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Carlos Penelas

Téngame paciencia. Lo vengo advirtiendo desde hace décadas. Llegó la hora de desconfiar del hombre que se lustra los zapatos antes de ir al Parlamento o a la Casa de Gobierno o a Tribunales. Desconfiar de la señora que va a la peluquería, a la iglesia o al camposanto. Desconfiar de los ministros, de los diputados, de los senadores. Y del presidente del consorcio, además. Y del Santo Padre o Padre Santo. Del Jefe de Policía. (En los años dorados del general, mi suegro, obrero gráfico –anarquista– estuvo preso por “desacato al presidente”). Desconfiar del secretario que es oficialista y ahora tiene dos automóviles, un country, dos casas, un avión y una avioneta, tres amantes y dos sobrinos. Que se separó de su mujer que tiene un velero, un yate y un ovejero alemán a su nombre. Desconfiar de los comentaristas de fútbol, saber cómo pudieron comprarse esos relojes o esos habanos. ¡Ah, los habanos del señor comentarista! Desconfiar de aquellos que no vieron Buenas noches, buenas suerte de George Clooney, desconfiar de los que la vieron.

Desconfiar de los ex. De los ex guerrilleros, de los ex obispos, de los ex amantes, de los ex gobernadores. De los ex militantes que decían carajo y de los ex militantes que decían patria si, colonia no. De los leones herbívoros y de los otros. De los populistas de derecha y de los populistas de izquierda. De los que dicen que “el tránsito es anárquico” y no dicen que “el tránsito es liberal o neo liberal o conservador o marxista-leninista”. Desconfiar de todos los bombos, de todos los manifestantes que hablan de revolución. De academias, de los médicos que se vinculan con laboratorios, de los científicos que investigan en centros privados, de los privados que educan a hijos libertinos, de los que niegan las dictaduras, las torturas, los crímenes, los robos de niños, los fusilamientos, las vejaciones. De los que vieron y callaron, de los que se hicieron los distraídos, de los distraídos, de los muditos, de los cieguitos. De los que recién ahora levantan estandartes y lloran. De los que no se lamentan. De los pederastas de la Santísima Iglesia del Aborto de los Siete Suspiros y de los militantes de la Patria Socialista Carajo.

Desconfiar de mí, de los abogados, de los jueces, de los medios. De aquellos que los defienden y de aquellos que los atacan. Todo esta embarrado, todo está sucio. Debe desconfiar de la chiquita de la mini falda y del papá de la chiquita. Debe desconfiar de la modelo top y de la mamita de la modelito. De la actriz porno y de la otra, de los intelectuales y de los barrenderos, de los honorables caballeros del club y de las putas del bajo. De las putas finas y de las otras. Es trágico, pero debe desconfiar de hombres y mujeres que fueron honestos y dieron la vida por una idea y que ahora fueron comprados en nombre de la dignidad, de aquello que no se negocia. Debe desconfiar de los muchachos que con buenas intenciones mezclan todo en una suerte de borrachera ideológica. Confunden a Manuel Dorrego con Chávez, a Mariano Moreno con Evo Morales, a Sara Montiel con la tía del travesti de la esquina.

Todo se ha mezclado: populistas y liberales, estalinistas y pedófilos, víctimas y verdugos. Todos viven juntos en el mismo country. Hay un banquero que es comunista y un comunista que se hizo empresario. Forman parte de este caldero que se revuelve, donde vemos fusiles, proclamas, cheques, plata en negro, firmas de laboratorios, zapallos, merluza congelada, contratos petroleros, gobernadores impunes e impresentables, ex presidiarios, ex liberadores, alcahuetes de los servicios, ex guerrilleros latinoamericanos. Y más y más. De los camaristas y de los ex camaristas, de la comedia gringa y de la tragedia, del hambre y de la comercialización del hambre, de los sindicalistas y de los empresarios, de la contraofensiva nacional y popular y de los verdugos del ejército sanmartiniano, de las honras fúnebres y de las otras, de cada sinsentido y acto hipócrita hasta los juicios por corrupción. En fin, que damas y caballeros de la corte, hombres de buenas costumbres, profesionales correctos, usureros desvergonzados y burocratras insoportables, lavadores de dinero dentro de la ley, sinvergüenzas sin tacha ni sueños, botineras, genocidas patriotas, esta suerte de Armada Brancaleone, digo, se roba los condones sin usar de la mesita de luz del adolescente. Y le deja un porro, un poco de paco, algo de fanatismo futbolero, algo de barra brava y de mediocridad, una lata de cerveza, una cartita de la comedia sangrienta para que la interprete. Otro susurro obsceno de héroes, de mártires, de antesalas, de revoluciones carajo. De bombos para el lumpen de la plaza, de los dueños de media Patagonia y los mitos de la patria liberada. Desconfíe, lector, desconfíe. Y recuerde, además, la frase que Thomas Jefferson escribió a John Adams: "…Creo sinceramente, como usted, que los establecimientos bancarios son más peligrosos que los ejércitos tradicionales…"

Carlos Penelas
Buenos Aires, abril de 2010

miércoles, abril 07, 2010 No comments
Fue el vindicador anarquista de la sangre obrera derramada por Ramón Falcón durante la Semana Roja. Pasó dos décadas preso en el infierno del Penal de Ushuaia, la Siberia argentina. Uruguay, España y México fueron sus destinos en los años de libertad de un luchador que jamás renunció a sus ideas. Opinan en Revista Sudestada de abril Alejandro Marti, Carlos Penelas y Roberto Fernández.


1. No hay caso. A la nostalgia no hay con qué darle. Eso que intenta olvidar desde el primer día, desde el primer amanecer que presenció con los ojos húmedos en el puerto de Veracruz. Pero no hay caso. Cada mañana desde su llegada a México extraña el sabor despabilante de un mate caliente. Cuando camina rumbo a la fábrica. Cuando escucha las discusiones de los compañeros. Cuando vuelve a casa. Cuando la noche aparece y con ella los dolores en las piernas, la tos con sangre, los calambres en el cuerpo gastado. Contra la nostalgia no hay receta, lo sabe Raúl Gómez Saavedra. Ni siquiera ese nombre, esa identidad prestada de apuro para conseguir la nacionalidad mexicana, alcanza para dejar atrás el rigor de la memoria. No. Raúl Gómez Saavedra pierde cada mañana el duelo contra sus recuerdos. Y allí, en la soledad de su pieza pequeña, vuelve a saberse Simón Radowitzky. No el joven aquel, protagonista del atentado más notorio del siglo en un lejano país llamado Argentina. No el curtido presidiario nº 155 que aprendió en Ushuaia que hay algo peor que la muerte. No el soñador intransigente que nunca aprendió que escapar de allí era imposible, que nunca supo contener la furia de la esperanza cuando le quemaba las entrañas. No el hombre que imaginó mil veces su vida fuera de aquellos muros lúgubres. No. Ahora es un viejo cansado, aquejado por mil dolencias, que negocia con su artritis para trabajar como puede en una fábrica de juguetes, que regresa cada tarde a su piecita, una construcción improvisada en la terraza de una casa ajena.

Quince años en México y ni un solo día pudo derrotar a la nostalgia. Ese amanecer rojizo, la ventana abierta, la melodía del mar dándose la cabeza contra los acantilados, el murmullo de los compañeros, el olor a tinta de la prensa libertaria en el mimeógrafo, todo conspira contra Raúl Gómez Saavedra. Todo despierta del letargo a Simón Radowitzky, al silencioso camarada, al viejo respetado y escuchado por los jóvenes, al vindicador de la sangre obrera...

Walter Marini y Hugo Montero
(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº87 - Abril 2010)
lunes, abril 05, 2010 3 comments

La belleza de la palabra puesta al servicio de la inteligencia, es la primera reflexión que sugiere una también primera lectura de esta serie de notas-poemas que sostienen la utopía de un corazón libertario. Se podría decir que este Viajero con una soledad es un poemario de amor, pero ¿de amor a una mujer? Tal vez sí, es probable, pero lo que subyace en la profundidad del discurso poético de Carlos Penelas es el amor al ser humano, simple y libre, en una celebración permanente del intenso misterio de la vida, con sus altas y sus bajas, con sus esperanzas y sus desesperanzas, con sus milagros y miserabilidades. En estos tiempos en que la poesía suele venir maquillada de fatuidad y que el hombre común ha sido llevado a interesarse más por las banalidades que ve y escucha por los medios de comunicación, se hace necesaria una poesía o prosa poética -lo que vale es el fondo, no la forma o el estilo- que "lo aleje de la maldad y del infortunio". La poesía de Penelas - hijo y nieto de gallegos que han vivido las consecuencias psíquicas, espirituales y morales de situaciones devastadoras en su tierra y lo han soportado todo con estoica dignidad, apoyándose en ideales y creencias positivas- por momentos recuerda el énfasis, la pasión, el ardor de Pablo Neruda. Hay algo que nos hace pensar que ambos son hijos del mismo sueño, pero en los textos de Carlos Penelas también se encuentran vestigios de la cantarina y melodiosa voz de Federico García Lorca. Hay una sensualidad exultante que se advierte más allá de lo que canta. "Así fui buscando la dignidad y el orgullo de los abuelos. Sus voces bendecían mi corazón sin que yo lo supiese. Poco a poco las voces son más diáfanas, más nítidas. Me cantan al oído rebosantes, me descubren manos, nobles y callosas. Soy como un niño cuando vienen a mí (...) En estas voces bebo los efímeros días que marcan los hechizos. ¡Oh, poema y rosa del desorden! ¡Oh, voz vagabunda en el Jardín de Acracia, en la morada del silencio y la palabra!"

Lejos de lo bizarro, de la vulgaridad y la chabacanería, tan comunes en estos tiempos, la poesía de Carlos Penelas, cuya sensibilidad se advierte también en sus propios dibujos - con los que enriquece los textos- se torna necesaria.

Nina Thürler
Revista "El arca digital"
viernes, abril 02, 2010 No comments

La edición de abril de la revista Sudestada está dedicada a Simón Radowitzky, "un mito anarquista". Escribe Carlos Penelas.

La historia del vindicador libertario que atentó contra Ramón Falcón. Dos décadas preso en el infierno de Ushuaia y un invencible sueño de libertad. Opinan Alejandro Marti, Carlos Penelas y Roberto D. Fernández.

Además, dossier Uruguay: El Sabalero, Mauricio Rosencof y Felisberto Hernández. Revista Cultural Sudestada: www.revistasudestada.com.ar

martes, marzo 23, 2010 1 comments

¿Qué piensa de aquellos que fueron arrojados en una cuneta? ¿O de esos otros enterrados sin notificar ni a la familia ni a nadie? ¿Qué piensa de las fosas comunes, del ocultamiento, de los desaparecidos? Con la mano en el corazón, ¿De qué lado está? ¿Son progresistas ciertos caballeros o intelectuales que desean evitar asperezas? Días pasados lo conversé con mi querido amigo y cantautor Laureano López Lois. Hablamos del juez Garzón, de los medios, de posiciones deshonestas en muchos señoritos que la “van de progre”. Nosotros seguimos hablando de “terrorismo de Estado”. Ustedes, no sé. Aquí, más de una vez -hace de esto treinta años- he gritado en las manifestaciones: “Aparición con vida y castigo a los culpables.”

El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo, me confesó un mediodía Saint-Exupéry. Nadie elige a sus maestros ni a sus ancestros. Descubre que los tiene, una noche en el alba de su vida descubre que los tiene. Y que ejercen una fuerza indiscutible. Decisiva. Porque los ancestros no influyen en uno: nos constituyen. Como los maestros. Uno se da en el acto de amar, independientemente de la posteridad amorosa. De igual manera ocurre con el compromiso, con la honda creatividad en un poema, con la ofrenda de nuestras raíces. Al hombre que ignora quién es, sus semejantes pueden brindarle consuelo. Pero el que sabe quién es, se afirma y difunde su ser. A pesar de las vacilaciones y las incertidumbres.

Un poeta no adquiere su condición de tal sólo por un libro o por una línea. Su obra moviliza impresiones, nostalgias, desprendimientos, amores inseguros. Es portador de estados de ánimos, de sensaciones, de nostalgias. Refleja lo que descubre y lo que intuye. Alejado de los falsos pudores su vocación está en la soledad, en la madurez de la voz, en la ambigüedad de lo cotidiano.

Como siempre, han salido oportunistas a hablar de sus raíces. Y hasta del compromiso social. Han llegado a decir, y nadie respondió, recordando la Guerra Civil Española, que Madrid era “el campo de batalla perforado por los bombardeos, asediado por las razzias y las venganzas de uno y otro bando”. Discúlpenme, compañeros, hay cosas que indignan, que causan malestar. Me irritan. Mi irritan hasta golpear el puño contra la pared. Uno sigue siendo antifascista, antiautoritario. Sobre ciertas cosas no se discuten, sobre ciertos principios no se negocia. Uno tiene una identidad que incorpora a su conciencia. Si no se sabe, si no se conoce, si sólo se tratan los temas con superficialidad, si no se vivió de verdad el desarraigo, la persecución, los desaparecidos por el terror franquista (unido a las posiciones más retrógradas del clero y toda la derecha española) lo único que daremos es una visión edulcorada, una mirada supuestamente académica. Eso pasa en España o en cualquier lugar del mundo. En Argentina o en Chile, en China o en Irak.

Nuestra identidad se completa con Galicia. Y con España, naturalmente. Y luego con Italia, con Irlanda, con Escocia, con Uruguay… Uno es un ciudadano del mundo, aunque resulte antiguo y hasta infantil definirse de este modo. Pero es una realidad: soy la sombra de mi padre, la cara invisible de mis abuelos, aquello reprimido u olvidado por los que se quedaron, por los que quisieron olvidar o distorsionar las cosas. Por eso mi presencia molesta: soy lo reprimido que vuelve, soy el regreso de don Manuel, el regreso de María Manuela, el regreso de don Pedro, el regreso de don Tomás. Las voces del silencio, la mirada que cuestiona, el oído atento a las murmuraciones. En mi están ellos, y están para contar, para hablar de otras historias, de otros desaparecidos, de otros fusilados, de otros exilios. No los únicos, pero estos también recuerdan traumas y cicatrices. Alcanzan -querido lector- las comodidades del progreso, el consumo del presente. Lo siento. Soy el hijo externado, el hijo exterior. Deben mirarme, soy de la misma sangre pero nací en el exilio. No es una condición sencilla la mía. Porque ahora ustedes deben preguntarse: ¿Quiénes somos, realmente? Y éste, ¿quién es? Y una más ¿Ante quién y para qué soy? Y ustedes ¿Cómo viven sin mí?

No tengan miedo, quiero decirles que sólo soy un poeta, un hombre que divaga como un adolescente sin saber en realidad de aquello que hablan -con el ceño fruncido- los hombres importantes. Soy, si se quiere, un anarquista aristocrático. Tengo hábitos austeros, carezco de deudas, me arreglo con lo indispensable. No sé manejar, por lo tanto no tengo automóvil. No pido herencias, no reclamo nada. Afortunadamente soy casi un desconocido. Además, mis padres me enseñaron a ser tenaz, a ser solidario, a ejercer la libertad. Y que el dinero es secundario, sólo los afectos y la conducta importan. No me tengan en cuenta, mi palabra no vale. Para eso están los funcionarios, los embajadores, los obispos, los financistas, los generales. Y los moralistas.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010

jueves, marzo 18, 2010 No comments
Antes no dejaban a nadie pensar con libertad.
Ahora está permitido, pero ya nadie es capaz de hacerlo.
Hoy la gente quiere pensar sólo lo que se supone
que debe pensar, y a eso lo considera libertad.
Oswald Spengler

No es fácil, lector, releer a Spengler. No es fácil en estos tiempos. Mi amigo Eduardo Pérsico, muy buen narrador, continúa leyéndolo. Seguramente usted tiene ciertos resquemores, ciertos prejuicios. (No de Eduardo, sino de Oswald.) Comprender algunos hechos sociales o políticos es dificultoso. Ni hablar de un acto estético; es más complejo, más profundo. En fin, que todo populismo termina siendo de derecha, termina siendo reaccionario. Hay bibliografía, bibliotecas enteras. Además, por si quiere seguir haciéndose el distraído, esa posición puede ser de derecha o de izquierda. Hubo campos de concentración en Alemania y hubo campos de concentración en la Unión Soviética. Otro amigo me reitera: “Tenés que ver que posición adopta el Partido Comunista, si te ponés en la otra vereda no te equivocás nunca. Ellos mearon siempre fuera del tarro.” Puede ser, puede ser. Sobre todo que ahora dirigen un banco propio. No se diferencian del Banco del Espíritu Santo. (Deberíamos releer El banquero anarquista, de Pessoa.) Deberíamos, de todas maneras, repasar la polémica de Rosa Luxemburgo con Lenin. Y las posiciones de la Primera Internacional. Textos póstumos, sin duda. Ese es un tema preocupante -no dudo- para ciertos intelectuales conversos.

Viejo dilema: civilización o barbarie. Desdichada memoria la nuestra. Caudillos con poncho y caudillos con levita. Una supuesta izquierda progresista, una izquierda cholula, un elitismo iluminado, una clase media acomodaticia y complaciente, un laicismo señorial, una crispación higienista. Y señores y señoras que opinan del universo y sus alrededores. Y un periodismo cada día más empobrecido, como el fútbol. (Que negocio, ¿no?) Detrás corrupción, mesas de dinero, chantaje, hoteles faraónicos, la revolución desde el caldo populista. (¿Está dentro de la ley? Sí, señor. No, señor. ¿Pues entonces quién le roba? ¿Usted votó? Si, señor, si señor. Pues entonces ¿por qué grita? ¿Yo, señor? Sí, señor…etc. etc.)

Presunto canibalismo, influencias borbónicas, iconografías despintadas. Crucifijos, embarazos, abortos, mutilaciones, engaños. Da asco, una y otra vez. De verdad lo digo. Al leer el diario, al escuchar la radio. ¿Es nuevo? No, viene de siglos. Caballeros, viene de siglos. Lean a Quevedo, lean a Calderón. Y la señora que se pinta y se pinta; y habla que te habla. Peor que Gila. Hay que tomar medidas moralizantes, dicen los caballeros de la mesa redonda del asado criollo. Mafias poderosas, proliferantes, comparsas folclorizados. Sin malicia, señores, sin malicia. ¿Ditirambos, flatulencias, intelectuales orgánicos al poder? Los monaguillos corren ante el altar. Benditos sean los poderes de la patria. Y bendito el nombre de los jefes espirituales. Y las villas miserias y el dengue y el hambre y la pobreza. Bendito sea todo en nombre del Señor, del Rey y de la Ley. Y de las divas que entienden de gramática, de filosofía, de geología, de cinematografía y de economía. Amén. Lentejuelas, proscenio y cunetas. Aplausos, epílogos. (Aflojale que colea.)

No hay discurso que alcance. No hay sinécdoque ni graffiti urbano que logre comprender lo incomprensible. Ellos mismos hablan de libretos, de “aparatos cuasimafiosos” y citan a Coppola o a Mario Puzo como si fueran parte del guión de El Padrino. (Y no están muy equivocados. Son iguales.)

Licio Gelli fue condecorado por nuestro líder eterno. Nada menos que un agente de la Italia fascista y de la CIA, vinculado a sectores del General Francisco Franco -por la Gracia de Dios- y amigo personal del propio general Juan Domingo Perón. Licio Gelli, entre otras cosas, miembro fundamental en la Operación Gladio. Y Calvi y la Logia P2. En fin, cosas sin mayor importancia ante sloganes como cipayos, masones, tercera posición. O aquellos angelicales: “patria si, colonia no”, “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. Y aquel enternecedor “mañana es San Perón”. Una fe, una procesión, un santuario. Historias lejanas, de medianos del siglo XX, leyendas patéticas, resúmenes escolares. Nadie las recuerda, nadie sabe quién fue Aloé o Lobel. Patón Basile es un niño de pecho.

El derrotero de cada peronista tiene signos importantes: son traidores, leales, catastróficos, feligreses, matones, héroes, barones del conurbano, patoteros sindicales, empresarios non sanctos. ¿Un grotesco criollo, Armando Discépolo? Podemos seguir: intensiones ocultas, negociados y trenzas, maquillajes públicos, discursos con champagne y milanesas. Aprietes y malversación.

A veces pienso que Almodóvar creó el sainete nacional. Además hay que sumarle nuevos protagonistas que bailan y se divierten entre travestis, magos, saltimbanquis, mayordomos y ventrílocuos. Ahí se nos vienen los arrinconamientos, las reticencias, los desdenes y las humillaciones. (Señores, damas y caballeros: se venden escarapelas a precio de liquidación. Tres al precio de una, cinco al precio de una. Diez y cerramos.)

Una historia folletinesca con diarios canónicos y barras populares, con rezos y braguetazos, con abstenciones revolucionarias y miserias de unidades básicas. Y comités que se hunden y reflotan. La Armada Brancaleone en pleno delirio. Viva el pueblo y la revolución, vivan las treinta y cuatro verdades de las cartas, que somos compañeros de ruta, que apoyamos críticamente. (Esto lo escuché de niño).

Nada por aquí, nada por allá. Y aparecen las chequeras, los departamentos en Puerto Madero, los nuevos ricos con los nuevos pobres. Vivan las intendencias, los chóferes y las botineras. Desde el Poder las chicas de Divito. Pobres, nada les queda bien (ni los corpiños ni el peinado ni el teñido ni el botox ni el cinturete ni los escotes ni las piernas fofas). Los muchachos legisladores con trajes italianos, de marca, y zapatos al tono no saben llevarlos (parecen de la hinchada de Boca o de la Guardia Imperial), tienen el aspecto de un luchador con un frac. Ahí viene Primo Carnera, ahí regresa El Hombre Montaña. Y El Caballero Rojo, ex diputado, ex preso, ex dirigente. Les falta estilo, se les descubre el flequillo del barrio, la cadenita con la virgencita y la uña larga del meñique. Todo en el caldo, revolviendo la olla con el cucharón. Revolviendo un poco de caracú, un poco de Fidel Pinto, un chori, una patente de corso, algo de La hora de los hornos con fritas y aceitunas, La razón de mi vida y un cuento de Cortázar, un tango fantasía y Carlitos vigilante, Camilo Cienfuegos con la Madre Teresa, el Pocho en la motoneta y la fotografía de Triaca, la cumbia villera, un vestido de Paco Jamandreu y las banderitas entre bombos, palcos y candidatos virtuales. Fachadas, desguaces, diálogos cómplices, susurros, sobres entre gallos y corderos patagónicos. Así se hace patria, qué joder. ¿Y las preguntas de Carloncho, Penelas? Perdón, me equivoqué de título. Además quise escribir sobre la vida de Curro Jiménez y me salió esto. No lo tome a mal. Uno, a veces, se equivoca.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010

jueves, marzo 11, 2010 No comments
La bella mujer que murmura su fábula secreta.
La bella mujer que duerme en la nostalgia.
La mujer del bretel violeta mirando la quilla del barco.
La que insinúa el fervor del insomnio.
La bella uniendo el universo en la plegaria.
La que se hunde en dimensiones invisibles.
(La mujer que transita las calles del otoño.)
Esta mujer alimenta fatalidad y dolor.
La mujer que nombra el recogimiento.
Discurre la amada vestigios entre parvas de heno.
La hembra regresa en la inocencia y el abismo.
Bella, flotante, de apretadas nubes.
(La abandonada que brinda el gozo y el aliento.)
Su cabellera mueve los velos de la noche.
La que musita cimbrante y desvaría.
El hada del follaje celeste.
La mujer con su lengua distante, sin memoria.
La princesa, la dueña, la reina del hogar.
La mujer que hunde el vacío y el corazón.
La amante desnudándose en un hotel de Praga.
La que devora el instinto y el pudor.
La celta que evoca las gaitas y los templos.
La amante vuela en mi, desatada y ansiosa.
La que aletea palabras en poemas.
(La mujer que brota en una luz transparente.)
La mujer que ama como una madre invisible.
La mujer suave y comprensiva como una hermana.
La humedecida de semen, de olvido, de palmeras.
La humedecida de temor sobre llanadas rojas.
La bella mujer inseparable de la bondad.
La adolescente salvaje que imagina a Piranesi.
La insurrecta de plazas y guerrillas.
La que beben mis ojos en los bares.
La bastarda, la desconocida, la inconclusa.
La bella mujer que irrumpe en las fuentes marinas.
(La mujer de los muelles y las dársenas.)
La bella sobre el caballo blanco
entre las hojas, el ramo y el aire de la rosa.
La libertaria sin dioses, sin patrias, sin marido.

Carlos Penelas
Buenos Aires, marzo de 2010
Ilustración: Juan Manuel Sánchez.
miércoles, marzo 03, 2010 1 comments
En sueños viene esta bella abadía.
En verdad regresa del desorden,
de misterios que congregan espadas
y árboles y cabellos al viento.
Pero no vuela sola la noche.
A veces se transforma en una iglesita
que me conmovió en Purmamarca.
Entonces hay lanzas y susurros.
Y el sopor de estar vivo en el silencio.
Hay una mano ritual que toca
el cuerpo de la amada, sibilante y desnuda.
Sostengo mi mirada para velar
metales en los puertos o hierbas con alondras,
el resplandor de Mozart
o una pieza de jazz subiendo por un pianista negro.
Ante lo canallesco y miserable
acudo a estos talismanes secretos.
Veo la cárcel de un cubano rebelde,
pueblos fantasmales de la pampa,
el asombro de perros vagabundos,
el mar que inunda el pecho del poeta
cuando golpea los viejos malecones.
La penumbra de este cuarto me acompaña
por tanto parque que abrasa el verano.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010
jueves, febrero 25, 2010 No comments

En un artículo que publicó Jorge Luis Borges sobre los poetas de Buenos Aires (1966), señala que “así como otros países, Inglaterra por ejemplo, sueñan con el mar, asi nosotros tenemos como una nostalgia de un tipo de vida infame y cuchillera”. Sabemos que toda realidad es compleja y que tal vez el juicio de Borges no se ajustaba a la realidad, o mejor dicho, lo simbólico de nuestra identidad quizá no sea precisamente esa. Pero no está del todo equivocado, no estaba del todo equivocado. Desde la época de nuestras luchas intestinas hay algo de perversión, de sangre en cada movimiento, en cada acto. Nuestro primer cuento, El matadero de Esteban Echevrría, nos muestra violación, tortura e intolerancia. En nuestros días lo vemos en las barras bravas, en las escenas de la vida cotidiana, en el ocio represivo de las vacaciones, en ciertas mitologías que tienen relación con lo más bajo de nuestro ser nacional.

Los echaban. A los que no llevaban luto los echaban. Era obligatorio llevarlo. Mi padre no me lo puso. “Vas a ir a la escuela sin luto”. Yo tenía seis o siete años; sabía por las conversaciones en voz baja de mi familia, que algo no andaba bien, “que los pesquisas”, “que la demagogia”, “que la delación”, “que la cárcel”. Mi padre dijo: “No usé luto por mi madre ni por mi padre”. Don Manuel era ateo, contestario. Creo que la poesía viene de ese mundo. Mi madre configuró lo suyo con su ternura y su silencio, seguro. El resto vino con el aire y la nostalgia.

Años después comprendí mi infancia gracias a los autores italianos de postguerra. Moravia, Pratolini, Pasolini, Pavese, me llenaron los ojos de imágenes y de ideología. Luego vendría Visconti, De Sica, Rossellini… ellos me llenaron el corazón de pasión y de poesía. El cine y la literatura fueron conformando mi espíritu. Eran seres cercanos a mis sentimientos, a mi entorno. Hombres y mujeres que solía ver por las calles de mi ciudad, en los viejos mercados, en las plazas del barrio, en el café del tío Pedro. Por supuesto que ya sabía de Pérez Galdós y de Emilia Pardo Bazán.

Voces, hay voces que me llegan desde lo literario. Adulón es una de ellas. Otras. Comparsa, mascarada, petulante, ominoso, locuaz, lealtades inconfesables, obsecuente. Una más: carnestolenda. Son vocablos que no se relacionan con lo poético, que se vinculan con otros temas. Voces que me acompañan desde hace siglos, voces que escucho en sueños, en hospitales, en fábricas, en embajadas, en programas televisivos. Carl Jung escribió que “…la naturaleza aspira a expresarse, agotando sus posibilidades. El hombre, igual.”

(Hoy escuché por radio un reportaje a una profesora de literatura. Contaba que los alumnos no podían leer libros, que les era imposible en cuarto año leer una página de Don Quijote. Querían analizar textos de la cumbia villera. La profesora estaba desesperada. El periodista dijo con firmeza: “Bueno, bueno, ni una cosa ni la otra”.)

Cuando una estatua que personifica a un dios es tocada por la palabra cobra vida. Genera un mundo metafísico, una metamorfosis que opera sobre el tiempo cronológico. El individuo no es sólo el resultado de un proceso histórico. El individuo es un ser polifacético. (¿Qué miente la historia, el Poder, la familia? ¿Qué ocultan en cada acto mis palabras, mis sueños, mis miradas? ¿Qué oculta cada lector, cada uno de nosotros?) Lo romático contamina la crónica, la historia; distorsiona los hechos. Me sigue entusiasmando el vuelo del pájaro, las olas del mar, el silencio.

En todo soliloquio hay facetas múltiples, a veces contradictorias. Uno se muestra, mostrándose, compartiéndose. Eligiendo el riesgo permanente de buscarse a sí mismo, trascenderse sin diluirse en la abstracción. Hay un ámbito donde la inmediatez del hablar y la reflexión necesaria para hacer genuino ese hablar llegan a un acorde sostenido. “Escribo sobre el mar y el desierto”, señalo Albert Camus. Son varias las lecturas de ese testimonio. El resto son síntomas de infantilismo y soberbia.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010

martes, febrero 23, 2010 No comments
Carlos Penelas formará parte de la edición 2009 del Anuario Brigantino, actualmente en prensa. Allí se publicarán doce poemas, incluyendo los hasta ahora inéditos "Encuentro" y "El banco".

El Anuario Brigantino es editado por el Concello de Betanzos, A Coruña, Galicia. Se trata de una revista de investigación histórica, artística, literaria y antropológica de ámbito gallego, en la que se incluye una sección con los acontecementos del año y las memorias de las entidades culturales de la ciudad. Su director es Alfredo Erias.

Pueden consultarse las ediciones anteriores en la página http://anuariobrigantino.betanzos.net

lunes, febrero 22, 2010 No comments
Señor Director:

En la contratapa de mi libro Crónicas del desorden (2006), David Viñas escribe: "Las contradicciones - como suele decirse- brotan de cada catecismo o del canon que sea. Penelas lector a lo Barrett. Penelas heterodoxo..." Desde los veinte años que vengo escuchando hablar de Rafael Barret, que lo vengo leyendo. Viajé a Paraguay por los años 70, estuve en más de una oportunidad con viejos militantes anarquistas de Cataluña que hablaban de su literatura. En breve se editará una selección de sus artículos con un prólogo de mi cosecha. Escribí artículos y hable en diversos programas radiales sobre su obra. El miércoles 27 de enero sale una publicación en "Verano 12" con palabras de Guillermo Saccomano sobre Barrett. Es indignante su lenguaje, lo chabacano de su mentalidad, lo vulgar de su estilo, lo emblemático de su ideología. Un sólo ejemplo: "Amante serial, tirando a putañero". Esta bien, Saccomano es parte de nuestra literatura contemporánea, es parte del catecismo. Se articula con el resto.

Carlos Penelas
sábado, febrero 20, 2010 No comments
La libertad ajena amplía mi libertad al infinito.
Mijail Bakunin


Todo se ha vulgarizado en tal magnitud que no dan ganas de escribir ni de mirar la realidad. Ni por la ventana del comedor. ¿Antes no fue igual, Penelas? ¿otra vez con lo mismo? ¿qué tiene? Sí, sin duda. Pero atravesamos un período espantoso, da asco. Antes, por ejemplo, este no era un pueblo peronista. O mejor dicho, había divisiones, ciertas diferencias. Matices, si lo desea. Ahora la gloria de aliados y enemigos: la oposición es peronista. ¿Se entiende lo que digo? El noventa por ciento de los argentinos (y de los que no lo son pero habitan suelo argentino) son peronistas. Usted, querido lector, debe entender que el peronismo no es una filosofía ni una ideología ni una religión. No es un partido político. Es un sentimiento, es algo genético. Ser o no ser, esa es la cuestión. Para algunos es una patología, un mal endémico. Nació contra el comunismo, contra la sinarquía internacional, contra el liberalismo. Habló de tercera posición, habló del 1 de Mayo y de la Fiesta del Trabajo. Se dijo: “no quedará un ladrillo que no sea peronista”. Y es verdad.

Había que afiliarse al Partido Justicialista para ser docente y más adelante sacar la “tarjeta rosa”. Siempre abarcó todo: al profesional de izquierda o de derecha, al villero borracho o testículo de Jehová, al hombre de confesión diaria o al barra brava de un equipo de tercera división. Al empleado de tienda, al obrero, a la maestra y al albañil de la vuelta de casa. La prostituta y el empresario, el banquero y el comisario, el punguista y el poeta. Todos son peronistas. Se pelean entre ellos, se definen, se autodefinen, se excluyen, se expulsan, se mienten, se traicionan, se escupen, se bendicen, se fusilan. Y siguen, no tienen fin. Cada uno manifiesta, afirma y sentencia ser peronista. Tal vez utilizan dobles, tal vez tenga relación con la cábala. Usted lector, que es uruguayo o filipino, no lo entiende. Usted está limitado por prejuicios, por falsos ídolos, por un pensamiento reaccionario que lo fosiliza. Pero nosotros, argentinos de alma, de corazón, argentinos hasta la muerte, somos peronistas. Somos los mejores en fútbol, en box y en automovilismo. Somos los mejores en basquet y en tenis. Y cuando no lo somos nos convertimos en campeones morales. Décadas escuchado esto, leyendo esto.

No existe el fascismo ni el falangismo ni el marximo. Tampoco existe el anarquismo. Respiramos hondo. La historia los descabezó. Sólo, de pie ante la eternidad, con bombos y flequillos: el peronismo. Déjeme explicarle. Es más complejo que explicar lo de la Santísima Trinidad. Todo es teatralidad, confusión, bordes equívocos. Espacios dramáticos, comunes denominadores, enclaves provinciales, municipales, barriales, sostenedores de estampitas, de rezos, de votos, de miseria. ¿Comienza a entender, a darse cuenta? Acá está la obediencia debida, el jefe, los chambelanes de turno, los furrieles, el agua bendita, la chapa para el techo, la renovación y la aventura, la corrupción y la solidaridad, lo hegemóncio contra lo bastardo. Escúcheme bien. Aquí, en ciertos pueblos del interior, cuando ven un billete de diez pesos -con la imagen de Manuel Belgrano- creen que es el General Perón. No le miento.

Ya sé, usted me dirá que hay otras cosas. Sin duda, sin duda. En la poesía esta el tema de la musicalidad, del sonido, del ser en la palabra. Si digo mariposa, quizá vuela mejor mainumbí, en guaraní, o volvoreta, en galego. Podemos hablar del cosmos, de temas ecológicos, del problema económico en los países europeos o del hambre en Américalatina. Del terremoto en Haití, de la ocupación, del racismo en Italia o en Francia, del triunfo de la derecha en Chile o de la nueva esperanza entre los orientales. Podemos decir mistral, abrupto, pupitre. O como decía el poeta: “qué sucios ibamos entonces, pero qué limpios éramos”. En un país donde los jóvenes de veinte años dominan unas quinientas palabras importa poco y nada. Si, ya sé, no me lo reitere; hay otros ejemplos, jóvenes talentosos e intelectuales sólidos.

Pero vivimos entre yuyales, potreros, matorrales, dormitorios emplazados en plazas, olores nauseabundos, escruchantes, bolsas de basura amontonadas, cartoneros, carrusel de niños famélicos, chicas embarazadas y descalzas, juicios vergonzosos, gobernantes inescrupulosos, colectivos destartalados, veredas destrozadas. Guetos por toda la ciudad. Un apartheid oficial que nadie quiere ver, que ven, que nadie responde, que se hacen los distraídos, que se va tomar el toro por las astas, que se limpian los monumentos, que se hacen más subterraneos… Sin hablar de los onas o de los ranqueles, de los cabecitas negras, del desamparo.

Alquien dirá: Penelas, qué me cuenta de la documentación del FBI y de la CIA donde se llegó a fotografiar a Kennedy y a Marilyn desnudos en una bañera. Y las tramas de la alta política que publicó el periodista francés Francois Forestier. Sí, podemos escribir sobre eso, sobre la guerra de Vietman, sobre la infamia de los marines en toda nuestra América, sobre los crímenes de Stalin o las invasiones yanquees a cada lugar donde supuestamente peligraba la paz y la libertad. Podemos hablar de la hipocresía en el mundo en cada gobierno, en cada municipio, en cada cárcel. Y del populismo, de la irracionalidad, de los entremeses. De la drogadicción, la homosexualidad o de la madre Teresa de Calcuta. Pero hoy sólo quise hacer un artículo de ocasión, ligero, sin trascendencia. Somos amigos, no puedo tratarlo mal, no deseo tener un tono autoritario o pedante.

Es alucinante vivir en este territorio. Hay una cultura de la fachada, hay diputados jacobinos y de los otros, hay rostros efímeros que saben de todo y nos hablan por televisón tres veces por día. Hay zócalos, mentiras, estertores y escenografías pobremente diseñadas. Mientras, el desguase de los bienes nacionales. Se necesitan de los excluídos para poder gobernar estos lupanares. Se necesita mutilar. Es imprescindible ser enfático, tener discursos sobreactuados, acudir a la gran revolución nacional, social y popular. No hay mutaciones, caro lector, es siempre lo mismo. Un proverbio no es una razón, escribió Voltaire.

Carlos Penelas
Buenos Aires, febrero de 2010

viernes, febrero 19, 2010 No comments

Narrativa, poesía y crítica de libros.

Se dicta una vez por semana en clases individuales, horario a coordinar con el tallerista.

Informes penelascarlos@yahoo.com.ar y 4371-6686.

Agradecemos la difusión.

martes, febrero 09, 2010 No comments
Publicamos las traducciones al gallego que generosamente hiciera Edmundo Moure de "El banco" y "Encuentro".

O tocón da cociña

Fito o tocón da cociña. Neste tocón sentaba o meu pai. O descubrín moitas veces pola mañanciña, silandeiro. Fumaba o seu charuto de tabaco bruno i ollaba para os canarios. Bebía un mate amargo; costume da comarca de El Bolsón e da soedade. Cando eu espertaba xa ía tempo que el ficaba alí. Silandeiro, latricando coas pantasmas. Seguro que tiña as imaxes da rúada das Xás, dos nubeiros, dos trasnos. Nada máis víame, alcendíanse os seus ollos, abandoaba os deuses penates, o esquecemento, a mar insondábel, a Cordilleira dos Andes. Agora decátome delo. Recén agora, cando descubro o tocón no mesmo curruncho onde el sentaba. -Pasaran máis de trinta anos- Máis. Por que hoxe?, pregúntome. Daquela citaba a Cervantes ou a Shakespeare. As veces preguntábame se eu gostaría xantar unhas lentellas ou se o domingo íamos ver aos Demos Vermellos [1], na Visera. O tocón está alí. De pe eu o enxergo. Paréceme escoitar un prego que non entendo non, engaiolado pola minguada cunca da ialba e da noite. Un canto afogado ou hino xorde nalgures. Non sei se o que evoco é real, se todo non é máis cunha viaxe ao país dos soños. Se iste home ergueito, casado e pai de fillos, que voltou ao Principado de Espenuca, que escribe cantigas, non foxe do abismo, da lingua velenosa e do desacougo. As veces fica ensimesmado, coma aquela cadela fidel que albiscaba os seus ollos.

Carlos Penelas
Bós Aires, decembro de 2009

[1] Diablos Rojos: Denominación popular de los jugadores de Independiente de Avellaneda, en Buenos Aires.

Encontro

Hoxe viñeches verme, Nai.
Eu lía cando sentaches
-chea de decoro, nobre no desvelo-
na antiga cadeira de carvallo.
Pedíchesme repetir aquel conto;
na miña nenez, as vegadas facíache sorrir.
Encardineino coma só pode facelo un home
que deixou de crer en certas profecías,
cando a piedade botou fóra as pantasmas do seu reino.
Díxenche, ademáis, que decote
nas azas da saudade do serán
na cachoeira das sombras,
lembraba o teu pasamento coma unha lonxanía.
E asemade dixen que o pior
non fora ise fío lene da lembranza
nin o desvelo do muro,
nin a eternidade nin o desacougo da ialma.
O pior, o pior… Nai,
(lembro que o confeséi marmurando)
fora que non pudeches máis matinar en min
agora facíase imposíbel a túa vixilia.
Logo, acomodaches a túa mantiña
e os teus ollos esvararon no abismo dos meus.

Carlos Penelas
Bós Aires, xaneiro de 2010

viernes, febrero 05, 2010 1 comments
Hoy has venido a verme, madre.
Estaba leyendo cuando te sentaste
-decorosa, nobleza de desvelo-
en el antiguo sillón de roble.
Me pediste repetir aquella historia;
en mi niñez solía hacerte sonreír.
La urdí como sólo puede hacerlo un hombre
que ha dejado de creer en ciertas profecías,
cuando la piedad expulsó de fantasmas su reino.
Te dije, además, que a veces
durante la nostalgia de la tarde,
en el torrente de las sombras,
evocaba tu muerte como una lejanía.
Y también dije que lo peor
no era ese hilo sutil de la memoria
ni el desvelo del muro,
ni la eternidad o la debilidad del alma.
Lo peor, lo peor… madre,
(recuerdo que lo confesé balbuceando)
era que no podías pensar más en mi,
ahora era imposible tu vigilia.
Luego, acomodaste tu mantilla
y tus ojos se abismaron en los míos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010
miércoles, febrero 03, 2010 2 comments

Miro el banco de la cocina. En este banco se sentaba mi padre. Lo descubrí muchas veces por la mañana, en silencio. Fumaba su cigarrillo negro y observaba los canarios. Tomaba mate amargo; un hábito de El Bolsón y de la soledad. Cuando me despertaba hacía tiempo que ya estaba allí. En silencio, conversando, con sus fantasmas. Seguramente tenía imágenes de la procesión das Xás, de los nuberos, de los trasnos. Al verme se le iluminaban los ojos, dejaba la presencia de dioses paganos, el olvido, el insondable mar, la Cordillera de los Andes. Ahora me doy cuenta de ello. Recién ahora, cuando descubro el banco en el mismo lugar donde él se sentaba. Pasaron más de treinta años. Más. ¿Por qué hoy?, me pregunto. ¿Por qué? Entonces me citaba a Cervantes o a Shakespeare. A veces me preguntaba si quería almorzar unas lentejas o si el domingo veíamos a los Diablos Rojos, en la Visera. El banco está allí. De pie lo miro. Me parece escuchar una oración que no comprendo, fascinado por la menguada copa del alba y de la noche. Un apretado canto o himno surge de alguna parte. No sé si lo que evoco es real, si todo es sólo un viaje onírico. Si este hombre que está de pie, casado, con hijos, que regresó al principado de Espenuca, que escribe poemas, no huye del abismo, de la maledicencia y la congoja. A veces se queda ensimismado, como aquella perra fiel que miraba sus ojos.

Carlos Penelas
Buenos Aires, diciembre de 2009

lunes, febrero 01, 2010 No comments
Querido amigo, intento, en toda oportunidad en que te leo, pensar que tu madre es tu madrecita y no la mía. Que tu padre no es quien respira recuerdos a mi lado. Que la infancia de Carlos P. , la patria que nos alberga, la militancia, que la poesía, las mantillas delicadas, la música de los hogares dibujando tu memoria, no es la mía. Pero sin embargo, es tan cautelosa tu palabra, tan serena de nostalgias, que llega llega llega, y se arremansa en mi pecho con el estremecimiento de la ternura, de la tinta humilde de los grandes poetas y con la visible mirada de un verdadero creador.

Recibe mi cariño de lectora y amiga,

Lidia V.
domingo, enero 31, 2010 No comments

Créame, silencioso lector, vivo confundido. No son los años, de verdad le digo. Si lo fueran no tendría inconveniente en confesarlo. Todo me resulta extraño, grotesco. Siempre ame la puesta de sol o el despertar del día. Siempre goce en soledad o en compañía de una hermosa muchacha cada crepúsculo. Me gusta apoyar mi cabeza en sus muslos o en su vientre y contemplar lo mágico, el ensueño. No ir descubriendo constelanciones ni contar que el reflejo que seguimos viendo en el agua o en el bosque es efecto del sol y no de la luna. Aprecio el estar, el dejarme llevar, el evocar cada mujer bella con la actual. O como la actual borra las imágenes de las otras.

Ahora se sacan fotografías. Jóvenes y seres adultos sacan fotos y miran de inmediato a través del teléfono celular o de la camarita cómo es la puesta. Y hablan, se ríen, se apiñan con botellas de cerveza. Los secretos y los sentimientos deben ser llevados al límite, aunque se fracase. Siempre vivimos la crisis entre lo que deseamos y podemos alcanzar, siempre la realidad socava el ensueño. Pero eso no importa. En nuestra juventud Ingmar Bergman nos enseñó cómo son las historias de amor. Para toda la vida.

Los jóvenes hablan por celulares todo el tiempo y juegan al Pókemon. Y llevan la laptop como identificación social, de clase, de ser. Vivimos la era de los inmigrantes digitales, se lee el libro electrónico de Amazon. No me siento amenazado por el mundo de las pantallas, querido amigo. No piense eso. Sucede que los muchachos no escuchan, sienten como pueden, andan con los auriculares del MP3, se comunican con mensajitos de textos. Y aparentan estar abombados. Los adultos también, qué duda. No hablo de parámetros, no quiero ser cruel. Ni tonto. Hay una industria del deseo que pasa por Internet. No hay libido, no hay vértigo. Con mi amada siento vértigo, siento pasión. Siento. Hay ambigüedad, hay posibilidad de discutir, de pensar, de hacer el amor en la alfombra o bajo la ducha. Me parece que “los otros” al no saber decir, al no sentir; no saben, no sienten.

Cuenta la leyenda que en la antigua Inglaterra la gente no podía tener relaciones íntimas sin contar con el consentimiento del Rey, a menos que se tratase de un miembro de la familia real. Cuando la gente quería procrear debía solicitar un permiso al monarca, quien les entregaba una placa que estaban obligados a colgar afuera de su puerta. Mientras tenían relaciones, claro. La placa decía “Fornication Under Consent of the King” (F.U.C.K.). Ese es el origen de tan socorrida palabra que solemos escuchar en las malas películas. Como ven, queridas lectoras, hay cosas que vienen de otras. El amor en los tiempos de cólera no siempre proviene de los brotes coléricos. Y los grandes pintores, Brueghel o Bosch, representaron las pestes. Pero ese es otro tema. ¿O no?

Dice nuestro querido Zygmunt Bauman: “El cuerpo no es sólo la sede y el instrumento del deseo, sino también un objeto del deseo”. “Es el cuerpo el que señala y el que habla”, escribió para el universo Maurice Merleau-Ponty. De eso se trata en las puestas de sol. De eso hablamos cuando nos referimos a la libertad, a la creación, a la anarquía, al amor. Solamente. De lo contrario hay un mensaje equivocado en las caderas de la amada, en sus senos, en su mirada. Ningún aspecto del cuerpo puede escapar a nuestra atención. Como en el recordado film de Bergman. O como en la Garota de Ipanema de Antonio Carlos Jobim. En fin, que estoy confundido con el tema de las fotografías ciegas, los mensajes de texto, el tedio represivo, el envejecimiento de los jóvenes y el aburguesamiento de mi generación.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

miércoles, enero 27, 2010 1 comments

El verano agita la incertidumbre sustentada
deslizándose sutil en las panaderías.
Restaura el desorden del gozo y de la fábula.
Apenas separada nombra la ausencia,
el olvido de la tarde aprisionado en el mirar,
perdido como un pájaro distraído.
El verano duerme su destierro,
la hartura consumida de una sombra.
Y un jacarandá llamando
debajo de grandes cielos azules
la frescura del aire y de la inmortalidad.
Un hálito apenas, un descuido estremecido
besando el rostro de la amada,
despertando la mano ritual entre las ropas,
las tibias riberas que devoran misterio.
Y la noche brilla en locas aluciones,
en la humedad del pubis
dejando párpados en su cabellera,
en delgados y melancólicos lechos
que levantan cuerpos sin desmayos,
escuchando los mundos en el recogimiento.
(Uno viaja sin moverse en un bosque flotante.)
Cuerpos con voces remotas en el mayor abandono
de la desmemoria, de la incansable belleza
mojando la luz y las nubes errantes.
Entrando, ¡oh, peregrino!
en la prisión airosa de la melancolía.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2010

jueves, enero 21, 2010 No comments
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