Compartimos el video de la conferencia "Literatura y sociedad" que Carlos Penelas brindó el martes 22 de junio en el ciclo de charlas on line organizadas por el Club del Progreso.
Por Manuel Gayol Mecías
La calidad poética de Carlos Penelas es su propia naturaleza. Quizás tengamos que pensar un poco en la utopía de lo literario, más específicamente, en la utopía de “lo poético”. ¿Esto me querría decir que el ser de Penelas es de ficción?, ¿porque es único?, ¿porque respira la energía de las palabras? Dentro de la dimensión imaginaria que cabe en la conciencia de los seres humanos, Penelas puede parecer algo virtual, algo insólito. ¿Incluso, puede semejar alguien que representa a los seres primigenios del mundo que solo vivían en la Imago de la poesía?
Carlos Penelas puede decirme entonces: —Todos estos aspectos que me estás atribuyendo ¡son un desvarío!
Pues sí, querido amigo, para mí no hay nada más literario, y en este caso, poético, que cuando desvariamos por el propio sentido poético que nos va llegando. No obstante, mi desvarío no es otra cosa que una inspiración, nada ficticia, nada artificial. Los versos de tus poemas actúan en mí como una fe de que la convicción de la ficción y lo poético son también una condición de vida. Y, por tanto, conforman la vida del ser. Y usted lo es, amigo mío. Usted es un ser privilegiado por su propia naturaleza.
No hay nada más que leer este estimulante libro de Gustavo Merino: Conversaciones con Carlos Penelas (Buenos Aires, Fundación Industrias Culturales Argentinas, 2021, 116 páginas) y posiblemente encontraremos lectores que dirán que mi desvarío es pobre, que no conlleva la riqueza de las ideas que merecen tus definiciones de la vida, de los seres humanos, de la creación cualquiera sea; en fin, del amor por este mundo. Por eso, ante ese lector (que ojalá fueran muchísimos) que me tachará de injusto, porque mi desvarío es muy poco, muy reducido, diría ese lector, pues rectifico y trato entonces de ampliar mi despropósito, de convertirlo realmente de un dislate o disparate en un sueño, o en la fantasía real de mi propio delirio poético.
Usted, querido amigo, padece del buen mirar de la conciencia, incluso escudriña los más inusitados recodos de la vida; usted anda siempre por los senderos filosos de la protesta, intransigente con la intolerancia, con el empecinamiento y el fanatismo, Usted es mi ejemplo clásico, y mi utopía de ser. Y lo más digno de todo esto es que usted es realismo viviente y terquedad fantástica, objetivo y corpóreo como el mismo mar de este planeta; usted es la magia de la palabra, de ella emana la savia, la lucidez, la metáfora exacta, justa y vibrante o la idea enriquecedora, sutil o fuerte, la idea del Poeta en medio de un ensayo. Usted enlaza las oraciones críticas y surgen así los versos. ¿Cuántas cosas no me pregunto a mí mismo, cada vez que leo un poema suyo? Y la respuesta puede ser tan amplia como un libro, como un tratado de la más venerable filosofía existencial. Y es que tus poemas, tus ensayos son un reclamo a la vida, un reclamo a las equívocas invenciones de este mundo. Eres el sueño abierto del mundo que queremos.
¡Cuánto amor destila este libro! ¡Cuánta justicia en tus palabras! En realidad, hay que agradecer mucho a Gustavo Merino que sabía muy bien lo que hacía, cuando te propuso hacer este libro. La estructura es simple: va por los meses en que se reunían. Es un libro exactamente natural, espontáneo. Solo necesitaba ordenar tu sensibilidad, sacarla con cierto sentido cronológico. Sin embargo, en realidad, el tiempo no importa aquí, porque las ideas, los conceptos, las anécdotas de las que hablas, los seres de los que vas encontrando los calificativos precisos, tu agradecimiento sincero a tu familia, a tus amigos, a tus maestros y profesores, y fundamentalmente en el libro eso que resalta la exactitud de tu recuerdo es algo universal, sin tiempo. No se puede ser más humano, más culto, que cuando hablas de las verdades y de los demás. Es esto lo que te refleja, lo que forja incluso tu sensibilidad poética, o la audacia de las ideas en tus ensayos. Esa vocación que has tenido siempre de ser un forjador; un hacedor de seres nuevos.
Hay otra cosa que sobresale en el libro, y es la humildad de Gustavo Merino a la hora de comentar o de preguntarte algún tema, a la hora de ponerse plenamente, en función de tus palabras. Pero también está la humildad que sale de ti, de tu manera tan natural de decir las cosas más sencillas y las más eruditas, las anécdotas tuyas, supuestamente triviales, que alcanzan el borde de lo extraordinario, sin dejar de ser hechos sencillos o seres breves. Es un saber combinar lo aparentemente frágil de la vida con la riqueza cultural de los acontecimientos. Y entre Merino y tú logran que del libro salte una grandiosidad humilde.
Merino es sabio, un excelente periodista cultural, sabe cómo preguntar, pero también es de notar que conoce mucho tu obra y, más importante aún, conoce tu alma, tu fuego interno. Por eso no deja nada al azar, escurre y filtra tus secretos. Y sabe que no tienes nada de qué arrepentirte. Tu mirada es limpia, tu crítica es inequívoca, extremadamente certera:
El Estado, sobre todo en los países del tercer mundo, busca la conciencia colectiva, la arbitrariedad encarnada en el pueblo. Y la conciencia colectiva no existe desde el punto de vista ontológico. Es difícil hacer entender a políticos, sociólogos o intelectuales que ninguna multitud existe orgánicamente, que incluye a todos y a cada uno de los individuos. Allí suele aparecer el aparato del miedo, la propaganda, la masificación. Ahí se confunde la noción de pueblo con la de masa. Criticar lo que se dice desde el poder resulta perverso, resulta aquello que no está autorizado. La minoría constituye el antipueblo, la escoria, la traición. Afortunadamente, quien lee está siempre solo. Cuando uno escribe lo hace no sólo desde Penelas su pensamiento, su ideal, sino desde su territorio. Uno tiene un cuerpo. De allí escribe. Hay, además, un balanceo intelectual entre urgencias y precauciones, entre tensiones que se atenúan en los reconocimientos espirituales y las figuras especuladoras, arribistas. (pp. 87-8).
Si Merino hubiera querido podría haber hecho largas disertaciones con sus correspondientes preguntas, pero entonces habría sido un libro con el título solamente de “Conversaciones”. No obstante, en realidad, este no era el propósito, sino el de resaltar específicamente tu dimensión interior, tus preocupaciones, tu cosmovisión de las cosas de este mundo. De ahí que el autor haya sabido tomar el rol de intermediario entre tu pensamiento y el del lector, para constituirse en un guía, en la cuerda para ayudar al lector a entrar y salir del laberinto de Penelas.
Merino ha encontrado en ti la cultura argentina y, por supuesto, la cultura universal. No todos los poetas y escritores pueden tener la virtud de engarzar ambos espacios culturales. Para muchos ya, tu nombre está teniendo el significado de lo local con lo universal, y no creas, no es tan fácil poder tener esta sinergia. Por ejemplo, un caso evidente de ello es Jorge Luis Borges, que lo mismo te hacía un cuento de la pampa y luego otro de Mesopotamia. Y es que en la pampa se encontraba lo universal y en Mesopotamia hallábamos un espacio argentino. Por eso tu literatura, tus ideas son enriquecedoras. De aquí que no solo sean los argentinos los que te agradezcan tus escritos, sino asimismo nosotros los que no somos argentinos. En definitiva, leyéndote podemos ser argentinos, gallegos, cubanos o estadounidenses. Eso es un privilegio que tienes, el hecho de ser universal y Gustavo Merino lo ha sabido apreciar.
Otra de las cosas importantes que emana de tus ideas en este libro es el hecho de que nos enseñas lo que de esencial cuenta en cada obra literaria, la visión que puede darse en cada investigación sociológica, en cada filosofía, en cada marca que el hombre deja en la Tierra:
En los “otros clásicos” de juventud perenne y maliciosa inocencia —Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, La dama de las camelias, Sandokan, 20.000 leguas de viaje en submarino— por citar algunos, sus páginas están aún vivas pues hay delito, ambición, soledad, romanticismo o venganza. Creo que existen varias razones para aceptar estas conjeturas. No tienen el lenguaje vasto ni el talento de Góngora o de Thomas Mann, carecen de la dramaticidad de Esquilo o de Chéjov o del refinamiento estilístico de Cernuda. Sin duda, jamás adquieren el nivel filosófico de Nietzsche ni la desbordante sensualidad y melancolía de D. H. Lawrence ni la angustia y el mundo fantástico de Kafka. Pero en aquellos libros sentimos la cercanía de personajes inolvidables que nos hicieron soñar y nos permitieron acercarnos al milagro de la esencia y la probidad. (p. 94).
Tener esta mirada acuciosa es vivir la posibilidad de crear vergüenza, honradez, sueños que pueden profundizar en la naturaleza humana. Es advertir también que el hombre es la incertidumbre misma, que va de lo malo a lo bueno y viceversa; que el ser humano es tan complejo como los misterios del universo.
Por lo que veo, tu familia fue tu gran escuela. Aprendiste con los tuyos a compartir el mundo y, al mismo tiempo, tus conocimientos se han llenado de todas las participaciones posibles. Esto, en esencia, es así en todos los creadores, pero lo que resalta en tu caso es que tu estás consciente de ello y te das gusto y orgullo citar autores, pensadores, maestros, profesores. Esa amplísima cultura que tienes no es para ti un orgullo individual, no es vanidad, estimado Carlos, es solidaridad, reconocimiento; es aceptar que el mundo no es solamente de uno, sino de todos; que este libro no es tuyo nada más, sino de Merino y del lector que se lo apropia. Ese lector que cuando lo termina, cuando cierra la última página, se siente transformado, al menos, se siente una persona diferente, una persona mejor a la que antes no lo había leído.
El ojo del poeta, a veces, es más que un microscopio; detecta las intimidades no solo de los seres humanos, sino hasta de la época. No tienes que ser científico, sociólogo ni politólogo. El ángulo de tu mirada abarca los lados y los bordes, pero penetra mejor todavía en lo profundo de los hechos, de las acciones, de los cambios Logras ver lo mucho o lo poco de un espíritu colectivo. Es una masa artificial cubriendo el mundo; es la mediocridad de lo egos. Efectivamente, como dice Merino: “Se ha empobrecido todo”. Y lo constatamos en tus palabras:
Estamos en lo que se ha denominado la “desterritorialización” cultural. Que implica poesía minimalista y taquigráfica, plagios cómplices con editoriales y lectores, aumento de mercado, basura informática, lenguaje electrónico: es decir, enmascarado, superficial, cómplice de un sistema que se cae irremediablemente. Populismo, industria cultural, falsificaciones. No queremos ver, sólo señalamos ciertos síntomas, ciertas verrugas. Con infatigable tenacidad olvidamos, borramos y nos embrutecemos. Y vienen los profesionales con aire doctoral. Mi buen Camus escribió: “La necesidad de ser correcto es la muestra de una mente vulgar”. (pp. 101-2).
Vivir en “lo políticamente correcto, en lo culturalmente correcto” es vivir bajo imposiciones de intereses. Y eso ya lo conoces al dedillo, en realidad, es vivir bajo la dependencia de una minoría que de una u otra manera se aprovecha de los demás. Crean las condiciones con una doctrina, una ideología y hasta con un estilo de vida. Por ello, no soy muy optimista del futuro, porque incluso los cambios (porque en realidad todo cambia) nos transforma y nos hace vivir de otra manera, con la corrección de nuevos tiempos. Y es porque tampoco creo en una vida existencialmente correcta, un pacífico ciudadano que acepta sin chistar los cambios de una tecnología y de una… ¿espiritualidad? Que nos van hacienda confortablemente dependientes.
Mucho hay que decir de este libro y, de hecho, mucho habrá que escribir de tus ideas, de tu poesía, de tu proyección como ser humano. Espero, al menos, que el futuro no se olvide del presente eterno que puede ser este libro. Siempre será muy bueno recordar las conversaciones de Gustavo Merino con Carlos Penelas.
Manuel Gayol Mecías
Eastvale, California, 2021
El libro puede leerse on line acá.
miércoles, junio 23, 2021
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Vilagarcía de Arousa, Galicia, España, 1997
M.L.T. Editor.
Con ilustración de Ángeles Valladares.
Plaqueta. Prosa.
domingo, junio 20, 2021
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El martes 22 a las 19 horas, por la plataforma Zoom, Carlos Penelas dará la conferencia "Literatura y sociedad" en el ciclo de charlas organizadas por el Club del Progreso.
El link para acceder a la conferencia es el siguiente: https://us02web.zoom.us/j/83139596691
viernes, junio 18, 2021
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Conversaciones con Carlos Penelas, de Gustavo Merino, fue publicado en la web de la Biblioteca Virtual de Galicia Digital.
El libro puede leerse on line o descargar en el siguiente enlace:
Además, podrán encontrar otras obras de Penelas disponibles en la Biblioteca Virtual haciendo click acá.
miércoles, junio 16, 2021
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| Robert Doisneau, 1951 |
Debo decirlo sin premura.
Eres bella como esas mujeres que aparecen en mi alcoba,
como esas mujeres que perduran el ensueño.
También debo expresar que es una obsesión
que nace de los puertos,
del humo de los trenes cuando llueve
o de las velas que despliegan los marinos
en la boca del mundo.
Ella viene a mí, gira su cabeza y no sonríe.
Imagino la desnudez cargada de instinto
entre mercaderes hablando un dialecto
en un pueblo de ofrendas y senderos.
Hilos de amor que nacen
con el fuego del atardecer,
entre fábulas y puertas y maletas.
La descubro con su cabellera sobre el hombro
en un otoño sin viento, sin latido.
Y me mira desde la melancolía o el desdén.
Pero su boca no devuelve la palabra
ni presagia los signos de la noche
A veces siento este otro silencio
como un capricho de la memoria.
Dime ¿Dónde estamos?
Carlos Penelas
Buenos Aires, 13 de junio de 2021
Dime ¿Dónde estamos?
Carlos Penelas
Buenos Aires, 13 de junio de 2021
lunes, junio 14, 2021
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Buenos Aires, 2020.
Fundación Industrias Culturales Argentinas.
Con viñeta del autor.
Poesía.
I
Tal vez no sepa gran cosa
de las vastas hojas balanceadas
o del horizonte arrebatado de la noche.
¿Me oyes, padre, sombra o misterio?
¿Éste asteroide, de dónde viene?
¿De qué cielo de hidrógeno?
Y los silicatos ¿qué migraciones buscan
en un mar de espejismo?
¿Y la luz que sube
desde la melancolía y la lluvia?
¿Y mi nombre, mis ojos o mis manos
a qué espacio o cosmos regresan?
¿A cuál nada solitaria, a qué barca?
II
Sólo mi voz recoge el aire
dejando un mundo que acosa y huye.
En la galaxia mi silencio,
el retiramiento, la oscuridad lenta,
pequeños talismanes, laberintos,
la imagen de antiguos cuartos,
los caballos criollos de unos gauchos,
aquella fina arenilla de una playa del sur,
beatitud del grillo, sutilísimo,
desabrimiento, luz mutable,
breve rosa del sueño.
¿De qué vale el poema o la estrella
que ascienden con denuedo
si el Destino ha de golpear mi rostro?
III
Heme aquí, ante un presagio
como un pájaro cárdeno,
en el cielo de una aldea del mundo.
Lo he visto en la mirada de una mujer,
en un mediodía al caminar por el parque
acompañando la desnudez áspera del viento.
Lo he atisbado en un bazar de Barracas al Sur
entre violines y fonógrafos.
Somos parte de una clepsidra
que suelta transparencia y ocio,
la intimidad vulnerada en un follaje.
Miro los astros desde un rumor oceánico,
el amanecer de dioses persistentes
en la ceremonia del asombro.
IV
La fugacidad toca el alba
junto a la brisa de relojes nocturnos.
Amigos, hay un temblor
de hilos en esta ebriedad de brújulas,
cierta insularidad que callamos,
momentos íntimos que parecen eternos.
Y no, tampoco es eso.
Es un leve temblor, una lámpara
temblorosa, frágil, sin alas.
O cierta mitología de la Plaza Rodríguez Peña.
¿Qué tiempo hemos descuidado,
qué soledad, qué escrupuloso julio?
Es un hálito de la vigilia,
apenas un latido que pasa.
Y no llegamos a verlo
en la desnudez que nos sorprende.
V
¿Qué harás de ti, ahora,
en esta lejanía que empuja la intemperie?
A veces creo que es un sueño
de las soledades, de la luna que abandona
el desvelo por tanta inmensidad
en el fulgor de una llanura.
Sé de guerras, de mutilaciones.
Y de horrores, vejámenes, exilios.
Sé de amantes, de cartas, de viajes.
Es cuando intento escribir
desde el vaho de la umbría
la leyenda apartada de la infancia.
Abierto, distraído, ausente.
Como un vagabundo
en una noche de verano, levísima.
VI
Las campanas del monasterio
invocan una belleza irrecuperable.
Ensordecen el manantial, el bosque.
Entonces descubrimos a la hembra
en gracia celeste, rodeada de otoño,
de claridad suspendida, anhelante.
¿Me oyes, madre, desde tu delicadeza?
¿Qué espero, de verdad?
¿Cómo es el hambre, el lúmpen,
el desandar de la pobreza en la ciudad?
¿Qué desasimiento o devoción
penetra la sombra del ocaso?
Es cuando anhelo ciertas tardes,
los baldosones rojos, esta biblioteca.
Y permanezco en el umbral, despojado.
Carlos Penelas
Buenos Aires, noviembre de 2020
viernes, junio 11, 2021
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A Xela Arias, in memoriam
nunha póla de inverno.
Chega a túa voz feita de aire e naufraxio,
dunha terra enxebre, dunha terra fermosa,
labrada de pazos, de ritos, de fantasmas.
Coma a cabalo de veladas lámpadas,
entre a promesa e o esquecemento.
Chegas subversiva, abandonada.
Sempre hai un enigma no adeus
na herba do ceo ou dos ríos,
entre soños e moradas
Como un feitizo melancólico
ou coma un fulgor que cae doutra choiva,
na néboa dos deuses, luxuria, bóvedas.
Entón, o pan crepita nun forno durmido,
moi preto do mar, nas viriles terras
que xorden á sombra dos templos.
Un hálito, un desexo de afogada liberdade ,
un poema que non concibe a malicia.
E a túa alma suspendida nomea o segredo
no misterio que congrega a hedra.
Carlos Penelas
Bos Aires, 17 de maio de 2021
Tradución: Emiliano Penelas
Viajera nocturna asomada al cristal
en una rama de invierno.
Llega tu voz hecha de aire y de naufragio,
de una tierra enxebre, de una tierra bella,
labrada de pazos, de ritos, de fantasmas.
Como a caballo de veladas lámparas,
entre la promesa y el olvido.
Llegas subversiva, abandonada.
Hay siempre un enigma en el adiós,
en la hierba de cielo o de ríos,
entre sueños y moradas.
Como un hechizo melancólico
o como un destello cayendo de otra lluvia,
en neblina de dioses, lujuria, bóvedas.
Entonces, crepita el pan en un horno dormido,
muy cerca del mar, en las viriles tierras
que surgen a la sombra de los templos.
Un hálito, un deseo de ahogada libertad,
un poema que no concibe la malicia.
Y tu alma suspendida nombra el secreto
en misterio que congrega la hiedra.
Xela Arias (Sarria, 1962–Vigo, 2003) es la homenajeada por el Día das letras galegas 2021, que se celebra cada 17 de mayo. Definida por la Real Academia Galega como “una de las voces más destacadas de la poesía gallega contemporánea”. Su poesía es “singular, transgresora, sincera y comprometida”, informa la RAG, que también recordará su trabajo como editora y traductora de muchos clásicos universales al gallego.
Viajera nocturna asomada al cristal
en una rama de invierno.
Llega tu voz hecha de aire y de naufragio,
de una tierra enxebre, de una tierra bella,
labrada de pazos, de ritos, de fantasmas.
Como a caballo de veladas lámparas,
entre la promesa y el olvido.
Llegas subversiva, abandonada.
Hay siempre un enigma en el adiós,
en la hierba de cielo o de ríos,
entre sueños y moradas.
Como un hechizo melancólico
o como un destello cayendo de otra lluvia,
en neblina de dioses, lujuria, bóvedas.
Entonces, crepita el pan en un horno dormido,
muy cerca del mar, en las viriles tierras
que surgen a la sombra de los templos.
Un hálito, un deseo de ahogada libertad,
un poema que no concibe la malicia.
Y tu alma suspendida nombra el secreto
en misterio que congrega la hiedra.
Carlos Penelas
Buenos Aires, 17 de mayo de 2021
Xela Arias (Sarria, 1962–Vigo, 2003) es la homenajeada por el Día das letras galegas 2021, que se celebra cada 17 de mayo. Definida por la Real Academia Galega como “una de las voces más destacadas de la poesía gallega contemporánea”. Su poesía es “singular, transgresora, sincera y comprometida”, informa la RAG, que también recordará su trabajo como editora y traductora de muchos clásicos universales al gallego.
lunes, junio 07, 2021
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Reproducimos el comentario de Antonio Las Heras sobre el libro de Gustavo Merino, Conversaciones con Carlos Penelas.
Digámoslo ya mismo. Si dentro de cien años alguien tomara este libro y se ocupara en leer cada una de sus páginas, le resultaría suficiente para comprender cómo fue la segunda parte del siglo XX y las primeras dos décadas del actual. Lograría un completo panorama sobre la cultura de Argentina en particular y el mundo en general así como conseguiría hacerse una idea plena de lo intelectual, lo político, lo social, lo económico y hasta lo tecnológico y científico. Y lo más notable es que tendría toda esta valiosa composición de lugar, leyendo la interesante y amena entrevista que Gustavo Merino le hace a Carlos Penelas, quien es un ensayista, periodista y – en especial – poeta. No cualquier poeta, por cierto; sino uno a quien la vida le permite interactuar con notables de las artes, las ciencias y las letras. Conferencista y docente en numerosas cátedras tanto de América del Sur como de Europa. Un protagonista de la existencia. Viajero incansable. Penelas tal vez no lo ha pensado, pero podría repetir aquellas palabras de Neruda diciendo “confieso que he vivido.”
A través de esta obra conocemos a quien ideó y llevó adelante que Florencio Escardó fuera presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) así como también quien a las 20 horas de ese sábado 29 de julio del 2.000 reuniera a los periodistas para dar a conocer la trágica muerte del doctor René Favaloro. La relación entre ambos fue tan sólida que el cardiocirujano lo consideraba su hermano menor.
Aunque el entrevistado se defina como “un poeta”, lo real es que estamos ante un comprometido intelectual de gran valía, que no vacila ni titubea ni es ambiguo al momento de responder sobre situaciones claves de la existencia actual. Brinda su pensamiento, “sin pelos en la lengua”, como habrían dicho nuestros antepasados. No rehúye a ningún tema; desde el anarquismo, el aborto, las dictaduras, el Papa Francisco, el populismo, la música, sus análisis de cinéfilo y concurrente a salas teatrales hasta su pasión por el fútbol, deporte que practicó durante décadas al igual que sigue haciéndolo con la natación.
Veamos unas frases extraídas de “Conversaciones con Carlos Penelas” (compiladas por Gustavo Merino. Ediciones Fundación Industrias Culturales Argentinas, Buenos Aires, 2021)
“No hay ciudadanos sino votantes, consumidores. La calidad humana – en este territorio – no se eleva, por el contrario, propende en forma acelerada a su descomposición.”
“La mediocridad nos agobia. La cultura de fachada y la cultura de contrafrente nos abruma. Lo cortesano, lo oficial, lo burocrático, termina fatigándonos sin piedad.”
“El gran capital ha transformado a la literatura en algo homogéneo, ha comprado la industria editorial en todas partes, lo miso que los medios. No es ninguna novedad. Hay alternativas precarias de todas maneras, válidas, insurgentes. Vivimos una sociedad donde todo se articula en forma de apelaciones, de presuntos prestigios. Y las instituciones están definitivamente cristalizadas, caducas.”
Penelas habla simple y claro, con una precisión tal que torna sencilla la comprensión de sus ideas para toda persona. Gustavo Merino muestra genuino oficio de entrevistador: conoce cómo hacer la pregunta, dónde repreguntar, el momento justo para pasar a otro tema. No deja aspecto alguno inconcluso. Lo que el lector valorará en todo momento.
Era necesario este libro. Y era necesario así, en forma de conversaciones. ¿De qué otra manera poder conocer en profundidad el pensamiento de alguien que – mediante su claridad de objetivos e incansable perseverancia – pudo conocer y compartir con Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Lainez, Diego Abad de Santillán, René Favaloro, Luis Franco, Enrique Molina, Graciela Maturo, Juan L. Ortiz, María Adela Renard, David Viñas, Osvaldo Bayer, Jorge Prelorán, Eliseo Subiela, Horacio Tarcus, Juan José Sebrelli, Martha Lynch, Dardo Cúneo, Dalmiro Sáenz, María Kodama, Antonio Dal Masetto, Mario Benedetti y Carlos Gorostiza; y nos quedan muchos otros por mencionar.
Concluyamos estas consideraciones con esta frase de Penelas: “Hay que decirlo sin rubor, sin demagogia: el tema de la libertad es siempre para una minoría”. Ideas que invitan al pensamiento reflexivo, a sumergirse en las profundidades de lo más esencial de la condición humana.
Antonio Las Heras
Digámoslo ya mismo. Si dentro de cien años alguien tomara este libro y se ocupara en leer cada una de sus páginas, le resultaría suficiente para comprender cómo fue la segunda parte del siglo XX y las primeras dos décadas del actual. Lograría un completo panorama sobre la cultura de Argentina en particular y el mundo en general así como conseguiría hacerse una idea plena de lo intelectual, lo político, lo social, lo económico y hasta lo tecnológico y científico. Y lo más notable es que tendría toda esta valiosa composición de lugar, leyendo la interesante y amena entrevista que Gustavo Merino le hace a Carlos Penelas, quien es un ensayista, periodista y – en especial – poeta. No cualquier poeta, por cierto; sino uno a quien la vida le permite interactuar con notables de las artes, las ciencias y las letras. Conferencista y docente en numerosas cátedras tanto de América del Sur como de Europa. Un protagonista de la existencia. Viajero incansable. Penelas tal vez no lo ha pensado, pero podría repetir aquellas palabras de Neruda diciendo “confieso que he vivido.”
A través de esta obra conocemos a quien ideó y llevó adelante que Florencio Escardó fuera presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) así como también quien a las 20 horas de ese sábado 29 de julio del 2.000 reuniera a los periodistas para dar a conocer la trágica muerte del doctor René Favaloro. La relación entre ambos fue tan sólida que el cardiocirujano lo consideraba su hermano menor.
Aunque el entrevistado se defina como “un poeta”, lo real es que estamos ante un comprometido intelectual de gran valía, que no vacila ni titubea ni es ambiguo al momento de responder sobre situaciones claves de la existencia actual. Brinda su pensamiento, “sin pelos en la lengua”, como habrían dicho nuestros antepasados. No rehúye a ningún tema; desde el anarquismo, el aborto, las dictaduras, el Papa Francisco, el populismo, la música, sus análisis de cinéfilo y concurrente a salas teatrales hasta su pasión por el fútbol, deporte que practicó durante décadas al igual que sigue haciéndolo con la natación.
Veamos unas frases extraídas de “Conversaciones con Carlos Penelas” (compiladas por Gustavo Merino. Ediciones Fundación Industrias Culturales Argentinas, Buenos Aires, 2021)
“No hay ciudadanos sino votantes, consumidores. La calidad humana – en este territorio – no se eleva, por el contrario, propende en forma acelerada a su descomposición.”
“La mediocridad nos agobia. La cultura de fachada y la cultura de contrafrente nos abruma. Lo cortesano, lo oficial, lo burocrático, termina fatigándonos sin piedad.”
“El gran capital ha transformado a la literatura en algo homogéneo, ha comprado la industria editorial en todas partes, lo miso que los medios. No es ninguna novedad. Hay alternativas precarias de todas maneras, válidas, insurgentes. Vivimos una sociedad donde todo se articula en forma de apelaciones, de presuntos prestigios. Y las instituciones están definitivamente cristalizadas, caducas.”
Penelas habla simple y claro, con una precisión tal que torna sencilla la comprensión de sus ideas para toda persona. Gustavo Merino muestra genuino oficio de entrevistador: conoce cómo hacer la pregunta, dónde repreguntar, el momento justo para pasar a otro tema. No deja aspecto alguno inconcluso. Lo que el lector valorará en todo momento.
Era necesario este libro. Y era necesario así, en forma de conversaciones. ¿De qué otra manera poder conocer en profundidad el pensamiento de alguien que – mediante su claridad de objetivos e incansable perseverancia – pudo conocer y compartir con Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Lainez, Diego Abad de Santillán, René Favaloro, Luis Franco, Enrique Molina, Graciela Maturo, Juan L. Ortiz, María Adela Renard, David Viñas, Osvaldo Bayer, Jorge Prelorán, Eliseo Subiela, Horacio Tarcus, Juan José Sebrelli, Martha Lynch, Dardo Cúneo, Dalmiro Sáenz, María Kodama, Antonio Dal Masetto, Mario Benedetti y Carlos Gorostiza; y nos quedan muchos otros por mencionar.
Concluyamos estas consideraciones con esta frase de Penelas: “Hay que decirlo sin rubor, sin demagogia: el tema de la libertad es siempre para una minoría”. Ideas que invitan al pensamiento reflexivo, a sumergirse en las profundidades de lo más esencial de la condición humana.
Antonio Las Heras
Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor
viernes, junio 04, 2021
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Conversaciones con CarlosPenelas
por Gustavo Merino
(Fundación Industrias Culturales Argentinas, Buenos Aires, 2021, 116 páginas)
(Fundación Industrias Culturales Argentinas, Buenos Aires, 2021, 116 páginas)
El libro, según los títulos de los capítulos, se gestó entre abril 2020 y marzo 2021, y cada uno de ellos se inicia con una frase de un escritor o de un filósofo.
Emotivo el prólogo –muy bien escrito, como el resto del libro–, en el cual Gustavo Merino ve en el poeta Carlos Penelas "un hombre refinado que habla sobre diversas temáticas vinculadas con el arte, el ocio creativo y las utopías irrealizadas". Éste, por su parte, en ningún momento olvida su oficio y en una oportunidad dice: “Pero el poeta ve en los ojos de la amada la hora inmóvil, la noche y el alba como ofrendas de eternidad”.
En el primer capítulo se menciona una cita estupenda de Virginia Woolf: “la literatura es el registro de nuestro descontento”. Además, se describe el ámbito familiar pleno de ensoñaciones en que se crió el entrevistado, que se autodefine como contrario al populismo y escéptico frente al panorama del mundo contemporáneo: “Todo está degradado. El gusto, la moda, lo intelectual, el deporte, la televisión, los diarios. Absolutamente todo en nuestro país y en el mundo”.
Merino actúa como una suerte de psicoanalista literario que sabe bucear en los hechos personales que anidan en la obra y en la vida de Penelas, que conducido por la brillante indagación de aquél habla de las obras de célebres escritores y de artistas pertenecientes a todo tipo de manifestación cultural. Así, enfatiza su admiración sin límites hacia su difunto amigo, el profesor e intelectual Héctor Ciocchini, a cuyos familiares y amigos los hace suyos: “No era una elite, era una especie en extinción (…) reunía seres mágicos, talentosos, sensibles”.
Carlos Penelas es un ejemplo de que la cultura no está reñida con el deporte. Es un gran aficionado a la natación y el fútbol (hincha de Independiente) y opina: “…ver a Bochini, hablo de un ícono, era la Belleza que evocó Píndaro. Creo saber más de fútbol que de literatura”. Sin embargo, pese a este comentario ameno, confiesa que está desilusionado con nuestro país “…que perdió alegría, esperanza. Es parte de la corrupción, de la decadencia, de la falta de cultura”/ "Un fenómeno degenerativo que toca a toda la sociedad argentina, amasada de inautenticidad y de neurosis.” Asimismo impugna a la vida moderna, a la que considera insulsa y mediocre.
Notable el diálogo que mantienen Merino y Penelas sobre la literatura norteamericana. A medida que recorra el libro, el lector se irá enriqueciendo en todos los matices de la cultura.
También despierta simpatía y nostalgia el homenaje que prodiga a la clásica novela de aventuras: Alejandro Dumas –Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo–, Julio Verne –20.000 leguas en un submarino–, Emilio Salgari – Sandokan-.
Hacia el final Penelas confiesa modestamente: “…soy apenas un simple lector de Góngora”.
En resumen, un libro que gratificará a los amantes de la literatura y la cultura.
Gustavo Merino (1963, Tres de Febrero, Pcia. de Buenos Aires) es abogado y cuentista inédito. Representó a instituciones de prestigio y ejerció el periodismo. Se considera estoico y, a la vez, epicúreo. Políticamente se define como “liberal de izquierdas y filosóficamente como ácrata”.
Carlos Penelas (1946, Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires) publicó más de treinta libros de poesía y prosa. Mereció numerosos premios. Colaboró en diarios del interior y de CABA, y también de España y de Europa. Su obra es valorada en el país y en el exterior.
Germán Cáceres
Emotivo el prólogo –muy bien escrito, como el resto del libro–, en el cual Gustavo Merino ve en el poeta Carlos Penelas "un hombre refinado que habla sobre diversas temáticas vinculadas con el arte, el ocio creativo y las utopías irrealizadas". Éste, por su parte, en ningún momento olvida su oficio y en una oportunidad dice: “Pero el poeta ve en los ojos de la amada la hora inmóvil, la noche y el alba como ofrendas de eternidad”.
En el primer capítulo se menciona una cita estupenda de Virginia Woolf: “la literatura es el registro de nuestro descontento”. Además, se describe el ámbito familiar pleno de ensoñaciones en que se crió el entrevistado, que se autodefine como contrario al populismo y escéptico frente al panorama del mundo contemporáneo: “Todo está degradado. El gusto, la moda, lo intelectual, el deporte, la televisión, los diarios. Absolutamente todo en nuestro país y en el mundo”.
Merino actúa como una suerte de psicoanalista literario que sabe bucear en los hechos personales que anidan en la obra y en la vida de Penelas, que conducido por la brillante indagación de aquél habla de las obras de célebres escritores y de artistas pertenecientes a todo tipo de manifestación cultural. Así, enfatiza su admiración sin límites hacia su difunto amigo, el profesor e intelectual Héctor Ciocchini, a cuyos familiares y amigos los hace suyos: “No era una elite, era una especie en extinción (…) reunía seres mágicos, talentosos, sensibles”.
Carlos Penelas es un ejemplo de que la cultura no está reñida con el deporte. Es un gran aficionado a la natación y el fútbol (hincha de Independiente) y opina: “…ver a Bochini, hablo de un ícono, era la Belleza que evocó Píndaro. Creo saber más de fútbol que de literatura”. Sin embargo, pese a este comentario ameno, confiesa que está desilusionado con nuestro país “…que perdió alegría, esperanza. Es parte de la corrupción, de la decadencia, de la falta de cultura”/ "Un fenómeno degenerativo que toca a toda la sociedad argentina, amasada de inautenticidad y de neurosis.” Asimismo impugna a la vida moderna, a la que considera insulsa y mediocre.
Notable el diálogo que mantienen Merino y Penelas sobre la literatura norteamericana. A medida que recorra el libro, el lector se irá enriqueciendo en todos los matices de la cultura.
También despierta simpatía y nostalgia el homenaje que prodiga a la clásica novela de aventuras: Alejandro Dumas –Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo–, Julio Verne –20.000 leguas en un submarino–, Emilio Salgari – Sandokan-.
Hacia el final Penelas confiesa modestamente: “…soy apenas un simple lector de Góngora”.
En resumen, un libro que gratificará a los amantes de la literatura y la cultura.
Gustavo Merino (1963, Tres de Febrero, Pcia. de Buenos Aires) es abogado y cuentista inédito. Representó a instituciones de prestigio y ejerció el periodismo. Se considera estoico y, a la vez, epicúreo. Políticamente se define como “liberal de izquierdas y filosóficamente como ácrata”.
Carlos Penelas (1946, Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires) publicó más de treinta libros de poesía y prosa. Mereció numerosos premios. Colaboró en diarios del interior y de CABA, y también de España y de Europa. Su obra es valorada en el país y en el exterior.
Germán Cáceres
domingo, mayo 30, 2021
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Publicamos el agradecimiento del Centro Galicia de Buenos Aires por la donación del libro Conversaciones con Carlos Penelas a la Biblioteca "Rosalía de Castro".
Estimado Carlos,
En nombre de la Junta Directiva del Centro Galicia de Buenos Aires reciba nuestro agradecimiento por la donación a nuestra Biblioteca “Rosalía de Castro” del libro “Conversaciones con Carlos Penelas”, de Gustavo Merino.
Como usted bien sabe la cultura está en el alma de nuestra institución y es por ello que nos ocupamos con deleite en cultivarla y divulgarla. El vínculo con autores contemporáneos como usted, que nos permite conectar con una literatura activa y de vanguardia, es un gran estímulo y un agasajo para nosotros. Es por ello que, con orgullo y reconocimiento, este libro se coloca en los anaqueles de nuestra querida “Rosalía de Castro” para satisfacción de todos los lectores que la frecuentan.
Deseando que podamos encontrarnos pronto personalmente y escuchar su erudita conversación, le reiteramos nuestra gratitud y le enviamos un afectuoso saludo en nombre de nuestros socios y de la Junta Directiva de esta institución que lo considera un amigo,
Cristian Moares Echazú
Secretario General
José María Vila Alén
Presidente
viernes, mayo 28, 2021
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El poeta Carlos Penelas, asiduo concurrente del bar más galego de Buenos Aires - Vía 71 - junto a José María Vila Alén, presidente del Centro Galicia de Buenos Aires. Detrás de la barra, don Jorge Busto y su hijo Sebastián Busto Ventura, señores del lar.
sábado, mayo 22, 2021
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En una síntesis – el lector puede hallar referencias en cualquier Manual de Literatura Española - intentaremos demostrar dos Siglos de Oro - único en el mundo - de la literatura. El primero, conocido por todos, es el Siglo de Oro o Siglo de Oro Español, un período de florecimiento de las artes y la literatura en la España de la dinastía de los Austria o los Habsburgos. Se trata de un período sin fechas delimitadas, usualmente superior a un siglo a pesar de su nombre, cuyos inicios estarían luego de la Reconquista española, alrededor de 1492, y sus fines alrededor de 1681, año de la muerte de Pedro Calderón de la Barca.
El Siglo de Oro fue una elevación de los sentidos, de la expresión en todas sus artes. La elevación del espíritu y a la grandeza de un Imperio venido a menos, pero que durante más de un siglo se convirtió en el centro mundial artístico.
El término “Siglo de Oro” fue creado por Luis José Velázquez, marqués de Valdeflores, quien fuera un erudito y anticuario del siglo XVIII. Lo utilizó por vez primera en su estudio Orígenes de la poesía castellana, 1754.
Los grandes autores del Siglo de Oro español fueron: Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Lope de Vega.
A mediados del Siglo XVI, la literatura renacentista también empezó a dar sus primeros frutos con representantes como Garcilaso de la Vega, de clara inspiración italiana, y Fray Luis de León.
Los artistas viajan muy poco y los pintores solamente lo hacen a Italia, por un corto periodo de tiempo. Sólo Rivera y Velásquez profundizarán en la escuela Italiana.
Pintores de la talla de Diego Velásquez (barroco) , el “Greco” Doménikos Theotokópoulos (manierismo) encabezaron un movimiento pictórico sumamente importante en la España del Siglo de Oro. Al barroco, entre otros, pertenecen Velázquez, Zurbarán, Ribalta, de Ribera...
También para la música española fue el Siglo de Oro. Los compositores de la corte no sólo componían sus obras sino que además unían su labor de dramaturgo y poeta. Un buen ejemplo es Juan del Encina en el siglo XV y XVI o en el siglo XVII Juana Hidalgo, musicalizó zarzuelas de Pedro Calderón de la Barca.
Veamos ahora, según mi criterio, el segundo Siglo de Oro. En 1928 aparece el Romancero gitano de Federico García Lorca y Jorge Guillén publicará un año antes su primer Cántico. Pedro Salinas, Presagios en 1923 y Rafael Alberti, Marinero en tierra. Imagen de Gerardo Diego, en 1922; Poemas puros, poemillas de la ciudad, de Dámaso Alonso, en 1921; Tiempo, de Emilio Prados, en 1925; Las islas invitadas, de Manuel Altolaguirre, en 1926: Perfil del aire, de Luis Cernuda, en 1927; Ámbito, de Vicente Aleixandre, en 1928. En 1933 se editará Perito en lunas de Miguel Hérnandez.
Es necesario recordar que la generación de autores vanguardistas surgió en 1927 con sus fundadores Pedro Salinas, Melchor Sánchez Almagro, Rafael Alberti y Gerardo Diego, quienes designaron un nombre para el grupo rindiendo homenaje al máximo exponente de la literatura barroca del Siglo de Oro, Luis de Góngora (1561-1627), dado que se cumplían trescientos años de su fallecimiento. Surgió entonces el nombre de “generación del 27”. En conjunto, la obra literaria de la Generación se encuadra dentro de la poesía.
Relacionados con ellos debemos evocar a novelistas como Ramón J. Sender y Max Aub; dramaturgos como Alejandro Casona; pintores como Salvador Dalí, Maruja Mallo, Juan Gris; cineastas como Luis Buñuel, músicos como Manuel de Falla; ensayistas como María Zambrano.
En los jóvenes poetas de la Generación del 27 ejercieron un magisterio fundamental dos figuras clave en la cultura de la época: Juan Ramón Jiménez, verdadero guía en la iniciación literaria de muchos de ellos a través de la revista Índice y de sus observaciones críticas. Su poesía pura constituyó el referente poético más claro del panorama español, sobre todo a partir de Diario de un poeta recién casado. La otra figura es José Ortega y Gasset. La influencia de Ortega fue ideológica y teórica. En La deshumanización del arte (1925) estableció los rasgos del nuevo arte.
El surrealismo es uno de los ejes centrales de la Generación del 27. Busca la belleza y la libertad expresiva, dejando a un lado las reglas rígidas e inmóviles por las que antes se regía la creación literaria y huyendo del sentimentalismo. De esta forma quieren llevar a cabo una renovación estética de la poesía española pero sin olvidar nunca la importancia de la tradición literaria. Por ello, en sus obras se entremezclan el léxico culto con el coloquial.
La metáfora es la figura retórica más recurrente e importante pues a través de su uso los poetas reflejan con más detalle el pensamiento vanguardista a través de la creación de imágenes visionarias. Otra de las innovaciones que introducen en la presencia de versos blancos y versos libres; es decir, la libertad en cuanto a las férreas reglas métricas es un rasgo que define a estos autores.
Pero el cuadro del Segundo Siglo de Oro no se termina de entender sin la Generación del 98. Esta Generación parte del Modernismo, tendencia estética que llegó a España de la mano de su cabeza representativa, Rubén Darío. Busca la expresión de una nueva sensibilidad con un nuevo lenguaje, rechazando el prosaísmo y la retórica de la literatura anterior. Crean nuevas formas literarias además de reformar las existentes. Es así como el genio de Unamuno con su nivola (ficción narrativa) frente a la novela realista imperante en el siglo XIX abre caminos inéditos, revolucionarios. Las obras de teatro de Unamuno se caracterizan por los dramas de estilo filosóficos. Azorín utiliza la novela impresionista y lírica donde juega con los espacios y el tiempo, utilizando los mismos personajes en distintas épocas. Baroja, influenciado por el folletín, crea una novela abierta. Valle-Inclán y su novela con pincelada cinematográfica, rozando el estilo teatral. Para el teatro Valle-Inclán se apoya en el esperpento y el expresionismo.
Tenemos que nombrar a otros creadores imprescindibles: Ángel Ganivet, Juan Ramón Jiménez, Ramiro de Maeztu, Vicente Blasco Ibáñez, Leopoldo Alas, Manuel Machado. Detrás de ellos la figura inmortal de Galdós. Como pocos, Galdós escribió para “ser releído”. También recordar a los pintores: Sorolla, Julio Romero de Torres, Zuloaga, Beruete, Ricardo Baroja – hermano de Pío – Rusiñol, entre los más conocidos.
Resumiendo: el término “generación del 98” fue designado en 1913 por el escritor español José Martínez Ruíz, Azorín. Fue un movimiento literario y cultural que predominó durante las primeras décadas del siglo XX. Estos son, en síntesis, los elementos por los cuales considero el otro Siglo de Oro: hablamos de la generación del 98 y la del 27.
Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2021
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| Sinodal Aguilafuente. Primer Incunable Impreso en España |
El Siglo de Oro fue una elevación de los sentidos, de la expresión en todas sus artes. La elevación del espíritu y a la grandeza de un Imperio venido a menos, pero que durante más de un siglo se convirtió en el centro mundial artístico.
El término “Siglo de Oro” fue creado por Luis José Velázquez, marqués de Valdeflores, quien fuera un erudito y anticuario del siglo XVIII. Lo utilizó por vez primera en su estudio Orígenes de la poesía castellana, 1754.
Los grandes autores del Siglo de Oro español fueron: Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Lope de Vega.
A mediados del Siglo XVI, la literatura renacentista también empezó a dar sus primeros frutos con representantes como Garcilaso de la Vega, de clara inspiración italiana, y Fray Luis de León.
Los artistas viajan muy poco y los pintores solamente lo hacen a Italia, por un corto periodo de tiempo. Sólo Rivera y Velásquez profundizarán en la escuela Italiana.
Pintores de la talla de Diego Velásquez (barroco) , el “Greco” Doménikos Theotokópoulos (manierismo) encabezaron un movimiento pictórico sumamente importante en la España del Siglo de Oro. Al barroco, entre otros, pertenecen Velázquez, Zurbarán, Ribalta, de Ribera...
También para la música española fue el Siglo de Oro. Los compositores de la corte no sólo componían sus obras sino que además unían su labor de dramaturgo y poeta. Un buen ejemplo es Juan del Encina en el siglo XV y XVI o en el siglo XVII Juana Hidalgo, musicalizó zarzuelas de Pedro Calderón de la Barca.
Veamos ahora, según mi criterio, el segundo Siglo de Oro. En 1928 aparece el Romancero gitano de Federico García Lorca y Jorge Guillén publicará un año antes su primer Cántico. Pedro Salinas, Presagios en 1923 y Rafael Alberti, Marinero en tierra. Imagen de Gerardo Diego, en 1922; Poemas puros, poemillas de la ciudad, de Dámaso Alonso, en 1921; Tiempo, de Emilio Prados, en 1925; Las islas invitadas, de Manuel Altolaguirre, en 1926: Perfil del aire, de Luis Cernuda, en 1927; Ámbito, de Vicente Aleixandre, en 1928. En 1933 se editará Perito en lunas de Miguel Hérnandez.
Es necesario recordar que la generación de autores vanguardistas surgió en 1927 con sus fundadores Pedro Salinas, Melchor Sánchez Almagro, Rafael Alberti y Gerardo Diego, quienes designaron un nombre para el grupo rindiendo homenaje al máximo exponente de la literatura barroca del Siglo de Oro, Luis de Góngora (1561-1627), dado que se cumplían trescientos años de su fallecimiento. Surgió entonces el nombre de “generación del 27”. En conjunto, la obra literaria de la Generación se encuadra dentro de la poesía.
Relacionados con ellos debemos evocar a novelistas como Ramón J. Sender y Max Aub; dramaturgos como Alejandro Casona; pintores como Salvador Dalí, Maruja Mallo, Juan Gris; cineastas como Luis Buñuel, músicos como Manuel de Falla; ensayistas como María Zambrano.
En los jóvenes poetas de la Generación del 27 ejercieron un magisterio fundamental dos figuras clave en la cultura de la época: Juan Ramón Jiménez, verdadero guía en la iniciación literaria de muchos de ellos a través de la revista Índice y de sus observaciones críticas. Su poesía pura constituyó el referente poético más claro del panorama español, sobre todo a partir de Diario de un poeta recién casado. La otra figura es José Ortega y Gasset. La influencia de Ortega fue ideológica y teórica. En La deshumanización del arte (1925) estableció los rasgos del nuevo arte.
El surrealismo es uno de los ejes centrales de la Generación del 27. Busca la belleza y la libertad expresiva, dejando a un lado las reglas rígidas e inmóviles por las que antes se regía la creación literaria y huyendo del sentimentalismo. De esta forma quieren llevar a cabo una renovación estética de la poesía española pero sin olvidar nunca la importancia de la tradición literaria. Por ello, en sus obras se entremezclan el léxico culto con el coloquial.
La metáfora es la figura retórica más recurrente e importante pues a través de su uso los poetas reflejan con más detalle el pensamiento vanguardista a través de la creación de imágenes visionarias. Otra de las innovaciones que introducen en la presencia de versos blancos y versos libres; es decir, la libertad en cuanto a las férreas reglas métricas es un rasgo que define a estos autores.
Pero el cuadro del Segundo Siglo de Oro no se termina de entender sin la Generación del 98. Esta Generación parte del Modernismo, tendencia estética que llegó a España de la mano de su cabeza representativa, Rubén Darío. Busca la expresión de una nueva sensibilidad con un nuevo lenguaje, rechazando el prosaísmo y la retórica de la literatura anterior. Crean nuevas formas literarias además de reformar las existentes. Es así como el genio de Unamuno con su nivola (ficción narrativa) frente a la novela realista imperante en el siglo XIX abre caminos inéditos, revolucionarios. Las obras de teatro de Unamuno se caracterizan por los dramas de estilo filosóficos. Azorín utiliza la novela impresionista y lírica donde juega con los espacios y el tiempo, utilizando los mismos personajes en distintas épocas. Baroja, influenciado por el folletín, crea una novela abierta. Valle-Inclán y su novela con pincelada cinematográfica, rozando el estilo teatral. Para el teatro Valle-Inclán se apoya en el esperpento y el expresionismo.
Tenemos que nombrar a otros creadores imprescindibles: Ángel Ganivet, Juan Ramón Jiménez, Ramiro de Maeztu, Vicente Blasco Ibáñez, Leopoldo Alas, Manuel Machado. Detrás de ellos la figura inmortal de Galdós. Como pocos, Galdós escribió para “ser releído”. También recordar a los pintores: Sorolla, Julio Romero de Torres, Zuloaga, Beruete, Ricardo Baroja – hermano de Pío – Rusiñol, entre los más conocidos.
Resumiendo: el término “generación del 98” fue designado en 1913 por el escritor español José Martínez Ruíz, Azorín. Fue un movimiento literario y cultural que predominó durante las primeras décadas del siglo XX. Estos son, en síntesis, los elementos por los cuales considero el otro Siglo de Oro: hablamos de la generación del 98 y la del 27.
Carlos Penelas
Buenos Aires, mayo de 2021
jueves, mayo 20, 2021
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a Xela Arias, in memoriam
en una rama de invierno.
Llega tu voz hecha de aire y de naufragio,
de una tierra enxebre, de una tierra bella,
labrada de pazos, de ritos, de fantasmas.
Como a caballo de veladas lámparas,
entre la promesa y el olvido.
Llegas subversiva, abandonada.
Hay siempre un enigma en el adiós,
en la hierba de cielo o de ríos,
entre sueños y moradas.
Como un hechizo melancólico
o como un destello cayendo de otra lluvia,
en neblina de dioses, lujuria, bóvedas.
Entonces, crepita el pan en un horno dormido,
muy cerca del mar, en las viriles tierras
que surgen a la sombra de los templos.
Un hálito, un deseo de ahogada libertad,
un poema que no concibe la malicia.
Y tu alma suspendida nombra el secreto
en misterio que congrega la hiedra.
Carlos Penelas
Buenos Aires, 17 de mayo de 2021
lunes, mayo 17, 2021
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De Gustavo Merino
Buenos Aires, 2021.
Fundación Industrias Culturales Argentinas.
Fotografías de Emiliano Penelas.
Prosa.
Prólogo
Conocí a Carlos Penelas por recomendación de Juan José Sebreli. Deseaba iniciar un taller literario y Juan José –con quien realicé cursos de Introducción al Siglo XX- me sugirió que lo hiciera con él. Al poco tiempo de concurrir a las clases advertí que admirábamos a idénticos autores: Marco Denevi, Bernardo Kordon, Juan Carlos Onetti, Stefan Zweig, Julio Ramón Ribeyro, Francisco Umbral, Manuel Mujica Laínez…
Penelas tiene humor, posee sentido de la ironía, de la mordacidad. Además, es un magnifico anfitrión. Luego, poco a poco, aparecieron conocidos o amigos en común: Carlos Alberto Brocato, Alicia Moreau de Justo, Alfredo Bravo, Graciela Fernández Meijide, Eduardo Pimentel, Ricardo Molinas, Santiago Barberis, Ricardo Monner Sans, Ángel Cappelletti, José Grunfeld, José Martínez Suárez, Alejandra Boero, María Rosa Gallo, Dora Baret. En su taller hablamos de música clásica, del jazz de los años treinta, de Bola de Nieve, de fútbol, de Betanzos de los Caballeros. Llegaban los viejos anarquistas, las luchas sociales, huelgas y proclamas. Nombres como los de Gastón Bachelard, María Zambrano, John Keats, Angelus Silesius. Compartíamos el mismo gusto por el neorrealismo italiano, el cine de Jean Renoir, de Roman Polanski, de Woody Allen, la fotografía de Robby Müller, la mirada de Aki Kaurismäki.
No faltaron las lecturas, los análisis literarios, el diálogo permanente. Pero una cosa me maravilló; entrar al departamento de la calle Viamonte es ingresar a un universo casi único. Un unicornio de la India, máscaras venecianas, títeres de Sicilia, porcelanas de Alemania, de Sargadelos, candelabros, platos ingleses, bibliotecas, vasijas de barro, una lámpara de pie con pantalla de pergamino, tres relojes de pared, un reloj de pie alemán de 1915, un fonógrafo suizo, una araña de alabastro. En fin, una casa plena de antigüedades. Y luego las paredes con obras originales del maestro Adolfo De Ferrari, de Carlos Scannapieco, Juan Manuel Sánchez, Ricardo Carpani, José Luis Menghi, Domingo Gatto, José Planas, Máximo Paz, Rubén Rey, Bruno Versacci, Gastón Jarry, Antonio Pujía… y los muebles, sillones, pequeñas bibliotecas, percheros, muchos de ellos comprados en casa de remates. El buen observador descubre una estética, un sentido de la elegancia en cada objeto, en las pipas, en las cortinas de hilo bordadas, en la intimidad de fuentes y adornos que se suceden en cada habitación. Es allí donde sobresale la mano, la capacidad y la visión de Rocío, su mujer. El buen gusto, la dedicación a embellecer cada rincón, cada estante, cada lugar secreto que fui descubriendo en esa simbología que implica delicadeza y encanto. En sus clases Penelas, a menudo, nombra a sus hijos, Emiliano y Lisandro, a sus nietos, a sus nueras. Son fundamentales en su vida, en ese clima interior que lo protege y lo impulsa. Un amor incondicional. En su hogar fluye amabilidad, gentileza, afecto. En ese ambiente, con música de Gustav Malher o Edith Piaf, dicta sus clases.Penelas tiene humor, posee sentido de la ironía, de la mordacidad. Además, es un magnifico anfitrión. Luego, poco a poco, aparecieron conocidos o amigos en común: Carlos Alberto Brocato, Alicia Moreau de Justo, Alfredo Bravo, Graciela Fernández Meijide, Eduardo Pimentel, Ricardo Molinas, Santiago Barberis, Ricardo Monner Sans, Ángel Cappelletti, José Grunfeld, José Martínez Suárez, Alejandra Boero, María Rosa Gallo, Dora Baret. En su taller hablamos de música clásica, del jazz de los años treinta, de Bola de Nieve, de fútbol, de Betanzos de los Caballeros. Llegaban los viejos anarquistas, las luchas sociales, huelgas y proclamas. Nombres como los de Gastón Bachelard, María Zambrano, John Keats, Angelus Silesius. Compartíamos el mismo gusto por el neorrealismo italiano, el cine de Jean Renoir, de Roman Polanski, de Woody Allen, la fotografía de Robby Müller, la mirada de Aki Kaurismäki.
Hablar de Carlos Penelas es una tarea ardua y sencilla al mismo tiempo. Nos conocemos hace una década. He compartido su taller literario individual conversando, como señalé anteriormente sobre literatura, música, cine, teatro, pintura, viajes, sociedad y política. Sus clases abarcan infinidad de cuestiones y temáticas. El recorrido se va estableciendo sobre la marcha, sin preconceptos, pero partiendo de lo clásico.
Carlos acumula una formación poco habitual en estos tiempos de zapping y redes sociales; formado en una época donde se leía a los grandes autores, con un sentido de lo estético, de la belleza y de la ética que Argentina ha perdido tras décadas de populismo y mal gusto.
Amenazados por la pandemia y a través de un año fuimos desgranando su infancia, sus orígenes, la pasión por el fútbol, la educación y su relación con sus maestros, la poesía y su lírica, sus programas en radio, sus artículos en La Prensa, su ideología, su relación con René Favaloro, Luis Franco, Héctor Ciocchini y tantos otros y el tiempo que le ha tocado vivir.
Como si se tratara de una taberna de campo, quienes se adentren en estas conversaciones, se acerquen a la barra y se animen a beber, disfrutaran de un hombre refinado que habla sobre diversas temáticas vinculadas con el arte, el ocio creativo y las utopías irrealizadas.
Amenazados por la pandemia y a través de un año fuimos desgranando su infancia, sus orígenes, la pasión por el fútbol, la educación y su relación con sus maestros, la poesía y su lírica, sus programas en radio, sus artículos en La Prensa, su ideología, su relación con René Favaloro, Luis Franco, Héctor Ciocchini y tantos otros y el tiempo que le ha tocado vivir.
Como si se tratara de una taberna de campo, quienes se adentren en estas conversaciones, se acerquen a la barra y se animen a beber, disfrutaran de un hombre refinado que habla sobre diversas temáticas vinculadas con el arte, el ocio creativo y las utopías irrealizadas.
Gustavo Merino
sábado, mayo 08, 2021
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La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad
Epicteto
Hace años me pregunto qué sentido tiene escribir en una sociedad cada vez más caótica, decadente, corrupta. En verdad todos los tiempos tuvieron sus infiernos, sus horrores. Soy testarudo y digo: debemos escribir, debemos amar, debemos soñar. Contra viento y marea. El mundo está en movimiento, siempre, con sus juegos de fuerza, sus estructuras viciadas, sus sistemas huecos y guerras, como siempre. Lo sabemos. Hay otras miradas: estéticas, simbólicas, históricas, ideológicas. Discusiones profundas y crisis estructural. Miseria, hambre, injusticia social, egoísmo, realidades de poder y de codicia. Banalidad y confusión y privilegios. Pero sucede, caro lector, que aquí la demencia, lo estrafalario, lo cubre todo.
Se les puede definir como sinvergüenzas, desvergonzados, descarados. Sucede que también son arribistas, aprovechados, oportunistas. Sin duda: ladrones, saqueadores, timadores. Suelen ser populacheros. Y además tienen versiones. Son indecorosos, cínicos, ubicuos, lábiles. Suelen ser incondicionales hasta que dejan de serlo. Se buscan, se repelen, se abrazan y se insultan. Dicen cháchara, dicen cipayo, dicen mercado. Se idealizan a sí mismos, discuten la fatalidad, el psicoanálisis, la lealtad, las escaleras, los palcos y las intendencias. Dicen pueblo y cantan una cumbia villera. Cuando son delicados acentúan las consonantes. Se disfrazan de cultos. Acta est fabula.
Según la ocasión son opositores, parte de una obra de Ionesco. Siempre volubles, siempre enfrentados, siempre en la otra vereda. O en la misma. Están aquí y están allá. Son fascistas de derecha, a veces. Son fascistas de izquierda, casi siempre. También son híbridos, provisionales, tumultuosos, triunfadores en el barro. Huelen el poder, la comparsa, los bombos. A veces son light, otras intentan ser elegantes con afectación. Cantan marchas, levantan banderas, dicen birra, dicen general, dicen revolución, dicen retruco, dicen merengue. Inexorablemente odian al otro. Inexorablemente hablan de patria, de pueblo, de mutaciones. Lúmpenes. C'est fini.
Resentidos, huecos, groseros. Tienen un repertorio complejo, con voces aliadas y voces cómplices. Son belicosos, furibundos herederos de la barbarie. Y luego son todo lo contrario: precisan sobrevivir. Entonces el desguace de los bienes nacionales. Y otra vez el sistema, los sindicalistas conversos, los empresarios conversos, la legión de excluidos. Anuncian planes quinquenales, planes por décadas, proyectos al infinito. Prometen vacunas, prometen planes, prometen ser mejores.
Reniegan de lo ético, de la historia, de lo criterioso. Viven en una circularidad repetitiva. Abundan en coreografías, en figuras retóricas, en beneméritos compatriotas. Corroboran pactos zurcidos, alzan los hombros, miran de soslayo. De allí el guiso criollo, la caldeirada de la cual hablaba mi madre. Se sostienen por emblemas, por traiciones, por herencias, epitafios, falsificaciones, monaguillos y miserias. Tienen destrezas circenses, olvidos institucionales, carcajadas gastronómicas. Mastican entre codazos cómplices, tienen el guiño del barrabrava. Olímpicos ganan siete a cero, treinta a cero. A veces son tribales, a veces quieren ser caballeros. Ellas son rubias teñidas, coloreadas, con el culo fuera. Perfumadas sin barbijos. Son del conurbano, miran desde un shopping. Aplauden, siempre aplauden. Siempre aplaudieron y sonrieron. Son funcionarios, diputados, ministros, alcahuetes. Y se vacunan en secreto. Entonces vuelven a ser obstinados, burócratas, serios. Desplazamientos, tuco en las corbatas, folclore autóctono, chovinismo de cantina. Orbi et urbi.
Son anacrónicos, Variantes de escaramuzas, variantes de montoneras con levitas, variantes de estatuas y bendiciones peronistas. Ya no hay terciopelo y el pavo real se pasea con varas sin plumas. La escena esta cerca de los dioses. Francamente deleznable. ¿Ineludible? Sea. A esto quería llegar. El grotesco criollo de los años veinte, el teatro de Armando Discépolo, "la voz de una enfermedad enmudecida."
Carlos Penelas
Buenos Aires, 7 de mayo de 2021
Se les puede definir como sinvergüenzas, desvergonzados, descarados. Sucede que también son arribistas, aprovechados, oportunistas. Sin duda: ladrones, saqueadores, timadores. Suelen ser populacheros. Y además tienen versiones. Son indecorosos, cínicos, ubicuos, lábiles. Suelen ser incondicionales hasta que dejan de serlo. Se buscan, se repelen, se abrazan y se insultan. Dicen cháchara, dicen cipayo, dicen mercado. Se idealizan a sí mismos, discuten la fatalidad, el psicoanálisis, la lealtad, las escaleras, los palcos y las intendencias. Dicen pueblo y cantan una cumbia villera. Cuando son delicados acentúan las consonantes. Se disfrazan de cultos. Acta est fabula.
Según la ocasión son opositores, parte de una obra de Ionesco. Siempre volubles, siempre enfrentados, siempre en la otra vereda. O en la misma. Están aquí y están allá. Son fascistas de derecha, a veces. Son fascistas de izquierda, casi siempre. También son híbridos, provisionales, tumultuosos, triunfadores en el barro. Huelen el poder, la comparsa, los bombos. A veces son light, otras intentan ser elegantes con afectación. Cantan marchas, levantan banderas, dicen birra, dicen general, dicen revolución, dicen retruco, dicen merengue. Inexorablemente odian al otro. Inexorablemente hablan de patria, de pueblo, de mutaciones. Lúmpenes. C'est fini.
Resentidos, huecos, groseros. Tienen un repertorio complejo, con voces aliadas y voces cómplices. Son belicosos, furibundos herederos de la barbarie. Y luego son todo lo contrario: precisan sobrevivir. Entonces el desguace de los bienes nacionales. Y otra vez el sistema, los sindicalistas conversos, los empresarios conversos, la legión de excluidos. Anuncian planes quinquenales, planes por décadas, proyectos al infinito. Prometen vacunas, prometen planes, prometen ser mejores.
Reniegan de lo ético, de la historia, de lo criterioso. Viven en una circularidad repetitiva. Abundan en coreografías, en figuras retóricas, en beneméritos compatriotas. Corroboran pactos zurcidos, alzan los hombros, miran de soslayo. De allí el guiso criollo, la caldeirada de la cual hablaba mi madre. Se sostienen por emblemas, por traiciones, por herencias, epitafios, falsificaciones, monaguillos y miserias. Tienen destrezas circenses, olvidos institucionales, carcajadas gastronómicas. Mastican entre codazos cómplices, tienen el guiño del barrabrava. Olímpicos ganan siete a cero, treinta a cero. A veces son tribales, a veces quieren ser caballeros. Ellas son rubias teñidas, coloreadas, con el culo fuera. Perfumadas sin barbijos. Son del conurbano, miran desde un shopping. Aplauden, siempre aplauden. Siempre aplaudieron y sonrieron. Son funcionarios, diputados, ministros, alcahuetes. Y se vacunan en secreto. Entonces vuelven a ser obstinados, burócratas, serios. Desplazamientos, tuco en las corbatas, folclore autóctono, chovinismo de cantina. Orbi et urbi.
Son anacrónicos, Variantes de escaramuzas, variantes de montoneras con levitas, variantes de estatuas y bendiciones peronistas. Ya no hay terciopelo y el pavo real se pasea con varas sin plumas. La escena esta cerca de los dioses. Francamente deleznable. ¿Ineludible? Sea. A esto quería llegar. El grotesco criollo de los años veinte, el teatro de Armando Discépolo, "la voz de una enfermedad enmudecida."
Carlos Penelas
Buenos Aires, 7 de mayo de 2021
viernes, mayo 07, 2021
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Fundación Industrias Culturales Argentinas publicó Conversaciones con Carlos Penelas de Gustavo Merino. El libro es un diálogo abierto entre el poeta y Gustavo Merino. Sus páginas reflejan eclecticismo de opinión y libertad intelectual en torno a lo poético, lo ideológico, lo social, el mundo literario y el universo de Penelas; travesías por la belleza y la utopía.
Puede adquirirlo en Edipo Libros, una de las clásicas librerías de Buenos Aires, Avda. Corrientes 1686 (4372-6693) o en Lavalle 1582 (4371-6891). edipolavalle@hotmail.com
jueves, mayo 06, 2021
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Queremos celebrar este 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo, compartiendo con ustedes una gran noticia: Ya se encuentra disponible en AméricaLEE, nuestro portal de publicaciones periódicas, la colección completa de la LA PROTESTA, desde su número 1 del 13 de junio de 1897 hasta su número de cierre, el 8271 del año 2015.
Motivo de celebración, porque es la primera vez que está accesible a la consulta pública una colección completa de LA PROTESTA, a la que se suma una colección de todos sus suplementos. Como siempre en AméricaLEE, el acceso es gratuito, con libre descarga, en este enlace.
Ningún repositorio del mundo disponía hasta hoy de una colección de LA PROTESTA. Diversas bibliotecas y centros de documentación del mundo poseen colecciones parciales. Nuestro trabajo consistió primero en reunir una colección original en papel, con el aporte de varias decenas de donantes particulares. Entre muchos otros, Carlos Penelas y Rocío Danussi aportaron la colección que perteneció a Luis Danussi. Asimismo, Fernando Córdova donó un tomo encuadernado del Suplemento semanal de La Protesta que había pertenecido a su padre, Cayetano Córdova Iturburu.
Como era imposible reunir una colección completa en papel, la segunda parte de nuestro trabajo consistió en digitalizar o fotografiar las colecciones que se encontraban en otros repositorios. Aquí fue decisivo el apoyo de la Biblioteca Popular "José Ingenieros", que nos prestó durante semanas grandes volúmenes.
El enorme volumen de la colección (8.271 ejemplares aparecidos a lo largo de 118 años), el gran formato que mantuvo durante décadas y la dispersión de las colecciones parciales implicaron un trabajo sostenido de casi cinco años, llevado a cabo por el pequeño equipo de Biblioteca / Hemeroteca y el Área de Digitalización del CeDInCI.
A pesar de múltiples presentaciones, fue imposible obtener apoyos financieros para sostener este trabajo. Salvo un pequeño subsidio (5000 dólares) otorgado en 2014 por el LAMP (Latin American Material Project) para digitalizar el período 1935-2012, todo el trabajo de digitalización, edición y carga se hizo con recursos propios.
En el año 2019 el Fondo Nacional de las Artes le otorgó al proyecto de Digitalización y puesta en línea de La Protesta una mención honorífica en el Concurso Patrimonio.
En fin, con subsidios o sin ellos, aquí está disponible la colección de La Protesta. ¡Que la disfruten!
S. y RS!
El equipo del CeDInCI
Ningún repositorio del mundo disponía hasta hoy de una colección de LA PROTESTA. Diversas bibliotecas y centros de documentación del mundo poseen colecciones parciales. Nuestro trabajo consistió primero en reunir una colección original en papel, con el aporte de varias decenas de donantes particulares. Entre muchos otros, Carlos Penelas y Rocío Danussi aportaron la colección que perteneció a Luis Danussi. Asimismo, Fernando Córdova donó un tomo encuadernado del Suplemento semanal de La Protesta que había pertenecido a su padre, Cayetano Córdova Iturburu.
Como era imposible reunir una colección completa en papel, la segunda parte de nuestro trabajo consistió en digitalizar o fotografiar las colecciones que se encontraban en otros repositorios. Aquí fue decisivo el apoyo de la Biblioteca Popular "José Ingenieros", que nos prestó durante semanas grandes volúmenes.
El enorme volumen de la colección (8.271 ejemplares aparecidos a lo largo de 118 años), el gran formato que mantuvo durante décadas y la dispersión de las colecciones parciales implicaron un trabajo sostenido de casi cinco años, llevado a cabo por el pequeño equipo de Biblioteca / Hemeroteca y el Área de Digitalización del CeDInCI.
A pesar de múltiples presentaciones, fue imposible obtener apoyos financieros para sostener este trabajo. Salvo un pequeño subsidio (5000 dólares) otorgado en 2014 por el LAMP (Latin American Material Project) para digitalizar el período 1935-2012, todo el trabajo de digitalización, edición y carga se hizo con recursos propios.
En el año 2019 el Fondo Nacional de las Artes le otorgó al proyecto de Digitalización y puesta en línea de La Protesta una mención honorífica en el Concurso Patrimonio.
En fin, con subsidios o sin ellos, aquí está disponible la colección de La Protesta. ¡Que la disfruten!
S. y RS!
El equipo del CeDInCI
- TÍTULO: LA PROTESTA HUMANA. Periódico anarquista / LA PROTESTA. Diario de la mañana.
- FECHAS LÍMITE: nº 1 (13/6/1897) – nº 8271 (2015).
- LUGAR DE EDICIÓN: Buenos Aires.
- EDITORIAL: La Protesta.
- DIRECTORES: Gregorio Inglán Lafarga (1897-1902), Álcides Valenzuela (1903), Juan Creaghe (1903-1904), Elam Ravel (1904), Alberto Ghiraldo (1904-1906), Juan Creaghe (1906), Eduardo G. Gilimón (1906-1910). A partir de 1906 la dirección efectiva se mantuvo en el anonimato, aunque por diversos testimonios se conoce el nombre de algunos de los que asumieron dicha función en las décadas siguientes, como Diego Abad de Santillán, Emilio López Arango, Eduardo Colombo y Amanecer Fiorito.
- TEMAS: Anarquismo argentino, Anarquismo Latinoamericano, Anarquismo internacional, Movimiento obrero, Cultura libertaria, Historia de las Internacionales Obreras, Campaña por la libertad de Sacco y Vanzetti.
- NOTAS: El periódico/diario anarquista La Protesta Humana nació en Buenos Aires en junio de 1897. A partir de su número 237 abrevia su título como La Protesta. A pesar de su continuidad centenaria, conoció diversas etapas, formatos, periodicidades, directores y equipos de redacción.
- Sufrió varias clausuras e interrupciones: entre el 5/2/1905 y el 14/5/1905; entre el 8/10/1905 y el 1/2/1906; entre mayo de 1910 y 1911. Continuará prohibido hasta 1912, aunque el 15/5/1911 comienza a editarse en forma diaria desde Montevideo, situación que se prolonga hasta 1913. En enero de 1919 La Protesta también es suspendida. Tras el golpe militar de septiembre de 1930 vuelve a editarse en Montevideo, hasta que en junio de 1931 es relanzada en Buenos Aires. Es censurada también tras el golpe militar de junio de 1943. En septiembre de 1943 (nº 7929) sufre una nueva interrupción, reiniciándose recién octubre de 1945 (con el nº 7930), aclarándose en tapa «Nueva época». Publica unos pocos números durante 1976 y desde 1977 se interrumpe hasta reaparecer en el año 1983.
- Su numeración conoce erratas que a veces se arrastran durante días o meses, y que incluso la propia publicación no alcanza a corregir. Las erratas y los saltos se han corregido en notas aclaratorias para AméricaLee consultando calendarios de la época.
- Asimismo, aparecieron junto al periódico (o diario, según las épocas) diversos suplementos, con títulos, formatos y periodicidades diferentes:
- En 1899 publica con el periódico porteño L’Avennire un Suplemento conjunto;
- Entre 1904 y 1905 incorporó como suplemento la revista Martín Fierro que dirigía Alberto Ghiraldo;
- Durante once meses, entre 1908 y 1909, se edita La Protesta. Suplemento mensual, que dirige Eduardo G. Gilimón;
- Luego, durante la segunda mitad de 1915, su edición incluye otro suplemento: La Obra, que editaban Teodoro Antillí y Rodolfo González Pacheco;
- Finalmente, en 1922 se lanza un Suplemento Semanal de La Protesta (1922-1926), que en 1927 pasa a ser Suplemento Quincenal de La Protesta (1927-1930), bajo la dirección de Emilio López Arango y Diego Abad de Santillán.
- Por otra parte, en 1926 La Protesta convoca a enviar colaboraciones para un número especial sobre la historia del anarquismo, los problemas doctrinarios y las cuestiones candentes del movimiento obrero de la época, que aparecerá al año siguiente como Certamen Internacional de La Protesta para 1927 en ocasión del 30 Aniversario de su fundación 1897 -13 de junio- 1927.
- Antes de ser clausurada en mayo de 1910, La Protesta se convierte en el único diario anarquista del mundo que edita simultáneamente un vespertino: La Batalla (1910).
sábado, mayo 01, 2021
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La Biblioteca Nacional Mariano Moreno posee actualmente 44 libros de Carlos Penelas, que pueden consultarse en este enlace.
Acceda también a la ficha de Penelas en el catálogo de la Biblioteca.
viernes, abril 30, 2021
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