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Carlos Penelas

El viernes 29 de septiembre de 2023 Carlos Penelas brindó la conferencia "Presencia de René Favaloro" en COPIME (Consejo Profesional de Ingeniería Mecánica y Electricista). Aquí está el video.


domingo, agosto 24, 2025 No comments

El Dr. René G. Favaloro se suicidó el 29 de julio del año 2000 en su departamento de Barrio Parque, en Buenos Aires. Se disparó en el corazón. A la hora y media del hecho estaba en su departamento. Esa noche a las 20 horas doy la conferencia de prensa para todos los medios, argentinos y extranjeros, en la entrada de la Fundación. Al mes renuncio como Jefe de RRPP, Sub - Director de las Ediciones Científicas, miembro del Comité de Ética y Jefe de Coordinación de Pacientes. Me fui con una mano delante y otra mano detrás. En honor a su memoria y a mi dignidad. Se cumplen veinticinco años de su suicidio.

Carlos Penelas
martes, julio 29, 2025 No comments
Carlos Penelas, poeta y escritor, fue amigo del recordado cardiocirujano, y jefe de prensa de su Fundación. Escribió Diario interior de René Favaloro, editado en 2003 por Sudamericana. Corría el año 1978 cuando publicó Conversaciones con Luis Franco.


Con la alegría de haber sido ponderado por su labor fue al ex Sanatorio Guemes, con la finalidad de hacerle llegar su libro -dedicatoria incluida- a quien lo elogiara. Fue recibido por una secretaria, quien meses después lo llamó para hacerle saber que era invitado por el médico a que tuvieran una charla. Concurrió con gusto. Fue la primea. Aún no sabía que sería su colaborador y que los uniría una relación personal de veintidós años. Cuatro años de sincera y profunda amistad e infinidad de horas compartidas, en las que descubrirían semejanzas de espíritu y común admiración por la letra y autores, decidieron que fuera convocado a sumarse al proyecto de la Fundación. "Creo que me semblanteaba, durante nuestras charlas" -admite-.

p: ¿Cómo fue ese primer encuentro?
CP: La primera entrevista fue amigable. Hablamos de cuestiones sociales, familiares, históricas, de literatura. Luego, siempre nos llamábamos para tener un encuentro y le proponía presentarlo a varios escritores, Luis Franco, Juan José Sebreli, Carlos Alberto Brocato, ente otros. Así fue conociendo a algunos de ellos.

p: ¿Por qué aceptó trabajar con él? ¿Qué lo decidió?
CP: Un día quiso saber mi opinión al respecto del proyecto, de su obra, que aún funcionaba dentro del ex Guemes, pero ya tenía el primer edificio de 'Investigaciones básicas' sobre la calle Solís. Me pidió que fuera a verlo. Era un lugar casi vacío. Allí había sólo algunos investigadores, y muy poco personal administrativo. Un médico atendía las 'Relaciones Públicas'. Le hice ver que sería un área muy necesaria, y profesional. Yo ocupaba ese cargo en una empresa alemana, muy importante en Latinoamérica, con sede en Buenos Aires. Le ofrecí ayudarlo a conformar ese departamento, junto con el de 'Prensa'. Tiempo después, fui llamado para empezar. Debí renunciar a mi ocupación. Como no había una oficina para que desarrollara mi tarea, Favaloro me dio la llave de su despacho y me dijo que lo utilizara.

p: En la antesala de la oficina del doctor Favaloro había una frase que decía: "He vivido siempre entre la agonía y el deber". Ya en su despacho, una placa de bronce, en medio de otras tantas, firmada por el prestigioso doctor Dwight Harken, pionero en cirugía cardiovascular en la que se podía leer: "El amor y patriotismo a su tierra hizo que Norteamérica perdiera a uno de los mejores cirujanos del mundo". ¿Quién era Favaloro? ¿Un idealista, un soñador, o un patriota sin límites que no fue entendido por su tiempo?
CP: Creo que era todo eso junto. Recuerdo que cuando editamos una revista especial sobre el Instituto de Cardiología me dijo: "Deseo en la tapa, como ilustración, al Quijote". La idea fue de él, mucha gente la creía mía. Tenía un perfil de soñador, de idealista, de hecho lo era. En algunos intercambios que teníamos yo le decía: "Doctor, usted parece el poeta y yo el médico". Era más pragmático que él.

p: ¿Habrá sido usted su contrapunto dialéctico?
CP: Yo sabía que lo conversado entre nosotros era único. No lo hablaba con nadie. Así, llegábamos también a las discusiones. Nos enojábamos los dos, y a veces nos duraba una semana. Una vez, pasado un mal momento me llamó y me dijo: "Carlos, basta, debemos trabajar" -sonríe, evoca- Tenía un fuerte sentido de Patria como yo no tengo, por provenir de una familia gallega, republicana. Un ejemplo: Cuando se inauguró el Instituto me pidió que reserváramos el espacio de una pared para que, como lo hacían en la Cleveland Clinic de EE.UU, las familias que hicieran donaciones colocaran una placa con su apellido. Jamás se hizo. Otra anécdota; Se hacían almuerzos en los que participábamos y yo le decía: "Doctor: de acá no va a salir un peso en donaciones. Vienen para conocerlo y decir que almorzaron con usted". Se enojaba.

p: ¿Cuál era el objetivo final de Favaloro? ¿Proponer un programa sanitario, dar una lección moral, o ambos?
CP: Siempre entendí que los proyectos de la Fundación eran dos. Crear el instituto más importante de Argentina y Latinoamérica, y que otras instituciones lo tomaran como modelo de ejemplo ético. Favaloro se había formado en La Plata con docentes que tenían una fuerte concepción de 'República', con sólido contenido social. Rendían culto a la ética. Siempre estuvimos muy de acuerdo en cuestiones éticas.

p: ¿Él valoraba en usted, su ética?
CP: Sabía que yo venía del anarquismo. Mi padre nos dijo al morir: "Les dejo una biblioteca y una conducta". Conservo ambas cosas. Tal vez valoraba el hecho de que nunca me interesó tener nada material. Nunca tuve auto. Si él me decía: "Tenés un buen cargo", yo le respondía, "Sí, pero quizás mañana lave copas en el bar de la esquina". Yo no me confundía con el cargo. Y eso que tenía el Legajo Nª 22, de la institución.

p: ¿Qué impidió continuar el proyecto? ¿Fue la lucha con el poder establecido?
CP: Creo que fueron varias cosas. Un día le dije: "Se equivocó al volver, doctor". Lo admitió al final, 20 días antes del desenlace. Se arrepentía de no haber reunido dinero y hacer algo privado, para no tener que depender. Una idea imposible, también. Creo que él quería formar una 'Cleveland Clinic' en Argentina, con la diferencia de que allá reciben U$ 100 millones por año, en subsidios. Acá era algo impensable. Además, le hacía ver que el personal de la institución tenía una idiosincrasia nuestra, argentina. Un ejemplo: Me indicó que hiciera leer a todos los aspirantes los diez principios que redactó. Sólo quienes firmaran su conformidad estarían en línea y podrían llenar la planilla. Y yo le respondía: "Doctor: no se olvide de la plusvalía", con lo que le indicaba que la necesidad tiene cara de hereje.

p: ¿Cómo era considerado Favaloro en el murmullo social?
CP: La gente del pueblo lo adoraba. Recuerdo varias anécdotas de cuando caminábamos juntos por la calle. Se percibía el fuerte fervor que despertaba. Pero en parte del ambiente médico era muy resistido. En ese ámbito en algunas oportunidades era aplaudido, pero se observaba más cortesía que compromiso y consentimiento.

p: El profesor Mainetti, formador de Favaloro, definió a su discípulo con una frase que aún hoy perdura: "Favaloro fue un hombre público envidiado por los poderosos, alabado por los humildes, que no pudo ser capitalizado por la política". ¿Comparte usted esa definición?
CP: A varios políticos, muchos empresarios, y algunos periodistas les costaba entender a Favaloro. La gran mayoría de ellos querían tener una foto con el doctor. Yo nunca tuve una de él en mi despacho.

p: ¿Cuál era la utopía más importante de Don René?
CP: La docencia y el ejemplo, la educación. Lo preocupaba la estupidez cotidiana. Cuando se decidió a escribir 'Don Pedro y la educación', juntos cotejábamos libros y programas de estudio. Se alarmaba por la decadencia. Yo le decía: "Cambió el mundo. La mente del joven es otra". En la Fundación sólo dos personas no tenían celular: él y yo. A pesar de eso, armé cuatro congresos internacionales. Otro dato: hicimos un programa con verdaderos referentes culturales. Pudimos editar dos o tres libros, nada más. Uno sobre el aspecto literario junto con la medicina. Cada uno de los convocados explicaba cómo veía el mundo actual a través de la literatura, el arte, la ciencia. No se vendían ejemplares. Había que aceptarlo, el sistema es así. Es obvio que debiera cambiar, pero no lo puede hacer sólo un hombre. Siempre dije que él "Pudo cambiar la cardiología del mundo, pero no la sociedad de su tiempo". Es una crisis moral, en la que hay un mucho de hipocresía y corrupción.

p: Usted sostiene en Diario interior…, que 'La vida del doctor Favaloro no es una vida, es más, un destino'. ¿Su vida con él, también lo fue?
CP: Sin duda, 'a mí me cambió la vida'. Veintidós años juntos no es poco.

p: Una frase de Goethe que usted citó: "Dos viajeros que parten de puntos alejados, se encaminan a igual destino y se encuentran a media jornada, suelen acompañarse mejor que si hubieran comenzado juntos el viaje". ¿Favaloro era uno de ellos y usted el otro?
CP: Lo interesante era ser complementarios. Teníamos en parte, mundos distintos. Yo viajaba en colectivo. Procedíamos de formaciones distintas, con otro estudio, otro tiempo, otra edad. Le trataba de transmitir lo que veía en mis hijos, como un fiel registro de las nuevas generaciones.

p: Usted sostuvo que Favaloro era un arquetipo difícil de reemplazar. ¿Qué piensa sobre el Dr. Albino?
CP: Es uno de mis grandes referentes. Le cuento: hice todas las gestiones ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires para que se impusiera el nombre del doctor Esteban Laureano Maradona a una plaza que está sobre la avenida Córdoba al 5000. Se hizo, pero aún falta la placa, se olvidaron de ella. El país es así. Cuando dije que era un arquetipo difícil de reemplazar es porque ¿Cuántos años, décadas cuesta que aparezca un Borges, un Lugones, un Castagnino, un Fangio, un Favaloro? En relación al doctor Albino, es un hombre ejemplar. Mi señora suele decir: "Es otro Favaloro". Es admirable. Creo que es un soñador con los pies más sobre la tierra, con más visión. Todo creador es un soñador, pero el más práctico cierra el ciclo.

p: Resulta fácil parangonar a Albino con Favaloro porque tienen un mismo enfoque: medicina social, cuidar la salud de las criaturas, y la mirada sobre Latinoamérica, ¿verdad?
CP: Ambos tienen mucho en común, como lo tenía también el doctor Maradona, en otros aspectos. Al escuchar a Albino se desprende su calidad humana.

p: Don René decía: "En el filo de la muerte no recordaremos nada material. Lo único que cuenta al final es la mujer amada, al amigo, la naturaleza…" ¿Usted era ese amigo? ¿Hablaba de usted?
CP: No sé. No podría decirlo.

p: ¿Al citar esa misma frase, usted podría decir que ese amigo era él?
CP: 'Yo lo voy a recordar toda la vida'. Yo no tengo fechas, pero lo recuerdo indefectiblemente el 29. Será así porque estuve en su casa cuando me avisaron de su suicidio, y a las 20 horas tuve que dar una conferencia e informar a todos los medios del mundo. Es un día imborrable en mi vida. Me llamaban de varios países. Dos meses después hice pública la renuncia a mi cargo en la institución. Sin él no deseaba continuar.

p: ¿Cuál fue el mejor proyecto que logró armar desde su función?
CP: Yo participé de todo el proyecto de la Fundación. Le voy a dar un ejemplo. En los países de Europa hay un Coordinador de trasplantes de pacientes. Acá éramos los únicos en la tarea. Fueron exitosos los resultados. Pero el mejor desarrollo fue una transmisión para la televisión alemana de cinco intervenciones en serie, realizadas por distintos cirujanos del Staff de la Fundación. Luego de terminada la primera, quince minutos después empezaba la siguiente y así sucesivamente. Arrojó un resultado de 3 millones de televisores encendidos en la madrugada europea. La repercusión fue increíble. Nunca hubo otra experiencia similar en todo el mundo.

p: Se percibe que René tenía al 'deber y humanismo', como rasgos salientes. ¿Usted también los tenía?
CP: Favaloro tenía un proyecto de medicina para todo el país que a mí me enloquecía. Me parecía brillante, único. Ya los últimos años no se podía pensar en eso. Después del '97 se pudieron hacer muy pocas cosas.

p: Favaloro, idealista o muy inteligente dejó una marca histórica, un mensaje, un legado, como los grandes revolucionarios de la historia. Su suicidio fue emblemático. Una denuncia. ¿Fue exitoso por lograr conformar su obra? ¿Fracasó por no poder continuar? ¿En el balance, qué parte pesa más?

CP: Tuvo éxito en la cardiología mundial. Hubo un antes y un después de él. Si se contemplan los proyectos que quedaron en el camino, le faltaba concretar sus sueños. Un dato alcanza. Favaloro intentó volver tres veces al país y no tenía inserción. Era negado. Además creía que parte del pago de impuestos de las grandes empresas podía destinarse a la salud y a su obra, como era el régimen de EE.UU. Acá resultaba imposible. En nuestra cultura se puede financiar a un futbolista, no un proyecto de salud. Se equivocó. No reparó en la idiosincrasia.

p: En su libro hay una cita de Sigmund Freud: 'La sociedad reposa sobre un crimen cometido en común'. ¿Qué o quién mató a Favaloro? ¿La envidia de parte del mundo médico? ¿La corrupción de un sector del sistema? ¿La indiferencia de un Estado ausente? ¿Un gobierno en crisis? ¿Sus detractores? ¿Todos juntos?
CP: Todo eso junto. Y tal vez, también, un proyecto desmedido de él. No entendió el país. Él llevaba programas sanitarios a varios presidentes y siempre quedaban archivados.

p: ¿Qué es lo que más extraña de él?
CP: Me cambió la vida. Yo le llevaba los boletines de mis chicos. Tengo fotos con él y mis hijos. Libros regalados por él. Uno que retiró de su biblioteca y me dedicó. Es 'La creación del mundo moral', de Agustín García. Tanto en común. Luchábamos por las utopías.

p: Usted cuenta que Favaloro se refugiaba en la naturaleza. ¿Dónde lo hace usted, en la letra?
CP: Si, claro. Él también lo hacía en las lecturas, en nuestras charlas.

p: Resulta fácil deducir que a través de vuestras charlas, él podía reconciliar el espíritu. ¿Era así?
CP: Hablábamos de revolución, de socialismo, de lo social, de la dignidad del hombre, de la República, de nuestros mayores, de fútbol, de mujeres. Recordábamos a Carrillo, a Oñativia, a Maradona, a Mazza. Recorríamos las desventuras de varios de los vanguardistas. Sus utopías.

Ante sus respuestas, se puede inferir que esos diálogos los llevaban a intentar una existencia posible entre lo inalcanzable y lo mundano, lo sagrado de encomiable objetivos que convivían con realidades profanas, mezquinas. Capaz de una mirada profunda sobre lo incompleto de los ambientes prosaicos, Penelas observaba el mundo de intereses que se suele resistir a las grandes metas del espíritu. Era interlocutor del Quijote, su intérprete, su exégeta. Asistir a René a dializar las impurezas propias de un economicismo que se abre paso a codazos, con el que se topaba, era entender su meta: evangelizar en pos de una medicina social. Las catarsis, las charlas reconciliaban el espíritu y devolvían el sentido a luchar contra la adversidad. Su colaboración sólo se medía en compromiso, en fidelidad.

p: ¿Qué es lo más difícil de aceptar, su muerte o su paso a la inmortalidad?
CP: Ambas van de la mano. Hay un proyecto de país que soñó que no existe. Dejó obras inconclusas. En el último tiempo le decía: "El proyecto se está terminando". Prefería hablarle con crudeza y no engañarlo.

p: ¿No le resultaba difícil luchar con el Quijote?
CP: Claro que era difícil. A veces golpeaba la mesa. Se enfurecía.

p: Favaloro cerró una conferencia sobre Artigas, en Uruguay, con una letra de Zitarrosa: 'Quisiera decir que tengo alegría en lo que doy, pero con mi canto voy más triste de lo que vengo'. ¿Qué piensa de eso?
CP: Escuchábamos juntos a Zitarrosa, nos gustaba a ambos. Lo admirábamos. Extraño nuestras charlas, como las que tuve con Borges, Sábato, Luis Franco, Ricardo Molinari. Cada vez converso con menos gente.

p: Usted fue muy valiente al admitir en su libro que soñaba frecuentemente con su padre y con Favaloro. ¿Lo sigue soñando?
CP: Sí. Sobre todo, en estos días. Para estas fechas más aún.

Responde a la última pregunta lentamente, con contadas palabras y una mirada casi ausente. Quizás, atravesado por el recuerdo de una época maravillosa. El brillo de sus ojos lo revela. Llena la descripción de Machado en Cantares: 'caminante no hay camino, se hace camino al andar… golpe a golpe, verso a verso'. Un conjuro mágico permitió escuchar las confesiones del hombre, del amigo. Aquel tiempo en que el escritor eximió a la pluma,… 'el poeta era sólo un peregrino'. Recorre en silencio el laberinto de una intimidad que siempre conservará. La entrevista concede un clima de evocación que devuelve con un relato sensible, único. Refleja pasajes intimistas de un hombre de los más respetados y queridos de Argentina y del mundo, 'emblema de humanismo y honestidad'. Acaso, el Quijote. Cae la tarde. En su transcurso, permitió contar una historia de amistad entre un médico rural y un escritor. Ya próximo al descanso, acostumbrado al ambiente de hadas y druidas, sabe que es probable que lo vuelva a soñar. Tal vez, luego de una charla sobre poesía y literatura, en la que también comulguen espíritu, ideales, luchas, utopías, y compartan alegrías y desahogos, René Favaloro le repita: "Carlos, vamos, tenemos que trabajar", y Penelas no dude en aceptar. Al despertar, sonreirá por la ensoñación. Pluma en mano, volverá el poeta a sublimar, con 'las mismas letras que un día dieron refugio al gigante y fuerzas para luchar'.–

Guillermo Daniel Balbi / Periodista
Diario Nueva Rioja, 9 de mayo de 2020
martes, julio 29, 2025 No comments

Carlos Penelas estuvo en "Sendero de Escritores", el programa de la de la Sociedad Argentina de Escritores que se emite por Radio Cultura los martes de 23 a 24, conducido por Daniel Ripoll. 

El autor habló de su último poemario, Soliloquio del desvelo. Ripoll elogió el libro, su nivel poco usual en nuestra poesía y preguntó por su formación cultural. 


Penelas recordó varios de los libros, a Héctor Ciocchini, Luis Franco, Ricardo Molinari, Raúl González Tuñón, José Conde, entre algunos de sus maestros y guías espirituales. 

También evocó al Dr. René Favaloro y su paso por la Fundación. Sobre el final, se habló de Los gallegos anarquistas en la Argentina y su pasión por Galicia así como una formación de toda una familia.

miércoles, marzo 19, 2025 No comments
Lo que hace falta en la Argentina es un somatén.
Juan Domingo Perón / febrero de 1973


De niño debía escribir en el cuaderno de clase, primer grado superior, con letra cursiva: “Mi mamá me ama, Evita de ama”, Además, debíamos tener un libro que se llamaba La razón de mi vida. (Es digno recordar que el libro lo escribió el escritor valenciano, falangista, Manuel Penella de Silva). Mis padres me llevaron a ver el incendio y el saqueo de la Casa del Pueblo. En las cenas percibía conversaciones en voz baja. Me acotaban: “No comentes con nadie lo que hablamos en casa”. Por primera vez escuché la palabra delación. Pero eso fue de niño. De adolescente me enteré que mi hermana no ejerció de maestra por repeler afiliarse al Partido Justicialista. Recordemos que el Dr. René Favaloro viajó a Jacinto Arauz y trabajó como médico rural por no afiliarse, en La Plata, al mismo partido. Pues bien, ahora hombre experimentado, con lecturas, libros, conferencias y viajes pude comprender. Estos días he recordado patricios, historias sacras, verificado personajes ilustres. Y me hice peronista. Va una lista, no completa, de seres íntegros, con un bagaje humanista que asombra. Perplejidad y aliento.

Comisario Cipriano Lombilla, Herminio Iglesias, Daniel Muñoz, José Figuerola, Julio “Chocolate” Rigau, Ángel Borlenghi, Juan Duarte, Licio Gelli, Guillermo Patricio Kelly, Ricardo Jaime, Cristóbal López, Cipriano Reyes, José López Rega, José Alonso, Agustín Rossi, María Estela Martínez de Perón (Isabelita), Ramón Antonio Cereijo, Héctor J. Cámpora, Giancarlo Elia Valori, Carlos Saúl Menem, Isidro Bounine, Eduardo Duhalde, Atilio Renzi, César Augusto de la Vega, Adolfo Rodríguez Saá, Vicente Solano Lima, Lorenzo Miguel, Hugo Moyano, Pablo Moyano, Juan Carlos Dante Gullo, Oscar Centeno, Amado Boudou, Julio De Vido, Roberto Baratta, Silvia Batakis, Gildo Insfrán, Guillermo Moreno, Axel Kicillof, Sergio Massa, Mario Firmenich, Aníbal Fernández, Osvaldo Mércuri, Claudio Albini, Alberto Fernández, Lorenzo Pepe, Pablo Biró, Fernando Abal Medina, Gustavo Ramos, Roberto Perdía, hermanos Cardoso (Juan Carlos y Luis Amadeo), general Guillermo Solveyra Casares, oficial principal José Faustino Amoresano, Saúl Ubaldini, Augusto Timoteo Vandor, comisario Alberto Villar, Luis Serao, el “manco” Gutiérrez, comisario Benítez, Juan Queraltó, Domingo Mercante, padre Hernán Benítez, Juan Pablo Schiavi, subcomisario José González, Roberto Pettinato, coronel Jorge Osinde, Salomón Wasserman, Francisco Lozón, Raúl Lastiri, Jefe de Policía Rodolfo Eduardo Almirón, Celestino Rodrigo, John William Cooke, (recordemos al pasar cuando se les abrió las puertas a los caballeros normandos Joseph Mengele, Adolf Eichmann y Reciche Prieke, Y las relaciones de distinguidos camaradas: Rafael Leónidas Trujillo, Anastasio Somoza, Francisco Franco, Khadafy, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Benito Mussolini, Alfredo Strossner, Augusto Pinochet…) Rodolfo Freude, Branko Benzon, Ludwig Freude, Pierre Day, José Gregorio Espejo, Rodolfo Almirón, Andrés Framini, Jorge Antonio, comisario Camilo Aníbal Racane, Juan Perrazolo, Jorge Daniel Paladino, Mario Secco, padre Carlos Gómez, Fernando Espinosa, Emir Yoma, Felipe Romeo, mayor Carlos Vicente Aloé, Oscar Isidro Parrilli, Nelly Rivas - la niña amante del General -, Andrés Framini, Felisa Miceli, Hortensio Quijano, mayor León Bengoa, José Gelbard, Carlos Zannini, Norberto “Beto” Imbelloni, Raúl Apold, Daniel Scioli, Ramón Puerta, Juan Manzur, Ricardo Quintela, Oscar Ivanissevich, Pedro José Arrighi, Rodolfo Galimberti, Alberto Ottalagano, Remus Dionisio Tetu, Raúl Guglielmitti, José López, Fabián Gutiérrez, comisario Juan Ramón Morales, Lázaro Báez, Jorge Osinde, Sergio Urribarri, Ricardo Echegaray, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner…

… yo saldré con los descamisados de la patria,
para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista
Eva Perón / 1 de mayo de 1952


Carlos Penelas

Buenos Aires, 17 de octubre de 2024
jueves, octubre 17, 2024 No comments

En el aniversario del nacimiento del Dr. René Favaloro, Carlos Penelas, colaborador personal del prestigioso cirujano argentino por más de veinte años, dialogó con Susana Spano.


Entrevista en Radio Fénix de Mercedes, provincia de Buenos Aires, Argentina, 12 de julio de 2024.


martes, julio 16, 2024 No comments
Conversamos con el gran escritor argentino, hijo de gallegos, Carlos Penelas, donde nos relata en su vida, su infancia y su relación con su padre, y las enseñanzas del anarquismo.


También nos habla de su Avellaneda natal y del barrio de Piñeyro y de como disfrutaba con Independiente.

Nos cuenta de su prolifera obra y su cercanía con René Favaloro.

Todo esto misturado coa mellor música da nosa Terra.


Emision 170 de Radio ABC", la voz de la Asociación Benéfica Cultural del partido de Corcubión, con Daniel Alejandro Pazos.
sábado, mayo 04, 2024 No comments
Buenos Aires, 2024.
Tercera edición ampliada  
Edición digital.
Prosa.

Prólogo a la tercera edición

En la tarde del 29 de julio de 2000 el Dr. René G. Favaloro se quita la vida. A las pocas horas del suicidio entraba a su departamento. A las 19:30 de ese día realicé la conferencia de prensa en la puerta de la clínica para informar a periodistas de diversos medios nacionales y extranjeros. Al mes renuncié a la Fundación. La carta documento se hizo pública. Han pasado veintitrés años de esa tragedia. Las nuevas generaciones desconocen quién fue éste médico que cambió la cardiología mundial, que luchó denodadamente por un país mejor, que trajinó día y noche para combatir la corrupción, la demagogia o los caballeros con chalecos y miradas arrogantes. Su nombre lo leemos en el panteón de los grandes médicos de la humanidad. Un ser honesto en un medio hostil, adverso. (Recordemos: Premio Gairdner de Canadá Luis Federico Leloir, César Milstein, René Favaloro). Fue un hombre ético que creyó en utopías. No llegó a advertir que la sociedad se trastocaba notablemente. Cuando fue consiente de aquello que lo rodeaba tomó la decisión. Tal vez contradictorio, complejo sin duda. Pero al decir de Camus: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio”.

Desde su muerte Argentina cayó en la oquedad, en rostros insustanciales, en una mediocridad insultante. Crece el analfabetismo, el chantaje moral e ideológico aparece en cada esquina, en cada institución. Todo se ha impregnado de crímenes, delitos, robos, símbolos hueros; la fábrica de pobres no tiene límite. La decadencia forma parte de esta cultura medieval-feudal. La obsesión por los muertos, el cinismo, los rituales plenos de barbarie, el paternalismo, la vocinglería política cubre la vida cotidiana. Y el hambre y la desocupación. El dogma – como todo dogma – parece irrefrenable. O tal vez no, en veinte o treinta años estamos hablando de otro país, de una sociedad renovada. Hoy no, ni mañana tampoco.

Cuando escribí este libro el dolor y la angustia me invadieron. Recordaba su voz, sus gestos, su mirada. Recordaba fotografías de ambos en conferencias suyas, en su escritorio o en presentaciones de mis libros de poemas. Evocaba los tiempos de amistad, de intimidad, de trabajo, de lecturas, de proyectos. Muchos años compartiendo confesiones, elaborando ideas, concretando cosas imposibles en un país que lentamente se desmoronaba. También evocaba risas, comidas, anécdotas de nuestras historias, de nuestras familias. Hablábamos de fútbol, de escritores, de científicos, de nuestras madres, del cine italiano, de mujeres. Preocupado siempre por la indigencia, la educación y la salud. Cuando escribí este libro pensé que era una forma de reseñar ideas, conductas de un hombre que creía en la libertad, que aspiraba a un país sanmartiniano, un país como soñaron Sarmiento o Alberdi. Reitero, un ser noble e intenso.

Esta tercera edición, con algunas páginas inéditas, pienso que es un intento de recuperar esperanza. Esperanza de sus convicciones, de sus certezas. El desenlace del querido amigo tiene varios derroteros. El libro, entre otras cosas, emplaza senderos, susurros, indicaciones para el lector atento. Aproximo a la memoria una cita de Unamuno, autor que ambos admirábamos y discutíamos. “Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”.

Carlos Penelas
Buenos Aires, enero de 2024

jueves, enero 18, 2024 No comments
El domingo 3 de diciembre, día del médico, a las 12, 17 y 21 horas, se emitirá por la señal televisiva TEC el documental “A 100 años del nacimiento del Dr. René Favaloro”, proyecto interdisciplinario de las Carreras del ISER, dirigido por la Prof. Andrea Bruno, para el que fue entrevistado Carlos Penelas.


Producción realizada en la Ciudad de La Plata y en CABA. Con entrevistas a vecinos de la casa natal del Dr. Favaloro en el B° El Mondongo, a vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, a la Directora del Colegio Nacional de La Plata, Dominique Suffern Quirno; al médico y primo hermano del eximio cardiocirujano, Domingo Favaloro, al Dr. Álvaro Sosa Liprandi, Jefe de Cardiología del Sanatorio Güemes y Dir. de Residencia y de la Esp. de Cardiología de la Facultad de Medicina de la UBA, a la Directora de Turismo de Jacinto Arauz, La Pampa y Museo Favaloro Ma. Elena Bertón, y al poeta, escritor y periodista Carlos Penelas, quien fuera el Jefe de Prensa y Comunicaciones de la Fundación Favaloro hasta la muerte del inventor del Bypass aortocoronario. 

Se puede ver por la señal TEC 22.5 de la Televisión Digital Abierta, Cable Operadores de todo el país o mediante el streaming en vivo, a través de www.tec.gob.ar y You Tube.

Conducción: Tina Pastorini y Diego Romero Caporale.
Entrevistas: Giselle Halberthal, Luz Zárate y Jorge Gutiérrez Jiménez.
Cámara: Maximiliano Ríos. 
Sonido: Santiago Jaimes. 
Guión, Producción y Dirección: Andrea Bruno.
domingo, diciembre 03, 2023 No comments
El viernes 29 de septiembre a las 18:30 horas Carlos Penelas dará la conferencia "Presencia de René Favaloro" en COPIME (Consejo Profesional de Ingeniería Mecánica y Electricista), Pasaje Del Carmen 776 (entre Viamonte y Córdoba).


Penelas fue colaborador y amigo personal del doctor René G. Favaloro durante más de veinte años, cuando editó su libro Conversaciones con Luis Franco, en 1978, hasta su suicidio. 

Fue Jefe de Relaciones Públicas, Miembro del Comité de Ética, Sub-Director de las Ediciones del Centro Editor de la Fundación y Jefe de Coordinación de Pacientes de la Fundación Favaloro y en 2003 escribió Diario interior de René Favaloro. 
domingo, septiembre 24, 2023 1 comments
Durante más de veinte años fui colaborador del doctor René G. Favaloro. Amigo y jefe de Relaciones Públicas de la Fundación. Renuncié a mi cargo al mes de su muerte. Las razones fueron expuestas públicamente en el diario La Nación.

Lo conocí cuando edité mi libro Conversaciones con Luis Franco, en 1978. Al poco tiempo ingresé a la Fundación. Favaloro era un admirador de este gran escritor argentino, lamentablemente olvidado. Estuve junto a él hasta su suicidio, el cual comuniqué esa misma noche, en rueda de prensa, al mundo. En 2003 escribí Diario interior de René Favaloro. Fue presentado, entre otros, por el doctor Ricardo Monner Sans.

Envío estas líneas por versiones distorsionadas que circulan estos días en diversos medios. En las páginas del libro el lector encontrará, entre otros temas, el conflicto con PAMI. Aparecen los nombres de Matilde Menéndez y Víctor Alderete. No otros.

Carlos Penelas
DNI 4.546.411


Carta de lectores publicada en el diario La Nación, 25 de mayo de 2023
jueves, mayo 25, 2023 No comments
O moi recoñecido poeta Carlos Tomás Penelas Abad sempre soubo onde tiña as raíces. Naceu en Piñeiro-Avellaneda que era o lugar de maior concentración de emigrantes galegos da República Arxentina. Foi o benxamín nunha familia de nai da comarca de Ourense (Santo André de Rante) e pai da comarca de Betanzos (A Espenuca de Coirós) na que Galicia estaba moi presente xa que no fogar os pais falaban en galego.


- Meu prezado Carlos, a nosa amizade vén de lonxe xa que temos partillado viaxes, ceas e conferencias. Coido lín case todos os teus libros, sexan de poesía ou ensaios ou a magnífica biografía sobre o doutor Favaloro. Quixera que me falases da túa idea do poético e do que sintes cando escribes.

- Caro amigo, Manuel. Unha das persoas ---é a miña obriga reiteralo--- que moito fixopola miña traxectoria fuches ti, un dos amigos que me abrironn portas en Galicia, con escritores, xente da cultura ou centros paraimpartir conferencias, naceron desinteresadamente da túa honestidade, do teu fraterno compañeirismo.E tamén o teu agarimo inalterable cos meus fillos. Dito esto, debo confesar que a poesía ten o seu espazo e o seu movimento. Observa a memoria e á emoción da memoria. De alí, o espello e a outredade. Hai veces nas que enfrontamos a desmemoria, e matices e susurros do soño. É cando vemos sen mirar, tal vez unha travesía de imaxes ou quizais un limiar errante. As imaxes gardan a nosa vixilia, unha especie de trasno emana das nosas raíces, da nosa infancia. Entón, a intimidade anhela a palabra; a palabra ten ritmo. Silencio e contemplación...hai unha penumbra do sentir, unha ensoñación da tonalidade verbal. Hai unha loita contra do fosilizado que promove a desorde e purifica a vida. Un símbolo onde latexa a ensoñación do profano. Descobre unha estética, o deshabitado, a paixón e tamén o gozo daquela infancia que algunha vez extraviamos. Percibimos a tensión do absoluto e do efémero. É cando o verso se confesa e sóñanos. E comprendemos o seu misterio: a morte é o destino. A metáfora considera voces, a condición humana do poema. De alí a gravidade da palabra. Co espírito de Leonardo: “A poesía é o belo que viste o verdadeiro”.

- Comenta un pouco sobre a túa formación, crecemento e os autores que admiras.

- Recibira cando comecei varias cartas con comentarios eloxiosos de escritores e poetas que admiraba desde a miña adolescencia. Pero, sen dúbida, as palabras de don Ricardo Molinari foron no seu momento, un estímulo enorme e impensable cando escribe que “este poeta viene de Boscán”. Era moi parco nos eloxios e en xeral túzaro no trato. Sentín que me enchía de alegría e puiden respirar xa que don Ricardo ponderaba moito o meu poemario “Cantigas” que tiña na súa mesiña de noite. Posuía unha formación moi sólida, desde a poesía primitiva galaico-portuguesa e a poesía do romanceiro español ata a lírica inglesa e italiana. Cando nomeaba a Boscán evocaba o clasicismo, o humanismo, a influencia italiana na poética hispana pero tamén o fío que vai unindo unha traxectoria trascendente na poética universal. O seu ollo era moi sensible e descubriu esa fonte na miña poesía. Estaba unido a el ---entre outras cousas--- por esa mirada do poético, esa busca do clásico, esa pincelada evanescente. Outros dous autores fundamentais na miña formación son Luis Franco e Héctor Ciocchini e tamén estudei e lín con paixón aos poetas medievais españois, renacentistas e por suposto aos da xeración do 98 e do 27. Eles foron a miña fonte de estilo, de análise e de estructuras formais e engadindo aos poetas italianos dos principios do século XX: Salvatore Quasimodo, Giuseppe Unagaretti, Pier Paolo Pasolini, Eugenio Montale, Cesare Pavese, Mario Luzi, Umberto Saba. Eu veño deses poetas, sen dúbida. Pero sería inxusto se esquecese a Giuseppe Bellini, Thorpe Running, José Filgueira Valverde, Julieta Gómez Paz, Hugo Cowes, Luis Alberto Quesada, Enrique Molina, Eduardo Blanco Amor, Ernesto Sábato, María Elena Walsh, Frank Dauster, Raúl González Tuñón, Lily Litvak, Jorge Luis Borges, Xesús Alonso Montero, Manuel J. Castilla e moitos outros que coas súas lecturas e cos seus consellos foron formando o meu espírito, a miña finaza interior, esa respiración sutil do poema. E por suposto un fogar galego no que don Manuel, o meu pai, inculcou ata a cerna a historia de Galicia na que entraban os mitos e as lendas e os costumes e o desterro por fame ou a persecución ideolóxica. Os meus pais falaban galego na casa e así tamén os meus tíos e primos maiores. Esa foi a miña fonte vital.

- Cal é o teu pensamento sobre o actual panorama literario e social?

- Vivimos rodeados de decoracións, de escenografías cotiás, de saturacións que funcionan de maneira lateral, de mal gusto. A experiencia da vida sempre condiciona ao poeta. Hai un mundo que se crea diante da decadencia de todo o que existe. E debemos considerar que a dualidade da poesía fronte ao existir é soamente aparente. Estou a lembrar o que sinalou Diego Abad de Santillán nos anos 70 cando dixo: “Penelas, un século agora son cinco anos”. Pois, hoxe, eu creo que un século son tres anos xa que cambiou todo de forma vertixinosa sexa o eido cultural, laboral ou na alimentación e na medicina e nas relacións humanas. Temos a robótica desde a intelixencia artificial ata o xastre dixital. É a nosa obriga o “aggiornarnos” xa que a técnoloxía crea novos traballos. Por suposto que temos un pe no presente e outro no futuro. Todo esto cambia a forma de ver, de sentir e de intentar comprender o universo. Unha viaxa a lúa de Verne semella ser algo do século XV e por suposto é unha marabilla voltar as súas páxinas. Un ollo no presente e otro no futuro. Non é doado. A literatura ---nunha época de globalización, banalidade e decadencia xeralizada--- ten unha tendencia a polarización e por tanto, a esvaecerse. Temos unha hipertrofia de espiritualidade que crea unha escenografía arredor do inmediato. A creación necesita silencia, tempo, maduración e advertimos que as contraposicións acaban sendo cada día máis homoxéneas. Sen pedestais e sen chamados ao sentimental.Outra vez as vivencias: o meu pai da Espenuca e a miña nai, María Manuela, dunha aldea perdida de Ourense. Os meus avós eran analfabetos que suaron erguendo portos en Ingeniero White. Eu veño de alí e eles foron os deuses da miña infancia. Nos meus recordos son “seres anxelicais” pois tiñan unha candidez especial aínda que eran capaces de dar a súa vida por unha idea. Lembro a meu tío Pedro Fraga quen cría que os alcohólicos deixarían o seu vicio despois de ler O Quixote. Ía polas rúas do barrio no resgate deles e líalles fragmentos do libro de Cervantes mentres tomaban un prato de sopa na cociña da súa humilde casa en Avellaneda pero sempre lles facía a advertencia de que “se volvedes borrachos, disparo”. E por certo, era home dunha soa palabra.

Manuel Suárez Suárez
Dende Lonxe de Montevideo
Que pasa na costa, 9 de maio de 2023
miércoles, mayo 10, 2023 No comments
Conocí al doctor René Favaloro en 1978. Una noche, en un programa de televisión, un médico, un cardiocirujano creador del by–pass, dijo: “Los jóvenes deberían leer a Luis Franco y a Martínez Estrada”. Me sorprendió.


Yo había escrito recientemente el libro Conversaciones con Luis Franco. Decidí hacérselo llegar. Muy pocas personas conocían -conocen- a este escritor, uno de los más importantes de nuestra América mestiza.

A los dos meses el doctor me invita porque quería conocerme. Al llegar al sanatorio en el que él trabajaba, su secretaria, su brazo derecho, Graciela Cordero, amablemente me dijo que el doctor me concedía una entrevista de quince minutos. Le respondí que aceptaba el tiempo que él dispusiera.

La conversación duró casi dos horas. Allí nació nuestra amistad. Atentamente lo escuché hablar de su vida en los Estados Unidos, en la Cleveland Clinic, su lucha, su sacrificio constante. Recordó su infancia, la época de médico rural en Jacinto Aráoz, la Sicilia de sus ancestros.

Luego comenzaron los acercamientos sensibles a una cultura humanista. Conversábamos de Pedro Enríquez Ureña, Lugones, Hudson, Cunninghame Graham, Thoreau, Sarmiento, Arturo Marasso... Y los temas históricos, los tiempos de demagogia, los años de dictadura. Yo le contaba de mis padres, de la Guerra Civil Española, de Galicia.


La cercanía cimentó una amistad fraternal. Se fue haciendo de a poco, con la indudable sinceridad y la constancia de dos hombres que creían en la integridad, la ética, la solidaridad. Junto a él, sentía a diario su permanente actividad, su lucidez y sobre todo su espíritu docente. En ese ámbito descubrí a los investigadores, su universo desinteresado y emblemático. Y en ellos encontré nuevos amigos.

He podido crecer en lo espiritual, pues entre otras cosas me hizo comprender el dolor, la enfermedad, la desprotección del ser humano en momentos cruciales. Pero también los adelantos de la ciencia, la abnegación, los problemas sociales que afectan a nuestro país.

Hablamos del general Paz, de San Martín, de Artigas. Él de sus sobrinos, yo de mis hijos. A su lado accedí a páginas de nuestra historia. Con inocencia, nos deslumbraba una cita de Montaigne o de Kant.

Sus manos y su mente configuraban una entidad, superando las contradicciones del destino. Soñó y proyectó un mundo más noble. Sin corrupción, sin injusticia, sin hambre. Contra la insensatez. En este hombre lo artístico y lo científico se proyectaban en una auténtica búsqueda dolorosa.

Carlos Panelas
Diario La Nación, 28 de junio de 2021
domingo, julio 17, 2022 No comments
Reproducimos el comentario de Antonio Las Heras sobre el libro de Gustavo Merino, Conversaciones con Carlos Penelas.


Digámoslo ya mismo. Si dentro de cien años alguien tomara este libro y se ocupara en leer cada una de sus páginas, le resultaría suficiente para comprender cómo fue la segunda parte del siglo XX y las primeras dos décadas del actual. Lograría un completo panorama sobre la cultura de Argentina en particular y el mundo en general así como conseguiría hacerse una idea plena de lo intelectual, lo político, lo social, lo económico y hasta lo tecnológico y científico. Y lo más notable es que tendría toda esta valiosa composición de lugar, leyendo la interesante y amena entrevista que Gustavo Merino le hace a Carlos Penelas, quien es un ensayista, periodista y – en especial – poeta. No cualquier poeta, por cierto; sino uno a quien la vida le permite interactuar con notables de las artes, las ciencias y las letras. Conferencista y docente en numerosas cátedras tanto de América del Sur como de Europa. Un protagonista de la existencia. Viajero incansable. Penelas tal vez no lo ha pensado, pero podría repetir aquellas palabras de Neruda diciendo “confieso que he vivido.”

A través de esta obra conocemos a quien ideó y llevó adelante que Florencio Escardó fuera presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) así como también quien a las 20 horas de ese sábado 29 de julio del 2.000 reuniera a los periodistas para dar a conocer la trágica muerte del doctor René Favaloro. La relación entre ambos fue tan sólida que el cardiocirujano lo consideraba su hermano menor.

Aunque el entrevistado se defina como “un poeta”, lo real es que estamos ante un comprometido intelectual de gran valía, que no vacila ni titubea ni es ambiguo al momento de responder sobre situaciones claves de la existencia actual. Brinda su pensamiento, “sin pelos en la lengua”, como habrían dicho nuestros antepasados. No rehúye a ningún tema; desde el anarquismo, el aborto, las dictaduras, el Papa Francisco, el populismo, la música, sus análisis de cinéfilo y concurrente a salas teatrales hasta su pasión por el fútbol, deporte que practicó durante décadas al igual que sigue haciéndolo con la natación.

Veamos unas frases extraídas de “Conversaciones con Carlos Penelas” (compiladas por Gustavo Merino. Ediciones Fundación Industrias Culturales Argentinas, Buenos Aires, 2021)

“No hay ciudadanos sino votantes, consumidores. La calidad humana – en este territorio – no se eleva, por el contrario, propende en forma acelerada a su descomposición.”

“La mediocridad nos agobia. La cultura de fachada y la cultura de contrafrente nos abruma. Lo cortesano, lo oficial, lo burocrático, termina fatigándonos sin piedad.”

“El gran capital ha transformado a la literatura en algo homogéneo, ha comprado la industria editorial en todas partes, lo miso que los medios. No es ninguna novedad. Hay alternativas precarias de todas maneras, válidas, insurgentes. Vivimos una sociedad donde todo se articula en forma de apelaciones, de presuntos prestigios. Y las instituciones están definitivamente cristalizadas, caducas.”

Penelas habla simple y claro, con una precisión tal que torna sencilla la comprensión de sus ideas para toda persona. Gustavo Merino muestra genuino oficio de entrevistador: conoce cómo hacer la pregunta, dónde repreguntar, el momento justo para pasar a otro tema. No deja aspecto alguno inconcluso. Lo que el lector valorará en todo momento.

Era necesario este libro. Y era necesario así, en forma de conversaciones. ¿De qué otra manera poder conocer en profundidad el pensamiento de alguien que – mediante su claridad de objetivos e incansable perseverancia – pudo conocer y compartir con Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Lainez, Diego Abad de Santillán, René Favaloro, Luis Franco, Enrique Molina, Graciela Maturo, Juan L. Ortiz, María Adela Renard, David Viñas, Osvaldo Bayer, Jorge Prelorán, Eliseo Subiela, Horacio Tarcus, Juan José Sebrelli, Martha Lynch, Dardo Cúneo, Dalmiro Sáenz, María Kodama, Antonio Dal Masetto, Mario Benedetti y Carlos Gorostiza; y nos quedan muchos otros por mencionar.

Concluyamos estas consideraciones con esta frase de Penelas: “Hay que decirlo sin rubor, sin demagogia: el tema de la libertad es siempre para una minoría”. Ideas que invitan al pensamiento reflexivo, a sumergirse en las profundidades de lo más esencial de la condición humana.

Antonio Las Heras
Doctor en Psicología Social, filósofo y escritor 
alasheras@hotmail.com
viernes, junio 04, 2021 No comments
Hace unos días publicamos el poema a Luis Franco de Baldomero Fernández Moreno junto a una fotografía del escritor catamarqueño y su poncho. Acá, la historia de esa foto y esa prenda.


Es la última fotografía de Luis Franco. Le comenté: "La foto... don Luis, el nudo de la corbata". Frente a él, Ernesto Monteavaro, "el fotógrafo de los escritores". 

En la nueva fotografía, el poncho catamarqueño que perteneció a Luis Franco y el retrato. Después de su muerte - el destino o el azar - hizo que el poncho llegara al Dr. Mario Racki. El Dr. Racki -colaborador estrecho del Dr. René Favaloro- cardiólogo y amigo, un día me llamó por teléfono. "Este poncho está mejor en tus manos, Carlos". Se lo había llevado al consultorio la viuda de un viejo librero judío que distribuía ejemplares de Franco. El librero, a quien tuve el placer de conocer, era Levin.

Aprovechamos la ocasión para recordar a Samuel Glusberg (Enrique Espinosa) editor y difusor de la obra de Luis Franco. Un homenaje a ese hombre sensible, noble, generoso. El armado final de este texto, como siempre, de Emiliano, mi hijo mayor.
sábado, noviembre 28, 2020 No comments
Reproducimos la entrevista de Rolando Revagliatti a Carlos Penelas.


Carlos Penelas nació el 9 de julio de 1946 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, y reside en Buenos Aires, capital de la República Argentina. 

Es Profesor en Letras egresado de la Escuela Normal de Profesores “Mariano Acosta” y es en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires donde cursó Historia del Arte y Literatura. Obtuvo primeros premios y menciones especiales en poesía y en ensayo, así como la Faja de Honor (1986) de la Sociedad Argentina de Escritores —de la que fue en 1984 director de los talleres literarios— y otras distinciones. Su quehacer ha sido difundido en innumerables medios gráficos periódicos nacionales y extranjeros, tanto en soporte papel como electrónico. Dictó conferencias en un alto número de instituciones de su país y del exterior. Fue jurado nacional y provincial y panelista en mesas redondas. Fue incluido, por ejemplo, en las antologías “Poesía política y combativa argentina” (Madrid, España, 1978), “Sangre española en las letras argentinas” (1983), “La cultura armenia y los escritores argentinos” (1987), “Voces do alén-mar” (Galicia, España, 1995), “A Roberto Santoro” (1996), “Literatura argentina. Identidad y globalización” (2005). Publicó a partir de 1970, entre otros, los poemarios “La noche inconclusa”, “Los dones furtivos”, “El jardín de Acracia”, “El mirador de Espenuca”, “Antología ácrata”, “Valses poéticos”, “Poemas de Trieste”, “Homenaje a Vermeer”, “Elogio a la rosa de Berceo”, “Calle de la flor alta” y “Poesía reunida”. A partir de 1977, en prosa, fueron apareciendo los volúmenes “Conversaciones con Luis Franco”, “Os galegos anarquistas na Argentina” (Vigo, Galicia, España, 1996), “Diario interior de René Favaloro”, “Ácratas y crotos”, “Emilio López Arango, identidad y fervor libertario”, “Crónicas del desorden”, “Retratos”, etc.

1 — Provenís de una familia vinculada a la literatura, la plástica, el teatro y el cine.
CP — Para empezar, debo decirte, Rolando, que no nací el 9 de julio, que nací el 5 de julio de 1946. Sucede que mi padre no quiso que hiciera el servicio militar y por eso me inscribió en fecha patria. Era común entre los libertarios, como también huir y hacerse crotos. Mis dos hermanos mayores (por distintas razones que no voy a explicar) no lo habían hecho. Era injurioso, ofensivo, hacer el servicio militar para cualquier libertario. Ni curas ni militares, no te olvides. Por eso me anotó el 9 de julio. La historia es larga: el dictador José Félix Uriburu, en 1930, modificó la ley. A partir de ese año todos los nacidos el 25 de mayo o el 9 de julio deberían hacerlo. De eso, mi padre, no se había enterado. Resultado: fui el único de toda la familia en hacerlo. Y, por mala conducta —arrestos incluidos— la baja la obtuve después de catorce meses, uno de los últimos de esa camada en salir. Lo de “la jura de la bandera”, es confidencial. Mi familia es de origen gallega. Mi padre, Manuel Penelas Pérez, que cuidó cabras desde los seis años en Espenuca, una aldea cercana a Betanzos de los Caballeros, se formó en Argentina: a los catorce años conoció a obreros anarquistas y socialistas en la fábrica en la cual trabajó. Mi madre, María Manuela Abad Perdiz, de Ourense, apenas sabía leer y escribir. Aprendió con mi padre cuando ya llevaba criados tres hijos. Poco antes de morir, a los sesenta años, había terminado de leer “Los Thibaut”, la obra cumbre de Roger Martin du Gard. Las lecturas de don Manuel comenzaron con Bakunin, el príncipe Kropotkin, Émile Zola, Dostoievsky, Shakespeare, Arthur Schopenhauer, Nietzsche y luego el Siglo de Oro Español. Además, claro está, de la lírica gallega y los grandes escritores del siglo XIX de Galicia. Allí comenzó todo. Era, como te imaginarás, libertario. Para ser más preciso: libertario individualista. Heredamos sus hábitos: la lectura, la conducta, el amor a la naturaleza, la mirada de los conflictos sociales, el rechazo a toda dictadura, a toda demagogia, a cualquier forma de autoritarismo y una profunda defensa por la libertad individual. Mi hermano mayor, Roberto, fue un lector de los clásicos griegos y latinos, además de los autores del Renacimiento. Un amante de la ópera alemana. Mi hermana Raquel, la lectura y la pintura. Junto a ella recorrí museos, descubría biografías, admiraba a nuestros pintores y la gran pintura universal. Mi hermana Marta, el teatro norteamericano, el teatro inglés y francés de mediados de siglo, la novelística contemporánea, la historia de nuestra tierra. Mi hermano Fernando introdujo en el hogar el cine, el policial, el marxismo, el jazz y el comic. Además de los autores norteamericanos. Luego vino Carloncho (un servidor), que fue consumiendo todo ese mundo. Es importante aclarar que también mis hermanos y mi padre (mi hermano mayor me llevaba veintidós años, fui el hijo de la madurez) concurríamos a ver al “Rojo de Avellaneda”, a Independiente. Vale recordar que Independiente es o era “el club de los gallegos”. La gran mayoría de gallegos, de la inmigración, se refugiaron en Avellaneda. Muchos eran republicanos, anarquistas, socialistas, comunistas y el color les llamó el corazón. También por aquellos años me llevaron a palpitar el box en el Luna Park. Practiqué box, pelota a paleta y jugué al fútbol e hice natación toda mi vida. Me formé con la templanza y la visión de lo social pero también con lo estético en todas las manifestaciones. El teatro independiente, los autores de época, el Teatro Colón, los grandes ciclos del cine Lorraine, las exposiciones de pintura eran un hábito. Lo mismo que las discusiones sobre tendencias literarias, la injusticia o la Guerra Civil Española. Esa infancia y adolescencia me abrió la mente. Y ya en la adolescencia el amor de muchachas hermosas, idealistas, plenas de sensualidad y vuelo. Y las lecturas que a su vez fui descubriendo por mi cuenta, con amigos, con compañeros de escuela, con maestros que la vida me ofreció. La gratitud de ellos siempre me protege. 

2 — Podríamos decir que haber permanecido durante veintidós años colaborando con el prestigioso cardiocirujano René Favaloro (1923-2000) debe armar, en algún sentido, un capítulo de tu vida.
CP — Un antes y un después en mi vida. En 1978 había publicado, casi en forma clandestina, “Conversaciones con Luis Franco”. A Franco lo conocí de muchacho, y después de la figura de mi padre es la que más me enaltece. Un día, escuché por televisión al Dr. René Favaloro hablar de Franco y de Ezequiel Martínez Estrada. Dijo: “Los jóvenes deberían leerlos, son los dos escritores más importantes de la Argentina”. Le llevé el libro al sanatorio y al mes me llamó. Quería conocerme, hablar conmigo. Esa primera entrevista duró más de una hora. Me contó su experiencia en La Pampa como médico rural, en los Estados Unidos, la técnica del bypass, su vida, su formación, sus padres, la inmigración siciliana…; yo le fui confesando mis gustos, mi historia. Después de unos meses volvimos a vernos. Teníamos almuerzos maravillosos. Se hablaba de todo: Alfredo Zitarrosa, Sarmiento, el general Paz, Leopoldo Lugones, de actrices bellas, de cine…; al poco tiempo me nombró Jefe de Relaciones Públicas de la Fundación. Fui Jefe de Prensa, Sub-director del Centro Editor de la Fundación (el director era él), Jefe de Coordinación de Pacientes, Miembro del Comité de Ética. Una vida intensa, llena de sueños, de emprendimientos, de combates, de pérdidas. Al mes de su suicidio renuncié a mi cargo, todo había pasado y acumulaba una derrota más. El proyecto nunca pudo ser, el proyecto de institución, de ejemplo, de investigación. Esos años, más de veinte, fue un universo rico, pleno. Conocí seres notables —médicos e investigadores—, hombres probos, muchos de ellos desinteresados. En varias entrevistas afirmé que Favaloro pudo cambiar la cardiología en el mundo, pero no pudo luchar contra la corrupción y la mediocridad de su país. La corrupción se instaló, desde hace décadas, hasta la médula. Luego escribí, en 2003, “Diario interior de René Favaloro”, en donde creo haber reflejado a un hombre, pero también a un país que no supo comprenderlo en toda su dimensión. A la hora y media de su suicidio estaba en su casa. Ese día, a las 20 horas, daba la noticia al mundo en una conferencia de prensa que prefiero no recordar. Un golpe muy duro, tremendo. Recuerdo que una vez me dijo: “Soy tu hermano mayor”.

3 — En tanto sos un insoslayable investigador de la obra del escritor Luis Franco (1898-1988), acaso también esta condición arme un otro capítulo.
CP — Sin lugar a dudas. Él era muy amigo de mi suegro, Luis Danussi, destacado dirigente gráfico del anarco-sindicalismo argentino, quien leía a Pascoli y se escribió con Albert Camus. Pero fue el poeta Lucas Moreno, un hombre que supo guiarme en lecturas, quien me lo presentó un sábado por la tarde en su casa. Yo sabía de su obra, de su importancia, pero otra cosa fue luego el trato casi cotidiano o semanal. Moreno me había presentado a Álvaro Yunque, a Jorge Calvetti, a Francisco Gil, a don Roberto Guevara. Pero con la llegada de Luis Franco el universo cambió. Otra manera de ver la literatura, el descubrir autores, tendencias. Venía del Profesorado en Letras en donde estudiábamos latín, griego, literatura medieval alemana, inglesa, francesa, italiana, española…, una formación clásica y de primer nivel. Con Franco descubrí no sólo autores fundamentales como Goethe o Henry David Thoreau (en profundidad quiero decir), sino que me hizo conocer nuestros escritores con otro concepto. Allí venía Lugones, Rafael Barret, Horacio Quiroga, Rubén Darío, Domingo F. Sarmiento, el manco Paz y la mirada de la América mestiza. Luego conocí a Enrique Molina, Juan L. Ortiz (viajé hasta Paraná para verlo y entrevistarlo), Juan José Manauta, David Viñas, Osvaldo Bayer, Alfredo Llanos, Lysandro Galtier… Con Franco escuchaba la voz de la insurrección, pero también la voz del decoro, de la decencia, del coraje civil. En 1978 publicamos por nuestra cuenta y con el apoyo de unos pocos amigos “Conversaciones con Luis Franco”. Luego se editó a través del sello Torres Agüero y debe andar por la quinta o sexta edición. Franco es uno de nuestros grandes escritores, casi desconocido. Ensayista, cuentista, poeta. Y los libros sobre pájaros u otros animales que son bellísimos. Una prosa donde la tinta aún está fresca. Un ser único. Él me llevó a leer, además, textos sobre biología, botánica, zoología. Franco y más tarde Luis Alberto Quesada, Hugo Cowes, José Conde, Ricardo E. Molinari y Héctor Ciocchini fueron fundamentales en mi vida, hombres que me guiaron, que iluminaron mi trayectoria. Ejemplos de ética, de honestidad y además con vidas intensas. Franco concurría a cenar a casa, pasaba los fines de año en lo de mi suegro. Era el maestro, el hombre que seguimos admirando y amando.

4 — Los poetas Juan L. Ortiz (1896-1978), en una primera ocasión, y Ricardo E. Molinari (1898-1996) en una segunda, te sorprenden preguntándote si eras pariente o conocías al poeta uruguayo Walter González Penelas (1913-1983). Es en 2001 cuando publicás tu estudio y antología titulado “El regreso de Walter González Penelas” (con el auspicio de la Embajada de la República Oriental del Uruguay).
CP — Efectivamente. El trato de Walter con don Ricardo fue de una vinculación muy grande. Recordemos, de paso, que Molinari no trataba con cualquiera. Te cuento cómo empezaron las cosas. Un día, revolviendo en una librería de la calle Corrientes, descubro un libro que se titula “La escalera”. Su autor, Walter González Penelas. Una dedicatoria, las páginas sin abrir. No era un detalle menor. Había una dirección de Montevideo. Lo compré por el segundo apellido, si se hubiera llamado López o Fernández lo hubiera dejado. Cuando comencé a leerlo me impresionó. Una poética de altura, una sensibilidad exquisita. Entre mis amigos nadie lo conocía. En un programa de radio que yo tenía se me ocurre hablar de él y leer algunos poemas. El lunes me llaman a mi casa. La hermana había escuchado el programa, estaba muy emocionada, quería conocerme, darme ejemplares, una antología que un amigo le había publicado en España. A partir de allí continúo mis investigaciones, ese año viajo dos o tres veces a Montevideo. Una amiga de mi hijo mayor, estudiaba antropología, me ayudó mucho, conoció a la viuda, a algunos profesores. Pero la guía real me la fueron dando escritoras, mujeres que llegaron a adorarlo, mujeres que lo recordaban en anécdotas, en poemas, en encuentros. Escritoras uruguayas y argentinas, mi mundo rioplatense. Un descubrimiento de aquellos. González Penelas era muy buen mozo y un hombre refinado, culto, de conversación agradable, obsesionado con la creación. Había buceado en la literatura clásica, en la mirada social del Uruguay. Era sociólogo. Se mofaba de la gran mayoría de sus contemporáneos por la mediocridad, lo bajito que volaban, las reuniones en cuartos espejados, la pobreza intelectual. Eso le costó, qué duda cabe, el olvido, el menosprecio. Lo ignoraron. Es, reitero, una poética que vertebra una cosmovisión, una mirada atenta y sensible. En su lectura, de alguna manera, nos advierte de esa literatura que se vuelve peligrosamente literaria donde la palabra es suplantada por manipuladores de vocablos.


Su poética está contra la falacia, contra la novedad, lo banal. Por esa razón, entre otras, es casi desconocido. Es un gran autor, un hombre profundo que vivió alejado de círculos, de fetichismos, de los objetos del mundo exterior. En uno de los homenajes que se hicieron en Montevideo, Rocío Danussi leyó poemas suyos y la poeta Selva Casal analizó conmigo su poética.

5 — ¿Qué recuerdos tenés de las numerosas entrevistas que has realizado para el Museo de la Palabra?
CP — Bueno, muchos, una época muy hermosa para mi crecimiento. En 1983, instalada la democracia, me llaman de Radio Nacional para cubrir la Feria del Libro de Buenos Aires. Todo estaba por hacer. Contábamos con muy pocos elementos, casi no había una estructura técnica. Un solo auricular, transmisiones en directo desde una cabina elemental. En ese momento era uno de los pocos, conduciendo programas de radio, que conocía a los autores extranjeros y argentinos. Estamos hablando de Radio Nacional y de Radio Municipal. Quiero decir, los había leído, siempre leí con voracidad. Ahí obtuve el Premio a la Mejor Cobertura Radial, cerca de treinta y cinco entrevistas durante la Feria. Yo hacía las entrevistas, se las pasaba a Antonio Pérez Prado —un hombre de excepción, galleguista, guionista de cine, un notable investigador médico, además—, quien realizaba la traducción al inglés y la enviaba a la RAE Radio Nacional al Exterior. Ese premio, compartido, lo gastamos en una comida en la cual invitamos a los técnicos de Radio Nacional. Otro mundo, otra vida. En esas entrevistas, durante cinco años, conversé con Gonzalo Torrente Ballester, Martha Lynch, Roberto Fernández Retamar, Juan Rulfo, Alberto Girri, Héctor Ciocchini, Miguel Barnet, Juan José Sebreli, Carlos Alberto Brocato, Antonio Di Benedetto, Gustavo Soler, José Donoso, Carmen Orrego, Luis Rosales, Ana María Matute, Néstor Taboada Terán, Javier Villafañe, Dardo Cúneo, Juan Carlos Merlo, Dalmiro Sáenz, Manuel Mujica Lainez, Carlos Gorostiza, Mempo Giardinelli, Mario Benedetti, Antonio Dal Masetto…, la lista es muy extensa. Lo triste, lo lamentable, es que años después, como la emisora no tenía cintas, se grabaron entrevistas o conciertos en ellas. Se perdió un material impensable. La cosa era así: yo realizaba dos o tres preguntas, ellos contestaban y luego se borraba mi pregunta. Quedaba sólo la voz de los entrevistados. En algunos casos leyendo algún fragmento de su obra o un poema. Cada entrevista tenía la duración de cinco minutos.

6 — ¿Qué características han tenido los homenajes a escritores y artistas plásticos que has realizado en teatros y centros culturales?
CP — Durante más de quince años fui realizando actos de poesía. Luis Alberto Quesada [1919-2015] fue el que me inició; fui aprendiendo en la práctica el tema de la organización, los contactos, la planificación. Él había luchado en la Guerra Civil Española, peleó contra los alemanes en Francia, estuvo en un campo de concentración, del cual pudo escapar. Al regresar para unirse a la lucha clandestina, estuvo preso en España durante diecisiete años. Condenado a muerte, logró salir en libertad durante el gobierno de Arturo Frondizi. Bueno, aquí formé parte —por supuesto, siendo mucho más joven que él— del Instituto Argentino Hispano de Cultura Antonio Machado, del que él era el presidente. Casi todos los actos se realizaban en la Oficina Cultural de España. Allí organizábamos las conferencias, pero también presentaciones de libros y recitales. En el teatro de la Federación de Sociedades Gallegas o en el Teatro Margarita Xirgu efectuábamos los actos mayores. Los homenajes eran a los relevantes poetas españoles: Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Luis Cernuda, León Felipe... Las voces: María Rosa Gallo, Alejandra Boero, Alfredo Alcón, Fernando Labat, Alicia Berdaxagar, Juana Hidalgo, Onofre Lovero, Ernesto Bianco, Dora Prince, Livia Fernán… Eso significaba selección de poemas, ensayos, guitarristas, en fin, actos donde la entrada era gratuita y se llenaban las plateas. La colectividad, el sector republicano, y muchos amigos nos acompañaron. Más tarde organicé actos con Rocío Danussi, mi compañera, que lee muy bien. Ella les puso voz a los poemas de Alejandra Pizarnik y a los de Rosalía de Castro: están en el Museo de la Palabra y por Internet. Junto a ella y Osvaldo Cané hicimos “El amor en la poesía”, “Homenaje a León Felipe”, “Poetas rebeldes”, “Cuatro poetas y la libertad”, “Poetas surrealistas”... Muchos de esos actos fueron dedicados a Fernando Pessoa, Enrique Banchs, Rosalía de Castro, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Blas de Otero, Gloria Fuertes, Fernando Arrabal, Raúl González Tuñón, Luís de Camoens, poetas gallegos medievales, Enrique Molina, Conrado Nalé Roxlo, Francisco Madariaga, Bertolt Brecht, Pier Paolo Pasolini, Manuel J. Castilla, Jorge Luis Borges, Juan Gelman, Oliverio Girondo… Y a artistas plásticos: Rubén Rey, Miguel Viladrich, Antonio de Ferrari… Algunos comencé a hacerlos durante la dictadura, en librerías, en trastiendas. Luego, en la inolvidable Sala Taller, en el Centro Betanzos de Buenos Aires, en La Gran Aldea, en la Sociedad Argentina de Escritores, en salones culturales de la capital e interior. Nunca hubo menos de sesenta personas en cualquiera de ellos. El homenaje a León Felipe lo efectuamos en la Federación Libertaria Argentina, con más de doscientos espectadores, con un escenario en donde la silla de paja vacía era el lugar del poeta, la voz de Felipe, la música de Falla. Se entraba de a poco y se salía de dos en dos. El año: 1979. En primera fila estaban sentados Diego Abad de Santillán y Luis Franco. Entre el público, René Favaloro y el director cinematográfico José Martínez Suárez. Una emoción que aún perdura en mí. Pero el trascendente, el más importante es el que organizamos en el cincuentenario del asesinato a Federico. Nos llevó seis meses armarlo. Quesada era el Presidente de la Comisión. El afiche, que vendíamos para procurar fondos, era de Ricardo Carpani. Realizamos cerca de treinta y cinco actos en un mes. Conferencias, mesas redondas, recitales, muestras de grabadores y plásticos. Siempre lo pensábamos con música, a veces con baile. Guitarristas, flamenco. Mientras duró fue una maravilla, una alegría permanente, un placer inimaginable. Durante ese mes lorqueano, artistas, poetas y pintores repartíamos claveles en las mesas de los bares en homenaje a Federico. Más tarde, el olvido. 

7 — ¿Qué relevamiento nos proporcionarías de tu actividad radial en distintos programas y emisoras?
CP — Trabajé mucho en Radio Nacional y en Radio Municipal, en diferentes programas culturales. Era una época donde todavía existían voces, magia, utopías. Hice, además, comentarios de libros para Biblioteca de Radio Nacional; nos reuníamos con amigos de la radio hasta la madrugada. Agustín Tavitián era un poeta que congregaba afectos, sueños y el gusto por el jazz. Muchas de las iniciativas en la radio fueron suyas. Fue un ciclo en donde intentaba llevar, divulgar autores pocos conocidos o autores nóveles. Estuve en ambas emisoras desde 1984 hasta 1989. A veces me llamaban como columnista en otras audiciones de las mismas emisoras o de Radio Belgrano, Radio Palermo, etc. En mis programas daba cabida sobre todo a autores argentinos, del interior o de principios de siglo. A veces abordaba la literatura griega o latina. Planificaba cada programa y a veces lograba tener un encuentro breve antes de cada audición para ir formando el clima. Fue un tiempo muy interesante, el país se abría a la democracia y se necesitaba fomentar aquello que estuvo censurado. Hablamos de libertad, de comunicación, involucrando al creador con su mundo. En Nacional llevé un programa que me gustó mucho: “Nuestros ilustres desconocidos”. Allí iban desde una profesora de ballet del Teatro Colón hasta el mozo de un bar que había sido extra en Hollywood. En Municipal, “Los intelectuales hablan en primera persona”. Esas fueron dos creaciones mías que tuvieron cierta repercusión en el mundillo cultural. Salían al aire una vez por semana, se dialogaba con amplitud. Sólo preguntaba, el entrevistado era siempre el personaje importante. Además, como te conté antes, invitados relacionados con la Feria del Libro, que por alguna razón no había podido entrevistarlos en el stand de la Feria. También, años después, conduje un programa de medicina por Nacional —“Curar en salud”—, pero éste era de la Fundación Favaloro y trataba sobre la prevención en salud. 


8 — Leo en tu sitio de autor que has realizado viajes culturales a numerosos países europeos.
CP — Sí, tuve la fortuna de viajar mucho. Siempre sentí una gran admiración por los eubeos, como Adriano. La literatura, como sabrás, no me dio dinero, pero me otorgó prestigio y viajes. Casi todo el país lo recorrí dando conferencias, presentando libros, participando de ferias literarias del interior. Provincias de Chaco, Catamarca, La Rioja, La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe, ciudades bonaerenses como San Pedro, Azul, San José, Pergamino, Chivilcoy, Mar del Plata, Tres Arroyos, Bahía Blanca, San Nicolás, San Antonio de Areco, son algunos de los sitios donde me invitaron en diferentes oportunidades. Casi siempre lo hice con Rocío preparando alguna lectura poética. Lo mismo ocurrió con invitaciones a Universidades o centros culturales en Chile y Uruguay. Estuve en La Habana, en Santiago de Cuba, en Paraguay. Con Europa no fue diferente. Fui invitado sobre todo a Galicia, Málaga y Madrid. He realizado quince o dieciséis viajes a Europa. Y nunca menos de un mes. Una vez allá —por mi cuenta— comencé a moverme, por amistades o por recomendaciones de escritores. Eso ocurrió en Oviedo, Málaga, Trieste. Después, como las distancias no son tan abismales como acá, y los contactos empezaron a surgir, llegaba a París o Londres o Edimburgo, a Roma o Sicilia, Viena o Colonia, Lubliana o Pola. A Marruecos, por ejemplo, desde Málaga. También quise conocer el Museo Hermitage, en San Petersburgo. De allí, Copenhague, Helsinki, Oslo, Tallín, Estonia, Berlín… Insisto: las invitaciones fueron muchas y también comenzaron a publicarme. Siento que en ciertos lugares de España o de Italia soy más conocido que aquí. Las invitaciones, además, las hacen incluyendo viaje y hotel. Como debe ser, por otra parte. A veces hasta con publicación. Ciocchini, Quesada, algunos profesores en su momento, me abrieron puertas, ciertas instituciones académicas hicieron lo mismo. No hace mucho he regresado de Trieste, otra vez, pues se está traduciendo mi obra poética al italiano. Antes había estado en Bérgamo, una ciudad de ensueño. De allí viajé a Bologna, a la Universidad de Letras, donde hay libros de mi autoría; un lugar lleno de belleza, cultura y emoción. Berger hizo que conociera el Palazzo Re Enzo. En ese mágico encuentro conversé con Rocío, en sus muros. Y de Bologna llegué a Rímini hasta la casa de Federico Fellini. De allí, media hora en bus, y llegamos a la Serenísima República de San Marino. Y luego otra vez Roma. Uno viaja acompañado de lecturas, de autores, de conciertos, con obras pictóricas, con esculturas. Pocas veces soy turista. En los años setenta recorrí con Rocío casi todo Chile, durmiendo hasta en estaciones de tren y en hoteluchos. Todo es empezar y tener espíritu de aventura. Lo demás, llega. Debemos pensar que el viaje es un viaje literario, pero también un monólogo.

9 — Es a quien forma parte del Centro Betanzos de Buenos Aires en su quehacer cultural a quien le comento: Manuel Dans, el abuelo paterno de mi esposa, Mirta, nació en la ciudad de Betanzos de los Caballeros; el hermano mayor de Ramiro, el padre de Mirta, Oscar Dans, y un primo de ambos, Osvaldo Dans, fueron presidentes del Centro, institución en cuyo restaurante he cenado varias veces.
CP — Bueno, a Osvaldo lo conocí mucho, como a los Pita, a Andrés Beade y tantos otros. Osvaldo, cuando me veía llegar, se tocaba el pecho y decía: “meu Penelas, meu, meu”. Hizo un trabajo muy importante en el Centro Betanzos, un hombre recordado. Era simpático, alegre y de suma generosidad. Además, un hombre valiente. Recordemos que Alfredo Bravo estuvo refugiado en el Centro durante la dictadura. Insisto, mi relación siempre fue muy buena y virtuosa en el amplio sentido de la palabra. Desde luego, mi relación con ellos es parte de mi vida, de mi orientación. Xeito Novo, su actual presidente Beatriz Lagoa y tantos seres entrañables, queridos, honestos, que fueron aportando ideas, compromiso y trayectoria. Cuando se cumplieron los cien años de su fundación —es el centro comarcal más antiguo del planeta— se hicieron festejos, vino el alcalde y funcionarios de Galicia, un coro de jóvenes, se publicó una edición en donde se reflejaba ese siglo de exiliados, de ex combatientes, de seres amantes de la libertad y la esperanza. Siempre fue un lugar de ideas, de cultura, un centro abierto, sin prejuicios. Me emociona ver la bandera republicana y el mural que realizó Juan Manuel Sánchez en su salón de actos. Es importante señalar que tiene un sello editorial que sigue creciendo. La sala de actos lleva el nombre del recordado Geno Díaz. Una historia de pasión, de compromiso, de amistad. Y de banquetes. Ahora están trabajando en la finalización de otra sede. Una maravilla, de verdad. Galegos somos nos.


10 — “Este poeta viene de Boscán” (Juan Boscán, español, 1487-1542) dejó asentado de tu hálito poético Ricardo E. Molinari. ¿Coincidís? ¿Por qué? ¿Y de qué otros poetas “venís”, Carlos?...
CP — Había recibido cartas y frases auspiciosas de poetas y escritores a quienes admiraba desde adolescente. Pero bueno, en palabras de don Ricardo fue en su momento un estímulo enorme, impensable. Era muy parco con los elogios y, en general, huraño en el trato. Me llenó de alegría y respiré. Él ponderaba mucho mi poemario “Cantigas”, lo tenía en su mesita de luz. Poseía una formación muy sólida; desde la poesía primitiva galaico-portuguesa, la poesía del romancero español hasta la lírica inglesa e italiana. Al nombrar a Boscán evocaba el clasicismo, el humanismo, la influencia italiana en la poética española, pero también el hilo que va uniendo una trayectoria trascendente en la poética universal. Su ojo era muy sensible y descubrió esa fuente en mi poesía. Sí, coincido pues me unía a él —entre otras cosas— esa mirada de lo poético, esa búsqueda de lo clásico, esa pincelada evanescente. Estudié y leí, leí y estudié con pasión a los poetas medievales españoles, renacentistas y, por supuesto, la generación del 98 y la del 27. Ellos fueron fuente de estilos, de análisis, de estructuras formales. Y la poesía italiana de principios del siglo XX: Salvatore Quasimodo, Giuseppe Ungaretti, Pier Paolo Pasolini, Eugenio Montale, Cesare Pavese, Mario Luzi, Umberto Saba... Uno viene de esos poetas, sin duda. Pero sería injusto si dejara de nombrar a Giuseppe Bellini, Thorpe Running, José Filgueira Valverde, Enrique Molina, Eduardo Blanco Amor, Ernesto Sábato, María Elena Walsh, Frank Dauster, Raúl González Tuñón, Lily Litvak, Jorge Luis Borges, Xesús Alonso Montero, Manuel J. Castilla y tantos otros que con sus lecturas o con sus consejos nos fueron formando el espíritu, la fineza interior, esa respiración sutil del poema. 

11 — En homenaje al compositor y pianista español Enrique Granados (1867-1016) concebiste tu libro “Valses poéticos”. ¿Nos hablarías de él y de la edición príncipe —editio prínceps— de 1999?
CP — No quiero ser reiterativo. En casa se hablaba de literatura, de política, de música, de pintura y de cine. Además de fútbol y de box. Se nombraba a Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo y, por supuesto, a Granados: era un músico que se le nombraba, se lo escuchaba. En 1998 descubro, a través de Graciela Ríos Saiz (fundadora del Centro Coreográfico de Danza Española de Buenos Aires) los “Valses poéticos”. Y me fascinan. Los escucho, los escucho de día y de noche, me obsesiono. Y comienzo a escribir poemas durante cuatro meses, siete en total, cada uno según aquello que me iba sugiriendo cada composición. Así surge “Melódico”, “Allegro elegante”, “Vals lento”... Al tiempo, le propongo a Rafael Gil que ilustrara uno de los poemas. Luego de unos meses —había llegado a pensar que no le interesaba la idea— me viene a ver entusiasmado y me propone hacer una edición príncipe. Para abreviar: se editaron diez ejemplares, manuscritos por el autor con siete grabados originales de Rafael, estampados sobre papel Pescia de 300 gramos, todos numerados y firmados. Cada folio es de 38 x 34 cm. y el tamaño de la caja de madera (cuna) de 46 x 34 cm. En cada caja se pegó un grabado, cosa que nunca más se pueda realizar otra edición. Cada caja llevaba dos bisagras de bronce, el libro envuelto en una tela. El trabajo manual de cada libro fue de Gil, yo escribí uno por uno cada libro: los diez ejemplares. Una edición pre- Gutenberg. Rafael se quedó con un libro y yo con otro; ambos firmados como prueba de artista. El resto, los ocho restantes, se vendieron a coleccionistas privados o a instituciones. La Biblioteca Nacional de España y el Museo del Grabado de Betanzos los poseen. El Fondo Nacional de las Artes compró en su momento tres ejemplares que desconozco dónde están. Los otros pertenecen a coleccionistas privados. Se hizo una presentación en la Oficina Cultural de la Embajada de España, donde estaba presente el Agregado Cultural de la Embajada, funcionarios, profesores. En una vitrina estuvo en exposición un ejemplar durante un mes. Luego unos amigos realizaron una edición paralela al original, impresa, de quinientos ejemplares. La “vulgata”, como se dice. Se agotó en poco tiempo, un año fenomenal, significó —además— dos viajes a España. Aquí pasó casi inadvertido.


12 — El compilador de la antología “Poemas á nai” te incluyó, y como único autor no nacido en Galicia, con el nombre Carlos Tome Penelas Abad.
CP — Xesús López Fernández es un sacerdote gallego, de Ourense. Un gran lector de poesía y un estudioso de las letras galegas. Descubrió algunos de mis libros (se lo alcanzaron poetas amigos) y cuando formalizó la edición decidió incluirme. Como su nombre lo indica son poemas dedicados a la madre, y los autores son gallegos, una antología de poetas gallegos significativos que le cantaron a la madre a lo largo del tiempo. Me llamo Carlos Tomás, el segundo nombre en homenaje a mi abuelo materno. La edición era en gallego y mi nombre completo fue en galego: Carlos Tomé Penelas Abad. Mi padre, Manuel Penelas. Mi madre, María Manuela Abad. En Galicia, en muchas oportunidades me presentan como Penelas Abad, ellos usan los dos apellidos. 

13 — No debe ser fácil hallar a otro argentino más imbuido que vos de la doctrina ácrata. “Anarquía y creación” es el título de un libro de 1997 del que sos autor.
CP — Sí, estudié el tema en profundidad, me eduqué con una mirada libertaria, con una conducta que rechaza el totalitarismo, el dogmatismo, el populismo, en fin..., lo que ya sabés. Pero fundamentalmente conocí a muchos anarquistas, a viejos anarquistas que lucharon en la Guerra Civil Española, en Latinoamérica o en la Revolución Rusa. Compañeros de “La Protesta”, de “La Antorcha”, de “Brazo y cerebro”. Anarquistas individualistas, naturalistas, anarco-sindicalistas, anarco-comunistas, tolstoianos... Seres únicos, irremplazables. Por su trayectoria, su moral, su combatividad, su coraje. Eran vitalistas y por lo tanto uno aprendía hablando, escuchando anécdotas, hechos. El anarquismo no es una ideología, es un Ideal. Es complejo, es una posición que me agrada comentar. “Anarquía y creación” es en verdad una suerte de arte poética, una búsqueda de la mirada libre y amplia del acto creador, una transparencia desde la verdad y lo ético, el universo sin dogmas, sin límites, sin prejuicios. Me llevó mucho tiempo escribirlo, es un libro breve, pero con intensidad. A veces fue utilizado, no sé si correctamente, en talleres y seminarios. Quise, además, extenderme en la formación del creador y del lector, una cultura que nos lleve a comprender la grande bellezza, la eternidad del objeto, la utopía de sabernos soñadores. Siempre afirmé que me sentía existencialista, camusiano. Eso y lo libertario hicieron el resto. La libertad tiene su precio. Nos sostiene la identidad, el asombro, los hijos, el mar, una mirada entrañable, la memoria de nuestros ancestros, la amistad. Y fumar una pipa tomando un café en un pueblo de Galicia. En soledad.

14 — ¿Qué prevés editar?
CP — Terminé de escribir “La luna en el candil de la memoria”, un libro en prosa en donde hablo de un niño de familia gallega, de un niño que escucha hablar del exilio, de música, de revoluciones, de afectos, de nostalgias. Y cómo ese niño se integra desde lo mítico en un mundo rioplatense. Creo que es mi mejor trabajo en prosa, el lirismo me conforma, lo trabajé con fineza, con lecturas. Un libro de unas ciento treinta páginas, pero donde hay huellas, respira. Firmé contrato con una editorial y lo presentaré en Buenos Aires y en Compostela. Eso es todo lo que puedo contar hasta ahora. Espero la edición con impaciencia. 

15 — ¿“El progreso de la tecnología y de las ciencias avanzan a la par que el embrutecimiento humano”? (Así lo afirmó Augusto Roa Bastos en su libro “Contravida” (1994).)
CP — Lo traté bastante a Roa Bastos en Buenos Aires. Un ser cálido, sereno, especial. Creo que existen varios mundos paralelos. Uno es el tecnológico, que en general cualquier subnormal conoce y se siente feliz. Otro es el científico, que se aleja cada día más del hombre de a pie. Y el embrutecimiento es algo que lo sentimos todos los días. Ahora, que tengo unos cuantos años, más todavía. Generaciones torpes, analfabetas, que parecen simios, van sin destino, sin anhelos, aturdidos. ¿Todo es así? No creo, hay islas, pequeñas islas. Gente solidaria, gente creativa, pocos sin duda. Es un mundo de grandes contradicciones: la industria cultural, la imbecilidad al alcance de todos, la creencia en la pata de conejo o en el líder. Mientras yo escribo estas líneas hay hombres en el espacio, hay satélites, hay guerras, hay muertes. Todo se ha vuelto, por momentos, más trágico, más diabólico. Y miro a mi nieto andar en su triciclo y creo que estoy equivocado. He escrito bastante sobre todo esto, no es fácil resumirlo. De algo estoy seguro: la ciencia sin ética no tiene salida. Y la tecnología sin humanismo tampoco. Lo que se vive no es anárquico, es caótico. El anarquismo implica orden, implica autoridad, no autoritarismo.

16 — ¿Coleccionabas figuritas, estampillas, banderines…? ¿Sos actualmente coleccionista de algo?
CP — Era un gran coleccionista de figuritas, de revistas mejicanas, de escuditos, de bolitas. Pero sobre todo de figuritas. Una época de luces, de esperanzas, de inocencia. Hoy mi casa es casi un museo; ahora es Rocío quien colabora, quien compite. Es una mujer de un gran carácter y una gran imaginación. Podés ver en mi casa libros, pinturas, botellas de diversos formatos, cerámicas, pisa papeles, mascarones, fotografías, candelabros, títeres, relojes... en toda la casa, por habitaciones, corredores, baños. Casi no tengo lugar. Y cochecitos de juguete, sombreros, bastones, perchas de sastrerías, pipas, abanicos, barquitos de madera, platos...; una pesadilla que me acompaña y me protege. Nos protege. Talismanes sagrados para alguien que no cree. Un delirio. Bello, pero delirio al fin.

17 — ¿Qué habilidades, de las cuales carezcas, envidiás o envidiaste, te mortifican o te han mortificado?
CP — Tengo muchos defectos, pero no soy envidioso ni me golpeo el pecho. Lamento no saber montar a caballo y no saber bailar tango. En realidad, no sé bailar, me molesta no bailar tango. Soy en general torpe para las cosas manuales y los arreglos de la casa. No me desespera. Insisto con lo del caballo y lo del tango. 

18 — ¿Te provocan algún tipo de interés “adicional” las novelas que se desarrollan en un marco histórico (por ejemplo: “Trafalgar” (1873) de Benito Pérez Galdós (1843-1920); “Quo vadis?” (1896) de Henryk Sienkiewicz (1846- 1916); “Sin novedad en el frente” (1929) de Erich Maria Remarque (1898-1970); “Yo, Claudio” (1934) de Robert Graves (1895-1985); “Las uvas de la ira” (1939) de John Steinbeck (1902-1968))?
CP — Me parecen obras donde lo histórico nos enseña a ver el presente, donde podemos descubrir aquello que no se quiso ver, donde las pasiones o la irracionalidad dominan la posibilidad de elección. No hay asuntos sublimes y asuntos triviales, es siempre el enfoque, el estilo, aquello que nos precipita a cierta inmortalidad de la obra, a ciertos crepúsculos o rostros. En los libros que mencionás la literatura no se vuelve literaria, hay un impulso vital en ellas que nos salva de la estupidez, de la mediocridad. ¿Cómo no nos va a enseñar Steinbeck o Graves? ¿Cómo no advertir en el mundo de Pérez Galdós o en Remarque lo podrido y decadente? Las obsesiones tienen raíces profundas en el lector y en el autor. Son libros, todos ellos, recomendables. Por su lenguaje, por su drama, por todo lo adicional que llevan en sí. Cuando yo era un dudoso principiante, Henryk Sienkiewicz me iluminó. El arte no puede prescindir del “yo”. 

19 — ¿Champagne o sidra? ¿Licor de huevo o anís? ¿Whisky o vodka?
CP — Champagne y sidra, según el momento o la ocasión. Licor de huevo, seguro. Ni whisky ni vodka: vino tinto o blanco de Albariños. 


20 — ¿Cómo te gustaría que te recordaran?...
CP — Como una buena persona, como un ser sin dobleces. Como alguien que, además, amó la poesía e intentó que otros la amen.

21 — No dejaremos de mentar a tus dos hijos, ambos vinculados también con el arte.
CP — Aquí habla el corazón. Mis hijos lo son todo. Emiliano, el mayor, hace cine, es director de fotografía, documentalista, profesor, fue jurado en Viña del Mar y en distintos festivales latinoamericanos, un muchacho de un talento enorme. Lisandro, el menor, es actor, director de teatro, clown, profesor de teatro. Es otro muchacho brillante, lleno de imaginación. Ambos son muy buenos lectores, lectores no sólo de cine o de teatro, se formaron con docentes de trayectoria, de formación ética y humanista. Cuando pienso en ellos recuerdo aquella frase de Pierre Boulez: “La creación sucede cuando lo imprevisto se torna necesario”. Ya en el secundario se destacaban. Emiliano maneja muy bien el inglés y Lisandro, el francés. Tienen una mirada amplia, sin dogmas. Pero sobre todas las cosas son generosos, desprendidos, solidarios, sin vanidades, sin soberbia. Siento felicidad al saberme superado por ellos. Y soy inmensamente feliz al ver sus familias, sus chicas —inteligentes y sensibles—, sus hijos. Tienen lo mejor de la madre.

Carlos Penelas selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:

EPÍSTOLA A LOS PISONES
Estos pobres enemigos, Horacio,
cargados de celos y rencores
vigilan desde las quemaduras de la pereza
los hospedajes de los reinos mezquinos.
Con las piernas heladas, suplicantes,
repitiendo injurias en encuentros inútiles
imploran la fama sobre el légamo
de páginas baldías,
irremediablemente convocadas al perdón.
Solitario atravieso la luz y la ceniza.
Corrompidos por leyendas y dioses
destrozan la belleza
como un cuchillo troyano la maldad.

(“Finisterre”, 1985)


ACRACIA
Ante ídolos terribles y dioses eternos,
escuchando campanas
en las alas de un fuego invisible,
sus sandalias marcaron una huella inexplorada
en los altos jardines
donde los ojos infernales no llegaron.
La vida los protegió de las ambiguas manos,
de la dudosa farsa del sollozo.
Soñaron la desmesurada memoria
que los niños escuchan
en la intimidad de sus alcobas.
Nobles como la rústica mesa de un campesino
hacen inscripciones en la arena.
La belleza y la dicha
como una pasión entregada al olvido
protegen el silencio del hombre solitario.

(“Finisterre”, 1985)


LA VIDA EN TUS OJOS
La vida se recoge en tus ojos,
se desliza en bellas palabras,
en ardientes designios que restituyen
la íntima magia del fuego.
Amada, como un príncipe solitario
busco mi destino en la voz desvalida,
en la oración de la videncia
que purga los rigores del tedio
o los rostros hipócritas de la ciudad.
Delicada y bella me acompañas
sobre el terror del orden y la gloria.
Sé que tus senos necesitan el ritual
de mi tacto, el efímero asombro.
Esto soy, en la desnuda calma de tu lecho.

(“Al amoroso fuego”, 1987) 


PLAZA RODRÍGUEZ PEÑA
En este banco se sentaba mi madre.
Desde aquella hamaca
la candidez crecía junto a Poncho Negro.
Entre esos árboles aún viven dioses y héroes.
El gozo y el amor descubrieron
los románticos ojos de una muchacha,
la rosa roja del poema, el otoño del padre.
Aquí Lugones y Franco y el silencio.
Aquí descansa Gala.
En esta plaza mis hijos recorrieron
la evidencia de otros umbrales.
Los fantasmas la habitan junto a los jacarandaes.
Su magnitud devora las islas del olvido.

(“Calle de la flor alta”, 2011)


ALGUIEN SUEÑA JUNTO AL MAR
Separado y melancólico miro la rompiente,
el vagar ansioso de un cielo imposible
en las cortantes naves
que bordean espumas y cabelleras.
Vida y tiempo lentamente adorables.
Aquí está el milagro. Lo sabía.
En el insomnio, en la inmovilidad de la noche,
en la rosa blanca y apresurada,
en un fado de Amalia Rodrígues,
en la sacralidad de Arvo Part, en la lujuria.
Así me amas, entre la desazón y la quietud
de una buhardilla, con el desánimo y la pasión,
desde el otoño y el lecho amanecido.
Me amas hasta el fondo, hasta el atardecer,
hasta el abismo. Soy lo definitivo,
aquello que tiembla y se desvanece
en esta fina mañana. Solitaria, relumbrante.

(“Poemas de Trieste”, 2013)


PADRE
Padre, levanta la cabeza y mira los cipreses.
Camina con tus honrados huesos campesinos
hacia la luz de la nostalgia.
Otra vez te esperan el combate y la derrota.
Todas las noches vienes con tu voz
a visitar los cuartos de esta casa,
a decirme palabras que no entiendo.
Padre, salúdame con tu sombrero en alto.
Esta noche tu hijo ha soñado que has muerto.

(“Cánticos paternales”, 2015) 

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por Rolando Revagliatti.

La Gaceta Liberal, domingo 15 de noviembre de 2020
sábado, noviembre 21, 2020 No comments
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