miércoles, 17 de junio de 2009

Alberto Ghiraldo y su época

Buenos Aires, 2005.
Informes del Sur, cuadernos de investigación / Ediciones BP.
Prosa.


Antífonas rojas

Al pueblo no le han enseñado a comprender; sólo se ha procurado hasta hoy engañarle y embrutecerle para explotarlo mejor.
Revista Martín Fierro
“El arte para el pueblo”, Nº 7, 14 de abril de 1904

En este breve ensayo biográfico intentaremos mostrar un itinerario singular y contradictorio a partir de la figura de Alberto Ghiraldo. Creemos que la época ofrece un interesante y polémico contrapunto de ideas y reflexiones. Este escenario no está exento de tensiones, conflictos y, frecuentemente, malentendidos. Sin idealizaciones el objetivo es señalar una militancia del anarquismo en España y su influencia en la Argentina a partir de finales del siglo XIX. Y cómo esa militancia repercute en las primeras décadas del siglo XX. La cotidianeidad, lo indisciplinado y lo efímero se yuxtaponen en un período significativo: una lucha revolucionaria en la cual la literatura y el periodismo proponen un proceso ideológico inédito.
La primera década del siglo veinte es testigo de los nuevos rumbos que ha tomado la poesía en nuestro país. Viven aún Guido y Spano, Rafael Obligado y Almafuerte; los dos primeros son poetas consagrados pero ya inactuales; el tercero, Almafuerte, se proyecta en influencias sobre Evaristo Carriego y los primeros poetas de intención social. Lugones, con él triunfó indiscutible del modernismo, impone formas inéditas. Sin embargo, y paralelamente, las inquietudes políticas, las posiciones de protesta frente a la injusticia determinan actitudes de crítica que se traducen en poemas y revistas. Alberto Ghiraldo, cuyo libro Fibras (1895) prologara Rubén Darío, funda en 1904 -año en que también publica Música prohibida- la revista Martín Fierro, combatiente sin duda con candor anarquista. Un año después, José de Maturana (1884-1917) -que también es poeta y ha publicado ya sus libros: Cromos, Lucila, Poemas de color- funda, junto con Juan Más y Pi, Nuevos caminos. Se asiste al descubrimiento de otros universos poéticos que implican un acercamiento a la cotidianidad y una preocupación no esporádica por los problemas que la realidad del siglo plantea al grupo intelectual. Surgen así temas nuevos -que sólo Almafuerte había intuido- y, consecuentemente, una búsqueda de la expresión directa, como reacción, en parte, frente al modernismo en la figura avasalladora de Lugones. Todo esto implica, primero, la creación de la retórica del sencillismo, que Carriego ejemplifica; segundo, el comienzo de ciertas formas especiales de estructurar realidad y poesía, como en Ghiraldo, Maturana, Emesto Maño Barreda y Mario Bravo; y por último, a través de dos décadas, una decantación del modernismo que se transfigura en un lirismo renovado en poetas como Pedro Miguel Obligado, Rafael Alberto Arrieta y Arturo Capdevila.

Idealismo y literatura

Ya Lugones, patriarca de la literatura argentina, había escrito Montañas de oro, (1897) y Crepúsculos del jardín (1905).
La presencia de Darío en Buenos Aires resultó definitoria y, aunque los últimos románticos vivían aún, la vuelta del siglo está signada por la renovación modernista. Nuestro país se ponía al día en literatura: aunque hay en Lugones mucho de Víctor Hugo y de los parnasianos. Publica, en 1909, Lunario sentimental, pariente directo de la poesía de Jules Laforgue o de los decadentes franceses. Coexistían con el modernismo de Lugones la exquisitez europea y poco vigorosa de un Charles de Soussens, tendencias que prolongaban ciertas características del romanticismo, que anunciaban el sencillismo en poetas posteriores, o que inauguraban la poesía de inspiración provinciana y regional. Carriego se incorpora a este panorama con su aporte fundamental: la poetización del barrio.
La clase obrera iba a derrumbar un régimen de explotación y de miserias, de guerras y de pestes. La clase obrera con sindicatos combativos, con una clara solidaridad internacional, con su huelga revolucionaria, iba a crear una sociedad nueva: libres e iguales. Sin explotados ni oprimidos.
Jóvenes intelectuales, escritores, artistas –no sólo en estas tierras– creyeron que ese desplazamiento era inmediato. No puede ser más trágica la suerte corrida por el proletariado y su situación actual. El sistema que aspiraba a transformar continúa imperando, ha dado horribles engendros que azotaron a la humanidad. Guerras, dictaduras feroces, maniáticos sanguinarios, desocupación, hambre, humillaciones permanentes al ser humano. ¿Eran falsas las afirmaciones libertarias, las esperanzas en el poderío de la clase obrera, en el efecto de la acción directa? Es evidente que el proletariado, en su inmensa mayoría, equivocó el rumbo. Dejó de ser fuerza determinante, perdió vitalidad, se enredó en las trampas de la política burguesa. También los intelectuales fueron arrastrados a la órbita del reformismo, engañados por deseos imaginarios, por la toma del poder, por la colaboración de las clases.
La actualidad puede ser trivial y mortificante, pero sin embargo es siempre el punto donde hemos de situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leer los procesos históricos hay que establecer “desde dónde “ se lo lee. De lo contrario tanto el hecho como el lector se pierden en una nube intemporal. Esta lectura puede ser fruto de un nerviosismo impaciente, de una irritada insatisfacción.

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