domingo, 31 de enero de 2010

Palabras de Lidia Vinciguerra

Querido amigo, intento, en toda oportunidad en que te leo, pensar que tu madre es tu madrecita y no la mía. Que tu padre no es quien respira recuerdos a mi lado. Que la infancia de Carlos P. , la patria que nos alberga, la militancia, que la poesía, las mantillas delicadas, la música de los hogares dibujando tu memoria, no es la mía. Pero sin embargo, es tan cautelosa tu palabra, tan serena de nostalgias, que llega llega llega, y se arremansa en mi pecho con el estremecimiento de la ternura, de la tinta humilde de los grandes poetas y con la visible mirada de un verdadero creador.

Recibe mi cariño de lectora y amiga,

Lidia V.

miércoles, 27 de enero de 2010

Un verano con Mónica

Créame, silencioso lector, vivo confundido. No son los años, de verdad le digo. Si lo fueran no tendría inconveniente en confesarlo. Todo me resulta extraño, grotesco. Siempre ame la puesta de sol o el despertar del día. Siempre goce en soledad o en compañía de una hermosa muchacha cada crepúsculo. Me gusta apoyar mi cabeza en sus muslos o en su vientre y contemplar lo mágico, el ensueño. No ir descubriendo constelanciones ni contar que el reflejo que seguimos viendo en el agua o en el bosque es efecto del sol y no de la luna. Aprecio el estar, el dejarme llevar, el evocar cada mujer bella con la actual. O como la actual borra las imágenes de las otras.

Ahora se sacan fotografías. Jóvenes y seres adultos sacan fotos y miran de inmediato a través del teléfono celular o de la camarita cómo es la puesta. Y hablan, se ríen, se apiñan con botellas de cerveza. Los secretos y los sentimientos deben ser llevados al límite, aunque se fracase. Siempre vivimos la crisis entre lo que deseamos y podemos alcanzar, siempre la realidad socava el ensueño. Pero eso no importa. En nuestra juventud Ingmar Bergman nos enseñó cómo son las historias de amor. Para toda la vida.

Los jóvenes hablan por celulares todo el tiempo y juegan al Pókemon. Y llevan la laptop como identificación social, de clase, de ser. Vivimos la era de los inmigrantes digitales, se lee el libro electrónico de Amazon. No me siento amenazado por el mundo de las pantallas, querido amigo. No piense eso. Sucede que los muchachos no escuchan, sienten como pueden, andan con los auriculares del MP3, se comunican con mensajitos de textos. Y aparentan estar abombados. Los adultos también, qué duda. No hablo de parámetros, no quiero ser cruel. Ni tonto. Hay una industria del deseo que pasa por Internet. No hay libido, no hay vértigo. Con mi amada siento vértigo, siento pasión. Siento. Hay ambigüedad, hay posibilidad de discutir, de pensar, de hacer el amor en la alfombra o bajo la ducha. Me parece que “los otros” al no saber decir, al no sentir; no saben, no sienten.

Cuenta la leyenda que en la antigua Inglaterra la gente no podía tener relaciones íntimas sin contar con el consentimiento del Rey, a menos que se tratase de un miembro de la familia real. Cuando la gente quería procrear debía solicitar un permiso al monarca, quien les entregaba una placa que estaban obligados a colgar afuera de su puerta. Mientras tenían relaciones, claro. La placa decía “Fornication Under Consent of the King” (F.U.C.K.). Ese es el origen de tan socorrida palabra que solemos escuchar en las malas películas. Como ven, queridas lectoras, hay cosas que vienen de otras. El amor en los tiempos de cólera no siempre proviene de los brotes coléricos. Y los grandes pintores, Brueghel o Bosch, representaron las pestes. Pero ese es otro tema. ¿O no?

Dice nuestro querido Zygmunt Bauman: “El cuerpo no es sólo la sede y el instrumento del deseo, sino también un objeto del deseo”. “Es el cuerpo el que señala y el que habla”, escribió para el universo Maurice Merleau-Ponty. De eso se trata en las puestas de sol. De eso hablamos cuando nos referimos a la libertad, a la creación, a la anarquía, al amor. Solamente. De lo contrario hay un mensaje equivocado en las caderas de la amada, en sus senos, en su mirada. Ningún aspecto del cuerpo puede escapar a nuestra atención. Como en el recordado film de Bergman. O como en la Garota de Ipanema de Antonio Carlos Jobim. En fin, que estoy confundido con el tema de las fotografías ciegas, los mensajes de texto, el tedio represivo, el envejecimiento de los jóvenes y el aburguesamiento de mi generación.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

jueves, 21 de enero de 2010

Pequeña oda al verano

El verano agita la incertidumbre sustentada
deslizándose sutil en las panaderías.
Restaura el desorden del gozo y de la fábula.
Apenas separada nombra la ausencia,
el olvido de la tarde aprisionado en el mirar,
perdido como un pájaro distraído.
El verano duerme su destierro,
la hartura consumida de una sombra.
Y un jacarandá llamando
debajo de grandes cielos azules
la frescura del aire y de la inmortalidad.
Un hálito apenas, un descuido estremecido
besando el rostro de la amada,
despertando la mano ritual entre las ropas,
las tibias riberas que devoran misterio.
Y la noche brilla en locas aluciones,
en la humedad del pubis
dejando párpados en su cabellera,
en delgados y melancólicos lechos
que levantan cuerpos sin desmayos,
escuchando los mundos en el recogimiento.
(Uno viaja sin moverse en un bosque flotante.)
Cuerpos con voces remotas en el mayor abandono
de la desmemoria, de la incansable belleza
mojando la luz y las nubes errantes.
Entrando, ¡oh, peregrino!
en la prisión airosa de la melancolía.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes, 11 de enero de 2010

Revolucionarios y gorilas

Deseo recomendarle, amigo lector, que relea Cartas desde la Tierra de Mark Twain. Fueron publicadas por primera vez en 1962, más de cincuenta años después de su muerte. Si se ofenden por su ateísmo, no lo lean. También sería interesante que vuelvan a Un mundo feliz de Aldous Huxley. Fue editado en 1932 y su título tiene origen en un canto del acto V de La Tempestad, de William Shakespeare. Por último: Los viajes de Gulliver, la novela satírica de Jonathan Swift publicada en 1726. Una de las críticas más crueles de la condición humana. Estos tres libros para las vacaciones creo que están bien.

Es desolador como se mezcla y se confunde todo. Desolador y patético. Parecería que el hombre no comprende o está imposibilitado de hacerlo. Lo digo sin demagogia, claro está. Intelectuales brillantes, hombres de ciencia o de formación artística, seres con vocación humanista, las más de las veces no ven lo grotesco. Eso que está allí a la vista, eso que un niño lo señalaría con facilidad. Bueno, tiene razón, no todos los niños. La cosa viene de lejos.

No me interesa discutir los razonamientos de la derecha o lo que proclama una ideología reaccionaria. Ya lo sabemos. Sabemos que representa la Iglesia, el Estado, las corporaciones, los bancos, las empresas, los odontólogos, el derecho romano… lo sabemos y lo supieron hombres probos hace siglos. La hija del astrónomo Teón, Hipatia, es un eslabón de aquello que intentamos resumir. Lo dramático es qué se entiende por progresismo, por revolucionario, por libertad.

Usted sabe, fariseo lector, que sostengo teorías libertarias. Discutible, por supuesto, discutible. Pero es la única que aún permanece en mi como una llama. Durante décadas el Partido Comunista señaló en una suerte de Inquisición del hombre nuevo, que todo aquello que no pasase por su concepción era reaccionario, agente del imperialismo o secuaz de la CIA. Y quedó la marca. Diluída, sin criterio, pero el halo sigue dando vueltas. Nacieron los mitos, las leyendas. Hicieron listas negras donde estaban Camus y Ionesco, Pirandello y Orwell. Se ocultaron datos de manera desenfadada, siniestra. Desde los campos de concentración o Gulag (qué no dijeron los camaradas de Solhzenitsyn) hasta los crímenes más absolutos en la Guerra Civil Española o en México. Pero los camaradas leían Novedades de la Unión Soviética y todo estaba en orden. El mal estaba afuera: en la Alemania nazi, en la España franquista, en la Italia de Mussolini o en el liberalismo inglés. Y naturalmente lo falso, lo espúreo, lo irracional, lo consporativo, provenía del Pentágono. El potitburó estaba ajeno a eso. Era la Biblia, lo único digno, lo sagrado. Hasta embalsamaron a Lenin para cumplir con la tradición del culto a la muerte. Cientos y miles de datos. Montañas de documentos, de contradicciones, de engaños. Y paralelamente mártires, persecuciones, exilios. Una cosa va con la otra. Una cosa va con la otra. Así se hace el juego. Y los intelectuales comprometidos con la opresión. No todos, no todos. Brillantes creadores y pensadores anarquistas -y otros que no lo eran- vieron el engaño. Y lo denunciaron. Y pasaron a ser buenas personas pero equivocadas. O importantes creadores pero que trabajaron para la desestabilización o la contrarevolución. Insisto, hay bibliotecas enteras con documentos, fotografías, manuscritos, cartas.

Entre nosotros, lo que no es peronista es fascista. O gorila. La razón de mi vida, escrito por el valenciano, falangista, Manuel Penella, fue un libro de cabecera de generaciones. Como si lo hubiese escrito Rosa de Luxemburgo. La confusión general, ubuesca por otra parte, se genera a traves de engaños, claroscuros, conversos y leales, patriotas y traidores. Y sobre eso bombo, liturgia y sinarquía. Y más tarde cultura nacional, maniqueo, oportunismo, silencio cómplice. Se formó un gran caldo donde se mezclaron deseos y creencias, sectas y castigos. Una enorme capacidad de olvido de nuestra sociedad y la falta de autocrítica hacen el resto.

Vamos a recordar algo. Breve, pero interesante. Para saber dónde estamos parados o cómo todo, desde Perón hasta Kirchner es peronismo. Todo es parte de lo mismo, reitero. Un sentimiento, una conducta, un acto mágico.

El avión negro que trajo al General –Madrid-Buenos Aires– el 20 de junio de 1973 estaba acondicionado según órdenes de su secretario privado, José López Rega. En el sector A viajaban Licio Gelli, López Rega, Luchino Revelli, Giancarlo Valori, miembros de la Logia Propaganda Due (P2). En el sector B Juan Perón, Isabelita, Cámpora, su esposa Georgina, el coronel croata Milo de Bogetich, la esposa del embajador en España, José Campano.

En marzo de 1974 el General sentía que su organismo iba decayendo. No obstante se sintió con fuerzas para recibir al presidente de Rumania, Nicolás Ceausescu junto con su esposa, Elena. Ceausescu, joven lector, fue uno de los dictadores más brutales de la Europa del Este. A Ceausescu y a su esposa se les entregó el Collar de la Orden del Libertador San Martín y la Universidad de Buenos Aires lo nombró Doctor Honoris Causa. Vale la pena recordar que durante su primer gobierno no recibió al Premio Nobel de Medicina, 1947, Dr. Bernardo Alberto Houssay por ser antiperonista o contrera como solían decir despectivamente. O gorila.

El 1 de Mayo el líder habló desde los balcones de la Casa Rosada con una protección especial. Montoneros, fuerza que él protegió en más de una oportunidad, le decía desde la plaza: “¿Qué pasa, qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”. Esto enfureció a Perón; los llamó “imberbes y estúpidos”. Montoneros, al retirarse, contestaron: “Rucci, traidor, saludos a Vandor”.

Luego vienieron las nefastas consecuencias, el horror del Terrorismo de Estado (el PC Argentino sostenía que Videla era progresista, no así Pinochet), la demencia de una sociedad cada vez más enferma. Y volver una y otra vez sobre hechos revolucionarios, míticos, populistas, progresistas, de algo que forma parte del delirio argentino. Por supuesto, caro lector, Hugo del Carril fue otra cosa.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

lunes, 4 de enero de 2010

Una rosa ácrata para Anselme Bellegarrigue

Me abro a tu fervor junto al sol y a la luna,
hacia islas y tardes interiores
en la respiración intensa de la vida.

El odio y el amor se estrechan,
no hallan refugio en la desidia,
en esta brutalidad
donde un viaje de encendida llama
palpa el vigor del poseído.

El odio y el amor contagian virtud
como la palabra del príncipe Kropotkin
o una pintura de Courbet.

Vienes desde la soledad;
el corazón guiado de batallas
en la osadía del ánimo y la degradación.
Todos, alguna vez, elogiaron tu nombre o tu dolor,
tu entusiasmo. En lo más hondo
la ingenuidad era una goleta semihundida.

He llenado mi corazón con tus palabras:
rebeldía, gozo, egoísmo, libertad.
Explotación, codicia. He asentado tus dioses
en mis labios: pájaro,bondad, obrero, hembra.
Mostraste los cadáveres, la luz o la conciencia
de los hombres serviles.

La historia nació y murió en vos.
Señalaste sarcófagos de bronce, lo abyecto de los templos,
la locura de reyes, las guerras, el oprobio del oro.
Y las leyes celestiales del brebaje.

Aquí estoy. Solo junto al mar
mirando en la noche las estrellas homéricas,
avergonzado de tanta oscuridad y tanto gesto inútil.

Intentando escuchar el lenguaje insurrecto del poema.
En lo monstruoso y bello de la hondura.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

Artículo de Carlos Penelas en la revista digital española "Letras"

"Qué leen cuando me leen", incluído en el último libro de Carlos Penelas, Fotomontajes, fue publicado en la edición de enero de "Letras (Fuengirola)".

Se trata de una revista digital española dedicada al arte, la música y la literatura. Para leerla, haga click acá.

Taller literario