lunes, 23 de agosto de 2010

Los amantes


1.

He olvidado sus caderas, he olvidado su nombre.
Los celos, en esa mujer, ofrendaban imágenes.
¿Hasta dónde la voz insomne,
hasta dónde la cabellera suelta y voladora?
Ahora, advertimos que todo fue un error.
Sólo el recuerdo de un árbol, de una hoja,
de un pájaro nostálgico en el cielo.


2.

La pasión llamó desde la soledad.
Como sucede en La Pampa o en Edimburgo.
O cuando un caballo vaga su fresco hocico
en un jardín cautivo.
Alrededor de la estación, la mirada flotando.
Y una ventana abierta que descubre
mi chalina en su cuello indolente.

Carlos Penelas
Buenos Aires, agosto de 2010

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