viernes, 19 de junio de 2009

Historia de la Federación Libertaria Argentina

Buenos Aires, 2006.
Informes del Sur, cuadernos de investigación / Ediciones BP.
Prosa.

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La Acracia Literaria

La sociedad es un manicomio cuyos guardianes son los funcionarios de la policía.
Johan August Strindberg.
El 6 de septiembre de 1930 el General Uriburu inaugura la historia de los golpes de Estado en la Argentina del siglo XX. El presidente Yrigoyen entregará un triunfo a los anarquistas meses antes de ser derrocado: el indulto a Simón Radowitzky. Pero esto contribuirá a la irremediable caída del líder radical. Inmediatamente, todas las publicaciones anarquistas fueron prohibidas y sus locales allanados. Se desplegará uno de los momentos de mayor represión para el movimiento. Sorprendido en medio de divisiones internas, desarticulado y sin capacidad de respuesta, sufrirá cientos de detenciones, encarcelamientos en Ushuaia, deportaciones, fusilamientos y torturas. A la hora del resguardo de nada le ha servido a la FORA mantenerse a distancia de lo que define como un conflicto dentro de la burguesía, y a “La Protesta” tampoco le fue útil despegarse de los sectores violentos del anarquismo convencida de tener un rostro más humano. Ante la dictadura se borran todas las diferencias. Para el autoritarismo no existen grises sino un único enemigo. Las sutilezas no son su fuerte y la picana nacerá como síntesis de su discurso.
Paradójicamente, la represión sirvió para reflexionar sobre la puja a ultranza mantenida en los años '20, parecía un escarmiento de la historia que castigaba violentamente a quienes se habían relacionado con violencia, invitándolos a unirse contra el verdadero enemigo. La dictadura dio el marco concreto para generar la unidad: el cuadro tres bis de la cárcel de Villa Devoto, donde habían confluido cientos de militantes de distintas tendencias, muchos como paso previo al traslado a Ushuaia. Ahora el espacio estaba completo para comenzar las discusiones, sus miradas se corrieron hacia la autocrítica y produjeron un hecho impensable tiempo atrás: trescientos militantes de todas las tendencias, en septiembre de 1931, organizaron en la cárcel un Congreso. Era el comienzo de la unidad y la reconstrucción, pero a la vez el nacimiento de un nuevo tema de discusión: la creación de una organización “específica” del anarquismo que lograra coordinar y unificar sus fuerzas. El “especifismo” no era en verdad una novedad, siempre había rondado la idea de construir una organización “madre” y el I Congreso Regional de 1922 pudo haber iniciado este camino. Lo cierto es que, íntimamente, todos coincidían en reconocer a la FORA como organización “finalista” y alejarse de construcciones más propias de partidos políticos burgueses o autoritarios. En definitiva, era el proletariado bajo sus principios federativos la verdadera expresión del anarquismo local, su herramienta de lucha y tal vez el embrión de la sociedad futura.
Pero 1930 es también la década que marca el fin de un modelo. Y con ello la estructura productiva se irá transformando, acelerando los cambios ya perfilados durante la Primera Guerra Mundial. Esto rehabilitará el debate entablado en la década anterior entre aquellos partidarios de la organización por oficios o por industrias. La FORA se mantendrá fiel a sus principios federativos oponiéndose a todo tipo de organización por industria. Esta posición, que ya había decidido a muchos sindicatos a incorporarse a la USA, ahora producirá que otros anarquistas propicien la creación de grupos intersindicales en los gremios “reformistas” y que reconozcan las transformaciones en el capitalismo como un dato objetivo con el cual tendrán que operar.
El 13 de septiembre de 1932 comienza el II Congreso Regional Anarquista con la participación de cincuenta y tres delegados en representación de treinta organizaciones de todo el país. Se había abierto una vez más en la historia anarquista un ágora de intercambio, construcción y reconocimiento. Pero, ¿se habían diluido realmente las diferencias para permitir la unidad? En verdad, lo que pareció suceder es que caducaron ciertas discusiones y se instalaron otras, producto de otra coyuntura histórica y del reacomodamiento. Vale la pena recordar que es mucha la bibliografía escrita sobre estos años y que sólo intentamos reseñar algunas páginas para comprender el nacimiento de la Federación Libertaria Argentina.
El Congreso Regional de Relaciones Anarquistas (CRRA) tuvo una importante labor en la organización de la militancia, logrando que los seis comités zonales establecidos en el Congreso de Rosario (Rosario, Resistencia, Bahía Blanca, Santa Fe, Tucumán y Capital), aumentaran a dieciséis en septiembre de 1933 y llegaran posteriormente a treinta. Logro la conformación de una agrupación intersindical en el gremio de la indumentaria, la reorganización de la Asociación de Empleados de Comercio de Rosario y la constitución del Sindicato de Obreros Tranviarios y Anexos en Capital, de expansión en todo el país, autónomo, no adherido a la FORA.
La FORA, mientras tanto, tendrá dos importantes actuaciones a principios de la década: la huelga portuaria en enero de 1931, y en julio, ante la llegada de un buque nazi, la agitación y la huelga convocada por la Federación Obrera Local Bonaerense. Ahora, mientras las actividades del CRRA crecían, conectando y preparando zonas.
Sin embargo, esto no malogró el objetivo y el trabajo desarrollado por el Congreso Regional, durante tres años, pudo concretarse en octubre de 1935, al realizarse el Congreso Constituyente de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA).
La FACA, primera organización especifica anarquista de la Argentina, establece su sede de correspondencia en la Capital Federal, y comienza a desarrollar múltiples actividades en todo el país, en continuidad con las desempeñadas por el CRRA. Podemos destacar la intensificación de la campaña por la libertad de los presos de Bragado: Pascual Vuotto, Reclus de Diago y Santiago Mainini, torturados y condenados por un crimen no cometido en 1931. Se editaron miles de ejemplares del periódico Justicia, vocero de la campaña, y se recorrió todo el país realizando actos, soportando la persecución y el asesinato, hasta lograr el indulto en 1942. Me he referido a algunas de estas cuestiones en mi libro Los gallegos anarquistas en la Argentina (1996).
En 1936 se produce uno de los hechos más trascendentes para el anarquismo mundial. El levantamiento del general Franco contra la República Española desencadenó la Guerra Civil, pero también aceleró el proceso revolucionario que venía gestándose y que tenía como protagonista al movimiento anarquista español. El movimiento ácrata cumplió un papel decisivo en la derrota de los sublevados en varias ciudades, y logró controlar importantes zonas, desarrollando su labor de construcción revolucionaria. Así nacieron las colectividades de Aragón, y la colectivización de industrias y servicios en la mayor parte de Cataluña. En la Argentina, la FACA realizó una campaña fundamental a favor del movimiento español. Intervino en la formación de numerosos comités populares de Ayuda a España. Fundó, de acuerdo con la CNT y la FAI española, el Servicio de Propaganda de España, editando la revista Documentos Históricos de España, e impulsó la formación de la S.I.A. (Solidaridad Internacional Antifascista). Se designaron tres militantes como delegados en España, quienes viajaron de inmediato: Jacobo Prince, Jacobo Maguid y José Grunfeld. Ocuparon cargos de máxima responsabilidad en el diario confederal Solidaridad Obrera en el órgano de la Federación Anarquista Ibérica, Tierra y Libertad y en la Secretaria Peninsular de la FAI, respectivamente. Otros compañeros viajaron, además, a luchar por la República.
El primer documental sobre la Guerra Civil Española la filman los anarquistas y se denominará Amanecer sobre España. Basándose en testimonios de este film el director francés Frédéric Rossif, rodará Morir en Madrid. Luis Danussi será el responsable de recibir en el puerto de Buenos Aires la lata con Amanecer sobre España. Era un acto litúrgico proyectar esta película en cada homenaje que se le rendía a la República.
La década de 1930 fue de formación y crecimiento para la FACA, en duras condiciones de represión, que habían diezmado al movimiento al comienzo de la dictadura. En 1939, con una estrategia de ampliación y junto a hombres que no eran libertarios, se crea la revista Hombre de América. Debemos recordar que su diagramación moderna y revolucionaria la diseñó Aaron Cupit. Y en 1941 nace el periódico Solidaridad Obrera como expresión de un importante sector de gremios autónomos orientados por la FACA. En 1946, la constitución de la editorial Reconstruir fue de notable importancia para la difusión de las ideas libertarias, editando decenas de folletos y libros, hasta nuestros días.
La derrota en la Guerra Civil Española y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial reavivaron las campañas antimilitaristas, así como la ayuda a todos los refugiados. En este marco se inicio una campaña para auxiliar a los compañeros sobrevivientes del terror nazi enviando ropa y víveres a Alemania.
El enorme impacto represivo que causó el fascismo en todo el mundo, su expansión, el surgimiento del régimen nazi y la existencia en la Argentina de grupos que asesinaban a los obreros y que apoyaban esas tendencias, generó un clima político que buscó evitar el nacimiento de movimientos similares en el país. El peronismo parecía reunir las condiciones de un movimiento fascista vernáculo, construyendo su base de sustentación en la masa obrera, organizada en sindicatos impulsados desde el Estado y con un sesgo autoritario. La mayoría de los libertarios no dudaron en atacar al Estado peronista, recibiendo cárcel y clausura de sus periódicos: en 1946 se creó el periódico Reconstruir que sufrió procesos por desacato y secuestros de ediciones, trasladando su impresión a la ciudad de Rosario. En 1952 fueron encarcelados los obreros portuarios de la FORA.
Pero, si los beneficios económicos y sociales fueron reales, y la explotación descarnada que realizaba la elite fue restringida, la dignidad alcanzada distaba de los postulados revolucionarios de la primera mitad del siglo. El mejoramiento de las condiciones sociales pareció reconstruir al movimiento obrero, y encauzarlo con un sentido de pertenencia e inclusión. Las luchas ya no estaban dirigidas a la emancipación del género humano, a derribar las fronteras que separan a los hombres y derrocar al capitalismo. Y la dignidad pretendida tenía un recorte en los ideales más altos, nacidos en los movimientos revolucionarios.
Desde la formación de la FACA, hasta su designación como Federación Libertaria Argentina, se sucedieron seis grandes encuentros: diciembre de 1936: Pleno Nacional de agrupaciones Provinciales; febrero de 1938: Primer Congreso Ordinario; julio de 1940: Segundo Congreso Ordinario; octubre de 1942: Pleno Nacional de agrupaciones y militantes; diciembre de 1951: Tercer Congreso Ordinario; febrero de 1955: Cuarto Congreso Ordinario. Nace la F.L.A.
Si en esta fecha las ideas anarquistas habían dejado de ser una expresión de masas y de representar al movimiento obrero mayoritario, sobresale la continuidad y el desarrollo conseguido por la organización especifica. Mientras el anarquismo se veía relegado en su expresión obrera a un espacio cada vez mas reducido, se desarrolló una nueva forma de canalizar los ideales libertarios que, sin dejar de estar inmersa en el retraimiento general del movimiento, pujaba por demostrar la vigencia de las ideas anarquistas. Esta nueva etapa histórica, vivida por los protagonistas bajo la necesidad de un cambio de estrategias, que articulara la militancia no incluida en la FORA, insufló fuerzas al movimiento y generó la Federación Libertaria Argentina, en actividad permanente hasta nuestros días. Sin perjuicio de la FORA, quien supo englobar a miles de trabajadores en las décadas anteriores, se había abierto una nueva etapa, que propiciaba otro tipo de militancia.

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