miércoles, 21 de octubre de 2020

Leopoldo Marechal: poética y misticismo

En mi juventud me he formado en el socialismo libertario. Más exactamente en el existencialismo, en el universo camusiano. Eso significa, entre otras cosas, que he condenado siempre la demagogia, la obsecuencia, el totalitarismo. Es decir: el pensamiento único con sectas, soberbia y barbarie. Gracias a esta formación – y a seres nobles que me educaron en la comprensión, la dignidad, lo individual – paralelamente admiré la belleza, lo estético, el pensamiento humanista. Para sintetizar: autores con los cuales no comparto su ideología son admirados en mi fuero íntimo por sus creaciones, por ese cosmos que nos trasmiten en el cual hallamos el sentido del infinito, del amor, de la muerte, de lo sublime.


Hace años que debí haber escrito sobre la obra de Leopoldo Marechal. Estas breves líneas compensarán, espero, esa tardanza. Comencé a leer su poética a los diecisiete o dieciocho años. Luego vinieron con el tiempo El banquete de Severo Arcángelo, Cuaderno de navegación, Megafón o la guerra, Antígona Vélez. Gracias a la amistad que felizmente conservo con su hija, María de los Ángeles – difusora incansable como presidente de la Fundación Leopoldo Marechal - fui ampliando el conocimiento de sus libros. Llegaron la Obra Poética, El Hipogrifo, Historia de la calle Corrientes, Descenso y ascenso del alma por la Belleza. Y diversas críticas literarias en torno a su producción.

Despreciado por una intelectualidad que no le perdonó su adhesión al peronismo, Marechal también fue marginado por la burocracia de su partido. La intolerancia del movimiento no soportó que un hombre de la cultura escribiera páginas metafísicas. En verdad - lo sostuve desde siempre - resulta arduo comprender que un intelectual sea peronista. Es un contrasentido, un despropósito. Pero lamentablemente lo hemos visto en diversas corrientes de pensamiento – con sus matices, sus tiempos, sus historias – como en el caso de Neruda, Riefenstahl, Céline, D´Anunnzio, Pound, Maeztu, Ridruejo, Aragón, Asturias, Ungaretti, Pirandello, Olhendorf, Guillén, Gentile, Pfitzner, Marinetti…

"Se produjo un hecho muy curioso: la intelectualidad argentina, antiperonista en su mayoría, y que me conocía bien, personalmente, me excluyó de su seno. Por el otro lado, los peronistas prácticamente ignoraron mi existencia: ponían el acento sobre aspectos populistas de la cultura", le manifestó Marechal, en una ocasión, a Juan Gelman.

Abelardo Castillo en una entrevista comenta que “desconfío de los escritores que no empezaron haciendo versos. Leopoldo Marechal solía recordar que, para Aristóteles, todos los géneros de la literatura son géneros de la poesía, y Ray Bradbury aconseja leer todos los días un poema antes de ponerse a escribir un cuento o una novela. Todo escritor verdadero es esencialmente un poeta. Ser poeta no significa escribir en verso, ni el puro acto mecánico de versificar garantiza la poesía”.

Sostengo que la obra de Marechal parte de su mirada sobre lo religioso y el espíritu de lo bello. Su universo está predestinado en Descenso y ascenso del alma por la Belleza. Su poética o su novelística configuran esa línea. En sus páginas observamos aquello que se manifiesta en su poesía o en Adán Buenosayres: la intertextualidad, cierta temática, imágenes, mitos, símbolos. Aparece el sentir filosófico, teológico, místico. Y la relación del creador con el poema, con su obra; éste con el cosmos, con el infinito, con Dios. Hay una lectura en su poética que se relaciona con lo estético religioso, con lo interior, con el alma. Detrás de su mirada encontramos las lecturas de Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino. Pero también las lecturas medievales, la presencia fundamental de San Isidro.


Existe un sujeto y un mundo en su poética por la cual nos lleva hacia un viaje que partiendo del sueño o de la fantasía – mundo ultraísta – nos transporta hacia lo idílico, hacia un universo que modela la materia poética como un demiurgo. Ese lenguaje poético tiene entidad, fija la imagen en lo arquetípico que puede ser la patria, el poema o el Creador. Observamos tiempos enunciados, deslizamientos, lo simbólico del viaje, la identidad, lo real y lo imaginario. Eso, reitero, lo atisbamos en su literatura, sea poética o prosa.

Marechal es un poeta ilustrado, erudito. Un hombre de lecturas clásicas, plenas. En su poética regresa la fuente; lo latino y lo griego. Por eso Virgilio lo acompaña en el relato mítico. Lo bucólico, lo utópico, lo criollo están en sus versos como lo está su catolicismo en ese paisaje ideal, en esa patria ideal de un territorio sin magia, sin romanticismo. Por eso la búsqueda de un cristianismo primitivo y comunitario, búsqueda que es alegoría y símbolo. Ingenuamente cree que “eso” se encuentra en un movimiento social bonapartista. Entonces necesita inventar una patria, generar un mito criollo; lo hace literatura. Necesita que su movimiento espiritual genere un país, una epopeya, un modelo de armonía con lo circundante. “Con qué derecho yo definía la Patria, / bajo un cielo en pañales / y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda”.

El destino colectivo es una meta que lo manifiesta en su poética y en la novela. Incluso en el teatro. Esa ética que diseña es literaria, no se corresponde con un territorio que lentamente se resquebraja, se vuelve irracional, inculto, ordinario, sin perspectiva. “Creo que un poeta lo es verdaderamente cuando se hace la 'voz de su pueblo', es decir, cuando lo expresa en su esencialidad, cuando dice por los que no saben decir y canta por los que no saben cantar”. Esta, creemos, es la razón esencial, una catarsis de su “realización espiritual”, de su “experiencia metafísica”. Le es imprescindible, desde la soledad, crear un relato de identidad con un mundo que no es real, que necesita sin más continuar el camino de Eneas.

Debemos señalar aquello que confiere a la Eneida un carácter único: Virgilio relata toda la historia - pasado y futuro de Roma - en el interior de lo que no era más que el primer episodio de la historia legendaria de su pueblo. De mil procedimientos ha echado mano el poeta para integrar en la historia de Eneas la historia de Roma. Creo, para redondear la idea sobre la obra de Marechal, traer las palabras de Adorno: “Para un hombre que ha dejado de tener una patria, el escribir se convierte en un lugar para vivir”.

Virgilio elige la expresión épica, que es filosófica. Marechal sigue esa trayectoria y canta a lo que no es; que eso que no es sea más real de lo que es. Es una aventura espiritual para volver a sí mismo. La imaginación, y también la fantasía, es la que busca en mitos. El poeta profetiza. Desde la imaginación y lo visionario el mundo de la realidad. Su residencia, en verdad, es la patria poética. Construye una materialidad alegórica y mágica. En esa construcción encontramos los movimientos del alma del poeta. Mallarmé expresaba que toda obra humana va a desembocar en un libro. Su forma lírica define planos, espacios, desarrolla asimismo una forma semántica, musical y visual. Todo lo realiza en un lenguaje que se resiste a la sacralización aspirando, simultáneamente, a lo sagrado. Para revelar, al fin, el sentido de su existencia. Aspirar a la verdad, tal como lo enunciara Keats, es aspirar a la belleza.

DEL ÁRBOL


Hay en la casa un Árbol

que no plantó la madre ni riegan los abuelos:

sólo es visible al niño, al poeta y al perro.



Su primavera no es la que fundan las rosas:

no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.

Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar

caballos irascibles, por tierras de azafrán.

Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:

el enigma es del niño, del poeta y del perro.



Cuando la primavera sube al Árbol–sin–nombre,

vestidos de cordura florecen los varones;

y Amor, en pie de guerra, se desliza

de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.

Entonces el sabor de algún cielo perdido

desciende con el llanto de los recién nacidos.

Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,

sobre los techos llueven sus hojas invisibles,

y, horizontal, cruza las altas puertas

alguien que por el cielo desaprendió la tierra.



Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:

el enigma es del niño, del poeta y del perro.

(De Odas para el hombre y la mujer, 1929)



Carlos Penelas
Buenos Aires, 20 de octubre de 2020

viernes, 16 de octubre de 2020

Publicación en "Molinos de viento"

"Molinos de viento, boletín de artes y letras", en su edición correspondiente a octubre de 2020, ha publicado poemas de Juan Antonio Vasco (1924-1984) y poesías de Carlos Penelas.


Su director, Osmar Luis Bondoni, incluyó en esta oportunidad una obra de Andrea del Sarto (1486-1530), Virgen de las arpías (1517). Asimismo sugiere escuchar los veinticuatro preludios, opus 28, de Federico Chopin.

Bondoni, en todas sus ediciones, se caracteriza por presentar textos de creación artística de alto nivel estético. Se edita en Santos Lugares, Buenos Aires, desde hace dos años.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Descamisados


Recuerdo el chaleco de mi padre, su sombrero.

Recuerdo el collar de perlas de mi madre

y el vestido azul marino con lunares.

Recuerdo la camisa con iniciales bordadas

de mi hermano mayor, su corbata a rayas.

¿Qué estoy haciendo en esta tierra,

me pregunto? No es tan sencillo, no lo es.

Recuerdo que hablaban de Sarmiento,

de Palacios, de Lisandro de la Torre.

Mi otro hermano con su álbum de estampillas.

Veo la fineza de mis hermanas en la cena,

una botella de anís sobre el trinchante.

Escucho hablar de libros, de teatro, de cine.

También susurraban pesquisas, delatores.

En las revistas Fangio, Grillo, Firpo.

Veo la elegancia de mi tía soltera,

su sonrisa inocente, enamorada.

Y recuerdo la falta de dinero.

Todos trabajaron desde niños.

Recuerdo la quema de la Casa del Pueblo.

También una radio encendida, un diario.

La botella de leche, la cocina enlozada.

Y esa forma de estrechar la mano.

¿Qué estoy haciendo en esta tierra,

me pregunto? ¿Cómo seguir viviendo

ante tanta degradación y tanto engaño?



Esta tarde evoco a Harold Lloyd.

Y un libro de Howard Pyle.



Carlos Penelas

Buenos Aires, octubre de 2020

martes, 6 de octubre de 2020

Conferencia en La Cabrera, Madrid

El 22 de octubre de 2014 Carlos Penelas se presentaba en el Instituto de Educación Secundaria de La Cabrera, en la Sierra Norte de Madrid. Aquí está la conferencia brindada entonces para los alumnos.

 

Aquí encontrarán más detalles y fotos de aquella visita.

jueves, 1 de octubre de 2020

Un poeta en defensa de Armenia

a Agustín Tavitián, in memoriam


En 1986 dicté una conferencia en torno a la cultura armenia. Hablé, entre otras cosas, de Mesrop Mashtóts, inventor de los caracteres armenios, fundador de la cultura armenia escrita. Tenía el conocimiento de sabios siríacos y griegos. Su creación, su invento fue de tal perfección que los caracteres hasta hoy no han sufrido mayores modificaciones. Recordemos el año: 361. Señalé, en la oportunidad, la importancia de la literatura armenia medieval.

No podemos analizar el conflicto actual sin tener en cuenta el genocidio contra​el pueblo armenio. Se calcula entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios que fueron perseguidos y asesinados por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano. El hecho ocurrió entre 1915 y 1923. Fue una deportación, además, forzosa para exterminar la cultura armenia. Se caracterizó por la brutalidad en las masacres. Fue el primer genocidio moderno. Es el segundo caso de genocidio más estudiado después del Holocausto. Vale recordar que el primero de los países en reconocer el genocidio armenio fue Uruguay, en 1965, cuando se conmemoraban los cincuenta años de los crímenes. Por último: hasta la fecha Turquía no admite que se trató de un genocidio, sostiene que las muertes no fueron el resultado de un plan sistemático de exterminio masivo y premeditado.

Esta breve introducción es imprescindible para comprender el conflicto de nuestros días en Nagorno Karabaj. Debemos recurrir a las palabras de Ester Mkrtumyan, embajadora de Armenia en Argentina, concurrente en Uruguay, Chile, Paraguay y Perú. Dice: “Hay dos cuestiones fundamentales. En primer término, la actitud armamentista, belicista y totalitaria del presidente de Azerbaiyán, que considera que Artsaj es únicamente un trozo de tierra. En segundo lugar, la actitud parcial y beligerante de Turquía, que sigue desarrollando sistemáticamente la política anti armenia que siempre la ha caracterizado, al punto de no reconocer siquiera el Genocidio de 1915”.

También señala que “últimamente se intensificaron las declaraciones y ahora nosotros tenemos también datos de que unos cuatro mil mercenarios de ISIS están contratados por parte de Turquía para combatir contra la población de Nagorno Karabaj”.

“Es una verdadera guerra porque se usa artillería pesada, cohetes, aviones no tripulados y la mayor parte del armamento que está usando Azerbaiyán es de producción turca. Esta vez no hay una violación de tregua en la misma línea de contacto sino que abarca poblaciones civiles. Entre los muertos en Nagorno Karabaj hay mujeres y niños”.

Asimismo comentó la embajadora: “Azerbaiyán y Turquía quieren desestabilizar la región del Cáucaso Sur y llevar las negociaciones fuera del ámbito de Europa y Rusia”.

Hemos ido recapitulando artículos para que el lector pueda comprender un poco más hechos, circunstancias, realidades. La gran mayoría – incluimos a intelectuales, periodistas, gente de la cultura – desconoce todo o casi todo del pueblo armenio. A veces por ideología, otras por imbecilidad o torpeza, muchas por mala fe. Recordemos que Armenia, cuyos orígenes se remontan al segundo milenio antes de nuestra era, alternaba entre la autonomía y la sujeción al Imperio Romano. Su adhesión e integración en la cultura greco-romana marcó para siempre su alineamiento con la civilización de Europa.

Otro dato no menor es que el cristianismo selló para siempre la identidad armenia. La arquitectura cristiana y las cruces en piedra fueron sus aportes más importantes a la cultura universal. La traducción de la Biblia al armenio clásico modeló la lengua y fue calificada como “la reina de las traducciones”. La literatura cristiana enriqueció la antigüedad y la edad media, los monasterios fueron las universidades.

En un medio de Chile Ester Mkrtumyan comentó hace unos días: "El ataque turco-azerí del 12 de julio se inscribe en el marco de los intentos conjuntos de Azerbaiyán y Turquía de desviar la zona de influencia del Cáucaso Sur de la órbita de decisiones ruso-europeas hacia las intenciones expansionistas de la Turquía actual. Hoy día toda Europa está mirando con atención el proceso de expansión turca hacia sus países limítrofes, hacia el Cáucaso Sur, hacia el mundo islámico, hacia el Mediterráneo Oriental, hacia Libia y hacia el mar Egeo, sus planes de ocupación de territorios de Siria e Irak, su presión para debilitar las comunidades armenias de los países árabes".

Moscú confirmó ayer la presencia de combatientes extranjeros pertenecientes a grupos armados ilegales en la región del Alto Karabaj. Habló de “terroristas extranjeros y mercenarios”. Emmanuel Macron en declaraciones recientes se siente preocupado por los mensajes guerreros que Turquía profirió en las últimas horas. “Nosotros no lo aceptamos”, afirmó.

Movsés Jorenatsi, considerado el padre de la historia de Armenia, escribió hace siglos: “Aunque somos pueblo pequeño y de número limitado, muchas veces sometido a reinados extranjeros, también en nuestra tierra se han realizado hazañas dignas de ser escritas y recordadas”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de octubre de 2020

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Lanzamiento de la Feria del Libro 1989 y entrega de premios a la cobertura radial 88

Video del lanzamiento de la 15° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 1989, y entrega de premios a la Mejor Cobertura Radial de la edición anterior, 1988, en donde Carlos Penelas recibió el suyo por su labor en Radio Nacional.

domingo, 27 de septiembre de 2020

María Meleck Vivanco sobre "El corazón del bosque"

Palabras de María Meleck Vivanco sobre El corazón del bosque, de Carlos Penelas (Buenos Aires, 1992, Torres Agüero Editor).


Me sumerjo en el color de sus metáforas, en el brillo de palabras tan misteriosas como hojas caídas en el agua o el eco del otoño en los álamos. Vivo el sobresalto abrasador de su libertad.

Llega a mi todo el lenguaje al servicio de la magia. Vale decir, entregado al poeta-mago que lo convoca. Haciendo suyas las cosas de la belleza necesaria, pero también las cosas del más absoluto encantamiento, como paisajes entrevistos en un juego adolescente de nieve lunar, o ensoñaciones al fondo del océano.

Carlos Penelas, arroja al mar su mensaje del alba, su botella de jade en el profundo retiro de la música. Permanece más que los nombres de las mansiones conmovidas que le arriman fantasmas. Construye esplendores de una leyenda antigua y de montes atrapados por el fuego. Su respiración se parece al vaho de un helecho respirado proe el ángel que lo anima.

Honda la plenitud de ese acento suyo armonioso y terrible como el sol. Como la sangre agolpándose y gimiendo en las sienes de los niños. Desnudo su acento en una campiña lila, extendida sobre el lecho de un río cunado los rebaños se enamoran.

Su poesía es la memoria natal que irrumpe y se moja de estrellas. Sostenida la palabra y temblando su gran flor, lánguidamente hermosa.

Suave para sus versos, el cielo se constela de preguntas persiguiendo el milagro. Suave para sus versos, quedará en esta tierra como una roja espada entre los números. Como un espejo vivo para justificarnos.

María Meleck Vivanco 
(1921 - 2010)

La única mujer en el primer movimiento surrealista argentino que compiló Aldo Pellegrini.

Una de las grandes poetas argentinas. Participó en el Congreso Internacional del surrealismo realizado en Roma y recibió en Nueva York el Premio UNICEF.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Poema de la ausencia

vos sola lo escribisteis, yo lo leo
Garcilaso de la Vega



Imagino el sombrero azul

y tu sonrisa. La mirada, el secreto.

Te suspendo sin sombra

en la deseada voz revelando una calle.

Descubro tu cadera, las magnolias.

Entonces, mis ojos

muestran un cielo desvalido,

el desasosiego del insomnio,

un vestido negro entre mis manos.



Sé que es un sueño

para no ahuyentarte definitivamente.



Carlos Penelas

Buenos Aires, septiembre de 2020


Foto: Robert Doisneau

domingo, 13 de septiembre de 2020

Falsificaciones, fábulas y leyendas


Los peronistas debieran probar que son honestos
Mario Bunge


Recalcitrantes. Así solía nombrarlos mi padre. También decía inciviles. Mi padre, que sólo acudió dos años a la escuela, que trabajó en el campo desde los seis cuidando cabras en el monte, fue desde joven un gran lector. También fue amante de la música, del cine mudo, además del fútbol y del boxeo. Había nacido en Galicia, en Espenuca, una aldea olvidada del planeta. A veces los llamaba incurables, contumaces. Decía que eran irremediables, impenitentes. Cuando el fastidio, la irritación o la indignación eran extremos solía blasfemar en galego y en castellano.

Del otro lado las cosas no eran mucho mejores, pero había nombres respetables, seres significativos. No muchos, pero los había. Hombres y mujeres honestos, laboriosos, rectos, íntegros. En mi hogar escuchaba sus actos, sus vivencias. Y los había de distintas ideologías, con matices; conductas probas.

Hoy, después de tantos años debo confesar que cuando mi padre opinaba del peronismo no se equivocó. Es una pesadilla que se universaliza. El conflicto estructural que generó el peronismo en el cual vivimos – con sus distintas nomenclaturas - lo construyó a partir de un imaginario social. Los mismos burócratas sindicales, las mismas patotas, los mismos discursos envejecidos; conceptos demenciales. Diez, veinte, treinta, setenta años en una poltrona. Además de los ilícitos. Y todo vale. Valen los bombos, las vinchas, el choripán. Eso sí, cada día más degradada una sociedad. Pero siempre voluble en una suerte de hipnosis nacional y popular, con alianzas, relatos heroicos, complicidades, consignas al borde del extravío. Según los tiempos son de derecha o de izquierda, no siendo en el fondo ni lo uno ni lo otro. La corrupción es un pensamiento pequeño burgués, entonces. Perpetuación enfermiza, pragmatismo que marcha de la mano con la barbarie. A esto la simbología, la apropiación de una épica, contaminación de la historia. Una mezcla de patriotismo rancio con una suerte de izquierda acomplejada, iletrada. Algunos escapan a este circo mafioso, pero son tan pocos que no significan nada ante aplausos, vítores y pancartas. En los últimos tiempos el delirio hace que sean progres. Se suman a lo que sea, construyen un rito. Y siga el baile.

Siempre fieles a las consignas. Las del general o las del secretario del general. Y las lecturas llevan la demonización de la atmósfera, de los estados de ánimo, de la toga inmaculada del líder circunstancial. Pueden estar con los movimientos guerrilleros y al mismo tiempo contra ellos. Adhieren a jerarcas hasta que descubren que son traidores, que esos que elevaron al trono no son parte de la patria, de lo nacional y popular. No existe autocrítica ni arrepentimiento: los corruptos son otros. Entonces entrecruzamientos, apelaciones, juego dialéctico, eterno retorno. No sólo la falsificación sistemática de la realidad, la inversión de toda la realidad. El mito dando en la cabeza: la alegría es peronista, el amor es peronista, la madre es peronista, la patria es peronista. Final de partida.

El peronismo es un sentimiento; es parte de la fe, del contubernio. Así sucesivamente, sin piedad, con una continuidad sin escrúpulos. Luego justificaciones, proezas, victimización (siempre suma), promesas, demagogia, medallas. Pobrismo y obsecuencia. El tiempo circular. En estos días de decadencia lingüística, donde los jóvenes y no tan jóvenes conocen trescientas palabras, donde ignoran historia, matemática, ideología, geografía, nociones elementales de arte, es natural que sean parte de esa masa que terminan derrumbando la escultura de Cervantes en Boston y le escriban genocida o destruyendo el busto de Ortega y Gasset en Buenos Aires . En esto estamos, en un mundo caótico.

Así funciona el populismo, es la esencia de una mentalidad, de una conducta. Hay tal vez, como afirma Loris Zanatta, “una cultura del fracaso” donde necesariamente debe confirmarse con el tono, el método y el espíritu el accionar vertical, clientelista. Entonces surge rencor, odio, envidia, desatino. Y otra vez la idea del pueblo elegido, el espejismo, la promesa de salvación, el milagro de la verdad revelada. Es una droga que regresa y regresa y regresa. En la comparsa bailan intelectuales, empresarios, estudiantes, lúmpenes, prestamistas, sacerdotes, sectas, funcionarios, profesionales, escruchantes, borrachos, perros callejeros… Cambian líderes, ismos, banderas.

Estamos victoriosos lanzando hurras ante la Armada Brancaleone; muerta y renacida cien veces, rechazada y ungida, glorificada y martirizada. Porque modifican historia, fechas, batallas, espectros. Renace por vigésima vez Tarquino el Soberbio, Lucrecia, Aristodermo de Cumas o Publio Valerio Publícola. Alguien me dijo una vez que los justicialistas eran deshonestos, que carecían de autocrítica, que viven enajenados por el síndrome de hubris. Tal vez recalcitrante no era la palabra, quizá debió decir desmesura. O ambas, pero ya no sé. Memento mori.

Carlos Penelas
Buenos Aires, septiembre de 2020

martes, 8 de septiembre de 2020

Felicitaciones del Centro Galicia

El Presidente del Centro Galicia, José María Vila Alén, y el Secretario General, Cristian Moares Echazú, enviaron una carta de felicitación a Carlos Penelas por su artículo sobre Betanzos.

Buenos Aires, 7 de septiembre de 2020

Sr. Carlos Penelas

Estimado Carlos,

Hemos leído la excelente nota que ha publicado en su blog personal sobre la ciudad de Betanzos y que amablemente nos compartió. Queremos felicitarlo por esta extraordinaria semblanza de una localidad tan querida para los gallegos. Sin lugar a dudas que la literatura es una forma de viajar y es así que con su pluma magistral nos ha trasladado por un rato a las calles empedradas de la Cidade dos Cabaleiros. Gracias por este paseo emocional que no abunda en la morriña sino que se esmera en la descripción objetiva y en la merecida alabanza por su historia y su belleza.

Reciba un afectuoso saludo,

        Cristian Moares Echazú                                       José María Vila Alén
        Secretario General                                               Presidente

        Centro Galicia de Buenos Aires

Puede leer el artículo "Flavium Brigantium" en este enlace.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Presentación de "El corazón del bosque"

Publicado en 1992 por Torres Agüero Editor, El corazón del bosque se presentó ese mismo año en el Palacio Pizzurno de la Biblioteca Nacional de Maestros y el Ministerio de Educación de la Nación, con las presencia de la entonces directora de la Biblioteca, Graciela Maturo, junto a Héctor Ciocchini y Luis Alberto Quesada. Leyó poemas Dora Prince.

martes, 1 de septiembre de 2020

Flavium Brigantium

Confieso que es una ciudad en la que hubiese deseado nacer. No vale describir sus calles adoquinadas, sus iglesias, sus bares, sus balcones, sus museos. Hablo de la esencia de la ciudad. En esta ciudad conviven caballeros medievales, fineza, tortillas, patatas, meigas. También judíos, portales, artistas, seres primitivos, una elegancia en el mirar. Por las noches he sentido cierta solemnidad en los pasos. Hay elementos paganos, cristianos, celtas. Evoco a griegos, romanos, ciervos, jabalíes, sefes, mámoas, cistas. Evoco la pluralidad de las aguas, druidas, alusiones y sobreentendidos, la suavidad de las sombras, desveladas.


Una estación aguarda mi llegada, cerca del río. Veo barcas, dólmenes, la nostalgia en un café frente a una iglesia románica. De pronto siento que se mezcla lo medieval, lo contemporáneo, lo liberal, lo aristocrático. Veo los fantasmas en la claridad de la mañana, esas voces que están en un contorno no definido de la luz, en el aire que acaricia las quintas, en esa brisa que flota entre muros, galerías y soportales.

El habitante es amable, se toma su tiempo, mira a los ojos. Suele sonreír y suele recordar. Nos invita a una copa de vino blanco, una copa de vino del país. Lo tomamos de pie, en una antigua taberna, junto a unas escalinatas. Hay chorizo, hay pan, hay pulpo. Y hay tortilla. El lenguaje es llano, nos dejamos llevar por emociones, por escritos, por una cordialidad inmediata. Surge el nombre de John Berger, un libro de Claudio Magris, el logógrafo Hecateo de Mileto. Digo que es una pena que no la conoció Joseph Roth, la hubiera retratado con hechizo.

Hace poco que dejó de llover. Una llovizna nos habla de viajes, de hoteles, de huéspedes. Siento la monotonía del cosmos, una imaginación ambigua. Siento lo campesino, el olor de esa garúa. No hay espacio para el sentimentalismo, me basta una mirada fugaz para intuir sus emblemas, sus símbolos, todo aquello que nos hace palpitar belleza, ensoñación. Cierro los ojos y descubro el globo de San Roque, único sobre el cielo. Sin aliento palpo lo mágico, lo fantástico.

Podemos hablar del Castrum de Vnctia, del Convento de las Madres Agustinas, de la Iglesia de San Francisco, de Santa María de Azogue, del Mandeo, del Mendo. Del estudio iconográfico, fundamental, de Alfredo Erias, mi amigo. Del tojo y del brezal como sotobosque, de las casas góticas. De la crema de patatas, pulpo y huevo. Visitamos el Museo das Mariñas, el Museo del Grabado. Y vemos a Picasso, a Gravino, a Seoane, a Jesús Nuñez…

Hay una textura en el lenguaje, una suerte de ritual que nos llama. Una elegancia moral, un caminar sensual en sus mujeres, en el movimiento de caderas. La han visitado ingleses, alemanes, italianos, portugueses. La leyenda nos dice que la fundó Breogán; los susurros de la Batalla das Figueiras nos indican que es así. Percibo torneos medievales, carreras de barriles de vino, danzas gremiales. Veo los comercios, las mercerías, los sombreros, el aroma de los almendros, la tarta de mil hojas, ajuares de lactantes en las vidrieras.

Creo contemplar mujeres arrodilladas ante el agua lavando sábanas y luego tendiéndolas para secar. Tal vez relato una historia de ilusión, la búsqueda de mis orígenes, un topo de la cultura gallega. Seguramente es un viaje que reconstruye certezas, inquietudes. No puedo contener las lágrimas ante la bandera republicana, la que cubrió a Antonio Machado en su lecho. Cada lugar es visitado e interrogado, el ojo que percibe puede escribir para embellecer lo imaginario. Pero no hay adulaciones sentimentales. Ahora el aire es dulce y fresco, desmitifica prejuicios, disuelve toda ilusión escénica. Siento que la libertad acaricia mi pecho. Estoy sentado en un banco de piedra.

Sólo la voz suspensa, el encantamiento, la distancia de los tonos, el áurea de la noche junto a la torre del reloj. Subo como un náufrago entre escudos y pájaros silvestres. Sólo ciertas señales sutiles, lejanías de morosas distancias. Pienso que tengo la mirada de Ulises (soy un nómade en La luna del candil de la memoria), hay un secreto que hace crecer plantas y brumas.

Ahora, luego de beber una cunca de vino, la abstracción. Me acerco y me alejo de cada ser, de cada casona. Dialogo, frente a su sepulcro, con Fernán Pérez de Andrade, o Bó. Ahora no hay tiempo ni espacio, explico de una manera nueva o diferente el mundo que me rodea. El misterio nos hace detenernos. Vivo la historia de los jornaleros, de los inmigrantes, de los desplazados. Hay una intuición poética que me guía, que hace conmover cada evocación. Soy un solitario que deambula, un flâneur que intenta descubrir el significado de lo visible.

Carlos Penelas
Buenos Aires, septiembre de 2020

viernes, 21 de agosto de 2020

El poeta descubre a la amada


Veo subir su cabellera en la noche,

entre voces, espejos y recuerdos.

Susurro tu nombre en silencio

mientras las manos buscan

el tacto de la tarde, en la beatitud

infinita que asoma sutilísimo.

Hay un edén, un eco en la avidez

inalcanzable, desnudo.

Entonces surge el lecho,

el vino, la cebolla, el ajo.

Me veo cautivo en ese cielo

de moradas y barcas.

Te poseo secreta en el aliento

de la rosa y del ardor sensible.



Sin saberlo, empujas la memoria

en el instante que late tu vestido.

Hacia el viento,

hacia el presagio del viento.




Carlos Penelas

Buenos Aires, agosto de 2020


Foto: Nahui Olin, por Edward Weston (1923)

lunes, 17 de agosto de 2020

martes, 11 de agosto de 2020

Salmo al Manco Paz


Fue uno de los pocos que anheló una patria.

No la tuvo, no la tenemos. Sarmiento, Alberdi y otros

sufrieron el desvelo de una tierra ladina.

De niño conocí al chozno de este hombre

que en su sala tenía un retrato

de doña Tiburcia Haedo Roldán.

Carlos Di Fulvio me recitó una tarde,

en aquel patio de Valentín Alsina, fragmentos de su obra.

Luis Franco escribió la mejor biografía.

En 1887, un francés - Alexandre-Joseph Falguière -

inmortalizó su imagen en una escultura ecuestre.

Fue un hombre moral, luchó contra los caudillajes.

Lo recuerdo en la batalla de Salta,

en el combate La Herradura,

en las lides de Ituzaingó y Oncativo. En Entre Ríos.

Conoció el destierro en Paraguay, en Río de Janeiro, en Colonia.

Conoció befas, escarnio, anatema.

En la cárcel fabricó jaulas, trabajó la horma de zapatero.

Su amada, Margarita Weild,

llevó flores silvestres a esa celda,

rasuró su barba, compuso su ropa.

Sobre el final, José María Paz trabajó la granja

para darle de comer a sus hijos.

En la vigilia de la pasión errante

el general escribió páginas perdurables, únicas.

Fue el táctico, el estratega más elevado.

Dispuso un destino que hoy es derrota.



Carlos Penelas

Buenos Aires, agosto de 2020

lunes, 10 de agosto de 2020

"Diario interior de René Favaloro" en Bahía Blanca

El 30 de septiembre de 2005 Carlos Penelas presentó Diario interior de René Favaloro en el Teatro Municipal de Bahía Blanca. Aquí, los reportajes para el noticiero de Canal 9 y el el programa "Fila 1".



sábado, 8 de agosto de 2020

Premio a la mejor cobertura radial de la Feria del Libro

Rescatamos el video en el que Carlos Penelas recibe el premio a la Mejor Cobertura Radial de la 14° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 1988, por su labor en Radio Nacional.

martes, 4 de agosto de 2020

La infancia y el ajedrez

Aprendí a jugar al ajedrez antes que a leer
José Raúl Capablanca

José Raúl Capablanca, de cuatro años, juega con su padre José María Capablanca (1892)

Una de las pasiones en mi infancia fue el ajedrez. Nombres como los de Ruy López de Segura, Philidor o Anderssen brotaron por aquellos días de mis labios. Y el de Sissa Ben Dahir, un brahmán quien aparentemente lo inventó para distraer el aburrimiento de un monarca soberbio. Lo jugué cotidianamente desde los cinco hasta los veinte años. Hasta ahora sigo pendiente de partidas, de problemas, de lecturas. El Libro de los juegos, del rey Alfonso X es un tesoro de la humanidad. Representa una síntesis de dos mundos en guerra, un momento crucial para la historia de la civilización. Cristianos y moros, dejan centenarias disputas para sentarse frente a un tablero y bucear en el universo fascinante de treinta y dos trebejos y sesenta y cuatro escaques.

Debemos recordar que en la Escuela de Traductores de Toledo – centro de irradiación de la cultura arábigo-helénica – las obras clásicas pasaban del árabe al latín y de este a las lenguas romances. La tarea del rey Sabio fue gigantesca. De todos los juegos por él estudiados el ajedrez era el más noble. Establece la diferencia en piezas mayores y menores, la ubicación en el tablero y la descripción de cada pieza en particular. Pone un modelo de sociedad. El rey señor de la hueste; el alferza, los elefantes preparados para el combate; los roques que son los lanceros; los caballos, la caballería; los peones, la infantería. Se adelanta, además, a la creación de un modelo de piezas comunes para bajar costos y difundirlo. Esto se concretará en el siglo XIX con los juegos Staunton, de procedencia inglesa.

Ahora miro el tablero sobre mi escritorio. Las piezas están serenas, aguardando mi sueño. Hay silencio y siento mi respiración. Ahora muevo mi mano. El peón despierta la batalla.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2020

miércoles, 29 de julio de 2020

Presentación de "El jardín de Acracia"

Publicado por Editorial Reconstruir en 1990, El jardín de Acracia se presentó en la Federación Libertaria Argentina (FLA), el 6 de julio de 1991.


Presentó el libro el profesor Hugo Cowes, y leyó poemas Armando Equiza. Moderó Dardo Batuecas.

jueves, 23 de julio de 2020

domingo, 19 de julio de 2020

Transido de distancia


Amigos, observad estas palabras
que se alzan en la noche. Apenas rozan la luz
de un candil silencioso, desvelado.
Vienen de aquellos campesinos del exilio,
llegan de agonías, de mujeres humildes,
de caricias que sobreviven
en talismanes o miradas melancólicas.
Observad un momento cómo llaman,
cómo acarician frente y memoria,
de qué manera nombran la ternura.
Son palabras de un designio
que la amada no supo comprender,
palabras extraviadas en el aire, en el mar,
que están aquí, en este cuarto,
sobre esta mesa con papeles y libros.

Nos cuesta sentir tanta soledad y tanta urgencia.
¿E ti de quen vés sendo?

Carlos Penelas

Foto: Ruth Matilda Anderson

miércoles, 15 de julio de 2020

Nuevo apunte sobre lo poético

Ascensión furiosa es el poema; la poesía, juego de las orillas áridas
René Char

Foto: Annemarie Heinrich

En su ensayo Misticismo épico Vicente Fatone escribe: “El lenguaje es divino. Nosotros hemos desvirtuado su naturaleza, tornándolo pragmático y empobreciéndolo hasta convertirlo en un simple vehículo de las comunicaciones conceptuales. Hemos despojado a la palabra de su potencia mágica, restringiendo sus posibilidades en la adjetivación discursiva y renegando del verbo creador”.

A partir de las palabras de este hombre superior intentaremos dar una visión de lo poético. Lo hemos sugerido en varios artículos y en conferencias en torno a la creación. Por cierto, otros lo manifestaron con mayor belleza y claridad: el poema debe conmovernos, suscitar una lectura demorada e inteligente sobre los temas trascendentes: el amor, la muerte, la belleza, el destino. Es entonces cuando comenzamos a comprender, a percibir el lenguaje, la probidad, lo melancólico o lo sincero, la soledad. Descubrimos la eufonía de la creación, vale decir, lo agradable de la creación, la esencialidad de la palabra poética, su valor simbólico, su capacidad connotativa, que remiten a una consideración artística del hombre, del mundo, de las cosas. Hablamos de una particular visión del mundo que nos ofrece el poeta en su experiencia, en sus vivencias, en su creación; son los temas de una teoría del lenguaje poético, de lo lírico en particular. Hablamos siempre del lector digno, del poeta digno. Creo en la dignidad de la literatura, de la obra de arte. Algo que en nuestros días parece una insensatez.

Una anécdota que escribe George Steiner sobre Robert Schumann. Todos conocemos que en la historia de la música occidental es reconocido por su trayectoria, su genio. Se le preguntó al célebre compositor, pianista y crítico musical alemán – considerado uno de los importantes y representativos del Romanticismo musical – acerca del significado de una de sus composiciones después de haberla interpretado. En lugar de responder, el maestro se sentó de nuevo al piano y la interpretó por segunda vez. Las palabras no traducen lo semántico de una obra musical. El sonido es su respuesta. De igual forma sucede con la obra poética. La palabra poética reúne un amplio y heterogéneo campo simbólico, muchas son variadas imágenes que los seres humanos han construido de sí mismos.

Desde hace tiempo se especula con poses absurdas, con cierta petulancia, postulando un arte carente de valores, justificando lo injustificable. Se intenta definir o se intenta comprender el hecho poético desde la impostura. Seguimos escuchando a Pío Baroja: “La gente goza de tan poca fantasía que tiene que recoger con ansia unos de otros esos pequeños adornos de la conversación. Son como traperos o colilleros de frases hechas”. El arte contemporáneo, es como es, en parte por la industria cultural, en parte por el populismo, en parte por una ignorancia patológica. Por todo esto coincido con lo denunciado por Avelina Lésper cuando explica el “dogma de la transubstanciación”.

Uno de los mayores líricos románticos, Percy Shelley, escribió que la poesía es una profecía e intuición de la realidad última. Para Hölderlin - precursor del romanticismo alemán - la poesía fue el único designio de su vida. En él una alucinada búsqueda de lo divino y de la pureza en lo humano; el poema es una revelación, una propedéutica. En estos poetas, como en los grandes creadores, encontraremos los silencios rítmicos, la interioridad del tono, la calidad del sentido, la conciencia profunda de una poética.

Una vez más recurriremos a Johannes Pfeiffer: “Es verdad que tanto la poesía como la filosofía se contraponen a la conciencia idiomática de lo común y cotidiano, al no desentenderse como lo hace éste, de la oculta profundidad de la palabra". Más adelante: “En la poesía, por el contrario, lo esencial es vivir la palabras en toda su virginal plenitud de sentido y plasticidad: la intuición se eleva sobre la comprensión, la imagen sobre el concepto”.

El poema no argumenta, es la esencia de lo simbólico. Hay un tiempo interior y no todo lector está capacitado para vibrar en él. La experiencia poética es inefable. Heidegger nos aclaró hace tiempo: “El poeta, si es poeta, no describe el mero aparecer del cielo y de la tierra”. Y luego “…llama lo extraño como aquello a lo que se destina lo invisible para seguir siendo aquello que es: desconocido”. Y la voz de María Zambrano: “La poesía es la verdadera historia”.

Hay una artesanía de la palabra. En Introducción a la poética (Edición Domingo Tavarone, 2013) el profesor Julio Balderrama nos guía en un universo brindándonos ejemplos del misterio, del enigma, de lo inaccesible y lo simbólico. Ejemplifica su tesis a partir de Rainer María Rilke, Fray Luis de León, Giacomo Leopardi y Salvatore Quasimodo. También habla de lo poético como sentido filosófico, la poesía como una forma del conocimiento. La emoción recordada en el poema.

Al sentarnos en el sillón bajo la lámpara el poema nos dice que estamos una vez más ante el instante, ante lo fugitivo, aquello que es inaccesible. Perdura en una suerte de oquedad, de misterio, de inanidad: nacer y verlo todo. Plenitud. Recordemos – imprescindible - a Gastón Bachelard : “La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.” “…se diría que la imagen poética, en su novedad, abre un futuro del lenguaje...” Y una más “La imagen, en su simplicidad, no necesita un saber”.

El poema aspira a la condición de la música, forma y contenido son inseparables. La melodía es la estructura, a allí la emoción. Hay un carácter mimético en el lenguaje, una experiencia estética. En el poema el lector siente una visión del mundo pero al mismo tiempo una visión de sí mismo, una suerte de amor que inspira y envuelve. El poema es entonces un itinerario; conciencia e imagen. Asedia la trascendencia, la revelación, lo hondamente personal. Otra vez: plenitud.

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar
Gonzalo Rojas

Carlos Penelas
Buenos Aires, julio de 2020

jueves, 9 de julio de 2020

Cumpleaños



Aún no sé quién habita en mí.

Hay algo en el silencio, pero no sé.

Miradas, fotografías, relojes

amparando sombras o recuerdos.

También avatares, nombres

que están huecos, ausentes,

una cierta insumisión que me interpela.

Afronto el misterio, la voz de una mujer,

cierta melancolía en el cielo y en los pájaros,

el amor de los hijos en un parque.

Hay un lugar donde el padre sueña

una desazón, una alegría que roza

el mar, la libertad, el viento.

También algo insomne en esa plenitud

que teje alquimia, deseo, devaneo.



Carlos Penelas

Buenos Aires, 9 de julio de 2020

miércoles, 1 de julio de 2020

Presencia de Walt Whitman

“…Vago e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo 
sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío…” 
W. Whitman


Comencé a leer su poesía a los dieciséis años. Fue Canto a mí mismo en una edición de Losada. La traducción era de León Felipe, una traducción magistral. A lo largo de los años descubrí lo sagrado del cuerpo humano, el gozo de los cuerpos, la negación a los predicadores. Para León Felipe estos versos representan el momento más luminoso del poeta. En él están contenidos su doctrina y su mensaje y, de alguna manera, su autobiografía, aunque luego matiza afirmando que los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino.

A partir de ese momento continué leyendo y releyendo su obra. El deslumbramiento hizo en esos años que descreyera de cualquier otro autor. Leí biografías, críticas, diferentes traducciones. Ahora observo un libro que está apoyado sobre un atril al costado de la biblioteca. Es la versión de Hojas de Hierba con traducción de Jorge Luis Borges e ilustraciones de Antonio Berni. Una edición en rama; Juárez Editor, 1969. En el estudio crítico dice Borges: “Innumerables son los que han imitado, con éxito diverso, la entonación de Whitman: Sandbourg, Lee Masters, Maiakovski, Neruda…Nadie, salvo el autor del inextricable y ciertamente ilegible Finnegans Wake, ha vuelto a acometer la creación de un personaje múltiple. Whitman, insisto, es el modesto hombre que fue desde 1819 hasta 1892 y el que hubiera querido ser y no acabó de ser y también cada uno de nosotros y de quienes poblarán el planeta”.

Luis Franco fue quien me introdujo definitivamente en su obra. Comentándola, leyéndola, descubriendo su tejido, su vida, su respiración. Él me obsequió – retiró el ejemplar único de su biblioteca - la exquisita biografía de Henry Sidel Canby. Franco también me regaló Perspectivas democráticas, un ejemplar poco reconocido del poeta. Tal vez la obra en prosa más importante del autor, escrito en plena Guerra de Secesión, donde Whitman ejerció de voluntario y enfermero. No olvidemos que el célebre poeta catamarqueño escribió un libro inolvidable sobre la vida y la poética de Whitman. En El arco y la lira, Octavio Paz afirma que “la poesía de Walt Whitman es como la sístole y la diástole de un pecho poderoso”.

La visión de Whitman rompe los cánones de la forma poética y es generalmente cercano a la prosa. Utilizó imágenes y símbolos inusuales en poesía. También escribía abiertamente sobre la muerte y la sexualidad, incluyendo la prostitución. Whitman sentenció en el prefacio de 1855 de Hojas de hierba: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”.

La figura de este poeta inmenso va de la mano con hombres que fueron arquetipos de una nación, de una conducta, de una ética: Ralph Waldo Emerson, Abraham Lincoln, Henry David Thoreau y Herman Melville. Ellos representan un ideal, una fuerza cósmica, una mirada total del ser. Dijo Whitman: “Me he dado cuenta de que me basta estar con los que uno quiere, me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero, me basta sentir la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama”.

Tal vez unas líneas nos hacen comprender una época y un destino. En una carta de Henry David Thoreau a Ralph W. Emerson, otros dos trascendentalistas, leemos: “La muerte es hermosa cuando se la ve como una ley y no como un accidente”. Esa es la ley natural, que entre otras cosas, nos enseña Whitman. Su vida revive en su obra y nos hace sentir su universo al mismo tiempo que nos enseña ver, gozar, soñar junto a su vivencia. Su poética nos conmueve y transporta, es un autor clásico. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, aprendimos de Italo Calvino.

“Ese lenguaje ha parecido lascivo a los que son incapaces de entender su grandeza” (José Martí, 1887) “…cuya voz empieza a resonar por todas partes porque él es hoy el primer poeta del mundo, y ama a la humanidad con amor inmenso…” (Rubén Darío, 1888) “Sólo Nietzsche en algunas páginas alcanza su magnitud y vuelo lírico…” (Armando Vasseur, 1912) “Whitman, el único que abrió camino. Whitman, el único pionero. Y solamente Whitman. Ningún poeta inglés, ningún francés. Ningún europeo.” (D.H. Lawence, 1923) “…este poeta del amor, de la fe y de la rebeldía”. (León Felipe, 1941) “Son la inocencia y la magnificencia de un mundo nuevo donde las cosas aparecen en su rudeza o en su gracia inmaculada, maravilla de la humanidad…” (Luis Franco, 1945) “Los tres padres fundadores de la poesía moderna son Baudelaire, Gerard Manley Hopkins y Walt Whitman. El verdadero inaugurador fue Walt Whitman” (Erich Kahler, 1957)

Su poética es moderna, cree en lo fragmentario como en el todo, es cosmopolita, es ecologista y bucea en lo tecnológico. Nos habla “de los países contemporáneos”, del musgo y de los animales, de los barcos de vapor y las redes telegráficas. Atacó la esclavitud y defendió la igualdad. Su obra nos interroga permanentemente. Como manifiesta el poeta Eduardo Moga (1962) – traductor de Hojas de Hierba - “Whitman abre su léxico al lenguaje arcaico y al técnico, a los barbarismos y a lo coloquial, y también a las malas palabras, sin miedo al excremento ni al sexo ni a la basura ni al semen”.

No sería erróneo afirmar que es un poeta homérico, convoca al lector a ensalzar la conciencia del vivir. Es el primer poeta de la democracia norteamericana, sueña con una América que se hizo a sí misma con un espíritu torrencial, auténticamente emblemático y liberal. Su relectura nos lo muestra contemporáneo; el verso libre respira desde su yo trascendente.

La trayectoria de Whitman representa lo vital, la vida que se expande y nos expande, la libertad, la libertad interior; es un abismo pero también es la expresión del vivir, de la alegría. De la insubordinación, de la fraternidad. Su poesía, su voz, nos dice de la libertad política y del erotismo, de un erotismo universal que nos muestra el don del misterio y de la pasión. Es un hombre que habla de la felicidad, de la necesidad de ser felices. Su canto nos libera de la religión, de la política, de los dogmas y de la hipocresía de una sociedad. Whitman es un hombre libre y empuja a buscar en cada uno de nosotros esa libertad, ese principio que nos hace únicos en el universo. Señala la infinitud, el sentimiento; deja un legado inagotable a partir de su mito, de su utopía. Su voz provocadora es libertaria, como libertario es su tensión sexual.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de julio de 2020

domingo, 28 de junio de 2020

Fílida

No, no soy como esos ñatos que hoy dicen una cosa y mañana otra. No soy un farabute, esos tipos que con la misma cara, el mismo bigote y la misma energía afirman o niegan a la vez. No, ya se lo dije antes: no soy hipócrita ni peronista. Tengo defectos, pero no soy mala persona. Por favor, respéteme.

Horacio Coppola: Avenida de Santa Fe. Plaza San Martín, 1936

Lo cierto es -como le iba contando- la miraba con pasión, una locura de hembra. Se desnudaba a eso de las ocho de la noche, dos o tres veces por semana. La veía de espaldas, frente al espejo de su habitación. Se iba desnudando de una manera particular, me fascinaba. Al despertarme cerraba los ojos y la volvía a ver. Luego me di cuenta de su sensualidad; no, de entrada no. ¿Me sigue, entiende? Recuerdo el corpiño verde, lo arrojaba por el aire y caía sobre la cómoda. Descubrí que la cuarentena me había cambiado la vida, lo descubrí con ella; observándola, encontrando sus hombros, su cuello, su cabellera moviéndose al compás de su cabeza. Sus nalgas, sus caderas. ¿Me sigue? Seguro que escuchaba música. Quiero imaginarme que escuchaba a Ray Charles, un soul tocado en piano. O a Nat King Cole. Por cómo se movía no era Andrea Boccelli, qué joder. Lo cierto es que la había observado mucho tiempo antes de llegar a la cuarentena, una cuarentena interminable por otra parte. La primera vez la descubrí de casualidad. En el cuarto había un hombre grandote, desprolijo, de bigotes finitos y pelada incipiente. De unos cincuenta años. Lo pude ver bien, era una tarde húmeda, de sol. Desde la ventana observé los toldos bajos de ventanas vecinas. No le di mucha importancia, no soy un voyeur. Miré la escena dos o tres veces en un mes, al regresar de la oficina. Luego la olvidé. Sí, a ella y al fulano.

Hasta la cuarentena, allí cambió mi vida. Mi familia ni se enteró, hablaban de contagios, de hospitales, de barrios carenciados. Bueno, sigo con la historia. Estaba en ropa interior - la sorprendí una noche de mayo -, la iluminaba un velador de la mesa de luz. No dudé, fui a buscar al ropero el binocular que mi padre solía llevar a San Isidro o a Palermo. Por suerte los pude encontrar. Mi mujer - parece que lo hace ex profeso sabiendo mi problema -cambia a cada rato las cosas de lugar. Lo cierto es que desde esa noche la miro. ¿Qué por qué le puse ese nombre? Bueno, estudié clásicas, son taras que uno tiene. No, nunca le saqué fotos. Me enloquece cuando se pone un vestido negro, se viste para salir, como para ir a cenar o a un encuentro importante. Luego comienza a desvestirse, a quitarse una pulsera, una media, un zapato, un collar, una calza bordó. Es allí donde enfoco el prismático con respiración entrecortada. Me tiemblan las manos al ver sus ojos blancos, cuando parece desplomarse sobre la colcha azul. Créame, es algo inimaginable el silencio de la calle, el silencio de los departamentos… Le dije, vive en el edificio de enfrente, un tercer piso. La miro desde el cuarto piso, en diagonal. ¿No me cree? ¿Y qué piensa si le digo que soy ciego? Eh, ¿qué me dice, ahora? ¿Me cree o no me cree?

Carlos Penelas
Buenos Aires, 23 de junio de 2020

Taller literario