martes, 20 de mayo de 2014

Leopoldo Lugones: suicidio y literatura


Toda la historia contemporánea -ese vasto y contradictorio reportage- está nadando en pleno sueño engañador. 

Paul Groussac


Una y otra vez insisto sobre la necesidad de profundizar la obra de Luis Franco. Cuando lo nombro, cuando lo evoco – desde la amistad y el reconocimiento de su magisterio – estoy nombrando a Sarmiento, a Darío, a Lugones. Esa, y no otra, es la línea de pensamiento, de genio, de trascendencia. Luis Franco hizo descubrir en mi, desde una mirada más profunda -no sólo el universo de Goethe o de Esquilo, la poética de Shakespeare, no sólo la mitología griega y las reivindicaciones libertarias de la historia, los conflictos sociales, la ética necesaria e imprescindible para actuar- sino la lectura estética, la lectura ideológica, la mirada humanista de estos creadores. Que por supuesto se unen a Martínez Estrada, Horacio Quiroga, Samuel Glusber y a la literatura del Siglo de Oro Español tanto como a la novelística rusa del siglo XIX. De la mano irán Emerson, Thoreau, Whitman, Melville, Lincoln. Y por supuesto, entre otros, Darwin, Hudson, Cunninghame Graham, Tschiffely, las cartas de viajeros a nuestras tierras, la mirada insurrecta de una América aplastada por dictaduras, chauvismo, barbarie y populismo demagógico.

En 1905 Lugones publica Los crepúsculos del jardín, obra cercana al modernismo. Recoge asimismo las tendencias de la literatura francesa, en particular el simbolismo. Esta tendencia la profundizaría con su celebrado Lunario sentimental publicado en 1909. Con Las fuerzas extrañas introduce la literatura fantástica en nuestro país mostrando la afición de Lugones por el ocultismo y las ideas teosóficas. Este libro junto con Cuentos fatales son considerados precursores de la narrativa breve en Argentina. Lugones, estudioso incansable y creador fecundo, hablará de la aristocracia intelectual en el arte. Pocos, muy pocos escritores con la sólida formación humanística e instrucción científica de Lugones.

Debemos repetirlo hasta el cansancio: el poeta y ensayista Leopoldo Lugones, representa una de las mayores figuras del modernismo hispanoamericano. El ensayo El payador, por citar un ejemplo nítido, es una brillante y controvertida interpretación de la nacionalidad latinoamericana.

Lo es también su estudio sobre Sarmiento (Sarmiento, lector apasionado de Balzac), sobre su vida y su obra, un autor que impone el sentido de la literatura en nuestro país y en toda América. Sarmiento: insolente y certero, instalará sus mapas y sus brújulas, sus profecías y su utopismo. Sarmiento, un plebeyo sin ventajas sociales ni económicas, dirá Viñas.

Vale evocar las palabras de Jorge Luis Borges: “Un crítico francés, Valéry Larbaud, amigo de Güiraldes, observó que la literatura latinoamericana ha influido, a partir de Darío y de Lugones, en la de España, en tanto que la de los Estados Unidos ha influido, y sigue influyendo, en el orbe entero, más allá de ámbito inglés” Luego profundiza aún más: “… es lícito declarar, a la manera bíblica, que Edgar Allan Poe engendró a Baudelaire, que engendró a los simbolistas, que engendraron a Valéry, y que toda la llamada poesía civil o comprometida de nuestro tiempo procede de Walt Whitman, que se prolonga en Sandburg y en Neruda”.

La influencia de Lugones es fundamental en nuestras letras. Lo mismo que Sarmiento y que Darío. Más allá de presuntos silencios, de polémicas o impregnaciones, de recodos y pantanos, en ellos vemos el nacimiento de una visión real y enorme de la literatura americana, de su historia, de sus nomenclaturas, una mirada crítica y lúcida que nos muestra lo decadente de nuestra historia contemporánea. Y aquí viene de maravillas aquello que escribió Arturo Uslar Pietri: “Quien habla como un patán, terminará pensando como un patán y por obrar como un patán”.

También creemos que deberíamos releer el libro de Leopoldo Lugones (h). Sabemos que fue torturador, que fue un hombre sin escrúpulos, un ser despreciable. Pero Los cuentos del adiós, su única obra publicada, no merece quedar en el olvido.

Una generación donde estaban, entre otros, Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón, Francisco Luis Bernárdez, Roberto Arlt, Macedonio Fernández, Nicolás Olivari, Eduardo González Lanuza, Norah Lange, Adolfo Bioy Casares, Raimundo Lida, Oliverio Girondo, Conrado Nalé Roxlo, Ernesto Sábato, Victoria Ocampo…

Resulta obligado destacar la importancia de Leopoldo Lugones como traductor de algunas de las obras cumbres de la literatura clásica grecolatina, entre las que sobresalen las dos partes de la Iliada de Homero. En este mismo terreno publicó dos series de Estudios helénicos.

Una vez más debemos indicar un itinerario – contra la vulgaridad y lo dogmático - cuyos rasgos corroboran un dramatismo de oración patriótica pero también un derrotero indispensable, una polifonía si se quiere, un paralelismo polémico y deliberado, una posible incorporación de este territorio (mezcla de frivolidad, infamia y genio) a un mundo sin populismo ni adulteraciones. Por eso señalo un contrapunto: Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Luis Franco.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2014

martes, 6 de mayo de 2014

Nostalgias de una espiga del sur


Desde estas lejanías del mundo
la planicie es espacio y rispidez.
Miro con ojos entrecerrados
el cielo de la tarde, la rama abierta
que revela otra forma del mito.
Quizás sea ésta la patria que aprisiono,
secretas horas desnombradas
en la morosidad del silencio.
Tal vez la soledad de un borroso ladrido
idílico y descreído por el tiempo,
o la imagen de un caballo criollo.
O la ceniza aquietada de las pulperías.
Veo en un sable la memoria de infieles,
fortines, tolderías, hembras.
Y veo el mar, inmigrantes, navíos.
Regreso con el eco del viajero
que descubrió la arena en espejismos.
Es aquí donde siento nubes y rostros,
los altos días de una quietud sin sombra,
esos trinos arrojados al campo.

Carlos Penelas
Punta Alta, mayo de 2014

sábado, 3 de mayo de 2014

La Causa Armenia y otras cuestiones

Comencé a comprender, hace más de treinta años, toda la dimensión del genocidio armenio cuando conocí al querido amigo y poeta Agustín Tavitián. Fue él quién me introdujo con profundidad en ese drama, en el desgarrador dolor el pueblo armenio a partir del 24 de abril de 1915. Desde aquellos tiempos no sólo me solidaricé con la Causa Armenia sino que me preocupé por conocer su cultura, su mundo, su riqueza cultural. Asimismo yo le hablaba de la cultura gallega, de los celtas, de las persecuciones del franquismo. Ambos nos unimos en lo poético, en la belleza y en la mirada de un mundo libre, un mundo en busca del humanismo.


Gracias a Tavitián descubrí a Mesrop, inventor de los caracteres armenios, fundador de la cultura armenia en 361. Y también del primer historiador de Grecia, Herodoto, primer historiador de la historia de Armenia. Las historias milagrosas y legendarias, los poetas líricos, las ciencias exactas o las ciencias naturales ya abiertas al mundo en el siglo VI y VII. Y la cultura milenaria desde antes del siglo V de nuestra era.
Hace unos días estuve invitado al homenaje que se realizó en la 40 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. La emoción, la claridad de los discursos, la belleza de su música y de su danza, nos hizo soñar otro universo; un universo de paz, de amistad internacional y de belleza.

En la oportunidad, entre los oradores, tuve el honor de escuchar al escritor y editor turco Kemal Yalçin, ferviente defensor de los derechos humanos, autor de Regocijas mi corazón, obra de un gran valor documental que reproduce testimonios de las víctimas y además ratifica el derecho de la verdad. Kemal Yalçin: intelectual turco que habla con valentía - sin soberbia, sin rencor, sin banderías – de los acontecimientos de 1915, de las deportaciones y de las matanzas. Él mismo, por supuesto, sufrió persecuciones y cárcel. Es importante, querido lector, analizar por qué Israel, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, España, Portugal…no reconocen todavía el genocidio armenio.

El príncipe Kropotkin señalaba que “la burocracia es de por sí el núcleo de una clase cuyos intereses son totalmente opuestos a los del pueblo, al que pretende servir”. Necesitan de la pobreza para hacer sus negocios. Carecen de columna vertebral. Para adaptarse a un mundo florido donde la gente cultiva con sensatez el buen gusto, la hipocresía y el cinismo. ¿Cuántas pequeñas canalladas, cuántos engaños imperceptibles forman parte del alma? Querido lector éstas son las sinuosas estrategias o manipulaciones para alcanzar el poder y su irremediable sensación de impunidad.

Nuestros políticos, sin entrar en detalles, son lamentables, cuando no corruptos e hipócritas. Pero empieza a llegar el olor de otras comarcas. Todos parecen extras de cine. El engaño en las campañas exhibe su desvergüenza de manera obscena. Pícaros populistas, fascistas y señores reaccionarios se abrazan con las multinacionales. Recuerdo, no sé porqué, a Lewis Carroll: “Querrás, querrías, querrás, querrías, / querrás bailar también”.

Es interesante hacer una lectura de todo. Si volviéramos sobre las páginas de Sun Tzu (544 antes de nuestra era) veríamos cómo era el proyecto de conquista. Y que lugar tenían las baratijas, las putas, la bebida y el juego. Si no tomamos el poder como medida de las cosas nos equivocamos una y otra vez. Ya Albert Camus señaló con claridad: “al menos los anarquistas saben contra quien luchan”.

De esto, entre otros asuntos - como simples poetas - hablamos desde hace más de treinta años. Pero parece que nadie nos lee. Que nadie nos lee pues hubo otros, más sabios y conocedores que yo, tratando y estudiando estos panoramas líquidos que generan hambre, guerra, desolación y muerte. En fin, que como en Muerte en Venecia la decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia.

Es posible que debamos volver sobre la historia de Vardán Mamikonián quién murió en la Batalla de Avarayr, también conocida como la Batalla de Vardanants, la cual se libró el 26 de mayo de 451 de nuestra era, entre el ejército armenio y los persas. Los persas salieron victoriosos en el propio campo de batalla, con Vardán muerto en batalla. El hecho, sin embargo, allanó el camino para que el pacto entre persas y armenios garantizaba la libertad religiosa para los cristianos armenios.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2014

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Acá, el enlace a la introducción de la antología La cultura armenia y los escritores argentinos (Buenos Aires, 1987).

jueves, 1 de mayo de 2014

Conferencia en Punta Alta

El viernes 25 de abril el poeta Carlos Penelas brindó la conferencia “Literatura y Sociedad” en el hall del Teatro Colón de la ciudad de Punta Alta.




Ese mismo viernes por la mañana el poeta participó como orador en la imposición del nombre "Dr. René G. Favaloro" al Centro de Formación Laboral Nro. 1 de Punta Alta.

Taller literario