viernes, 16 de diciembre de 2011

En torno a un poema de Gerardo Diego

No me canso de decir que es distinto, que las situaciones son distintas, que las sociedades y las historias son diferentes. Por supuesto que hay problemas y serios. Por supuesto que hay corrupción y ceguera. Pero es distinto, puedo explicarlo hasta el hartazgo. Por estupidez, envidia, mediocridad o falta de conciencia crítica no se termina de ver, se confunde todo y se mezcla en una olla cartas, proclamas, fechas, dudosos emblemas, héroes, santos y fetiches, mulatos y filipinos, bizcochos y trapisondas.

En octubre de 2010 viví durante un mes en España. Galicia, Asturias, Madrid… Tuve la oportunidad de hablar con alcaldes, escritores, miembros del parlamento, artistas plásticos y gente de la cultura en general. Di conferencias y mantuve entrevistas. A todos les comentaba que veía la crisis inminente, compleja. Pero que era una crisis y pensaba que en tres o cuatro años salían de esa situación. Que una crisis dura un año, dos, cinco, diez, pero se sale. De una decadencia no, una decadencia puede llevar décadas, un siglo. Que esa era la diferencia fundamental.

Hace unos días la llama a Rocío su hermano Ariel, desde España. Recordemos que Ariel se tiene que ir del país (ingeniero, la mujer arquitecta) por la crisis de 2001.

Con una mano atrás y otra adelante. Que ahora están con vivienda, criando a sus hijas, formando en España una vida plena, sin retorno.

Le comenta, entre otras cosas, que están organizando la fiesta de fin de año en Navalafuente (un pueblo de las cercanías de Madrid, a unos cincuenta kilómetros, alrededor de mil quinientos habitantes) que van a bailar, que están preparando junto con la Alcaldía un acto donde participen todos. Y que Florencia – la hija mayor de Ariel, de dieciséis años – iba a leer un poema de Gerardo Diego en el salón de Navalafuente. Esta claro. No choripanes, no Wachiturros, no cumbia villera. Poemas de distintos autores españoles y entre ellos, Gerardo Diego. Prefiero callar y mostrar las líneas que Rocío les hizo llegar.

Consideraciones y análisis de Canción del Niño Jesús, poema de Gerardo Diego (1896-1987) de Versos Divinos (1971)

Era característica tradicional en los poemas religiosos el vacío, la grandilocuencia, etc. Gerardo Diego rompe con aquellos tópicos, en Versos Divinos, y los hace alegres, diáfanos, serenos, modernos y originales.

Se llaman canciones por su musicalidad, precisamente éste, Canción del Niño Jesús, tiene un ritmo melódico dado por la rima constante en las terminaciones era. Trata de darle frescura, delicadeza y agilidad. Aroma sensible y melodía que da inmensa ternura en el tratamiento de los personajes: el Niño, el borriquillo, el angelito Gabriel, la Virgen. El uso de diminutivos.

Con el verso quebrado, atípico, y los suspiros que mueven los puntos suspensivos, todo queda en el aire, frágil, liviano, suspendido, despertando, en el que está leyendo deseos de agregar algo…

Visto el poema como una escena conmovedora, hay allí un juego navideño para el Niño y un juego de palabras: el borrico acompañará el alumbramiento de Jesús y lo llevará luego en su huída a Egipto y en la llegada a Jerusalén; el angelote (Gabrielillo) vigila el cuadro.

La palmera vigorosa es el símbolo central del poema y el poder conmovedor del mismo. Es revolucionario que en poesía religiosa se deposite íntegra, la fuerza literaria en esta figura, tan poco “divina” y muy mundana. Pero ella (la palmera) en el portal, está presente y compartirá con el Niño en su infancia, conocimientos, juegos, crecimiento, en fin, durante toda su vida y en su destino trágico.

En Jerusalén (ya son sus días finales) la multitud esperará a Jesús con ramos de palma (lo dicen los Salmos):

Si la palmera supera
que sus palmas, algún día…


La palmera es mencionada siete veces. G.Diego, hace más con las palabras, nos trae al presente la magia de la historia, al decir que tiene tallo fino y esbelto y nos deja pensando, al señalarla, como testigo poderoso

Si la palmera pudiera…
…la palmera…


¿Hubiera podido ser otra realidad?

Acerca de la lectura
Considerada al leerlo que el público esta escuchando, que el poema es blando, frágil, liviano, musical, rítmico, lleno de intensión y simbolismo, y a pesar de todo eso, es sencillo.

Las palabras pudiera, pulsera, viera, tuviera, quiera, vera, supiera y sus repeticiones, conllevan música. Por lo tanto hay que darles tiempo, tono y espacio.

Debe oírse dulcísimo en niña, cintura de pulsera, borriquillo, Gabrielillo…
Cuando dice Niño, hay que remarcar – ya que no es cualquier niño – sino el Niño Jesús.

No olvidar que es Navidad y que se trata de “dejar oír” casi una pintura, un cuadro.

La intensión se logra comprendiendo al poema. Sabiendo que es el relato de una historia, de niño a hombre, de vida a muerte. Con un simple testigo: la palmera.

Acercándose al final del poema, sin serlo realmente, insinuar un interrogante, casi un suspiro. Una situación abierta.

Canción del Niño Jesús
Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera.
Para que el Niño la viera...
Si la palmera tuviera
las patas del borriquillo,
las alas de Gabrielillo.
Para cuando el Niño quiera,
correr, volar a su vera...
Si la palmera supiera
que sus palmas algún día...
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira... Si ella tuviera...
Si la palmera pudiera...
...la palmera...

Flor lo vas a hacer maravilloso. Te voy a escuchar hasta acá. Te agradezco porque es el día de mi cumpleaños. Te quiero por hacer lo que me gusta y por todo. Te llamo el viernes. Besos, Rocío.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2011

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