domingo, 6 de diciembre de 2015

Descubrimiento de la amada


Sólo quise escribir mi nombre en la indolencia.
Es por eso que miro las estrellas
junto al desvelo de una ternura melancólica.
Y recuerdo…
El amor venía con vestidos azules,
en ramilletes o en naranjales.
Descendíamos en una barca por el Mandeo.
Cubría su cabeza con un pañuelo rojo
y la mirada perdida entre las nubes y el deseo.
Habíamos dejado libros por el mayo francés,
por hoteles, por banderas rebeldes.
Ahora una fotografía.
Percibo el aire y el jazmín en la sombra.
(Todo es recuerdo, todo es recuerdo.)
Desde la lejanía siento el río.
Y no me fatigo de mirarlo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2015

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