miércoles, 16 de diciembre de 2020

De lo profano a lo sacro

El corporativismo fascista es la comunidad organizada peronista.
La división de poderes para ellos no es aceptable,
porque divide lo que para ellos debería estar naturalmente unido.
Loris Zanatta


Mi intención fue escribir un villancico y me salió este texto. Le pido disculpas, estimado lector. Tal vez porque sobrevivo en un país donde para el populismo la historia nació con él. Quizás pueda ser una patología política, la psicopatología de sus cabecillas, la demencia cotidiana, la nosología psiquiátrica. Y también el fanatismo como virtud me confunde. Es la antinomia entre moral y política.

Después de la caída de Hitler la mayoría de los alemanes desconocía la existencia de los campos de concentración, el exterminio de judíos, la persecución y el horror de un sistema. Después de la muerte del Caudillo de España, por la gracia de Dios, casi nadie sabía qué había sido la falange e ignoraba a presos políticos, fusilamientos y hasta había que explicar qué fue «el garrote vil». Lo mismo ocurrió con nuestro padrecito Stalin, Mussolini, Mao y cada uno de los dictadores de Latinoamérica, incluidos nuestro Juan Domingo Perón y el camarada Fidel Castro. Cada uno a su tiempo, a su modo; banderas, mártires, líderes, épicas, relatos, muerte.

Creo, querido lector, en la filosofía de la sospecha, la idea «que no siempre somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor», como señala François Dosse. Hay lógicas inconscientes que explican con claridad la acción de las masas pero también la de los individuos. Volvamos a leer a Castoriadis y su análisis sobre el totalitarismo; veamos cómo plantea el tema de las jerarquías, el horror y la imbecilidad. Y la institución imaginaria de la sociedad.

Dispuestos a justificar empecemos a teorizar sobre las bondades del camarada Kim Jogn-un, la ternura de su padre y el misticismo de su abuelito. ¿Alguien puede, en su sano juicio, defender o tomar de modelo a la revolución cubana – segundo país en el mundo de turismo sexual – en pleno siglo XXI? ¿Alguien puede, con una mano en el corazón, creer en la revolución chavista o en la nacional y popular de nuestras tierras? Quien haya leído un poco, un poco nada más, de los pensadores clásicos del siglo XIX, le es impensable. Estamos rodeados de cholulismo, de dictaduras democráticas, de revisionismo medieval, de pantomima. Les recomiendo que lean alguna biografía de Calígula, amado por su pueblo, y verán que su época era él. También que analicen sin prejuicios La grande bellezza de Paolo Sorrentino.

Siempre es previsible la secuencia. Previsible y dolorosa. (Pensemos en nuestros intelectuales o universitarios que vieron en Chávez, ahora en Maduro, el futuro de la libertad). Es desolador cómo se mezcla y se confunde todo. Desolador y patético. Parecería que el hombre no comprende o está imposibilitado de hacerlo. Intelectuales, hombres de ciencia o de formación artística, seres con vocación humanista, las más de las veces no ven lo grotesco. Eso que está allí a la vista, eso que un niño lo señalaría con facilidad. Bueno, es verdad, no cualquier niño.

La atmósfera plúmbea que se cierne sobre el horizonte asfixia. No se quiere ver. No se trata de desesperanza ni de escepticismo. La hija del astrónomo Teón, Hipatia, es un eslabón de aquello que intentamos resumir. Lo dramático es qué se entiende por progresismo, por libertad. El Poder fomenta embrutecimiento y alienación. En el suburbio, digo. Hamsters reciclables los bautizó Esteban Peicovich.

Usted sabe, fariseo lector, que durante décadas el Partido Comunista señaló en una suerte de Inquisición del Hombre Nuevo, que todo aquello que no pasase por su concepción era reaccionario, agente del imperialismo o secuaz de la CIA. Y quedó la marca. Diluida, sin criterio, pero el halo sigue dando vueltas. Nacieron mitos, leyendas. (¿Quién recuerda La revolución desconocida, de Volin?) Hicieron listas negras donde estaban Camus y Ionesco, Pirandello y Orwell. Se ocultaron datos de manera desenfadada, siniestra. Desde los campos de concentración o Gulag (qué no dijeron “los camaradas del mundo” de Solhzenitsyn) hasta los crímenes más horrendos en la Guerra Civil Española. Pero los camaradas leían Novedades de la Unión Soviética y todo estaba en orden. El mal estaba en la Alemania nazi, en la España franquista, en la Italia de Mussolini o en el liberalismo inglés. Y naturalmente lo falso, lo espurio, lo irracional, lo corporativo, provenía del Pentágono. Hasta embalsamaron a Lenin para cumplir con la tradición del culto a la muerte. Montañas de documentos, contradicciones, engaños. Y paralelamente mártires, persecuciones, exilios. Una cosa va con la otra. Así se hace el juego. Destacados intelectuales que leyeron a Hegel o a Spinoza, a Svevo o a Joyce analizan la realidad desde lo dogmático. Lo dogmático es patológico. Sugiero, caro leedor, que vuelva a leer Guerra y Paz, un milagro en el universo literario y ético.

Entre nosotros, lo que no es peronista es fascista. Es otro tópico eclesiástico-dogmático. Está la Historia de los Papas y la Historia de los Anti-Papas. ¿Le queda claro? Napoleón lo tenía ordenadito en su biblioteca, no dudaba del poder, no dudaba del engaño o la farsa, no dudaba de la complicidad. Luego las hordas harán su trabajo.

La razón de mi vida, escrito por el valenciano y falangista, Manuel Penella, fue un texto obligatorio. Un texto mediocre, banal, grotesco. Para los devotos era el pensamiento de una santa. La confusión general, ubuesca, se genera a través de engaños, claroscuros, conversos y leales, patriotas y traidores. Luego se acompaña con liturgia, bombo, sinarquía, maniqueo, silencio cómplice. Y picaresca criolla a baldazos. Se formó un gran caldo donde se mezclaron deseos y creencias, sectas y castigos. Una enorme capacidad de olvido de nuestra sociedad y la falta de autocrítica hacen el resto.

El avión negro que trajo al General – Madrid-Buenos Aires – el 20 de junio de 1973 estaba acondicionado según órdenes de su secretario privado, José López Rega. En el sector A viajaban Licio Gelli, López Rega, Luchino Revelli, Giancarlo Valori, miembros de la Logia Propaganda Due (P2). En el sector B Juan Perón, Isabelita, Cámpora, su esposa Georgina, el coronel croata Milo de Bogetich, la esposa del embajador en España, José Campano.

En marzo de 1974 el General sentía que su organismo iba decayendo. No obstante se sintió con fuerzas para recibir al presidente de Rumania, Nicolás Ceausescu junto con su esposa, Elena. Ceausescu, joven lector, uno de los dictadores más brutales de la Europa del Este. A Ceausescu y a su esposa se les entregó el Collar de la Orden del Libertador San Martín y la Universidad de Buenos Aires lo nombró Doctor Honoris Causa. Vale la pena recordar que durante su primer gobierno no recibió al Premio Nobel de Medicina, 1947, Dr. Bernardo Alberto Houssay por ser antiperonista o “contrera” como solían decir despectivamente.

Más tarde las nefastas consecuencias: el horror del Terrorismo de Estado (el PC Argentino sostenía que Videla era progresista, no así Pinochet), la demencia de una sociedad cada vez más enferma. Y una y otra vez sobre hechos revolucionarios, míticos, populistas; algo que forma parte del delirio de nuestro ser nacional.

No desespere, hay nuevas estratagemas, ornamentos, cánones y pecheras. Aggiornamento y apelaciones desde un populismo zurcido. Ahora otra vez el peronismo, el peronismo K. Todo se mezcla, se sacraliza lo peor, lo más bajo, lo rufianesco. Velatorios, emblemas, droga, mafias, ilícitos, sindicalistas, burdeles, barras bravas, impunidad, timbas, corrupción, birra y vincha, vacuna rusa, vacuna china, cuarentena sin piedad, disparates cotidianos, alienación, delirios, exaltación, demagogia, violencia, contradicciones, insensatez, tribus urbanas, obsecuencia, irracionalidad. El ejemplo lo tenemos en un acto emblemático: el velatorio de Maradona. El caos de su vida representado en el caos del mito de la identidad nacional. El mito del rebelde social es parte de los nacionalismos populistas.

No me diga que es inocente, por una vez no sea hipócrita. Allí tiene al castrismo, al chavismo, a Putin, a mercenarios; socios silenciosos, marginales, racistas. Mientras tanto en este territorio sobreviviendo junto a marginales, ignorantes, vándalos, cumbia villera y banderas por la liberación. Además, por si algo faltaba, tenemos a un Papa bendiciendo la pobreza: la visión heroica de la pobreza, la virtud de ser pobre.

Esto fue un proyecto de país, como decía mi padre hace sesenta años. Ahora todo se pobló de ignorancia, incompetencia estructural, planeros, seres sin destino, sin educación, sin moral. Al mismo tiempo gobernadores, senadores, diputados, intendentes, secretarios, amantes, hijos y entenados se fotografían, dicen y desdicen, aplauden, lloran, dan discursos, prometen, se abrazan, llenan plazas con vítores y proclamas. Mienten, no se inmutan. Poseen hoteles, aviones privados, quintas, yates, automóviles, empresas, departamentos, garitos. En la foto miran perdidos al infinito luchando por la soberanía de la plebe.

Se lo ruego, no sea un negador serial. No se mire el ombligo: hay otros países, otros hombres, otras culturas; lugares donde vivir es saludable. Si no me cree cruce el charco. Se lo pido una vez más, no mienta. No diga que no sabía, que no es cómplice.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 16 de diciembre de 2020

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