martes, 9 de junio de 2009

Betanzos de los Caballeros

Buenos Aires, 1986.
Ilustración de José Luis Macchione.
Plaqueta. Poesía.


Recuerdo a un niño sentado en las rodillas de su padre. Evoco el eco de otro tiempo en el sonido del cristal, la belleza junto a la vigilia y la divagación, la llaga sobre la soledad de los trofeos. Y el índice de ese hombre señalando un lugar del mapa al cual yo no llegaba. Y la insobornable lámpara del verso y la plural semilla en la alegría de los geranios rojos, de los héroes civiles de una mitología olvidada, de la ternura y la vitalidad.

Todo ha desaparecido. El padre ha muerto y ese niño es este hombre que trabajosamente intenta recuperar visiones, palabras lejanas, leyendas invisibles en la soledad de los sueños confusos. El tiempo ha modelado la voz de la pregunta.

(...)

Irremediablemente el reino de la muerte ha soterrado los últimos pastores de ese país de plegarias y celajes, el reino de los dioses con palabras sosegadas y cantos fugitivos. La divinidad de los hombres se halla en la inocencia de la infancia; el fuego elemental santifica la memoria.

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