miércoles, 18 de mayo de 2011

Símbolos, íconos y política

La decadencia de los países comienza por su lengua
y la distorsión de los conceptos

Séneca

¿Hablamos del velo de la ilusión, como afirma Garzón Valdés? ¿Del desmilagro argentino? ¿Todo de zurce de inmediato, se remienda a lo bobo, se oculta? Y sí, debo confesar que causa estupor, que son incorregibles. Todo lo distribuyen en un marco delirante, sin ningún criterio, usando un pseudo razonamiento, un supuesto pensamiento popular y científico – como si fuera posible, como si fueran pitagóricos -, en compañías indescifrables, irreductibles. Entre güelfos y gibelinos deliberan jirones de palabras, tartamudeo mental, restos de la olla del puchero. Se ha dicho recientemente, entre otros apotegmas, que López Rega no es un producto del peronismo sino de la Revolución Libertadora. No deja de tener su cuota de ingenio, de curiosidad. Dominium mundi. Me animaría a afirmar que la culpa, la responsabilidad del secretario personal del General, es de Urquiza. Hay documentos fáciles de recoger en la mirada verticalista de la verdad. ¿Y por qué no buscar antecedentes en la Guerra de Secesión? O en Bakunin o Trosky, ¿cree, por ventura, que son inocentes en este tema? O tal vez Sarmiento, hombre iletrado y sin sentido patriótico. Y ya que estamos embolsemos a Alsina, a Valentín y a Adolfo. Sin vueltas. Y por supuesto todos los unitarios que habitaron y siguen habitando el territorio. Llegaría, si me permiten, hasta Lugones, Borges, Sábato y Cortázar. Cada uno tiene lo suyo. Y de allí para abajo. Sin descartar a don Arturo Illia o Agustín Tosco, que murieron con una fortuna inmensa, incalculable, comparada con la del finado Néstor. Por suerte existió el fraile Aldao, tío abuelo de López Rega. Hombre justo, probo, honesto y piadoso, el José Félix. ¿Quién puede ponerlo en duda? Llegó con la Conquista del Desierto que encolumnó el Brigadier General hasta Río Colorado (creo que se olvidaron de la primera gira) y declaró dementes e insanos a todos los unitarios. Hombre de fe, hombre de honor, el fraile. Militante de ley, rostro serio, sin sonrisa. Braguetudo, el hombre. Como el otro. Propongo poner una calle en la ciudad con su nombre. Propongo que el salón de actos de la Universidad de Buenos Aires se llame Fraile Dominico y Coronel José Félix Aldao. Propongo, por último, que la Biblioteca Nacional tenga un busto suyo al frente de las escalinatas. A tener razón sin descanso. Y hacerla valer sin tregua.

Así vamos, agrupados, creyentes agrupados por los estandartes de la victoria como cirineos antes las columnatas de Roma. Invocación y resignación, enigmáticos, vicarios bienaventurados, una caterva de próceres con chequeras y almuerzos en Puerto Madero beatificando humildad. Rencor y champán. Entonces los flecos abiertos, los vuelos, la impunidad judicial, la capacidad de seguir cambiando; ser santos y mártires, revolucionarios y bellos, rufianes y melancólicos, prepotentes y víctimas. Hay ciertos señores que les parece mal ciertas críticas que escribo, que no son progresistas. Pobres caballeros, burócratas de partidos obsoletos, populistas disfrazados. Una anécdota. Mi padre aprendió a nadar en las aguas del riachuelo, en Barracas al Sur. Hoy, según organizaciones mundiales de salud, es el riachuelo más contaminado del planeta. Los niños de la zona nacen con bacterias, plomo y alergias. Además del hambre, claro. Dominium mundi.


Debemos hablar claro, estimado lector. Cada vez tengo menos ganas de escribir un artículo. No vale la pena. Sí me gustaría comentarle, para que no quede duda alguna, que no me interesan ni me interesaron jamás los símbolos. Ninguno, absolutamente ninguno. Empezando por los anarquistas, que pusieron de moda. Si no me interesa un crucifijo (como símbolo) cúal sería el motivo que me interesara por la A en un círculo. Podemos tratarlo como un símbolo euclídeo donde la simetría muestra su esencia. De que hablamos ¿De heráldica, de imágenes sacras, de objetos mágicos? Miren dónde quedó la hoz y el martillo. Esta A se ha convertido, como casi todo, en un símbolo de marketing. Como la imagen del Che donde los jóvenes ni conocen su figura, su historia, su ideología. Todo, absolutamente todo, son símbolos políticos carentes de significado. Señaló, con razón, la escritora italiana Fabrizia Ramondino: “…me han parecido un poco presuntuosos, estúpidos e ignorantes, tantos jóvenes que he ido conociendo en los últimos años y que se declaraban anarquistas”.

Ahora están los tatuajes, la publicidad en radio o en televisión: “coma una auténtica paella anarquista”. Y la gente va. Y come, es feliz, cree que hizo algo por el mundo. Y paga con su tarjeta de crédito sin enterarse jamás que la paella la hizo un formoseño que sabe hacer frijoles pues es hijo adoptivo de una mexicana casada con un senegalés. Entonces mezclamos tatuajes, punk, ideas rebeldes, cervezas, porros, marcas enroladas bajo las banderas del consumismo. Colgantes, póster, camisetas, deslizamientos semánticos de los símbolos. Stalin, el Papa, Maradona, Sex Pistols. En el mercado ya están mochilas, calzoncillos y bolsos con la imagen de la A dentro del círculo. Y se venderá en breve –no sé si ya– la marca registrada Anarchy, con Eastpack, como producto de masas. Importante: buscar en los grandes shopping el perfume Anarchite de Caron, un producto de lujo, para ricos. Match point.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2011

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