lunes, 5 de abril de 2010

Simón Radowitzky: un mito anarquista

Fue el vindicador anarquista de la sangre obrera derramada por Ramón Falcón durante la Semana Roja. Pasó dos décadas preso en el infierno del Penal de Ushuaia, la Siberia argentina. Uruguay, España y México fueron sus destinos en los años de libertad de un luchador que jamás renunció a sus ideas. Opinan en Revista Sudestada de abril Alejandro Marti, Carlos Penelas y Roberto Fernández.


1. No hay caso. A la nostalgia no hay con qué darle. Eso que intenta olvidar desde el primer día, desde el primer amanecer que presenció con los ojos húmedos en el puerto de Veracruz. Pero no hay caso. Cada mañana desde su llegada a México extraña el sabor despabilante de un mate caliente. Cuando camina rumbo a la fábrica. Cuando escucha las discusiones de los compañeros. Cuando vuelve a casa. Cuando la noche aparece y con ella los dolores en las piernas, la tos con sangre, los calambres en el cuerpo gastado. Contra la nostalgia no hay receta, lo sabe Raúl Gómez Saavedra. Ni siquiera ese nombre, esa identidad prestada de apuro para conseguir la nacionalidad mexicana, alcanza para dejar atrás el rigor de la memoria. No. Raúl Gómez Saavedra pierde cada mañana el duelo contra sus recuerdos. Y allí, en la soledad de su pieza pequeña, vuelve a saberse Simón Radowitzky. No el joven aquel, protagonista del atentado más notorio del siglo en un lejano país llamado Argentina. No el curtido presidiario nº 155 que aprendió en Ushuaia que hay algo peor que la muerte. No el soñador intransigente que nunca aprendió que escapar de allí era imposible, que nunca supo contener la furia de la esperanza cuando le quemaba las entrañas. No el hombre que imaginó mil veces su vida fuera de aquellos muros lúgubres. No. Ahora es un viejo cansado, aquejado por mil dolencias, que negocia con su artritis para trabajar como puede en una fábrica de juguetes, que regresa cada tarde a su piecita, una construcción improvisada en la terraza de una casa ajena.

Quince años en México y ni un solo día pudo derrotar a la nostalgia. Ese amanecer rojizo, la ventana abierta, la melodía del mar dándose la cabeza contra los acantilados, el murmullo de los compañeros, el olor a tinta de la prensa libertaria en el mimeógrafo, todo conspira contra Raúl Gómez Saavedra. Todo despierta del letargo a Simón Radowitzky, al silencioso camarada, al viejo respetado y escuchado por los jóvenes, al vindicador de la sangre obrera...

Walter Marini y Hugo Montero
(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº87 - Abril 2010)

3 comentarios:

  1. Estimado Carlos Penelas, mi nombre es Adriana Conesa y soy una de los tantos nietos que tuvo Orencio Conesa, aquí en Argentina. Fue un orgullo para mi ver lo que has escrito sobre mi abuelo y te lo agradezco muchísimo. Te resuelvo dos misterios: no nació en Orense, nació en Murcia el día 1º de septiembre de 1899, donde según mamá me ha contado, a los ocho años comenzó a trabajar con su padre en una mina.

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    1. hola adriana conesa,mi nombra es alexis de la ciudad de rosario y hace unos cuantos años vivo en murcia........estoy muy sorprendido por el dato de tu abuelo y me gustaria saber de su vida aki.......desde ya muxas gracias mi mail es cjaystrike@hotmai.com

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  2. Muy buena nota. Me devoré ese número de Sudestada.

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