viernes, 23 de diciembre de 2011

Todas las mañanas del mundo

Hace siglos que uno esta harto. Harto de los patriarcas, de los redentores, de las hipocresías y de las esperanzas. De los líderes seductores, de los acordes altisonantes de la plebe, de las revelaciones de los economistas, del endiosamiento de los caudillos. Hartos de la silla gestatoria y de los caballeros normandos, de los señoritos con prestigio y de la industria cultural. De la omnipotencia y del martirio, de los tiempos sagrados y de las leyes sagradas, de la picardía y de la mala fe. De los banqueros y de las revoluciones cesáreas, de las persecuciones y de las falsedades. Hartos hasta la coronilla de tanta miserabilidad y engaño. Y de tanta cobardía encubierta. Rodeados de seres mezquinos, de seres mediocres, de seres chabacanos.

Por estas razones, y otras que dan nauseas comentar, es que prefiero hablar de literatura. Hace unos días un muchacho con inquietudes, que escribe poemas y siente la naturaleza, que es apicultor y se preocupa por los hechos sociales, me obsequió un libro de Pascal Quignard, Albucius. Se lo agradecí, naturalmente, y prometí leerlo. Y lo hice. Pero a los pocos días recordé un film estupendo; este autor había sido el guionista. La película, que la acabo de ver por cuarta vez, es de Alain Corneau. Interpretaciones memorables de Jean-Pierre Marielle y Gerard Depardieu. La banda original de sonido es de Jorgi Savall. Un amigo, músico, me la consiguió hace años. Y otras composiciones de Savall –tal mi entusiasmo- acompañado por Monserrat Figueras. Recuerdo que días enteros escuchaba sus melodías. Una sensibilidad superior, una belleza silente.

Sainte Colombe, el maestro de música, el personaje que se nos queda para siempre, abandona las pompas mundanas y se recluye en su granja. Se entrega a descubrir los secretos de la viola de gamba. Se entrega a descubrir los secretos de lo interior, de lo puro, de la ética y de la estética de la creación. “Mi corte son los peces y los árboles” llega a decirle al enviado del Rey de Francia.

Busca a un único discípulo, uno sólo que comprenda el verdadero significado de la música. El verdadero significado del arte. Siente -este creador, este ser único- que es música el sonido del viento y el llanto de su hija. Que todo lo que lo rodea es música, es arte, es libertad. Se da cuenta y nos advierte “de los grandes equilibristas que son músicos menores” aunque lleguen –en general llegan y están todos allí- a ser músicos de Corte. Contra eso lucha en silencio, durante quince horas cada día.

Podemos hablar de una cuidada fotografía, de una producción culta. Pero debemos ver, más allá de cierto misticismo o tal vez a partir de él, la búsqueda del verdadera artista, la búsqueda desde su soledad. Contra el mundo, contra la imbecilidad y los arrastrados, contra los premios y las adulaciones. Eso, creo, nos trasmite el Señor Sainte Colombe en la cinta. Desde allí crece su temperamento, su rigor.

Pascal Quignard nos presenta en Albucius historias plagadas de sangre, de violencia, de abusos y de rebeliones. De rebeliones contra la autoridad, siempre. Rebelión contra la religión, contra el marido, contra el padre. Y contra los amos. He aquí un fresco de manías, temores y tristezas. Un libro escrito por un escritor culto, un imaginador arqueológico que nos presenta una mirada sin piedad. Me hizo recordar a Gesualdo Bufalino y su libro mayor, Perorata del apestado. Hablamos del destino, del carpe diem.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

En torno a un poema de Gerardo Diego

No me canso de decir que es distinto, que las situaciones son distintas, que las sociedades y las historias son diferentes. Por supuesto que hay problemas y serios. Por supuesto que hay corrupción y ceguera. Pero es distinto, puedo explicarlo hasta el hartazgo. Por estupidez, envidia, mediocridad o falta de conciencia crítica no se termina de ver, se confunde todo y se mezcla en una olla cartas, proclamas, fechas, dudosos emblemas, héroes, santos y fetiches, mulatos y filipinos, bizcochos y trapisondas.

En octubre de 2010 viví durante un mes en España. Galicia, Asturias, Madrid… Tuve la oportunidad de hablar con alcaldes, escritores, miembros del parlamento, artistas plásticos y gente de la cultura en general. Di conferencias y mantuve entrevistas. A todos les comentaba que veía la crisis inminente, compleja. Pero que era una crisis y pensaba que en tres o cuatro años salían de esa situación. Que una crisis dura un año, dos, cinco, diez, pero se sale. De una decadencia no, una decadencia puede llevar décadas, un siglo. Que esa era la diferencia fundamental.

Hace unos días la llama a Rocío su hermano Ariel, desde España. Recordemos que Ariel se tiene que ir del país (ingeniero, la mujer arquitecta) por la crisis de 2001.

Con una mano atrás y otra adelante. Que ahora están con vivienda, criando a sus hijas, formando en España una vida plena, sin retorno.

Le comenta, entre otras cosas, que están organizando la fiesta de fin de año en Navalafuente (un pueblo de las cercanías de Madrid, a unos cincuenta kilómetros, alrededor de mil quinientos habitantes) que van a bailar, que están preparando junto con la Alcaldía un acto donde participen todos. Y que Florencia – la hija mayor de Ariel, de dieciséis años – iba a leer un poema de Gerardo Diego en el salón de Navalafuente. Esta claro. No choripanes, no Wachiturros, no cumbia villera. Poemas de distintos autores españoles y entre ellos, Gerardo Diego. Prefiero callar y mostrar las líneas que Rocío les hizo llegar.

Consideraciones y análisis de Canción del Niño Jesús, poema de Gerardo Diego (1896-1987) de Versos Divinos (1971)

Era característica tradicional en los poemas religiosos el vacío, la grandilocuencia, etc. Gerardo Diego rompe con aquellos tópicos, en Versos Divinos, y los hace alegres, diáfanos, serenos, modernos y originales.

Se llaman canciones por su musicalidad, precisamente éste, Canción del Niño Jesús, tiene un ritmo melódico dado por la rima constante en las terminaciones era. Trata de darle frescura, delicadeza y agilidad. Aroma sensible y melodía que da inmensa ternura en el tratamiento de los personajes: el Niño, el borriquillo, el angelito Gabriel, la Virgen. El uso de diminutivos.

Con el verso quebrado, atípico, y los suspiros que mueven los puntos suspensivos, todo queda en el aire, frágil, liviano, suspendido, despertando, en el que está leyendo deseos de agregar algo…

Visto el poema como una escena conmovedora, hay allí un juego navideño para el Niño y un juego de palabras: el borrico acompañará el alumbramiento de Jesús y lo llevará luego en su huída a Egipto y en la llegada a Jerusalén; el angelote (Gabrielillo) vigila el cuadro.

La palmera vigorosa es el símbolo central del poema y el poder conmovedor del mismo. Es revolucionario que en poesía religiosa se deposite íntegra, la fuerza literaria en esta figura, tan poco “divina” y muy mundana. Pero ella (la palmera) en el portal, está presente y compartirá con el Niño en su infancia, conocimientos, juegos, crecimiento, en fin, durante toda su vida y en su destino trágico.

En Jerusalén (ya son sus días finales) la multitud esperará a Jesús con ramos de palma (lo dicen los Salmos):

Si la palmera supera
que sus palmas, algún día…


La palmera es mencionada siete veces. G.Diego, hace más con las palabras, nos trae al presente la magia de la historia, al decir que tiene tallo fino y esbelto y nos deja pensando, al señalarla, como testigo poderoso

Si la palmera pudiera…
…la palmera…


¿Hubiera podido ser otra realidad?

Acerca de la lectura
Considerada al leerlo que el público esta escuchando, que el poema es blando, frágil, liviano, musical, rítmico, lleno de intensión y simbolismo, y a pesar de todo eso, es sencillo.

Las palabras pudiera, pulsera, viera, tuviera, quiera, vera, supiera y sus repeticiones, conllevan música. Por lo tanto hay que darles tiempo, tono y espacio.

Debe oírse dulcísimo en niña, cintura de pulsera, borriquillo, Gabrielillo…
Cuando dice Niño, hay que remarcar – ya que no es cualquier niño – sino el Niño Jesús.

No olvidar que es Navidad y que se trata de “dejar oír” casi una pintura, un cuadro.

La intensión se logra comprendiendo al poema. Sabiendo que es el relato de una historia, de niño a hombre, de vida a muerte. Con un simple testigo: la palmera.

Acercándose al final del poema, sin serlo realmente, insinuar un interrogante, casi un suspiro. Una situación abierta.

Canción del Niño Jesús
Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera.
Para que el Niño la viera...
Si la palmera tuviera
las patas del borriquillo,
las alas de Gabrielillo.
Para cuando el Niño quiera,
correr, volar a su vera...
Si la palmera supiera
que sus palmas algún día...
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira... Si ella tuviera...
Si la palmera pudiera...
...la palmera...

Flor lo vas a hacer maravilloso. Te voy a escuchar hasta acá. Te agradezco porque es el día de mi cumpleaños. Te quiero por hacer lo que me gusta y por todo. Te llamo el viernes. Besos, Rocío.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2011

Carlos Penelas en Uruguay

Amante de la vecina orilla, el poeta cruzó el charco para visitar nuevamente Montevideo y Colonia. Aquí, dos imágenes en el tradicional Café Brasilero de la capital charrúa.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Luis Franco

Buenos Aires, 2011.
Peña del Libro "Tenti Rocamora".
Plaqueta.
Prosa.

El sábado 10 de diciembre se realizó la reunión noventa y cuatro de la Peña del Libro "Trenti Rocamora". En la oportunidad se entregó a los asistentes el folleto Luis Franco, conferencia que Carlos Penelas ofreció en el salón de la Editorial Dunken el sábado 12 de noviembre.

La publicación corresponde a la Serie "Folletos Literarios", dirigida por Stella Maris Fernández y María de los Ángeles Marechal.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Presentación de "Un café, tres relatos"

En la noche del sábado 3 de diciembre Carlos Penelas presentó el nuevo libro de Carlos Martínez, alumno de su taller literario. Rocío Danussi leyó un cuento. Aquí, fotos y videos.

Un café, tres relatos, publicado a través del Sello Editor de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, es el segundo libro de Carlos Martínez (autor de El vuelo del Dragón y otros cuentos) y surgido del Taller Literario de Carlos Penelas.

Los videos


jueves, 1 de diciembre de 2011

"Antología personal" en la Feria de Guadalajara

Editorial Dunken estará en el stand de Argentina en la 25 Feria Internacional del Libro Guadalajara 2011. Carlos Penelas volverá a participar con su libro Antología personal.

Se trata de la mayor feria comercial de libros de México, que se realizará entre del 26 de noviembre al 4 de diciembre del 2011, en el Centro de Exposiciones Expo Guadalajara Av. Mariano Otero, 1499 Col. Verde Valle Guadalajara, Jalisco.

Presentación del XV volumen de "El Libro de los Talleres"

Dunken vuelve a incluir a los Talleres Literarios dictados por Carlos Penelas (particular y Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte), en el libro que da a conocer el trabajo de espacios similares de todo el país e internacionales. La presentación será el sábado 3 de diciembre a las 14 horas en la sede de la editorial, Ayacucho 357.

Taller literario