lunes, 8 de junio de 2009

Poemas del amor sin muros

Buenos Aires, 1970.
Carpeta con xilografías de Carlos Carmona.
Ediciones del Alto Sol.
Poesía.

Yo soy el alimento

Yo soy el alimento, el abismo, el hijo,
el ladrón de tu cuerpo,
el vitalicio semen de tu cuerpo,
el que consume cigarrillos y arroja corazones
en cada esquina alfombrada de tu vida,
soy el que ha blasfemado una y mil veces
repitiendo que Dios no existe,
el misterioso, el que te ofrece
una sola biografía blindada como un esqueleto.
Déjame pues, indefensa,
entregarte todo mi corazón
como si fuera un ombligo virgen de secretos.

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Se trata de decirte

Se trata de decirte
que eres la amiga inesperada,
que huyendo,
me precedes y me acudes.
La noche ya pasó, y yo,
viudo, vespertino,
rodeé membranas de tus menudos gestos
acumulando edades disueltas
para reír con el agua nupcial de nuestras bocas.
Los meses, silenciosos y fugaces,
fueron visibles caricias que ahondaron el pie.
Tu carne fue para mí las palpitantes manos de ternura
y las horas llenas de palabras hermosas.
Luna en cinta y nalga retomadas eres.
Abierta como un sonido
has llegado con tu estrellita azul sobre mi rodilla.
Eres algo tenaz que me cobija.
Eres algo que mi boca
se disfraza de lirio y no te alcanza.
Eres entonces
un verano cerrado en mis veintitrés años.

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