viernes, 2 de abril de 2010

"Viajero con una soledad" en "El arca digital"


La belleza de la palabra puesta al servicio de la inteligencia, es la primera reflexión que sugiere una también primera lectura de esta serie de notas-poemas que sostienen la utopía de un corazón libertario. Se podría decir que este Viajero con una soledad es un poemario de amor, pero ¿de amor a una mujer? Tal vez sí, es probable, pero lo que subyace en la profundidad del discurso poético de Carlos Penelas es el amor al ser humano, simple y libre, en una celebración permanente del intenso misterio de la vida, con sus altas y sus bajas, con sus esperanzas y sus desesperanzas, con sus milagros y miserabilidades. En estos tiempos en que la poesía suele venir maquillada de fatuidad y que el hombre común ha sido llevado a interesarse más por las banalidades que ve y escucha por los medios de comunicación, se hace necesaria una poesía o prosa poética -lo que vale es el fondo, no la forma o el estilo- que "lo aleje de la maldad y del infortunio". La poesía de Penelas - hijo y nieto de gallegos que han vivido las consecuencias psíquicas, espirituales y morales de situaciones devastadoras en su tierra y lo han soportado todo con estoica dignidad, apoyándose en ideales y creencias positivas- por momentos recuerda el énfasis, la pasión, el ardor de Pablo Neruda. Hay algo que nos hace pensar que ambos son hijos del mismo sueño, pero en los textos de Carlos Penelas también se encuentran vestigios de la cantarina y melodiosa voz de Federico García Lorca. Hay una sensualidad exultante que se advierte más allá de lo que canta. "Así fui buscando la dignidad y el orgullo de los abuelos. Sus voces bendecían mi corazón sin que yo lo supiese. Poco a poco las voces son más diáfanas, más nítidas. Me cantan al oído rebosantes, me descubren manos, nobles y callosas. Soy como un niño cuando vienen a mí (...) En estas voces bebo los efímeros días que marcan los hechizos. ¡Oh, poema y rosa del desorden! ¡Oh, voz vagabunda en el Jardín de Acracia, en la morada del silencio y la palabra!"

Lejos de lo bizarro, de la vulgaridad y la chabacanería, tan comunes en estos tiempos, la poesía de Carlos Penelas, cuya sensibilidad se advierte también en sus propios dibujos - con los que enriquece los textos- se torna necesaria.

Nina Thürler
Revista "El arca digital"

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