lunes, 28 de junio de 2010

Bicentenario

Un hombre aislado puede ser valiente.
La multitud es cobarde, quizá por economía.
Rafael Barrett

Paisaje fabril (Juan Manuel Sánchez, 1965)

Acabo de regresar del taller de Juan Manuel Sánchez. Esta mañana fuimos a caminar por las calles de Buenos Aires. Miramos edificios, leímos rostros, infancias. Hablamos de compañeros muertos, de los bellos senos de una adolescente, de las caderas de ciertas hembras maduras, de las nalgas de una señora latinoamericana. Recordamos páginas insurrectas de pensadores del siglo XIX, poemas, pinturas, films. Nos mofamos de las nuevas tendencias artísticas, del negocio de las ferias del libro y de las ferias de arte, de la impudicia de nuestros políticos, de la imbecilidad repartida sin escollo. También hablamos de su exilio y del mío. El suyo, en España y en Canadá; el mío, interno. Hablamos de proyectos, del populismo que todo lo ahoga y todo lo confunde. Hablamos del Decamerón de Boccaccio y del Decamerón negro de Leo Frobenius. También lo hicimos de las cátedras pedantes e insoportables de la infatuada. De la Iglesia y de los militares, de los sindicalistas que viajaron a ver el Mundial de Fútbol y del negocio de la pelota. Todo cierra para el imperialismo, todo cierra para la explotación. Laboratorios, botox, pedofilia, Calafate y barras bravas.

Pobreza intelectual, pobreza de espíritu, pobreza de pan. Señalamos lo que nos cuesta desmitificar el arte contemporáneo, el ocultismo, la trivialidad. Lo efímero y lo oscuro en lo político, en lo educativo. La influencia fascista disfrazada de revolucionaria en galerías, diarios y publicaciones. Los discursos militaristas y barrocos, las peroratas y las ínfulas de gobernadores tragicómicos, análisis paupérrimos de intelectuales comprados o alquilados desde el Estado, la fragmentación del periodismo, el talento comercial para engañar y desvirtuar. De lo que fue deporte y ya no lo es. De los comentaristas supuestamente amplios y comprometidos que denuncian parte y lo otro lo gastan en habanos. De los comprometidos a último momento, de los que traicionan lo traicionado. “Ya no existe la izquierda, ahora se llaman progresistas”, me dice con ironía. “No existe izquierda”, le digo. Recordamos los crímenes del stalinismo, le hablé del documental que me emocionó la semana pasada: Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno, de Llorenç Soler. Avanzamos por calles y laberintos sociales. Y nos sentamos a tomar un café en un lugar histórico, que por supuesto, dejó de serlo.

En el taller de Sánchez estuve mirando y sintiendo la obra que está a punto de finalizar: Bicentenario. Es, para simplificar, una familia en la calle. La pintura de uno de los creadores del Grupo Espartaco vuelve, regresa con otra paleta, con otro tono, con otra sensibilidad. Pero sigue allí. La miro en silencio, lo miro a mi querido amigo. Me indica líneas, una pintura fresca. Una obra del ser, de lo interior, del compromiso. Ambos vemos lo que muchos no quieren ver, lo que muchos disfrazan, lo que muchos necesitan callar. “¿Cómo se va a llamar?”. “Bicentenario”, me dice. Allí el hombre con la cabeza baja, la mujer en un primer plano; nos mira. Y los hijos. Encerrados todos en un espacio de mutismo. No las fábricas de los años sesenta o setenta, no los obreros con los puños cerrados, no las manifestaciones que nos emocionaban en pinturas imprescindibles de Carpani, Mollari, Elena Diz, Sánchez, Sessamo, Di Bianco, Venturi, Butte… No más miradas amenazantes ni puños ni gestos airados. No más insurrección, bronca o mirada ética. No más campesinos, paisajes fabriles, trabajadores industriales. “Los artistas no podemos permanecer indiferentes…” decían en el Manifiesto de 1959. “El manifiesto hincaba en que teníamos que ser pintores. Todo eso que vivíamos para no caer en un panfleto”, insiste Juan.

Una vigencia indeseada la de Sánchez. Una pintura que comparto, que elevo sobre la hipocresía y la falsedad cotidiana, sobre la corrupción y el engaño de mercaderes y usureros. Que roban, que mienten, que engañan. Una pintura donde la imagen nos trasforma en el otro. “No la pinté para que quede en el taller. Quiero exponerla. No sé dónde.” Lo escucho, lo escucho desde la sonrisa de nuestras miradas, de nuestros silencios. Nos comprometemos con el pasado y con el futuro. Con alegría, con destino de creación. Sobre la mesa del estudio está mi nuevo libro de poemas, Antología personal. “Seguimos, Juan Manuel, seguimos”.

Mientras regreso a mi casa pienso que no le confesé algo. Quise decirle en un momento: “Seguimos siendo exiliados, viejo. En realidad siempre lo fuimos”. Pero no le dije nada. Tal vez porque no es del todo cierto, tal vez porque en unos meses cumple ochenta años. Y es un ejemplo de vida, de honestidad, de vigor. Da gusto tener un amigo así. Inteligente, crítico. Sobre todo en el Bicentenario, donde la gente parece ser feliz y necesita creer lo imaginario. Absurdo, banal, irrelevante. Como todo ser humano que se precie.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

sábado, 26 de junio de 2010

"Escritos", de Rafael Barrett, con prólogo de Carlos Penelas

Ediciones del valle acaba de publicar Escritos, de Rafael Barrett, con prólogo de Carlos Penelas.

En la introducción, Penelas señala: "Álvaro Yunque rendía homenaje a su caudalosa existencia. Borges, en su juventud, recomendó sus páginas feroces y espléndidas. García Lorca, Valle-Inclán, Rodó, comprendieron que Rafael Barrett fundó una literatura y una ética en líneas imborrables. (...) Se lo consideró a principios del siglo XX como una figura en la historia de América."

Volvió www.carlospenelas.com

Luego de unos días con dificultades técnicas, la página se encuentra nuevamente activada.

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martes, 22 de junio de 2010

Un rostro

Un rostro
No puedo recordarlo. Es parte del sueño,
de la memoria, de lo que borra el aire.
Parte del desorden y los augurios
de la belleza de una mujer sin túnica.
Tal vez su cabellera descifraba la aurora
o la gloria que simboliza el lecho.
Tal vez la vi una noche de octubre
en una plaza del barrio de San Nicolás.
Sentí que venía volando como Erinia
con el rostro en tinieblas,
sentí que me envolvía en una nube
inquietante y ceñida. Un fuego
donde quemaba el límite sagrado
del ocio extremo o del vacío.
Ciego ante la gracia y la fascinación,
turbado de extrañeza.
Luego el insomnio, los celos,
ritos del coito en devorantes hoteles,
un museo de una ciudad italiana,
míticas playas de la tierra oriental.
Sin saber porqué
ahora todo me deriva al adiós,
a una densa bandada de pájaros
sobre el crepúsculo de un palacio entrerriano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010
Ilustración de Ricardo Carpani

viernes, 18 de junio de 2010

Postal

El Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte ha editado una postal con un poema inédito de Carlos Penelas, perteneciente a Antología personal. Lleva ilustración de Juan Manuel Sánchez.

"El edén insurrecto", poema inédito que será incluido en Antología personal, acaba de ser publicado como postal por el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Se han impreso mil ejemplares. Lleva una ilustración de Juan Manuel Sánchez, y el diseño es de Victoria Arias.

Recordemos que Antología personal es el nuevo poemario de Carlos Penelas, que a fines de junio publicará Editorial Dunken. Con este nuevo libro el autor celebra los cuarenta años de la salida de su primer poemario.

sábado, 12 de junio de 2010

Borracheras, bombos y comparsas

Ya lo sabemos, viene de lejos. Stop. Pan y vino. Stop. Pan y circo. Stop. Se cae todo, se ve cómo se cae, pero seguimos. Stop. Una suerte de decadencia mundial. Stop. Una vergüenza colectiva. Stop. La imbecilidad, el capitalismo y el delirio. Stop. Así nadie piensa, stop. Así nadie siente. Stop. Y nos damos con todo. Fútbol, barrabravas, curas pedófilos, estrategias, derrame de petróleo, repartimos enchufes, repartimos escarapelas, repartimos sánguches. Stop. Decimos África y decimos Coca-Cola, decimos Maradona, Pelé, Chávez. Decimos revolución o muerte o decimos sólo unas doscientas palabras. Stop. Cada cosa en su lugar. Y jugamos al Don Pirulero. Stop. Y los políticos mienten, la policía miente, los jueces mienten, los embajadores mienten, los empresarios mienten, los sindicalistas mienten. Stop. Viva el Mundial de Fútbol. Stop. A tapar cosas. Stop. Aquí y allá. Stop. Por arriba y por abajo. Stop. En la televisión y en los multimedios, en el jardín de infantes y en la cama de mi vecina. Stop. A jugar al Gran Bonete. A jugar. Stop.

Decía Federico Nietzsche que "hay que volver a la muchedumbre; la soledad ablanda, corrompe y pudre". Se ha editado un libro de la psicóloga Susana Balán: La utopía amorosa. En él analiza las diferentes formas de amor de pareja, cómo se manifiesta desde lo social hacia lo privado, el distinto itinerario de los hombres y las mujeres de las últimas décadas. Para ella, el amor de pareja es el motor para poder modificar una sociedad. Sin duda existe el amor idealista, el amor pasional, el amor terrenal, el amor institucional. Mucho se discutió en la década del '70 -a la cual pertenezco- el amor burgués y el amor militante. Se construyeron utopías sociales, luego apareció el discurso escéptico e individualista en los años '80, hasta llegar a ese extremo que representa el individualismo salvaje, alejado de toda ética, de toda solidaridad, de toda responsabilidad. Creemos que el amor pasional dinamita a una sociedad. Provoca locura y ruptura a la vez. Se enfrenta al amor institucional, al amor autoritario y formal. El amor pasional es un amor combatiente, insurrecto, que finaliza por lo general en la disociación y el descuartizamiento. El amor institucional reúne a los señores formales y a las señoras en un hotel alojamiento o en un "bulín". Por otro lado el amor idealista y el amor terrenal.

En El sexo puesto de Daniel Samper, hermano del presidente de Colombia, el autor nos señala con ironía y mordacidad del proceso de conquista de la mujer, de lo aburrido que se pone la pareja luego del primer encuentro, de lo horrible que es que a uno lo llamen "papito" o "gordito", del lenguaje amoroso, de las cosas ridículas que se dicen. Según Samper todo está demasiado poetizado, y añade que no es verdad lo que pasa en el cine. No le gustan las mujeres que usan sostenes negros y medibachas. Para él el hombre que sobrevive a eso es un héroe. Con humor, dice que le encanta y le resulta fascinante la cicatriz en el apéndice de la mujer y las señoras maduras con celulitis. Obviamente critica los estereotipos ridículos de una sociedad. Le interesa hacer el amor y ver un partido de fútbol por televisión de inmediato. Le aburren los mimos de la esposa y las palabras científicas que giran en torno al sexo.

Sin lugar a dudas, vivimos una sociedad más pornográfica que sexual. Más hipócrita que erótica. Tal vez tenga que ver en esto como Mc Donald's impone el patrón monetario. Y los vemos con sus luminosidades por el mundo; eternos, irreales, como El Hombre Araña o Flash Gordon.

Sabemos que para Platón "el amor es una grave enfermedad mental". Para Horacio "en el amor hay dos desgracias: guerra y paz". Para Groucho Marx, en cambio, hablando del matrimonio decía: "El matrimonio es una institución maravillosa, pero ¿quién desea vivir en una institución?".

Seguimos en el tema. Stop. Hago el amor en un ascensor, ella se vuelve loca en ese lugar. Stop. Inflexiones cartaginesas. Stop. Jinetas y prostitutas. Stop. Casamiento gay y manifestaciones evangélicas. Stop. Se mata gente, se secuestra gente. Stop. Está el Cartel de la droga, el de la cultura mediática, el de la estupidez. Stop. El de la demencia. Stop. El de la corrupción, la demagogia y la mafia arrabalera. Stop. Dentaduras postizas y culos con viruela. Stop. Poesía contra la policía. Stop. Coyunturas históricas, ejercicios espirituales. Stop. Carnaval y favela, jadeos y pactos. Stop. Una de cal y otra de arena. Stop. Estamos hartos de tantas mentiras. Stop. Lisandro, mi hijo, me habla de Negu Gorriak. Stop. Me habla de Hipokrisiari stop. Arrevederci.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

jueves, 3 de junio de 2010

Dos poemas en el Teatro La Máscara

Con motivo de la última función en el Teatro La Máscara del documental El Almafuerte, Carlos Penelas fue invitado a leer dos poemas suyos. "Limay" y "Mayo Francés" fueron los elegidos, ambos de El aire y la hierba.



El Almafuerte, de Andrés Martínez Cantó, Santiago Nacif y Roberto Persano, seguirá proyectándose todos los jueves de junio a las 20:30 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543.

martes, 1 de junio de 2010

Lecturas

El pequeñoburgués es el hombre
que se ha preferido
.
Gorki

Es importante releer. Es fundamental releer. Poco a poco vamos descubriendo en cada página un universo. Nos resulta imposible en una sola lectura descubrir aquello que las grandes obras, que los grandes poemas nos presentan. Somos otros; aquello que vimos hace diez o veinte años lo miró otro, lo sintió otro. En la medida que leemos abrimos nuestra sensibilidad – teóricamente, no siempre es así –y podemos percibir el mundo, nuestras circunstancias de otra forma. El engaño, la corrupción, la desdicha cotidiana, lo grosero, será interpretado desde otra óptica. Y además descubriremos hechos que no habíamos percibido. La mirada del espectáculo nos abruma. Eso lo vemos en una relación de pareja, en una institución viciada y terminada como el matrimonio o en los engranajes de un sistema social que flota a la deriva y arrastra a la humanidad en círculos infernales. De ahí la naturaleza de la creación, la importancia del arte. En Homero, en Shakespeare, en Dostoievski, en Picasso o en Wagner están nuestras vidas.

Es importante leer pues el militarismo y el populismo protagonizaron en nuestro país gran parte de nuestra decadencia. El nacionalismo populista profundizó hasta tal punto el sistema que también en la izquierda prendió la demencia, lo irracional. Luego vinieron, una vez más, las historias de cinismo, persecuciones, hipocresías con anécdotas memorables. El Poder finge empalagarse entre las pruebas de lealtad condicional de burócratas, funcionarios y hombres de fe. Desconfía de la cultura.

La semana pasada fui a ver, después de muchos años, Todos eran mis hijos de Arthur Miller (1915-2005). ¿Quién no recuerda Las Brujas de Salem o Muerte de un viajante? Creo sin embargo que Todos eran mis hijos es uno de los textos más importantes de la dramaturgia del siglo XX y la mejor pieza del autor. Su nombre fue por los años cincuenta un emblema de audacia y de ruptura permanente. Un hombre de valor, de confrontación. Es esta obra, influido por Ibsen, advertimos de manera brillante una profunda crítica al sueño americano, a la guerra, a la hipocresía de una sociedad, al supuesto error, al imaginario colectivo. Pero también el conflicto moral de una familia, sus zonas obscuras, sus secretos, sus mentiras, sus pasiones.
Una de las lecturas que continuo haciendo desde mi adolescencia es el de la Biblia. Usted, querido lector, sabe que no soy creyente pero me gustaría saber cuántos creyentes leyeron la Biblia y estudios o investigaciones en torno a la religión como yo. Bueno, uno de los libros que he releído el mes pasado es el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales. Precede al Cantar de los Cantares. Lo recomiendo siempre. Es un texto donde el dolor, la soledad, la caducidad de la vida, nos muestra un camino interior sumamente interesante de analizar. Hay en sus páginas un marcado espíritu crítico, una manera de reflexionar.

Hace unos meses estuve dando unas clases en torno a la literatura de Raymond Carver, a mi entender uno de los grandes cuentistas. Hay en sus relatos un carácter fragmentario que me entusiasma, que me llena de inquietud. Territorios donde la visión de la vida cotidiana se nos presenta con sus provocaciones, con una suerte de indeleble conmoción. No es en balde recordar que renovó la forma del relato breve en una suerte de elipsis. Mis hijos son lectores fieles de su universo, de sus articulaciones, de sus dramas aparentemente triviales. Lisandro, esta vez como director, esta ensayando una puesta basada en tres cuentos de este exquisito narrador.

Por último les quiero hablar de Roland Barthes (1915-1980). Hacia finales de los cincuenta publicó un libro sumamente interesante: Mitologías. Lo acaba de leer Emiliano. En breves ensayos nos señala los mitos de nuestra vida cotidiana, de esos mitos que emergen a nuestro alrededor y nos van conformando una ideología, una ideología de la cultura de masas moderna. En sus páginas nos transforma la forma de mirar, el proceso de mistificación. Tiene una claridad de escritura que nos da gusto leer y releer. Y pone sobre el tapete la cultura burguesa, el carácter político de lo profano. De ahí que nos hable de la crema de limpieza facial o del cine de Chaplin. Desde el casamiento de las grandes divas hasta el automóvil, de la publicidad o del turismo. En este libro, como en otros del autor, encontraremos ese espacio ambiguo entre lingüística y literatura. Además hay un discurso trascendente en sus artículos que nos ayuda a mirar de otra forma. Barthes escribe: “El mito no oculta nada y no pregona nada: deforma; el mito no es ni una mentira ni una confesión: es un inflexión.” Perdón, no dejen de leer Rosaura a las diez, de Marco Denevi. Una obra lamentablemente olvidada. Porque el arte, querido lector, colabora en la aventura de conocernos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

Taller literario