Elegías del olvido

by - viernes, mayo 01, 2026

Buenos Aires, 2026.
Editorial Dunken.
Fotografía de tapa de Emiliano Penelas.
Poesía.


Los postigos abiertos

La amada tenía un quinqué sobre la mesa.

En él reposaba mi fatiga. Y echaba a volar

mi ausencia en el Labirinto do Pasatempo.

Era el momento exacto en que un ave

dispersa la tarde de la noche.

El silencio de los muebles invadía

mi identidad discreta, una leve ternura

que suelo proteger con ojos entrecerrados.

Había, lo recuerdo, un libro de Élisée Reclus

y una carta insomne leída con despecho.

La cortina entornada fue testigo.

Y su vestido lila.


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Palabras a mi madre


Madre, debo hablar de ciertas mitologías.

Quiero saber si oyes mis palabras,

la invasión del tiempo, la avidez del silencio.

A veces, de noche, pareces viajar en una barca

en lo indeterminado de la penumbra.

Te pido que seas fiel a mis presagios,

a mis dudas inútiles,

al remordimiento, a la ausencia.

Me acompañas en sosiego, en desamparo.

A veces parece que urdes en lo más íntimo.

Quizá sea la esencia que desconozco,

una quimera que acecha mi rostro,

la incisiva plegaria sosteniendo otra máscara

en el olor de las panaderías, en la pulcritud errátil

de hamacas, de ábacos, de reyes.

Contempla mi soliloquio, la mudanza de los días,

la gratuidad de las pequeñas cosas,

esta cavilación de una alegoría de la infancia.

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El poeta se manifiesta entre peregrinaciones y regresos, entre la realidad y el deseo. Leemos gestos, palabras. Se lee para poder ubicarnos en el mundo. Para protegernos, para ordenarnos, para sentirnos y sentir al otro.

El poema no argumenta. Hay un tiempo interior y no todo lector está capacitado para vibrar en él. La experiencia poética es inefable. Es un itinerario; conciencia e imagen. Asedia la trascendencia, la revelación, lo hondamente personal. Percepción de la realidad, de nuestra realidad.

El rapsoda potencia la imaginación auditiva, siente las pausas, la voz que expresa la amplitud de márgenes, una suerte de teorización de su oficio que se transforma en aventura de la lengua. Hablamos de educación estética –estética e ideológica– buscando la voluntad de la forma, la lectura sesgada. Novalis discurrió: cada palabra tiene una significación peculiar; otras connotativas y otras enteramente arbitrarias y falsas. Y también: “las palabras son la configuración acústica de las ideas”.

Una vez más intenté cotejar la realidad observada con el recuerdo de esa realidad. El iniciado percibe el instante, la intensidad del instante. “Creador, inventor, no imitador; he ahí el carácter esencial del poeta”, nos recuerda Giacomo Leopardi.

Carlos Penelas

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