lunes, 23 de noviembre de 2009

Mujeres

En verdad me decepciona, leedor. No es que haya pensado, en algún momento, mucho mejor de usted; pero que se acerque a esta columna para saber algo de las mujeres que he conocido o he amado, me parece de una indiscresión, de un huroneo lamentable. De esta manera advierto lo cursi; lo vulgar, lo ridículo. Hasta lo presumido, me atrevería a decir. Cómo escribir de aquella bella joven con quien descubrí los barrios míticos de La Boca o Barracas; qué mencionar de la pasión desatada por esa mujer de apellido itálico y perfil griego en el Jardín Botánico, mientras evocábamos lecturas y soñamos el mar desde el dolor y la desesperanza. O aquella otra, en el puerto de La Coruña, con la cual corrí, entre adoquines y grúas, una madrugada de verano antes de partir a Lisboa. No, rocambolesco lector, no hablaré jamás de esas mujeres. Le hablaré de otras. La insustancialidad, búsquela en otra parte. En los discursos de nuestros burócratas, en la televisión, en el mercado del arte, en la industria del fútbol, en las teorías de los intelectuales ortodoxos, por ejemplo.

Hablaré de las musas; de esas hembras eternas, complejas, reticentes. Y tal vez (es una vana esperanza) le sirva para descubrir el universo de Akutagawa o el de Kenzaburo Oé.

En esencia, el primer tratado de ciencia de la literatura o de preceptiva que jamás se haya escrito, es La Poética de Aristóteles (380-322 a. de n.e.). Sus reglas estuvieron en vigencia hasta el romanticismo. La importancia de la obra, su mayor mérito estriba en la capacidad que demuestra para la crítica literaria. Definió, por vez primera, los géneros literarios. Todo lo que es creación es poesía, para Aristóteles. Habla de la poesía homérica, la comedia antigua, la tragedia creada por Esquilo y por Sófocles. Hablará del lenguaje poético, apreciaciones sobre el vocabulario, la necesidad de unidad, entre otros temas.

Menos conocida es La Poética del crítico español Ignacio Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea (1702-1754). “El fin de la poesía es el mismo de la poesía moral”, se equivoca don Ignacio. Con esta sentencia niega el arte en sí.

El Ars Poetica de Horacio pertenece a la más larga de las Epístolas de Quinto Horatius Flaccus, compuesta alrededor del año 14 y dedicada a los Pisones. Afirma la regla absoluta de la unidad, sin la cual no existe obra de arte. La originalidad no consiste en la novedad del argumento sino en el proprie dicere. “Tu palabra se distinguirá de la de todos los otros si hace sentir como nuevo el vocablo conocido”. Influirá en el teatro francés a través de la traducción de Boileau. Fue traducida al inglés por Ben Jonson. Horacio perteneció al círculo de los poetas de Augusto, protegidos por el Mecenas. Es conciderado uno de los más grandes poetas romanos por la perfección de su forma.

Algo que deberíamos recordar. Nos dice monseñor Eugenio Guasta que “don Ramón Menéndez Pidal, cuando analiza el lenguaje de la santa Teresa de Ávila, señala que el habla de aquella, que escribió en el siglo XVI, es el castellano abulés de fines del XV, el idioma oído en su infancia y añade que la autora de Las moradas, si tenía que elegir entre una palabra culta poco usada y otra de raíz popular, elegía esta última, para quitar toda afectación a lo que escribía.

L'Art Poetique del escritor y poeta francés Nicolas Boileau-Despréaux (1636-1711) se publicó en 1674. Esta inspirada en la poética de Horacio. Trata el arte de la poesía como vocación y oficio individual. Le aconseja al poeta un saber gramatical estricto, una autocrítica ceñida y una decorosa sinceridad. Estudia el epigrama, la elegía, el soneto, el madrigal, etc. También la epopeya, la tragedia y la comedia. Hablaré también de cuales deben ser los hábitos y costumbres del escritor. Como normativa individual. Lleva una concepción estética sustentada en la razón, el buen uso y el sentido común. Boileau enseña que la belleza debe buscarse en la simple verdad de la naturaleza. Critica, además, la postura afectada o enfática. Para él son requisitos esenciales: una inspiración controlada por la razón, un estilo espontáneo reforzado por el oficio y la técnica a imitación de los antigüos. Pone, finalmente, el acento en el oficio literario y en la responsabilidad técnica y artesanal del escritor.

Aquí están las musas, ingenuo lector. Y en las páginas de Mariana Alcoforado o en los poemas de Louise Labé, “la bella cordelera”, poemas líricos sobre el amor insatisfecho. Y en una de las grandes poetas de la literatura universal, Gaspara Stampa (1523-1554), conmovedora. En sus Rimas veremos las desesperada pasión, la trágica y apasionada mirada de una mujer que nos recuerda a la pintora caravaggista Artemisa Gentileschi (marginada de los libros de historia del arte hasta hace dos décadas) o a la tormentosa y desenfrenada Camille Claudel, una mujer donde el genio iba de la mano con la belleza. Le recomiendo, por ahora, que descubra a Gaspara Stampa, la poeta del Cinquecento veneciano, que sostiene el código poético pretrarquista. Estas son parte de las mejores mujeres de la humanidad. Juntas a Hipatia, claro.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

Chile a la vista

No hay mejor despertar que el sueño
Jorge Tellier

No voy a hablar de Auria. Ni de don Eduardo de quien conservo libros dedicados y cartas hermosas sobre mis primeros libros. Hablaré de un sueño. De un viaje por la nostalgia, la amistad, el compromiso, lo estético, la hospitalidad. Hablaré de calles inolvidables: de Londres, de París. Allí estuve con Rocío en un residencial encantador: muebles antiguos, escaleras de mármol y de madera, sillones de época, un reloj de pared, ventanas por donde entraba el sol y las ramas de un ciruelo. Y unos gorriones temerarios, astutos, indóciles.

Viajé con motivo de la Feria Internacional del Libro de Santiago, dedicada este año a las letras argentinas. No lo hice de manera oficial, nunca voy de ese modo a ningún lado. Fui por invitación de los amigos, porque la editorial Dunken tuvo la amabilidad de seleccionar Fotomontajes a la Feria de Mapocho, porque hacía siete años que no cruzaba la cordillera.

Al llegar nos esperaban en el aeropuerto dos queridos amigos: la poeta chilena Patricia Pérez Madrid y su esposo Adolfo. Un momento muy bello el encuentro. Y nos llevaron al Residencial Londres. Nos dejaron allí, respetando tiempos y decisiones. Comenzamos a recorrer sus calles, las plazas, las iglesias. De regreso nos encontramos con un acto en la calle, en la Casa Londres 38. Lo organizaba el Colectivo Memoria 119. Allí, en esa antigua sede socialista, la dictadura torturó y asesino a muchos militantes del MIR, del Partido Comunista y del Socialista. La mayoría fueron del MIR. Me dijeron de recorrerla, de visitar sus habitaciones. Otra vez el horror, la pesadilla. Luego me invitaron a hablar en la calle. “Un poeta anarquista, argentino, les va a hablar”, dijo la compañera. Y allí dije unas pocas palabras.

Fueron días intensos. En Casa Moure presenté el libro en un diálogo con el generoso amigo, poeta y escritor, Edmundo Moure. Recorrimos la crónica como género literario. Surgieron los nombres de Capote, de Azorín, de Sarmiento, de Blanco-Amor, de Berger, de Bello, de Neruda, de Mistral, de Huidobro, de Borges…

Sentimos felicidad junto a gente inteligente y sensible. El talentoso hijo de Moure tocó la gaita en homenaje. Luego fuimos a la casa del poeta con su mujer, Marisol, y Sol – su dulce hija menor - a comer una muy buena paella y beber vino de la bodega familiar. Nos reunimos una vez más con Patricia y Adolfo. Compartimos el mundo, la poesía, las anécdotas.

Con el sol del sábado, nos esperaba un viaje maravilloso que nos obsequiaban, Patricia y Adolfo, a Isla Negra. Recorrimos, una vez más, la casa de Pablo. Almorzamos congrios y mariscos a orillas del mar. Visitamos playas y balnearios llenos de vitalidad y progreso. Días intensos donde descubríamos historias y leyendas. Nos acompañaron mascarones, principalmente La Guillermina.

La Feria del Libro, la Casa de la Moneda, la Plaza de Armas y la noche. Y la Catedral, la Iglesia de San Francisco, la Chascona, el barrio Brasil, Providencia, Vitacura…

Largas caminatas con Edmundo, hablando de revoluciones, de proclamas libertarias, de la poesía de Fray Luis, de Lorca, de Rosalía, de Esenin, de la Universidad de Chile, de la bellísima Biblioteca Nacional de Chile, de los museos, del Cerro Santa Lucía, del San Cristóbal. Seguimos caminando para recordar a Galicia, los ancestros, pueblos que convocábamos entre el viento y la vigilia. Y recitamos poemas. Llegó Violeta con su voz y sus tapices, llegó de Rokha, llegó Luis Franco. Carlos Fuentes, Gonzalo Rojas vinieron con sus mitos. Y otra vez Ascaso y Durruti, otra vez Barret, otra vez Huidobro.

La última noche, mirando la cordillera desde su espléndido departamento, fuimos homenajedos con las exquisiteces de Pérez Madrid y la fineza de Adolfo, junto a Carlos Calderón Ruiz de Gamboa, Victoria -secretaria de la SECH- Edmundo y Marisol Moure con los cuales nos fue uniendo nostalgia y fervor. Y mi querida y entrañable Luna.

Nos dejamos temas, nos dejamos temas. Moure me habló de William Goyen, de una novela que lo iluminó de ternura y poesía: La casa del aliento. Le comenté que hacía unos meses había leído un cuento conmovedor de este narrador estadounidense, un cuento donde la precariedad de la vida está a flor de piel: Memoria de mayo.

Moure me contó que un amigo, Roberto, había muerto esa tarde. Nos dejamos temas, sin duda. Hablamos de nuestro ateísmo, de nuestras vidas, de proyectos infantiles y utópicos. Del hambre, de la injusticia social. De huelgas y de voces; de muros que debíamos derribar. De nuestro próximo encuentro que imaginábamos se daría en horas. Supimos engañarnos fraternalmente.

Asi fuimos recordando un verso inmortal de Francisco de Rioja. Mirando las flores de los parques, la limpieza de las calles, la cordillera que señala el silencio y el misterio. Y el mar, sobre el azul intenso. El mar, que recomienza el verso y el fervor de la vida. La mar -como dice el bueno de Roberto Lamas- es decir la amada, el vuelo, el universo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2009.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Romancero libertario

Ya salió revista Sudestada N° 84, de noviembre 2009, celebrando ocho años en la calle. En portada, "Hemingway en Cuba", y una entrevista a Carlos Penelas, "Romancero libertario".

Entrevista con Carlos Penelas
Romancero libertario
Por: Marcelo Massarino

“La gente no se puede imaginar vivir sin Estado, sin policía, sin iglesia, sin ejército. Le cuesta mucho tener sentido de libertad”, apunta el poeta. Carlos Penelas propone, en diálogo con Sudestada, un viaje mítico por las aguas de la literatura, la anarquía y la memoria, y un combate perpetuo contra los burgueses y los amanuenses del poder; es decir: los enemigos de siempre para el poeta.

Carlos Penelas vive en su casa de casi toda la vida, a metros de la avenida Callao, en la ciudad de Buenos Aires. Sobre la calle Viamonte, hay un pasillo largo, “La calle de los suspiros” que nos acerca al mundo del poeta donde conviven la literatura, la plástica y la música. También el pasado que lo nutrió y formó como el autor de una obra que juzga el presente y guarda la esperanza de un futuro libertario. Las paredes están cubiertas de retratos, pinturas, poemas, recuerdos de viajes, fotografías y libros. Basta con detener la mirada en cualquier objeto para saber que la vida de Penelas es mucho más que la rutina de todos los días. El poema está en todos lados y siempre coincide con una pasión: el amor, la utopía, la estética. El optimismo en el hombre libre es el cántaro que va a la fuente de donde bebieron sus antepasados que llegaron desde Espenuca, Galicia, en un buque llamado Arcadia, el nombre de la tierra que imaginaron los poetas como un lugar de inocencia y felicidad. Carlos Penelas un día subió a ese barco que cruzó el Atlántico en 1908 y aún no bajó. Su último libro, Viajero con una soledad, lo tiene en medio del hechizo del mar y la insurrección de la palabra que se alza frente al hambre y la desesperanza.

Porteño, nació en 1946, es el menor de los cinco hijos de Manuel Penelas Pérez y María Manuela Abad Perdiz; jornaleros que dejaron España por un horizonte en este lugar de América. Su padre era un anarquista individualista de carácter fuerte, noble y con una pizca de ingenuidad. Así también eran sus tíos y abuelos. Penelas los recuerda como “seres angelicales” de una “generosidad infatigable”, con “razones para envejecer y morir en rebeldía” mientras compartían “el corazón con otros seres”. Todos tenían una candidez especial aunque eran capaces de dar la vida por una idea. Como su tío Pedro Fraga, quien creía que los alcohólicos dejarían el vicio después de leer El Quijote; los rescataba de la calle y les leía fragmentos del libro de Cervantes, mientras tomaban un plato de sopa en la cocina de su casa. Y les advertía: “si regresan borrachos, disparo”. Y era hombre de una sola palabra.

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº 84 - Noviembre 2009
www.revistasudestada.com.ar

martes, 3 de noviembre de 2009

Carlos Penelas en Chile

Con motivo de su participación en la 29º Feria del Libro de Chile, Carlos Penelas estará presentando Fotomontajes en la capital trasandina el viernes 6 de noviembre.

Carlos Penelas viajará a Santiago de Chile para presentar su último libro de artículos y ensayos periodísticos, Fotomontajes, el viernes 6 de noviembre a las 19 horas en Casa Moure, Mar del Plata 2096, Providencia.

En el encuentro, acompañado por Mario y Edmundo Moure, anfitrión y moderador de la charla, Penelas se referirá a “La crónica como género literario”.

Recordemos que Fotomontajes ha sido seleccionado para participar de la 29º Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, que se realiza del 30 de octubre al 15 de noviembre de 2009 en el Centro Cultural Estación Mapocho.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Entrevista en Sudestada de noviembre

Carlos Penelas ha sido entrevistado por Marcelo Massarino para la edición de noviembre de la Revista Sudestada. Allí, además, pueden leerse algunos poemas compilados especialmente para la publicación, que ya se consigue en kioscos y librerías.

Más información: www.revistasudestada.com.ar

Encuentro sobre el poeta Luis Franco

Con una gran presencia de público se desarrolló en el Salón Editorial Voces una charla sobre la vida y obra del poeta Luis Franco. El encuentro correspondió al ciclo "De poetas y poesías 2009", y fue organizado por la Asociación Pampeana de Escritores y la Biblioteca Popular Edgar Morisoli. Los escritores Carlos Herrera (Neuquén), Carlos Penelas (Capital Federal), Edgar Morisoli y Alberto Acosta (ambos pampeanos) integraron el panel de disertantes.

A modo de introducción, Edgar Morisoli contó una anécdota referida a su primer acercamiento con el poeta. "En un viaje que realicé, junto a un compañero a un encuentro de poetas en Tucumán nos sucedió un hecho insólito. La estación donde arribamos, estaba empapelada de posters y murales del poema de Luis Franco "Estoy llorando aquí". Al salir de la estación, comprobamos que toda la ciudad de Tucumán estaba empapelada con este poema". La iniciativa, agregó el escritor, había sido promovida por la revista Signo, que con ayuda de distintos sectores de la comunidad pudo llevarla a cabo.

Morisoli se refirió luego a la persona del poeta. "Franco es un escritor que pertenece a las figuras nacidas a finales del siglo XIX, y atravesó el siglo XX casi entero, como Jorge Luis Borges". "La ciencia de la crítica sostiene que debe separarse la obra de la persona, pero qué placer y alegría se experimenta cuando se encuentra coherencia entre obra y conducta; cuando se corresponden y van unidas de la madurez, como en el caso de Franco", agregó. Morisoli sostuvo que toda lírica implica una poética tácita o implícita: "La poética de este escritor en particular supone una ética de la creación y de la estética", afirmó. Para Morisoli, la claridad de la postulación poética y ética de Franco sucede a la par de una obra lírica deslumbrante, sin perder de vista la identificación del poeta con la naturaleza, derivada de su condición de chacarero.

Continuó hablando, Carlos Penelas de Capital Federal autor del libro "Conversaciones con Luis Franco". Inició su análisis de la poesía del catamarqueño afirmando que este mundo se derrumba de a poco y crece la corrupción, y que la poesía de Franco es una respuesta a los males que aquejan a la humanidad. Penelas lo conoció cuando publicó su primer libro y tuvo un gran acercamiento: "después de la figura de mi padre, viene la de Franco" dijo. El poeta influyó en su literatura, ideología, estética, aunque ambos mantuvieron también grandes discusiones. Aseguró que Franco no fue un gran poeta catamarqueño sino uno de los más grandes que tuvo el país.

Al término de Carlos Penelas, habló Carlos Herrera quien realizó un exhaustivo análisis de la poética del escritor. Para lograr su cometido leyó varios textos. También hizo escuchar a los presentes canciones con letras de Franco interpretadas por diferentes músicos, como por ejemplo del "Cuchi" Leguizamón.

Como cierre de este encuentro Alberto Acosta, quien ha musicalizado varios poemas del escritor, brindó detalles de su acercamiento con Franco e interpretó dos temas con su guitarra: "El llorasangre" y "Canto a la alegría".

Diario La Arena, Santa Rosa, La Pampa, domingo 1 de noviembre de 2009.

Taller literario