viernes 5 de febrero de 2010

En galego

Publicamos las traducciones al gallego que generosamente hiciera Edmundo Moure de "El banco" y "Encuentro".

O tocón da cociña

Fito o tocón da cociña. Neste tocón sentaba o meu pai. O descubrín moitas veces pola mañanciña, silandeiro. Fumaba o seu charuto de tabaco bruno i ollaba para os canarios. Bebía un mate amargo; costume da comarca de El Bolsón e da soedade. Cando eu espertaba xa ía tempo que el ficaba alí. Silandeiro, latricando coas pantasmas. Seguro que tiña as imaxes da rúada das Xás, dos nubeiros, dos trasnos. Nada máis víame, alcendíanse os seus ollos, abandoaba os deuses penates, o esquecemento, a mar insondábel, a Cordilleira dos Andes. Agora decátome delo. Recén agora, cando descubro o tocón no mesmo curruncho onde el sentaba. -Pasaran máis de trinta anos- Máis. Por que hoxe?, pregúntome. Daquela citaba a Cervantes ou a Shakespeare. As veces preguntábame se eu gostaría xantar unhas lentellas ou se o domingo íamos ver aos Demos Vermellos [1], na Visera. O tocón está alí. De pe eu o enxergo. Paréceme escoitar un prego que non entendo non, engaiolado pola minguada cunca da ialba e da noite. Un canto afogado ou hino xorde nalgures. Non sei se o que evoco é real, se todo non é máis cunha viaxe ao país dos soños. Se iste home ergueito, casado e pai de fillos, que voltou ao Principado de Espenuca, que escribe cantigas, non foxe do abismo, da lingua velenosa e do desacougo. As veces fica ensimesmado, coma aquela cadela fidel que albiscaba os seus ollos.

Carlos Penelas
Bós Aires, decembro de 2009

[1] Diablos Rojos: Denominación popular de los jugadores de Independiente de Avellaneda, en Buenos Aires.

Encontro

Hoxe viñeches verme, Nai.
Eu lía cando sentaches
-chea de decoro, nobre no desvelo-
na antiga cadeira de carvallo.
Pedíchesme repetir aquel conto;
na miña nenez, as vegadas facíache sorrir.
Encardineino coma só pode facelo un home
que deixou de crer en certas profecías,
cando a piedade botou fóra as pantasmas do seu reino.
Díxenche, ademáis, que decote
nas azas da saudade do serán
na cachoeira das sombras,
lembraba o teu pasamento coma unha lonxanía.
E asemade dixen que o pior
non fora ise fío lene da lembranza
nin o desvelo do muro,
nin a eternidade nin o desacougo da ialma.
O pior, o pior… Nai,
(lembro que o confeséi marmurando)
fora que non pudeches máis matinar en min
agora facíase imposíbel a túa vixilia.
Logo, acomodaches a túa mantiña
e os teus ollos esvararon no abismo dos meus.

Carlos Penelas
Bós Aires, xaneiro de 2010

miércoles 3 de febrero de 2010

Encuentro

Hoy has venido a verme, madre.
Estaba leyendo cuando te sentaste
-decorosa, nobleza de desvelo-
en el antiguo sillón de roble.
Me pediste repetir aquella historia;
en mi niñez solía hacerte sonreír.
La urdí como sólo puede hacerlo un hombre
que ha dejado de creer en ciertas profecías,
cuando la piedad expulsó de fantasmas su reino.
Te dije, además, que a veces
durante la nostalgia de la tarde,
en el torrente de las sombras,
evocaba tu muerte como una lejanía.
Y también dije que lo peor
no era ese hilo sutil de la memoria
ni el desvelo del muro,
ni la eternidad o la debilidad del alma.
Lo peor, lo peor… madre,
(recuerdo que lo confesé balbuceando)
era que no podías pensar más en mi,
ahora era imposible tu vigilia.
Luego, acomodaste tu mantilla
y tus ojos se abismaron en los míos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes 1 de febrero de 2010

El banco

Miro el banco de la cocina. En este banco se sentaba mi padre. Lo descubrí muchas veces por la mañana, en silencio. Fumaba su cigarrillo negro y observaba los canarios. Tomaba mate amargo; un hábito de El Bolsón y de la soledad. Cuando me despertaba hacía tiempo que ya estaba allí. En silencio, conversando, con sus fantasmas. Seguramente tenía imágenes de la procesión das Xás, de los nuberos, de los trasnos. Al verme se le iluminaban los ojos, dejaba la presencia de dioses paganos, el olvido, el insondable mar, la Cordillera de los Andes. Ahora me doy cuenta de ello. Recién ahora, cuando descubro el banco en el mismo lugar donde él se sentaba. Pasaron más de treinta años. Más. ¿Por qué hoy?, me pregunto. ¿Por qué? Entonces me citaba a Cervantes o a Shakespeare. A veces me preguntaba si quería almorzar unas lentejas o si el domingo veíamos a los Diablos Rojos, en la Visera. El banco está allí. De pie lo miro. Me parece escuchar una oración que no comprendo, fascinado por la menguada copa del alba y de la noche. Un apretado canto o himno surge de alguna parte. No sé si lo que evoco es real, si todo es sólo un viaje onírico. Si este hombre que está de pie, casado, con hijos, que regresó al principado de Espenuca, que escribe poemas, no huye del abismo, de la maledicencia y la congoja. A veces se queda ensimismado, como aquella perra fiel que miraba sus ojos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

domingo 31 de enero de 2010

Palabras de Lidia Vinciguerra

Querido amigo, intento, en toda oportunidad en que te leo, pensar que tu madre es tu madrecita y no la mía. Que tu padre no es quien respira recuerdos a mi lado. Que la infancia de Carlos P. , la patria que nos alberga, la militancia, que la poesía, las mantillas delicadas, la música de los hogares dibujando tu memoria, no es la mía. Pero sin embargo, es tan cautelosa tu palabra, tan serena de nostalgias, que llega llega llega, y se arremansa en mi pecho con el estremecimiento de la ternura, de la tinta humilde de los grandes poetas y con la visible mirada de un verdadero creador.

Recibe mi cariño de lectora y amiga,

Lidia V.

miércoles 27 de enero de 2010

Un verano con Mónica

Créame, silencioso lector, vivo confundido. No son los años, de verdad le digo. Si lo fueran no tendría inconveniente en confesarlo. Todo me resulta extraño, grotesco. Siempre ame la puesta de sol o el despertar del día. Siempre goce en soledad o en compañía de una hermosa muchacha cada crepúsculo. Me gusta apoyar mi cabeza en sus muslos o en su vientre y contemplar lo mágico, el ensueño. No ir descubriendo constelanciones ni contar que el reflejo que seguimos viendo en el agua o en el bosque es efecto del sol y no de la luna. Aprecio el estar, el dejarme llevar, el evocar cada mujer bella con la actual. O como la actual borra las imágenes de las otras.

Ahora se sacan fotografías. Jóvenes y seres adultos sacan fotos y miran de inmediato a través del teléfono celular o de la camarita cómo es la puesta. Y hablan, se ríen, se apiñan con botellas de cerveza. Los secretos y los sentimientos deben ser llevados al límite, aunque se fracase. Siempre vivimos la crisis entre lo que deseamos y podemos alcanzar, siempre la realidad socava el ensueño. Pero eso no importa. En nuestra juventud Ingmar Bergman nos enseñó cómo son las historias de amor. Para toda la vida.

Los jóvenes hablan por celulares todo el tiempo y juegan al Pókemon. Y llevan la laptop como identificación social, de clase, de ser. Vivimos la era de los inmigrantes digitales, se lee el libro electrónico de Amazon. No me siento amenazado por el mundo de las pantallas, querido amigo. No piense eso. Sucede que los muchachos no escuchan, sienten como pueden, andan con los auriculares del MP3, se comunican con mensajitos de textos. Y aparentan estar abombados. Los adultos también, qué duda. No hablo de parámetros, no quiero ser cruel. Ni tonto. Hay una industria del deseo que pasa por Internet. No hay libido, no hay vértigo. Con mi amada siento vértigo, siento pasión. Siento. Hay ambigüedad, hay posibilidad de discutir, de pensar, de hacer el amor en la alfombra o bajo la ducha. Me parece que “los otros” al no saber decir, al no sentir; no saben, no sienten.

Cuenta la leyenda que en la antigua Inglaterra la gente no podía tener relaciones íntimas sin contar con el consentimiento del Rey, a menos que se tratase de un miembro de la familia real. Cuando la gente quería procrear debía solicitar un permiso al monarca, quien les entregaba una placa que estaban obligados a colgar afuera de su puerta. Mientras tenían relaciones, claro. La placa decía “Fornication Under Consent of the King” (F.U.C.K.). Ese es el origen de tan socorrida palabra que solemos escuchar en las malas películas. Como ven, queridas lectoras, hay cosas que vienen de otras. El amor en los tiempos de cólera no siempre proviene de los brotes coléricos. Y los grandes pintores, Brueghel o Bosch, representaron las pestes. Pero ese es otro tema. ¿O no?

Dice nuestro querido Zygmunt Bauman: “El cuerpo no es sólo la sede y el instrumento del deseo, sino también un objeto del deseo”. “Es el cuerpo el que señala y el que habla”, escribió para el universo Maurice Merleau-Ponty. De eso se trata en las puestas de sol. De eso hablamos cuando nos referimos a la libertad, a la creación, a la anarquía, al amor. Solamente. De lo contrario hay un mensaje equivocado en las caderas de la amada, en sus senos, en su mirada. Ningún aspecto del cuerpo puede escapar a nuestra atención. Como en el recordado film de Bergman. O como en la Garota de Ipanema de Antonio Carlos Jobim. En fin, que estoy confundido con el tema de las fotografías ciegas, los mensajes de texto, el tedio represivo, el envejecimiento de los jóvenes y el aburguesamiento de mi generación.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

jueves 21 de enero de 2010

Pequeña oda al verano

El verano agita la incertidumbre sustentada
deslizándose sutil en las panaderías.
Restaura el desorden del gozo y de la fábula.
Apenas separada nombra la ausencia,
el olvido de la tarde aprisionado en el mirar,
perdido como un pájaro distraído.
El verano duerme su destierro,
la hartura consumida de una sombra.
Y un jacarandá llamando
debajo de grandes cielos azules
la frescura del aire y de la inmortalidad.
Un hálito apenas, un descuido estremecido
besando el rostro de la amada,
despertando la mano ritual entre las ropas,
las tibias riberas que devoran misterio.
Y la noche brilla en locas aluciones,
en la humedad del pubis
dejando párpados en su cabellera,
en delgados y melancólicos lechos
que levantan cuerpos sin desmayos,
escuchando los mundos en el recogimiento.
(Uno viaja sin moverse en un bosque flotante.)
Cuerpos con voces remotas en el mayor abandono
de la desmemoria, de la incansable belleza
mojando la luz y las nubes errantes.
Entrando, ¡oh, peregrino!
en la prisión airosa de la melancolía.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes 11 de enero de 2010

Revolucionarios y gorilas

Deseo recomendarle, amigo lector, que relea Cartas desde la Tierra de Mark Twain. Fueron publicadas por primera vez en 1962, más de cincuenta años después de su muerte. Si se ofenden por su ateísmo, no lo lean. También sería interesante que vuelvan a Un mundo feliz de Aldous Huxley. Fue editado en 1932 y su título tiene origen en un canto del acto V de La Tempestad, de William Shakespeare. Por último: Los viajes de Gulliver, la novela satírica de Jonathan Swift publicada en 1726. Una de las críticas más crueles de la condición humana. Estos tres libros para las vacaciones creo que están bien.

Es desolador como se mezcla y se confunde todo. Desolador y patético. Parecería que el hombre no comprende o está imposibilitado de hacerlo. Lo digo sin demagogia, claro está. Intelectuales brillantes, hombres de ciencia o de formación artística, seres con vocación humanista, las más de las veces no ven lo grotesco. Eso que está allí a la vista, eso que un niño lo señalaría con facilidad. Bueno, tiene razón, no todos los niños. La cosa viene de lejos.

No me interesa discutir los razonamientos de la derecha o lo que proclama una ideología reaccionaria. Ya lo sabemos. Sabemos que representa la Iglesia, el Estado, las corporaciones, los bancos, las empresas, los odontólogos, el derecho romano… lo sabemos y lo supieron hombres probos hace siglos. La hija del astrónomo Teón, Hipatia, es un eslabón de aquello que intentamos resumir. Lo dramático es qué se entiende por progresismo, por revolucionario, por libertad.

Usted sabe, fariseo lector, que sostengo teorías libertarias. Discutible, por supuesto, discutible. Pero es la única que aún permanece en mi como una llama. Durante décadas el Partido Comunista señaló en una suerte de Inquisición del hombre nuevo, que todo aquello que no pasase por su concepción era reaccionario, agente del imperialismo o secuaz de la CIA. Y quedó la marca. Diluída, sin criterio, pero el halo sigue dando vueltas. Nacieron los mitos, las leyendas. Hicieron listas negras donde estaban Camus y Ionesco, Pirandello y Orwell. Se ocultaron datos de manera desenfadada, siniestra. Desde los campos de concentración o Gulag (qué no dijeron los camaradas de Solhzenitsyn) hasta los crímenes más absolutos en la Guerra Civil Española o en México. Pero los camaradas leían Novedades de la Unión Soviética y todo estaba en orden. El mal estaba afuera: en la Alemania nazi, en la España franquista, en la Italia de Mussolini o en el liberalismo inglés. Y naturalmente lo falso, lo espúreo, lo irracional, lo consporativo, provenía del Pentágono. El potitburó estaba ajeno a eso. Era la Biblia, lo único digno, lo sagrado. Hasta embalsamaron a Lenin para cumplir con la tradición del culto a la muerte. Cientos y miles de datos. Montañas de documentos, de contradicciones, de engaños. Y paralelamente mártires, persecuciones, exilios. Una cosa va con la otra. Una cosa va con la otra. Así se hace el juego. Y los intelectuales comprometidos con la opresión. No todos, no todos. Brillantes creadores y pensadores anarquistas -y otros que no lo eran- vieron el engaño. Y lo denunciaron. Y pasaron a ser buenas personas pero equivocadas. O importantes creadores pero que trabajaron para la desestabilización o la contrarevolución. Insisto, hay bibliotecas enteras con documentos, fotografías, manuscritos, cartas.

Entre nosotros, lo que no es peronista es fascista. O gorila. La razón de mi vida, escrito por el valenciano, falangista, Manuel Penella, fue un libro de cabecera de generaciones. Como si lo hubiese escrito Rosa de Luxemburgo. La confusión general, ubuesca por otra parte, se genera a traves de engaños, claroscuros, conversos y leales, patriotas y traidores. Y sobre eso bombo, liturgia y sinarquía. Y más tarde cultura nacional, maniqueo, oportunismo, silencio cómplice. Se formó un gran caldo donde se mezclaron deseos y creencias, sectas y castigos. Una enorme capacidad de olvido de nuestra sociedad y la falta de autocrítica hacen el resto.

Vamos a recordar algo. Breve, pero interesante. Para saber dónde estamos parados o cómo todo, desde Perón hasta Kirchner es peronismo. Todo es parte de lo mismo, reitero. Un sentimiento, una conducta, un acto mágico.

El avión negro que trajo al General –Madrid-Buenos Aires– el 20 de junio de 1973 estaba acondicionado según órdenes de su secretario privado, José López Rega. En el sector A viajaban Licio Gelli, López Rega, Luchino Revelli, Giancarlo Valori, miembros de la Logia Propaganda Due (P2). En el sector B Juan Perón, Isabelita, Cámpora, su esposa Georgina, el coronel croata Milo de Bogetich, la esposa del embajador en España, José Campano.

En marzo de 1974 el General sentía que su organismo iba decayendo. No obstante se sintió con fuerzas para recibir al presidente de Rumania, Nicolás Ceausescu junto con su esposa, Elena. Ceausescu, joven lector, fue uno de los dictadores más brutales de la Europa del Este. A Ceausescu y a su esposa se les entregó el Collar de la Orden del Libertador San Martín y la Universidad de Buenos Aires lo nombró Doctor Honoris Causa. Vale la pena recordar que durante su primer gobierno no recibió al Premio Nobel de Medicina, 1947, Dr. Bernardo Alberto Houssay por ser antiperonista o contrera como solían decir despectivamente. O gorila.

El 1 de Mayo el líder habló desde los balcones de la Casa Rosada con una protección especial. Montoneros, fuerza que él protegió en más de una oportunidad, le decía desde la plaza: “¿Qué pasa, qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”. Esto enfureció a Perón; los llamó “imberbes y estúpidos”. Montoneros, al retirarse, contestaron: “Rucci, traidor, saludos a Vandor”.

Luego vienieron las nefastas consecuencias, el horror del Terrorismo de Estado (el PC Argentino sostenía que Videla era progresista, no así Pinochet), la demencia de una sociedad cada vez más enferma. Y volver una y otra vez sobre hechos revolucionarios, míticos, populistas, progresistas, de algo que forma parte del delirio argentino. Por supuesto, caro lector, Hugo del Carril fue otra cosa.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes 4 de enero de 2010

Una rosa ácrata para Anselme Bellegarrigue

Me abro a tu fervor junto al sol y a la luna,
hacia islas y tardes interiores
en la respiración intensa de la vida.

El odio y el amor se estrechan,
no hallan refugio en la desidia,
en esta brutalidad
donde un viaje de encendida llama
palpa el vigor del poseído.

El odio y el amor contagian virtud
como la palabra del príncipe Kropotkin
o una pintura de Courbet.

Vienes desde la soledad;
el corazón guiado de batallas
en la osadía del ánimo y la degradación.
Todos, alguna vez, elogiaron tu nombre o tu dolor,
tu entusiasmo. En lo más hondo
la ingenuidad era una goleta semihundida.

He llenado mi corazón con tus palabras:
rebeldía, gozo, egoísmo, libertad.
Explotación, codicia. He asentado tus dioses
en mis labios: pájaro,bondad, obrero, hembra.
Mostraste los cadáveres, la luz o la conciencia
de los hombres serviles.

La historia nació y murió en vos.
Señalaste sarcófagos de bronce, lo abyecto de los templos,
la locura de reyes, las guerras, el oprobio del oro.
Y las leyes celestiales del brebaje.

Aquí estoy. Solo junto al mar
mirando en la noche las estrellas homéricas,
avergonzado de tanta oscuridad y tanto gesto inútil.

Intentando escuchar el lenguaje insurrecto del poema.
En lo monstruoso y bello de la hondura.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

Artículo de Carlos Penelas en la revista digital española "Letras"

"Qué leen cuando me leen", incluído en el último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes, fue publicado en la edición de enero de "Letras (Fuengirola)".

Se trata de una revista digital española dedicada al arte, la música y la literatura. Para leerla, haga click acá.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Elegía

…en la oscura, desierta y dura tierra.
Garcilaso de la Vega

Sin ellos el mundo está sin límite.
Desde cada lugar solitario, los miro.
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud.
En ellos la sombra que protegió mi infancia,
la esplendente libertad y el fulgor.
Madre cruzando bandadas de pájaros,
volando junto a nubes, deslizante.
El hálito mágico del padre
repartiendo dones, regresando en partidas.
Permanezco continuo
como una mano tangible.
Me descubro colmando la mar
y la certeza del pecho.
Así son los dioses terrenales;
vuelan en las entrenoches, sorpresivos.
En este sendero de ondas y alboradas
aprisionan la luz, el aire, los talones.
Vitales renacemos en sus voces.
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 30 de diciembre de 2009

martes 29 de diciembre de 2009

La botica del poeta

Piove, goberno ladro
(refrán italiano)


“Nunca llueve como truena” escribió Federico Schiller, junto con Goethe una de las figuras centrales de la cultura en Weimar. Naturalmente no por esta frase. Todo se vuelve extraño en el mundo del arte. La industria cultural penetra sin piedad; borra, olvida, encierra, genera marcas. Las citas, las instalaciones, los íconos. Pienso que es una burla donde entran a negociar los marchand, los señores catedrádicos con sus saltos oportunistas, los críticos engolosinados con lo snob y las cuentas bancarias. Y la estupidez del ser humano con su carga supuestamente intelectual. Tenemos cientos de ejemplos. Uno de ellos es la instalación en Venecia (2009) representando el suicidio de un coleccionista. Su autor: Mauricio Cattelar, olvidable sin duda. Olvidable el autor, el mensaje, y “la obra”. Surgen sonidos, canciones, videos, batidoras digitales, performances. Importa “el contagio”, la posibilidad de “contagiar” y ser “transformado”. Ahora cualquiera puede ser artista. Así de simple. Se juega al escándalo: un tiburón sumergido en formol dentro de una pecera es la obra más representativa de los últimos tiempos. (No hablemos de literatura, de los premios literarios, del lavado de dinero de las editoriales o incluso de las librerías enormes como supermercados). Es tan burdo, tan torpe, tan demencial que no podemos creerlo. Asi va todo, asi va todo. O casi todo. Por ejemplo; el artista italiano Gianni Motti se adjudicó la autoría de un terremoto en los Alpes en 1994. Santiago Sierra tiñó de rubio el cabello de doscientos vendedores ambulantes –inmigrantes- durante la 49 Bienal de Venecia. Orlan sometió su rostro a cirugías extremas; Eduardo Kac, el padre del arte transgénico, creó a Alba, una coneja fluorescente. Hay más ejemplos. Un accidente si es provocado es una obra de arte. Si no es planificado, es un accidente.

La obra de poetas, novelistas, dramaturgos de valor, de trascendencia, queda en el olvido, o en sectores minoritarios. ¿Cómo citar a Victor Hugo o a Camoens? ¿Cómo interesar a las nuevas generaciones en la literatura de Valle-Inclán, de Sarmiento, de Ciro Alegría? ¿Cómo hacer para que aprecien la dimensión de Menghi o el mundo secreto y ontológico de Porchia?

Italo Calvino y Césare Pavese – personalidades disímiles – eran fundamentalmente estudiosos, amantes de un silencio creador, hombres esquivos que evitan, que eluden. Hombres callados – que jamás callaban nada – que evitaban toda aglomeración de seres, de premios , de vernissages. Severos en todo: en el compromiso social y político, en el compromiso histórico, en la búsqueda de una estética y de un lenguaje. Pocos como ellos en la austeridad del silencio como forma de vida, como fruto de la soledad y del sentir. “Su espléndido amor por el mundo / fermentado y enrevesado de la fábula”, escribió Pier Paolo Pasolini de Calvino. De Pavese poco puedo decir: lo amé profundamente durante mi juventud: leí con pasión sus libros. Lo sigo releyendo junto a Vasco Pratolini.

En una conferencia pronunciada en La Plata, el 18 de mayo de 1884, Ameghino dice, entre otras cosas: “Con los canales de desagüe es posible que no se eviten por completo las inundaciones, como parece creerse. Las aguas excedentes de las planicies elevadas y terrenos de poco declive corren a los ríos con lentitud, pero es permitido suponer que por medio de los canales de desagüe se precipitarían con mayor fuerza y prontitud a los cauces de los ríos o a los puntos bajos hacia donde se les diera dirección. Si así sucediera, o habría que dar a los canales de desagüe una capacidad extraordinaria que exigiría un costo enorme, o las crecientes y desbordes se producirían con mayor rapidez que ahora y ocasionarían estragos aún más considerables”. La población de San Antonio de Areco ha sufrido en estos días los estragos de una dramática inundación. Este dato me lo hizo llegar el amigo Oscar Taffetani. Después de 125 años las cosas se complican.

Para finalizar, queridos amigos, les entrego un relato de nuestro tío Franz. Otra vez les haré leer un texto del generoso amigo José Conde, orensano el poeta, que llevaba la insurrección y la ternura en nuestra mirada.

La partida
Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: “¿A dónde va el patrón?” “No lo sé”, le dije, “simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta”. “¿Así que usted conoce su meta?”, preguntó. “Sí”, repliqué, “te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

jueves 24 de diciembre de 2009

Fotos de Chile

En noviembre Carlos Penelas estuvo en Santiago de Chile presentando su último libro, Fotomontajes, que fue seleccionado para representar a la Argentina en la 29º Feria Internacional del Libro trasandina. Aquí, algunas fotografías.

martes 22 de diciembre de 2009

Carta a Carlos Penelas, por Ricardo Oscar San Esteban

El poeta santafesino escribe sobre el último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes.

El príncipe Kropotkin

Carta a Carlos Penelas: estuve leyendo tu libro, que anteriormente había ojeado y hojeado. Cuando me di cuenta, los escasos pájaros que quedaron después el glifosato habían comenzado a cantar y amanecía. Mis recuerdos me llevaron a mi infancia, a un baúl que era propiedad de Pinillas, un amigo y paisano de mi padre, que era aragonés, de Zaragoza. Pinillas venía y se quedaba unos días en casa, comía caracoles y cangrejos que mi madre cocinaba como los dioses, bebían vino con mi padre hasta comenzar a hablar pavadas, luego partía hacia ignotos destinos y retornaba a los meses, recuerdo que dejó un libro: Historia universal del proletariado (ahí venía la historia de Espartaco, El Héroe Tracio) y su baúl de papeles. Nunca supimos que fue de su vida posterior. Mi padre era baturro y como tal, inmensamente noble pero terco, había aprendido a leer y a escribir en una panadería en Trancas, Tucumán, donde el maestro de pala era anarquista, había sido maestro de escuela en España y entre horneada y horneada le enseñó las primeras letras. Mi padre murió joven y yo tuve que hacerme cargo de mi familia, nunca supe que se hizo de aquel baúl de Pinillas que mi padre guardó hasta su muerte. Mi familia de España desapareció casi toda en la Guerra Civil. De joven comencé a militar en el gremio de Luz y Fuerza, a los dieciocho años ya era delegado y hasta hablé en un acto de la CGT, muchos de mis compañeros anarquistas se hicieron peronistas. Junto con Agustín Tosco participamos en comisiones, paritarias y huelgas. Yo me afilié al Partido Comunista, él no, aunque siempre se aconsejó de nosotros y cuando estaba muy enfermo lo internamos en el Sanatorio Británico de Rosario, donde falleció. Me echaron del trabajo, me becaron para estudiar en Moscú y conocí a Ho Chi Min, a Chou En Lai, al Che Guevara, a Luis Carlos Prestes, a Fidel Castro, a La Pasionaria (la voz de mujer más prodigiosa que he escuchado). Ahmed Ben Bella, Marulanda (Tiro Fijo) y tantos otros estudiaron conmigo, muchos murieron en combate, otros defeccionaron. No quiero extenderme. El pueblo ruso es un pueblo maravilloso, solidario. Una de las más bellas estaciones del Metro se llama Kropotkínskaia; Bakunin y aquellos anarquistas son muy respetados. Mucho después yo tuve encontronazos con el Partido Comunista de aquí (hasta llegaron a aflojarme la rótula de dirección de mi auto, casi me mato junto con mi madre y mi compañera de entonces). No sé si me fui o me fueron. Sin embargo, no todos han sido Stalin ni Codovilla, tengo amigos del alma desaparecidos, así como hubo cabronadas y crímenes también hubo mucho heroísmo, desde 1930 la represión estatal en nuestro país ha sido feroz. Creo que tanto anarquistas como comunistas, los de verdad, no de cartón, estamos en la misma trinchera y seguramente los que partieron no serán olvidados. Tu libro es muy bueno, tiene una prosa elevada y tu sapiencia es manejada con soltura. Sigamos en contacto.

Ricardo Oscar San Esteban

Introducción a la poesía amorosa, en la Biblioteca Sánchez Viamonte

Carlos Penelas realizó una "Introducción a la poesía amorosa" en el acto "El amor en la poesía", que se llevó a cabo el viernes 19 en el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. Leyeron Rocío Danussi y Mario Keegan.

"El amor en la poesía" fue la última actividad cultural del año del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Rocío Danussi, encargada de la selección de textos y armado del acto, leyó poemas junto a Mario Keegan.

La apertura del acto estuvo a cargo de Carlos Penelas, quien realizó una "Introducción a la poesía amorosa".

Más información, fotos y videos en www.carlossviamonte.com.ar

lunes 21 de diciembre de 2009

Cuentos de Navidad

Gracias a Dios, querido lector, hay temas que nos unen. No dudamos, por ejemplo, de la seriedad y el sacrificio que realizan nuestros legisladores. No dudamos, gracias a Dios, de sus gestos patrióticos, sus esfuerzos, sus gustos por determinadas cenas y banquetes. A veces, es verdad, parecen pagados de sí mismos. Al votar nos da una cosa que parecería que no tuvieran escrúpulos ni vergüenza. Al verlos escurridizos en ciertos restaurantes reservados, encorbatados, con zapatos finos y miradas lúcidas llegamos a desconfiar. Pero son instantes, sólo instantes. Gracias a Dios están ellos y no los militares, los curas, los empresarios, los grandes trust internacionales, el lavado de dinero, el Pentágono o los sucesores del estalinismo. Ellos pueden controlar a la policía, el comercio en negro, el lavado de la droga y los negociados de los otros empresarios; los sindicalistas, digo. Gracias a Dios todo está en orden. Los populistas siguen siendo populistas, los profesores de historia desconocen Historia, nombramos la Carta del Lavoro y nadie sabe de qué estamos hablando. El salario de los jueces, el de los fiscales y el de los gobernadores. Las escuelas, las huelgas, los hospitales, el hambre, la desocupación, las mafias, los cuarteles, la publicidad, el paco, los ministerios, las señoras legisladoras peripuestas y pavoneándose como quinceañeras, los intelectuales de televisión, los periodistas de política internacional, los jugadores de fútbol y las botineras… en fin todo marcha como Dios manda.

Y hablando de Dios debo confesar una gran alegría. Deseo compartirla con usted, querido lector. (Permítame llamarlo, al menos una vez, amigo). Días pasados entré a una iglesia y luego de ver sus íconos, la simbología en retablos y paredes, advierto al retirame una columna de mármol, de un metro cincuenta aproximadamente. Y una inscripción: “Descansamos hasta el día de la Resurrección ”. Un jarrón con flores en su superficie y dos jarrones con otras flores al pie. Intenté buscar algún sacerdote o sacristán pero no los encontré. “Estarán haciendo la siesta o meditante”, pensé. “Tal vez estudiando sánscrito o alguna versión de Horacio en latín”. Al salir me dirijo a la secretaría y pregunto a un joven qué significaba esa columna. Muy amablemente me explica que es un ceniciario , que hace un año que está en algunas iglesias. “No en todas”. Que el sacerdote las tira o las deposita o las guarda -no recuerdo el término que empleó- y le dan un certificado. Es serio, que duda cabe. Un cementerio privado pero al cuidado directo, personalizado, explicaría una joven vendedora. Me comenta con suma cordialidad que rezan una vez al mes por aquellas almas o restos de huesos a la espera del día del Juicio Final. Le pregunto si puedo traer las cenizas de mi familia. (Pienso en mis padres y en mis abuelos, tal vez me hagan precio. También me pregunto dónde diablos estarán.) El joven me responde que sí, que puedo llevar a mis seres queridos. Respiro profundamente y estoy en paz. Me siento mejor, mas tranquilo. No se explicarlo pero usted casi seguro siente lo mismo. ¿O no?

Gracias a Dios la servidumbre involuntaria tiene sus consignas y sus estrategias. El pueblo no es idiota, los hombres no son idiotas, las mujeres tampoco. Quieren que se les engañen, necesitan que se les engañen. Vivir de otra manera sería espantoso. Pero ese líder o militar o profeta debe ser más inteligente que ellos, más malvado, más ruin. Así, groseramente. De lo contrario se descubre la mentira. Todo esta deformado: el saqueo, el paisaje urbano, el temor estigmatizado de ser tildado de reaccionario. El pueblo es incrédulo, es astuto, es indiferente. Y no lo digo por demagogia, que quede claro. Pregunténle a Ionesco o a Pirandello si lo que señalo le parece torpe.

El problema del burgués y el lumpen es que se conozca, que sepa de su estupidez, de su falta de valor, de su vitalidad corrupta y egoísta. Eso no lo debe saber nunca. El otro es el corrupto, el subversivo, el avaro o el cornudo. El otro, yo no. El individuo aspira a la moral y es básicamente inmoral. Por eso los políticos tienen aire de cinismo y de arbitrariedad. Como los profesionales, los comerciantes o los ladrones. O los directores de cementerios o de las academias de peluqueros. Se sienten felices cuando cocinan a fuego lento su felicidad, cuando le planifican vacaciones, jubilación, enfermedades, hoteles, cementerios: las normas a seguir en una sociedad pornográfica. (Todo no es así, Penelas, todo no es así. Parece que usted no quiere ver otras cosas.) Sí que veo seres que se sacrifican, que luchan por un mundo mejor, que dan todo para la humanidad y para el otro. No son tantos, no son tantos. Bueno, déjeme hablar desde lo emocional, como Danton. En el fondo creo que nadie en el mundo se hace muchas ilusiones respecto a la sustancia política de las elecciones ni a los Premios Nóbel de la Paz o de Literatura. La humillación simbólica tiene lo suyo. Las conquistas sociales parecen ser fases de una neutralización que no cesa. De ahí el delirio de muchas respuestas de izquierda y el acartonamiento de la socialdemocracia. El resto ya sabemos de qué se trata. ¿Vale la pena discutirlo?

Gracias a Dios he releído La presa de Kenzaburo Oé. A propósito ¿conoce el mundo deshumanizado y desprovisto de verdadero afecto que propuso el dramaturgo Joe Orton? Ávido lector, recuerdo siempre la cita de Dante: “todos los hombres por naturaleza, desean saber”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009