viernes, 12 de junio de 2009

Roja, amarilla, morada

Buenos Aires / Espenuca, 1999.
Ediciones del valle.
Ilustración de Miguel Viladrich.
Plaqueta. Poesía.


Roja, amarilla, morada

I
¿Habrá –fatalmente- un destino,
una deuda inextinguible, una porción de libertad
olvidada y sin luz en cada cosa?
Alguna vez, descalzos, soñamos junto al alba.
Éramos jóvenes, heroicos, bellísimos.
En el recuerdo aparece tu cabellera,
el cuerpo ansioso, el deseo que roza en el aire
la tibieza que preparan los dioses.
Era el tumulto, la alegría,
el ardor de estaciones perdidas.
Resonaban disparos. Había compañeros en prisión.
Y los muros pintados con leyendas obreras.
Era fría la noche. Y el empedrado sombra.
Dormíamos tendidos. Sonriendo, amando.
Veníamos de lejos. Y el futuro esperaba.

Odiábamos la muerte. Decíamos:
España, aparta de mí este cáliz.
Viajábamos a fábricas con bestias heráldicas.
Camaradas hablaban de gaviotas blindadas,
de la guerrilla urbana, de dictadores ebrios.
Reíamos a mares, transparentes.
Poseídos, renaciendo del fuego,
navegando la infancia de otros siglos proféticos.
El corazón galopaba entre banderas.
Se decía Che, Cohn-Bendit, Camilo.
Flotabas con un vestido carmesí
y un pañuelito rojo en la cabeza.
Y los ojos inmóviles entre rostros secretos.
¡Cómo surge el follaje, la fatiga, los versos!
Después, un territorio de lava y desaparecidos.

II
Soy un trasnacido que cuenta las estrellas
en la arena. Vi las banderas negras
que iluminan la noche. Me soñaban voces
cuando llegaban cartas a mi casa.
Un rumor en el aire. Bombardeos.
Se decía Madrid, Guernica, Barcelona. Granada.
Despertaba en un mundo de brigadas.
Sin patrias, sin dioses, sin banderas.
Betanzos, La Coruña. Y el oleaje del barrio.
Mis padres juraban que los signos
tenían la sustancia del silencio,
la fraternidad de la oración y de las bayas.

(Hemos vencido el adiós de los barcos.
Bebe, princesa libertaria, del poema.
Como una obstinación
agoniza la aurora en la tiniebla.
Te siento roja, amarilla, morada.
Evocamos la belleza y el canto en una gota de luz.)

Un pájaro solitario vuela y persiste.
Aún puedo escucharlo.

Carlos Penelas


Al cumplirse sesenta años de finalizada La Guerra Civil Española (1936-1939) se publica el poema Roja, amarilla, morada de Carlos Penelas.

El autor agradece a D. Alberto Viladrich y a Da. Antonia Gravina de Viladrich por ceder la reproducción de la obra El héroe del Ebro (óleo sobre tabla, Barcelona, 1938) del maestro Miguel Viladrich.

Gota de luz, verso de León Felipe de Que venga el poeta.

Se han impreso quinientos ejemplares.

Buenos Aires/Espenuca, abril de 1999


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Taller literario