sábado, 11 de febrero de 2012

La insurrección de la poesía

Nacido en Buenos Aires en 1946, Penelas es uno de los escritores representativos de la generación del 70. Publicó obras en poesía y prosa, entre ellas su libro Conversaciones con Luis Franco. El texto y los poemas a continuación pertenecen a su Antología personal (Dunken, 2010).

Una extensa obra poética -saludada por Luis Franco, Raúl González Tuñón, Ricardo Molinari, Juan L. Ortiz, Elvio Romero, Lily Litvak, Giuseppe Bellini, Juan José Ceselli, Eduardo Blanco Amor, Héctor Ciocchini, Xesús Alonso Montero, entre otros- revela el devenir creador de Carlos Penelas, una de las voces más serias de la generación del '70.

La crítica ha advertido una preocupación raigal por adentrarse en los símbolos expresivos y en las estructuras modernas, conciliando el peso y la medida de su lirismo.

En Antología personal compila intensidad y calidez, una creatividad que se advierte en el tiempo.

Hay un impulso cósmico que deja una temblorosa sensación de misterio en el espíritu de quien transita esta antología. Sutiles ceremonias, la respiración del silencio o los ritos del instinto, la ternura del hombre y la mujer, el exilio, las persecuciones, el compromiso social, vibran en sus imágenes y contagian el gozo y el pavor de la vida.

Fiel a los hechos de su tiempo, su poesía abarca una problemática que va desde las vicisitudes del ser contemporáneo hasta el intransferible lirismo. Pero hay, además, una estética de lo subyacente velado del predio nativo.

La obra de Carlos Penelas ha nacido de su propia experiencia, de una experiencia que desde su infancia fue descubriendo el mundo a partir de la mirada de una nostálgica memoria que necesita referencias éticas. Un poeta que se rebela contra el mundo empírico. El poeta encuentra y requiere silencio; poetizar, es decir crear en el sentido etimológico. Por eso su clasicismo desde sus primeros libros, el símbolo del mundo interior, la intuición y la conciencia, el lenguaje que descubre su lugar en el cosmos a partir de lo sensual y de lo contestatario.

La mirada de Penelas horada la realidad, la materia. Allí aparecen también los mitos celtas, el saber de la tierra, la intersección entre lo moral y lo humano, lo utópico como refugio de lo profano y lo miserable. Por esta razón son tantas las referencias de su mundo mágico en pasión libertaria; un orden brotado con la respiración de lo bello.

Su actitud melancólica expresa tradición, premonición por el sueño, un orden sutil de la armonía, la fatalidad y la lucha contra la deshumanización, la realidad mitológica de las fuentes artísticas, el lenguaje elaborado a partir de una cultura clásica de la poesía medieval española y la lírica de la poética argentina.

También advertimos en sus últimos años una mirada más compleja que establece lo ilusorio de aquello que llamamos realidad; la simultaneidad del tiempo, la propia percepción que crea realidad. La obra de Penelas celebra el júbilo de lo vital, de lo bello, de lo insurrecto. Penetra un mito significativo de la intimidad poética: la memoria olvidada de la infancia.

LA GAVIOTA BLINDADA
¿De dónde viene?
¿Del sur o de mi pecho?
¿Qué noches ha cruzado?
¿Y por qué es pensamiento
y canto y hombre?
¿Qué sangre o qué galaxias,
sobre sus alas,
no ha cubierto de sueño?
Alzada al infinito
con el llanto de agosto
para hallar otro edén
más misterioso y puro.
Su forma se renueva
inédita de tránsito
como un muelle plural
de ríos numerosos.
En pos de cada tarde
es resplandor que nutre.
Herida, clandestina,
regresa con su estrella.
Pálida, inagotable,
inmarcesible y trémula
atestigua la aurora.
¿De dónde viene?
¿Del sur o de mi pecho?

(La gaviota blindada y otros poemas, 1975)

LOS SUEÑOS DE ODISEO
Estas mujeres son parte de mi vida.
Vienen a mí
en la vigilia de la desventura.
En la mezquina gloria
que dioses y reyes impusieron
aspiro sus perfumes.
Miradas traspasadas de voces
proclaman la grandeza del amor.
Me ofrendan soledad y belleza.
Cabelleras desvalidas
sobre las túnicas que denotan los senos.
Nos ocultamos en la bruma dorada,
asombrados de los designios de la arena,
únicos ante el misterio.
Sólo la fugaz Nausícaa perdurará
entre tanto dolor y desprecio.
Como el soplo de la vida
en la mirada taciturna.

(El corazón del bosque, 1992)

TRASVEO EN TUS OJOS
Trasveo en tus ojos. Tu mirar
regresa recogiendo el estío.
Una melancolía celta
consumida en el alma.
Así te gozo. Sin que sepas
del mundo,
del tras amor vencido
por donde entremiro impávido.
Te descubro distante.
Imagino entre noches
el hechizo que aventa
los cabellos. Esencia errátil
tu mirar. Húmeda, oculta.
Te escapas de mis brazos.
Cedida.

(Guiomar / Cantiga, 1996)

Diario El Ancasti, Catamarca, 4 de diciembre de 2011

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