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Carlos Penelas


Desde esta ventana siento las abiertas nubes.

Y la noche inconclusa reposando en sus senos.

Por la calle, que alguna vez se llamó De las Garantías,

navegan imágenes del alma,

la vela blanca, el ocio del pocillo,

el viento claro y fugitivo del crepúsculo.

También la amistad dialoga en laberintos,

en un cosmos de espejos y parábolas.

Desde esta ventana las barcazas,

la sombra de los dioses del exilio,

una llanura despidiendo malones.

Y una gaviota de nombre clandestino.

(¡Ay! La sangre del sur sobre la hierba).

De soledad y ásperas banderas

fue soñada esta mesa.

Un bar de una esquina porteña

atesora fugacidad y mito.


Carlos Penelas

Buenos Aires, febrero de 2011
jueves, febrero 24, 2011 No comments
http://www.carlospenelas.com/
domingo, febrero 20, 2011 No comments

Un poeta siempre vive en el amor, en la pasión, en lo insurrecto. Es generador de aventura, es creador de fantasías. De lo contrario no es un poeta. Puede ser un oficial de justicia, un contador o un boticario. Puede ser un funcionario administrativo, pero nunca un poeta. El poeta tiene imágenes, percepciones, sueños. Y ve –lo siento caballeros, lo siento– lo que muchos no pueden ver. No es casual que en los años setenta algunos de nosotros, muchachos, sabíamos de Cahiers du Cinéma. Y lo sabíamos, en parte, por Tiempo de Cine. Se hablaba de técnica e ideología; nos hacía reflexionar Jean-Louis Comolli. Vengo, lo dije muchas veces, del Mayo Francés. Soy un hijo de ese movimiento, de esa historia. En esos años tomábamos facultades, participábamos activamente de dos y tres manifestaciones por semana, imprimíamos volantes y folletos, pintábamos en los muros leyendas subversivas, llevábamos en el portafolio revistas sediciosas, poemas de la Guerra Civil Española y bombas molotov. Y “la política golpeaba las puertas de los cines”. Se hablaba de la complejidad de lo cinematográfico como de la complejidad de los nuevos modelos en plástica o literatura. Hoy volvemos a pensar eso. En verdad lo vuelvo a pensar junto a dos cineastas: Emiliano, mi hijo mayor, y Fermín. Tenemos un proyecto que pienso llevar a cabo. Un film, un documental, que “interpele al espectador insatisfecho”, inquieto a la intuición, a la aventura, al amor. Y en eso estamos.

Hace un mes apenas, nos visitó Tzvetan Todorov. Fue importante su presencia. Y fue fundamental su mirada sobre una sociedad que no quiere conocer su historia. Con la memoria no basta nos dice, la ilusión maniquea no es buena, nos dice, no hay compartimentos estancos. “Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él”, escribe.

Hablamos de hipocresías, caballeros. De montajes de espectáculos, señores. De aventureros mass mediáticos. De imágenes que se construyen porque son distintas a los políticos profesionales. De la honradez del devocionario. Que mienten, que engañan, que proponen. Y dicen y prometen. Que mienten como ladrones. Miseria del lenguaje, de bastardos. Sin remilgos. Olviden. No dicen estructuras. Estafan y son estafados. Con la moralina de “políticos decentes”, “militares patriotas”, “empresarios honestos”, “sindicatos participativos”, “intelectuales éticos”. Zonas de fraude y sacralidad. Plagios. Crean la sobreactuación como aquella Mani Pulite. Fascina el engaño, la esperanza, el novio perfecto y la señorita casta. Mecanismos ocultos que construyen el poder, las sectas. Me repliego, nos replegamos. Y crece el fetichismo organizado. Pragmático, compañeros, de rodillas. Y meta cumbia y redoblante.

Hagan juego, caballeros, hagan juego. A la genuflexión, al oportunismo. Con el sayo del tecnócrata. Seamos asépticos, burócratas, dispendiosos. Seamos populistas, oligárquicos, militaristas, nacionalistas, reformistas, cagones. Eso, por sobre todas las cosas, seamos cagones. La picaresca criolla. A engañar, a la política mezquina, realista. Seamos imbéciles, deshistorizados. Seamos beatos. A emplear la sexualidad mecanizada, a levantar las banderas de una sexualidad empobrecida, institucionalizada, castradora. Hermenéutica y promiscuidad. De la eficacia hablan los caballeros. De la eficacia de los placebos, de las armaduras góticas.

Para pensar, amigo lector, para dar vuelta a la veracidad y a la idealización. Para ser irrespetuosos. ¡Ah, el olfato del predestinado! Y el guiño sobrador de estos pillos. El sainete es nuestro género. El mejor eslogan de la confusión es ese saber político, reaccionario. Se hace evidente. Hay que descubrirlo. Nos constriñen. ¡Ah, el estilo de vida! ¡Ah, los modelos!

Viven en sus ficciones. Territorios de la abstracción. Representan las estrategias; ante la declinación de la cultura política la autoexclusión. Sórdido, señores, sórdido. Contra los exaltadores optimistas, contra los que pontifican desde lo anacrónico. Todo se manipula. Burocracia sindical, ídolos, asesores de imagen. Cosmética emocional o simbólica. Se recluye, se privatiza al sujeto social. Se lo atomiza. Crecen los discursos sin teoría. Se consume, se seduce. Y crece el chisme, el mentidero para explicar “la realidad”. El cotilleo. Una trituradora de lo efímero, el vacío teórico que esteriliza.

Comencé hablando del amor y de un proyecto cinematográfico. Sobre eso edificaremos una mirada, una forma diferente de sentir. Tal vez no nos equivoquemos al pensar que hay un mundo insurrecto, vital, que desea otra vida.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2011

miércoles, febrero 02, 2011 No comments

A mis abuelos

Han pasado muchos años. Siento que debo confesar lo íntimo, trasmitir aquello que tal vez otros sientan o imaginen. Entender o intentar entender nuestras raíces, nuestros dioses ocultos. Comenzaremos entonces, de la manera más sencilla, más sincera. Nunca me atreví a decirles ciertas cosas a mis padres o a mis hermanos. Tal vez temía un rechazo. Ahora creo que era la imposibilidad de franquear una barrera invisible detrás de la cual cada uno de ellos estaba parapetado. Decirles que eran buenos y nobles, que los quería. Comentarle a mi madre que le quedaba muy bien ese sombrero pequeño con medio tul sobre el rostro, que la hacía una mujer fina, delicada. Todos eran corteses, conciliadores a veces, pasivos en ciertas circunstancias, pero también aislados, guardando una distancia que marcaba un universo. Por momentos capaces de cóleras inmediatas y absolutas, como en mis padres y hermanos. Sospeché que ciertas cosas venían de mis abuelos y de los padres de mis padres. Esas cóleras eran muy parecidas a un fenómeno natural.

El trabajo en el campo, el morral de provisiones, un queso, media hogaza de pan con una tortilla de papas preparada por sus mujeres. La dureza de sus días, la escasez del guardarropa, los hijos por criar y los hijos muertos en la infancia. O nacidos muertos. Siempre miserables o pobres. Jornaleros, analfabetos, sin otro destino que la primitiva fuerza de sus brazos. Orinaban sus manos en el frío, se curaban sus heridas con las telas de araña. Me imagino que tenían un aire temeroso y sumiso. Pero distante. Inhibidos por la fatiga, por la incapacidad de expresión, por la dura jornada de trabajo al servicio de un mandato divino. Los días de caza con la escopeta de dos caños era una fiesta, como la de los grandes señores. Los suelos lavados de rodillas, los suecos en la puerta, los hombres acumulando existencia y soledad.

Nunca oí quejarse a mis progenitores. Salvo para decir que estaban cansados o criticar a los señoritos, a los dueños de horca y cuchilla, pero esto último era un discurso de don Manuel, mi padre. No hablaban mal de nadie o lo hacían diciendo que fulano era vanidoso o mengano avaro. Tampoco los escuche reírse a carcajadas.

De niño me gustaba abrir los cajones del trinchante, el tocador de mi madre - doña María Manuela - el aparador de la cocina. En esta última buscaba chocolate de taza. El trinchante o el tocador era para encontrar huellas, secretos, cosas que suponía podían revelarme algo misterioso. Arriba del ropero de luna sabía que no debía mirar ni tocar. Estaba el revólver de mi padre, el Smith & Wesson lustrado, envuelto en una franela.

Con el tiempo descubrí otras casas más ricas, cuadros que atiborraban las habitaciones, muebles de estilo. En casa también los había pero en menor cantidad. Teníamos algo que en pocos hogares había visto: una biblioteca de pared a pared. Y otras más pequeñas en cada habitación de mis hermanos.

Mis abuelos habían crecido en una pobreza desnuda como la muerte. Los hijos debían tratarlos de usted. Los veo en una fotografía, en un patio con parra, en Piñeiro. Serios, con cuello limpio y corbata, marcados por el destierro, por las bolsas portuarias de Ingeniero White. Tenían aire de pastores endomingados. Vestidas de negro, en las tardes soleadas, las mujeres se sentaban en círculo en una habitación pobremente amueblada, con sus muros encalados de lloviznas, escuchaban una gaita, el ulular del monte, el llamado de un lobo. Inocentes, ingenuos, con un apetito de vida devorador, tratando de asimilar, de comprender ese mundo desconocido.

De mi infancia me quedó el placer de echar baldes de agua sobre las baldosas del patio. El olor a alcanfor, la lejía, el almidón. La lavanda, los canarios, el moño azul. El guardapolvo blanco recién lavado y planchado, la panadería del barrio, el fútbol. La generosidad infatigable de mis padres, las razones para envejecer y morir en rebeldía, sus razones para vivir y compartir el corazón con otros seres.

Usaban sustantivos comunes. En casa de sus patrones conocieron los sustantivos propios. Habían trabajado toda su vida. Un día los enviaron con uniforme. Algo decían en los papeles que un servil les ordenó cumplir. Uno a Marruecos; como guardia y cañonero del rey al otro. No sabían leer ni escribir pero estuvieron defendiendo el honor y la dignidad de una patria que ignoraban. Casi ocho años de soldados. Sin un céntimo, humillados por otras voces, por otras tierras. Una de mis tías estaba orgullosa de su padre por haber servido a Alfonso XIII. Mi pobre tía que nació en estas tierras y debió trabajar desde los diez años.

La pobreza no se elige, se conserva, pasa de generación en generación. A través del silencio, de la mirada, del recuerdo. De los remiendos, del rubor, de los abrigos dados vuelta. En los muelles, en el llanto oculto, en los pañuelos blancos despidiéndose, en el abrazo a la mujer y a sus hijos antes de embarcarse. No tenían idea de la historia ni de la geografía. Sabían del mar, de otras tierras, de países que les sorprendían sus nombres. Eran gallegos, de la Galicia interior, campesina. Desconocían el castellano, no sabían que era un archipiélago, no imaginaban la belleza de un endecasílabo. Casi no había diversiones en sus vidas. Nadie había pensado nunca que hubiera otras vías fuera del esfuerzo bruto para obtener el dinero necesario para vivir. Y esas eran lecciones de coraje, no de moral. Por nuestros antepasados nos definimos ante los ojos del mundo.

Apenas conocían un poco sus historias y la de aquellos que querían, sus vecinos. No podían respirar la noche del mundo. Sólo la noche de la aldea. Una vez mi abuela escuchó “hay que rezar”. Y ella respondió, “sí, señor cura”. Y lo hizo por el resto de sus días. Aprendieron a vivir sin lección y sin patrimonio. En la oscuridad o a la luz de un candil miraban la desgracia que no entendían.

A veces olían a sombra fresca y a anís. Eran seres fuertes pero inválidos. Aceptaban todo lo que no se podía evitar, pero en el fondo conservaban una negativa, algo inquebrantable. Ahora, adulto, comprendo que me legaron una herencia evidente y segura. Ellos, que apenas dispusieron del tiempo necesario para tener hijos y enterrarlos, educados en la sumisión, uncidos a un trabajo extenuante, me ofrendaron la poesía. Me hicieron rebelde. Cada uno de ellos, a su manera, era un maestro “délfico y solar”, abrían caminos. Desde el poema he intentado dignificar sus vidas, el calor de los mitos, el saber de la tierra. Ahora siento que la biblioteca es un espacio robado al bosque, al mar, a la invisibilidad. La imaginación convierte el lenguaje de los sentidos en lenguaje de la memoria. Cada sueño es un emblema cargado de significación como aquellos talismanes que guardamos en nuestra alcoba, en nuestro escritorio. El poema recoge la fuerza emanada por los astros.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2011

martes, enero 25, 2011 No comments

En su edición Nº 1238 del 19 de enero, Diario del Viajero hizo una reseña de Calle de la memoria alta, la plaqueta de Carlos Penelas editada por el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte a fines de 2010.

La plaqueta consta de cuatro artículos relacionados al último viaje del escritor por Galicia, Asturias y Madrid. Además, la obra cierra con el poema "Calle de la flor alta".
jueves, enero 20, 2011 No comments
Existe solamente la realidad y la luz.
Arseni Tarkovski


Mi abuelo, con cautela, limpiando la guadaña.

Mi abuelo afeitándose con una navaja y el torso desnudo.

Mi abuela, de luto, abonando los surcos en el campo.

Mi abuela bordando hasta el anochecer.

Padre, de niño, caminando en el bosque.

Mi padre apretando los dientes ante una sociedad infame.

Madre injertando frutales en la huerta.

Mi madre haciendo cantar a los pájaros con una botella.

Mi hermano escuchando Tannhauser.

Mi hermana hablando de Kandinsky.

Otra hermana leyendo a Tennessee Williams.

Otro hermano con una crónica sobre Harold Lloyd.

Una noche cargada de estrellas y silencios.

Una mujer desnuda, unos ojos bellísimos, un destino.

Un poema escrito en una madrugada de julio.

La natación, el café de la esquina, una pipa italiana.

Furias contenidas, mitos y leyendas del pudor o del odio.

La mesa familiar, una tarde, donde todos cantaban y reían.

La biblioteca, el amigo desaparecido, una manifestación.

El entierro del tío y el primer insomnio de mi infancia.

El idioma de la infancia en una aldea.

Un reloj que destrocé con mi puño.

La enfermedad de don Manuel, las curtiembres, Piñeiro.

Una fotografía de Carloncho junto a un perro, en la playa.

Otra fotografía, más cercana, en Plaza San Martín.

Rostros, cartas, manuscritos, retratos, talismanes.

Una casa amparada por la imaginación.

Un hotel, una panadería, un ramo de jazmines.

Un museo en Edimburgo y una habitación en Colonia del Sacramento.

Mis hijos, adolescentes, escuchando a Robyn Hitchcock.

Mis hijos, con voces hermosas, inaugurando cielos.

La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales.


Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2011

Apostilla
Evocaciones reconoce el pasado pero de una manera íntima, de una manera que invita ser visitado. Es un poema sobre la identidad. En tono medido nos habla de un viaje acerca del mundo que nos rodea. El mundo contemporáneo perdió todo contacto con lo mítico. El mundo del pasado es una presencia permanente, invisible. Las voces no expresan sólo un deseo de ser, son también portadoras de lo arcano, de aquella edad en la cual los hombres convivían con los dioses. Evocaciones es simbología, hibridación cultural, un pasaje donde convivimos en el silencio y la tradición; la posibilidad de buscar un destino a partir del origen.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 10 de enero de 2011

lunes, enero 10, 2011 No comments

Yo llamo individualista al que con mayor frecuencia se aparta del rebaño. Saludo como individualista a cualquiera que en una época religiosa se muestra impío, en un ambiente ortodoxo se manifiesta herético, en un periodo de civismo sabe reír de la ciudad o maldecir los crímenes de la patria.

Han Ryner

Siempre me acongojaron los cumpleaños de quince, las bodas, las comuniones. Odio a los empleados públicos y las maestrías internacionales. Odio – no desapego, no desamor, no desencanto - las despedidas de soltero, las fiestas navideñas, las recetas de cocina, la beatería laica o religiosa, el mal gusto, los lugares comunes, la sonrisa de los políticos y los homenajes. Los póstumos y los otros.

Nunca compartí secretos, nunca conté una aventura del lecho o del alma. Un secreto entre dos no es un secreto, decía mi padre. Sé que nada es impune. Sé también que nuestros antepasados históricos están honrados por latrocinios, estupros, mistificaciones, oprobios y rezos. Crueldad, sadismo, perversión, malignidad. La falsa conciencia se elabora a través de adoctrinamientos en las propias estructuras deshumanizadas. Vemos aliados y enemigos, cómplices y gestos de una cultura de fachada. Teatralidad, mutaciones y mutilaciones. La perversión idiomática posee sus figurones, sus parnasos, sus carraspeos hipócritas, sus pactos. Vocaciones admonitorias nos hablan de revolucionarios, de víctimas, de vigorosas hazañas. Un maccarthismo de izquierda. Debo enfatizar: generaciones traicionadas. Cada uno es un precursor del doble discurso. Degradación, agotamiento; un engranaje de engaño y fraude. Una vez más: escarapelas melancólicas y teorías reivindicativas.

Confieso mi perplejidad ante las masas imbéciles y ante el individuo imbécil. Asco, aburrimiento, mal humor. Creo en el poema, en la búsqueda estética y ética de cada línea, de cada silencio. La creación tiene sus raíces en la fugacidad del amor, en el compromiso y entrega por el otro, en el misterio que inaugura el enigma. Se une talento y disciplina, se advierte la palabra como acto, la obra provista de humanidad nos eleva. Sólo a partir de la creación el hombre se pone de pie, se siente libre. Cambia la mirada, cambia el tono de voz, la manera de caminar. La belleza nos ilumina, convoca lo íntimo y lo insurgente, la pasión, la evaluación del alma.

Jamás he sentido simpatía alguna por la épica de los caudillos. Ni líderes ni santos. Ni revolucionarios o héroes. Ni víctimas ni verdugos, una vez más. Descreo de los hombres providenciales, de las conmemoraciones, del idilio entre el pueblo y su líder, de las manifestaciones con bombos y redoblantes, del populismo hegemónico al compás de cumbias y latas de cerveza. De lo pintoresco y de lo anecdótico. De lo folklórico, de los mausoleos, de lo grosero, de lo demagógico.

Los modelos son siempre autoritarios y verticales, con alambradas visibles o no. Corrupción, aquelarre sanguinario en nombre de la nación o el internacionalismo, combatiendo la explotación y la injusticia social. Triste, lamentable. Con muertes, persecuciones, cárceles. Infamia y chovinismo en la voz del supremo. Ocultamiento y mito.

La historia es una gran enciclopedia de despojos, de codicia y ferocidad. Se diezman pueblos, se exterminan conciencias. Ya casi no se tiene necesidad de prohibir libros ni obras ni voces. Muy pocos leen, muy pocos entienden, muy pocos sienten. Recordemos - por favor recordemos - que los dogmas libertarios son tan despóticos como cualquier otro. Problemas de latitudes, veneración o estadísticas. Me importa poco.

Soy enemigo de los nacionalismos. Generaron guerras, carnicerías, banderas y torpezas sin límites. Es lo más parecido a la religión, al atraso del pensamiento y de la libertad. De eso estamos hablando: compromiso, belleza, dignidad, armonía, solidaridad. El vuelo del pájaro y lo vital del cielo.

Odio los matrimonios, los registros civiles, las promesas de felicidad. Odio los discursos apodícticos y los otros, las bienaventuranzas, las palmadas en la espalda, los teléfonos celulares. Odio que me hablen de enfermedades, del mal de ojo, de los sueños y del horóscopo, de los juegos de mesa, de los motores de los automóviles. Odio las máscaras cotidianas, a los que comulgan, a los neuróticos y a las histéricas. Odio las medallas de reconocimiento y las placas ilustres, los aplausos y las proclamas redentoras. Odio los héroes emblemáticos y los retratos de los virreyes. A los imperialistas tanto como a los alcahuetes. A los alcahuetes tanto como a los señores formales. A los señores formales como a obispos, generales, empresarios y jueces. A los académicos y a los poetas con barbijo. A los profesionales, a los estudiantes de marketing, a los agentes de bolsa. Y a las convicciones victorianas.

El poema introduce inconformidad y rebeldía. Resiste la adversidad, lucha contra lo intolerable, contra el desprecio y el desasosiego, contra lo execrable del ser humano. Y puebla nuestras utopías, nuestros recuerdos, nuestro compromiso con los afectos, con los desheredados. Es una experiencia emocionante y aleccionadora. El poema derrumba templos, proclamas, instituciones, contubernios. El resto nos ahoga, nos domestica, nos hace mediocres, cobardes. En el poema aceptamos la vida íntima, el instante que vibra entre el espacio y el tiempo. Pero también es conexión con lo social, con lo imaginario, con lo sensible: una educación del sentimiento y una búsqueda con el otro, una resonancia del estallido más intenso. La lectura del cuerpo, lo escuchado por nuestros mayores; la metamorfosis de la pureza y lo absoluto.

Amo a los vagabundos, a los amantes, a los perros callejeros, a los nadadores, a las burguesas, a las banderas rojas. A los que despiertan mirando las estrellas, a las viejas fotografías, a los insumisos, a los actores tanto como a los escultores, a los plásticos como a los poetas, a los artesanos y a los volatineros, a los que necesitan suicidarse en una plaza otoñal. Amo lo irracional y lo racional, lo mágico y lo científico, lo absurdo y el misterio del más allá, los senos de una adolescente y los muslos de su madre, las calles de los barrios y las montañas nevadas, los cafés de las grandes ciudades y las huelgas insurrectas. Amo los mitos griegos, las leyendas de los celtas, las canciones infantiles, los viejos puertos con sus muelles y el lamento de los buques. Los repiques furiosos de las campanas y las sirenas de las fábricas. Amo las pizarras de las escuelas y los muros de las iglesias románicas, los tableros de ajedrez y los guantes de box, los museos del mundo y los platos humildes, los hoteles perdidos entre lágrimas y confesiones. Amo conmoverme ante la puesta de sol en la orilla del mar y el viento del bosque. Amo una copa de vino y el agua fresca del manantial. El tedio es humillante.

Carlos Penelas
Buenos Aires, 1 de enero de 2011

sábado, enero 01, 2011 2 comments
- ¿Qué tal Penelas? Hace tiempo que no lo veíamos por aquí. ¿Por dónde anduvo?

- Bueno, estuve en Chile y luego viaje a España. Di varias conferencias, presenté mi antología poética, me entrevisté con gente, estuve con grandes amigos…un poco de todo. Pero es verdad, a este bar hace tiempo que no vengo.


- ¿Razones del café, aumento de precio, mala atención?

- Tal vez un poco de todo, pero no, no; quédese tranquilo. Hay tipos que vienen que ya no me gusta el boliche. Ese, fíjese, el de los anteojos negros, parece de la cana, un tira clavado, un tipo que se disfraza de abogado y es prestamista…no sé. Un mal bicho. Además cambiaron el local, lo modificaron, lo quisieron hacer más pituco y les salió una mersada. ¿No se dan cuenta? Miren como se sientan, mire lo que piden, miren como les sale el culo de las sillas.

- Penelas, no lo entiendo. Viene más gente…

- Más clientes, querrá decir.

- Bueno, como usted quiera. Déjeme que le explico algo. La vida se deja llevar por ilusiones, por esperanzas. ¿No se da cuenta? Los cumpleaños de quince, la fiesta de la abuela, las despedidas de fin de año, la vida después de la vida. Son ilusiones ópticas, ilusiones colectivas. Ganar un torneo de fútbol, ver que el colesterol baja después de tomarse la pastillita, hacerle una promesa a la Madre María… todo es venta, todo es un curro gigantesco. Fíjese en los consorcios, en los hoteles alojamientos, en las elecciones parlamentarias o presidenciales. Curro, profe, curro. Usted porque está dale que te dale con la poesía y esos autores que no conoce nadie. No salen por la tele ni se los ve en los diarios. Pero la verdad de la milanesa es otra. Lo importante es la técnica de venta…

- ¿Sabe que estuve revisando el trabajo de Neil Postman sobre Huxley y Orwell. Fundamental, fundamental. Esto lo va a entender. En un momento escribe: “…el problema no es que la gente se ría en lugar de pensar, sino que no sabe de qué se ríe ni por qué ha dejado de pensar”. ¿No se cansa de estar de pie? Siéntese, por favor.

- Usted es un caballero medieval, poeta. Laburo de mozo, no me puedo sentar ahora. Es bueno lo de ese sociólogo, ¿no? Bueno, le contaba. Lo importante es la venta, cómo hago para venderle a otro, por ejemplo, un cajón para cuando se muera. O venderle un nicho, entusiasmarlo, mostrarle fotos con árboles, pajaritos y entusiasmarlo. Lo importante son esos tipos que les venden condones a las monjas de clausura. ¿Entiende? Un tipo así es fenomenal, un tipo así merece ser diputado, jefe de bancada, ministro de salud o de educación. Jefe de gobierno, economista. Le mueve los sueños, las esperanzas. Lo engaña, pero lo engaña con cariño, lo emborracha de pasión, de idolatría. Le dice a usted que es pobre pero que eso lo hace bueno, lo convierte en santo o en revolucionario. Usted se lo cree y le levanta el ánimo. Hasta tiene ganas de voltearse a la vecina o a la hija del cerrajero. Son tipos que le pegan a la conciencia, al desencanto. Son como los pastores que pontifican en las plazas o en las esquinas de los barrios. Son como los muchachos de la patota, de otra manera, claro. Uno termina ovacionándolos. Y cuando sé da cuenta, si se llega a dar cuenta, ya es tarde. Como buen pelotudo – por favor, no se lo digo a usted, Penelas; me entiende, es una forma de decir, yo sólo tengo quinto grado – o se hace negativo o busca a otro líder, a otro tipo que le venda el espectáculo. Son como los políticos, como los periodistas, como los actores, como los empresarios, como los intelectuales, como los sindicalistas…como todo el mundo, mi querido amigo. Como todo el mundo.

- ¿Se da cuenta por qué hace tiempo que no piso el café? Usted me escuchó hablar, me leyó dos o tres artículos y ahora repite como un simio. Me preocupa el asesinato de Mariano Ferreyra, la complicidad de la burocracia sindical, la mirada mezquina o el silencio de ciertas organizaciones. Le doy datos concretos que no se dicen en todos lados: los contribuyentes norteamericanos ignoran que están financiando – fíjese el modus operandi - presiones al gobierno español para frenar las causas judiciales abiertas en España contra políticos y militares aparentemente involucrados como las torturas en Guantánamo…

- No, profe, no. Creáme. Escuchar lo escuché, pero me habla en difícil y me olvido de las cosas que dice. Leer, lo que se dice leer algo suyo, nunca. No lo tome a mal. Y lo de España ni lo sabía. Apenas me entero ahora del culebrón de Jaime, De Vido, Moyano, Macri, Fernández y toda la compañía. Sigo, sigo. La gente quiere un Mesías, un ser que le ordene la vida, que lo perdone, que le marque el camino, que lo bendiga, que lo guíe. No importa si es un psicoanalista, un cura, un tipo que le vende merca o el concejal del barrio. A veces es el flaco de la ferretería o el diariero. ¿No vio como se viste Morticia? A la gente le enseñaron a ser rebaño, a soñar con los ángeles terrenales y celestiales, a obedecer, a votar, a ser confidente del portero del edificio. Luego se le viene el carnaval encima. El matrimonio, los créditos, la otra familia, el laburo, el socio, los parientes de los parientes, los amigos de esos ñatos, usted sabe… Hay mujeres que le obligan a los hombres a mear sentados, como si estuviesen en la silla gestatoria (esa sí, esa me la enseñó usted), a confiar en las elecciones, en las dietas de la luna, en la existencia gris y penosa que…Penelas, me deja hablando solo. ¿Vuelve? ¿Y la propina, profe? Además, el café aumentó. Juro que no le hablo más, que lo dejo leer, que lo dejo escribir. Antes de fin de año dese una vueltita. Perdone, jefe, perdone. Qué sé yo que pasa. Ni le pregunté por la locura y el negociado de Soldati. No hablo con nadie y usted parece que escuchara. En fin... Puta madre, ya ni se lo ve. Me olvidé de felicitarlo por Independiente.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2010

lunes, diciembre 20, 2010 No comments

Buenos Aires, 2010. 
Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. 
Plaqueta. 
Prosa. Poesía.

Un viaje a Coirós

Hay nombres que llegan de la infancia. Nombres cargados de afecto, de mitos. Palabras que navegan en esa niebla del ensueño, en la niebla de los hijos de la diáspora. Podemos levantar la cabeza y decir verraco vetton. Y es hermoso el término, bella la imaginación, utópico el pronunciar. Pero eso es parte de la inteligencia emocional. En cambio si decimos casi balbuceando, casi como un rezo pagano, si decimos digo, Betanzos, Espenuca o Coirós, hablamos de la infancia, de nuestros padres. Es así como vemos sus manos, sus caricias, sus miradas. Y escuchamos sus voces.

Uno evoca la Escuela de los Inmigrantes de Coirós, la Escuela de los Inmigrantes Fillos de Ois. Uno pronuncia en calma y viene Santa María de Oís. Y el mirador de Espenuca. Y el puente romano. Y un niño labriego con una honda de David buscando sus ovejas. “Manolito, Manolito…” Qué sencillez, uno piensa. Qué cosa simple esta de las palabras, de los sentimientos, de las escrituras mágicas. Regresa la casa, el hogar, el rostro de la abuela. Es entonces cuando recordamos lecturas y mencionamos a los griegos que no creían en el regreso. Ulises no regresaba para quedarse, regresa para volver a zarpar.

Estuve recorriendo Coirós. En silencio, con dos amigos: Manuel Fiaño y Miguel Gayoso. Los iba escuchando en el auto mientras evocaba la playa de Pedrido, el Pazo de Marinán, Fisterra, el faro de Touriñán, Muxía. Llevaba en mi memoria el nombre de “Foucellas”, las cálidas palabras, las inteligentes palabras de Alfredo Erias. Y la presencia de mi hermano menor: Manuel Suárez Suárez. También llevaba en mí la generosidad y el afecto de Alexandre Nerium junto al recuerdo de un cuento maravilloso de Manuel Rivas. Así iba internándome en los senderos de Coirós. Aun faltaba conocer Navalafuente, aun faltaba recorrer Patones. Y Gijón y Oviedo. La emoción poética, les dije a mis compañeros de ruta, genera otra realidad, otra opción. A veces es testimonio, entreteje lo íntimo del ser: su libertad. Los límites de mi lenguaje son los límites del mundo, agregué.

Desde la época de Mendiño, ese juglar renovado y misterioso, la poética gallega tiene el recuerdo del gozo, el deseo y la esperanza de volverlo a gozar. Es así, pensaba en silencio mientras Coirós confrontaba otra imagen, otra guía interior. En estos caminos suelen cristalizarse la melancolía o la saudade de la enamorada. Sentía (no se los confesé en esa oportunidad) una simbiosis del paisaje con el sentimiento. El paisaje no es decoración, es confrontación y compañía. Nos enfrenta y nos habla. El lirismo de ese paisaje gallego es difícilmente superable. Entonces vinieron a mis oídos – al cerrar brevemente los ojos – unos viejos amigos: Martín Codax, Xohan Zorro y el rey Don Denís. La poesía celta, para el poeta Matthew Arnold, pertenece a un mundo pagano y mitológico. Una vez más la magia se halla extendida y los dioses vuelven a mezclarse con los sucesos humanos.

Escucho un lenguaje que parece reinventar siglos, formas de máxima concentración, una conciencia clavada en el devenir del ser. Sé que el carácter mítico no es privativo de un sitio particular. Sé también de la mitología personal, de lo alegórico, de lo metafórico. Al bautizar las cosas nace la ingenuidad, la unicidad del hecho mítico. Vivimos un estado de gracia, de éxtasis; un sentido determinista del destino. Más claro: la visión mítica de la realidad.

Coirós, Espenuca, Betanzos, quieren decir no estar solos. Saber que en esa gente, en esos bosques, en esas piedras, hay algo tuyo. Que son cosas que te esperan. Muchos, la gran mayoría tal vez ni lo imaginen. Pero uno sabe que otra ciudad emerge, otros bosques, otros manantiales. Un tono intransferible que persiste. Tal vez tenga relación con la diáspora, con la pérdida, con el exilio, esa alianza entre el silencio y la palabra. Tal vez esa situación hipnótica que sentimos tiene relación con la búsqueda de nuestras raíces. Quizá de allí el desarraigo, la melancolía; un hijo perdido entre el despertar del tu y del yo.

Sé que ya nadie puede desoír lo que la experiencia onírica convoca: el poema se forja de adentro hacia fuera. Y para que el poema alcance condición de tal tuvo que haber dicho una verdad muy honda y personal. La palabra, a veces, es una mirada perdida, infinitamente cansada. Una mirada que siente la fugacidad pero al mismo tiempo la rebeldía. La decisión de poetizar es lejana e incomprensible. Visiones, atmósferas, imágenes, fragmentos.

¿Qué se le muestra de un lugar a un extranjero?, me pregunto. Ahora viajo Coirós desde el sillón de madera de mi escritorio. La voz recuerda no precisamente el olvido, sino lo que hemos elegido olvidar. Estos nombres los llevaré conmigo hasta el fin de mis días. Son los secretos de la infancia, los rostros de mis padres, de mis tíos, de mis hermanos. La fotografía del abuelo Pedro y la del abuelo Tomás. Y los barcos, las cartas, las cerillas. El poeta siente el peso de las almas, escribió Víctor Hugo.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre 9 de 2010

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Calle de la flor alta


I

Una sombra del amor existe
en lo más secreto de vos, deseada.
O en mi corazón, no lo sé.
Como una aldea luminosa
en el centro de una línea de agua.

II

Los príncipes solitarios
son estos niños que mueven
la delicadeza del aire y del cencerro.
Un sueño medieval,
una infancia que insinúa belleza.

III

La luz de esta catedral
roza la piedad derruida del campanario.
Las cigüeñas recogen las sombras
de la niebla. Del amor que en ti existe
siento un halo. Y el mar, el mar…

Carlos Penelas
martes, diciembre 14, 2010 No comments
La Editorial Dunken presentará el volumen XI de El libro de los talleres. Como en ediciones anteriores, contará con trabajos de los alumnos de Carlos Penelas tanto en sus talleres individuales como en los grupales en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

Otro año más en el que los talleres literarios de Carlos Penelas son incluidos en la nueva edición de El libro de los talleres, de Editorial Dunken. En esta ocasión, a los talleristas individuales se les agrega como novedad aquellos que han cursado en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte a lo largo de 2010.

La presentación del libro se llevará acabo el miércoles 15 de diciembre en la sede de la editorial, Ayacucho 357, ciudad de Buenos Aires, a las 19 hs.

domingo, diciembre 12, 2010 No comments
El Rojo de Avellaneda obtuvo su 16º título internacional de su historia, el primero luego de quince años. El Rey de Copas venció al Goiás de Brasil 3-1,y forzó la serie de penales, donde se impuso por 5-3.

viernes, diciembre 10, 2010 No comments

El Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte publicará Calle de la memoria alta, plaqueta de Carlos Penelas.

Son cuatro artículos relacionados al último viaje del escritor por Galicia, Asturias y Madrid. Además, la obra cierra con el poema "Calle de la flor alta".

Se trata de una edición limitada fuera de circulación comercial.
martes, diciembre 07, 2010 No comments

Siempre hablo de lo mismo. Me cansa, me harto de hablar de lo mismo. Vemos restauraciones serviciales, diplomáticos afónicos, una suerte de borrachera sistemática mezclada con salsas, frijoles, garbanzos, tucos, trozos de mortadela y fideos codito. Camiseta y contubernio, mate y oratoria folklórica. Y a remover hasta el fin de los días. Y otra vez a empezar. Es triste, es lamentable, es desolador.

Recuerdo cuando los compañeros del PC decían que había que apoyar a la Unión Soviética, nuestra madrecita, en contra del imperialismo. No se hablaba del stalinismo, de los campos de concentración, de las invasiones sin piedad, de los cuerpos arrojados al Volga y a otros ríos. No se hablaba de las purgas, de las traiciones, desviaciones, asesinatos en masa, persecuciones. No, el problema estaba en el imperialismo, lo de la URSS eran temas coyunturales, luchas internas de un plan revolucionario, focos de los mencheviques, ciertas contradicciones de todo proceso histórico. Y de los agentes de la CIA con la contrarrevolución y pactos neocoloniales. Entre estos agentes estaban desde Trotsky hasta aquellos poetas, intelectuales, profesores, artistas, empleado o trabajador que cuestionaban al padrecito y los avances indiscutibles de los revolucionarios.

Recuerdo que en los años setenta se hablaba de apoyar a Perón (Teniente General de la Nación, no olvidemos) para que se “queme” definitivamente y entonces la “izquierda” y la clase obrera y el peronismo revolucionario (nunca logré entender cúal era uno y cúal el otro) y los sectores “progresistas de la burguesía nacional” tomarían la hoz y el martillo – y la bandera roja, claro– para comenzar la revolución que flameaba en Corea del Norte, en China (no, en China no), en Cuba y en tantos lugares de América Latina. Y era una confusión de nombres y tácticas y estrategias y bombos y aliados y enemigos que a uno, con una visión peligrosamente anarquista, peligrosamente troskista, le era muy dificil de comprender.

Todo se renueva y todo vuelve a lo mismo. Uno se santigua, mira nuevas escenografías, nuevos telones que causan vértigo. Distintos nombres, diferentes caudillos, otros ladrones, otros corruptos. Siempre suelo preguntarles algo a ciertos caballeros populistas. Supongamos que un torturador, un hombre -de la policía, ex boxeador o militante de esta antropología social– torturase a Licio Gelli, al Generalísmo Francisco Franco o al dictador (y compañero de otros abanderados) Alfredo Stroessner. Es evidente que el torturar es un actor canallesco, vil; nos produce naúseas. Pero también podríamos afirmar que los señores torturados -es una fantasía, por favor- no son representantes de lo mejor de nuestra humanidad. ¿Dónde nos ponemos? ¿Cúal es la víctima y cúal el victimario? ¿Hay una ética de izquierda y otra de derecha? ¿Hay cárceles nobles y otras vejatorias? ¿Y los templos qué representan?

La verdad es que da asco. Asco los mitos, las leyendas, las corporaciones, las banderas, las lecturas conventuales, los héroes y los canallas que en nombre de la libertad, el hambre o la injusticia, llevan adelante estos engendros. Como las nuevas generaciones saben poco y nada aplauden, generan trincheras, continuan con los monólogos de los hombres providenciales. No importa que éstos mientan de manera desenfadada, quintupliquen su patrimonio o representen la conjura de los predestinados. O hayan sido asesinados por militares o esbirros.

Sabemos de sobra qué es la derecha, qué son los marines o la CIA. De sobra que es el imperialismo o una ideología reaccionario. Pero estos señores no son precisamente libertarios, son liberticidas con banderas y pancartas que hablan de libertad, de igualdad social, de planificación. Sabemos con claridad el significado del fascismo o del nazismo. Desde el Poder aplastan, reprimen. Francamente deleznables, chovisnistas cuando no testaferros mediocres.

Hay alusiones plátonicas, una legión de especialistas en miserias, mensajes intimidatorios. Sin duda, hay casos aislados. Pero la gran mayoría articula humillaciones, pactos rituales. Perplejidad, podriamos escribir. Perplejidad y desencanto ante algo que vemos pudrirse, que da mal olor, que implica complicidades, distracciones. Somos sobrevivientes de lo retórico. En medio de basurales, de hambrunas, de engaños, de promesas, de marchas y contramarchas, de líderes y libros canónicos. Y de nostalgias baratas, mistificadas en contubernios. Una buena noticia, una muy buena noticia. Las prostitutas pueden usar condones. El Santo Padre lo aceptó. Un camino hacia la salvación y la fe. Ha tenerlo en cuenta, querido lector. No todo es Wikileaks ni Julian Assange ni Cryptome.

Carlos Penelas
Buenos Aires, dicembre de 2010

viernes, diciembre 03, 2010 No comments
El escritor y periodista Carlos Penelas realizó recientemente una gira por España para presentar su último libro de poemas, Antología personal y ofrecer una serie de conferencias sobre poesía y literatura.

Durante su estadía, además, se reunió con la presidenta del Parlamento gallego, Pilar Rojo; con el senador nacional José Manuel Bouza y con los alcaldes de Betanzos, María Dolores Faraldo, y Teo, Noriega Sánchez, y compartió encuentros con el escritor Manuel Suárez, la poeta Aurora Rivas, la escritora Marisa López Penas, el director de la revista cultural ‘Las cuatro Aldeas’ de Coirós, Manuel Fiaño, el documentalista Marcos Gallego, con Alfredo Erias, director del Museo das Mariñas de Betanzos, y Alexandre Nerium, director del Museo de Finisterre, entre otros.

En el primer tramo de su viaje, en Santiago de Compostela, lo recibió su amigo y colega, el escritor Manuel Suárez Suárez. Allí, reconoce, comenzó un viaje entrañable por una tierra que siempre le resultó cercana por ser la tierra que tanto quiso su padre y de la que siempre le habló.

En Teo le esperaba el alcalde, Noriega Sánchez, autor de una iniciativa que –de aprobarse– convertirá en texto de lectura en los colegios de Teo y de Galicia su poema "Los trasterrados". Un poema sobre la emigración gallega que, para Sánchez, explicó Penelas, “es una lección de historia sobre la emigración gallega”. “Para mí –contó– fue conmovedor encontrarme con réplicas de mi poema impreso en gigantografías expuestas en lugares públicos de la ciudad". En Betanzos compartió “gratos momentos” con la alcaldesa, María Dolores Faraldo, y con el director del Museo das Mariñas, su amigo Alfredo Erias. En Finisterre, acompañado por Manuel Suárez, visitó el Museo de Pesca que dirige Alexandre Nerium. “Fue un momento muy emotivo”, explicó, porque en el museo se exponen cinco poemas que hablan de Finisterre y uno de ellos es el suyo.

Ahí lo aguardaban varios periodistas y el director de cine Marcos Gallego. Este joven documentalista planea filmar una película en la que abordará la problemática de la emigración; obra que estaría rodando a partir del año próximo y que tendrá a su hijo, Emiliano Penelas, también cineasta, como director de fotografía.

Estando en Santiago de Compostela, recibió una invitación para entrevistarse en privado con la presidenta del Parlamento gallego, Pilar Rojo, con quien –según relató– conversaron sobre literatura pero también sobre la emigración, la situación de las instituciones de la colectividad en Argentina y la crisis española.

Asturias fue otro de los destinos de su viaje. Allí, visitó las ciudades de Oviedo y Gijón donde ofreció una conferencia, invitado por el Ateneo Obrero de Gijón, gracias a una iniciativa de la poetisa Aurora García Rivas.

En Madrid, en su conferencia, Penelas se introdujo en la vida y la obra del escritor español Miguel Hernández. En este trayecto de su viaje recorrió 25 ciudades.

“No solamente estuve en museos y otros sitios culturales de la ciudad; visité Miraflores de la Sierra en homenaje a Vicente Alexandre y a Ramón y Cajal”, contó, y detalló: “También estuve en Ávila, Segovia, Alcalá de Henares, Sigüenza y Torre Laguna, donde está enterrado Juan de Mena, uno de los grandes poetas prerrenacentistas españoles”.

Antes de regresar recibió el llamado del senador José Manuel Pérez Bouza invitándolo a presenciar un pleno en el Senado en el que participó el presidente Rodríguez Zapatero.

Tras presenciar la sesión, Penelas mantuvo una entrevista con Bouza, quien, además, le presentó a algunos de sus colegas de distintas extracciones políticas, se explayó el escritor.

Con casi todas las personas con las que se reunió, pero fundamentalmente con los políticos, señaló, conversaron sobre su último libro Antología personal, literatura, la emigración, la situación de las asociaciones de la colectividad en Argentina y la crisis española.

“Ellos tienen, en general, un panorama bastante claro de la decadencia de nuestras instituciones en el país y de las instituciones gallegas en particular, aseguró, y añadió: “Les preocupa la situación porque ellos pueden colaborar hasta un punto y el resto será algo que tendrán que hacer las asociaciones de Argentina”.

En lo personal, concluyó, es la primera vez que encuentra a referentes de la política y la cultura española tan receptivos e interesados en conocer la realidad de la emigración y las asociaciones de la colectividad. “Fue un viaje entrañable en lo afectivo y muy rico en lo profesional”, reflexionó el escritor.

Mariana Ruiz
Galicia en el Mundo, 29 de noviembre de 2010

lunes, noviembre 29, 2010 No comments
I

Una sombra del amor existe
en lo más secreto de vos, deseada.
O en mi corazón, no lo sé.
Como una aldea luminosa
en el centro de una línea de agua.

II

Los príncipes solitarios
son estos niños que mueven
la delicadeza del aire y del cencerro.
Un sueño medieval,
una infancia que insinúa belleza.

III

La luz de esta catedral
roza la piedad derruida del campanario.
Las cigüeñas recogen las sombras
de la niebla. Del amor que en ti existe
siento un halo. Y el mar, el mar…

Carlos Penelas
jueves, noviembre 25, 2010 1 comments

Navalafuente no es nada. Apenas una pequeña villa de Castilla, perdida en las estribaciones de las sierras de Guadarrama. Un pueblito con una calle que se llama Travesía del Peral, con algunas casas, algunas tabernas, una panadería, unas vacas con cencerro que se las escucha de lejos. Y un arroyo con un sendero silencioso que con toda seguridad Azorín hubiera recorrido a gusto. Como en casi todos los pueblos de la zona se conserva el Potro donde se herraba al ganado. También hay unos toros de lidia y algunos caballos que pastan olvidando el tiempo y la sequía. Y una iglesia. Y una escuelita que en invierno mira la blancura de la nieve en las montañas. Una escuelita limpia y diáfana donde concurren los niños con sus canciones.

Navalafuente no es nada. En este pueblo di una conferencia recordando el centenario del nacimiento de Miguel Hernández. Y unas niñas de la escuela leyeron poemas del poeta nacido en Orihuela y muerto en una cárcel de Alicante. En una casa de esta villa habitan tres pequeñas hadas: Florencia, Sol, Camila. Una casa sencilla, de una dificilísima sencillez de vida. En esa casa habitan los padres de las princesas: Patricia y Ariel. Y doña Carmen, la madre de Patricia. Y Wendy, una perrita juguetona que solía saltarme en la cama y buscarme por las noches para que la llevase al monte. Ellos son mis amigos, me protegieron de la vida, me dieron afecto, ternura. Y generosidad. De manera cotidiana, instintiva, natural. Son de una bondad que da envidia. Una sana envidia, desde luego. Soportaron mi humor, el bueno y el malo.

En más de una oportunidad llevaba a Camila a la escuelita, por la mañana. Me ponía el abrigo y la boina que me regalaron en Compostela y la llevaba de la mano. Y hablaba con el maestro; saludaba a otros niños y a sus madres. Luego regresaba para desayunar y recorrer el mundo. Con Rocío y los amigos. Porque en Navalafuente pude descansar de la intensidad emocional de Compostela, Fisterra, Betanzos, A Coruña, Coirós, Gijón, el mar Cantábrico, Oviedo…

Navalafuente es todo. De allí partí para conocer Torrelaguna, en el límite con la comunidad Castilla-La Mancha. Estuvo habitada por celtíberos y romanos. En la Iglesia Parroquial de la Magdalena , de tipo basilical, descubrí la tumba del poeta judeoconverso -del prerrenacimiento español- Juan de Mena. Un poeta culto, con la tradición galaico-portuguesa. También visité el Alfolí de la Sal.

De Navalafuente fuimos a Buitrago del Lozoya, con su recinto amurallado, para admirar la colección de Eugenio Arias en el Museo Picasso. Y en Robledillo de la Jara admiré la Taberna Museo, un museo etnográfico, en la calle Soledad 12.

Como dije al comienzo, Navalafuente no es nada. Es una villa donde el silencio nos hace ver nuestro interior. En la casa de Ariel y Patricia, en ese pueblito, almorcé un sábado con Marisa López Penas, autora junto a José Antonio Marina, de Diccionario de los sentimientos. Crecieron los aires al evocar revoluciones, textos, pensadores, vocablos hermosos. Y recordamos a Amancio Prada.

Un día fuimos a Patones. A Patones de arriba, para ser más precisos. Una ilusión, un pueblo mágico, con leyendas napoleónicas y mitos desde la edad de hierro. Tuvo un rey el que “vendía carguillas de leche en Torrelaguna”. Patones de Uceda, Juan Prietto, 1769. Ecomuseo de la pizarra, arquitectura negra, ejemplo de arquitectura de pizarra de España.

Pude hablar con doña Tomasa, una mujer de 89 años, una mujer que nunca salió de su villa en La Puebla , el punto más lejano de Madrid, el último. Un milagro el paisaje, las casas, los chorizos, el vino y la tortilla. Y la gente.

Navalafuente no es nada. Desde allí fuimos a Pedraza, al castillo de Zuloaga. Y a Manzanares El Real, al castillo de Santillana. Y Guadalix de la Sierra , donde se filmó Bienvenido Mister Marshall, de Luis García Berlanga. Todos los días recorríamos las carreteras en busca de bosques, alturas y secretos. Sigüenza, Alcalá de Henares, Ávila, La Granja de San Ildelfonso, Valdemanco, Miraflores…y por supuesto Madrid, con sus museos, sus cafés, sus rincones míticos, sus parques.

Al hablar de Navalafuente surgen imágenes, nombres, recuerdos de lecturas. Vicente Alexandre, Santiago Ramón y Cajal, Cervantes, Santa Teresa, San Juan de la Cruz , Gabriel Miró, Clarín, Jovellanos, María Rosa Lida, la Catedral de Santa María de Sigüenza, Miguel Delibes, Gloria Fuertes, Pedro Salinas, José Hierro…

Ahora estoy en Rascafría, en el Monasterio del Paular. En La Cabrera recorremos el Convento de San Antonio con un monje argentino. Anoté en mi libreta una calle de Madrid: Calle de la Melancolía Alta. Recuerdo un gorro calañés en una sombrerería de la Plaza Mayor , unos buñuelos de viento de Casa Mira, fundada en 1842. Recuerdo el restaurante El Botín de 1725, el más antiguo del mundo. Sé bien, como señaló Fernando Pessoa, que “…los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”. También viene a mi memoria el Monasterio de San Pelayo de Ante-Altares de Santiago de Compostela. Y el Hotel Maycar, don Marcelino y doña Carmen. El Derby y Miguel Anxo Fernán Vello y el restaurante Vila, en Puerto de Lorbé. Y la Plaza del Obradoiro. Y don Roberto Lamas, un caballero español al borde de la mar. Está claro que cada hombre lleva en su mente una ciudad, un bosque, una mujer, hecha sólo de diferencias, sin figuras ni formas. Todos los viajes son partidas; jamás se regresa, jamás podremos explicar ese otro viaje iniciático.

La belleza crea amor, escribió Lisias. Navalafuente, la otra España que hay en mí.

Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2010

lunes, noviembre 22, 2010 No comments
Editorial Dunken estará presente en el stand de la Argentina en la XXIV Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, que se realizará del 27 de noviembre al 5 de diciembre de 2010 en el Stand MM5. Carlos Penelas participará con Antología personal.

Recordemos que el año pasado en la Feria de Guadalajara se promocionó, dentro de la representación de Dunken, el libro Fotomontajes.
sábado, noviembre 20, 2010 No comments

Luego de la extensa gira por España, desde el 9 de noviembre Carlos Penelas retoma la actividad de los talleres literarios. Se dicta una vez por semana en clases individuales, horario a coordinar con el tallerista. Narrativa, poesía y crítica de libros.

Informes: 4371-6686 y penelascarlos@yahoo.com.ar

lunes, noviembre 08, 2010 No comments

Carlos Penelas Abad, invitado por el senador nacional, D. Xosé Manuel Pérez Bouza, concurrió hoy al Pleno del Senado.

Penelas escuchó la exposición del Presidente del Gobierno, Don José Luis Rodríguez Zapatero y de algunos de sus nuevos ministros.

Posteriormente dialogó en solitario con el senador sobre temas relacionados con la literatura, la sociedad contemporánea y la inmigración.

Asimismo conversaron sobre Galicia y su trascendencia cultural. Penelas le hizo entrega de su Antología personal. Pérez Bouza le presentó a senadores de diversas tendencias políticas.

Finalmente lo invitó a recorrer el antiguo senado, la colección de pintura y la biblioteca.
martes, noviembre 02, 2010 No comments
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