sábado, 25 de agosto de 2018

Aniversario del nacimiento de Jorge Luis Borges

Como todos los 24 de agosto la Fundación Internacional Jorge Luis Borges celebró el nacimiento del escritor.


María Kodama organizó la reunión donde se encontraron escritores, artistas plásticos, músicos y hombres de la cultura.


Penelas pudo conversar en la oportunidad, entre otros admiradores de la obra del poeta, con Josefina Delgado y María Adela Renard. Además de su amigo, el artista plástico, Alfredo Plank.

viernes, 17 de agosto de 2018

De lo visible y lo invisible

En nuestro país, la mentira se ha convertido no sólo en categoría moral, 
sino en un pilar del Estado.
Alexander Solzhentsyn



Desde antes de nuestro nacimiento estamos rodeados de mitos, leyendas, falsedades, crímenes, guerras y demás yerbas. Al crecer nos inundan con creencias, relatos, instituciones, banderas, líderes, patrias y voces laberínticas. Caro lector: no se entiende la política sin la religión.

Podemos tomar diversos caminos. El más sencillo es el asesinato. Desde un púlpito – laico o religioso – nos suelen hablar de moral, de ética, de humanismo. Y proponen la justicia, la igualdad, el esfuerzo, la solidaridad, el comportamiento cotidiano en base a la paz, la nobleza, la lucha contra el hambre, contra la pobreza. A veces hasta nos hablan de educación, de cultura, de ciencia. Lo cierto es que vivimos rodeados de ignorancia.

Hubo un caballero cuyo nombre cayó en el olvido. El hidalgo se llamó Mastro Titta. Con su mujer pintaba sombrillas que vendía a los turistas que recorrían Roma. Tenía, por supuesto, otro trabajo, era funcionario del Vaticano. Trabajó bajo las órdenes del Papa Pío VI desde los diecisiete años. Pudo jubilarse a los ochenta y cinco bajo el Papado Pío IX. Una pensión considerable de treinta escudos anuales. No era poco en 1865.

Giovanni Battista Bugatti es el verdadero nombre de Mastro Titta. Desde 1796 hasta 1865 fue el verdugo del Vaticano. O si usted quiere, el verdugo del Papa. O el verdugo de los Estados Pontificios. Dejó, para algunos, cerca de ochocientos decapitados; para otros, quinientos dieciséis. Lo hizo de a uno y a la vista de la buena gente. Leamos un fragmento de Javier Sanz.

“Era un hombre corriente, tranquilo. El día que tocaba muerte se levantaba con la fresca, se ponía su capa roja y cruzaba el puente de Sant’Angelo, sobre el Tíber, para ir al trabajo. El cadalso estaba situado habitualmente en la Piazza del Popolo o el Campo dei Fiori. No, nunca hay nombre apropiado para el lugar de una ejecución. Tras finalizar, se volvía a su barrio, del que no salía nunca porque lo tenía prohibido. En parte por su propia seguridad. La frase “Mastro Titta passa ponte”, quedó en Roma para referirse a una ejecución anunciada.

Era un tipo versátil. Durante su carrera profesional utilizó varios métodos: la maza, con la que aplastaba la cabeza del reo, el hacha o la horca. Cuando las tropas napoleónicas entraron en Roma, en 1798, trajeron con ellas la última tecnología en ejecuciones, La Guillotina, a la que Bugatti, como buen profesional, no se pudo resistir. De hecho, fue durante el periodo de dominación francés del Vaticano cuando el trabajo del Mastro Titta se multiplicó. A los delincuentes comunes se añadieron los políticos. Y bien es sabido que cuando empiezan a brotar, los presos políticos se multiplican por algún motivo que no logro entender.

A pesar de todo lo anterior, la mayoría de los testimonios nos dicen que el Mastro Titta no era un psicópata, no disfrutaba matando, sino todo lo contrario. Procuraba ser lo más profesional posible, ejecutar rápido y evitar el sufrimiento del condenado. Les trataba de forma amable (no sé qué da más miedo) y era delicado con ellos en tan difíciles momentos. Varios grabados nos lo muestran ofreciendo tabaco al reo o unas palabras de aliento. De hecho, a él le gustaba usar la palabra pacientes para hablar de los ajusticiados y tratamiento para referirse a las ejecuciones.

La masa aplacaba sus peores instintos a la vez que el príncipe exhibía su poder. En este caso el poder, temporal, del Papa. Había cosas para las que la excomunión y la condena a los infiernos eternos parece que no era suficiente.

Cuatro años después de su jubilación, en noviembre de 1868, se produjo la última ejecución en Roma, a manos de Antonio Balducci, que fue aprendiz del Mastro Titta durante años. Ignoro si don Giovanni acudió y pudo sentirse orgulloso del trabajo de su pupilo”.

Sabemos, estimado amigo, que la pena de muerte fue mantenida por los Estados Pontificios hasta 1969. La última ejecución data de 1870. Ahora, el Santo Padre, la acaba de derogar. Estamos en 2018. Un avance progresista, que tiene su trasfondo. Averígüelo usted, no tengo por qué decir todo.

No recordaremos al Santo Padre que tenía un elefante como mascota ni a Juan VIII ni a Juan XII o la silla gestatoria. Tampoco los Evangelios apócrifos o las indulgencias. No hablaremos de la Inquisición en América, ni de los Antipapas. Otro tema que no trataremos es el de la pedofilia en Irlanda, Estados Unidos, Alemania y Chile, de La legión de Cristo, de la responsabilidad de Juan Pablo II y de Benedicto XVI al haber encubierto el abuso sexual infantil. Hablamos de sexo anal y penetración oral a niños de tres a doce años. Seminarios y orfanatos, caballeros. Entre nosotros el famoso padre Grassi y su Fundación Felices los Niños. No está preso hasta la fecha. Y mucho menos recordaremos lo que ocurre con las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África violadas con total impunidad por sacerdotes y misioneros. Desde los años noventa hasta hoy se viene denunciando ante la Santa Sede. (Se acusaron, en estos días, a trescientos sacerdotes por pedofilia en Estados Unidos). Hay bibliotecas enteras, documentación en todo el universo. Y más allá.

Pero vamos a los asesinatos concretos y acreditados. Con guadaña, hacha y cuchillo. Los prelados se solazaban en el lodo, en lo más abyecto. He aquí una verdad irrefutable. Los primeros aparecieron con Agustín de Tagarte (345-430). Seguimos, respire hondo. Teodosio (382), Cirilo I, verdugo de Hipatia (415), Concilio de Clermont (1095), Papa Urbano II con su frase enigmática: “Dios lo quiere”. En 1184 - lo anterior fue el preámbulo- se crea la Inquisitio Haeretiace Pravitatis Sanctum Officium. Vulgarmente conocida como Inquisición. En 1542 el Papa Paulo III da a conocer el célebre Licet ab initio. Hay más. Llegamos al Banco Ambrosiano, al Banco del Espiritu Santo, a la Banca Cattolica del Veneto, a Michele Sindona o al cardenal Paul Marcinkus. Sin mencionar la muerte de Albino Luciani -Juan Pablo I- el 4 de octubre de 1978. La Santa Sede todavía no ha investigado su defunción.

El estalinismo, el franquismo, el fascismo, el castrismo, el chavismo, el nazismo, dictaduras nacionalistas, populismos, frentes de liberación, tercermundistas y de las otras, nacen de este mundo maravilloso. En cada religión encontrará estas semillas. Inmaculado todo: el fin justifica los medios. Campos de concentración, cámaras de gas, torturas, secuestros, profanaciones, impunidad. Siempre en nombre de la revolución, siempre en nombre de la libertad. Luego se mezclan, se oponen, se olvidan, se elevan, se bendicen, se maldicen, se transmutan, se recrean, se frivoliza. Pero ya no tengo ganas de seguir escribiendo. Usted comprenderá, usted comprenderá. Déjeme paso.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2018

lunes, 13 de agosto de 2018

Donación de Carlos Penelas a la Biblioteca Nacional

Carlos Penelas donó a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno un cuaderno manuscrito del poeta y escritor Luis Franco. Un documento cuyo título es "El misterio de la sierpe".


El material será incorporado a la colección del Departamento de Archivos de la Biblioteca y dispuesto a la brevedad a la consulta pública. El manuscrito será considerado por su valor histórico e interés cultural de libre acceso, reproducción y difusión.


Como se recordará, Penelas donó hace unos años manuscritos de Franco al Colegio Nacional de Catamarca y a la Fundación Luis Franco. En aquella oportunidad también hizo entrega de primeras ediciones del célebre escritor.


miércoles, 1 de agosto de 2018

Gardel no quiso esperar

La gente decía que Dios era peronista. Qué gusto el de Dios; no me extraña.
Jorge Luis Borges


Estimado amigo, disculpe mi exceso de franqueza: antes de leer estas líneas le recomiendo escuchar Estudio Op. 8 No. 12 de Alexander Scribin por Vladimir Horowitz.

En diversas oportunidades - leedores españoles, cubanos, italianos, uruguayos, chilenos y de otras tierras- me consolaban cuando les intentaba explicar cómo es el argentino. Que en sus países la gente era muy parecida, que hay de todo como en botica, que nosotros somos parecidos y otras indulgencias. Son amables. Desean verme bien, compartir ciertas visiones sobre el matrimonio (de esto hablaremos otro día, el infierno lo merece), dejarse llevar por el afecto y la cordialidad. Pero créame, lector – si es que tengo lector – las cosas son como voy escribiendo desde hace décadas.

No me venga con los mitos, por favor. Lo estimo, pero no me venga con fábulas, no me tome para el churrete. Me hace mal esta suerte de volteretas históricas, carnavalescas, chauvinistas. (Espere, espere un momento. Hay bombos en la calle, hay choripán, hay birra. Se escuchan sones de bailantas, de murgas, de candombe). Volvemos otra vez: hay islas, gente trabajadora, humilde, sacrificada. Hay jóvenes brillantes, con sensibilidad, con mirada lúcida. Profesionales talentosos, artistas de vuelo. Y personalidades de la cultura – Daniel Barenboim es un claro ejemplo en nuestros tiempos – que nos prestigia, nos enorgullece. Pero venimos arrastrando una decadencia temeraria desde hace setenta años.

Todo está mal y cada tema que tocamos salta nuestro delirio, el extravío generalizado. No hay límite, no hay razón, no hay cordura. Lo pasado ya fue. No repitamos dichos ni frases ni fachadas. No tenemos buenos modales, no somos honestos ni decentes, se asimila autoridad con autoritarismo, las frases contundentes están a la hora del día, el sentimentalismo vence a la racionalidad, el robo, el maltrato, el asesinato es casi cotidiano. Los niños y los adolescentes van aprendiendo los valores que predominan: la corrupción, el fraude, el mal gusto, la falta de imaginación, la grosería, la ignorancia, el relato, lo rústico, lo alocado, el desenfado, el disparate, la picardía criolla. El populismo tiene matices dramáticos, demagogos, facciosos y conversos. “No critiques a los enemigos que a lo mejor aprenden”, dijo El General. Y la frase quedó grabada en la conciencia colectiva. También dijo: “Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos. Y eso lo hemos de conseguir persuadiendo, y si no, a palos”. Brillante El General, brillante: “Al enemigo ni justicia”. “El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor”.

Estimado lector - por favor, faltan sólo unas líneas – casi todo lo que venimos haciendo es trucho. El lodo fue cubriendo historias, manuscritos, barrios y museos. Y nos acostumbramos, lo hacemos natural. La guaranguería se suma a la imbecilidad. La imbecilidad a la desmedida. La desmedida es otra forma del fanatismo, de la masificación. Menos mal que el Papa es argentino y peronista. Ante el fracaso somos inocentes. Orbi et urbi.

El fútbol es trucho, la medicina es trucha, la educación es trucha, las finanzas son truchas, la justicia. Son truchas las proclamas, las palabras, las promesas, las cárceles, los políticos. Truchas son las prédicas, las exageraciones, el desparpajo. Los poemas son truchos, los escritores, la intelectualidad. Creo que hasta la sexualidad es trucha. Nos vamos intoxicando de datos, de información, de juicios, de alcantarillas. Los últimos años, sin piedad. (Todo esto sin entrar en detalles: las redes sociales, las cortesanas del show business, el escándalo sin paz, la hipercomunicación virtual, la exhibición desenfrenada, los glúteos quirúrgicos, la frivolidad de los medios…)

El populismo va mutando, gira, retrocede, discurre, se desliza, palmea, grita, llora, se victimiza, se hace viril, se enaltece, se hace piquetero, sindicalista, militante. Se crea una historia, una bandera, una épica, una prédica. Todo junto y permanente. La torpeza mental nos avasalla. "El afán de mucha gente, dice Bioy Casares, por expresarse con mayor finura y corrección que los demás usando palabras solemnes, más que ridículo o pedante, resulta nefasto. Atribuimos los infortunios de este mundo a los grandes malvados porque subestimamos la estupidez”.

No lo supimos ver, no lo quisimos ver, no pudimos verlo. Hoy ya es tarde. Nos llevará décadas cambiar tonos, emociones, aulas, gestos, afectos. Mi padre me dijo a los seis o siete años: “No verás un país, esto fue un proyecto de país. Tal vez tus hijos”. Borges realizó hace mucho una descripción del peronismo “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina?”

La fe es un mito y las creencias cambian como nieblas en la orilla
Joseph Conrad

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2018

Taller literario