y para él la poesía es imagen de la belleza, de la profundidad auténtica de cada quien. Es el creador que desde la soledad argentina deshace la incertidumbre del planeta. Sirva ahora de esta gran visión su Diario del poeta, conjunto con versos de oro que reconstruyen el amor de Hypatia por atesorar el conocimiento, por la fascinación de la podia ser en aquellos tiempos la magia científica, por los misterios de la rotación de los astros y la redondez de los planetas. Pero sus poemas y versos, en este cotidiano acontecer, hacen justicia para las almas que en las épocas remotas solo veían las sombras del amanecer, aun cuando hoy en día estamos rodeados de espejismos, de exilios./ Intentamos recobrar arquetipos,/ ciertas hechicerías, manos filiales,/ la aureola en la palabra del padre. (“Del aire y de la rama”).

De muchas maneras, la lírica de Penelas sabe no solo figurar historias, sino además reinventar las imágenes del mundo, a modo de un mago merlinés que siempre busca trazar los caminos hacia el Grial de Imago.

Nos realza el mérito del viaje en un tren imaginario que nos lleva hacia la misma Imago de Lezama Lima, de Eliseo Diego, de Rilke, de palabras y de imágenes que desembocan en playas de utopía, en excelsas estaciones del poniente. Es la cierta, la verdadera filosofía de la imagen que contiene al ser, más que al ser el Ser de la emoción, de las posibilidades al atravesar el esplendor del bosque. /Son moradas de pájaros que abanican /los cuartos irreales del sueño. (”Invocación”).

Junto a una lírica a veces melancólica, y en otras exultante de gozo y satisfacción, los poemas de Penelas crean la atmósfera de un sueño. Hay en ellos senderos oníricos que conducen al Ser, a su realización como admirador de la Belleza por ser la Belleza misma a la hora de las palabras, por ser el sentido del amor en la mujer amada.

Otra de las cosas que se alza en suave voz como sistema identificativo de su estilo es la metáfora constante, la particularidad imaginativa de transferir una escena o una imagen corpóreamente real a la dimensión imaginaria. Con ello, Penelas nos hace sentir más que entender. Es mi preferencia también, que la poesía sea más sentimiento que aprendizaje o racionalidad. A mi modo de ver estas dos últimas categorías funcionan mejor y más ampliamente en la narrativa. Independientemente de que Penelas pueda ser narrador, crítico y ensayista, su lenguaje innato es poético, esa es su naturaleza. De ahí su cuidada sistematización metafórica ya directamente en la poesía. Y es esta metaforización constante en sus poemas la sustentación de su belleza.

La belleza es la forma de la vida. Nuestra conciencia misma es la fuerza y el valor humano más capacitado para obtenerla, cuando es la conciencia —como representación anímica—la que otorga las formas debidas a los seres y las cosas a nuestro entorno. Para ello podriamos consultar el libro Biocentrismo*, y tendríamos una explicación cabal, científica, de cómo es la conciencia el misterioso ente que le da vida y forma a toda la materia y también, ¿por qué no?, a los sueños, a las ilusiones y a los anhelos del porvenir.

Su belleza radica en una mezcla de ensueños con la naturaleza del mundo, pero lo fundamental que resalta en esta última categoría es la impronta de la amada, de la mujer formada en su interior, en su más honda intimidad. Muchos de sus poemas son un canto, una búsqueda de una beldad, perdida o tenida alguna vez, pero que quedó grabada en el fondo recóndito de su memoria histórica. Historia de sí mismo, de su alma, incluso de su más intenso deseo de ser mejor:
Entonces, despertamos.

Entonces llama en la vigilia.

Dice que no la olvide,

que la recuerde en la ausencia.

La escuché desde la hondura del ensueño.

Y era una mujer sin túnica.

Inefable, desvelada.

(“Casida de la madrugada”)
Es indiscutible que en la poesía de Carlos Penelas la belleza vibra como un deseo constante por revivir a su amada, porque el mundo reconozca sus metáforas a la mujer. Penelas es un exacto poeta occidental, se alimenta de las aureolas y los crepúsculos griegos. Ahora recuerdo el mito de Pigmaleón, el rey escultor que tanto deseaba la belleza de su mujer esculpida, hasta que Afrodita se le apareció en sueños y le concedió la dicha de que cuando despertara, su escultura de Galatea también recobrara vida y así aquel rey-creador disfrutara para toda la vida a la mujer que representaba —para él— la belleza y la perfección del mundo.

De este modo, Carlos Penelas es uno de los tantos Pigmaleón que —desde Goethe, pasando por Shakespeare, hasta George Bernard Shaw, y otros actuales ya en nuestra modernidad— entran, repito, en un agradecimiento creativo y cultural a los helenos, a los consabidos griegos de nuestra Historia. En distintos poemas su amada entra en los sueños del poeta y aun sale de esa dimension onírica para quedar en un horizonte de su realidad. Es el caso de “Poema de la musa fugitiva”:
Veo cómo el sol estremece el instinto.

La amante juega con una blusa negra,

se desnuda deslumbrando cielo.

Es entonces cuando me ausento en su cuerpo,

cuando mis labios velan una voz abisal.

Sobre su vientre el humo de mi pipa

Navega el aire y besa su pubis.

(Fragmento).
Es cierto, como me ha dicho él alguna vez, que su “’yo lírico’está en su producción poética y viene de otras fuentes también”. Que sus “poemas han formado un mundo interior, un mundo con simbologías”. Y es que si no fuera así, mi amigo no fuera entonces el gran lírico que es. Cuando se habla del “yo interior”, de la intimidad, quedamos en presencia de nuestro tiempo presente, de nuestro Ahora, donde todo recuerdo, todo pasado, logra retornar al presente y el futuro se convierte en quimera o sueño actual. Y todo deviene un aspecto filosóficamente creativo, que va de la belleza a la profundidad de la memoria y a las remotas raíces del inconsciente.

El símbolo es la imagen también. Quizás en mucho la perfección del deseo. La trémula luz que va saliendo del Espejo, y que se había creado detrás de la imagen. El símbolo persiste siempre y queda porque es el presente ineludible de lo que se quiere, de lo que se ama y se pretende perpetuar. El símbolo es la profundidad sagrada del “yo lírico” del autor, del que dice su verdad a modo de confesión, aun cuando sin tapujos, pero de otra manera, de la manera imaginaria en que se es poeta. Es la vestidura del sueño que viene de la noche profunda. Y es con el símbolo cuando el poeta se revela no solo como el sacrificio, sino además como la imagen de una misma y única redención. Una última cosa más, Carlos Penelas es uno de los grandes poetas de la libertad porque su compromiso ha sido, además de con el ser humano, con todo aquello que ha sentido y siente en su intimidad. No hay ningún poema en él que esté transido por lo artificioso, por lo banal o cursi, por la pasión partidista y política. Contrariamente, sus versos constituyen un canto —un canto pleno de crepúsculos y de soles— a la belleza y a la profundidad del ser humano.

Manuel Gayol Mecías
Palabra abierta, mayo 2020

* Libro Biocentrismo (La vida y la conciencia como claves para comprender la naturaleza del universo), escrito por el Dr. en Biología Robert Lanza y el astrónomo, el Dr. Bob Berman, [2a. edición; traducida del inglés por Elsa Gómez Belastegui], publicado en Málaga, España, México y Buenos Aires, por Editorial Sirio S.A., 2009.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Poesía, ética, compromiso

Es indudable que ser honesto en esta sociedad corrupta tiene su precio. 
A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
René G. Favaloro


Mi padre, lo he reiterado en más de una oportunidad, fue buen lector. Pero fue, además, un hombre con talento; sensible, honesto. Había nacido en una pequeña y casi olvidada aldea de Galicia, Espenuca, en 1898. Trabajó la tierra desde los seis años, cuidó cabras en el monte, fue el mayor de siete hermanos. Y mis abuelos - jornaleros, analfabetos - lucharon contra viento y marea en la indigencia. Mi padre padeció la pobreza, pero también desde su infancia padeció la epilepsia. Una enfermedad en aquellos tiempos que todavía olía a hoguera inquisitorial, brujería, creencia demoníaca. Ignorancia, rechazo, obscurantismo. Ora pro nobis.

Con los años, al conocer en Buenos Aires a unos obreros anarquistas y socialistas, descubrió las primeras letras. Luego la literatura. El naturalismo francés, la novelística rusa, los grandes pensadores del siglo XIX. En su tierra padeció el caciquismo, el carlismo, el franquismo. Luego padeció en nuestro suelo el peronismo. Lo irritaba profundamente la demagogia, el engaño, el cinismo. Y la vulgaridad, la obsecuencia, que todo eso representa. Lo recuerdo discutir enfervorizado contra nuestra picaresca, nuestro nacionalismo criollo o el estalinismo, el fascismo, el nazismo. También recuerdo su ternura, su sentido del humor, su mirada.

Era gran lector de Valle-Inclán, Pardo Bazán, Pirandello, Curros Enríquez, Baroja, Galdós, Cervantes… Pero también de don Gregorio Marañón. De éste evocaremos una frase: “La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás”.

Mi padre le enseñó a leer a mi madre. Ella fue analfabeta hasta pasados los veinte años. Recuerdo un libro que protegía con amor, un libro encuadernado, con letras doradas. Un libro de cuentos, un papel bellísimo e ilustraciones en blanco y negro. Era de la Colección Calleja, Biblioteca Enciclopédica. La alegría de los niños, ilustraciones de Ángel, Picolo, Alberti y Díaz-Huerta. Una edición de 1910. Lo leía en casa a los seis o siete años. Aun lo conservo. Mi madre, además de cocinar, planchar, lavar, educar a sus hijos, protegerlos y guiarlos comenzó a amar el cine. Llegó a ver las cintas de Bergman y de Fellini. Poco antes de morir, yo tenía trece años, había terminado de leer Los Thibault de Roger Martin du Gard.

Con el célebre aforismo del médico alemán Johann Georg Zimmermann según el cual "quien no sea capaz de observar al hombre moral, jamás conocerá las enfermedades del cuerpo" intentaremos señalar algunos temas. Desde joven – Camus, mediante – comprendí que la división entre los seres humanos no es política sino ética. Creo en la dimensión moral de una persona más que en una división política. Eso no implica que existan excepciones. Y que las obras de muchos artistas tengan poca relación con su conducta. Ejemplos sobran, no perderemos tiempo en recordarlas. La lista sería casi interminable.

El ideólogo Jean-Louis Alibert, jefe del Hópital Saint-Louis de París, uno de los médicos más influyentes de la Restauración, entregó en 1825 a la imprenta un libro que imprimió un giro sustancial al discurso de los médicos franceses. La Fisiología de las pasiones o nueva doctrina de los sentimientos morales -prontamente traducida al castellano y con reediciones en 1831 y 1840. Se abría, de hecho, con una declaración que no podía pasar desapercibida: "Para conocer al hombre, escribió, es preciso estudiar el espíritu que le anima, y no los órganos materiales de su estructura corporal".

Lo poético nos trasmite un mundo interior, un universo que en líneas generales, precisa del silencio, de la búsqueda secreta y a veces incoherente. La ficción literaria es parte del sueño, de la utopía, del idealismo. Ante una obra de arte el hombre ennoblece su espíritu, la conciencia forma su visión del cosmos, el sendero que une al ser con el tiempo. El creador va en busca de la Belleza – inalcanzable – en cada línea, en cada instante que conmueve su ser. La lectura - sobre todo la lectura de los clásicos - el no hablar de las circunstancias personales, al decir de Flaubert, y el trabajo diario. Eso nos transporta. Por supuesto lo poético nos habla del “yo lírico”, ese “yo” que está fuera de lo narrativo.

Juan Rulfo nos aclara ciertos aspectos al confesar que “uno de los principios de la creación literaria es la invención, la imaginación. Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación”.

Cuando nos referimos a los griegos sabemos de su actualidad porque Homero nos habla de los hombres. Ese hombre que hoy vemos lo plasmaron los griegos. Cervantes, lector de los clásicos helenos, hace una burla de la sabiduría libresca y abstracta. Otra vez su genio, su visión que muchos no terminan de ver. Cervantes es la encarnación del espíritu del Renacimiento, la insurrección del espíritu helénico en una España de tinieblas. El otro es Shakespeare, el poeta que representa la concreción de una humanidad real y esencial. Es también el poeta de la piedad y la revelación. La poesía es entonces - como nos reveló Luis Franco - significación no sólo de la exploración y exaltación del ser, sino de su ennoblecimiento.

En Argentina la decadencia es imparable. No solamente es imparable sino que parece que gran parte de la sociedad no entiende que el mundo tiene otros conceptos, otra realidad, otra visión del futuro. Vivimos atados a estructuras básicas de pensamiento. Desde hace setenta años la corrupción, la impunidad, el latrocinio, lo genuflexo y una suerte de pandemia populista, irracional, nos viene acosando. No tenemos que comparar nuestra situación con otros países, sean de Latinoamérica o de Europa. Debemos comparar nuestro presente con ese pasado de hace setenta años. Para aquellos que no entienden, o no quieren entender, vemos desconcertados como hoy en día cierto progresismo tiene pensamientos psicodélicos, un sistema de clientelismo, una juventud que sacraliza personajes caricaturescos, repitiendo falsedades históricas, revoluciones y canibalismo intelectual. Y actitudes camaleónicas, batallas imaginarias, proclamas delirantes. Así estamos en el populismo del siglo XXI. Con telefonía celular, espejos, Zoom App, modas y la cabeza con un termo en el cerebelo. Un claro ejemplo en Europa es España. Un claro ejemplo del delirio en América es Argentina. Para no hablar de Nicaragua, Venezuela o Cuba. Sobre todo si comparamos esta Argentina con otro país; la Argentina de setenta años atrás.

Por supuesto, siempre hay islas, excepciones, gente que siente y piensa con un grado de sensatez y honestidad. Pero en la mayoría se mezclan mitos, relatos, tergiversaciones, despotismo. Golpes militares, líderes populacheros, sindicalistas enriquecidos, caballeros normandos y una runfla de votantes fueron construyendo esto que somos. Todo se evangeliza y todo tiende a la burocratización. Crecen los “socialismos nacionales” que es una forma del fascismo histórico. La juventud, al desconocer la historia, la filosofía o la cultura clásica, toma como revolucionaria las ideologías de derecha no tradicional. Y crece una pasividad que se disfraza de activismo. Los gritos de entusiasmo, la euforia enfermiza en grandes manifestaciones, el delirio colectivo que se parece a la rebeldía, a una suerte de lucha social. Todo se convirtió – va de suyo - en una suerte de guiso nacional y popular donde entran carteristas, bonos, pensamiento único, planes sociales, alcahuetes, lenguaje inclusivo, plegarias, miserables, bombos, pancartas antediluvianas, crucifijos, payadas, vinchas, bancos, especuladores, escritorzuelos, estudiantinas, dogmas, barras bravas, informática, defraudadores, grosería, choripán y lo que usted - querido lector - pueda imaginar. Una anécdota breve: cuando Luis Bonaparte instauró la primera dictadura moderna con un sufragio universal. Como vemos no siempre el sufragio universal es el camino a la democracia. En aquella oportunidad Marx calificó a las masas populares de “ignorantes y estúpidas”. Marx no era populista. Marx describió en el Capítulo V de El 18 brumario de Luis Bonaparte al lumpen proletariado.

Hace ya tiempo manifesté que en los poemas homéricos o en Hesíodo – gracias a Mondolfo – pude advertir el tránsito del juico moral desde la exterioridad divina hasta la interioridad humana que determina conciencia moral. La responsabilidad y la conciencia ética encontraron en el pensamiento antiguo el universalismo de la norma ética. La individualidad es auténtica por su apertura al ser de los otros y a la realidad de lo social. El poeta perdura en el fervor de la belleza y la utopía.

Una nación que olvida su pasado no tiene futuro
Winston Churchill

Carlos Penelas
Buenos Aires, 20 de mayo de 2020

jueves, 14 de mayo de 2020

Reabrieron las librerías

Tras casi dos meses de confinamiento, con horarios especiales y los controles del caso, reabrieron las librerías en la Ciudad de Buenos Aires, como es el caso de la de Editorial Dunken, Ayacucho 357, donde puede verse en vidriera el último poemario de Carlos Penelas, Ofrenda de la luz, con ilustraciones de Eugenia Limeses.


Los libros de Carlos Penelas pueden adquirirse en Librería Hernández (Corrientes 1436 y 1311), Antígona (Callao 737 y sucursales).


Además, de manera on line en las páginas de Editorial DunkenHernándezCúspide LibrosMercado Libre ArgentinaAmazon Estados UnidosAmazon España y Ebay.


sábado, 9 de mayo de 2020

Homenaje a Kraftwerk


La música viene a descubrir mi abismo,

la eternidad de una fuga ausente.

He aquí lo profético, la celebración, el futuro.

Urbano, complejo, controvertido.

Trans Europe Express.

Voces electrónicas, idiomas, ecos, teclados.

Rojo, blanco, negro. Rojo, blanco, negro.

Duendes que descubren líneas,

rutas, bicicletas, una fragancia de la luz

sobre la vigilia y lo lúdico. Imágenes,

sincretismo entre paisajes grises, inquietantes.

Cibervisiones de un mundo que se agota

y otro que nace entre amplificadores.

Radioactivity.

Hay leyendas, lo clásico y el minimalismo

en busca la ribera azul. Bello e infausto

como una tarde infinita entre árboles y pájaros.

Un torbellino consume sueños, números,

palabras de robots sobre fábricas abandonadas.

Es el desvelo de una voz tenue, esencial

asomando en cielos desgarrados.

Computer World. The man machine. Metropolis.



Carlos Penelas

Buenos Aires, mayo de 2020

sábado, 2 de mayo de 2020

El sentido lúdico en Paul Auster

Siempre hay ante una obra, una ciudad mítica o un paisaje mágico, la evocación de una experiencia emocional, sensible. Por lo general este hecho se enfatiza con imágenes. Y a partir de ese momento -las palabras, las voces- pasan a leerse en íconos, en figuras, en emblemas. 


Durante muchos años se entendió por novela “una epopeya en prosa”. Estamos hablando de la novela caballeresca o de la novela realista. Podemos dar diversas definiciones. Una: Albert Thibaudet llama a la novela “antología de lo posible”. Obviamente esta definición excluía a las fantásticas. Otra: André Maurois escribió acerca de la novela: “Nosotros pedimos a la novela un universo de socorros, en el cual pudiéramos buscar emociones verdaderas y encontrar personajes inteligibles y un destino a la medida del hombre”. Maurois nos dice simplemente que la novela aborda un conjunto de sucesos posibles y verosímiles, pero que no siempre son exactos.

Al leer La música del azar de Paul Auster nos encontramos con casi todos estos signos con fluidez de lenguaje, cierta temporalidad expuesta en paralelismos, hechos cotidianos que nos envuelven con la magia del destino o del azar. Lleva, además, desde las primeras páginas, el tópico de las novelas americanas clásicas: un individuo que deja una vida atrás y emprende un viaje sin destino fijo. En esa carretera (donde el ex bombero de Boston escucha a Mozart y a Bach) el camino es la soledad, la existencia hacia lo incierto. Toda obra -lo hemos repetido hasta el cansancio- es un viaje. La Odisea, El Quijote, La Divina Comedia, Veinte mil leguas de viaje submarino, Ulises, La invención de Morel, Pinocchio, Caperucita Roja, El conde de Montecristo, Las mil y una noches, Bola de sebo

En toda la novela vemos las limitaciones de la libertad, el asedio de un mundo, lo aleatorio y la causalidad, el sueño americano, una narrativa que elude las expectativas del lector, una búsqueda incesante donde predomina la espontaneidad y no lo deliberado.

Wallace Stevens, poeta estadounidense, señaló: “…la maravilla y el misterio del arte, como por cierto de la religión, consisten en la revelación de algo absolutamente otro, gracias a lo cual la inexpresable soledad del pensamiento se quiebra o se enriquece. El poeta, el hombre religioso, ni siquiera sueñan con dictar las reglas del juego: se limitan a andar por el mundo con el amor de lo real (de esa realidad otra) en sus corazones.”

Podemos observar ciertas fuentes fundamentales: Kafka, Beckett, Ionesco, London, y en alguna medida Flaubert (Bouvard y Pecuchet) y por supuesto la propia trayectoria de Auster. Es imposible no mencionar -por el clima, por la atmósfera, por el desaliento- a Raymond Carver y a Cormac McCarthy.

Jim Nashe y Jack Pozzi son individuos que se complementan, que se necesitan; ambos llevan la fantasía y la sensibilidad más allá de la razón. Imposible la realidad de uno sin el otro, el destino de uno sin el otro. El lector experimenta también desconcierto al no hallar relaciones directas o lógicas. Pero las hay, están en el medio social, en la actitud psicológica de ellos pero ocultas en alguna medida en una estructura social. Esa carrera nocturna, esa velocidad por el vacío, ese juego de cartas, ese trabajo alucinante de levantar un muro, esos dos millonarios que conocen, genera ansiedad, urgencia, un volver a empezar. Todo esto con ironía, crueldad, poética parquedad, virtuosismo de expresión.

Esta significativa y trascendente novela contemporánea nos lleva a analizar lo subjetivo, el auge de la arbitrariedad, la hegemonía del subconsciente. Detrás, sospechamos, las vigilias armadas, la agonía, las guerras, las crisis económicas. Una literatura de esta magnitud posee lirismo pero también una simbología que obliga al ser humano a mirar su mundo interior con la misma avidez que observa y analiza el exterior.

Esta angustia no paraliza la acción, la promueve. La angustia es parte del camino, de la elección. No hay amor en sí, los otros son parte de mi existir. Tal vez debamos retomar a Sartre: “Sin libertad no hay responsabilidad; sin responsabilidad no hay literatura”.

Julio Cortázar, en Clases de Literatura, Brekeley, 1980, señaló: "Para empezar, un escritor juega con palabras, pero juega en serio; juega en la medida en que tiene a su disposición las posibilidades interminables e infinitas de un idioma..."

Lo hemos afirmado reiteradas veces: la urdimbre de un texto no siempre depende del objeto sino del lector. Lo esencial es descubrir una realidad imaginable.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2020

jueves, 16 de abril de 2020

El coronavirus nos desnuda

La historia se repite. Es uno de los errores de la historia.
Charles Darwin


Giovanni Boccaccio da comienzo al Decamerón con estas palabras: “Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor cosa es y casi increíble, los padres y las madres a los hijos, como si no fuesen suyos evitaban visitar y atender”.

El Decamerón, escrita entre 1351 y 1353, es sin duda la obra más famosa surgida de la pandemia, la peste negra de mediados del siglo XIV.

Toda crisis trae en sí un conflicto. Toda crisis es producto de una historia. Mejor: una crisis producida por una peste pone sobre el tapete a una sociedad. Lo peor y lo mejor. Nos muestra lo indigno, lo humillante, la falta de moral. Y también la solidaridad, el esfuerzo, la abnegación.

Vamos a tomar un ejemplo para intentar ver ciertos paralelos, ciertas formas de entender y de entendernos en esta tragedia que nos confunde, nos preocupa y nos atemoriza. Podemos hablar de la Biblia, de Camus o de Kafka. Podemos recordar a Tucídides o Samuel Pepys. A Sófocles o a Daniel Defoe. A Manzoni y la peste bubónica. Entre nosotros Manuel Mujica Láinez abordó la fiebre amarilla desde sus cuentos. Pero tomaremos un ejemplo histórico -apenas una reseña - de la denominada plaga italiana que llegó a Florencia y a Toscana en 1630. Soldados alemanes atravesaron el norte de Italia con la pulga asesina, transmisora de la peste bubónica.

La peste avanzó sobre Milán, luego sobre Venecia y fue ensañándose con otras ciudades cercanas. Poco a poco – se habían cerrado los pasos de los Apeninos – la peste invadió la región al pasar una campesina burlando los controles. Y llegó a la ciudad. Hubo cientos de muertos en la zona, luego más de mil. Se ordenó en 1631 la cuarentena general. Se crearon lazaretos, los muertos fueron rociados con cal, se los enterraban en las afueras de la ciudad. Las casas de los enfermos fueron clausuradas. Luego se ordenó cerrar las puertas de la ciudad. Los extranjeros sólo podían transitar con permisos. Los guardias entraban en conventos e iglesias. Se suspendió la educación comunitaria, los juegos del pallo en las plazas, los bailes. Teatros y tabernas fueron cerradas. No hubo procesiones ni misas.

Aquellos que violaban las normas eran multados y llevados a prisión. Comenzaron las culpas: era obra del demonio, de los extranjeros, de los judíos. Luego se sospechó de las prostitutas. Por temor la Sanità daba de comer a los pobres, unos treinta y dos mil. Recibían hogazas de pan, una pinta de vino, un salchichón, arroz con queso, ensalada. También se les daba medicina. La peste se prolongó hasta 1633. En Toscana hubo ochenta mil muertos, en Florencia ocho mil. En 1657 hubo otras epidemias, sobre todo en Florencia. Esta vez otros nombres feroces: la escarlatina y el sarampión.

Veamos que nos ocurre en estos días. Veámoslo desde la perspectiva social, desde antecedentes históricos, desde el conocimiento de las pandemias anteriores. Es claro que el fascismo, el populismo, el chavismo tienen un universo para penetrar en estas circunstancias. Hay una casta política que utilizará todos los medios posibles para llegar a una irracionalidad sin límite. Algo similar pasa en el primer mundo al desaparecer esa suerte de equilibrio que siempre ejercieron los anglosajones. Estamos con una pandemia que significa también colapso económico, despidos masivos, radicalización, demonización. Pobreza, enajenación, hambre, desamparo.

Un sistema populista nos llevará a letrinas, al pensamiento único, a alternativas tecnológicas y encierro compulsivo. El confinamiento es parte del juego. Un juego en países con una base de corrupción inimaginable. Pero también, desde otro ángulo lo vemos en los EEUU, Italia, España, Inglaterra o Francia. Sin duda Alemania – recordemos que la canciller Angela Merkel es la única personalidad desde hace años – con una mentalidad distinta lleva a cabo un plan y una estrategia. El otro país es Suecia. El resto es improvisación, profetas anunciando el fin o el nuevo comienzo. La pandemia forma parte de lo social, de lo ideológico y de la economía. Entre nosotros, del otro lado de la puerta, está la muerte, la miseria, la violación, la toxicomanía, el alcoholismo, los dilemas morales, los prejuicios raciales, la intolerancia religiosa, los distanciamientos socio-económicos, la corrupción, la violencia contra la mujer… Esta pandemia en particular desnuda un sistema, un sistema global y las miserias de los países del Tercer Mundo con sus deseos imaginables y los brotes caudillistas. Debemos tener presente que los pueblos o las multitudes no siempre defienden causas nobles, muchas veces son la expresión de delirios colectivos. Recordemos también que las pasiones de los amontonamientos masivos suelen ser muy intensos pero efímeros. Otra vez: están y estarán más presentes el desempleo, la inseguridad, la carencia alimentaria, la salud, la ecología. Comenzarán las sectas, los pactos de mafiosos, las democracias sucias, el derrumbe de la utopía democrática. La crueldad se repite a lo largo de los tiempos lo mismo que la violencia. Una vez más amenaza el planeta el autoritarismo y la discriminación. Desde la tragedia griega, el sangriento teatro isabelino o la novela negra contemporánea. Tal vez debamos hablar una vez más de Primo Levi y de la “banalidad del mal”. Tal vez es el momento de releer a H.G.Wells y a George Orwell. Entre nosotros, Diario de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares.

En meses abriremos la puerta de casa. Es probable que el mundo de Luis Buñuel, John Huston, Archie Mayo o los hermanos Coen nos espere. Pero recordemos: la realidad siempre es más dura. Y desde los comienzos de la historia la realidad humana siempre fue incierta.

La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento
Charles Darwin

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2020

martes, 14 de abril de 2020

Vago recuerdo de un insomnio


Me llega su voz, errátil.

Palabras salidas de la tarde,

palabras como un largo silencio

en mitad del silencio.

Nada se mueve.

Veo la luna del ropero,

un café frente a la Basílica de Guadalupe.

Siento la aguda nostalgia de los hijos,

una callecita flotante

con luces como lluvias, brumosa.

Creo ver una estrella sostenida en su mano,

una nube tenuísima, un designio efímero,

una isla que crece y se desliza.

Ahora un poema de Pessoa sobre la mesa

en la falible memoria del conjuro.

También la bajamar, orillas tornasoleadas,

la espalda de una mujer en el beso del aire.

Es difícil imaginar en estos días

la beatitud de la infancia.


Carlos Penelas
Buenos Aires, 12 de abril de 2020

martes, 7 de abril de 2020

Rocío Danussi lee a Albert Camus

El texto de Albert Camus, leído por Rocío Danussi, pertenece a una breve colección de ensayos titulada El verano. Fue editado por la mítica Sur, Buenos Aires, 1954.

viernes, 3 de abril de 2020

Documentales. Entrevistas a escritores argentinos

Se encuentra disponible de forma gratuita para ser leídas, impresas o incorporadas a bibliotecas virtuales, las ediciones electrónicas en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) el segundo tomo de Documentales. Entrevistas a escritores argentinos, de Rolando Revagliatti, que incluye una entrevista a Carlos Penelas.


El volumen está conformado por la entrevistas realizadas a los escritores Alicia Grinbank, Michou Pourtalé, Alfredo Palacio, Rodolfo Alonso, Claudio Simiz, Lilia Lardone, Daniel Calmels, Marcela Armengod, Marion Berguenfeld, Irma Verolín, Paulina Juszko, Patricia Severín, Graciela Maturo, Liliana Ponce, Sonia Rabinovich, Valeria Iglesias, Marta Miranda, Carlos Barbarito, Jorge Brega, Dolores Etchecopar, Susana Rozas, Héctor Freire, Susana Romano Sued, Jorge Ariel Madrazo y Carlos Penelas.

Puede descargarse en Rolando Revagliatti | Documentales II - Entrevistas a escritores argentinos

lunes, 30 de marzo de 2020

La balsa de la Medusa


Estoy en mi biblioteca.
Por la pequeña ventana miro una pared.
Sobre mi escritorio una cita de Dante,
un conjuro de la fugacidad y de la muerte.
Sé de la desolación en las calles,
de cisnes en canales venecianos,
y zorros deambulando en Trafalgar Square.
La aflicción ensombreció los caminos del Apóstol,
divinidades de invisibles designios.
Delfines en Cerdeña, miles de ciervos en Nara.
En Nueva York un fanático delirio
abandona voces impasibles.
Se cierran fronteras, laberintos, puertos.
En las villas miserias no hay agua
ni pianos ni magnolias.
Sólo desamparo y miradas tribales.
Me dicen que patrullan barrios,
que acecha el miedo, el suicidio, la bruma,
que el dolor habita en mezquinos lechos,
huérfanos de belleza y de estrellas.

Por la pequeña ventana de mi biblioteca
miro el velamen de una barca.


Carlos Penelas
Buenos Aires, 25 de marzo de 2020

La balsa de la Medusa, de Jean Louis Théodore Géricault (Museo del Louvre), 1818-19

martes, 24 de marzo de 2020

Desde la borda

El solitario retorna al solitario
Proclus Lycaeus


Sólo el umbral,

un trébol y dos alas volando.

También gaviotas y cormoranes

esplendentes sobre la melancolía.



El mar, desnudo, sosteniendo

la arena, el alma y las flotantes

voces despegadas.

(La soledad separa la inmensidad

en el leve aire del otoño).

Había un camposanto

asombrado de estrellas.

Y el aire moviendo unas hojas

junto al recuerdo de los amigos.



Detrás, asomado en el tiempo,

en la claridad del cielo

un poeta era la altura de la ausencia.



Carlos Penelas

Buenos Aires, 14 de marzo de 2020

domingo, 1 de marzo de 2020

En esta orilla de la noche

Foto: Horacio Coppola

Desde que te alejaste vienen los recuerdos.

Ese leve olor de tabaco recorriendo la casa

evocando al niño que dejó su aldea,

el árbol familiar, la iglesia románica, el jardín

donde la voz del abuelo llamaba siempre igual.

Aquí, en esta soledad, están los dominios,

la humedad en los pies furtivos, la escarcha,

mudas escaleras, lápidas que yacen

amparadas entre hierbas y aves.

La niebla donde la tierra palpita un mar.

¿Por qué vuelves esta noche,

en un paisaje donde moran otros cielos,

otros cuartos en silencios obstinados?

Espera, espera padre.

Es un sueño reciente donde de pronto

entró tu voz a mi cuarto rozando agua y muro.

Una historia, una misma soledad que me visita

entre alucinaciones y olvidos.

(Es sólo eso, nada más).

Ahora miro mis manos que envejecen.

Mientras, continúo buscando tu mirada

con avidez, desde el instinto del desorden.



Extraño destino es este esplendor

cuando todo se transparenta y huye.


Carlos Penelas
Marzo de 2020

viernes, 28 de febrero de 2020

Tres poemas en "Nueva Rioja"

En la primera edición del año del suplemento "1591 Cultura + Espectáculos" del diario "Nueva Rioja" se publicaron hoy "tres poesías del reconocido escritor Carlos Penelas". 


La publicación de hoy junto al diario riojano incluye en tapa un informe sobre Quebrada de Saladillo, un sitio histórico que supo ser estancia jesuítica y que encierra más de 400 años de historia, buscando convertirse en una nueva alternativa turística para la Capital de La Rioja. 

Además, un anticipo del último libro de la escritora riojana Alicia Corominas, "Gota a gota" y en la sección literaria, junto a los poemas de Penelas, un relato imperdible del escritor Miguel Núñez. 

jueves, 30 de enero de 2020

Escrito sobre una mesa del Café Lanzós


a Aníbal Vázquez Gil

¿Recuerdas, amigo, las tarde de verano

mirando las flores, los tomates,

la acequia de la quinta de Lomas de Zamora?

¿Y el vendedor de globos, las muchachas

hermosas de los balcones altos?

¿O las valijas con la aduana de España,

el cine continuado, Buster Keaton,

el bar Dante, el ping-pong de los sábados?

Era la época donde el clown de la plaza

imaginaba trapecios, barquillos, azucenas.

Era la magia de la infancia

protegida en figuritas y baleros,

los pantalones cortos y los moños azules,

en la radio Tarzán y Poncho Negro.

Bellas estampillas de Londres o del Congo.

El olor de las panaderías,

las tardes donde padres y sueños

viajaban en tranvías, ventanillas libres

descubriendo perros extraviados

y obreros leyendo las estrellas.

Había un puerto, una fragata histórica,

un asombro de almacenes y de fútbol.

Decíamos Fangio, Grillo, Pascualito Pérez…

Era la época en que una ciudad

llamada Buenos Aires, iluminaba el cielo.


Carlos Penelas
Enero de 2020

miércoles, 29 de enero de 2020

Elegía de la luna en la niebla




Todo era importante, amigos.

La voz de padre, la mirada de madre,

el linaje de un pájaro oculto,

los cuentos de la hermana,

el ciclo carolingio, las caballerías

de los reyes, las espadas del Cid,

un álbum de estampillas del hermano,

el Nautilus, los viajes en globo,

los poemas éddicos, los títeres perdidos,

la lluvia repicando en los techos.

Eran notables los arponeros,

el bengalí Tremal-Naik, Yañez de Gomera,

el maharato Kammammuri,

las malezas de un potrero del sur,

una ventana que avasalla y desvela.

(También la demagogia, el engaño,

se escribían en pupitres, en símbolos).

En esos años soñaba con Marianne,

la perla de Labuan. En esa edad

la alegría era un ala blanca en la plaza,

el júbilo albergando a los diablos rojos

al salir del infierno por un túnel,

el sauce que subía y flotaba en una isla,

o un eco desatendido, ausente.

Sin saberlo, un cielo abierto

- claro, húmedo, suspirado -

anunciaba el preludio del silencio.


Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2020

sábado, 18 de enero de 2020

Qué calla la canalla

Es mísero callar cuando importa hablar.
Cayo Salustio Crispo


En la vida he cometido errores, muchos de ellos en mi juventud. Pensaba en un orden social diferente, en ciertos modelos supuestamente revolucionarios, en una óptica en donde el mal estaba en un lado y el bien en otro. Durante años lecturas de historia, sociología y ensayos contemporáneos formaron mi ideología. Durante años estudié y analicé autores clásicos, lecturas que conformaban un ideal, una manera de salvar al mundo y de elevar un sentimiento cargado de solidaridad y esperanza. En los años 60 era una corriente que avanzaba sobre el planeta. Y los jóvenes vivíamos con intensidad esos cambios, esos movimientos. Una generación fue llevada a la muerte; muchos de ellos con utopías y sentimientos nobles, otros profundizaron su dogmatismo y su imbecilidad.

La poesía, la música, el teatro, la pintura, el cine, la historia del arte comenzaron a ser una guía fundamental cuando ingreso al profesorado en Letras. A los veintidós años comencé a vincularme con viejos libertarios. Aquello que no había escuchado o no quise escuchar en la voz de mi padre lo fui vivenciando años después. El tiempo fue afianzando cada idea, cada signo, cada acto ético. Junto a una formación humanista otras lecturas, otras fuentes me otorgaron una visión más amplia del ser humano. A partir de entonces comprendí mejor la demagogia, el dogmatismo, las revoluciones cesáreas, el populismo. Sabía – ya lo había escuchado en mi infancia - qué significaba el fascismo, el estalinismo, en nazismo, el franquismo, pero no había comprendido las maniobras canallescas del fascismo de izquierda. La derecha, caballeros, sabemos a qué juega, cómo funciona, cuáles son sus propósitos. Crímenes, engaños, guerras, actos de fe, adoctrinamiento, falsedades en nombre del pueblo y de la revolución social es lo que debemos combatir con el mismo ímpetu que posiciones imperialistas, racistas o nacionalistas. Lo religioso invade lo político, lo político es religioso. Pregúntenle a Napoleón, de esto algo supo.

Estas visiones, siniestras, se erigieron en verdugos, en inquisidores, en esbirros de toda dictadura en nombre de las clases más humildes. Los mecanismos perversos fueron infectando universidades, publicaciones, hábitos. Pero no era sólo la gentuza, la mediocridad de militantes y jóvenes desorientados, analfabetos inmorales, ignorantes consuetudinarios. Hubo seres de una basura moral sin límites. Hablo de Sartre, de Neruda, de Heidegger y de tantos otros que negaron el horror, que instalados como íconos de la izquierda esclarecida nunca fueron tocados, criticados o al menos cuestionados. La imbecilidad y el oscurantismo avanzan sobre el universo. Hoy lo vemos en casi todos los países, jóvenes y no tan jóvenes – descerebrados en su gran mayoría - apoyando a líderes de coleta, a dictadores impresentables, toda una gama de populistas, tercermundistas o vaya uno a saber qué tipo de borrachera elevan con los ojos en blanco.

Un claro ejemplo de nuestros días es el caso Matzneff. Como símbolo. La elite literaria francesa y los medios celebraron sus libros y su moral durante décadas. Entre ellos, entre los intelectuales que apoyaron a éste pedófilo vemos los nombres de Sartre, Michel Foucault, periódicos como Le Monde y Libération. Todos ellos alentaron o defendieron a capa y espada la práctica como una forma de la liberación sexual y humana. Recordemos: Gabriel Matzneff fue uno de los máximos exponentes de la legalización del sexo con los niños. Para liberarlos del dominio de sus progenitores. Pensadores de izquierda como Foucault, Roland Barthes, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir se manifestaron en defensa de estas prácticas y defendieron a monstruos acusados de tener sexo con menores. Defendieron, muchos de ellos, a pedófilos y los consideraban una minoría discriminada. ¿Qué podemos pensar del Vaticano? ¿Qué podemos decir de los campos de concentración para homosexuales en la Revolución Cubana? ¿Cómo defender el socialismo del Gulag, la Revolución Cultural China, los millones de muertos de Camboya, Vietnam, Yugoeslavia? ¿Qué escribir sobre científicos, autores, intelectuales, hombres de a pie asesinados, exiliados, humillados? ¿Hablamos de Nicaragua, de Venezuela, de Irán? ¿Qué les podemos decir a generaciones de jóvenes que tienen el cerebro lavado y sólo atienden sus celulares y sus redes? Estas breves líneas son un pequeño ejemplo de atrocidades sistemáticas, de horrores sistemáticos.

Este es parte de una estructura en la cual convivimos. Todo es mucho más complejo, la sociedad tiene mil facetas. Pienso en el arte visual y vemos también la sarta de imbéciles que se llaman creadores, seres de vanguardia con curadores, pienso en la industria cultural, en la mediocridad de profesores y de estudiantes, de diputados y senadores, de intendentes. Y sí, de presidentes corruptos, ladrones y psicóticos. Por fortuna hay pequeñas islas en donde se piensa, en donde se crea, en donde se vive con otros objetivos.

Nos preguntamos cuantos políticos o líderes se han suicidado en la historia. Son contados con los dedos de una mano. Por lo general seres de talento, honestos, pero frágiles para soportar la inmundicia son aquellos que eligieron eliminarse. Por supuesto, no propongo el suicidio como salida. Digo que para muchos seres humanos – con sus variantes y sus problemáticas - ante un mundo en crisis, ante sociedades degradadas, ante la hipocresía, no tuvieron otra salida. Recordemos al pasar: Periandro, Séneca, Safo, Petronio, Ángel Ganivet, Virginia Woolf, Salgari, Pavese, Antonieta Rivas Mercado, Storni, Hemingway, Lugones, Quiroga, Pizarnik, Celan, Trakl, Maiakosvki, Mishima, Zweig, Tsvetzeva, Plath, Villaurrutia, Michaux, London, Cesairé…

Albert Camus comenzaba su célebre ensayo El mito de Sísifo con una reflexión: sólo existía un problema filosófico verdaderamente serio, y ese era el suicidio. Entre los griegos éste había sido un asunto de primer orden. Heródoto escribió: “Cuando la vida es tan pesada, la muerte se convierte para el hombre en un refugio codiciado”.

Jacques Rigaut, fundador de la Agencia General del Suicidio: “No hay motivos para vivir, pero tampoco hay motivos para morir, la única manera con que se nos permite demostrar nuestro desdén por la vida es aceptarla, la vida no merece que nos tomemos el trabajo de abandonarla”.

Pirandello en su obra inmortal, El difunto Matías Pascal, le hace decir al protagonista:
“La primera vez que me maté lo hice para aturdir a mi querida. Esta virtuosa criatura se había negado bruscamente, cediendo al remordimiento –según decía–, a acostarse conmigo, a engañar a su amante, su jefe de oficina. No sé muy bien si yo la amaba; sospecho que quince días de separación habrían disminuido de manera notable la necesidad que de ella sentía. Pero su rechazo me exasperó. ¿Cómo atraparla? ¿Ya he dicho que ella sentía por mí una profunda y duradera ternura? Me maté para aturdir a mi querida. Perdóneseme este suicidio en consideración a mi extremada juventud por la época de semejante aventura”.
Vivimos en una sociedad donde jueces, políticos, intelectuales, burócratas, sindicalistas, estudiantes, cagatintas y demás yerbas mienten, engañan, niegan el pasado y el presente – al mismo tiempo – y subestiman la memoria. Peor: subestiman al individuo y lo ético. Un sistema en pleno horada sin prurito. Esto fue así desde la época de los profetas y un poco antes también. ¿No me cree? Vuelva a la Biblia y las manos se le llenaran de sangre.

Por supuesto: hay ejemplos – pocos, pocos – que marcan el camino hacia una mejor humanidad. Mientras tanto sigo pensando en Groucho Marx: La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Carlos Penelas
Enero 2020

lunes, 13 de enero de 2020

Norah Borges. una artista de vanguardia

Recomiendo visitar el Museo Nacional de Bellas Artes y recorrer con detenimiento la muestra sobre Norah Borges. Por primera vez llega al Museo una exposición de esta artista que es parte fundamental de la vanguardia argentina y española de las décadas del 20 y del 30.

El marinero y la sirena, obra de Norah Borges

A la sombra de su hermano Jorge Luis y de su esposo, el ensayista español Guillermo de Torre, no siempre tuvo el reconocimiento merecido en nuestra sociedad. Su dibujo, al igual que su pintura o su grabado, llevan la sencillez y la sutileza poética del talento.

En la exposición, excelentemente presentada, recorreremos xilografías, dibujos, témperas o innumerables colaboraciones como ilustradora de libros. También, en una de las salas, descubriremos su labor como crítica de arte bajo el seudónimo de Manuel Pinedo.


Cabe recordar que la autora conoció en España a Picasso, Miró, Unamuno, García Lorca, Juan Ramón Jiménez (a quien le ilustró varios de sus poemas) entre otros grandes de la generación del 27. También estudió en España con Julio Romero de Torres.


La foto ampliada - donde se encuentra posando Penelas - pertenece a Julie Méndez Ezcurra, realizada en los años 80. Una copia del original la tiene el autor de estas líneas en su biblioteca, obsequio del amigo y poeta Lucas Moreno.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 12 de enero de 2020

martes, 7 de enero de 2020

Apuntes sobre lo poético

Andrei Tarkovski, hijo del célebre poeta Arseny Tarkovski, escribió: “Creo que para formar un concepto de arte primero hay que enfrentar otro concepto. La pregunta es: ¿por qué existe el hombre? Debemos usar nuestro tiempo en la tierra para crecer espiritualmente. Significa que el arte debe servir a este propósito”.


Las palabras adquieren un ritmo. Las vamos integrando con lentitud, con tiempo. En música del cuerpo. Allí, en el cuerpo, comienza el acto de escribir. Y en esa musicalidad sentimos los significados de las palabras. Sentimos el latido, el sentido que cada una de ellas contiene. El poeta es artesano de la palabra. “Creador, inventor, no imitador; he ahí el carácter esencial del poeta”, nos recuerda Giacomo Leopardi.

La palabra habita su propio espacio, su propia atmósfera. A partir de allí podemos ver la hospitalidad y la claridad del poema. Se establece un diálogo mudo en la creación, en lo creado. El autor desde la intuición va gestando esa suerte de ambigüedad que es el poema. Un espacio, un espacio de credibilidad. La palabra entonces es misterio, reconocimiento del mundo del misterio. Y el misterio protege lo sagrado. Y lo sagrado es la vida. Por eso las integramos en el tiempo. Música del cuerpo.

Por qué razón, nos preguntamos desde nuestra adolescencia, el ser humano debe luchar con desesperación, con angustia, por su dignidad. ¿Por qué luchar por cosas sensatas, elementales? Por cosas o situaciones (que por otra parte se dieron sin dificultad en momentos históricos diversos) que no requieren discusión o planteos intelectuales. Es terrible cómo a lo largo de los siglos castas, dogmas, autoritarismo, templos laicos o sagrados, han intentado destruir lo mejor del hombre. Velos y más velos sobre su sensibilidad, sobre su posibilidad de imaginar, de pensar, de amar.

Wallace Stevens, poeta estadounidense, señaló: “…la maravilla y el misterio del arte, como por cierto de la religión, consisten en la revelación de algo absolutamente otro, gracias a lo cual la inexpresable soledad del pensamiento se quiebra o se enriquece. El poeta, el hombre religioso, ni siquiera sueñan con dictar las reglas del juego: se limitan a andar por el mundo con el amor de lo real (de esa realidad otra) en sus corazones.”

“Hay algo más importante que la lógica: la imaginación” dijo en una ocasión nuestro amado Sir Alfred Hitchcock. Giacometti, suizo y escultor, señaló algo que siempre se supo: “el arte es un medio de ver”. “La pasión del amor es amar sin medida”, escribió San Agustín en sus Confesiones. Y dijo más: “La pasión del amor no puede comprenderla quien no la sienta.”

Vivimos una promiscuidad mental, una promiscuidad física. Tal vez desde siempre. Uno sospechó que en el siglo XXI ciertos temas no existirían. Todo se ha vuelto vulgar y obsceno, banalidad que invade de manera corriente cada gesto, cada nuevo hábito. El deseo no existe, existe el poder, el discurso político, la afectación, la fachada; simulacro, parodia. Sobre eso se montan mitos, leyendas, delirio, saturación, desvergüenza. Vivimos el espejismo de la pasión, de lo otro, charlatanerías prolijas y hasta correctas, pornografía en el arte, en la información, en las estadísticas, en referencias de la vacuidad. Teatralidad y simulación.

“La pregunta sobre el origen del Estado debe precisarse así: ¿en qué condiciones una sociedad deja de ser primitiva?” También reflexiona el autor de La sociedad contra el Estado y Arqueología de la violencia: “…quizás la solución sobre el momento del nacimiento del Estado permita esclarecer las condiciones de posibilidad (realizables o no) de su muerte”. Las investigaciones e ideas del renombrado antropólogo y etnólogo Pierre Clastres (1934-1977) sobre las poblaciones primitivas dan una antropología de alternativa. En esas sociedades se trabajaba sólo cinco horas, lo necesario. Ahora todo debe ser explotado. Por supuesto Clastres es un teórico no siempre recordado.

Podemos hablar de polarización crispada, de una cultura oficial materializada en manifiestos, premios o arquitecturas de poses. Pero también del esfuerzo desesperado de soñadores, del pensamiento utópico, de una vida plena de poesía, de realidad caótica pero vital.

“La historia corre mientras el espíritu medita. Pero este retraso inevitable crece hoy en proporción a la aceleración histórica”, escribió Albert Camus en 1954. El sentir, el pensar, parecería que no es parte de la ética, de la imaginación, del otro, del diferente. De lo auténticamente humano. La poesía fue comparada en muchas ocasiones con la mística y con el erotismo. Pero el poeta nombra a las palabras más que a los objetos, la experiencia poética es una tonalidad verbal, un clima interior. La palabra es el reverso de la historia, es el reverso de lo cotidiano. Exige, como la mística y el amor, una entrega. Por eso la insensatez del creador, del amante o del místico; lo imaginativo del soñador en un pujante querer decir, un balbuceo permanente de libertad.

"…Pues el encuentro de todos los seres en uno engendra la cesación de ellos y acaba con su nacimiento, pero al desunirse los seres el nacimiento vuelve y se desvanece la cesación. Y este perpetuo movimiento alternante nunca tiene fin, unas veces reuniéndose todos los seres en uno por el Amor, otras separándose todas las cosas arrastradas por la repulsión del Odio. Esta lucha la manifiesta el conjunto del cuerpo humano tan pronto todos los miembros reunidos por Amor en uno se obtuvo un cuerpo, floreciendo la vida en su plenitud; tan pronto separados nuevamente por funestas discordias andan errantes cada uno por su lado en las rompientes del oleaje de la vida". Esta es la mirada de Empédocles.

El poeta no sabe nunca qué es lo que va a ocurrir. Todo está en el poema, en la pasión del lenguaje, en la rebelión contra el vacío. Por esto es importante tener presente a Bachelard cuando establece la distinción del estado contemplativo, al que llama “ensoñación”, de la pura racionalidad. Pero también lo diferencia de aquello que denomina “sueño nocturno”. Nos habla de la noción platónica anima mundi.

Al leer cada verso debemos analizar el sentido afectivo del lenguaje, el modo de captar y concebir la realidad. Y ver, además, las fuentes literarias. Las fuentes levantan el edificio estético del poema a partir de cada línea. Es cuando podemos pensar en “el temple sentimental”, en el espíritu cósmico, en la tradición literaria que incorpora y asimila el imaginador. Recordemos a Schelling cuando afirmó que la Belleza “es la representación simbólica del Infinito”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2020

Publicado en el diario La Prensa el domingo 23 de febrero de 2020

Taller literario