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Carlos Penelas

El viernes 16 de julio se presentó Antología personal en el salón de Editorial Dunken. Habló sobre el libro Rubén Derlis, y Juan Carlos Puppo leyó algunos poemas de Carlos Penelas.

En un acto cálido, a pesar de la ola polar que avanzaba sobre Buenos Aires, el salón de la Editorial Dunken estuvo lleno de gente para participar de la presentación de Antología personal, el libro que conmemora las cuatro décadas de Carlos Penelas con la poesía.

Rubén Derlis comenzó hablando sobre la obra de Penelas, su relación a través de los años y el afecto mutuo que los une con las letras. Amistad, anécdotas y litratura fueron parte de su intervención.

El actor Juan Carlos Puppo le puso su voz tan característica a los poemas, que se fueron intercalando entre las palabras de Derlis y Penelas, además de abrir y cerrar el encuentro.

El autor, último en hablar, rindió homenaje a sus maestros, y a quienes lo apoyaron y compartieron momentos a lo largo de su carrera.

Entre los presentes estuvieron los artistas plásticos que ilustraron trabajos de Penelas como Ponciano Cárdenas y Carlos Scannapieco, además de Juan Manuel Sánchez, responsable de la tapa del libro.

Escritores, músicos, actores y otras personalidades de la cultura compartieron la noche junto a amigos, periodistas, alumnos de los talleres literarios y seguidores de la trayectoria literaria de Carlos Penelas.

Palabras de Rubén Derlis
Un camino de vida que viene jalonado con casi treinta libros de poemas y otros tantos de prosas –poéticas, ensayísticas y periodísticas– es el que lleva recorrido Carlos Penelas desde aquel 1970, que los sesentistas atesoramos y sentimos tan cerca aunque queden tan lejos, o acaso ya ni queden, cuando dio a conocer sus Poemas del amor sin muros, un puñado de versos ilustrados con grabados de Carlos Carmona, en pliegos sueltos -en rama, para hablar con más precisión- y encarpetados, que le editamos en las Ediciones del Alto Sol, una de las tantas aventuras de la tinta, el fervor y la poesía -tríada con la que nutríamos nuestra juventud- y echábamos a volar desde Buenos Aires hasta donde fuera capaz de llegar.

Dos años después nos acompañó en libros colectivos, a los que éramos tan afectos y que tanto placer nos daba editar, pues posibilitaba la interrelación entre poetas de distintas regiones del país, a la vez que liberaba una fluida corriente de estímulos que llevaba hacia objetivos comunes, que hacía este intercambio sumamente provechoso. En dos de estos libros conjuntos, como también le llamábamos, intervino Penelas: Poemario 72 y Del amor en la ciudad, publicaciones que se financiaban con el aporte pecuniario de todos sus integrantes en parte proporcional.

Hasta aquí la relación Penelas-Alto Sol. A partir de Palabra en testimonio que toma cuerpo de imprenta en 1973, comienza su relación con otras editoriales, siempre con viento a favor. Y anoto “viento a favor”, porque desde entonces nuestro poeta no paga un solo peso para editar sus libros. Hecho importante de destacar pues no pocos se lo han preguntado, desde portaliras de diversas capillas a fatigarrimas de variadas tendencias. Si es un secreto, sólo el autor podría develarlo; pero como aquí se trata de aproximarme para dar en el clavo, comienzo por tener en cuenta el valor intrínseco de su obra, forjada como se señala en la contratapa, “en una experiencia que desde su infancia fue descubriendo el mundo a partir de la mirada de una nostálgica memoria que necesita referencias éticas”; a lo que agrego: y desde aquí hasta el momento presente, sin bajar la guardia, siempre atento a cuanto acontece a su alrededor, guardando fidelidad a aquella ética que guió sus pasos, y aún los guía, como hombre y como poeta, en unidad indisoluble. Si esto nos queda claro, habría que pensar entonces que no existe misterio alguno a develar acerca de por qué tuvo editores y no pagó de su bolsillo infolio alguno desde entonces: sino que nos hallamos frente a una obra meritoria, y que hay algunos editores que se arriesgan a la poesía porque saben ver más allá de la moneda invertida en líneas desparejas. Creo que la cosa pasa por allí, lejos de cualquier misterio.

Ya se dice bastante en la contratapa de esta Antología personal de la poética de Penelas; en varios trabajos críticos se ha hablado de su obra más de una vez, en el país y en el extranjero. ¿Qué más? Soy de opinión que a la poesía hay que leerla y luego sentirla o vibrarla, según su receptor, más que teorizar sobre ella o acerca de sus vestiduras. Acaso porque concuerdo con León Felipe cuando dice: “Pero, ¿qué están hablando esos poetas ahí de la palabra? / Siempre en discusiones de modisto: / que si desceñida o apretada… / que si la túnica o que si la casaca…/ La palabra es un ladrillo. ¿Me oísteis? ¿Me ha oído usted, señor Arcipreste? / Un ladrillo. El ladrillo para levantar la torre… y la torre tiene que ser alta, alta, alta… / hasta que no pueda ser más alta. / Hasta que llegue a la última cornisa / de la última ventana / del último sol / y no pueda ser más alta. / Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo, / el último ladrillo… la última palabra, / para tirársela a dios, / con la fuerza de la blasfemia o la plegaria… / y romperle la frente… A ver si dentro de su cráneo / está la luz… o está la nada”.

Y creo coincidir con Penelas en esta apreciación leonfelipiana, aunque ambos no tengamos un dios a quien arrojarle la bestial pedrada dada nuestra condición de reos confesos y convictos por ateísmo.

Entonces, como creo, hay que conmoverse más con lo que trasmite la poesía, en vez de meterse en las entretelas que la arman, a veces con tan variadas fiorituras que más que adornarla la afean con espejitos de colores y chafalonía. Y esto viene a cuento porque la poesía de Carlos Penelas obra sensu contrario a lo que acabo de decir. Esta Antología lo demuestra. Nada más que abrirla y meterse en ella para navegar su mundo lírico y comprometido, que una cosa no excluye la otra, aunque esta palabrita para algunos pasó de moda y a otros les sienta mal. Pero cuando ambas cosas van juntas y en un todo equilibradas, la que gana es la poesía.

Y finalmente una hoja A4 más para referirme al amigo Carlos Penelas a instantáneas de flash, en rápidas secuencias de sentimientos puestos en palabras como si fuera un video-clip sin música ni imágenes:

Carlos, el de los sábados por la mañana en el café Margot, donde junto a otros compinches nos reúne la mesa grande de Baires Popular, para hablar de política, literatura, fútbol o lo que cuadre, y donde cada uno trata de arreglar el mundo como puede y a su manera, mientras se trabaja en distintos quehaceres –uno de ellos la edición de pequeños libros de divulgación cultural– y donde Penelas lleva publicados –cuándo no– varios títulos de su autoría.

El que estuvo en el 82 en la inauguración del café La Poesía de Chile y Bolívar y quedó en una foto –todavía en blanco y negro– junto al poeta Luis Alberto Quesada en noche memorable de magia santelmina.

El que integró de manera activa en la década del 80 el Grupo de los 7 e intervino en sus debates, recitales y publicaciones con empuje y amplio espíritu de colaboración.

El que puede mostrar un sinnúmero de poemas ilustrados con Ricardo Carpani, Carlos Scannapieco y Demetrio Urruchúa entre tantos otro plásticos de renombre, hasta que en algún momento conoce a Juan Manuel Sánchez –otro Espartaco– y juntos se dan en palabras y colores, desde hace años, pero después de preguntarme si no me molestaba que colaborara con él, habida cuenta que Sánchez venía haciéndolo conmigo desde los 60. Vaya gesto.

El que cuando sucede el trágico final del doctor René Favaloro, renuncia a su cargo de jefe de relaciones públicas y subdirector de las ediciones científicas de la clínica que éste presidía, en un gesto ennoblecedor y que pone una vez más en relieve los alcances de su ética, aún sabedor, pero restándole importancia, que quedaba con una mano atrás y otra adelante y que volvía a la calle a buscar el pan diario para él y su familia.

Al que poco tiempo después, durante la gestión De la Rúa, le ofrecen la dirección de asesoramiento de prensa de la Casa de Gobierno, y muy suelto de cuerpo contesta que su padre le había dejado una biblioteca y una conducta, que la biblioteca la tenía y que la conducta la seguía edificando: además, agregó como digno colofón, que por si no lo sabían, era autor de “Los gallegos anarquistas en la Argentina”, razón suficiente como para demostrar por qué no podía trabajar, ni aun ad honorem, en ninguna casa de gobierno, ni de este país ni de ningún otro.

El que todavía no duda de consultar con amigos poetas que sabe criteriosos, algunas dudas que le suscitan ciertas palabras que le parecen inadecuadas o que abundan, cuando de cerrar un poema se trata. Y su oído presta atención al consultado. Esto, como mínimo, debe tomarse como humildad poética.

En fin, el mismo que da un taller literario donde ningún asistente pierde tiempo, porque está concebido como escuela de escritores y no como simple lugar de hobby o pasatiempo, pues tiene claro que la palabra no es juego arbitrario sino fuego vivo, y donde no alcanza con pagar lo estipulado para ocupar una silla alrededor de su mesa si se carece de verdadera vocación.

Y vaya una breve anécdota que seguramente Carlos haya olvidado o ya no recuerde: Nos conocimos hace ya cuarenta años; fue en su casa cerca de la plaza Rodríguez Peña. Al irme me acompañó hasta mi Renault 4. Nos quedamos charlando un rato más, pero detenidos frente a la puerta de un imponente auto importado que estaba estacionado delante de la humilde Renoleta. Hasta ese momento él no sabía que yo tenía coche. Mientras busco la llave, me mira con cierto estupor, pues supone que estoy junto al mío. Doy unos pasos hacia atrás, voy hacia el 4L y abro. Cuando me siento al volante, se acerca a la ventanilla y me dice: “Pensé que era el otro. Menos mal, sino no te daba más bola”. Saquen ustedes sus conclusiones, ya que hasta ahora no hemos hablado de ideología.

Con cada uno de estos ítems se podría elaborar una extensa y ejemplificadora biografía no autorizada que a él mismo asombraría, poeta cabal, solidario y amigo de sus amigos.

Tal es el hombre cuyo libro hoy presentamos.

Muchas gracias.

Rubén Derlis

Los videos













lunes, julio 19, 2010 No comments
De izda. a dcha., Puppo, Penelas y Derlis, durante la presentación

Ante un numeroso y cálido público –seguidores de su obra, alumnos de su taller de escritura, lectores de sus sagaces columnas periodísticas–, Carlos Penelas presentó su nuevo libro, una antología poética que reúne una selección de su basto trabajo; 150 poemas ya publicados más 5 inéditos e incluye ilustraciones propias.

La apertura del encuentro estuvo a cargo del actor Juan Carlos Puppo que con notable estilo leyó varios poemas publicados en Antología personal.

Luego, el poeta Rubén Derlis reseñó la trayectoria de Penelas, cruzando los méritos literarios con anécdotas personales, destacando los rasgos y calidez humana de su entrañable colega. Lo definió como “poeta cabal, solidario y amigo de sus amigos” y remarcó sobre su poesía, el mundo lírico y comprometido que recorre. A continuación, tomó la palabra Carlos Penelas, agradeciendo y enumerando amistades, personas cercanas y haciendo una mención expresa de su mujer, Rocío, y sus hijos (a quienes dedica este nuevo volumen). Recordó además, a muchos profesores que le han marcado el camino y los desafíos editoriales que en sus comienzos debió superar. A la vez dejó entrever el orgullo de sus orígenes gallegos, la impronta de su familia emigrante, padres y abuelos, siempre latentes en su obra. Estas referencias también aparecen en el prólogo, donde, más allá de su entereza estética para con el género poético, hace evidente su compromiso social y sus tenaces convicciones.

En las páginas preliminares Penelas se pregunta: ¿Para qué sirve un poema ante tanta imbecilidad y tanta insensatez? Sin embargo su lírica sigue nutriendo al género, tal vez para combatir, para hacer despertar de ese estado o simplemente para seguir apostando a los valores que cruzan toda su creación como poeta, periodista, crítico y ensayista.

Al término del encuentro, el autor firmó y dedicó los ejemplares que ya están en todas las librerías porteñas y en la editorial del mencionado sello.

Gisela Gallego
Galicia en el Mundo, 19 de julio de 2010
lunes, julio 19, 2010 No comments
A punto de presentar su último libro, Antología personal, el escritor y periodista Carlos Penelas conversó con Galicia en el Mundo sobre las cuatro décadas de trayectoria poética que quiere sintetizar su último trabajo, que presenta este viernes, en la editorial Dunken.

En el próximo mes de octubre, Penelas tiene previsto viajar a Betanzos, invitado por el Ayuntamiento de esa localidad, para participar de la presentación de una selección de 12 poemas y su biografía que forman parte del anuario brigantino.

Aprovechando esta invitación, además tiene previsto dar una serie de conferencias en Santiago de Compostela, A Coruña, Vigo, Gijón, Madrid y Málaga. Poco antes, en septiembre, hará lo mismo en Chile.

Pregunta. ¿Cuándo comenzó a armar esta antología poética?
Respuesta. Es un proyecto en el que vengo trabajando desde hace tres años cuando comencé a revisar mi obra poética para ver si se podía realizar en algún momento una antología. La editorial Dunken me propuso este año hacer una antología poética y a mí me pareció estupendo porque este año se cumplen 40 años de la aparición de mi primer libro Poemas del amor sin muros. Una obra que publiqué en 1970 con 23 años.

P. ¿Cuál es el criterio que da forma a esta antología?
R. Quería dar una idea de lo que he estado haciendo en estos 40 años. Dar una idea de clima de atmósfera poética, de línea poética. Escogí en total 150 poemas, de todos los libros que he escrito y le he agregado, incluso, 4 o 5 poemas inéditos que escribí este año. Además, llamé a Juan Manuel Sánchez, un gran amigo mío y pintor muy importante de este suelo para que hiciera la tapa.

P. ¿Esta antología se estructura en torno a algunas temáticas determinadas?
R. El libro tiene cuatro o cinco líneas claras. Una línea amorosa, lírica. Una línea combativa, contestataria, social y una línea de la que hablo de las raíces, la galleguidad, mis ancestros, mis abuelos, mis padres. Es curiosos pero uno va viendo que eso está permanentemente en todos mis libros. Algunas veces más, otras menos; a veces se refleja más el tema social; pero todos se mantienen a lo largo de los 40 años. Lo cual, de alguna manera me hace sentir feliz porque si bien fui cambiando la forma de expresión, el fondo es más o menos el mismo.

P. ¿Cómo ha ido evolucionando su poesía?
R. El desarrollo de la poesía, por lo menos en mi caso, se va dando con el desarrollo de la vida, uno va leyendo, va creciendo, va viendo nuevos estilos, va analizando, experimentando, intentando cambiar ejes de lo poético, trabajar desde lo emocional, condición de la poesía, y además buscar formas permanentemente. De pronto uno dice con este libro o estos dos libros uno siente que agotó una forma, que necesita otra nueva forma de expresarse. Yo tengo una mirada muy clásica de la vida y del arte. Estudié el profesorado en letras con grandes profesores de latín, gramática y literatura medieval, y eso me formó en una mirada muy clásica de lo literario y de la cultura por eso los movimientos que hay en mi obra, están, hay que verlos, pero son movimientos leves, son movimientos que van rompiendo de a poco concierta estructura clásica.

En los primeros años el lector creo que va a encontrar una literatura social, muy fuerte. Eran los años 70 y había toda una corriente literaria que también se refleja en mi obra. Luego esa poesía comienza a asentarse a tener una estructura más sólida, menos pasional y un poco más racional en la que intento conjugar la razón, la pasión. En ese vuelco páginas entonces puedes encontrar de pronto poesías como “La instalación de la quimera”, “La luz helénica” o “Los trasterrados” que son poemas que han ido marcando hitos en mi literatura.

P. Por primera vez, su último libro incluye también una selección de dibujos propios.
R. Yo estoy trabajando en poesía, pero en dibujo también, desde hace muchos años. Empecé a dibujar a los 16 años, dejé un tiempo y hace unos cinco años volví a dibujar. Tengo muchas carpetas de dibujos que se las llevé a artistas amigos como Ponciano Cárdenas, Sánchez y Pugía para que las vieran y me dieran un opinión.

Ellos me dijeron que en esta antología presentara algunos dibujos y yo elegí ocho dibujos. Estoy contentísimo porque creo que alivian el libro y muestran al lector una faceta que mucha gente no conoce.

P. Cambiando de tema, ¿por qué no continúa organizando el ciclo de actividades culturales del Centro Betanzos de Buenos Aires?
R. Yo prácticamente me he apartado de los centros gallegos de Buenos Aires. Yo creo que hay ciclos, que hay historias, pero también creo que estamos viviendo una gran decadencia en todos los centros gallegos. Es una tristeza. Pienso que van a tener que replantearse algunas cosas porque están desapareciendo. Muchas asociaciones se están convirtiendo en fantasma de instituciones que tuvieron un esplendor pero que hoy casi no existen.

Mariana Ruiz
Galicia en el Mundo, lunes 12 de junio de 2010

lunes, julio 12, 2010 1 comments
Buenos Aires, 2010. 
Editorial Dunken. 
Ilustración de Juan Manuel Sánchez. 
Con dibujos del autor en el interior. 
Antología. Poesía.


FERVOR I 
En el asedio del día y de la noche 
ellos empujan su sangre para morir o vencer. 
Libres de metal y corazón y espacio 
quieren crear el alba con la rosa. 
Celebrará la historia la pureza 
clandestina de sus vidas. 

FERVOR II 
Volveré a amarte una y mil veces. 
Luego, en demorado secreto, 
ya definitivamente insondable, 
remozará el beso más allá de nosotros. 
Y seguirá habiendo un tirano. 
Y seguiremos luchando contra él. 

FERVOR III 
Hay un ritmo de augurios, 
vertical en sí mismo, 
contra edificios baleados al anochecer, 
hay tristezas expandidas 
detrás de apocalípticas puertas. 
Hay miles de hombres esperando. 
Y por encima de la revolución 
un cuestionamiento a toda autoridad 

(La gaviota blindada y otros poemas, 1976) 

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PÁGINA PARA LISANDRO 
Jamás he profesado la envidia o el orgullo. 
No he codiciado la fama ni el poder. 
No he conmemorado las fechas de la infamia. 
Cuando las generaciones prodigaron ídolos 
yo me negué. 
El destino y la ética quisieron que no fuera guerrero. 
No conocí el soborno. 
Eludí la confesión metafísica. 
Jamás creí en el mármol ni en los parlamentos. 
Los aniversarios y las victorias 
ultrajan mi noche y mi batalla. 
Purifiqué mis manos en la amistad. 
En el pan cotidiano sentí la sangre 
del padre de mi abuelo. 
En el recíproco amor de los silencios 
amé a una mujer. Amé el mar 
en la difícil contrición del alba. 
Amé la vigilia, 
la alquimia del geómetra, 
los ilusorios emblemas del generoso Alciato, 
el verso incorruptible de Walt Withman, 
la desolada voz que implora el miedo. 
He sido devoto del animal que duerme 
y del árbol que cambia junto al río. 
Con ingenuidad 
aún sigo buscando un sólo verso. 

(La piedra del destino, 1983) 

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TRAÍAN EN SUS OJOS
a mis hermanos

Traían en sus ojos el pan de las viriles tierras. 
Regiones húmedas, tumbas de príncipes, 
hornos, vinos, cucharas. 
Y la costumbre de cantarle a sus hijos 
en lenguas primitivas. 
Todo crece en el recuerdo indolente 
de tanto mar o tanta voz. 
La austeridad, la serena medida; 
hórreos que llegan con el viento. 
(¡Para que no olvide, para que no olvide!) 
Justifican lo vulnerable de la vida. 
Siento que la utopía me conmueve 
con presencias inmóviles 
en la contradicción del amor y la sabiduría. 
El misterio es una fábula impersonal. 

(Queimada, 1990)

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CARTA A MARIA MANUELA 
La amada te nombra en el lecho y agradece tu bondad. Gracias a ti existo. Descubro tu presencia en la desventura, en la luz, en el lugar secreto donde me cobijo. La amada desnuda mi cuerpo y dice frases de amor desesperado. Y celebra en mi frente tu mirada, los fuegos enterrados, la aventura de las constelaciones. 

Venías de un reino de pastores, de súplicas abandonadas. Eras solitaria y secreta. Desde el desgano te veo desafiante. De mi padre heredé el escepticismo, cierta fatal melancolía. De vos, madre, ternura y sortilegio. Las vulgaridades de la alabanza o del poder no te tocan, no alcanzan la hondura de tu existencia. 

Como Ariadna o Diotima la amada aborda mi canto y habla de la resurrección de las almas, de los misterios sagrados. “Orfeo – me dice – la desmesura te llevará al exilio. Serás el príncipe desterrado”. Detenida queda la antigua voz en el agua estrellada. Se renueva la infancia en el aire de los robles orensanos, en el sueño órfico y marino. Mi corazón está hoy en esos prados. 

Madre, camino los huertos de tu tierra. Busco los signos en pórticos mientras recuerdo los cuentos de la niñez, tu canto en la mañana mientras ordenabas el hogar. En una caracola me enseñaste el oscuro murmullo del mar. Mi amada dice que tú me has hecho poeta con la plegaria de los antepasados. 

Siento que tu abrazo serenaba mi alma. Madre, soy el mismo hijo rodeado de misterio, el hijo que ahora busca la piedad en el recuerdo y la congoja. 

(El Manantial, 1998)

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MAYO FRANCÉS
 
Allí estuvimos. Dormidos de futuro, 
en barricadas redentoras de museos, 
conjurando pianos, óleos, manuscritos. 
Invadiendo los poros, el principio y el fin de las estrellas, 
el hiato entre lo finito y el océano. 
Así íbamos recorriendo el ocio, el devenir, 
los nombres que abrigaron la infancia, 
levantando paraísos y bandadas de pájaros, 
alzando lo sagrado en la ternura, 
con camelias ácratas entre alondras y hocicos, 
citando a Trostky, a Cohn-Bendit, a Pasolini, 
moradas deslizantes y sueltas, 
trovadores místicos nimbados de esplendor. 
Íbamos a barlovento, abiertos de verano, desnacidos. 
Y la quimera acrecentaba nuestra risa, 
despertaba al viento en un domingo rojo. 
El tiempo era inocente, distraído. 
La muerte una herida rebelde innominada. 
Escribíamos muros con palabras bellísimas, 
íconos con estrellas aterrando a burgueses. 
Escuchábamos la hondura y el latido del alma 
insondable como el cosmos. 
Llevábamos una cítara traslúcida 
para besar la espuma de los días. 
Para hablar de Sarrazin en andenes del sur. 
Respirábamos lo edénico, el tumulto, 
los sollozos del mar, la singladura de los ángeles. 
 Perdurable es el aliento del follaje 
como tu bondad ascendente 
sobre la mirada de los hijos. 

(El aire y la hierba, 2004)

  • Presentación de Antología personal
  • Nota sobre la presentación en Galicia en el Mundo
viernes, julio 02, 2010 No comments

El último libro de Carlos Penelas, Antología personal, es una celebración de las cuatro décadas de su primer poemario. La presentará será el viernes 16 de julio a las 19 horas, en el auditorio de la Editorial Dunken, Ayacucho 357, Capital. Hablará el poeta Rubén Derlis. Leerá el actor Juan Carlos Puppo.


El libro ya está a la venta en las principales librerías de Buenos Aires, y a través de la página web de Dunken (http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=10105)
jueves, julio 01, 2010 No comments

Un hombre aislado puede ser valiente.
La multitud es cobarde, quizá por economía.
Rafael Barrett

Paisaje fabril (Juan Manuel Sánchez, 1965)

Acabo de regresar del taller de Juan Manuel Sánchez. Esta mañana fuimos a caminar por las calles de Buenos Aires. Miramos edificios, leímos rostros, infancias. Hablamos de compañeros muertos, de los bellos senos de una adolescente, de las caderas de ciertas hembras maduras, de las nalgas de una señora latinoamericana. Recordamos páginas insurrectas de pensadores del siglo XIX, poemas, pinturas, films. Nos mofamos de las nuevas tendencias artísticas, del negocio de las ferias del libro y de las ferias de arte, de la impudicia de nuestros políticos, de la imbecilidad repartida sin escollo. También hablamos de su exilio y del mío. El suyo, en España y en Canadá; el mío, interno. Hablamos de proyectos, del populismo que todo lo ahoga y todo lo confunde. Hablamos del Decamerón de Boccaccio y del Decamerón negro de Leo Frobenius. También lo hicimos de las cátedras pedantes e insoportables de la infatuada. De la Iglesia y de los militares, de los sindicalistas que viajaron a ver el Mundial de Fútbol y del negocio de la pelota. Todo cierra para el imperialismo, todo cierra para la explotación. Laboratorios, botox, pedofilia, Calafate y barras bravas.

Pobreza intelectual, pobreza de espíritu, pobreza de pan. Señalamos lo que nos cuesta desmitificar el arte contemporáneo, el ocultismo, la trivialidad. Lo efímero y lo oscuro en lo político, en lo educativo. La influencia fascista disfrazada de revolucionaria en galerías, diarios y publicaciones. Los discursos militaristas y barrocos, las peroratas y las ínfulas de gobernadores tragicómicos, análisis paupérrimos de intelectuales comprados o alquilados desde el Estado, la fragmentación del periodismo, el talento comercial para engañar y desvirtuar. De lo que fue deporte y ya no lo es. De los comentaristas supuestamente amplios y comprometidos que denuncian parte y lo otro lo gastan en habanos. De los comprometidos a último momento, de los que traicionan lo traicionado. “Ya no existe la izquierda, ahora se llaman progresistas”, me dice con ironía. “No existe izquierda”, le digo. Recordamos los crímenes del stalinismo, le hablé del documental que me emocionó la semana pasada: Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno, de Llorenç Soler. Avanzamos por calles y laberintos sociales. Y nos sentamos a tomar un café en un lugar histórico, que por supuesto, dejó de serlo.

En el taller de Sánchez estuve mirando y sintiendo la obra que está a punto de finalizar: Bicentenario. Es, para simplificar, una familia en la calle. La pintura de uno de los creadores del Grupo Espartaco vuelve, regresa con otra paleta, con otro tono, con otra sensibilidad. Pero sigue allí. La miro en silencio, lo miro a mi querido amigo. Me indica líneas, una pintura fresca. Una obra del ser, de lo interior, del compromiso. Ambos vemos lo que muchos no quieren ver, lo que muchos disfrazan, lo que muchos necesitan callar. “¿Cómo se va a llamar?”. “Bicentenario”, me dice. Allí el hombre con la cabeza baja, la mujer en un primer plano; nos mira. Y los hijos. Encerrados todos en un espacio de mutismo. No las fábricas de los años sesenta o setenta, no los obreros con los puños cerrados, no las manifestaciones que nos emocionaban en pinturas imprescindibles de Carpani, Mollari, Elena Diz, Sánchez, Sessamo, Di Bianco, Venturi, Butte… No más miradas amenazantes ni puños ni gestos airados. No más insurrección, bronca o mirada ética. No más campesinos, paisajes fabriles, trabajadores industriales. “Los artistas no podemos permanecer indiferentes…” decían en el Manifiesto de 1959. “El manifiesto hincaba en que teníamos que ser pintores. Todo eso que vivíamos para no caer en un panfleto”, insiste Juan.

Una vigencia indeseada la de Sánchez. Una pintura que comparto, que elevo sobre la hipocresía y la falsedad cotidiana, sobre la corrupción y el engaño de mercaderes y usureros. Que roban, que mienten, que engañan. Una pintura donde la imagen nos trasforma en el otro. “No la pinté para que quede en el taller. Quiero exponerla. No sé dónde.” Lo escucho, lo escucho desde la sonrisa de nuestras miradas, de nuestros silencios. Nos comprometemos con el pasado y con el futuro. Con alegría, con destino de creación. Sobre la mesa del estudio está mi nuevo libro de poemas, Antología personal. “Seguimos, Juan Manuel, seguimos”.

Mientras regreso a mi casa pienso que no le confesé algo. Quise decirle en un momento: “Seguimos siendo exiliados, viejo. En realidad siempre lo fuimos”. Pero no le dije nada. Tal vez porque no es del todo cierto, tal vez porque en unos meses cumple ochenta años. Y es un ejemplo de vida, de honestidad, de vigor. Da gusto tener un amigo así. Inteligente, crítico. Sobre todo en el Bicentenario, donde la gente parece ser feliz y necesita creer lo imaginario. Absurdo, banal, irrelevante. Como todo ser humano que se precie.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

lunes, junio 28, 2010 1 comments

Ediciones del valle acaba de publicar Escritos, de Rafael Barrett, con prólogo de Carlos Penelas.

En la introducción, Penelas señala: "Álvaro Yunque rendía homenaje a su caudalosa existencia. Borges, en su juventud, recomendó sus páginas feroces y espléndidas. García Lorca, Valle-Inclán, Rodó, comprendieron que Rafael Barrett fundó una literatura y una ética en líneas imborrables. (...) Se lo consideró a principios del siglo XX como una figura en la historia de América."

sábado, junio 26, 2010 No comments
Luego de unos días con dificultades técnicas, la página se encuentra nuevamente activada.

Bajate la imagen para colocar un botón con enlace a www.carlospenelas.com

sábado, junio 26, 2010 1 comments
Un rostro
No puedo recordarlo. Es parte del sueño,
de la memoria, de lo que borra el aire.
Parte del desorden y los augurios
de la belleza de una mujer sin túnica.
Tal vez su cabellera descifraba la aurora
o la gloria que simboliza el lecho.
Tal vez la vi una noche de octubre
en una plaza del barrio de San Nicolás.
Sentí que venía volando como Erinia
con el rostro en tinieblas,
sentí que me envolvía en una nube
inquietante y ceñida. Un fuego
donde quemaba el límite sagrado
del ocio extremo o del vacío.
Ciego ante la gracia y la fascinación,
turbado de extrañeza.
Luego el insomnio, los celos,
ritos del coito en devorantes hoteles,
un museo de una ciudad italiana,
míticas playas de la tierra oriental.
Sin saber porqué
ahora todo me deriva al adiós,
a una densa bandada de pájaros
sobre el crepúsculo de un palacio entrerriano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010
Ilustración de Ricardo Carpani
martes, junio 22, 2010 1 comments
El Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte ha editado una postal con un poema inédito de Carlos Penelas, perteneciente a Antología personal. Lleva ilustración de Juan Manuel Sánchez.

"El edén insurrecto", poema inédito que será incluido en Antología personal, acaba de ser publicado como postal por el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Se han impreso mil ejemplares. Lleva una ilustración de Juan Manuel Sánchez, y el diseño es de Victoria Arias.

Recordemos que Antología personal es el nuevo poemario de Carlos Penelas, que a fines de junio publicará Editorial Dunken. Con este nuevo libro el autor celebra los cuarenta años de la salida de su primer poemario.

viernes, junio 18, 2010 No comments

Ya lo sabemos, viene de lejos. Stop. Pan y vino. Stop. Pan y circo. Stop. Se cae todo, se ve cómo se cae, pero seguimos. Stop. Una suerte de decadencia mundial. Stop. Una vergüenza colectiva. Stop. La imbecilidad, el capitalismo y el delirio. Stop. Así nadie piensa, stop. Así nadie siente. Stop. Y nos damos con todo. Fútbol, barrabravas, curas pedófilos, estrategias, derrame de petróleo, repartimos enchufes, repartimos escarapelas, repartimos sánguches. Stop. Decimos África y decimos Coca-Cola, decimos Maradona, Pelé, Chávez. Decimos revolución o muerte o decimos sólo unas doscientas palabras. Stop. Cada cosa en su lugar. Y jugamos al Don Pirulero. Stop. Y los políticos mienten, la policía miente, los jueces mienten, los embajadores mienten, los empresarios mienten, los sindicalistas mienten. Stop. Viva el Mundial de Fútbol. Stop. A tapar cosas. Stop. Aquí y allá. Stop. Por arriba y por abajo. Stop. En la televisión y en los multimedios, en el jardín de infantes y en la cama de mi vecina. Stop. A jugar al Gran Bonete. A jugar. Stop.

Decía Federico Nietzsche que "hay que volver a la muchedumbre; la soledad ablanda, corrompe y pudre". Se ha editado un libro de la psicóloga Susana Balán: La utopía amorosa. En él analiza las diferentes formas de amor de pareja, cómo se manifiesta desde lo social hacia lo privado, el distinto itinerario de los hombres y las mujeres de las últimas décadas. Para ella, el amor de pareja es el motor para poder modificar una sociedad. Sin duda existe el amor idealista, el amor pasional, el amor terrenal, el amor institucional. Mucho se discutió en la década del '70 -a la cual pertenezco- el amor burgués y el amor militante. Se construyeron utopías sociales, luego apareció el discurso escéptico e individualista en los años '80, hasta llegar a ese extremo que representa el individualismo salvaje, alejado de toda ética, de toda solidaridad, de toda responsabilidad. Creemos que el amor pasional dinamita a una sociedad. Provoca locura y ruptura a la vez. Se enfrenta al amor institucional, al amor autoritario y formal. El amor pasional es un amor combatiente, insurrecto, que finaliza por lo general en la disociación y el descuartizamiento. El amor institucional reúne a los señores formales y a las señoras en un hotel alojamiento o en un "bulín". Por otro lado el amor idealista y el amor terrenal.

En El sexo puesto de Daniel Samper, hermano del presidente de Colombia, el autor nos señala con ironía y mordacidad del proceso de conquista de la mujer, de lo aburrido que se pone la pareja luego del primer encuentro, de lo horrible que es que a uno lo llamen "papito" o "gordito", del lenguaje amoroso, de las cosas ridículas que se dicen. Según Samper todo está demasiado poetizado, y añade que no es verdad lo que pasa en el cine. No le gustan las mujeres que usan sostenes negros y medibachas. Para él el hombre que sobrevive a eso es un héroe. Con humor, dice que le encanta y le resulta fascinante la cicatriz en el apéndice de la mujer y las señoras maduras con celulitis. Obviamente critica los estereotipos ridículos de una sociedad. Le interesa hacer el amor y ver un partido de fútbol por televisión de inmediato. Le aburren los mimos de la esposa y las palabras científicas que giran en torno al sexo.

Sin lugar a dudas, vivimos una sociedad más pornográfica que sexual. Más hipócrita que erótica. Tal vez tenga que ver en esto como Mc Donald's impone el patrón monetario. Y los vemos con sus luminosidades por el mundo; eternos, irreales, como El Hombre Araña o Flash Gordon.

Sabemos que para Platón "el amor es una grave enfermedad mental". Para Horacio "en el amor hay dos desgracias: guerra y paz". Para Groucho Marx, en cambio, hablando del matrimonio decía: "El matrimonio es una institución maravillosa, pero ¿quién desea vivir en una institución?".

Seguimos en el tema. Stop. Hago el amor en un ascensor, ella se vuelve loca en ese lugar. Stop. Inflexiones cartaginesas. Stop. Jinetas y prostitutas. Stop. Casamiento gay y manifestaciones evangélicas. Stop. Se mata gente, se secuestra gente. Stop. Está el Cartel de la droga, el de la cultura mediática, el de la estupidez. Stop. El de la demencia. Stop. El de la corrupción, la demagogia y la mafia arrabalera. Stop. Dentaduras postizas y culos con viruela. Stop. Poesía contra la policía. Stop. Coyunturas históricas, ejercicios espirituales. Stop. Carnaval y favela, jadeos y pactos. Stop. Una de cal y otra de arena. Stop. Estamos hartos de tantas mentiras. Stop. Lisandro, mi hijo, me habla de Negu Gorriak. Stop. Me habla de Hipokrisiari stop. Arrevederci.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

sábado, junio 12, 2010 No comments
Con motivo de la última función en el Teatro La Máscara del documental El Almafuerte, Carlos Penelas fue invitado a leer dos poemas suyos. "Limay" y "Mayo Francés" fueron los elegidos, ambos de El aire y la hierba.



El Almafuerte, de Andrés Martínez Cantó, Santiago Nacif y Roberto Persano, seguirá proyectándose todos los jueves de junio a las 20:30 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543.
jueves, junio 03, 2010 No comments

El pequeñoburgués es el hombre
que se ha preferido
.
Gorki

Es importante releer. Es fundamental releer. Poco a poco vamos descubriendo en cada página un universo. Nos resulta imposible en una sola lectura descubrir aquello que las grandes obras, que los grandes poemas nos presentan. Somos otros; aquello que vimos hace diez o veinte años lo miró otro, lo sintió otro. En la medida que leemos abrimos nuestra sensibilidad – teóricamente, no siempre es así –y podemos percibir el mundo, nuestras circunstancias de otra forma. El engaño, la corrupción, la desdicha cotidiana, lo grosero, será interpretado desde otra óptica. Y además descubriremos hechos que no habíamos percibido. La mirada del espectáculo nos abruma. Eso lo vemos en una relación de pareja, en una institución viciada y terminada como el matrimonio o en los engranajes de un sistema social que flota a la deriva y arrastra a la humanidad en círculos infernales. De ahí la naturaleza de la creación, la importancia del arte. En Homero, en Shakespeare, en Dostoievski, en Picasso o en Wagner están nuestras vidas.

Es importante leer pues el militarismo y el populismo protagonizaron en nuestro país gran parte de nuestra decadencia. El nacionalismo populista profundizó hasta tal punto el sistema que también en la izquierda prendió la demencia, lo irracional. Luego vinieron, una vez más, las historias de cinismo, persecuciones, hipocresías con anécdotas memorables. El Poder finge empalagarse entre las pruebas de lealtad condicional de burócratas, funcionarios y hombres de fe. Desconfía de la cultura.

La semana pasada fui a ver, después de muchos años, Todos eran mis hijos de Arthur Miller (1915-2005). ¿Quién no recuerda Las Brujas de Salem o Muerte de un viajante? Creo sin embargo que Todos eran mis hijos es uno de los textos más importantes de la dramaturgia del siglo XX y la mejor pieza del autor. Su nombre fue por los años cincuenta un emblema de audacia y de ruptura permanente. Un hombre de valor, de confrontación. Es esta obra, influido por Ibsen, advertimos de manera brillante una profunda crítica al sueño americano, a la guerra, a la hipocresía de una sociedad, al supuesto error, al imaginario colectivo. Pero también el conflicto moral de una familia, sus zonas obscuras, sus secretos, sus mentiras, sus pasiones.
Una de las lecturas que continuo haciendo desde mi adolescencia es el de la Biblia. Usted, querido lector, sabe que no soy creyente pero me gustaría saber cuántos creyentes leyeron la Biblia y estudios o investigaciones en torno a la religión como yo. Bueno, uno de los libros que he releído el mes pasado es el Eclesiastés, uno de los libros sapienciales. Precede al Cantar de los Cantares. Lo recomiendo siempre. Es un texto donde el dolor, la soledad, la caducidad de la vida, nos muestra un camino interior sumamente interesante de analizar. Hay en sus páginas un marcado espíritu crítico, una manera de reflexionar.

Hace unos meses estuve dando unas clases en torno a la literatura de Raymond Carver, a mi entender uno de los grandes cuentistas. Hay en sus relatos un carácter fragmentario que me entusiasma, que me llena de inquietud. Territorios donde la visión de la vida cotidiana se nos presenta con sus provocaciones, con una suerte de indeleble conmoción. No es en balde recordar que renovó la forma del relato breve en una suerte de elipsis. Mis hijos son lectores fieles de su universo, de sus articulaciones, de sus dramas aparentemente triviales. Lisandro, esta vez como director, esta ensayando una puesta basada en tres cuentos de este exquisito narrador.

Por último les quiero hablar de Roland Barthes (1915-1980). Hacia finales de los cincuenta publicó un libro sumamente interesante: Mitologías. Lo acaba de leer Emiliano. En breves ensayos nos señala los mitos de nuestra vida cotidiana, de esos mitos que emergen a nuestro alrededor y nos van conformando una ideología, una ideología de la cultura de masas moderna. En sus páginas nos transforma la forma de mirar, el proceso de mistificación. Tiene una claridad de escritura que nos da gusto leer y releer. Y pone sobre el tapete la cultura burguesa, el carácter político de lo profano. De ahí que nos hable de la crema de limpieza facial o del cine de Chaplin. Desde el casamiento de las grandes divas hasta el automóvil, de la publicidad o del turismo. En este libro, como en otros del autor, encontraremos ese espacio ambiguo entre lingüística y literatura. Además hay un discurso trascendente en sus artículos que nos ayuda a mirar de otra forma. Barthes escribe: “El mito no oculta nada y no pregona nada: deforma; el mito no es ni una mentira ni una confesión: es un inflexión.” Perdón, no dejen de leer Rosaura a las diez, de Marco Denevi. Una obra lamentablemente olvidada. Porque el arte, querido lector, colabora en la aventura de conocernos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, junio de 2010

martes, junio 01, 2010 1 comments

El porvenir del poeta yace en la memoria, en el tejido del recuerdo que remonta el río hasta la fuente de los antepasados. Como el salmón que al cabo de los años vuelve a ese rincón sagrado donde fue depositada su simiente, en el bautismo del agua originaria, regresa el bardo por las sendas de su palabra creadora, en procura de ese hilo que es eterno, urdido en la encendida tela de todos los exilios.

El poeta construye su mágica ciudad entre océanos, y no requiere de otros dioses que los de la tierra, del viento, de la lluvia y del fuego, para alzar los rascacielos de su sencillo imperio hecho de dolores, anhelos y esperanzas. La soledad es el hogar donde los ojos sin tiempo de la lumbre escrutan esa vida cuyo mapa fuera escrito con los nombres de los seres amados.

La resurrección de los que partieron adviene con la prosodia de sus nombres, con las imágenes que la memoria decodifica en el único lenguaje posible: el de la poesía, esa forma de conocimiento anterior a la razón, más honda que toda filosofía, porque pertenece al reino del silencio, que el poeta quiebra, como un relámpago que estalla desde su lengua, cuando abre la ventana de los días para conjurar toda pesadumbre, para decirle a la muerte: -Aquí están ellos, vivos y latentes en mi memoria… Nadie –ni siquiera tú- puedes sepultarlos en la ceniza del olvido-.

Yo dudo que Carlos Penelas sea el autor de Viajero con una Soledad. Creo que el libro ya estaba escrito por sus ancestros. Sólo que el poeta encontró un día, en una vieja maleta de emigrante, el tesoro de los versos, en un papel sin nombre que tenía el dibujo verbal de todos los nombres.

Viaja tú, pues, lector amante, con él y con ellos. Sus palabras tendrán que ser tu propio viaje por la dorada soledad de la memoria.

Edmundo Moure
Desde Santiago de Chile

lunes, mayo 24, 2010 No comments
A través de Editorial Dunken, a mediados de junio está prevista la salida de Antología personal, el nuevo libro de Carlos Penelas que celebra los 40 años de su primer poemario.


El nuevo libro de Carlos Penelas, que editará Dunken a mediados de junio, es una selección que incluye poemas de todos sus libros, plaquettes e inéditos, con viñetas del autor, que celebrará así los cuarenta años de la publicación de Poemas del amor sin muros, su primer poemario.

"Una extensa obra poética –saludada por Luis Franco, Raúl González Tuñón, Ricardo Molinari, Juan L. Ortiz, Elvio Romero, Lily Litvak, Giuseppe Bellini, Juan José Ceselli, Eduardo Blanco Amor, Héctor Ciocchini, Xesús Alonso Montero, entre otros– revela el devenir creador de Carlos Penelas, una de las voces más serias de la generación del ’70. La crítica ha advertido una preocupación raigal por adentrarse en los símbolos expresivos y en las estructuras modernas, conciliando el peso y la medida de su lirismo", señala la contratapa de Antología personal.

martes, mayo 18, 2010 No comments
La teoría del libre albedrío
es un invento de las clases dirigentes.
Friedrich Nietzsche

El príncipe Kropotkin señalaba que “la burocracia es de por sí el núcleo de una clase cuyos intereses son totalmente opuestos a los del pueblo, al que pretende servir”. Necesitan de la pobreza para hacer sus negocios. Carecen de columna vertebral. Para adaptarse a un mundo florido donde la gente cultiva con sensatez el buen gusto, la hipocresía y el cinismo. ¿Cuántas pequeñas canalladas, cuántos engaños imperceptibles forman parte del alma? Querido lector éstas son las sinuosas estrategias o manipulaciones para alcanzar el poder y su irremediable sensación de impunidad. Recuerdo, no sé porqué, a Einstein cuando dijo: “El matrimonio no es más que la esclavitud con apariencia civilizada”.

Nuestros políticos dan asco, pero me empieza a llegar el olor de otras comarcas. Todos parecen extras de cine. El engaño en las campañas exhibe su desvergüenza de manera obscena. Pícaros populistas, fascistas y señores reaccionarios se abrazan con las multinacionales. Recuerdo, no sé porqué, a Lewis Carroll: “Querrás, querrías, querrás, querrías, / querrás bailar también”.

Ahora el Pentágono continúa con un proyecto de profundizar una investigación ambiciosa: reunir todos los datos imaginables sobre la vida de una persona, ordenarlos en un índice y permitir su búsqueda. El programa se llama LifeLog y recopilaría lo que hace un ser humano: cada mensaje de correo electrónico enviado o recibido, cada foto sacada, cada llamada telefónica realizada, cada revista leída. Como vemos, Orwell no se equivocó tanto.

Querido lector: como escribió uno de los grandes literatos gallegos, estoy hablando de Gonzalo Torrente Ballester, por los años ’70: “Yo jamás me propongo romper algo que se está rompiendo solo”.

Es interesante hacer una lectura de todo. Ahora parece que los medios manejan las cosas. Si volviéramos sobre las páginas de Sun Tzu (544 antes de nuestra era) veríamos cómo era el proyecto de conquista. Y que lugar tenían las baratijas, las putas, la bebida y el juego. Si no tomamos el poder como medida de las cosas nos equivocamos una y otra vez. Ya Albert Camus señaló con claridad: “al menos los anarquistas saben contra quien luchan”.

Aparecen entre nosotros, otra vez, los curas villeros, un sindicalismo sin salida, un euro con tropiezos, una Grecia que trae los problemas de un capitalismo no resuelto e imposible de resolver como quieren. Digamos que es fácil de ver, de predecir. Es todo más complejo, tiene usted razón. Conflictos en Facebook, opiniones como las del caballero Mark Zuckerberg al afirmar que no cree en la privacidad de Facebook. Y luego viene lo del matrimonio gay, lo de los curas pedófilos, los engaños de los índices, el cinismo de los gestos y de las actitudes, la dispersión, el drama de los hospitales, de las escuelas, de los ferrocarriles. Y los cacerolazos otra vez en Atenas que pega en España y en Portugal.

De esto, entre otros asuntos -como simples poetas- hablamos hace más de cinco años. Pero parece que nadie nos lee. Que nadie nos lee pues hubo otros, más sabios y conocedores que yo, tratando y estudiando estos panoramas líquidos que generan hambre, guerra, desolación y muerte. En fin, que como en Muerte en Venecia la decadencia también alcanza a la ciudad en forma de epidemia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2010

domingo, mayo 09, 2010 No comments
Con motivo de cumplirse cuarenta años de la publicación de Poemas del amor sin muros, su primer poemario, la editorial Dunken tiene en proceso de edición Antología personal de Carlos Penelas.

El autor, que viene trabajando en ella desde hace tres años, ha seleccionado para esta próxima entrega parte de su obra (1970-2010) incluyendo plaquettes y poemas inéditos. Llevará prólogo del poeta y un listado de obras publicadas, tanto en verso como en prosa.

Además, celebramos las primeras diez mil visitas de www.carlospenelas.com
miércoles, abril 28, 2010 No comments
Peligrosos son los grandes hombres
de los que uno no se puede reír.
Giovanni Guareschi

Hay cosas que me irritan. La imbecilidad es una de ellas. Y la necedad. También la victimización de la mujer. Y la banalidad. El dogmatismo. Basta. Uno explica, habla, da detalles, da ejemplos, da bibliografía, hace resúmenes, hace analogías, intenta vivir de la manera más clara, expresarse y comprometerse día a día. Y es en vano. El otro no entiende. Y además, se empecina en no entender. Y le pide cuentas, le exige cuentas. Parecería que le da cierto placer no entender. Y felicidad decirle al otro lo que debe o debería hacer. Cuando él no repara que es lelo, que es memo, incapacitado de pensar con un mínimo de lucidez. Uno, cansado hasta el hartazgo, toma fuerzas y vuelve a desarrollar todo como la primera vez. Entonces, neuróticamente, pone sobre el escritorio anécdotas de cine, de partidos de fútbol, de música clásica, de un boxeador, de un poema, de un cuento clásico del siglo XIX, de una ópera que descubrió en su juventud, del amor intenso con una mujer casada, en fin… y el otro sigue sin entender. Y uno no sabe si no entiende porque la cabeza no le da (no puede ser, se dice, no puede ser) o porque la obsecuencia, la tara psicológica o ideológica le produce una necedad que le impide comprender, sentir lo que está allí arriba. Ver lo visible, tocar lo inmediato. Uno explica, por ejemplo, que todos los grandes poetas de la humanidad eran hombres cultos, estudiosos, trabajadores. Y el otro le pregunta por la musa inspiradora o por un poema de una novia que lo emocionó hasta las lágrimas. Uno le habla de fuentes, evoca escuelas: el clasismo, lo neoclásico, el barroquismo, el romanticismo, el naturalismo, el modernismo… y el otro le sale diciendo que de niño escribía como Sarmiento, que no corregía y que en su pueblo gano un premio floral a los quince años. Y que la maestra de quinto le entregó una medalla. La maestra, la esposa del juez de paz del pueblo. Uno dice que es fundamental leer la historia de los antipapas, analizarla, estudiarla. Y no sabe; el otro, no sabe de qué le habla. Uno le dice que desde hace siglos está la pedofilia instalada en el corazón de la Iglesia, que hay documentación, libros, cartas, grabados donde se explica la relación de poder entre el Estado del Vaticano y las empresas, el nazismo, Pío XII, la Inquisición, Juana de Arco, los crímenes, la Fiat, los Borgia, la mafia siciliana, la CIA, los prostíbulos, la educación, las cárceles. Finalizan nombrando a la Madre Teresa de Calcuta. Esta bien, lector, esta bien. No se puede, se llega hasta donde uno tiene capacidad. Lo contrario es suicidar al otro. Mi padre me decía de niño que no hay peor persona que la que no quiere ver. (Y dale con tu padre).

Están aquellos que no distinguen, que son cieguitos. Piensan que los anarquistas al criticar un sistema – capitalista o supuestamente socialista – no se quieren comprometer, que son fiscales celestiales. Otra vez, otra vez; vuelan bajo. No entienden que cualquier anarquista se juega entero. Siempre. Un anarquista de verdad -no los que pisan alfombras rojas o no cuestionan por igual al imperialismo yanqui, al populismo, al estalinismo o al castrismo- se plantea el ideal antes que nada, la mirada ética antes que nada, la libertad individual antes que nada. Así les va. No quieren ser directores de bancos cooperativos ni tener monumentos ni calles ni ser recordados en los aniversarios ni que se publiquen sus palabras. Nada. En una época hasta la jubilación rechazaban. No querían ser propietarios ni de una pieza en el fondo de un barrio orillero. Otros tiempos, compañero, otros seres.

Recuerdo cuando mi padre me llevó al cine a ver Don Camilo. Yo tenía unos siete u ocho años. La protagonizaba Fernandel y Gino Cervi. La obra, que leí en mi adolescencia, es del escritor y periodista Giovanni Guareschi (1908-1968). Hombre de humor, católico, supo comprometerse con su tiempo. Fue antifascista, denunció sistemáticamente a los militantes comunistas a los que definía como trinarigudos (la tercera nariz servía para que saliese por allí su cerebro y entrasen las directivas del Partido en su lugar), denunció a la Democracia Cristiana, sufrió la cárcel con una dignidad que merece ser recordada. Con los años advertí que esta pequeña obra crea dos personajes que se complementan. De manera satírica, ambos llevan ternura, comicidad. Pero en la vida real, es decir fuera del acto literario, esto es más complejo, más cruel. Hay muerte, campos de concentración, negocios infames, persecuciones, corrupción, la ingenuidad de Don Camillo y la de Don Peppone tienen lo que no vemos. Nos es difícil volver a leer el libro, nos es difícil ver otra vez el film. Pero debemos hacerlo. Es la parte lúdica, la reflexión afable y sarcástica, el humor italiano habitando felicidad. Nos hace sonreír y pensar que el mundo puede ser mejor de lo que verdaderamente es. Como cuando uno escribe un poema. ¿Entendió o necesita una explicación? Hasta la próxima, caro lector. Lo necesito, de verdad. Aunque sea duro de mollera, lo necesito.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2010
martes, abril 27, 2010 No comments

No hay nada que hacerle, estimado lector, no hay nada que hacerle. Esto fue así, será así y no tiene redención. Eso sostenía mi padre: El hombre no tiene redención, hijo. Deberás acostumbrarte a vivir así. Que horror, treinta, cuarenta años después, repito lo que sostenía mi padre. Durante décadas se habló sin cesar de los crímenes de Stalin, de sus purgas, de las deformaciones históricas. La intelectualidad –casi masivamente, casi sin excepción– apoyaba esa “revolución socialista” “modelo de bienestar y de futuro para el hombre nuevo”. Y las masas oraban. Y todos decían amén con libreto en la mano. Se hablaban pestes de Catalina y de Alejandro. “Estar contra la URSS es estar contra el progreso, es hacerle el juego al imperialismo, es ser parte de la burguesía, es ser un idiota útil, es defender al fascismo, es no ver el modelo, es ser contrarrevolucionario…” ¡Ah, jóvenes imberbes, soñadores de la comida chatarra y de los video-games! Eso se decía, eso se afirmaba. Burócratas, poetas, pensadores, hombres de bien, glorificaban, pontificaban los designios del padrecito. Profesionales, obreros, empleados, huestes enteras. Compañeros de ruta y de los otros. Se leía Novedades de la Unión Soviética. Una revista como Life, pero peor. Quisiera hablar con ellos, verles las caras. Es verdad que no es difícil; ahora muchos son banqueros, perdón, accionistas de bancos cooperativos, por la gracia de Lenin y de Marx. Quisiera preguntarles con fotografías en la mano, con documentación, qué piensan de lo que hicieron, de lo que dijeron, de lo que silenciaron. Podemos agregar, en cada uno de los casilleros al Caudillo de España, el generalísimo Francisco Franco, por la gracia de Dios. Y podemos recordar a Benito Mussolini, votado y amado por millones de italianos y no italianos, es decir, un hombre popular. (El pueblo nunca se equivoca, confundido lector). Podemos sumar, sin equivocarnos, caudillos latinoamericanos, gobiernos populistas, incluido –naturalmente– el de nuestro líder confesional; me refiero al general don Juan Domingo Perón. Y así va el mundo, las utopías, los movimientos de liberación, los frentes y los contrafrentes. Que Wagner sí, que Wagner no, que Hitler, que Maradona, que tu hermana, que mi tía. Que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista. O al revés, sé igual. Cosas similares ocurren en nuestros días. Una borrachera ideológica de puta madre, decía mi primo Manolo. Y no conocía el alcohol.

Hablando de borracheras. Un querido amigo, que acaba de cumplir sus primeros ochenta años, un hombre de convicciones, honesto, muy vinculado siempre a la izquierda argentina, es decir, alguien que navegó entre el partido comunista y la ortodoxia partidaria, alguien que levantó banderas latinoamericanas y figuras míticas. Alguien, por último, que tiene seres desaparecidos, que se jugó el pellejo en más de una oportunidad, me dijo días pasados en un café porteño: “Penelas, se terminó Cuba. Una revolución fracasada. Listo, se terminó. No va más. Lo digo con dolor, lo charlamos muchas veces. Es así”. Luego continuamos conversando de Luis Franco, de Cabrera Infante, de Santiago Carrillo... Es curioso, en abril de 2010 recién advierte que eso no fue una revolución socialista. Desde luego, mencionamos a los gringos, al imperialismo, la CIA y lo que cada uno de nosotros sabe y lleva en la sangre desde hace décadas. Le conté, cuando estuve en 1990, cómo lloré en la Plaza de la Revolución por ese fracaso terrible, cómo sufrí al ver a las jineteras como en los años cincuenta. Cuántos sueños, cuánta sangre, cuanto dolor, cuantas persecuciones sin sentido, cuánto sacrificio, cuánta cárcel. Pero antes lo advirtieron los viejos anarcos cuando viajaron para ver de cerca los primeros pasos. Recuerdo que me señalaban las virtudes de Camilo Cienfuegos y el horror que se venía. Estos libertarios estuvieron en 1961. De esto escuché hablar, por primera vez, en 1968, con el Mayo Francés.

Esta sociedad no tiene perdón ni redención. Hipócritas, granujas, sinvergüenzas. Podemos sentir, sin inconvenientes, la anemia conceptual. Lo bizarro, el barniz cultural. Devotos comensales con un certificado de defunción en la pelvis. Un repertorio continuado de ineficiencia, corrupción y grosería. Desde el Papa hasta el último ratero. Si se juntan los millones de seres que habitan este territorio no hacen un Sarmiento. No hacen un solo individuo que valga si se juntan todos ante un León Felipe. Es tan burdo, tan evidente esta rejilla sin fondo, tan brumoso e insondable este oscuro sentir de millones de miserables que hablan por telefonía celular y creen ser licenciados en algo o jóvenes con el porvenir en la punta de los dedos. No ven el caos del planeta; el hambre o la humillación en África, en Asia o en nuestra América. Hoy se sigue votando y empuercando calles, muros, monumentos. Aparece una lista de fabuladores, de alegatos inflados, de revolucionarios cómplices, de miradas pactadas, de pedófilos con sotana. Curiosidad turística, frivolidad. Están a nuestro alrededor: en plazas, cárceles, shopping, universidades, countries. Recomiendo que releamos La Virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo. Menos mal que en breve se viene el Mundial de Fúlbo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2010

miércoles, abril 14, 2010 No comments
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