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Carlos Penelas

Reproducimos el comentario de Germán Cáceres sobre Calle de la flor alta, de Carlos Penelas, publicado en la página de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

En el prólogo que tituló “Liminar”, Carlos Penelas da una suerte de enunciación de su poemario: “Hay, entonces, un laberinto de espejos, voces errantes, fragmentos que renacen, un vértigo secreto que predispone soledad”. O sea, apuesta por la sensibilidad, tan frágil y etérea como poderosa, ya que puede penetrar en los intersticios más insólitos de la aparentemente maciza realidad. Además, desfilan por sus poesías originales y refinadas imágenes que testimonian momentos de melancolía: en “Los altos cielos” exclama“¡Ay, si alguien pudiera detener la noche/ en esta soledad desvelada!”. Por su parte, “La biblioteca” patentiza un incondicional amor a los libros y a la literatura.

“Plaza Rodríguez Peña” es una emotiva evocación de una vida a través de los mínimos detalles que presenta una plaza de Buenos Aires (“Los fantasmas la habitan junto a los jacarandaes”).

Un entrañable soplo telúrico se encuentra en “Canon”, donde el registro poético de los sonidos, del silencio, del aroma de los frutos y de la tierra rememora a los amados ancestros, como si se operara un deslumbramiento ante las maravillas del mundo.

Penelas confiesa en “El banco” la intensa morriña que siente por la ausencia del padre muerto al sólo contemplar el modesto banco de la cocina.

Toda una contundente toma de posición política -expuesta con vigor y sentido épico- plantea “Una rosa ácrata para Anselme Bellegarrigue”: “Señalaste sarcófagos de bronce, lo abyecto de los templos, /locura de reyes, guerras, el oprobio del oro”.
Sumamente conmovedor es “Encuentro”, donde el poeta es visitado por su fallecida madre.

En “Variaciones de la hembra”, un resplandeciente poema amatorio, la enumeración de elogios a las cualidades femeninas parece ser infinito, como si el autor pudiera proseguir sin límites esta celebración. En la misma frecuencia se desarrollan “El príncipe del olvido”, “Jardín Botánico” y “Calle de la flor alta” (“Las cigüeñas recogen las sombras/ de la niebla. Del amor que en ti existe/ siento un halo. Y el mar, el mar...”).

Un aura romántica recorre su obra. En “El edén insurrecto” canta “Luchamos contra lo incomprensible,/ contra el ubicuo secreto del amor.” También afirma en.“Romance de los sueños” que éstos “tienen esas cosas, esos duendes/ que pueblan infancia y viejos relojes”.

El poeta no cesa de mencionar a personalidades por él admiradas, como Gonzalo de Berceo, León Felipe, Fray Luis de León, Cervantes, Shakespeare, Vasco Pratolini, Anselme Bellegarrigue, Mozart, Sarmiento, Lisandro de la Torre, Durruti, Pedro Salinas, Pavese, Dizzy Gillespie, Swift, Arseni Tarkovski, Harold Lloyd, Tennessee Williams, Wagner, Kandisky, y la lista de celebridades continúa.

Complementan el clima poético de Calle de la flor alta bellos dibujos del autor, que, con un gráfismo sintético, de simples líneas sin sombreado, traza sutiles rostros de mujeres, como si tributara un homenaje a Modigliani.

Germán Cáceres
lunes, julio 11, 2011 No comments
Carlos Penelas fue uno de los oradores en el descubrimiento de la placa descubierta hoy en homenaje al Doctor Esteban Laureano Maradona, en la plazoleta que lleva su nombre, ubicada en avenida Córdoba y Darwin.

La placa fue colocada por iniciativa del diputado socialista Raúl Puy, y se descubrió el día del natalicio de quien fuera conocido como “el médico de los pobres”, designado como "Día del médico rural". Penelas había trabajado en su momento en el proyecto que designó con el nombre del Dr. Maradona al espacio verde ubicado en el paso a nivel del FFCC San Martín, en el barrio de Palermo.

Maradona se recibió en la Universidad de Buenos Aires con diploma de honor. Durante veinticinco años ejerció en el pueblo de Estanislao del Campo, en la provincia de Formosa, donde además de crear una colonia para enfermos de lepra fundó la primera escuela bilingüe del país, les enseñó el castellano a los lugareños, a leer y a escribir. Además, construyó, junto a ellos, casas de ladrillos.

El médico, fallecido en 1995, a la edad de 99 años, también fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz y la Organización de las Naciones Unidas le entregó la Estrella de Medicina para la Paz.

lunes, julio 04, 2011 No comments
Sí, es preferible conversar de cosas nobles, de cosas bellas. Es preferible leer, escuchar música o hablar con amigos en un café. El resto da asco. Volví a ver - por quinta o sexta vez - El globo rojo. O si usted lo prefiere Le ballon rouge. Siempre sostuve que si en literatura existía El Principito (Le Petit Prince) en cine -su equivalente, su par, su ejemplo- era El globo rojo. El libro, escrito por Antoine de Saint-Exupéry, fue publicado el 6 de abril de 1943. El film, de Albert Lamorisse, se estrenó en 1956. Evoco la primera vez que la ví. Tenía diez años y fue, lo recuerdo perfectamente, cómo lloré. Nunca me había pasado algo así. Mi padre me explicaba que vinieron mil globos para reemplazar al globo rojo, que el niño volaba por la ciudad, que era feliz…en fin, muchas cosas. Yo le decía que el globo rojo ya no estaba más, que era irremplazable, que era único. Con los años descubrí otras cosas de la película: el rechazo al poder, a la iglesia, a la educación. La brutalidad del populacho, el rencor, el resentimiento. El egoísmo y la envidia, una forma sin duda, de lo represivo. Y muchas cosas más. Un relato poético, un emblema. Allí siguen vivos la vitalidad, lo ético, lo libertario. En Crin blanca (1953), del mismo director, conserva también intacto su sello, su atmósfera en busca de la libertad y de la infancia. Cuentos morales, cuentos donde el amor al prójimo, al sueño, a lo fugaz, a lo imaginativo, nos ennoblece. Eran los años en los cuales pensaba que el mundo era mágico y puro.


Por esos años fui con mis padres a ver la versión cinematográfica de Juana de Arco (1948), de Víctor Fleming, con la actuación de Ingrid Bergman. Estuve tres días con fiebre y tenía pesadillas en las cuales ella moría en las llamas. Vino el médico de la familia, el doctor Lucas Benitez, y le recomendó a mi padre que no me llevase a ver esas películas, que era un niño inteligente y extremadamente sensible. Esa versión jamás quise volver a ver. ¿Curioso, no?

Fueron por esos años, hablamos de 1955 o 1956, cuando mis padres me llevaron a ver la versión cinematográfica de Don Quijote de la Mancha. Me refiero a la dirección de Rafael Gil, con Juan Calvo y Fernando Rey. Lloré sobre el final, con la muerte de ese hombre que tanto quise en mi vida. Esa versión volví a verla de adulto, y otras, naturalmente.

Para que el lector no entienda mal es fundamental contar que también me llevaban a ver zarzuelas al Teatro Avenida y ballet al Teatro Colón. Y por supuesto iba a nadar al club, a la cancha de Independiente y a ciertos actos callejeros donde había banderas rojas y señores con sombreros o gorras.

Esta es la razón por la cual cuando vemos en la televisión cómo proliferan los reality shows no debe extrañarnos los períodos de decadencia que venimos soportando, los ejemplos obscenos de programas que son una suerte de pornografía ideológica. En última instancia, es una situación que muestra lo corrupto y perverso de una sociedad en donde hubo desaparecidos, en donde hubo persecuciones, en donde la frivolidad permanece en el plano de la ficción. Los griegos solían decir que un esclavo es aquel que no puede decidir por él mismo. De pronto todo resulta ser escandalosamente divertido. Por eso el rating tiene más importancia que la ética o la solidaridad.

La educación estética entró en mí a través de los ojos más que de los oídos. Mi educación musical -debo confesarlo- es tardía y artificial. Descubrí en mi madurez que cada uno de nosotros somos muchos. Y que no podemos ser más que ese que somos. Tal vez de allí vino mi desmesura afectiva por Pirandello o esa inquietud por las máscaras de Pessoa, sus heterónimos, esos otros escritores de sí mismo.

Todo lo visual forma parte de mi historia. Quizá por ello intenté buscar un hipotético refugio en lo poético. Al poetizar, la más inocente de las ocupaciones según Hölderlin, protege el lenguaje y la ética. Después de muchas lecturas regreso a lo mismo, a dos preceptos del pensamiento griego: conócete a ti mismo y llega a ser el que eres. Ese es el ámbito de la Belleza, de la palabra, del silencio. Desde mi niñez y adolescencia viví rodeado de libros y conductas éticas. A veces pienso que El globo rojo fue la revelación, el secreto íntimo, lo esencial. Me conmueve cada vez que la veo. O cuando escucho la música de Maurice Leroux. Tanto como Le Petit Prince.

Carlos Penelas
Buenos Aires, julio de 2011
viernes, julio 01, 2011 No comments
El actor leyó poemas en la presentación de Calle de la flor alta.







Puede ver a Marcelo Bucossi en Ofensa, de John Hopkins, dirigido por Marcelo Velázquez, los sábados a las 20.30 en Andamio 90, Paraná 660.
jueves, junio 23, 2011 No comments
A continuación, el texto completo que María Adela Renard preparó para la presentación de Calle de la flor alta, de Carlos Penelas.

Ese sueño fugaz, engarzado en el misterio de la vida, el don de percibir residuos emblemáticos de instantes plenos, conforma este nuevo libro de Carlos Penelas, “Un sueño sin retorno y sin recuerdo” como era el deseo de León Felipe, citado en el umbral de la edición que presentamos.

Un tramo más de reconocimiento en la palabra, de compromiso raigal con sus orígenes -asumidos plenamente- con las familias de procedencia y pertenencia, mujer e hijos. Inmerso en el bagaje cultural heredado, tan propio como consciente en la necesidad puntual e imperiosa de participación, difusión y diálogo. Enriquecido, en efecto, con el aporte creador personal que lo sitúa como valor en el contexto actual de la poesía en nuestro medio, pasando por alto dictámenes y/o tendencias circunstanciales, grupos y cofradías.

“Acaso la memoria nos vuelva a la lucha continua”, tal conclusión sella el poema “Homenaje a Vasco Pratolini”, incluido en este nuevo libro sobre un recuerdo fiel e incesante, fecundo al prodigarse, que se constituye y continúa haciéndose en la poesía de Carlos Penelas desde los albores de su escritura. Tan personal y singular como valiente y directo en la confesión -límpida siempre- de su intimidad. Intimidad en equilibrio que encuentra el cauce lírico e intelectual exacto para expresar gozo y dolor con sobria estética. Intimidad de la propia historia en el contexto de todos los protagonistas que no sólo le dejaron huellas profundas sino que integran su persona constituyéndolo sobre su reconocimiento de valores perdurables. La responsabilidad asumida de mantenerlos vivos y vigentes fuera de la tentación del desaliento. En cambio, desde la convicción que impide la derrota de la esperanza.

Calle de la flor alta es, qué duda cabe, un libro de poesía.

No obstante, su género no impide que sea, además, un exponente narrativo de claridad meridiana por cuanto cada poema puede devenir en texto narrativo gracias a sus atributos como materia de experiencia, pensamiento, reflexión y expresión. Los contenidos fragmentarios de la discontinuidad (enumeraciones, nombres propios) invitan a generar vías asociativas que establecen vínculos con el nivel hipertextual y el fluir temporal de la conciencia expresado después como collage. Esta nueva disposición significante crea una estructura libre otra, de presupuestos sintagmáticos y lineales, provista, en cambio, de imágenes dialécticas. Interrumpe el tiempo convencional y remite a un tiempo discontinuo que, tanto el creador como el lector perciben cual tiempo-ahora, estático y extático, como espacio atópico y metatópico, En suma, adviene o bien acontece una realidad autónoma en la realidad misma. Buenos ejemplos de esta característica son los poemas “La biblioteca”, “Cielo de Betanzos”, “El banco”, “Plaza Rodríguez Peña”, entre otros.

La unidad que conforma esta obra posee varios centros temáticos o, si se prefiere, de interés. Destacan como asuntos en sí mismos y a la vez configuran su tramado cual totalidad indisoluble: el origen (celta, gallego); los padres y abuelos, hermanos; la mujer y los hijos; la biblioteca y lecturas; la cultura en general; Buenos Aires; España; la identificación autobiográfica y ácrata en la composición del sí mismo y del ser que escribe.

En efecto, Carlos Penelas, hijo de inmigrantes reconoce la gravitación de esta identidad en la herencia ancestral gallega en términos de conocimiento, respeto, admiración y búsqueda. Asimismo como recuerdo y devoción permanentes que resguardan y alientan frente a la sostenida intemperie de nuestro entorno. Cito: “Aquí en este territorio donde habito/ se mezclan odios y ebriedad constante./ Hay muerte cotidiana,/ una desatada locura que asfixia/ desde una red sombría de desvelos./ Así el color pálido de la intemperie,/ yuyales, estambres hundidos/ sobre mesadas o túneles ciegos,/ una doliente historia de alfombras, de líderes,/ de soberbia, de bombos miserables./ Y de muerte y de desaparecidos./ Nos rodea la injuria y el hambre,/ la desnutrición, los espejos, los burócratas,/ una encadenada costumbre que reitera/ el extravío y el laberinto de cúpulas y torres./ Es difícil el silencio, la soledad, el crepúsculo./ Difícil la transparencia del poema,/ el cristal invisible de la infancia/ entre tanto quebranto aciago y mentira.”

En “Responso a una Patria” -poema cuya cita antecede- Carlos Penelas reflexiona en términos concretos sobre la situación patológica y dramática que padecemos. Las metáforas “río que llega hasta el ocaso/ como agua sonámbula de musgos”, “red sombría de desvelos”, “una doliente historia de alfombras, de líderes/ de soberbia, de bombos miserables”, “el extravío y el laberinto de cúpulas y torres”, entre otras, confieren al asunto en cuestión una jerarquía semántica objetiva que pareciera desprenderse de quien escribe denunciando, de esta manera, su carácter de testimonio sufriente.

La contrapartida es el registro de la ilusión de algunos, la evocación del “cristal invisible de la infancia”, la amistad, el amor, “el idioma extranjero de mis padres,/ las voces de mis hijos,/ el idealismo necesario y rebelde de la amada.”

Según Roland Barthes, la palabra vive sólo en función de su contexto. Éste es ilimitado puesto que comprende todo el sistema temático e ideológico del escritor más nuestra propia situación de lectores en toda su extensión y vulnerabilidad. Las palabras son funciones, sufren avatares, reencarnan.

Cuando Carlos califica el idioma de sus padres como extranjero plantea el problema de la diferencia social en el uso de la lengua. Antes el Pueblo no carecía de lengua -lo cual sería inconcebible- sino que la lengua del Pueblo (Michelet lo destaca con mayúscula), no estaba bajo la influencia de los medios de comunicación de masas ni de escuelas. Estaba, en cambio, situada al margen de la presión de medios burgueses y pequeño burgueses.

El Pueblo alcanzaba cierta espontaneidad, un estado extra-ideológico, claramente perceptible en sus modismos, refranes y canciones populares. Hoy, la lengua popular no es más que un lenguaje burgués degenerado, devastado, generalizado y vulgarizado envuelto en una especie de sentido común sui generis, del cual la prensa, la televisión, la radio, los celulares, la informática y las redes sociales son focos de imposición y difusión, que además, aglutinan a las clases sociales.

Carlos Penelas sostiene junto con Michelet la convicción del lenguaje-Pueblo cual tierra prometida. Sin olvidar, claro está, que la mediación entre el poder y el lenguaje no es de orden político sino cultural, que el discurso acrático se enuncia siempre contra la doxa.

Volviendo al comienzo, los centros temáticos que estructuran esta obra, son a nuestro entender: fervor ancestral por el origen que incluye la devoción por padres y abuelos, por España y lugares emblemáticos correspondientes, la mujer puntualmente evocada de modo galante rozando a veces el realismo, y los hijos. Mujer e hijos, referentes de una fe alentada en deseo de esperanza, bagaje cultural heredado y descubierto por sí mismo; figuras y personalidades admiradas, Buenos Aires, testimonios generacionales, conciencia de aislamiento y resistencia, espacio autobiográfico.

Estos centros remiten, en efecto, a “Liminar”, texto teórico inicial, en cuanto establecidos por la intuición de lo más íntimo del ser mediante la creación. Creación, travesía personal que el poeta comparte e invita a recrear. A partir de concentración y silencio, su apuesta es el re-nacimiento que trasciende la melancolía y el exilio. No en vano afirma en “Sombra del paraíso”, primer poema incluido en El Mirador de Espenuca (1994): “Tal vez la vida/ sea hallar esa mueca/ desde el fondo mismo de la desolación.” Mueca, contorsión o cambio en la dirección de la fuerza, hecha con la energía perdurable que describe en “Palabras” (pág.59) para atravesar y religar valores intergeneracionales, a pesar de todo inextinguibles:

“Amigos, observad estas palabras/ que caen en la noche. Apenas rozan la luz/ de una lámpara silenciosa y antigua./ Vienen de aquellos campesinos exiliados,/ llegan de agonías, de mujeres bellísimas,/ de caricias que sobreviven/ en talismanes o miradas melancólicas./ Observad un momento cómo llaman,/ cómo acarician frente y ternura,/ de qué manera nombran la insurrección.”

Sin embargo, el poeta afirma al final: “Nos cuesta sentir en nuestra piel/ tanta soledad y tanta urgencia.”

Dentro del sistema de imágenes dialécticas que ofrece esta obra, son constantes las atinentes a la evocación de los padres -particularmente al padre- apelativas por lo general, como refugio, pedido de amparo y sostén frente a la orfandad que el poeta sufre. En modo alguno podría interpretarse como duelo sin asumir. Por lo contrario, por tratarse de la pérdida irremediable de una instancia genuina en la cual imperaban valores éticos, interpersonales, culturales y estéticos heredados cuya vigencia fue desapareciendo durante el transcurso de varias décadas para sumirnos en un caos regido por códigos ajenos a su identidad, formación y convicciones. Y en este sentido, hasta los objetos son portadores emblemáticos que concentran luz.

En “La biblioteca”, por ejemplo, un candil inicial y final vela, enmarca recuerdos tangibles e intangibles diversos. “Hay fotografías, amuletos, leves recuerdos de la infancia recuperando claridad”, que Carlos ubica en un presente vivo. En “Canon”, otro ejemplo, “El cigarro del padre/ anunciaba el secreto de la honradez”, y cuando el poeta cierra los ojos “aparece la madre llevando/ una sombrilla blanca de encaje”, alusión junto con el peinado descripto, a la femineidad y delicadeza. En ambos casos, los objetos connotan cualidades, valores intangibles.

Por otra parte, “el banco de la cocina” es objeto -la redundancia vale- de ensimismamiento y extraña unión de dos tiempos. Síntesis de vida familiar en la misma casa y lugar, testigos silentes. En apretada y mínima síntesis final, la vivencia real está expresada como “abismo”, “maledicencia” y “congoja”, de los que huye.

Obligada, creemos, la referencia al poema “Evocaciones”, uno de los más extensos. Seres presentes y ausentes comparten, desde otra puesta un presente eterno, que lo vincula con el sentido expresado en “El banco”. En este caso, las enumeraciones, sin duda causales, van sucediéndose precedidas por un acápite que firma Arseni Tarkovski, y dice “Existe solamente la realidad y la luz”. La afirmación final del poeta, colocada en bastardilla es una declaración rigurosamente inapelable: “La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales.”

Habría, por cierto, otros asuntos en los cuales detenerse y advertir sus enlaces con otros, como el diálogo intertextual de sus constantes. Las lecturas que depara este libro llevan además, puntualmente, hacia una instancia reiterada en toda la obra: el asombro o la perplejidad.
Actitud marcada a menudo e inspirada por la experiencia de vivir cuando prima la evocación en primer plano: “Sin ellos el mundo está sin límite/ Desde cada lugar solitario, los miro./ Los evoco sin fatiga, en terca plenitud./ En ellos la sombra que protegió mi infancia,/ esplendente libertad y fulgor. […] Permanezco continuo/ como una mano tangible. […] Así son los dioses terrenales;/ vuelan en entrenoches, sorpresivos. […] Vitales renacemos en sus voces./ Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.” (“Elegía”, pág.14)

Este asombro o perplejidad, es una constante que genera una suerte de presente advertido desde el “cristal de la palabra” en el silencio que establece orden al pensamiento del poeta cuando dirige su mirada interior hacia el cielo de Betanzos, ápice del sentido -creemos- desplegado en todos y cada uno de los momentos o poemas que constituyen su obra. Imperioso en “Los altos cielos” (pág.39), atento a lo que pasa y lo que permanece en “la luz sucesiva de la ausencia”, consciente de “visiones y emblemas de una casa”. Aún en pasajes diluidos, como es el caso del poema “Tonos” (pág.42), donde “Oscila el pensamiento […] Asoma y desaparece la ausencia/ sin perfume ni voz/ entre las piedras pulidas de los cuartos.” hasta consolidarse cual presencia en una imagen ritual “La frutera es un altar en la mesa de la sala.”

Por último, la flor presente en el título de este libro, tomado del poema homónimo (pág.67), la flor alta es misterio que se eleva en la luz, el aire, el sueño,el amor y la piedad unidos en su trasfondo. Comparte también la soledad en “Una rosa ácrata para Anselme Bellagarrige” (pág.21) : “Aquí estoy, solo en la calle/ con una flor mirando en la noche las estrellas homéricas,/ avergonzado de tanta oscuridad y tanto gesto inútil.” Un tercer poema, “Rapsodia del secreto” (pág.40), en su parte II contiene a la flor bloqueando un espacio reservado a los hombres de bien, a la paz. Leemos: “Desde el aire/ un país de niebla y expedientes, de bombos, demagogia y murga,/ revuela la memoria./ Ya no quedan imágenes/ para odios y niños secuestrados./ […] Pero una flor en la alta calle,/ que no concibe la maldad de los hombres,/ vela el nombre del reino.”

María Adela Renard
Buenos Aires, 17 de junio de 2011



martes, junio 21, 2011 No comments
Con palabras de María Adela Renard y lectura de Marcelo Bucossi, se presentó el último poemario de Carlos Penelas, Calle de la flor alta. Próximamente, videos y el texto íntegro de Renard.




lunes, junio 20, 2011 No comments
Carlos Penelas será distinguido por segundo año consecutivo con una publicación en el Anuario Brigantino. La separata lleva por título Aldeas de la memoria, y cuenta con fotografías de Alfredo Erias.


El Anuario Brigantino es editado por el Concello de Betanzos, A Coruña, Galicia. Se trata de una revista de investigación histórica, artística, literaria y antropológica de ámbito gallego, en la que se incluye una sección con los acontecementos del año y las memorias de las entidades culturales de la ciudad. Su director es Alfredo Erias.

En 2009 se publicó, de Carlos Penelas, Poemas de un poeta hijo de gallegos. Pueden consultarse las ediciones anteriores en la página http://anuariobrigantino.betanzos.net
viernes, junio 17, 2011 No comments
martes, junio 14, 2011 No comments
Dunken invita a la presentación de Calle de la flor alta, de Carlos Penelas. El acto se realizará en el salón de la Editoria, Ayacucho 357, el viernes 17 de junio a las 19 horas.

Presentará la investigadora y profesora en Letras María Adela Renard. Leerá poemas Marcelo Bucossi.

Agradecemos la difusión de esta gacetilla.
miércoles, junio 08, 2011 1 comments

Las únicas cosas que no tengo derecho de hacer
son aquellas que no hago con un espíritu libre
.

Max Stirner

Definitivamente estoy asqueado. Harto de engaños, distorsiones y proclamas. Vamos a ser breves, y, en lo posible, claros. Sabemos, de sobra lo sabemos, qué son las derechas. En qué consiste el pensamiento de derechas, diferente –por supuesto– al pensamiento liberal. Conocemos el fascismo, el nazismo, el nacionalismo y todos los ismos totalitarios de derechas. Conocemos el imperialismo yanqui, los bombardeos, la idea de libertad que suelen proclamar. Y las distorsiones permanentes. Vamos a ver, una vez más, las ideologías supuestamente de izquierdas. Que muchas veces se diferencian, poco y nada, de la derecha. Y que, además, nos quieren convencer que son progresistas, revolucionarias y hasta utópicas. Como si un campo de concentración estalinista fuera mejor que uno hitlerista. O si no hubieran perseguido judíos (olvidándose de Marx, de Engels o de Trosky) como los de raza aria.

Bien. Hay una posición que parece ser blindada. Hombres o mujeres que en algún momento de la historia tuvieron posiciones valientes, arrojadas y por supuesto libertadoras, por siempre – hagan lo que hagan – serán considerados héroes, patriotas o líderes para la eternidad. No importa las atrocidades que luego manifiesten, no importa los horrores que cometan, no importa si matan, roben, estafen o utilizan en nombre de los derechos humanos los más bajos negociados o traicione. No importa lo que digan o cómo se definan, tienen impunidad para amordazar, injuriar o distorsionar. Y todo surge, en gran medida, por poseer en el fondo de su conciencia, agazapado, el concepto de héroe, de patria, de líder. Son demagogos, populistas o seres de mala fe, de conciencia turbia con una encendida búsqueda de poder. No les interesa el modo, la forma ni las mutilaciones.

Se vive entre la ficción y la realidad. La Revolución Cubana, que derrota a Fulgencio Batista – seria largo enumerar circunstancias, historias, confabulaciones, complicidades – es recibida con fervor pues derrota a un tirano. Sí, desde luego, sostenido como tantos otros por los yanquis. Y amigo de líderes latinoamericanos que después no quisieron acordarse. Esa revolución, decimos, meterá en campos de concentración a homosexuales y drogadictos como una peste que asoma y no coincide con el cambio social y político. Treinta años después, cuando ya no pueden seguir sosteniendo ese absurdo, esa distorsión homofóbica y tan poco progresista, hablan de libertad sexual. Igual que cuando el jefe dejó el habano o cuando se lo juzgó a Heberto Padilla. O se lo acusó a Guillermo Cabrera Infante de agente de la CIA. Junto a ellos un coro de intelectuales, hombres de la cultura, pensadores del todo el mundo con una retórica lamentable llamaban a la unidad contra el imperialismo y la oligarquía en defensa de los avances revolucionarios, en contra de los agentes del imperialismo. En fin, otra vez más, patria o muerte. El pensamiento único llevaba a una formidable exclusión simbólica y política, una construcción imaginaria con premisas donde los “compañeros” tienen en sus manos la voluntad del pueblo y del Comité Central. El resultado de los sacrificios es para la eternidad, las modulaciones mesiánicas señala el avasallamiento. El tono épico y trágico continuará hasta que caiga el último burócrata. Y así, de señuelo en señuelo, engaño tras engaño, mistificación y aplausos. Soberbia e insaciable sed de poder. Acto de Ofrecimiento. Jacularorias. Trisagio Breve.

La izquierda clásica tiene como objetivo central el poder. De allí la diferencia con movimientos contra culturales o libertarios: éstas intentan formar un modo diferente de espiritualidad, de ética, de individuos. Con solidaridad, con búsquedas sin dogmas, sin ortodoxias partidarias. No son muchas las cosas que debemos saber para tener una posición contra el sistema. Basta estar contra el autoritarismo, las formas jerárquicas, vincularse en relaciones afines. De allí se parte. Ver luego la alienación existencial, todo un mundo – en algunos aspectos fundamentales no hay variantes entre finales del siglo XIX y comienzos del XXI - que son las faltas de libertades para realizarse desde un punto de vista antropológico. La hipocresía de la burguesía o la mediocridad continúan vigentes y solapadas. Aunque por momentos estén disfrazadas de progreso o envueltas en actitudes aparentemente libertarias. En el fondo de trata de un enfrentamiento cultural. Una cultura, la que propone el socialismo libertario, donde se intenta llevar a cabo un ideal de lucha por la bondad humana, un ideal de igualdad, una libertad personal en contra de leyes, cárceles ( de las del pueblo y de las otras) Estados y gobiernos que avanzan sin piedad. No es muy complejo entender esto.

Los gobiernos y los políticos tienen solución para todo. Por eso mienten. Discursos armados y montajes maliciosos, siempre. Usan al pueblo como propiedad privada, como parte de un partido, de un movimiento. Información fragmentada, mistificaciones continuadas. La gente debe reunirse y resolver qué desea, qué necesita, qué piensa. Por supuesto, antes debe aprender a desear, a pensar y a tener la necesidad de creación. Y a no temer estar solo. Por eso las revoluciones, tal como están planteadas, van al fracaso desde el inicio. No se quiere entender que los dinosaurios un día desaparecieron, como desapareció el Imperio Romano, la Inquisición o el franquismo. O como cayó el Muro de Berlín. Son distintas secuencias de una misma mirada. Ahí esta la clave: aprender a mirar, a ver, a distinguir. Aprender a aprender. Otra vez hablamos de jerarquías, de castas, de clases, de imposiciones, de ortodoxias. Debemos esperar, siempre debemos esperar. No importa las victorias, las proclamas ni los rituales. Hemos tenido, a lo largo de la historia, miles y miles de derrotas. Hablamos de moral, intentamos vivir con una ética en un mundo que la desconoce o la oculta. De crear una cultura desde otro lado. Sin autoritarismo, sin liderazgos, sin recursos escatológicos. Como escribió George Orwell: “Si la libertad significa algo, será sobre todo, el derecho de decirle a la gente aquello que no quiere oír.”

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2011

domingo, junio 05, 2011 No comments
Buenos Aires, 2011.
Editorial Dunken.
Con dibujos del autor.
Poesía.



 Elegía 

Sin ellos el mundo está sin límite. 
Desde cada lugar solitario, los miro. 
Los evoco sin fatiga, en terca plenitud. 
En ellos la sombra que protegió mi infancia, 
esplendente libertad y fulgor. 
Madre cruzando bandadas de pájaros, 
volando junto a nubes, deslizante. 
El hálito mágico del padre 
repartiendo dones, regresando en partidas. 
Permanezco continuo 
como una mano tangible. 
Me descubro colmando la mar 
y la certeza del pecho. 
Así son los dioses terrenales; 
vuelan en entrenoches, sorpresivos. 
En este sendero de ondas y alboradas 
aprisionan luz, aire, talones. 
Vitales renacemos en sus voces. 
Inseparables, desvelados, impávidos de cielo.

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La biblioteca 

Sobre el escritorio vela un candil. 
A mi espalda voces de héroes, 
dioses paganos, palabras proletarias, 
antiguos mármoles, música secreta. 
Hay también anfiteatros, muros, catedrales. 
Y museos, orillas sagradas con campesinos, 
proclamas insurrectas, 
la soledad del poema en las estrellas, 
una delicada imagen de un film. 
La plenitud de una escena, 
heridas de la locura o del hambre, 
una flauta implorante de bosques, 
aquella galería de estatuas derribadas en el tiempo. 
Hay fotografías, amuletos, leves recuerdos 
de la infancia recuperando claridad. 
Lenguas celtas, latinas, lagos interiores 
soñando por las noches lo errático 
del amor o la muerte. En cada página 
la belleza del cuerpo, el abismo del mar, 
el milagro del número, un misterio 
de ritos impasibles y espejos solitarios. 
En cada anaquel el fervor de los años, 
el insomnio, un destino con umbrales y puertas 
que ilumina lo invisible en caballeros medievales. 
Oigo la lluvia, suspiros de amantes, 
una transparencia de bestias fabulosas, 
la calidez de dioses vivientes. 
Sobre el escritorio vela un candil. 

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Responso a una patria 

Aún hay hombres que forjan ilusiones 
en este río que llega hasta el ocaso 
como agua sonámbula de musgos. 
Aquí, en este territorio donde habito 
se mezclan odios y ebriedad constante. 
Hay muerte cotidiana, 
una desatada locura que asfixia 
desde una red sombría de desvelos. 
Así, el color pálido de la intemperie, 
yuyales, estambres hundidos 
sobre mesadas o túneles ciegos, 
una doliente historia de alfombras, de líderes, 
de soberbia, de bombos miserables. 
Y de muerte y de desaparecidos. 
Nos rodea la injuria y el hambre, 
la desnutrición, los espejos, los burócratas, 
una encadenada costumbre que reitera 
el extravío y el laberinto de cúpulas y torres. 
Es difícil el silencio, la soledad, el crepúsculo. 
Difícil la transparencia del poema, 
el cristal invisible de la infancia 
entre tanto quebranto aciago y mentira. 
Entonces, los sueños llaman candelabros, 
otoños, risas libertarias, el desorden de las aves. 
Llegan en la soledad restituida 
a horcaduras de la lluvia, 
en ceremonias íntimas, amigos, 
en ceremonias íntimas con la certeza del amor. 
Tal vez el corazón 
sea una súbita mirada de arboledas y brumas, 
tal vez la verdad arrasada, el rencor sacrílego, 
la piedad del humilde 
sean la noche clara del indefenso. 
No lo sé, de verdad, no lo sé. 
Pero aquí estoy, perdido entre hombres heridos, 
entre ciegos y deformes 
que perecen en la calle y no lo saben. 
Estoy entre miles de ojos indecisos 
para evocar el idioma extranjero de mis padres, 
las voces de mis hijos, 
el idealismo necesario y rebelde de la amada. 

 Quizá todo sea una equivocada pasión de mi esperanza. 

----------------------------------------------------------------- 

Cartas 

I 
Llevo la fidelidad de aquellas almas 
ilusorias, sensibles, 
sueños prodigiosos, palabras recónditas. 
Sin amparo, el hastío invade 
con humillación y maldad. 
Asciende a celebrar la muerte y la victoria. 
Lleva el poder de lo inhumano. 
Nos transformamos en estos seres ausentes, 
solitarios, sin caridad ni perdón 
perdidos en un amargo combate 
de azar y redes prefijadas. 

Una deidad extraña ama y destruye. 

II 
La vida es este sueño, anubado, 
que fatiga los ojos de los muertos. 
Una vivencia oculta de la infancia 
sobre la profecía de los padres. 

El eco de la piedra y de la sombra 
ciega la brevedad del día. 

III 
Recién ahora son visibles los relojes, 
las flores azures de la fatalidad, 
el claro cristal que atesora penumbra, 
la ficción que acuña tu destino. 
Pero también la ferocidad del odio, 
el abismo. Tarde descubrimos 
lo absurdo del ensueño, 
los hexámetros de amor, el abandono 
de una alcoba alucinada. 
Siento ahora el alivio que precede 
la lluvia en el verano. 
Y la furtiva presencia del mar 
en las estrellas.



viernes, junio 03, 2011 No comments
El hombre camina por las calles del centro con su amigo gallego. El hombre conversa y escucha. Manuel Suárez Suárez, su amigo gallego, le habla de Compostela, de nombres, de apellidos. Habla también de Montevideo, de las calles de Buenos Aires, de los centros gallegos, de la diáspora. El hombre lo escucha y también hace referencias a la situación política y económica, a los vaivenes. El amigo gallego, Manuel, vino por poco tiempo. Dio varias conferencias y dará otras. Conversan de monos y de fantasmas, de lo siniestro y patético de algunas cosas. Se ríen. Fueron a cenar, fueron a varios cafés tradicionales. Hablan de literatura, de la familia, de los temas afines. De proyectos. Vienen lugares sagrados: Piñeiro, Espenuca, Boneco. Boneco era el perro de Independiente, el perro inolvidable de los diablos rojos. Boneco, dice el amigo Manolo al hombre, en galego significa muñeco. Otro gallego, aclara. Le recuerdo que era un perro amado, una cábala, un perro que viajó con Independiente a todos los torneos, por los años setenta. De él hablaron Pavoni, Bochini. Cuando murió Lolo, su dueño, estuvo en el velatorio debajo del féretro. Lo acompañó hasta el cementerio. Y se dejó morir allí, al lado de su tumba. Lolo era brasileño. Entonces hablamos del galaico-portugués, del lusitano, de las raíces. De la fidelidad canina, del amor a los animales. Luego vino el Cine-Teatro Amado Nervo (¿el nombre se lo puso un gallego anarquista?) de Gerli. Alberto Valdés era su dueño. Allí se representaba, en Semana Santa, “La Pasión de Cristo”. Finalmente evocaciones de Eladia Blázquez, Amadeo Carrizo, Curros Enríquez, Valle-Inclán…

El hombre camina solo por la ciudad. Fue a nadar por la mañana y por la tarde, esa tarde la tiene libre, fue a hojear libros en viejas librerías. Está feliz pues cree que llamó por teléfono un antiguo novio de su esposa, un novio que se fue a vivir a Italia. Atendió el teléfono pero luego de dar el nombre de su mujer, con claro acento italiano, y al contestarle que en ese momento no estaba, cortó. Una lástima, se dijo el hombre. Pensó que hubiera sido hermoso que se volvieran a ver, que conversaran de sus vidas, de su pasado. El hombre lo había visto hacía más de veinte años, una vez que pasó a saludarla por la casa de sus suegros y de casualidad estaba allí. Lo dejó conversando en el living y jamás preguntó nada. Así debe ser, piensa, así debe ser. Su mujer seguramente reviviría cosas buenas. El hombre lo piensa y lo siente con naturalidad. Siempre le pareció odioso, enfermizo e irracional el tema de los celos, las envidias y todas esas cosas. El hombre cree en la libertad de verdad. El hombre odia el matrimonio, las estructuras, las modas y los hábitos carcelarios. El hombre no necesita ni le importa volver a encontrarse con un amor del pasado, pero entiende que hay gente que lo necesita, que le hace bien. En fin, tal vez vuelva a llamar. Se siente bien, se lo comentó a su mujer. Lo miró extrañada, pero la inquietó. Ella cree que finge, que teatraliza, que el fondo es celoso.

Hemos hablado con Manuel, mi amigo gallego, del idioma, del tango, de los orientales, de los señores que cambian de parecer del día a la noche. Hemos hablado de bellas hembras que descubren el otoño porteño. De los distraídos, de los que se hacen los distraídos, de los que aparentan y de los que son. Hay que ver de dónde vienen las balas, dice. Estoy por llegar a la puerta de mi casa. Vengo caminando desde el Jardín Botánico, pasé por plaza Güemes, por una confitería llena de recuerdos y de nostalgias. En fin, debemos escribir algo cómodo y tranquilizador para finalizar el artículo. Los argentinos somos siempre inocentes, Y autoindulgentes. “No sabía nada”, dijimos. “Yo lo no lo voté”, afirmamos. “Es el destino”, escuchamos. “Nunca imaginé que la guerra no fuera patriótica”, comentamos. ¿Y ahora, qué? En fin, en poco tiempo más otro despertar amargo. Y asombroso, por cierto. Como esa mujer que al verme entrar en la exposición de pintura me dio un beso en la mejilla como si nada hubiese pasado, como si nos hubiéramos despedido la tarde anterior. Llegué a mi casa. Mañana iré a ver Le quatto volte de Michelangelo Frammartino. Y el domingo La flauta mágica en el Teatro Colón. Usted sabe, el cine italiano me atrae. Casi tanto como Papagena. Entre paréntesis, soñé que le regalaba un lilium. Y que ella sonreía. Estoy siguiendo muy de cerca todo lo relacionado a los indignados. Y cómo se irradia por el mundo. Buenas noches, que descanse.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2011
miércoles, mayo 25, 2011 No comments
La decadencia de los países comienza por su lengua
y la distorsión de los conceptos

Séneca

¿Hablamos del velo de la ilusión, como afirma Garzón Valdés? ¿Del desmilagro argentino? ¿Todo de zurce de inmediato, se remienda a lo bobo, se oculta? Y sí, debo confesar que causa estupor, que son incorregibles. Todo lo distribuyen en un marco delirante, sin ningún criterio, usando un pseudo razonamiento, un supuesto pensamiento popular y científico – como si fuera posible, como si fueran pitagóricos -, en compañías indescifrables, irreductibles. Entre güelfos y gibelinos deliberan jirones de palabras, tartamudeo mental, restos de la olla del puchero. Se ha dicho recientemente, entre otros apotegmas, que López Rega no es un producto del peronismo sino de la Revolución Libertadora. No deja de tener su cuota de ingenio, de curiosidad. Dominium mundi. Me animaría a afirmar que la culpa, la responsabilidad del secretario personal del General, es de Urquiza. Hay documentos fáciles de recoger en la mirada verticalista de la verdad. ¿Y por qué no buscar antecedentes en la Guerra de Secesión? O en Bakunin o Trosky, ¿cree, por ventura, que son inocentes en este tema? O tal vez Sarmiento, hombre iletrado y sin sentido patriótico. Y ya que estamos embolsemos a Alsina, a Valentín y a Adolfo. Sin vueltas. Y por supuesto todos los unitarios que habitaron y siguen habitando el territorio. Llegaría, si me permiten, hasta Lugones, Borges, Sábato y Cortázar. Cada uno tiene lo suyo. Y de allí para abajo. Sin descartar a don Arturo Illia o Agustín Tosco, que murieron con una fortuna inmensa, incalculable, comparada con la del finado Néstor. Por suerte existió el fraile Aldao, tío abuelo de López Rega. Hombre justo, probo, honesto y piadoso, el José Félix. ¿Quién puede ponerlo en duda? Llegó con la Conquista del Desierto que encolumnó el Brigadier General hasta Río Colorado (creo que se olvidaron de la primera gira) y declaró dementes e insanos a todos los unitarios. Hombre de fe, hombre de honor, el fraile. Militante de ley, rostro serio, sin sonrisa. Braguetudo, el hombre. Como el otro. Propongo poner una calle en la ciudad con su nombre. Propongo que el salón de actos de la Universidad de Buenos Aires se llame Fraile Dominico y Coronel José Félix Aldao. Propongo, por último, que la Biblioteca Nacional tenga un busto suyo al frente de las escalinatas. A tener razón sin descanso. Y hacerla valer sin tregua.

Así vamos, agrupados, creyentes agrupados por los estandartes de la victoria como cirineos antes las columnatas de Roma. Invocación y resignación, enigmáticos, vicarios bienaventurados, una caterva de próceres con chequeras y almuerzos en Puerto Madero beatificando humildad. Rencor y champán. Entonces los flecos abiertos, los vuelos, la impunidad judicial, la capacidad de seguir cambiando; ser santos y mártires, revolucionarios y bellos, rufianes y melancólicos, prepotentes y víctimas. Hay ciertos señores que les parece mal ciertas críticas que escribo, que no son progresistas. Pobres caballeros, burócratas de partidos obsoletos, populistas disfrazados. Una anécdota. Mi padre aprendió a nadar en las aguas del riachuelo, en Barracas al Sur. Hoy, según organizaciones mundiales de salud, es el riachuelo más contaminado del planeta. Los niños de la zona nacen con bacterias, plomo y alergias. Además del hambre, claro. Dominium mundi.


Debemos hablar claro, estimado lector. Cada vez tengo menos ganas de escribir un artículo. No vale la pena. Sí me gustaría comentarle, para que no quede duda alguna, que no me interesan ni me interesaron jamás los símbolos. Ninguno, absolutamente ninguno. Empezando por los anarquistas, que pusieron de moda. Si no me interesa un crucifijo (como símbolo) cúal sería el motivo que me interesara por la A en un círculo. Podemos tratarlo como un símbolo euclídeo donde la simetría muestra su esencia. De que hablamos ¿De heráldica, de imágenes sacras, de objetos mágicos? Miren dónde quedó la hoz y el martillo. Esta A se ha convertido, como casi todo, en un símbolo de marketing. Como la imagen del Che donde los jóvenes ni conocen su figura, su historia, su ideología. Todo, absolutamente todo, son símbolos políticos carentes de significado. Señaló, con razón, la escritora italiana Fabrizia Ramondino: “…me han parecido un poco presuntuosos, estúpidos e ignorantes, tantos jóvenes que he ido conociendo en los últimos años y que se declaraban anarquistas”.

Ahora están los tatuajes, la publicidad en radio o en televisión: “coma una auténtica paella anarquista”. Y la gente va. Y come, es feliz, cree que hizo algo por el mundo. Y paga con su tarjeta de crédito sin enterarse jamás que la paella la hizo un formoseño que sabe hacer frijoles pues es hijo adoptivo de una mexicana casada con un senegalés. Entonces mezclamos tatuajes, punk, ideas rebeldes, cervezas, porros, marcas enroladas bajo las banderas del consumismo. Colgantes, póster, camisetas, deslizamientos semánticos de los símbolos. Stalin, el Papa, Maradona, Sex Pistols. En el mercado ya están mochilas, calzoncillos y bolsos con la imagen de la A dentro del círculo. Y se venderá en breve –no sé si ya– la marca registrada Anarchy, con Eastpack, como producto de masas. Importante: buscar en los grandes shopping el perfume Anarchite de Caron, un producto de lujo, para ricos. Match point.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2011
miércoles, mayo 18, 2011 No comments
Tomo I - Parte Decimoctava. 
Buenos Aires, 2011. 
Fundación Argentina para la Poesía. 
Antología. 
Poesía.



sábado, mayo 07, 2011 No comments
Es conmovedor ver ciertas fotografías. No sé si tiene sentido seguir escribiendo. Por eso salí a caminar. Estoy mirando los jacarandaes de la plaza Rodríguez Peña, son hermosos. La plaza la destrozaron con arreglos ridículos y reformas espantosas. Quedaron los árboles y cierta nostalgia de lo que fue. Ahora hay rejas, pobres desamparados, miseria. Lo pienso seriamente, no sé si tiene sentido escribir estos artículos, estas líneas, estas sensaciones.

Retomo el aire libertario y camino por Paraguay hacia la Avenida 9 de Julio. Entro en una librería de libros usados, hablo con Raúl, su dueño. Es uruguayo, es un hombre afable, culto, simpático. Lo conozco desde hace años. Hablamos de Artigas, de Pepe, del plan de salud que están haciendo los orientales. La librería queda enfrente de donde vive mi amigo Juan Manuel Sánchez. Toco el portero eléctrico pero no contesta, seguramente se encontró con algún amigo o fue a una galería. Debe ver como anda el mercado. Se vende poco y nada, sobre todo la buena pintura. La decadencia es total, en arte, en política, en conducta. Hay islas, pequeñas islas donde la gente hace lo suyo, donde hay talento y creatividad. Sin duda, pero son islas. En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires ya hay pobres diablos durmiendo en patios y aulas. Con colchones incluidos. Lo mismo pasa en los hospitales del Gran Buenos Aires. Y en los hospitales de la ciudad. Los turistas van a Puerto Madero, una vuelta por la Boca, una visita por Palermo. Y Calafate o las Cataratas del Iguazú. El resto es silencio. Estoy caminando por la calle Florida, los manteros ocupan veredas y aceras y bancos. Un despliegue de comida, pañales y tamboriles. Llegué a Plaza de Mayo, acampan los veteranos de Malvinas desde hace años. Regreso por Diagonal Norte. Comienza a oscurecer y otros habitantes llegan a los portales.

Dije que eran bellas y conmovedoras las fotografías. Son políticos a punto de saltar a la eternidad. Son iguales aquí y allá. Si, no se enoje, hay algunas diferencias. Pero no muy grandes, es leve, todo es leve. Les comento a mis alumnos que algunos anarquistas pusieron bombas. Algunos, no todos. Les digo que comparen eso con los campos de concentración estalinistas, los campos del nazismo, los de Guantánamo o Egipto. Con los bombarderos norteamericanos en cualquier parte del mundo, con los bombardeos a Libia. Les digo que comparen eso con las guerras mundiales o las guerras santas. Con la bomba atómica, con las torturas, con las mutilaciones. Las fotografías son conmovedoras. Veo a seres impresentables junto a burócratas con ínfulas, a mediocres con el mentón a lo Musolini, a caudillos enriquecidos hablando del pueblo. Demagogos, falsos, sin escrúpulos. Se juntan, se saludan, se potencian. No son generales engominados, pero se parecen. No son obispos pedófilos que brillan ante la ignorancia, pero dictaminan lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Son fotografías de aquí y de allá, fotografías que nos llenan de asco. Desde esas fotografías percibo la oratoria, los templos, los caballeros vinculados a los negociados. Los sindicalistas y sus inflexiones históricas, lo pornográfico de sus miserias morales. Chambelanes, burócratas inmovilistas, emisarios de la complicidad y el olfato para saltar y caer parado entre la barbarie. El beneplácito del poder, los desplazamientos, lo grotesco. Y quedan impávidos, mirando fijo a la cámara que los muestra tal como son: sumisos, ladrones de gallinas, potencialmente dictadores. En el fondo autoritarios, necios. Lujosos y dicharacheros. Pobre tipos que tienen cargos y son parte del sistema. Y dicen estar a favor de la libertad, de la igualdad, del compromiso. Peligrosos, sin duda. Peligrosos. Juzgan, levantan el índice, señalan el cielo y el infierno, inventan hechos, trafican banderas, muestran el culo y sonríen. Saludan con energía o con una falsa modestia, son hábiles, pícaros, furibundos sin duelos ni pestañeo. Hablan de revolución o de paz, da lo mismo. Ordenan su oratoria, la complican, la muestran, la ocultan en los símbolos, en mitos, en proclamas. Fotografías que recorto y guardo, como guardo las firmas de ciertos manifiestos, de ciertas aterciopeladas declaraciones. Estoy a punto de abrir la puerta de mi casa. Buenas noches. Sí, por supuesto, hay otras cosas, hay otras cosas. Pero recuerde: “Así es como se asienta la locura”, cita del Rey Lear, de Shakespeare.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2011
viernes, mayo 06, 2011 No comments
La Fundación Argentina para la Poesía publicará un nuevo volumen de su Antología Poesía Argentina Contemporánea. En este tomo fue seleccionado Carlos Penelas junto a otras voces. Se presentará en la 37º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Como se recordará la Fundación viene realizando esta tarea desde hace más de treinta años.

Entre los poetas reconocidos figuran, entre otros, Alejandra Pizarnik, Miguel Ángel Bustos, Manuel J. Castilla, Alberto Girri, Roberto Juárroz, María Elena Walsh, Juan Gelman, Olga Orozco, Héctor Murena, Francisco Madariaga, Juan Wilcock.

Carlos Penelas había publicado a través de la Fundación Argentina para la Poesía Los dones furtivos (1980) y La piedra del destino (1983).
miércoles, abril 27, 2011 No comments
Desde donde estoy sentado puedo ver parte del monumento a Mariano Moreno. Digo parte porque los árboles tapan un poco el panorama. Es un monumento hermoso. Recuerdo cuando todos los años, en el día del periodista, Jorge Chinetti hablaba de libertad, de socialismo, de futuro. Evoco su oratoria, su postura. Lo rodeaban unas veinte personas. En más de una oportunidad, entre ellas, estuve. Es un café muy particular, las medialunas son exquisitas y la atmósfera que se formó en torno al Piazza es singular. Uno de los lugares predilectos de la ciudad, tiene clima. Los turistas, los gitanos, algunos intelectuales, ciertos vecinos, lectores silenciosos. A cierta hora uno parece estar en un rincón de Roma o el suburbio de un barrio andaluz.


Estoy leyendo un libro que compré por veinte pesos. Nadie conoce nada, nadie sabe nada de nada. Es un libro que no se puede adquirir por menos de ciento veinte o ciento cincuenta pesos. En buen estado, sin duda, unos quinientos. Hablo de un misal, de un misal histórico: Misal diario y vesperal. Es el célebre de Gaspar Lefebvre, de la Abadía de San Andrés, Brujas. La traducción castellana y la adaptación de Germán Prado, monje Benedictino de Silos. Edición de 1953, una verdadera joya. Un ejemplar bilingüe; latín y castellano. Me sirve, además, para repasar lo casi olvidado. Cuando en la introducción habla del programa de vida cristiana, cita la Escuela de Salerno. De esa escuela, perdóneme estimado lector, me habló un día mi padre. Mi padre, el que cuidaba cabras a los seis años en Espenuca, el que trabajó en una fábrica de vidrio a los once, aquel que fue tendero, empleado, tuvo un almacén y luego un negocio de lencería, decía que había que dormir ocho horas, trabajar ocho horas y vivir ocho horas. Eso se señaló en la Escuela de Salerno. Y hay un trabajo interesante de Jaime Gómez González sobre la primera Escuela de Medicina, la de Salerno. Le transcribo algo, para que recuerde y asociemos tiempos, épocas, circunstancias, mundos e ideologías. Sin caudillos, sin populismos, sin ortodoxias.

Hace mil años cuatro maestros se reunieron en Salerno para fundar el primer centro de enseñanza médica del mundo: el griego Pontus, el árabe Adela, el Judio Helinus y el Latino Salernus. Salerno es una población situada al sur de Nápoles sobre el golfo de su nombre sobre el mar Tirreno y esta muy cerca del Monasterio Benedictino de Monte Casino, en donde se libró una de las más enconadas batallas de la Segunda Guerra Mundial. Salerno estaba en la ruta de los Cruzados que se dirigían a la Tierra Santa. En su vecindad existen baños termales usados desde la época de los Romanos. Una de las contribuciones más importantes de la escuela de Salerno fue la traducción de los libros clásicos griegos, vertidos al árabe y traducidos al latín por el monje benedictino Costantino el Africano a mediados del Siglo XI. “Todo el Arte" fue escrito en Bagdad en el siglo X y es una enciclopedia de las enseñanzas griegas y árabes en la cual se incluyen capítulos de anatomía, fisiología, patología, semiología, traumatología y ginecología entre otros temas.

En el siglo XII comenzaron las disecciones anatómicas en Salerno y Copho escribió un texto sobre la Anatomía del Cerdo. Los Salernitas dedicaron esfuerzos importantes al desarrollo de la cirugía y afirmaban que era una de las ciencias de la medicina.


Una de las obras mas interesantes es el "Régimen Sanitario" escrito en verso, el cual fue compendiado en el S XIII por el médico español Arnaldo de Villanova . Entre otras muchas cosas , recomendaban a los enfermos consultar y obedecer a tres colegas: el Dr. Dieta, El Dr. Alegría y el Dr. Reposo.


Los conocimientos iniciados en Salerno se extendieron por toda Europa y tuvieron varios siglos de vigencia. La Escuela de Medicina fue clausurada por Napoleón en el Siglo XIX . Parece que el emperador estaba más interesado en sacrificar a millones de jóvenes soldados que en curar a los enfermos. Un millar de años después de su fundación, recordemos esta ilustre página de la historia de la medicina.


Poco más podemos decir, poco más que agregar. Ya he pagado mi café y dejado la propina correspondiente. Estuve escuchando los comentarios sobre la frase de Fernando Savater: “Definirse como peronista es equivalente a ser un Tiranosaurio Rex”. Pegó duro el hombre, se volvieron locos. Algunos incluso comenzaron a decir que los arqueólogos son reaccionarios, liberales y de derechas. Recorro las calles del centro hasta llegar a mi casa. Ahora estoy en mi biblioteca, voy al sector donde tengo diccionarios y libros sobre historia de la medicina. Leo: Arnau de Vilanova (valenciano-catalán, nacido entre el 1234 y 1250, y muerto en 1311), según Laín Entralgo, la más interesante figura de la medicina medieval, además de maestro en Montpellier escribe sobre higiene y dietética. Según Hanna Kamieniecki para él la medicina no es solamente una ciencia sino arte y el arte de curar viene de la naturaleza, es por ello que la medicina debe tomar la naturaleza como punto de partida con un espíritu abierto y poner al servicio de su enfermo todo su poder de razonamiento y todo su buen sentido.

“Débese asimismo medir el comer, de tal suerte que con la demasía no quede el estómago cargado, porque, así como daña el comer antes de tiempo arriba dicho, daña también comiendo demasiado. Y así, para evitar esto, conviene que dos cosas se hagan. La una, mascar bien lo que se come, porque de no hacerlo se le sigue detrimento grande a naturaleza, por no dársele lo de la primera disposición y principio se le debe; porque para eso ha dado ella los dientes, para que perfectamente se desmenuce lo que se come antes que pase al lugar de la digestión. Y así, si lo que se come no es líquido, o con algún artificio desmenuzado, mucho defraude a la naturaleza y de su cuerpo, el que con dientes no desmenuza bien lo que come... La otra, que por temor de no comer demasiado, se debe también evitar la variedad de los manjares en la mesa, en particular si fueren exquisitos y delicados. Porque antes se satisface y contenta el apetito con una cosa de comer que con diversas, porque los gustillos de los sabores incitan a comer más de lo que el estómago puede elegir...” Amigo lector, no tengo más nada que agregar. Piense usted. Buenas noches.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2011
sábado, abril 23, 2011 No comments
La última edición de la Revista Sudestada (Nº 97 / abril 2011) incluye un dossier sobre David Viñas, "Adiós a un provocador". Además de una entrevista realizada en 2003 por Néstor Kohan, se incluyen columnas de opinión de Carlos Penelas, Juan Bautista Duizeide y Leandro Albani.

sábado, abril 16, 2011 No comments
Pocos, muy pocos, creo que han leído ciertos libros con la intensidad y la frecuencia de mi padre. Don Manuel leyó una de las cumbres de la literatura universal, me refiero al Quijote, doce veces. Detenidamente, sin apuro, con la lentitud precisa que significa leer. Era un lector, no un leedor. Otro de sus autores predilectos fue Galdós. Leyó toda su obra. Algunas de sus obras, dos y tres veces. Recuerdo la obra completa, sus Episodios Nacionales, encuadernados, con letras en oro en el lomo; al pie las iniciales: M.P.
Mi padre fue un librepensador que nació en 1898 en Coirós. Para ser precisos, en Espenuca. Cuidó cabras, cuidó la tierra desde los seis años. Cuando aprendió a leer en esta tierra -gracias a compañeros socialistas y anarquistas- comenzó a leer bien. Es decir, leía con lentitud y en profundidad autores inmortales. Leía como no lo hacen los profesores actuales ni los escritores actuales ni mucho menos los supuestos críticos literarios. Ni hablar de los estudiantes, universitarios o de los otros. Por supuesto comenzó con Zola, Hugo, Schopenhauer, Nietzsche, el príncipe Kropotkin para continuar con Rosalía, Curros o Dostoievski… pero Cervantes y Galdós lo conmovían. Eran sus guías espirituales, sus referencias; el mundo en el cual viajaba y soñaba. Recordaba escenas, personajes, datos, con una memoria difícil de creer. Habitaban la casa, venían a la mesa y se sentaban con nosotros, eran parte de la cena o de las discusiones. Una de las obras de la cual nos hablaba permanentemente era La familia de León Roch (1878) del inmortal Benito Pérez Galdós. Un autor no menor a Balzac, repito, un autor no menor a Balzac. Hace un tiempo compré un libro de crítica literaria de Pedro Salinas, El defensor. Lo había leído en mi juventud pero ahora profundicé en él. Una mirada brillante de la sociedad, del recato, de la literatura epistolar, de estilo. Páginas dibujadas entre 1948 y 1950, aproximadamente. Días pasados comencé a leer unos escritos sobre crítica literaria de Leopoldo Alas, Clarín. Solos de Clarín es el título. Allí, entre los libros que comenta está la novela de Galdós. Debo confesar que jamás la leí, como tampoco leí La Regenta, de Clarín. En fin, veremos, veremos… Vamos a reseñar algunos aspectos de este retrato de la sociedad española de mitad del siglo XIX. La obra se caracteriza por un marcado y nítido realismo. El narrador y el autor observan minuciosamente; con toques geniales de intuición que le permiten describir con exactitud la atmósfera. Las páginas de Galdós (Tristana, Marianela, Fortunata y Jacinta, El abuelo, Tormento…) son ejemplo para aprender el uso de adjetivos y descripciones. Esta obra, como casi toda la mirada de Galdós, contiene una ideología anticlerical y marca el enfrentamiento entre lo liberal y lo conservador. En su época se decía que era una “literatura tendenciosa”. No podemos olvidar, además, que este notable novelista posee un lenguaje culto, y se vale de ello para caracterizar a sus personajes, pues los personajes de alta sociedad mantienen conversaciones con lenguaje culto. Sus páginas son muy bien vistas por Clarín señalando los valores falsos de una sociedad, desenmascarando –junto a Galdós– una empobrecedora concepción del hecho literario y una ascendencia de entroncar la renovación de la literatura. Baroja decía de él “que sabía hacer hablar al pueblo”. El no haber obtenido el Premio Nobel de Literatura, sin duda, se lo debemos a una ideología recalcitrante reaccionaria, miserable e hipócrita de la política española y, no podía ser de otro modo, a nuestra Santa Madre Iglesia. En la novela mencionada advertimos, como tema principal, el fanatismo religioso de la mujer de Roch, María Egipciaca. Hay en ella neurosis e histerismo. El autor, luego de pasar por el naturalismo comienza a ver las nuevas corrientes científicas. Como temas secundarios las apariencias sociales, una familia que desea figurar, aparentar poder adquisitivo, aunque para ello tengan que recurrir a pedir dinero a León. Nos presenta también al matrimonio como característica de tranquilidad y bienestar para la mujer. No hay que olvidar la importancia que se le da a la familia y a la educación (para María la educación religiosa era lo mas importante) y el tema amoroso (León y Pepa amigos desde la infancia, se enamoran). Señalar que habría temas menos importantes como el honor y deshonor (León tiene que acceder a que Pepa vuelva con su marido, aunque León todavía la ama) y el juicio moral. Mucho para una época cargada de oscurantismo, incienso y beatería. Siempre he agradecido a mi padre su conducta y su biblioteca. Me marcó como al ganado. Mucho agradezco lo que me habló de Galdós, de haberle invitado tantas veces a cenar a casa, de ofrecerle quedarse a dormir, de caminar con nosotros por las calles de Barracas. Y tomar el tranvía con él y descubrir la ciudad con otros ojos. Carlos Penelas Buenos Aires, abril de 2011
martes, abril 05, 2011 No comments
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