miércoles, 21 de febrero de 2018

Una historia de película

La natación ha sido registrada desde los tiempos prehistóricos. Los expedientes más antiguos son pinturas realizadas en la Edad de Piedra. Hay referencias en la Ilíada y en la Odisea. Hay referencias en Rabelais. En 1538, Nicolaus Wynmann, un profesor alemán de idiomas, escribió el primer libro de natación, un incunable de nuestro deporte: El nadador o un diálogo en el arte de nadar. El título original fue el de “Colymbetes, sive de arte natandi, dialogus & feftiuus & iucundus lectu”, es decir, “Colymbetes, o el arte de nadar. Dialogo divertido y de amena lectura”.

El nadador o un diálogo en el arte de nadar
Dibujo del libro de Nicolaus Wynmann de época, 1538

He contado, en más de una oportunidad y en diversos lugares, que junto a la literatura, la pintura, el cine, el teatro y las artes en general, amé el deporte, lo practiqué y lo sigo haciendo. Pelota a paleta, box, fútbol y natación fueron acompañándome a lo largo de la vida.

Raquel, mi hermana mayor, me hizo socio a los diez años de Gimnasia y Esgrima. Evoco su Sala de Armas, el trinquete, el hammam o baño turco, su pista de hielo, el gusto y la elegancia de sus socios, los vestuarios, su biblioteca, el salón de lectura, los bailes en la sede de Palermo, la leyenda de don Ricardo C. Aldao. Presencié demostraciones de box, competencias en pesa, lucha libre, torneos de ping-pong, patinaje artístico. Allí nadé a los once años, por primera vez, representado al club. No puedo olvidar las clases de ajedrez del maestro internacional Jacobo Bolbochán. Y su eterno cigarrillo.

Voy dos veces por semana a nadar. Me zambullo -hasta hoy hago los veinticinco metros por debajo del agua- y converso con algunos amigos. Hace unos días, luego de la rutina, en la parte baja, la veo a Gabriela Fazio, afectuosa y atenta guardavida. Le pregunto cómo me había visto esa mañana. Con afecto responde: “Como Johnny Weissmüller”. Miro a una señora que estaba en el otro andarivel y le digo con ironía: “Lo escuchó, ¿verdad?” Ella sonríe y comenta: “Nunca me gusto Johnny Weissmüller y mucho menos los otros tarzanes. Mi tipo de hombre siempre fue Fernando Lamas”.

No solamente me causó gracia, no pude evitar una sonrisa, sino que me resultó extraño que alguien lo recordara. En una sociedad donde la degradación está a la orden del día casi todo se desprecia, se malinterpreta o se torna burdo. Con un gesto de felicidad me confiesa: “Yo nací en una pileta, Fernando Lamas fue mi partero.”

He conocido nadadores y conversado a lo largo de la vida con algunos de ellos: Luis Alberto Nicolao, que obtuvo dos veces el record mundial en mariposa a los 17 años en 1962; el profesor de waterpolo de mi hijo Emiliano, Gentile, que participó en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948; Alfredo Camarero, nadador de Capri-Nápoles, el Canal de la Mancha, campeón mundial de aguas abiertas. El profesor Pico, inolvidable pechista, fue el hombre que me enseñó a nadar, a los once años, en cuatro días. Recordando siempre a Alberto Zorrilla, Pedro Candiotti, Jeanette Campbell. Y en estas horas Damián Blaum con un record mundial. También tuve la fortuna de crecer admirando a grandes deportistas del club en tenis, fútbol, boxeo, baloncesto o rugby. Y la presencia mágica de Vito Dumas. Desde mi juventud la literatura, los museos, el teatro y el cine se complementaban con el deporte.


Pero volvamos a Martha, nuestra nueva amiga. Su madre era nadadora y concurría diariamente al Hindú Club. Su padre, luego aviador, jugaba al tenis. Su madre tenía dieciocho años y estaba embarazada. Una mañana en plena brazada siente que está por parir. Pide ayuda, no hay tiempo. Pero allí hay un joven nadador, musculatura corporal perfecta, buen mozo, varonil, mirada romántica – un metro ochenta y cuatro, cabello castaño, ojos serenos, piel clara de origen europeo - poco mayor que ella. La lleva a la parte baja de la pileta, la toma de los brazos, la sienta en el borde frente a él, le quita la malla y recibe a la recién nacida. Sí, no se equivoca querido lector, hablamos de Fernando Lamas.

Fernando Lamas fue actor y director argentino que hizo casi toda su carrera en Estados Unidos. Había nacido el 9 de enero de 1915 y fue un gran deportista: hizo hípica, natación y boxeo. En 1951 firma un contrato de exclusividad con la compañía Metro-Goldwyn- Mayer. En Hollywood es el auténtico latin-lover. El galán que filma con Lana Turner, Esther Williams, Denise Darcel y Raquel Welch. Fue esposo de Perla Mux (cantante y actriz argentina), Lydia Babacci, Arlene Dahl y con la nadadora y actriz Esther Williams.

Ayer volví al club, a la pileta. Casi todos saben que estoy entusiasmado con la historia de Martha, mi nueva amiga Martha Elsa Gazcón, ahijada de Fernando Lamas. Nada más ni nada menos. Me contó sucesos de su madre, Dolores Elsa Larriera, nadadora y luego amiga de Fernando y de Perla Mux. También recordó anécdotas de su padre, Adalberto Raúl Gazcón Aráoz, que fue aviador civil. Es muy bello advertir cómo se ilumina su mirada al reconstruir aquellos años; la elegancia de su padrino, el afecto que les brindaba cada vez que iba a visitarlos. Debo escribir esta historia, me dije. Al fin y al cabo es una historia de película. Ahora pienso que me hubiera gustado que mi madrina fuera Mónica Vitti. Cosas de la imaginación, cálido lector, de la imaginación.

Martha sigue nadando, reviviendo semblanzas con plenitud. Nos vemos, estimado leedor, nos vemos. No se olvide de contar esta crónica a sus amigos. Por el padrino y por la ahijada. Vale la pena, no lo dude.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2018

miércoles, 14 de febrero de 2018

El auge de la imbecilidad

Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano.
Goethe
 

Caro lector, amigo, por favor lea estas líneas con detenimiento. Éste artículo es un epítome. Sé que la literatura si no ofrece encanto cae en el olvido. Sucede que hoy me levanté iconoclasta. Sí, no me reproche, no me diga nada. Sé que hay gente pulcra, investigadores con talento, hombres y mujeres solidarios, jóvenes plenos de utopías y bellezas, adolescentes enamorados, niños creativos, señores honrados. Lo sé, no me reproche. Sé también que buscamos la felicidad, el porvenir, el gusto por las mujeres hermosas, el deleite del mar o la montaña. Y también el olvido. Pero hoy sentí la degradación, la perversión, los actos alucinados, el engaño sistemático, la farsa, lo primitivo, mutaciones, estertores demagógicos, indolente prepotencia. Miedos, consignas y mentiras. Mítines, rencores, venganzas, lupanares, héroes, mártires y desprecio. O si usted quiere: me desperté harto de las imbecilidades cotidianas, de la falta de cultura, de criterio, de sentido común, de interpretaciones descabelladas. Sin meternos con obispos pedófilos ni en las arcas del Vaticano. Amén.

La sociedad del narcotráfico crece sin límite. Pero hay más, todo de la mano. Desde la telefonía celular, la hiperconexión, la ansiedad, la obligación de llenar un vacío, la superposición de tareas, el home office, la necedad de la necedad, las pantallitas pletóricas de gansadas. Nuevas tendencias supuestamente progresistas, la falta de tacto, la pérdida de elegancia. Y las cadenas de comidas, los flamantes lugares en los cuales se reúnen generaciones de abombados, donde creen que piensan y actúan desde “la libertad”. Y cuestionan sin base, sin formación. Y opinan, si lector, opinan con certeza, sin duda, con fidelidad. De lo que sea. Y cambian de opinión con la misma insensatez. Un fárrago de contradicciones siempre virgen.

Así estamos con los populismos de izquierda y de derecha, en este territorio y en los otros, agitando banderas, odios, líderes, pancartas, dogmas, negociados, fachadas, luchas imaginarias y teorías excéntricas. Entonces: desatino, imprudencia, disparate, embuste, extravío. En lo político, en lo sindical, en lo económico, en lo social, en lo educativo. Profesionales lamentables, jueces lamentables, caballeros lamentables. En lo ético y en lo estético. Rodeamos de pseudos filósofos, pseudos intelectuales, pseudos artistas. Sin entrar en el feminismo, que se las trae. Ni en modas culinarias o en clases de gimnasia y la energía cósmica. Mucho menos con los movimientos tercermundistas. La tecnología ha vencido a la ciencia, compañero. Nos presentan la memoria del horror en tonos y gestos maquillados para la ocasión. Mafia, intransigencia, corrupción, hipocresía. Tampoco opinaremos sobre el alquiler de vientres ni en las cirugías plásticas ni en las características biológicas o fisiológicas o psíquicas del ser. Ni en los tatuajes de brazos, piernas, muslos y entrepiernas. Y nalgas. Y los nacionalismos, caballeros, los nacionalismos. Un paquete con todo; incluida la esquizofrenia. Sin tocar las tesis en torno a los veintidós millones de refugiados, los dreamers, Instagram, Facebook, los fundamentalistas, los apátridas, las declaraciones, los pésames y los aplausos. Así estamos, caro leedor, así estamos. Sé lo que piensa: “Penelas, lo suyo es cultural, es anacrónico; envejece”. Lo dejo allí, lo dejamos allí. Hoy colaboran con el artículo dos queridos amigos. Aquí se los presento.

Avelina Lésper.
“No fueron pocos los que se identificaron, hace un par de años, con aquella mujer de la limpieza de un museo alemán tan celosa de su trabajo que se empleó a fondo para eliminar unas terribles manchas que había en una de las obras expuestas. Ni se le ocurrió sospechar que formaban parte vital de la pieza Wenn es anfängt durch die Decke zu tropen (Cuando empieza a gotear el techo) del artista Martin Kippenberger, valorada en 800.000 euros. El Museo Ostwald de Dortmund (cuyas primeras entradas en Google son sobre el suceso, superando a su web oficial), llegó a afirmar que “estamos intentando aclarar cuanto antes qué tipo de capacitación tiene el personal de la limpieza”. La crítica de arte mejicana Avelina Lésper diría que esa pobre trabajadora, además de un gran sentido de la pulcritud, tenía también un gran sentido común. Lésper, colaboradora de diferentes medios de comunicación latinoamericanos y directora del programa de televisión El Milenio visto por el Arte, es una de las voces que más suenan contrarias al arte contemporáneo, cuestionando desde los ready-made (el uso de objetos comunes como el urinario de Duchamp) a las performances efímeras.

-¿Cómo definiría el arte contemporáneo en una palabra?
-Fraude

-Explíquese…
-Carece de valores estéticos y se sustenta en irrealidades. Por un lado, pretende a través de la palabra cambiar la realidad de un objeto, lo que es imposible, otorgándoles características que son invisibles y valores que no son comprobables. Además, se supone que tenemos que aceptarlos y asimilarlos como arte. Es como un dogma religioso.

Albert Boadella.
“La pintura de Picasso se fue convirtiendo con el tiempo más en un acto financiero que en un acto artístico y él fue muy consciente de ello”, señala el director, tras un ensayo de la ópera. “Picasso es un fetiche”, agrega. Picasso fue un genio, un hombre con una mano y una mente dotadísimas para el arte y la pintura. Una figura indiscutible que, sin embargo, el dramaturgo quiere poner en discusión. Y lo hace sin pelos en la lengua y abiertamente. “Un artista puede, en un momento de su vida, decidir el camino a seguir, profundizar en su arte cueste lo que cueste o declinarse hacia una cierta facilidad, buscando oro y fama. Esto último fue lo que hizo Picasso, que asestó así un golpe mortal a la pintura”.

Y algo más: “Acabó con la época de Monet o Cézanne, cuando el pintor trabajaba días y días sobre un cuadro. Industrializa, de alguna manera, el arte, al hacer 20 o 30 obras al día. Picasso fue un genio desaprovechado y sobrevalorado. Incluso me atrevo a decir, aunque parezca un sacrilegio, que El Guernica no es una obra importante. Es importante sociológicamente, pero no artísticamente. En el fondo, no deja de ser un graffiti”.

Le hago este legado sin cobrarle, querido lector. La próxima vez es posible que escriba sobre Anselme Bellegarrigue o Eeva Kilpi. Créame, dos personalidades fascinantes. O tal vez se resuma todo leyendo Esperando a Godot. Qui le sait?

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2018

miércoles, 31 de enero de 2018

Una historia pequeña, pequeña

Hoy, querido lector, no les hablaré de Misia Sert ni de Bonnard, Balenciaga, Cocteau o Thomas Mann. Mucho menos de Erika Mann o de Eduardo Pondal.


Tampoco haré referencia sobre la literatura de Borges, Molinari, Ciocchini o Luis Franco. Hablaré de algo que tal vez simboliza el azar de la vida, los laberintos del amor, los destinos cruzados.

Mi padre, que trabajó desde los seis años como jornalero en Espenuca -una aldea mágica convertida luego en Principado por obra de un poeta-, que conoció la fábrica a los once años, llegó a ser el hombre que tuvo en Buenos Aires un negocio casi único: Lencería Ducal, lencería a medida. Eso fue por los años cincuenta. Una de las lencerías más importantes de Buenos Aires, es decir una de las más refinadas de Hispanoamérica. Luego, los avatares políticos, sociales y económicos lo llevaron a cerrar. Allí regresó al llano y, con más de sesenta años, fue vendedor de licores finos de una empresa española. La cual también cerró al poco tiempo.

Aquí comienza nuestra historia. Por unos amigos es nombrado gerente de la Asociación Bancaria Argentina de Deportes. Mi padre hacía años que era viudo. Por esos años vivíamos los dos juntos, mis hermanos ya se había casado y partido a sus nuevos hogares. Mi padre amaba el fútbol y el box, algo del automovilismo y casi nada del resto.

Ocurrió que comenzó a ir a un campo de golf: Ituzaingó Golf Club, en San Antonio de Padua. Me contaba que los sábados iba a leer a un lugar donde el verde ocupaba un lugar fundamental, que se sentaba a contemplar los árboles mientras en sus manos sostenía un libro de Baroja, de Valle-Inclán o de Galdós. Autores leídos y releídos. Recordemos que El Quijote lo leyó once veces.

Un día, me dice, caminando por el prado ve que caen cerca suyo unas “pelotillas blancas”. A lo lejos unos hombres agitan las manos. Don Manuel Penelas, hombre cordial, que sabía de la civilidad, levanta su sombrero Lagomarsino, panamá de verano, y responde con cordialidad y simpatía. A la hora se entera por un muchacho que había caminado por el medio del campo de juego. Que los hombres que levantaban los brazos no lo saludaban, que eran los jugadores y le rogaban que saliera. Hay más anécdotas pero una basta.

Con los años supe que mi padre salía con una golfista y allá se encontraban, tomaban el té, conversaban. La conocí meses después de la muerte de mi padre. Una noble mujer; sensible, sobria. Sabía mucho de mí, sabía que escribía, que mi padre siempre hablaba de Carlitos, que compartíamos lecturas y tertulias en el Café Paulista de Córdoba y Callao.

Al año de su fallecimiento la Asociación Bancaria Argentina de Deportes y el Ituzaingó Golf Club realizan un torneo especial. Se jugó la Copa Manuel Penelas. Me convocaron a entregar el trofeo.

Cada tanto evoco esos años (hablamos de la década del setenta) con infinita ternura, con callada emoción. Son esas historias que conforman un universo, un misterioso universo pleno de dignidad. Dos seres mayores que continúan amando la vida y la felicidad. Por eso, querido lector, quiero que recuerde esta historia pequeña. Algo más: mis hermanos nunca se enteraron.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2018

viernes, 26 de enero de 2018

Un poema y portada de "El mar en un espejo de otoño"

Editorial Dunken publicará en febrero El mar en un espejo de otoño, poemario de Carlos Penelas. Anticipamos la portada del libro que lleva viñeta de Eugenia Limeses y el poema XVII. Al final del libro se publican, por primera vez, juicios y comentarios en torno a la obra del poeta.


XVII

Con humana ternura las hojas de la fuente
deslizan su cansancio. El aire quiebra
el silencio de las veletas. Entonces,
la soledad detiene la lengua natal
que mis hermanos susurraron en la infancia
en el remordimiento de la belleza.
(Hay cosas que no puedo recordar,
cosas que me nombran en sueños).
¿Qué haces allí, padre, entre la niebla
y la emanación de la nada?

sábado, 20 de enero de 2018

"El mar en un espejo de otoño" de Carlos Penelas

El mar en un espejo de otoño es el título del último libro de Carlos Penelas, que se encuentra en proceso de edición. La Editorial Dunken, como viene haciendo desde hace diez años, publicará un nuevo poemario del autor de El huésped y el olvido. El nuevo poemario lleva viñetas originales de Eugenia Limeses y está dedicado a la memoria de don Ricardo E. Molinari.


En el prólogo el poeta nos advierte:

"Después de más de cincuenta años uno ratifica aquello que escribió, aquello que amó o sospechó amar. Reitera su pasión, su melancolía, su perplejidad, la percepción íntima del mar o del bosque, cierta morosidad en el monólogo del cielo y de las nubes. Las raíces, la ética, el combate contra el dogmatismo o lo irracional suscitan pasión, mitología, angustia. Es cuando se une el vértigo de la intuición, lo insondable del idioma; vicisitudes que son parte de mi identidad. Desde joven me inspiró una cita de Aristóteles: la finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia.

lunes, 15 de enero de 2018

De la poesía, de lo lúdico

Escribáis lo que escibáis, evitad la bajeza: 
incluso el estilo menos noble tiene algo de nobleza.
Boileau


Uno siempre recuerda su infancia, sus juegos, la actitud de una familia. El amor de los padres, la voz de los hermanos, las formas de mirar, la cultura que nos ayuda a comprender el mundo y la vida. A preguntarnos de dónde venimos, adónde vamos, por qué soy como soy, cómo se puede conocer la realidad, descubrir que la historia social y política se halla entremezclada con la historia de la religión... Es allí, en el hogar, en nuestra familia -siempre lo sostengo- donde nacen las emociones, las simpatías, la elegancia, el gusto por la belleza. Las preocupaciones profundas contra las banalidades cotidianas Y el rechazo por lo soez, la chabacanería, lo grosero. La ética que lucha contra el dogmatismo, la demagogia, las tendencias populistas.

Roberto, mi hermano mayor, me decía cuando yo tenía siete u ocho años, que no comprendía de qué se reía la gente ante el cine de Chaplin. La discusión en casa, es necesario comentarlo, giraba entre la genialidad de Charles Chaplin o la de Buster Keaton. Luego se hablaba de Harold Lloyd, de Groucho Marx, de la vanidad de Oliver Hardy o la necedad de Stan Laurel. De allí, recuerdo, el salto a Jacques Tati. A mi, debo confesarlo, me maravillaba Danny Kaye. Y el dúo Dean Martin - Jerry Lewis.

Chaplin tenía entre sus temas escogidos la miseria, la pobreza, el alcoholismo, el amor imposible. El espectador se conmovía, se identificaba con el personaje principal y se reía a carcajadas. A veces boxeador, otras obrero, pintor, dentista, mesero, eterno vagabundo, afrontaba la crueldad de la vida. Junto a él, desde su interior lúcido y sensible, una despreocupación innata y los sueños de evasión. Y un bastón burgués que le daba aire de dignidad.

Chaplin explicaba: “Este personaje tiene múltiples facetas. Es al mismo tiempo un vagabundo, un caballero, un poeta, un soñador, un tipo desamparado…”

Mi padre, mientras tanto, me hablaba de la Guerra Civil Española, de Manuel Murguía, de carbonarios, de la masonería, de la música barroca, de la novelistica rusa del siglo XIX, de Miguel Ángel, del fascismo y del peronismo... y mis otros hermanos de pintura, de teatro, de jazz, de box, de esgrima, de fútbol, del infinito y lo absoluto. Como Carloncho era el menor, los escuchaba con devoción. Y así la síntesis totalizadora: mens sana in corpore sano.

Polibio escribía, a propósito de los ritos romanos, que “en una nación formada sólo por gente sabia sería inútil recurrir a medios como estos, pero como la multitud, por su naturaleza voluble y sometida, tiene pasiones de todo género, deseos irrefrenables, ira violenta, no queda más alternativa que contenerla con aparatos diversos y con temores misteriosos. Por eso creo que los antiguos no introdujeron sin razón en la multitud la fe religiosa y la superstición sobre el Hades, sino que más bien están equivocados quienes buscan eliminarlas de nuestros tiempos…”

Mucho después, nuestro amado Spinoza escribió en su Tratado teológico político: “Es cierto que el secreto más grande y el máximo interés del régimen monárquico consisten en mantener a los hombres en el engaño y en esconder bajo el especioso nombre de religión el miedo con el que deben tenerse sometidos, para que combatan por su esclavitud como si fuese su salvación. Por otro lado se verá que en una comunidad libre, no se podría ni pensar ni intentar nada más funesto”.

Es curioso como se va cristalizando en el ser humano la dualidad que marcará el proceso ideológico y fáctico durante décadas e incluso siglos. Demagogos o dictadores llevan esas actitudes dúplices. Con el agravante que lo hacen ante las mismas audiencias, plazas o seguidores. La gran masa le es fiel y no se detiene jamás en el análisis de sus frases o sus proyectos. Además, el poder tiende a la impostura, todo es más eficiente si se practica a oscuras, entre biombos, en alcobas o parques, en cotos lejanos. No es de extrañar que Mickey y Donald sean en estas horas idolatrados en China. O que las espadas toledanas se fabriquen en la tierra de Mao para que los turistas de todo el mundo se lleven un recuerdo ibérico, un aire del Cid, una bacía de Quijote. El obispo español Bernardo Álvarez, Tenerife, declaró que el abuso pedófilo se debe “a que hay menores que lo consienten”; acotando sin respirar “e incluso, si te descuidas, te provocan”. Por otro lado, en Corea del Sur, el noventa por ciento de la población tiene acceso a banda ancha. Eso significa que hay millones de usuarios obsesionados hasta casos de muerte frente a la pantalla. Crearon un complejo especializado (mitad campamento, mitad clínica terapéutica) para intentar recuperar a casi dos millones. Un dato, sin duda. Mientras tanto bosnios y servios, judíos y palestinos, indios y pakistaníes, rumanos y polacos, alemanes y africanos, hacen lo suyo. Por estas razones el Times eligió a Putin “hombre del año 2007” . Y ahora se viene la copa africana de fútbol. Y desaparecen los genocidios y la mano pegada a la cartuchera, a lo Wayne. Sí, eso ocurrió hace tiempo. Pero todo vuelve, como Francisco con sus glosas evangélicas, la historia de la Universidad Católica de Tegucigalpa, los fondos de inversión en Londres, el Banco del Espíritu Santo o la pedofilia eclesiástica. Política y moral. Así sea.

Tanto en Quintiliano como en Cicerón la oratoria tenía un ideal, era alguien que enseña la virtud y trabaja por el bien del país. Había un interés humanista en sus teorías estilísticas. Erasmo, lo mismo que otros de su tiempo preocupados por la educación, utiliza la obra de Quintiliano como modelo de formar al hombre en la sabiduría y la virtud. La expresión que utiliza Quintiliano es la que el orador ha de ser “un hombre bueno diestro con la palabra”.

Mi hermano mayor, obsesivo como todos nosotros, me llevaba al cine y me hablaba de Chaplin. Eternamente perseguido por la policía, era todo un símbolo de lo que representaba el orden. Chaplin supo contradecir el sueño americano y describir lo miserable y la miseria de los buscadores de oro. En la agudeza de su mirada el mundo poético. “En este mundo hay lugar para todos”, suelta el barbero judío como un mensaje de fraternidad en El gran dictador. La comedia burlesca me sigue apasionando. Como el recuerdo de aquellas tardes en el cine de barrio. Ahora, son mis nietos los que me guían con sus fantasías, sus ensueños, sus juegos. Lo lúdico nos acompaña, nos persigue, nos guía. Y otra vez escuchamos la voz de los mayores, digo, de lo clásico, de lo eterno.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2018

jueves, 11 de enero de 2018

Carlos Penelas, colaborador de PROPRONEWS

Bajo la iniciativa y dirección de José María Pagador - prestigioso periodista de larga trayectoria - nace PROPRONews un proyecto original en torno a la cultura, la economía, la política, la justicia, el arte... para poner al servicio de la sociedad española y de países de idioma castellano un instrumento de información libre e independiente.


Antes de cumplir los seis meses de su lanzamiento, hablamos con anterioridad al 3 de enero de 2018, el número de personas que visitaron sus páginas superaba las 600.000. PROPRONews se convierte en el lanzamiento del año en Internet. La dirección es www.propronews.com

sábado, 6 de enero de 2018

Homenaje a Castelao

Carlos Penelas participó del acto con motivo de cumplirse sesenta y ocho años del fallecimiento de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, organizado por galleguistas autoconvocados.


Se realizó el lunes 8 de enero en el vestíbulo de entrada del Centro Gallego de Buenos Aires, Belgrano 2199, esquina Pasco, y se dejaron rosas y un claveles rojo al pie del monumento.


miércoles, 3 de enero de 2018

Que trata sobre lo impúdico

Por fortuna no tengo que dar muestras de una formación republicana. En mi hogar se señalaban los crímenes del franquismo, del fascismo, del estalinismo. También se hablaba de la demagogia, del populismo, de la nefasta imagen de los gobernantes. De corrupción, engaño e intolerancia. Se hacía hincapié, se resaltaba, la grosería, las masas que seguían ciegamente a líderes que levantaban el índice y la voz en nombre del pueblo, la libertad y la igualdad. Todo eso y mucho más lo viví en mi hogar. Un hogar, reitero, de inmigrantes españoles – gallegos – donde la ética, el trabajo y el estudio eran la base del ser humano. Donde se hablaba de belleza, de integridad, de decoro. Y de humildad.


Hace unos días, cenando en la casa de un amigo, uno de los invitados – hombre de trascendente trayectoria en el justicialismo, un abogado de unos 85 años – señaló en un momento que “el peronismo es una cuestión de fe”. Ahí fue cuando le pregunté: “¿Cómo en la religión? Se cree o no. ¿Creemos o no en la virginidad de María?” “Es así, querido amigo, es así” respondió sin vacilar. Y continuó con anécdotas tercermundistas y la edad de oro del proletariado. Sin nombrar las vinchas ni los bombos ni las cachiporras. Y mucho menos la Carta del Lavoro. Educado el hombre.

Mi padre y mis hermanos mayores nombraban a grandes poetas españoles o italianos, creadores o pensadores que fueron perseguidos, fusilados, encarcelados. Del exilio, de miles de hombres y mujeres que debieron exiliarse por razones políticas o por hambruna. No deseo repetirme, lo escribí, lo hablé en cursos, en entrevistas. Formé parte de diversas comisiones de homenajes de muchos de ellos.

Pero también, lo recuerdo bien, se nombraba a seres olvidados por pertenecer a otra ideología, a otra forma de ver. Qué duda cabe que el fusilamiento de García Lorca fue una canallada, un horror y un símbolo de la brutalidad y la enajenación de lo peor de la derecha, del clero, de la burguesía reaccionaria. Pero también se hablaba, y se lo leía, a Wenceslao Fernández Flórez. Y me llegaban los nombres de Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Ignacio Zuloaga, Gregorio Marañón, Gerardo Diego. Hoy vamos a recordar a uno de los nombrados, autor que no es de mi preferencia, pero eso no importa. Nos referimos a Pedro Muñoz Seca.

Muñoz Seca perteneció a la Generación del 14 o Novecentismo. Para Sainz de Robles era el «fénix de los ingenios del siglo XX». El gran don Ramón del Valle-Inclán lo definió de esta forma: «Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro».

Escribió sátiras contra la República, fue monárquico y católico. Se burlaba del comunismo y de las teorías sobre la igualdad. Colaboraron con él, entre otros, Enrique García Álvarez, Azorín, Enrique García Velloso…

Cuando se inició la Guerra Civil Española estaba con su esposa en Barcelona por el estreno de La tonta del rizo, que tuvo lugar la noche anterior al estallido. Fue detenido por milicias anarco-sindicalistas que dominaban la ciudad condal, en la casa de un actor que le había aconsejado abandonar el hotel en el cual se había alojado. Fue trasladado a Madrid y encarcelado en la recién creada cárcel de San Antón (establecida en esos mismos días en el antiguo Convento de San Antón); su esposa fue puesta en libertad ya que era ciudadana cubana. Fue fusilado el 28 de noviembre de 1936.

Vamos a reiterar la anécdota que pasará a la historia. Son sus últimas palabras.

Podréis quitarme la cartera, podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podéis quitarme hasta la vida; sólo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo que tengo.

Sabemos que fueron momentos difíciles, tensos, violentos. Sin racionalidad, como en un acto religioso, como la religión, como un fanático religioso. Pero veamos, es sumamente interesante, un documento que se publicará años después de su muerte.

“…una vez llegados a Paracuellos, donde los vecinos han sido reclutados como sepultureros por la fuerza, son ejecutados al pie de las fosas. Una maquinaria bien engrasada que se prolongará durante casi un mes salvo un periodo de excepción: el del nombramiento del anarquista Melchor Rodríguez como responsable de Prisiones. El dirigente ácrata consigue poner fin a la masacre durante unos días, entre el 9 y el 24 de noviembre. Pero las presiones ejercidas llevan a su cese y a retomar las matanzas. La sombra del Partido Comunista se va perfilando cada vez más en las decisiones”.

Vemos territorios superpuestos, luces y bambalinas, personajes pusilánimes o moderados, nidos de mafiosos y sanguijuelas, fachadas, perseverancias, claudicaciones y oportunismo. Eso es en gran parte la política, plena de cortejos, degradaciones, bandos y desguace de bienes. Tratemos de no confundirnos, de no sentir que lo ideológico es un acto de fe. Lo religioso con lo ideológico siempre nos acerca a una suerte de inquisición, laica o beata, con sangre o censura, con muerte o exilio. Por favor, no seamos desvergonzados.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2018

domingo, 17 de diciembre de 2017

Epinicio a los Diablos Rojos


En verdad no se sabe. Uno cree que fue el padre,
los primos, los hermanos, una voz en Piñeiro.
Pero también los hijos y los nietos.
Uno cree en imágenes, en el errante vuelo
de las nubes, en el soplo genital,
en la fugaz antorcha que pulsa lo divino.
Allí golpea entonces la emoción
las casacas rojas bajo el sol o la lluvia.
Es cuando uno aprendió amar
entre llamas, infiernos o calderas.
Cierro los ojos y la infancia es roja.
Veo el cielo, las estrellas, una bandera huyente.
Es carmesí el Paraíso y el Infierno.
Es cuando regresan los nombres, la mitología,
el clamor de Píndaro en su tríada.
No sé cómo decirlo; la felicidad se volvió roja.
Y la tarde, la noche, la Visera.
Son los dioses de la infancia que regresan.
Entonces uno solloza. Grita ballet, grita taco,
rabona, Seoane, milagro, cañonero.
Dice alma. Dice Erico, Grillo, Maldonado.
Y llega el viento, el sol, el excesivo orgullo.
Llega una ficticia realidad: Bochini.
De pronto retornamos deslumbrados
en la inocencia de la pasión y del deseo.
Y no sabemos cómo suben los brazos entre abrazos.
La leyenda nos cubre y nos descubre
en el corazón venidero e insondable.
Es entonces cuando uno llora lo esencial.
Pero en verdad no se sabe.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 13 de diciembre de 2017

Si alguna vez un hombre se esfuerza con todo esfuerzo de su alma, ahorrarse ni gasto ni el trabajo para alcanzar la verdadera excelencia, entonces tenemos que dar a los que han alcanzado la meta, un orgulloso homenaje de alabanza señorial, y evitar todos los pensamientos de celos, de envidia. Para la mente de un poeta el regalo es ligero, de hablar. Una palabra amable para innumerables fatigas, y construir para compartir con todos un monumento de belleza. (Píndaro, hacia 518 a.C - 438 a.C.)

martes, 12 de diciembre de 2017

Nuevo señalador

El poema inédito de Carlos Penelas "Calle del sur" y un grabado del maestro Carlos Scannapieco forman parte del señalador que Editorial Dunken acaba de publicar.

 
El maestro Scannapieco, entre otros premios trascendentes, obtuvo el Premio Bienal de Grabador de la Academia Nacional de Bellas Artes (1987) y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Grabado y Dibujo (1988). Además, ilustró las portadas de Álbum familiar (2013) y El aire y la hierba (2004), de Carlos Penelas.

domingo, 3 de diciembre de 2017

La princesa y el grotesco

La picaresca es un género que los argentinos conocemos casi de memoria. También el sainete. Hay una legión de pseudos intelectuales, políticos, periodistas, escritores, que forman una suerte de Armada Brancaleone. Van por el mundo, por lo general, al compás de bombos, platillos y estandartes. Muchas veces -gracias a su ingenio, a su hipocresía, al maquillaje filosófico – son recibidos y agasajados con premios y elogios. El contubernio hace el resto. De estos filisteos he conocido muchos. Saben embaucar, poseen una destreza telúrica interesante. Además, suelen ser categóricos. O balbuceantes. O distraídos. Vienen del pensamiento suburbano, con un claro sentido populista salido de confabulaciones glamorosas. Forman una cofradía. Recuerdo siempre a uno de ellos que llegó, por un tiempo, a confundirme. En verdad nunca trabajó pero se hizo sindicalista. Luego periodista, escritor, historiador. El vértigo lo hizo saltar del stalinismo al nacionalismo, del nacionalismo al fervor de cargos oficiales y de allí al escándalo. El lector avisado -el único que me interesa- sabrá el porqué de éste artículo. El caballero se promocionó como creador de la investigación. Sin escrúpulos hizo del plagio una profesión. Lo que sigue es una síntesis de lo publicado en diferentes medios. Mejor escrito, claro, de aquello que intenta hacer pasar por suyo. El saltimbanqui, trepador y demagogo, nos genera piedad. Al fin y al cabo, otra criatura del Señor.


Existió en Buenos Aires, a principios de 1900, una banda de travestis. Su personaje central era gallego, había nacido en un pueblo de La Coruña en 1873. Llegó a Buenos Aires en 1899, luego viajó a Santiago de Chile. Un joven de la sociedad chilena llegó a suicidarse por ella. O por él, a veces se me complican los géneros. Trabajó en el Moulin Rouge de Río de Janeiro, Brasil. Sin límites, se presentó al Congreso Nacional de Paraguay solicitando una pensión como viuda de un guerrero. Llegó a acumular una fortuna considerable de la cual vivió hasta su vejez. Para otros historiadores, murió en la pobreza. Querido lector, su nombre real era Luis Fernández. Se presentaba como la Princesa de Borbón. De niño le gustaba ponerse la ropa de su madre.

La mencionada princesa era parte de un grupo de hombres que se vestían de mujer y embaucaban, a principios del siglo XX, en varios países de América del Sur. Estafan y robaban a los incautos que admiraban sus formas. Se los conoció como “los ladrones travestis” y se los solía reconocer – aquellos que tenían los ojos bien abiertos – en las calles. Solían desaparecer, al ver a algún agente de policía, en carruajes que sus compinches arrimaban o en los primitivos tranvías.

Solían ser personas cultas, finas, gustadores de la música, la poesía, las flores y los trajes elegantes. Si le los detenían lloraban acongojadas, declaraban trabajar como peinadoras de damas. Formaron burdeles donde acudían los señoritos de la sociedad que apelaban a lo nuevo, a la cultura de la fachada. Tenían olfato no sólo para el engaño y la estafa sino para darse cuenta de la historia folletinesca de una clase social que hablaba de un moralismo con entonaciones cristianas y patrióticas.

El más famoso, el más popular fue nuestro amigo Luis Fernández o, si usted quiere, la Princesa de Borbón. Se dice – consulté fotografías – que era alto, de rasgos suaves, de voz atenuada, de ojos grandes y provocadores. Usaba a menudo un sombrero negro adornado con una gran pluma. Usaba medias caladas -negras, negras- y el calzado era de primera. Las crónicas nos informan que fue detenido en veintidós oportunidades.

En Lima se hizo pasar por la hija de un millonario mexicano. Se hospedaba en hoteles lujosos. Allí, según un artículo de época, conoció a otro travesti que comenzó a acompañarlo en sus halos románticos y putañeros. Su nombre: La Bella Otero. Juntos fueron al Uruguay. En Rivera nuestro Fernández, nuestra Princesa, conoce en el Club Social de la ciudad nada menos que al comisario del pueblo. Y se hace amante del “tira” oriental. Ambos entraban de la mano al Club Social. La globalización no había hecho pie. El público, callado, observaba a los enamorados.

Con el tiempo adquirió fama de bailarina en los cafés nocturnos de Montevideo, Santiago de Chile y Río de Janeiro. En resto de su vida lo pasó en Buenos Aires, como debe ser, disfrutando de su dinero acumulado.

Como podemos sospechar - filoso lector - el teatro de la vida nos trae (desde los griegos) episodios, ficciones y aplausos. Se apagan las luces, las bambalinas y los teatristas terminan la función. Con el tiempo le traeré otra historia de conversos y mutaciones. En medio de este aquelarre podemos pensar en la palabra “cementerio”. Por su etimología, que viene del griego, se encuentra ligada al concepto de “dormitorio”. Aquí, entre los dos conceptos, los mitos, las creencias, las leyendas. Y una mirada del ser humano tragicómica. Nos estamos viendo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2017

Finalizó el Taller Literario en la Biblioteca Sánchez Viamonte

Con un brindis, finalizó el Taller Literario 2017, dictado por Carlos Penelas en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.


Recordemos que además de los talleres grupales en la Biblioteca, los jueves de abril a noviembre, Penelas brinda a lo largo del año talleres particulares, en día y horario a convenir con el tallerista.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Jurado del Premio Nacional de novela “Marco Denevi”

Carlos Penelas será jurado del Premio Nacional de novela “Marco Denevi”, organizado por la Municipalidad de Tres de Febrero. Lo acompañarán Kelly Gavinoser y Luciano Olivera.


La recepción de las obras será hasta el viernes 15 de diciembre con una temática literaria libre. Los premios se entregarán en la Feria del Libro 2018 y el ganador tendrá derecho a publicar su novela.

Bases
En el concurso se evaluarán novelas inéditas, con temática literaria libre.

Deberán presentarse 3 ejemplares anillados de cada obra, impresos en tamaño A4, tipo de letra Arial 12 a doble espacio. La cantidad mínima de páginas requeridas es de 150 y la máxima de 300. El incumplimiento formal implicará la desestimación de la obra.

Recepción desde el 01/06/17 al 15/12/17, en la Oficina del Libro, ubicada en la sede de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Tres de Febrero, Valentín Gómez 4726, Caseros, entre las 14 y las 18 horas.

Podrán participar en este concurso escritores vivos de cualquier nacionalidad, mayores de 18 años, que presenten obras originales e inéditas, en idioma español y de su autoría. Se admitirá sólo una obra por participante.

Quedan excluidas de este concurso todas las personas que se desempeñen como funcionarios con cargo designado por el Poder Ejecutivo Municipal del Partido de Tres de Febrero.

Cada novela debe presentarse firmada con seudónimo, entregándose un sobre aparte (plica) y debidamente cerrado en cuya cubierta se indique el seudónimo usado por el autor. En el interior del mismo deben figurar nombre y apellido, seudónimo, título de la obra, número y tipo de documento del autor, domicilio, teléfono, correo electrónico, breve biografía y autorización escrita a favor de la Municipalidad de Tres de Febrero para publicar la novela por única vez y en única edición, en caso de resultar premiada, ajustada a las Bases y Condiciones de este concurso.

La obra y el sobre con los datos personales (plica) se incluirán en otro sobre en cuyo frente se consignará: Premio Nacional de Novela Municipalidad de Tres de Febrero “Marco Denevi”.

El Jurado está integrado por personalidades del quehacer literario (Ver abajo) y su fallo será inapelable, pudiendo declarar tanto al primer premio y a las menciones como “Desierto”.

El resultado del concurso será notificado a través de la página oficial de la Municipalidad de Tres de Febrero: www.tresdefebrero.gov.ar durante el mes de marzo de 2018, pudiendo la Municipalidad publicar una preselección de finalistas previamente.

La entrega de premios se realizará en la 44º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires a realizarse durante el año 2018 en fecha a determinar.

La participación es completamente gratuita. Las copias de las obras presentadas no se devolverán en ningún caso. El hecho de participar en el presente concurso implica la aceptación de las bases, pudiendo la Municipalidad de Tres de Febrero modificarlas sin previo aviso.
Premios

Primer Premio: Publicación de la novela por Ediciones 3F en cantidad de 200 ejemplares, los que serán cedidos al autor/a en proporción del 70%, quedando el 30% restante para libre disponibilidad de la unidad municipal.

Menciones: Se otorgarán las que el Jurado considere.

Contacto
Oficina del Libro de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Tres de Febrero: Valentín Gómez 4726, Caseros. Atención de 14 a 18.

Teléfono: 4716-6399.

Correo electrónico: tallerescultura@tresdefebrero.gov.ar

Jurado del Premio Nacional de Novela “Marco Denevi”
Kelly Gavinoser

Nació en la ciudad de Buenos Aires. Es escritora y poeta, prologuista, asesora lingüística y literaria, correctora literaria y conductora de encuentros artísticos, coordinadora de talleres de escritura literaria y no literaria y de Mesas Redondas y Jurado en concursos literarios. Es Profesora en Letras, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Ganadora del Premio Martín Coronado Literatura 2017 de la Municipalidad de Tres de Febrero. Ejerció la docencia universitaria en la Universidad del Salvador como profesora titular de Gramática Española, Lingüística General, Seminario de Literatura Argentina, Taller de Escritura, Taller de Corrección, Taller de Semiología y Análisis del Discurso. Es docente fundadora de las cátedras de Teoría Literaria, Narratología, Lingüística y Semiología en la Carrera de Formación del Escritor de la Escuela de Arte y Comunicación de la Municipalidad de Tres de Febrero. Obras publicadas: Rumbos de silencio, Un espacio para el tiempo del cuento en el aula-taller, Poética Impar con El tiempo suspendido, Perednik, Historias sin historia.

Carlos Penelas
Nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1946. Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el Profesorado en Letras. Publicó más de treinta libros de poesía y prosa, entre los cuales se pueden destacar Poemas del amor sin muros (1970), Palabra en testimonio (1973), La gaviota blindada y otros poemas (1975), El libro de las imágenes (1976), Conversaciones con Luis Franco (1978), Los dones furtivos (1980), Finisterre (1985), Queimada (1990), El corazón del bosque (1992), El mirador de Espenuca (1995), Guiomar / Cantiga (1996), Los gallegos anarquistas en la Argentina (1996), Valses poéticos (1999), Desobediencia de la aurora (2000), El regreso de Walter González Penelas (2001), Elogio a la rosa de Berceo (2002), Diario interior de René Favaloro (2003), El aire y la hierba (2004), Crónicas del desorden (2006), Romancero de la melancolía (2007), Retratos (2008), Fotomontajes (2009), Antología personal (2009), Calle de la flor alta (2011), Poesía reunida ( 2012), Poemas de Trieste (2013), El trasno de Espenuca (2014), La luna en el candil de la memoria (2016).

Luciano Olivera
Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1968. Es productor, guionista y director de televisión. Creó y desarrolló formatos que le valieron varios premios. Dirigió Canal 7 y UBA TV, ejerció el periodismo, fue docente y actualmente está al frente de su propia empresa de contenidos. Es columnista en diversos medios digitales. Aspirinas y caramelos, publicado por Tusquets Editores fue presentado en la II Feria del Libro de Tres de Febrero en 2017.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Dibujos de Carlos Penelas en azulejos

Acaban de salir a la venta dos dibujos horneados de Carlos Penelas - en azulejo blanco brillante de 15 x 15 cm.- Se trada de una tirada única de cinco ejemplares cada uno, que llevan al dorso sello ex libris del poeta y firma del autor.



martes, 21 de noviembre de 2017

Un poema de nuestro siglo

Es lícito preguntarnos que tipo humano configura la materialidad del poema en ese mundo alegórico y mágico. Porque la alta poética - de universalidad estética - no se limita sólo a la palabra, sino que es actitud total.


Hace años que vengo leyendo distintas versiones y estudios sobre El Cementerio Marino de Paul Valéry. Junto a él la poética de Mallarmé, su profunda visión del lenguaje, su estructura. Pero desde hace tiempo comencé a trabajar con minuciosidad Espacio, el poema inmortal de Juan Ramón Jiménez. Es a mi criterio una obra inmensa y vale el esfuerzo de elaborar un estudio, una lectura paralela. Espero lograrlo; por ahora un anticipo, una mirada fugaz, una aproximación a un universo único. Espacio, reitero, es tal vez el poema más lúcido, más intenso, más profundo de nuestra lengua.

En Corriente alterna, el célebre ensayo de Octavio Paz, podemos leer: “…el admirable poeta de Espacio, uno de los grandes poemas de nuestro siglo”. Más adelante agrega: “Lo que cuenta no es la extensión: “Más tiempo –decía el mismo Jiménez- no es más eternidad”.

Alfonso Alegre Heitzmann nos aclara que “ el poema en sus tres partes se publicó íntegro, en su versión completa en prosa, en 1954 en la revista Poesía Española (Cuadernos Americanos, versión que más tarde, en 1957, se incluyó en la Tercera antología poética con la supresión de algunas líneas del “Fragmento tercero”. Por distintos documentos, sabemos que el poeta empezó a escribir Espacio en 1941. El texto más citado al respecto es la carta que el poeta escribe a Enrique Díez-Canedo el 6 de agosto de 1943.” Es importante señalar que el poema comienza a escribirlo en su exilio en La Florida pero que lo terminará, trece años más tarde, en Puerto Rico.

Juan Antonio González Fuentes en su estudio sobre este poema explicará: “El monólogo interior joyceano, influencia primordial desde cualquier punto de vista en la elaboración de los libros de poesía en prosa de Juan Ramón Jiménez Espacio y Tiempo, es una técnica expresiva del llamado “flujo de conciencia”, cuyo concepto está presente por primera vez en el libro Principios de psicología (1890) del pensador norteamericano Williams James”. A diferencia de James Joyce, el monólogo interior de Juan Ramón pretende, según él mismo escribe, “adherirse de raíz a la lucidez y la coherencia, estableciendo así una sensible distancia con respecto a sus contemporáneos cultivadores del monólogo”. González Fuentes manifiesta que Espacio “…es movimiento mental transformado en puro lenguaje por medio de citas, autocitas, repeticiones, anécdotas, imágenes, polisemias, ocurrencias, entrecomillados, superposiciones, recuerdos, reflexiones, olvidos, clavos y metralla metapoética…”

En una edición titulada El universo de Juan Ramón Jiménez, de ediciones La Torre , se hace un estudio del poema Espacio a cargo de Mercedes Juliá. En esta edición no sólo está completo sino que el estudio realizado aclara detalles que facilitan su comprensión, como alusiones a ciertas personas y lugares que formaban parte de la vida del autor. El poema ocupa unas veinte páginas de las ciento setenta y cuatro del total del libro.

Espacio es un poema en prosa compuesto por tres fragmentos. Un paseo por la mente del poeta, como leer su subconsciente. Su particular forma no está exenta de orden y armonía.

En él nos habla de la vida, la muerte, el amor, el mar, la belleza, el tiempo, el espacio…a veces pasa de un tema a otro sutilmente, otras de manera brusca, lo cual hace que leerlo sea algo trepidante y que atrapa, es, por decirlo de alguna forma, como el movimiento mental.

El primero en saludar el carácter excepcional de ese poema fue Gerardo Diego, a quien va dedicada la edición definitiva. Octavio Paz escribiría en El arco y la lira: “Espacio es uno de los monumentos de la conciencia poética moderna y con ese texto capital culmina y termina la interrogación que el gran cisne hizo a Darío en su juventud”.

Quizá sea vergonzoso, escribe Mercedes Juliá, que no exista al alcance del gran público, y como texto de obligada lectura en las escuelas, una edición crítica del poema Espacio, que ocupa en la obra de Juan Ramón un lugar semejante al de The Waste Land en la obra de Eliot o Le cimetière marin en la de Valery.

El poeta se aparta a su soledad para crear, hay así una dualidad aparente. Tal vez debemos recordar aquello de morada del ser para Heidegger o palabra-verdad de Denis de Rougemont. El poeta, como el ejemplo que hoy traemos, crea eternidades fijas, indiferentes a la angustia o a la alegría del hombre. Juan Ramón, un poeta en su valor puro y despojado, nos ilumina en alucinado ascenso.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre 2017

domingo, 19 de noviembre de 2017

Dos novedades importantes

Editorial Dunken tiene en prensa un señalador, lleva su sello editorial al pie, con un poema inédito de Carlos Penelas – Calle del sur – y un grabado del maestro Carlos Scannapieco. Como se recordará el maestro Scannapieco, entre otros premios trascendentes, obtuvo el Premio Bienal de Grabador de la Academia Nacional de Bellas Artes (1987) y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Grabado y Dibujo (1988).


En estos días sale a la venta dos dibujos horneados de Carlos Penelas - en azulejo blanco brillante de 15 x 15 cm.- en una tirada única de cinco ejemplares cada uno. Los trabajos llevan al dorso sello ex libris del poeta y firma del autor.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Poema (XCIV): «Lugares» e «¿Quién escuchó esa voz?», de Carlos Penelas

Grazas ao meu caro amigo Manuel Suárez Suárez recibo con frecuencia na miña caixa de correo electrónico algúns artigos e poemas de Carlos Penelas (Buenos Aires, 1946), autor con raíces galaicas e con moita relación co noso País como se pode ler na autobiografía so seu sitio web e a quen coñecín brevemente en 1997 cando foi convidado a participar no Congreso de Poesía 50º Aniversario de Cómaros Verdes de Aquilino Iglesia Alvariño que se realizou en Vilagarcía de Arousa, onde presentou un interesante e ben documentado relatorio sobre «Poesía e inmigración en José Conde».



Desta volta Manuel Suárez achégame un adianto do novo libro de poemas de Carlos Penelas, intitulado El huésped y el olvido (Buenos Aires: Editorial Dunken, 2017), que leva na ilustración da cuberta unha obra de Alfredo Plank «El descanso del Amor» (imaxe superior), mentres que o texto da contratapa e un estudo preliminar son da autoría da profesora en Letras Marita Rodríguez-Cazaux.


Selecciono para divulgar nesta anotación dous poemas que teñen referencias ben á nosa cidade (Compostela) ben á nosa literatura medieval (Martín Códax). Velaquí:

LUGARES

He caminado las callejuelas de Fez,
su medina, los monótonos olores de las curtiembres.
He dormido en el Hotel Alexandra de Copenhague.
En una taberna de Gijón brindé con camaradas libertarios.
Puedo pensar en Montevideo, puedo hablar de Compostela,
de la nostalgia por Trieste, por Edimburgo.
Puedo sentir chañares, algarrobos, sombras.
Me es imposible no recordar
el puente de San Carlos y el Moldava.
O el Caffe Greco, il Cembalo en la ribera del Tiber.
Desvelado he regresado al Museo del Prado,
al Hermitage, al National Gallery, al Museo de Orsay.
He viajado de noche por el Danubio,
atravesé el desierto de Atacama,
la soledad y el abandono de las malezas sureñas,
el candor y los ponchos en Belén,
la biblioteca de Coimbra, el Cementerio Civil,
el poniente y la luna en Pumamarca,
el riachuelo, un terraplén de Avellaneda, un zorzal.
La soledad perpetrada en los ojos cerrados y pájaros volando.
(La ternura y la fineza de un mimo canadiense
frente al templo de Augusto, en Pula).
Conocí al Marqués de Santillana, a Antígona,
viví la intimidad de Shakespeare, de Pirandello, de Cervantes,
compartí palacios del Renacimiento
junto a Beethoven, a Schubert, a Zbigniew Preisner.
He comprado una pipa en Liubliana
y artesanías bellísimas en Goriza.
He nadado en Cayo Blanco, en el Cantábrico, en Chiloé.
Puedo evocar la ciudad de los toldos rojos,
puedo evocar París, puedo decir Goya, Velázquez.
En sueños caminé una y otra vez
por secretas galerías, por Capri, por Siracusa,
por monasterios donde mis hijos erraban la infancia.
Ahora todo parece ilusorio, misterioso.
Y no comprendo el tiempo ni las voces.

¿QUIÉN ESCUCHÓ ESA VOZ?

Se mezclaban golondrinas
en la inquieta memoria de los ventanales.
Había un texto de Martín Códax,
el tablero de ajedrez que aún espera,
el soneto de Quevedo , una fotografía de Estambul,
un levantarse de la tarde medida
que roza y vuela la urgencia de los labios.
Y un film con Louise Brooks en el altillo.
Se escucha el ocio recogido de las aves
en un bosque de cedros.
O en los manteles con sus vinos solitarios
que parecen regresar en balandras,
con los marineros de las ráfagas y de la fugacidad.
Allí la rosa azul de Novalis,
las caracolas de los pastores,
el desvelo de la madrugada en el dosel.
Ahora nombro a la doncella en el lecho.
Y rodeo la insolencia de sus caderas.

As crebas /Aira das letras, Compostela

jueves, 9 de noviembre de 2017

Carlos Penelas, poeta en "La Poesía"

Admirado recibimiento para el poeta Carlos Penelas, destacada visita en el "Umbral literario San Telmo".


Umbral Literario San Telmo, grupo cultural que se reúne en los altos del Bar Notable “La Poesía” (CABA), ha tenido el honor de recibir en su ciclo del mes de noviembre la destacada presencia del literato argentino-gallego Carlos Penelas.


Es de destacar la acogida y reiterados aplausos que acompañaron su exposición.
Al cierre, PENELAS, familiarizado con el don de gentes y la espontaneidad, firmó ejemplares de sus últimos libros.


Poeta de notable obra y carisma singular, Penelas mantuvo una cordial y distendida charla en torno variados tópicos literarios, intercambiando anécdotas y sustanciosos comentarios.

 El poeta Carlos Penelas junto a Marita Rodriguez-Cazaux, 
David Sorbille y Osvaldo Víctor Fernández 


Buenos Aires, 7 de noviembre 2017
Blog Marita Rodriguez-Cazaux

*Las imágenes son cortesía de los escritores que participaron del encuentro.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Encuentro con Almudena Grandes

Carlos Penelas dialogó con la escritora española, invitada por la CONABIP a la Biblioteca Sánchez Viamonte.


Almudena Grandes, invitada especial de la CONABIP, fue nombrada Socia Honoraria de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, en donde Penelas coordina el Taller Literario.


Penelas le entregó su libro Poesía reunida, y conversaron sobre Ana María Matute y Gonzalo Torrente Ballester, además de Galicia y España en general.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Presentación del libro de Carlos María Romero Sosa

El escritor formó parte de la mesa que presentó el libro Papeles con mi padre, de Carlos María Romero Sosa, junto al Diputado Nacional (MC) Héctor Polino. 


El acto se llevó a cabo en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte el sábado 4 de noviembre.



La obra está prologada por el miembro de la Academia Nacional de la Historia, Gregorio Caro Figueroa, lleva en la contratapa palabras de Carlos Fayt y de Antonio Requeni.



jueves, 26 de octubre de 2017

Comentarios sobre la obra de Carlos Penelas


Nos encontramos ante un libro sorprendente, valioso, excepcional. El fondo y la forma armonizan para regalarnos profundidad y belleza, grito y caricia, protesta y ensueño. Lo sensual está al servicio de la vida que nos conduce a la lucha, a la victoria. Amar sin muros es vencer. Carlos Penelas como un milagro escribe un libro fundamental, necesario en la poesía contemporánea, es decir en la Poesía de todos los tiempos.
Arturo Cuadrado (Poemas del amor sin muros, 1970)

Asentarse en los dominios de su linaje, en la nebulosa trama que entretejen leyendas, resulta así un modo de descubrir la instancia definitoria de su equilibrio interior y, a la vez, los inconfundibles matices que marcan la elección de su personal lenguaje poético. En su inasible transparencia, todo ese trascurrir sin pausa sólo puede ser recobrado por la poesía. Ese irrenunciable designio promueve la actitud lírica de Carlos Penelas, que alcanza su más lograda expresividad en este nuevo libro.
Nélida Salvador (Queimada,1990)

En este libro de Penelas está siempre presente la suadade gallega entendiendo por esta, la soledad ontológica del ser, este ser que nace, sólo que circunstancialmente vive con otros en la sociedad, pero jamás pierde su individualidad que está íntimamente ligada a su libertad ontológica, este hombre que es por esencia ser solo y también ser libre. Un problema crucial para el mundo es el producido por las limitaciones a esa libertad, el querer amoldar las libertades individuales en determinada estructura social.
José Conde (Poesía y ser, 1981)

Por la mujer, el poeta se dispone hacia la cacería de la identidad y el valor. Propone la encarnadura femenina de un centro pródigo en frutos y hechicerías. Carlos Penelas es un explorador, desde los cuerpos astrales que memoria en el poema “Playa desnuda”, hasta las plasmaciones alegóricas, donde los pájaros son criaturas que se aproximan al lenguaje. Es un perseguidor de los encuentros; un coleccionista de vértices, que empujan sus fantasmas hasta poblarlos de creencia. A través de sus “Vestigios” Carlos Penelas nos entrega una eslabonada serie de secuencias en prosa poética, donde los objetos se metamorfosean en latidos: donde la noche reza con clamores que invitan hacia la intimidad.
Graciela Susana Puente (La piedra del Destino, 1983)

Carlos Penelas es un poeta trasnacido. Argentino, hijo de gallegos, vive en desasosiego telúrico. En éste libro los elementos ancestrales conforman una parte muy importante de su mundo poético. Nos interesa, sobre todo, esta dimensión lírica de su obra, que deja traslucir el estado afectivo del poeta: un fondo de amor a la Tierra de sus antepasados. Desde su vivencia dolorosa va construyendo su mundo poético con claves del misterio. Libro que nos hace despertar la emoción de la tierra con su ritmo, goza con el contacto del paisaje, para el poeta es la intimidad, el dolor de la lejanía. Él perdió su patria original. Galicia ganó un poeta en la distancia.
Víctor Campio Pereira (La piedra del Destino, 1983)

Carlos Penelas es un poeta enraizado en la realidad; pero, por cierto, en una realidad que él siente como modificable en la medida que se confíe en la fuerza purificadora del corazón humano. Y así, de esta manera, entramos en otra de las napas poéticas de un creador altamente testimonial. Y esa napa es la esperanza.
Alberto Claudio Blasetti (La piedra del Destino, 1983)

El nuevo título es una reunión de textos de prosa poética en las que Penelas expresa o sugiere su modo de sentir la poesía, la creación, el universo, el mundo de la palabra. Claridad y resonancia poética caracterizan este libro, que es una especie de diario íntimo de un poeta, reflexión sobre el largo proceso que comienza en el momento en que concibe un poema y termina con el verso elaborado, listo a emprender el vuelo. La dimensión del hombre, la llamada al infinito, la desesperación, el dolor, lo mismo que la alegría y el placer, constituyen los puntos de partida de estas meditaciones que captan la atención del lector por su clarividencia y musicalidad.
Andrés Balla (Intensidad de la palabra, 1977)

La poesía ha sido sorprendida con pocas palabras, alusivas y proyectivas, con lenguaje esencial, en ceñida síntesis. Más allá de esa síntesis, se abre un mundo poblado de imágenes, de recuerdos, de sentimientos y deseos: el mundo infinito del hombre. Hay muchas maneras de ser poeta o de expresar poesía. Carlos Penelas escoge en este brevísimo volumen un modo peculiar. Lo esencial, aquí, es la sustancia poética.
Luis Soler Cañas (El libro de las imágenes, 1976)

Penelas afirma rechazar lo dogmático. Proclama los valores de la intimidad y del asombro, riqueza que bien pueden llevar a la sabiduría. Por su actitud receptiva, respetuosa diríamos, ante el mito y el sueño, llega a lo poético. La fuerza de Penelas no deriva de un vocabulario especialmente suntuoso. Es más interior, se origina en entusiasmos, en adhesiones y rechazos vigorosos. Carlos Penelas no incurre en falsas elocuencias o sencillismos inexpresivos lo que nos permite desearle lectores atentos.
Guillermo Martínez Yantorno (La noche inconclusa, 1980)

Carlos Penelas, verbaliza con firmes estructuras de extracción lírica este original itinerario a través de un vasto espectro cultural, y le otorga al texto, en ráfagas brillantes, las características de un monólogo interior desarrollado en medio de tumultos de imágenes sabiamente concatenadas. Mito, invención y estilo se unen aquí, por lo tanto, en una dominante que, a veces, se canaliza hacia zonas abisales.
Irene Vilas (La noche inconclusa, 1980)

Hay un poeta digno de ese nombre, con su mundo, sus fantasías, sus amores y, también, su lenguaje y su estilo. Lo importante que en este libro hay mucha, buena y hermosa poesía. Y que en él se siente a la vez, sin fisuras, la presencia de un poeta y de un hombre.
Luis Soler Cañas (La piedra del destino, 1984)

Despojado y preciso, expectante en este caso, es el tono lírico de Carlos Penelas. Arraiga en las formas más puras de la lírica tradicional española. En su expresión estas formas se reivindican demostrando su ubicuidad en el tiempo y en el espacio y muestran la identificación del autor con sus esencias. Penelas crea un marco arcádico e, instalado en él, recupera el ser de la naturaleza en la sencillez y recogimiento de su ámbito. Todo fluye y pasa sujeto al ritmo cósmico que el poeta habita y sabe comunicar en el ajuste de su intemporalidad intrínseca.
María Adela Renard (El Jardín de Acracia, 1991)

Un bellísimo libro en contenido y continente del escritor argentino Carlos Penelas, un alto homenaje al músico renovador y subjetivo, espontáneo e inspirado, que es Enrique Granados. Flotan en esta obra poética, muchos y ricos temas que el verso conjuga con la música, enhebrando un lirismo capaz de transportarnos a los más excelsos niveles de la emoción. Sus versos, uno a uno inapelables, lo expresan en un fluir azul elevadísimo.
Miguel Ángel Migliarini (Valses poéticos, 1999)

Un poeta joven, de los nuestros, Carlos Penelas, da un breve libro con mucha substancia. Entre sus poemas se destacan los dedicados a Galicia, donde estuvieron y están sus antecesores. Sospecha – sabe – de sus vigilias en los surcos y en los muelles, reconstruyendo sus semblantes. Se ha memorado la tierra de los abuelos galaicos.
Bernando González Arrili (Los dones furtivos, 1981)

Goethe sostenía la necesidad de que toda poesía fuera “ocasionada”, es decir que detrás de cada poema hubiera una experiencia, una realidad vivida. En Carlos Penelas, esta exigencia del clásico parece cumplirse. Hay un dominio apreciable de la alusión, de la sugerencia, de la palabra que a la vez dice y no dice. Una historia latente que sólo se nos aparece transfigurada en un universo de símbolos.
Daniel Gayoso (Finisterre, 1985)

Un intimismo que se aferra al lector, por la fantasía que expone este poeta tiene a veces el candor de lo inocente y de lo sincero. Ama la belleza y la canta, cumple su destino sin temblar ante la verdad y sin sentirse cobarde ante la ruindad de muchos acaeceres. En su propia angustia reafirma el hondo pensar de su creencia.
José Rodríguez Tarditti (La piedra del destino, 1983)

Carlos Penelas sabe decir y hacer en el bello y exacto lenguaje. Y lo hace por medio de ese duende que sólo acostumbra a estar y jugar dentro del auténtico artista. Escribe y da la cara al viento. Asume la literatura y toma la vida en todo lo que esta lleva su gozo, de sufrimiento, de verdad, de esperanza. Carlos Penelas llama con su canato a la belleza, al buen decir, a la verdad. Pero sobre todo llama a las conciencias.
Luis Alberto Quesada (Finisterre, 1985)

Leí con placer su plaqueta, tan hermosamente editada por otra parte y más allá de su contenido. Tiene el sabor de la buena y añeja poesía castellana, con un enorme poder de síntesis. ¿Para qué más? Y esta imagen, que obliga a detenerse en el contraste: Vela la luz sobre su sombra.
Federico Peltzer (Cantiga, 1989)

Has publicado la obra que a mí me hubiera gustado publicar. Creo que algún día lo haré. Una especie de diario, íntimo y no tan íntimo; un cuaderno de bitácora (como titulás uno de tus capítulos). Un libro al margen de los otros libros donde junto a temas puntuales (como ahora se dice) cupieran reflexiones, sentimientos, creencias y dudas, experiencias y sueños. Un libro, en fin, bien humano, como este tuyo, donde en cada página se toca a un hombre, como quería aquel hermoso abuelo de todos los poetas que se llamó Walt Whitman. Es conmovedor el recuerdo de tu padre y de los amigos, el amor a los hijos, la devoción por ciertas ideas y ciertos escritores, la fidelidad de las raíces.
Antonio Requeni (De Espenuca a Barracas al Sur, 2000)

A la manera de Gonzalo de Berceo, cuya rosa arquetípica es invocada desde el título, el discurso lírico de Carlos Penelas lo constituye, parafraseando a Antonio Machado, en un verdadero “poeta y peregrino” de nuestros días. Penelas sutiliza su palabra, proyectando una suerte de heroica dignidad sobre la materia de su canto, su territorio poético, en el cual todo es ocupado y sometido por el tiempo. En el plano formal, se encarna en la excelencia de la modalidad clásica, aunque no clasicista.
Fernando Sánchez Zinny (Elogio a la rosa de Berceo, 2003)

Aquí aparece el gran tema de nuestra época, sobre todo a partir de los últimos descubrimientos de la física cuántica: lo ilusorio de lo que llamamos Realidad, la simultaneidad del tiempo, la propia percepción que crea realidad. Aunque parezca insólito, de algún modo queda planteada la teoría de la relatividad de Einstein con respecto al tiempo. No hay eternidades en los espejos. Nada a que aferrarse en ellos. Sólo son nuestras imágenes eternas. Imágenes de imágenes. Pero la eternidad se lleva adentro. El poema es siempre previo a la palabra y la palabra es un dicho. Tu nuevo libro abre esas puertas.
Lucila Févola (Posada del río, 2005)

Leer estos poemas escogidos de Carlos Penelas es compartir una aventura existencial y poética, descubrir un itinerario espiritual, y vivir el rito de la palabra en uno de los mejores poetas argentinos de la generación del 70, y de toda época. Su acordada sabiduría, su tensión hacia la totalidad, otorgan a la poesía de Penelas una cualidad metafísica que da sentido a la experiencia y la hace plena. Eso permite al lector, a nosotros, compartir una suerte de felicidad a la que llamamos belleza.
Graciela Maturo (Poesía reunida, 2012)

Carlos Penelas es poeta de una extensa obra mayor, amigo de sus amigos y refinado viajero. Hombre de íntimas soledades y hondas dudas existenciales, alma tensa entre dos mundos, entre la patria y el remoto origen de los ancestros, entre peregrinajes y regresos. Este nuevo poemario nos abre a una mirada privilegiada sobre el decurso del tiempo, los espejos de la muerte y la siempre inapresable belleza, rayando a una altura harto infrecuente de hallar en las empobrecidas poéticas del presente.
Alejandro Drewes (Poemas de Trieste, 2013)

Penelas, un lírico que se rebela contra el mundo empírico, premoniza la materia, elabora un lenguaje esmerado con fuentes artísticas, celebra lo bello y lo contestatario. Sus imágenes han de destacarse como zonas de apertura a lo insondable, a lo onírico abordando el intelecto. Arte asumido como signo de grandeza y liberación, identidad de belleza, recreación con finalidad humanística, atributos concurrentes en la consagrada obra de Carlos Penelas y que lo posicionan como poeta imprescindible en el panorama literario de habla castellana.
Marita Rodríguez-Cazaux (El huésped y el olvido, 2017)

Aquí, la bibliografía completa de Carlos Penelas.

Foto: Alfredo Erias.

sábado, 21 de octubre de 2017

Luis Franco anecdótico

Siempre aseveré que mi educación ética y cultural se hizo en el hogar. Mis padres y hermanos fueron primordiales. Se vivía lo político, lo literario con intensidad. Discutían vanguardias, avances científicos, el fascismo, el franquismo, el peronismo. Sobre religión o sobre deporte. Se irradiaba un concepto amplio en torno al teatro, la música, el cine. Todo junto, desde las raíces gallegas hasta los movimientos sociales del siglo XIX.


Luego vinieron los maestros de la escuela, los maestros del colegio secundario, los maestros del profesorado en Letras. Con los primeros poemas seres íntegros cuidarían mi espíritu y mi libertad: Hugo Cowes, José Conde, Luis Alberto Quesada, Alejandra Boero, Lucas Moreno, Juan Bautista Bioy. Entre otros, por supuesto, entre otros.

Ernesto Sábato me comentó en una oportunidad: “Luis Franco, uno de los mejores escritores argentinos. Una pena que no se lo recuerde”. Bernardo González Arrili, David Viñas, Osvaldo Bayer, Ricardo E. Molinari, Abelardo Castillo, Eduardo Falú opinaban lo mismo.

La admiración que Franco sentía por Molinari era relevante. Lo mismo la de don Ricardo hacia el poeta catamarqueño. Lo pude comprobar en diferentes oportunidades. Por esos años solía conversar, por separado, con ambos. Lo dejé escrito en un libro y en uno que otro artículo.

La figura, la dimensión de Luis Franco me conmocionó desde que lo conocí. Siempre afirmé que después de la presencia de mi padre estaba la suya. Otro de mis maestros – por su conducta, su saber, su poética, su fineza – fue Héctor Ciocchini. Imposible dejar de nombrarlo, trascendente en mi vida. Y, por supuesto, el Dr. René Favaloro.

Fue Rocío quien me presentó a Moreno. El poeta del vino y el buen comer vivía en Independencia 715 y trabajaba como corrector en La Prensa. En el profesorado Mariano Acosta, donde cursábamos, Rocío era amiga de Nuri Fernández Redón, sobrina de Lucas Fernández Moreno. Firmaba, por razones obvias, con el nombre de Lucas Moreno. En 1970 le había llevado mi primer libro de poemas. Con el tiempo comencé a mantener un acercamiento espiritual e ideológico con su persona. Me llevaba alrededor de diecisiete o dieciocho años. Lo escuchaba hablar sobre literatura argentina y universal, sobre música clásica o popular, sobre primeras ediciones. Si bien rechazaba toda política literaria – banal, mediocre, chapucera – me hizo conocer hombres de gran valor, lecturas fundacionales. Lucas Moreno fue quien me presentó una tarde, un sábado de julio de 1972, a Luis Franco.

La vida es sumamente curiosa. ¿Azar o predestinación? El padre de Rocío, Luis Danussi, fue un activista e intelectual representativo en el anarco-sindicalismo. Leía en francés e italiano. Gustaba del cine, de la poesía, de la libertad. Llegó a escribirse con Albert Camus, dirigió revistas, fue Secretario General de los gráficos, fue perseguido y encarcelado por el peronismo. Luis Danussi era muy amigo de Luis Franco. El prólogo de Antes y después de Caseros es de su autoría. Ambos se respetaban y compartían veladas. Recuerdo varios fines de año que pasábamos en la casa de Danussi, en Villa Domínico, con Franco. Allí nos quedábamos a cenar, dormir, desayunar, conversar de la naturaleza, de grandes autores, de los movimientos sociales, de anécdotas familiares. Franco conoció a Rocío cuando aún no sabía caminar. En el jardín de la casa don Luis se hallaba en plenitud. Lo recuerdo sentado en una silla de madera bajo un níspero. Fumaba en la tranquilidad del atardecer. En esas reuniones se agregaba Lucas Moreno e Hilda, su mujer. Nada era literatura. Había amistad entrañable, confidencia, idealismo.

En 1983 Franco viaja a México para difundir su obra y también con la intención de conocer la Casa Museo donde León Trotsky fue asesinado por Stalin. Allí vivió quince meses junto a Natalia Sedova. A su regreso le trajo a mi hijo Emiliano, un niño de apenas cinco años, un sombrerito mexicano.

Solía venir a casa, de sorpresa, cuando realizaba algún trámite en el centro. Dejaba como obsequio un pequeño paquete de frutas secas. Se sentía feliz y nos hacía dichosos con esas almendras o pasas de uva que ofrendaba.

Lucas Moreno concibió la antología poética de Luis Franco en Eudeba, con un estudio preliminar breve pero cardinal. A pedido de Luis Franco, se entiende. Ambos habían devorado las obras de Sarmiento – ambos me lo hicieron leer una y otra vez -, tenían una mirada parecida en torno a los hechos artísticos e ideológicos. Por supuesto, no siempre coincidían. Las discusiones, de las cuales participaba como oyente, eran tumultuosas.



Con Franco fui de vacaciones a su casita de Mar del Plata, en el barrio Alfar. Otros años, otros tiempos. El poeta belicho me despertaba a las siete de la mañana para que fuéramos a caminar por la orilla del mar. Por la tarde la cita era un paseo por el bosque de Peralta Ramos. Allí nos acompañaban los pájaros, el aire, Goethe, Thoreau, Emerson, Whitman, Shakespeare, Marx, Mareategui, Trotsky, Bakunin, Homero…. El silencio por la noche, el movimiento de la naturaleza, los grillos, el pequeño fogón. Los dos hablando o escuchando la mar. Y las estrellas.

Franco me presentó en una oportunidad a su amigo Pascual Vuotto. También al Dr Enrique Bronquen. En mi temprana juventud había conocido al mítico Mateo Fossa. Venían las voces de Horacio Quiroga, de Leopoldo Lugones, de Martínez Estrada, de Enrique Espinosa.

Era muy bello escucharlo hablar en el atardecer, después del almuerzo, de Arturo Marasso, Rubén Darío, Giordano Bruno, Federico Nietzche, Rafael Barrett o Luisa Michel. Y de Sarmiento, una y otra vez.

Rubén Rey - amigo inolvidable, hombre de formación humanista, docente y pintor – había leído a Franco desde su adolescencia. Se lo presenté alrededor de 1977. La primera edición de Conversaciones con Luis Franco lleva un dibujo de don Luis realizado por Rey; uno de los mejores retratos que he conocido. El original, en mi casa-museo.

Las lecturas se entretejían como los nombres. David Viñas, Rodolfo Mondolfo, Melcíades Peña. Recuerdo que le presenté a Juan José Sebreli, a don Ernesto Guevara Lynch, al Dr. René Favaloro, a Carlos Alberto Brocato, a Roberto Santoro, a Liber Forti, a Héctor Ciocchini. Cada tanto venía a cenar o almorzar a casa, al departamento de mi hermana Raquel, al hogar de Lucas Moreno. Los sábados por la mañana lo visitaba en Ciudadela. Nada era literatura.

Uno de los grandes hombres éticos de nuestro país, el Dr. Arturo Umberto Illia, fue lector y admirador de don Luis. Al ser electo presidente fue a visitarlo a su casita de Ciudadela. Le ofreció el cargo de Secretario de Cultura de la Nación. Don Luis le dijo que sentía orgullo por su amistad y una gran emoción por el ofrecimiento pero que no podía aceptar, que además no se imaginaba funcionario. Y que no quería perder a un amigo. Casi de la misma manera rechazó ser miembro de la Academia Argentina de Letras. “El día que me siento deprimido y me miro al espejo y me doy cuenta que no soy académico, me dan ganas de vivir”. Eso respondió por escrito.

Franco me presentó a Ricardo Carpani, a Demetrio Urruchúa, a Samuel Glusberg, una de las criaturas más sencillas, humildes y generosas que he tratado.

Recuerdo el acto realizado en plena dictadura militar. Sábado 26 de septiembre de 1981, en la Federación Libertaria Argentina. En primera fila Luis Franco y Diego Abad de Santillán. Un poco más atrás, de pie, José Martínez Suárez. Un homenaje a León Felipe, irrepetible. Más de doscientas personas; entrando de a dos, saliendo de a dos.

Conocí a los Viladrich gracias a Luis Alberto Quesada. Luego, por intermedio de los Viladrich a María Inés Cárdenas, “Pequeña Monner Sans”, la esposa del recordado José María Monner Sans. Más tarde a Ricardo Monner Sans, un profesional ejemplar, un hombre ético, un ser que admiro. Tuve trato fraternal con Wifredo Viladrich. Con su esposa, su hermano, sus hijos. Me regaló en 1970 una escultura muy bella que luce en la pared de mi casa-museo. Una copia de ella la descubrí en el departamento de Álvaro Yunque. Miguel Viladrich Vila, el gran pintor español, al finalizar la Guerra Civil se exilia a la Argentina. ¿Dónde? Catamarca. ¿En qué lugar de Catamarca? Belén. Allí traba amistad con Franco. En su casita de Ciudadela, sobre un aparador provenzal había un busto. El poeta reflejaba la energía y la fuerza de su temperamento. La escultura era de Wifredo Wiladrich. Una vez más: nada era literario.

Como Sarmiento jamás abdicó de la ironía. Era muy simpático escucharlo hablar -con mordacidad, con desmesura- de los obispos, de la historia del Papado, del esnobismo literario o metafísico, de las vanguardias creadoras, de personajes alcahuetes y obsecuentes del peronismo, de las noñerías de las beatas, de la complicidad estalinista. De los gendarmes de la pluma y de los escritores que huelen a cirio.

Desconfiaba de la diplomacia, esto es, del aburrimiento y la mascarada. Obstinado precursor, no sólo en lo poético o en su visión de la historia, sino también del pensamiento siempre resultaban interesantes sus discrepancias, sus apelaciones, sus exasperadas polémicas.

Le organicé varias conferencias. Habló sobre los griegos, sobre Rosas, sobre Catamarca, sobre el general Paz, sobre literatura y sociedad. Era un placer escucharlo, un disertante que conmovía, ilustraba, un maestro en el decir. Además su ironía era única. Pasaba de Virgilio a “los descamisados del Evangelio”, de una cita sobre Dante a una anécdota de su Belén natal. Pero Franco era querible en las sobremesas. Su forma de hablar, su tono, su memoria, nos dejaba siempre vitalidad y pertenencia. Con sencillez, con claridad, enfocaba cada tema, desde la naturaleza, la literatura nacional o las revoluciones. Siempre había un matiz, un pensamiento singular, una expresión risueña.

Se sigue diciendo que Luis Franco murió en un hospicio de Ciudadela. Esto no es así. Él vivía en Ciudadela. Había que bajarse en la Estación Liniers pues su casa quedaba más cerca desde allí. Un poco más adelante, bordear el cementerio israelita. Vale la pena mencionar que fue el primer cementerio judío Ashkenazi de Buenos Aires, 1910. Luego la calle Saavedra 3367.

Franco murió en Capital, en la calle Junín 755, piso 5. Frente a la Morgue Judicial. Junín entre Viamonte y Córdoba. Vivo, desde los diez años, en departamento que era de mis padres, en Viamonte entre Callao y Rodríguez Peña. Esa fue una de las razones de encontrarle vivienda, estar cercano. El departamento lo consiguió Lucas Moreno, propiedad del profesor en Letras Lucilo Oriz, gran admirador de Luis Franco y amigo de Lucas. Era el director del Instituto Oriz, donde mis hijos estudiaron para el ingreso al Colegio Nacional Buenos Aires. Historias que se superponen, intensas; afecto y compromiso. Con Lucilo Oriz hicimos una amistad que se prolongó. Franco unía o distanciaba.

Forita me habló la mañana del 1 de junio de 1988. Alterada, confundida, me anunció por teléfono que Franco se había descompuesto. Llegué de inmediato, fui yo quien lo cubrió con una manta en el lecho de su departamento. Ya estaba muerto. A partir de ese instante inicié los trámites para su velatorio. Me encargué de casi todo. Llamados a parientes, avisos a los medios, amigos, escritores, Casa de Catamarca... Hasta de comprarle la chapa de bronce en Chacarita, que decía Luis Franco (1898-1988) Poeta. Una semana después la llevé para que sea colocada en el nicho. Conservo su libreta de enrolamiento.

Carlos Penelas
Buenos Aires, octubre de 2017

Taller literario